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~Capitulo diez~

Uno "No" menos audible al de Blaise escapó de sus labios. Theodore corrió con varita en mano hacia el lago en un intento de hacer algo al respecto pero inmediatamente recordó que no había hechizo alguno para detener la caída de la cadenita.

Contempló el lago en silencio. La imagen de su madre parecía borrarse lentamente conforme la cadenita se hundía cada vez más.

Tan cerca que estuvo de recuperarla y ahora ya no estaba más…

Una lágrima resbaló por su mejilla.

-No… - murmuró.

Theodore avanzó hacia el lago, sin despegar la mirada de donde la cadenita se había sumergido. Se sentía mal, internamente creía haber decepcionado a su madre. ¿Cómo pudo haber descuidado algo tan importante? A esas alturas, no le importó derramar otro par de lágrimas, a pesar de sentirse tan estúpido por hacerlo.

—Es lo que se merece — salpicó Ginny.

— ¿Y tú, qué? – Rugió Blaise — por si no lo sabías ninguno de la casa de Slytherin participó en la guerra, fuimos evacuados.

—No mientas — contradijo la pelirroja — Malfoy y sus gorilas estaban ahí, uno murió de hecho mientras peleaban contra Harry.

—Draco participó porque su familia peligraba — Blaise dio paso hacia con ella — los demás se fueron del lugar. Theodore, Pansy y yo fuimos con Draco para llevarlo con nosotros. Si en algún momento nos viste levantar una varita y atacar, entonces debiste ver que nos defendíamos y no precisamente de los del famoso bando de la luz. Los mortífagos, nuestros supuestos "amiguitos", nos atacaban.

Ginny apretó la mandíbula, mientras aferraba fuertemente su varita dentro de la túnica.

—Theo nunca mordió a tu amiga ni a tu hermano, tampoco mató al gemelo — Blaise estaba cada vez mas enojado — dime ahora, ¿Quién es la que hizo una estupidez? ¡En dónde te colocas tú que has actuado peor que los verdaderos mortífagos!

Ginny sacó su varita justo en el momento en que Neville se posicionaba en medio de los dos.

— ¡Basta! – le gritó a ambos.

—Yo no he iniciado todo esto — Blaise también lo fulminó con la mirada a él. Neville sintió las palabras del moreno como dos bofetadas a guante limpio. Se sintió mal. Él era el único responsable de todo aquel embrollo.

Theodore se hizo consciente de la discusión que mantenía su amigo con los otros dos Gryffindors. Se limpió las lágrimas antes de dirigirse hacia el moreno.

—Vámonos, Blaise — el aludido entornó los ojos.

Antes que Blaise se metiera en problemas por culpa suya, Theodore decidió salir de ahí y buscar una manera de sacar su frustración.

—Pero...

—Recuerda tu situación — le dijo, serenamente. Aunque por dentro se sintiera destrozado.

—De acuerdo — A pesar de lo que le dijo su voz sonaba enojada.

Antes de girar e irse con su amigo, lanzó un par de miradas asesinas hacia los tres Gryffindors.

—Fuiste demasiado lejos, Ginny — dejó salir enojado Neville, en cuanto los Slytherin se fueron.

—Todo esto fue tu idea — refunfuñó Parvati – si no nos hubieras dicho nada de venganza, no estaríamos donde estamos.

—Acepto mi culpa — confesó el castaño — pero rectifiqué a tiempo, le dije a Ginny que no haríamos nada y…

—Es fácil decirlo ahora, después de haber removido heridas que ya estaban sanando — soltó la pelirroja.

—Ginny…

La chica Weasley se dirigió al castillo sin decir nada más.


Los días transcurrieron lentamente y, tal como Theodore se había auto diagnosticado, fueron oscuros y asfixiantes. El único objeto importante que tenía de su madre ya no estaba más. Durante dos días estuvo deprimido, a su manera, pasaba la mayor parte del tiempo ocupando su mente en deberes escolares, era más fácil sobre llevar la pérdida no pensando en ésta. Cuando se distrajo lo suficiente, comenzó con su rutina anterior a la guerra. Estudiar, leer y más leer. En ocasiones participaba en las conversaciones triviales de sus amigos, pero solo eso. Le tranquilizaba la idea que Blaise no mencionara el incidente con los demás, ni siquiera entre ellos.

