Fragmento del capitulo anterior:
Es mi hijo " dijo y repitió entre sollozos "yo no quiero que le pase lo que a mi" expresó hipando levemente.
Yao la miró atento, sin embargo aquella atención fue distraída cuando las escaleras hicieron un chillido cuando el menor de los hermanos hizo acto de presencia en ese lugar, mirando con los ojos abiertos y sorprendidos a la mujer sentada en una mesa, llorando y charlando con su hermano.
"… ¿Qué sucede?" – preguntó levemente en un delicado murmullo.
"¡Ah!...ahí estas… "Ella alzó la vista y lo miró con una mezcla de dolor y pena, con arrepentimiento y esperanza "perdóname… he cometido un grave error."
Capitulo 10
Kiku la miró pasmado, después de todo aquella visita era la que menos hubiese esperado en toda su vida, y de repente una buena mañana se encontraba ahí, de pie con la mirada dirigida y encontrada con los ojos de la madre de Arthur Kirkland, el hombre al que menos podía mencionarse en aquél café. Tomó una bocanada de aire, quizás para tomar valentía a tener que estar ante semejante presencia, y no por que le viere como algo completamente negativo – a pesar de lo sucedido entre ellos – sino a la absoluta presencia de una mujer entera que ahora se desdoblaba en lágrimas. Permaneció estático lo que para él mismo parecieron largos minutos, repasando aquellas palabras que la mujer acababa de decir. "Perdóname…he cometido un grave error" ¿De que se trataba todo ello? Finalmente sacudió sus pensamientos levemente antes de dar más pasos hacia la mesa donde ella, Ned –en quien apenas reparaba- y su hermano Yao, parecían compartir el té.
"… ¿Qué sucede?" repitió intrigado.
"Muchacho, se trata de mi hijo" Ella lo miró de frente, con humildad, con una mirada que pedía compasión, y un dejo de miedo y arrepentimiento, como quien sabe, que perderá lo mas preciado por perseguir un insípido sueño.
"Me temo que su hijo y yo no tenemos ningún asunto pendiente" atestó arrepintiéndose al momento de aquellas palabras, pero si Kiku se permitía ser sincero consigo mismo, tenia miedo, de lo que ella pudiera decir y sobre todo, tenia miedo de no poder defender su propia dignidad.
"Será mejor que los dejemos a solas" aseveró Yao y Ned, tras asentir ante aquella afirmación, se puso de pie para seguirle; ante la mirada fija de su hermano, Kiku tomó asiento frente a la dama.
"Claro que tienen un asunto pendiente, me temo que es un asunto demasiado importante y te pido, que me escuches, que escuches mi petición, pues viene del fondo del corazón de una mujer, que recordó lo que es ser madre y lo que es amar a su hijo por sobre todas las cosas"
"Yo escucharé, pero debo entonces advertir que aunque escuche, pueda que aquellas palabras no lleguen aquí" dijo señalándose el pecho, el lugar exacto donde yacía su corazón "Porque, aquel trato, es herir la dignidad de un hombre, como yo, que ha vivido tratando de mantenerla en alto. Seré joven, pero eso no me hace tan insensato"
Ella asintió entendiendo el punto al cual Kiku quería llegar y suspiró mirándole con dolor y una leve sonrisa se formó en sus labios. "Lamento no haberme dado cuenta antes" reveló "De cuán buen ejemplo podrías ser"
Kiku desvió la vista levemente ante aquellas palabras y ella relamió sus labios nerviosamente antes de continuar.
"Creo que, primero que nada, te debo una disculpa por todo lo acontecido en mi casa, dejé que los prejuicios me ganaran, dejé que me cegara la frivolidad y la pereza emocional, por favor, primero acepta mis disculpas, de lo contrario, jamás seré capaz de sostenerte la mirada"
Aquella voz en su discurso, tuvo un efecto eléctrico en Kiku, quien necesitó dar nuevamente bocanadas de aire para recordar a sus pulmones que se supone, deberían estar respirando. Pero después de todo, no siempre se escucha a una dama orgullosa a proferir aquellas palabras. Aquello que la hacia arrepentirse y bajarse de su pedestal debía ser muy fuerte si ella se había dignado a ir hasta él.