—Pronto será navidad — murmuró Pansy, con nostalgia.

La mayoría de ellos, si no es que todos los Slytherin, habían quedado al mando de sus familias. Sus padres habían terminado muertos o encerrados en Azkaban.

— ¿Qué harán ustedes? — quiso saber.

Inmediatamente cada uno por su lado habló de los grandes planes que tenían para tan especial fecha.


Neville observaba por la ventana de su dormitorio el lago. Había buscado la manera de remediar su error de muchas maneras, pero sin éxito. La cadenita se había perdido. Y todo fue culpa suya.

Era el último día de clases y quería remediar las cosas con Theodore. Después de la cena consiguió seguirlo hasta un pasillo solitario y justo cuando se disponía a hablarle, Blaise apareció.

—Hey, ¿te estás escondiendo de mí?

Neville se escondió tras una estatua.

—No.

—Los chicos quieren hacer una reunión antes de salir de vacaciones, ¿te unes?

El Gryffindor observó que Zabini tenía un brillo especial en los ojos, miraba a Theodore de una manera intensa, como si lo amara… y el moreno no era el único, Nott también lo miraba así. A Neville se le vino a la mente las palabras de Ginny.

"Sabemos que Nott es… diferente".

Ambos Slytherin se querían, era por ello que se protegían mutuamente. Neville se dio cuenta que nunca pudo haber tenido alguna oportunidad, si alguna vez habría existido una.

—¿Por qué me estás siguiendo?

El Gryffindor dio un respingo al ver a Theodore frente a él. ¿Cómo demonios había sucedido?, ¿y Zabini?

—Emh… yo…

El Slytherin lo escudriñó con la mirada. Neville parpadeó, nervioso.

—Yo… solo… yo… — Se sacudió la cabeza para salir de su aturdimiento. Ginny tenía razón. Le gustaba el muchacho que tenía frente a él.

—¿Tú…?

Neville carraspeó. Metió la mano en su túnica y sacó una recordadora. Se la ofreció. El Slytherin enarcó una ceja, sin recibirla.

—Era de mi madre, mi abuela me la dio en mi primer curso.

Theodore siguió sin moverse.

—Te la regalo, puedes hacer con ella lo que quieras.

El aludido frunció el ceño.

—Es mi manera de ofrecer mis disculpas — confesó Neville — sé que con esto no recuperarás la cadenita de tu madre, pero…

—Lo has visto.

El aludido estaba por preguntar el qué se supone había visto, cuando algo hizo click en su cerebro trayéndole a la mente el recuerdo de Theodore y su madre.

—Yo no quería, pero… ¿a dónde vas?

El Slytherin dio media vuelta, encaminándose a su Sala Común.

—¡The… Nott! — Neville corrió hasta quedar frente a él — En verdad, lo siento.

—De acuerdo.

—¿"De acuerdo"? — repitió, confundido. El Slytherin, aprovechando la confusión del otro, avanzó — ¡Espera!

Theodore rodó los ojos en cuanto vio nuevamente al Gryffindor frente a él.

—Porqué no te enojas, me hechizas, me golpeas o no sé. ¡Hazme algo!

—Es lo que estoy haciendo.

Theodore continuó caminando.

Neville arqueó las cejas. Definitivamente los Slytherins eran personas realmente extrañas para él… o tal vez no tanto. Theodore le estaba mostrando indiferencia. Esa era su manera de manifestar su enojo con él. Y Neville estaba de acuerdo con él. Aunque en el fondo le doliera, sabía que se la merecía.

El Gryffindor desvió su mirada hasta su mano derecha en donde descansaba la recordadora. No sabía qué preferir. Conservar la recordadora de su madre o la indiferencia de Theodore.


Todos preparaban su equipaje, el expreso partiría en unas cuantas horas más. Las horas pasaron y con ello llegaron las vacaciones oficiales. En la madriguera, a pesar que todos estaban ambientados para una linda velada, había suspiros de tristeza, llantos de dolor, miradas tristes…

—¡Familia! ¿Qué es esto? — Gruñó George — si Fred nos viera de esta manera, seguramente nos aventaría un par de hechizos para sonreír permanentemente.

Toda la familia Weasley sonrió, olvidando rastro, momentáneamente, de dolor.

Ginny subió a su habitación, llegó hasta su baúl y sacó una cajita de madera. Suspiró lentamente mientras observaba una cajita de madera.

—Neville tenía razón — murmuró.


La navidad a pesar que para la mayoría de las personas era motivo de celebración, para Theodore nunca lo fue… o al menos no lo fue para su padre y para él. Normalmente el viejo Nott se pasaba cumpliendo misiones para Voldemort en esas fechas, así que Theodore pasaba ese día como cualquier otro del año.

Y ese año no sería la excepción.

Estaba sentado en la alfombra de la sala. Frente a él estaba la chimenea y a un lado de ésta un elfo domestico adornando el árbol de navidad. Theodore le había dicho que no era necesario ponerlo, pero como cada año, el elfo hacía caso omiso de esa orden. El Slytherin tenía sus propias sospechas.

— ¿Quién te ordenó adornar el árbol cada año? — interrogó al elfo, observándolo fijamente.

—La ama Susan me dijo que cada mañana de navidad, el árbol no podía faltar.

Theodore frunció el ceño, recordó vagamente la ultima navidad que celebró con su madre. Fue también, la única en donde estuvieron los tres reunidos, como familia. Susan le había dicho esa frase al elfo como un comentario, pero éste al parecer la tomó como orden. El muchacho se sintió extrañamente feliz.

—¿Te puedo ayudar? — murmuró.

El elfo sonrió feliz.

—Amo, joven Theodore, los elf…

—Te voy ayudar — dejó salir, esta vez, en forma de orden.

En cuanto se levantó llamas verdes se agrandaron en la chimenea.

—¡Sorpresa! — gritaron Pansy y Daphne, sonriendo y con sus brazos extendidos. Malfoy rodó los ojos.

—Hola — fue el simple saludo del rubio.

Theodore estaba desconcertado ante la presencia de sus inesperados invitados.

Mientras el elfo iba por algunos aperitivos, los cuatro Slytherins terminaron de adornar el árbol de navidad.

—Creí que tenían planes — dejó salir Theodore mientras agarraba galletitas de coco.

—Demasiados para una casa grande y una sola persona — confesó Draco.

—O dos — agregó Daphne.

Los cuatro estaban sentados en la alfombra frente a la chimenea.

—Astoria quedó en traer algunas golosinas — anunció Daphne.

Theodore aún seguía desconcertado.

—No le des mucha vuelta, Theo — los chicos voltearon hacia la chimenea en donde un Blaise Zabini salía de las llamas verdes.

—Has tardado en llegar, ¿haciéndote el interesante? — gruñó Draco, sirviéndose una rebanada de pastel de zarzamora.

—Tuve una visita inesperada a última hora — Theodore frunció el ceño, Draco enarcó una ceja y las muchachas le enviaban miradas intrigadas — el caso es que cada uno de nosotros tenía planes, pero estaríamos solos — explicó el moreno dejando de lado lo que les había confesado segundos atrás — Entonces, ¿Por qué no reunirnos todos? no hay nadie que nos diga en dónde debemos estar y cómo comportarnos — se sentó a un lado del muchacho ojiazul — somos libres.

—¡Brindo por eso! — expresó Draco ante las palabras del moreno. Los demás lo imitaron.

—¡Salud! — Engulleron sus copas —Yo también quería brindar, ¿lo sabías, amor? — refunfuñó Astoria, quien acababa de llegar con varias bolsas de compras.

—Ven aquí — el rubio le hizo una señal a su lado.

Los Slytherins comenzaron a cenar acompañados de una charla agradable. Tal como lo había dicho Blaise, ese día eran libres, por primera vez celebraron sin máscaras, sin presiones, sin pensar en qué dirán sus padres.

Solo siendo ellos mismos.


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PISLIB n_n