"Todo queda atrás" fue la respuesta de él, desde luego, Kiku era humilde y amable y no se iba a poner difícil y menos cuando la dama en cuestión había hablado con la voz del alma. Le dedicó una sonrisa cálida y noble "puedo entender los arquetipos a los que se están sometidos en su mundo" agregó. "Después de todo, lo viví de cerca"
Ella esnifó débilmente "Es también, ese mundo y sus encierros sus arquetipos y reglas, normas y estatutos que he venido a pedir tu ayuda…"
Kiku la miró fijamente y asintió una vez, dándole a entender que la escuchaba.
"Desde aquél día, Arthur, mi querido Arthur, se ha vuelto poco menos que la sombra de si mismo, parece actuar por instinto en vez de por impulso, que fue como le vi actuar cuando tu estabas ahí, y ¡se veía tan vivo!..." Comentó mirando su taza de té, Kiku, seguía escuchándola pero su corazón parecía pesar y hundirse más y más. Ella continuó "De pronto, dejó de comentar y se volvió serio, yo… yo no quiero eso para él, yo quiero que pueda experimentar la vida de nuevo y no quiero ser cómplice de que la oscuridad y sus cadenas se apoderen de su corazón, por que…"
Hubo un silencio en la habitación, sin embargo no fue incomodo, más bien, caluroso y revelador. La calidez de aquel lugar parecía contagiarse y dar ese calor al pecho de los presentes y Kiku, contuvo la respiración unos instantes antes de escuchar lo que la dama tenía para continuar.
"… Me temo, que mi hijo, te extraña demasiado y por eso tengo un favor que pedirte"
Una caja musical sonaba, con la melodía de un vals suave y tierno, la pieza: La bella durmiente de Tchaikovski. Desde chico, Arthur había amado esa caja musical, lacada con la figura de siete hadas en la parte superior, había sido de su madre y en un capricho, se la había quedado.
La melodía se terminó y Arthur no volvió a darle cuerda, muy por el contrario, tomó del interior dos preciadas posesiones, acariciándolas con la yema de sus dedos, con temor y nerviosismo, con dolor y miedo, como si aquellas posesiones se fueran a romper o evaporar al más mínimo contacto humano.
Un verde listón de satín y un prendedor con una flor. Ambas piezas, en determinado momento habían adornado el cabello de Kiku, de aquél a quien había dejado ir, a quien había herido, a quien pudo tener… a quien había perdido. Arthur sintió un nudo en la garganta y apretando los labios, cerró los ojos en frustración dejando escapar un sollozo y un breve alarido.
"Es extraño" dijo para si mismo con la voz cortada "Que estas fueran las cosas que traías contigo, la primera vez que te sujeté y la ultima vez que te pude tener enfrente"
El dolor se iba expandiendo por su cuerpo, bajando por su garganta y alojándose en su pecho, desgarrándole. Arthur pegó ambas piezas a su pecho, tocándose el corazón, frustrado y adolorido, cerrando los ojos dejándose caer en la cama, con un alarido de dolor que cualquiera hubiera confundido con aquél del que le están destruyendo, aunque, literalmente, él sentía como si su alma misma le estuviese siendo arrancada y desgarrada.
"Kiku, Kiku" dijo una y otra vez, con la voz cortada, con impaciencia, con suplica, desesperado "Kiku, Kiku" aquel llamado se repitió infinidad de veces a la par que Arthur se hundía mas en el llanto y la rabia ante si mismo y sobre la almohada enfundada de satín para tratar de ahogar el lamento, los sollozos, los quejidos y la falta de aire de poder mantenerse cuerdo.
Faltaba tan sólo una noche antes de que la vida que había conocido llegase a su final y comenzase una nueva, una que realmente no quería, una que no se sentía preparado para enfrentar y que, si tenía que ser honesto, jamás podría. Le habían ofrecido la idea de relajarse y disfrutar de un evento social, una fiesta para despedir su soltería, pero desde luego, no aceptó, no se encontraba con ánimos de festejar cuándo básicamente estaría, la mañana siguiente firmando la sentencia que lo alejaría para siempre de todo lo que alguna vez anheló. Si se ponía a pensar, conocer a Kiku había puesto un punto y aparte a su vida y durante el breve tiempo que estuvo con su presencia cerca, él se había sentido distinto y como un nuevo ser humano, pero Kiku parecía haberse llevado a ese Arthur consigo cuando había marchado, por culpa del propio Arthur.
Ahora, de él mismo, del Arthur "antes de Kiku" no quedaba nada sino la arrogancia que a veces lo hacía ponerse en pie, pero, en esos momentos dudaba que incluso eso le permitiera soportar la realidad a la que se enfrentaría en cuanto el sol saliese y el alba alumbrase el camino que habría de recorrer hasta el lago, en dónde contraería matrimonio.
Quiso dormir y soñar con aquel chico de ojos almendrados y taciturnos, con su piel suave y tersa, con los labios pálidos y las mejillas de melocotón, como había sido cada noche, con sueños de tortura donde lo perseguía, donde lo aferraba entre sus brazos, donde le amaba sin límites ni condiciones, tal y como siempre había deseado. Quiso dormir, y quedarse en esos maravillosos y complejos sueños y por alguna razón, no despertar nunca.
Aquella noche, por aquella razón, se permitió ser más humano consigo mismo, y sollozó amargamente hasta quedar dormido.
El día, había amanecido nublado, quizás como presagio de lo que estaba por suceder y Arthur se despertó casi arrastrándose de la cama y se metió a la tina de baño tratando de relajarse un poco dentro del agua caliente y las sales aromáticas, cerró los ojos permitiéndose de nuevo perderse en sus pensamientos y finalmente, cuando salió del agua entendió que había un deber que cumplir así que se vistió y se preparó para la ceremonia, resignado y triste pero con la conciencia de que al menos, todos estarían dichosos por ello.
Las palabras de la madre de Arthur aún retumbaban en sus oídos, cada una de esas frases expuestas con el anhelo de recuperar la felicidad de su hijo, llenas con el arrepentimiento y entre cortadas parecían repetirse una y otra vez.
"¿Qué es lo que harás?" preguntó Yao en aquella madrugada del día de la boda. Al final, la decisión quedaba en Kiku, tanto Yao, como ella e inclusive Ned, le habían hecho saber, que él sería el que tomaría la última decisión. Kiku suspiró, incapaz de conciliar el sueño ¿Qué se supone que debía hacer? Cerró los ojos y vio de nuevo el semblante desesperado de aquella dama, e inmediatamente y de manera inevitable, la mirada de Arthur, su sonrisa, sus manos y su voz tomaron cada uno de los rincones de su pensamiento y un nudo se formó en su garganta. No podía permitirse más orgullo.
Lo sabía.
Aquello podría hacer una gran diferencia entre su situación actual, el futuro y lo que realmente quería. Regaló un ultimo suspiró y avanzó hacia el armario.
"¿Qué harás?" La pregunta hecha por Yao, volvió a flotar en el aire y Kiku lo miró, con un gesto asertivo y suave, con una mirada brillante apenas iluminada por la lámpara de noche. Le sonrió noblemente como tenía tiempo de no hacerlo y después, aquella sonrisa, se transformó en un gesto de audacia y pericia.
"Tan solo ir, a la boda a la que me han invitado"
Dicho esto, y aun para asombro de Yao quién le preguntó un par de ocasiones "¿Estas seguro?", Kiku asintió y se dispuso a arreglarse para hacer acto de presencia. Quedaba poco tiempo y tenía que actuar rápido o perdería lo que más había amado, para siempre. Yao salió de la habitación alegando que "Había cosas que tenía que hacer" y le dejó solo con sus pensamientos, al final, justo cuando Kiku terminó de vestirse con sus habituales ropas chinas color lima y se calzó los zapatos y salió del lugar, el sol comenzaba a mostrarse en el horizonte.
"Vamos juntos en esto" Yao le dijo con una sonrisa asertiva al tiempo que se acercaba y le daba una palmada en el hombro, alzó el brazo y Kiku pudo notar a Iván de pie en la acera con un auto detrás de él. Kiku miró al hombre con asombro y él, le devolvió un gesto tranquilo asintiendo levemente.
"Suban" fueron sus palabras y así hicieron los hermanos.
"No tenemos tiempo que perder" Aseguró Yao en cuanto ambos estuvieron dentro e Iván subió sentándose en el asiento del copiloto. Así el auto arrancó por entre las calles empedradas y viéndose alejar las rojas farolas de papel del barrio chino, los tres se perdieron en la cada vez menos reinante oscuridad entregándose al camino que se hacía más brillante a medida que el sol dominaba más y más el panorama.
"Va a ser en el lago" Dijo Iván y aceleró el auto "Pero vamos a destiempo, a esta hora, ya todos deben haber llegado al lugar"
"¡Tiene que haber una manera, un atajo o algo!" Yao se escuchó desesperado, Kiku temblaba nerviosamente, ¿Qué sucedería si no llegaba a tiempo? ¿Si no podía pasar hasta el lugar? ¿Qué haría Arthur? ¿Siquiera era capaz de lograr su cometido? Un auto se les atravesó y así quedaron atorados en una larga fila de autos esperando pasar por el puente rumbo a las afueras de la ciudad, rumbo al lago.
Kiku soltó un jadeó de desesperación pero no había mucho que hacer, tras unos minutos pudieron avanzar a paso lento hasta el puente y una vez ahí, Iván volvió a pisar el acelerador al fondo para que el auto avanzara a prisa hasta llegar a un señalamiento que avisaba, se encontraban a unos kilómetros de la zona del lago, sin embargo había –de nuevo- una interminable fila de autos y el sol alumbraba reinante en el cielo. "¡Maldición!" Iván dio un giro y metió el auto entre matorrales y empedrados en los que el acceso era complicado, ambos hermanos se aferraron a sus asientos mientras el movimiento del auto avanzando pesadamente sobre las rocas les movía violentamente.
Cuando Kiku abrió los ojos de nuevo, miró un claro amplio y despejado, el amplio reflejo de un extremo del lago se hizo presente con los hermosos lirios flotando en la superficie, sin embargo pudo notar con su pesar que se encontraban del lado equivocado del lago. La celebración se veía muchos metros más adelante, con una enorme carpa blanca, sillas colocadas estratégicamente y el "vals de la margarita" sonaba insistentemente, los invitados se veían – incluso desde lejos- ataviados elegantemente y conversando, aunque sus voces difuminadas por el viento no se podían oír claramente. Afortunadamente – pensó Kiku- no se veía a la novia, o al novio cerca.
Iván detuvo el auto "Bien, no contaba con esto", pronto los tres bajaron del auto y miraron a los alrededores del lago para descubrir un pequeño bote.
"¿Cómo llegaremos al otro lado?" Kiku preguntó desesperanzado.
"Remando" Espetó Yao avanzando a la orilla "Aunque, será difícil moverlo rápido"
Iván entonces dio una suave palmada en la espalda de Yao y entonces se subió las mangas de su larga camisa y asintió "Yao, eso déjamelo a mi, arriba entonces" Así, de nuevo ambos hermanos obedecieron las palabras de Iván y subieron al bote a la par que Iván comenzaba a remar para acercarlos al otro lado.
El auto de la familia Kirkland se aproximó al sendero, las voces de los invitados ya se podían escuchar en la lejanía y Arthur suspiró resignado. Era extraño inclusive para la mayoría de los invitados a la boda, que el novio aun no hubiese llegado, usualmente él es el primero en estar esperando a la novia en el altar, emocionado, entusiasmado y completamente nervioso, expectante al verla llegar al altar con la mirada llena de ilusión al vislumbrarla hermosa en su vestido blanco.
Y sin embargo, como en el mundo al revés, el novio apenas iba llegando a la celebración donde todos le esperaban. El padre de Arthur observaba nervioso su reloj constantemente, nervioso de que su hijo actuara de forma imprudente y decidiera, al final escapar al más puro estilo de las novelas simplonas que se venían vendiendo en las librerías en los últimos años. Zapateaba descontento e impaciente al tiempo que miraba a su esposa, ella también parecía impaciente y cualquiera juzgaría que estaba nerviosa por la falta del hijo en llegar a su boda; sin embargo el hombre la conocía demasiado bien y sabia, que su esposa se encontraba nerviosa, por muchas mas razones de las que él mismo podría entender, pero no por la ausencia del hijo en el altar.
El corazón de ella, era tan complejo y en los últimos días había parecido volverse mas humana, mas hermosa y más mujer.
Un grito de impaciencia y nerviosismo lo sacó de sus pensamientos y varias de las chicas chaperonas y madrinas de bodas miraron hacia la carpa privada donde la novia estaba, ataviada en blanco, elegantemente con el largo cabello recogido en una larga coleta.
"¿Dónde está?" preguntó ella con un chillido. "¿No pensará dejarme así, verdad?" Marianne lucia desesperada, moviendo el pie contra la loseta de la tarima de forma desesperada.
"Calma" le decían pero no había poder humano que pudiese calmarla, después de todo su futuro esposo debería haber llegado antes que ella, hace mas de cuarenta minutos. ¿No se suponía que era de caballeros ser puntuales? De pronto, la música que ambientaba monótonamente la escena, cambió abruptamente, el novio había llegado.
Arthur Kirkland bajó del auto y sus ayudantes le corrigieron el peinado que se había movido con el viento, peinándole hacia atrás, elegantemente, también le arreglaron el traje y la flor en su solapa. A su llegada, su padre se aproximó a él para -en parte- reprenderle y llevarle al altar. No había demasiado tiempo para la recepción ni hablar con los invitados, antes quienes, Arthur se disculpó con una sonrisa practicada y entonces caminó al altar, al lugar donde habría de entregarse a algo que no sentía, pero como había decidido.
En aquel momento, tal parecía un castigo por sus años de arrogancia y pretensión.
Suspiró y miró a los invitados desde su punto, todos sentados, con el sol iluminando sus caras a la expectativa de lo que estaba por venir, el ruido de uno que otro infante y sus risas, todos tan vivos, tan llenos de alegría, energía y parecían pertenecer a un mundo diferente al de Arthur, blanco y lejano e inalcanzable al que el chico estaba a punto de entrar.
El Ave María comenzó a sonar.
La boda no sería realizada en un altar tradicional dentro de una iglesia sino en un bonito altar en una carpa junto al lago, fue por este motivo que, desde el pequeño bote sobre el que Yao, Kiku e Iván trataban de llegar a la otra orilla, el momento en que la novia entró a al carpa con su hermoso vestido reluciente pudo ser completamente visto con sus ojos.
Y aún faltaba un largo tramo para poder legar hasta la orilla, y la novia ya avanzaba sobre la alfombra captando la mirada de todos. Kiku se puso de pie entro del bote "No vamos a llegar"
"Es… espera, ¿que piensas hacer?" Preguntó Yao intrigado al ver a su hermano literalmente brincar al agua, sumergiéndose.
"¡No tengo tiempo que perder!" respondió desesperado en cuanto salió a flote dando bocanadas para recuperar el aliento y agarrándose de las raíces de algunos matorrales para poder mantenerse a flote, Kiku jamás fue un buen nadador, aun así avanzó lo más a prisa que pudo, logrando ver el momento exacto en que la novia era entregada a las manos del hombre que él amaba, era extraño y una sensación de lo más frustrante y desesperante, tanto incluso que estuvo a punto de perder el equilibro e irse a una parte mas profunda dentro del lago, afortunadamente sus pies sintieron el fondo firme, aquel que se aproximaba a la orilla del lago.
"¡Arthur!" gritó con fuerza y sin embargo la música impidió que le escuchara, en su lugar, Arthur escuchaba atentamente lo que el padre decía en el altar. "… No...No…" murmuró Kiku y siguió avanzando. "¡Arthur!" gritó con mas fuerza, con toda la fuerza y el anhelo que sus pulmones le dieron, quedándose sin aliento a medida que salía del agua erigiéndose difícilmente debido al peso del agua en sus ropas. "¡Arthur!" le volvió a gritar, mas fuerte e intensamente, con un alarido desgarrador y desesperado.
Ante tal grito los presentes voltearon hacia él, quien aun mantenía los pies dentro del agua, goteando, empapado y jadeando, moviendo los hombros tratando de recuperar el aliento. Todos se miraban confusos, Marianne descompuso su gesto de serenidad y triunfo por uno de desconcierto e incredulidad. ¿Qué estaba sucediendo? Se preguntaba mentalmente una y otra vez, frente a ella, Arthur alzó la vista, con sorpresa y sin poder fijar la vista en un punto exacto.
"Kiku, Kiku, Kiku" murmuró "Es su voz…" dijo con firmeza antes de dar la vuelta corriendo de regreso por la alfombra hasta la salida de la carpa y justo ahí le vio, empapado, jadeando, con un gesto preocupado, con los ojos abiertos de par en par a medida que Arthur permanecía estático mirándole fijamente. "Kiku…" volvió a murmurar antes de sentir sus pies avanzar a pasos apresurados hasta el lago, importándole poco su vestimenta, sumergiendo los pies en el agua a medida que lo sentía mas cerca, hasta que el agua rozó sus rodillas. Kiku hizo lo mismo, avanzando hasta él con dificultad, caminando contra el agua y sintiendo su corazón latir apresuradamente, de una forma casi violenta y estremecedora al justo momento en que Arthur, por fin, lo sostuvo entre sus brazos. Como tanto lo había extrañado. Con esas manos tiernas y firmes que le atrapaban como si tuviera miedo de que volviera a escaparse. "Kiku, Kiku" Arthur susurraba una y otra vez al abrazarle. "Estás aquí, ¿Cómo…?... ¿Que ha pasado? No...Eso ahora no importa…lo que importa, es que estas aquí" repitió con la voz cortada, alzándolo levemente en el abrazo.
"No podía permitirlo" le dijo con la voz aún jadeante, emocionada y entre cortada "No podía permitirme perderte, yo… lo sie-…"
Fue interrumpido, en ese preciso instante, Arthur le tomó de las mejillas besándole firmemente, de una manera en que siempre deseó hacerlo, segura y asertivamente, sin dejar espacio a las dudas y darle a entender, aquello que, meses atrás falló en transmitirle: Lo mucho que lo necesitaba en su vida.
Kiku por su parte respondió a ese beso de manera casi desesperada, cual si, ese beso se pudiera desvanecer en la nada si no tomaba la oportunidad de tomarlo, de responderlo y entregarse al mismo tiempo hacerlo suyo. Se separó de Arthur y entonces él mismo le dio un beso, seguido de un par mas, rápidos, eufóricos, breves y aun así, apasionados.
"Te amo, óyeme bien, te amo, ¿Lo entiendes?, ¡Te amo!" Arthur repetía incesablemente. "¡Te amo, Kiku, te amo!... por favor, jamás dudes de eso, jamás ¿me oyes?" le dijo desesperadamente al tiempo que seguía sujetándole de las mejillas sacudiéndole levemente.
La escena, no había pasado desapercibida para los presentes, todos miraban confusos lo que sucedía, allá, en aquel lago, entre sus aguas. ¿Quién era ese muchacho? Pero la mayor incógnita de todas, era la reacción de Arthur Kirkland al respecto, el siempre tan sobrio, serio e incluso temperamental Arthur, riendo y con la emoción en los ojos, como cualquier ser humano que se permite la dicha.
"No puede ser" Fueron las palabras del padre de Arthur quien había permanecido estático durante todo la escena, él mismo tenía que admitir, era la primera vez que veía a su hijo tan resplandeciente y lleno de vida, que en ese instante, una punzada en el pecho, le hizo recordar cuando su esposa dio el si en el altar el día de la boda. La miró de reojo y ella, sintiendo esa mirada, que era diferente a las miradas que se habían otorgado en años, volteó para sonreírle.
"Si, si puede ser" respondió a su comentario. "He sido yo, quien ha ido por el"
El hombre no dijo nada y permaneció en silencio. No tenía más que comentar.
"¿¡Por qué, por que no se me ha dicho nada?!" De pronto, la novia, Marianne hizo acto de presencia tras los padres de Arthur. "¿¡Por qué han permitido que se pisotee mi dignidad?!"
Ante estas palabras, la madre de Arthur la abrazó suavemente "Cariño, me temo que no ha sido nadie, más que tú, la que se ha prestado a esto"
La chica dio un zapatazo con rabia, el rostro completamente enrojecido por la ira, pero no podía hacer más, una dama, debe también aprender de las derrotas.
"Lo veo y no lo creo" Alfred comentó recargado en uno de los pilares de la carpa, a su lado, Francis hacía lo mismo suspirando levemente.
"Es un tipo con suerte, ¿Cierto?"
"Y que lo digas… mira, que, estas cosas no se ven todos los días"
"De haber sabido, hubiéramos apostado" respondió el francés.
A lo lejos, Arthur aun sostenía a Kiku, ambos rompieron el abrazo mirándose fijamente el uno al otro, como hacía tiempo que no podían, con la visión del anhelo que habían estado acariciando durante meses.
"No te voy a volver a dejar ir, ¿Me entiendes? Ya no, ya no, cambiaste mi vida y necesito que ahora te quedes tú en ella" Arthur insistía.
Ante aquellas palabras Kiku se lanzó nuevamente en un abrazo, echando sus brazos nuevamente al cuello de Arthur, a su calor que parecía inundarle a pesar del agua y al aire y de la sensación casi gélida que le daban.
Poco después, el botecito llegó a la orilla y Yao sonrió a Iván "¡Lo logramos!" Iván sonrió despeinando suavemente la cabeza de Yao. Al oírlos Arthur les sonrió y con gesto de mímica les dijo "Gracias"
Yao bajó del botecito y se acercó a ambos. "Me temo, que no tienes que agradecernos tanto a nosotros, sino a tu madre"
Arthur lo miró sorprendido y luego miró a Kiku, él le sonrió tiernamente a la par que asentía, a lo lejos el rubio miró a su madre, sonriéndole, dichosa y con le emoción en los ojos. Arthur entonces se encaminó hacia ella tomando la mano de Kiku para llevarle consigo, como si no quisiera soltarle, no quería volver a perder el contacto con el. Cuando ambos llegaron, la mujer acarició la mejilla de su hijo y luego la de Kiku, tomando su mano libre y agradeciéndole, acto seguido ella regresó sus ojos a su hijo.
"¡me alegra tanto verte tan feliz!"
"Madre…" Arthur le miró confundido y dichosamente le sonrió.
"A mi también" De pronto el padre se unió a la conversación. Pronto los cuatro intercambiaban palabras sobre lo sucedido.
Kiku miraba la escena, el rubio volviéndose a hablar con sus padres, como se supone que siempre debió haber sido, posó sus ojos en la madre de Arthur y recordó sus palabras.
Y sonrió.
Minutos más tarde, Arthur se separó de toda la algarabía y tomando a Kiku se alejaron unos palmos en donde el sol daba de lleno. Ahí, compartieron otro abrazo y un momento a solas, un beso sencillo y casto se dio a lugar y cuando se separaron Kiku hablo suavemente.
"…Me quedo en tu vida"
Arthur sonrió y le abrazó elevándole suavemente. "¡Así lo espero!, ¡Así debe ser!" Y ambos rieron suavemente. Después de unos minutos el silenció llegó de nuevo.
"Y dime… ¿Qué fue lo que mi madre te dijo?"
"… Me temo, que mi hijo, te extraña demasiado y por eso tengo un favor que pedirte, hazle feliz… por el resto de sus días"
Fin
¡Muchas gracias por tomarse la molestia de leer!
¡Muchas gracias por sus reviews que me hicieron TAN feliz y que en buena parte son los responsables de que ésta historia sucediera!
¡Muchas gracias por sus favoritos y follows!
Todo eso me hace ¡TAN Feliz! Que no creo que existan palabras para hacérselos saber.
¡Muchas gracias por seguir esta historia! y perdonarme que me haya tardado TANTO en concluirla, gracias por TODO en serio, esta historia será para siempre la mas especial de las que he hecho, por que ha sido la primera larga que pude seguir con ustedes.
Me siento como recibiendo un premio y diciendo un discurso jajaja, pero en serio ¡Muchas gracias a todos ustedes!
De verdad. Gracias, Gracias.
(Ahora, si, me dedicaré a mi otra historia y ¡a Leer! Que eso vengo queriendo hacer desde hace mucho, ¡leer fanfics! )
Nos vemos pronto.
PD: ¡Espero que el final no haya sido muy cursi!
