Manzanas
Para nadie en el Enterprise era un secreto la extraña afición de su capitán por las manzanas rojas. A veces disfrutaba de su manjar en el comedor, otras en los pasillos de la nave, en el puente o, cómo en aquella ocasión, en la privacidad de sus habitaciones.
Estaba degustando un gran mordisco cuando llamaron a su puerta, le indicó al ordenador que abriese y Bones apareció.
–¿Jim?
–Pasa Bones.
Al adentrarse en los cuartos el médico encontró a su amigo sentado en el suelo de su habitación, la espalda recostada contra el sofá, un frutero lleno de manzanas rojas en su regazo, y una de las frutas en su mano. Dando un mordisco a la manzana sonrió.
–Has tardado.
–¿Sabías que iba a venir?
–Lo intuía– otro mordisco y la sonrisa de Jim se ensanchó–. Antes de graduarnos logré engañarte con relativa facilidad en estas fechas. Incluso el año pasado, ya a bordo del Enterprise, pude evitar la conversación pidiendo unos días libres. La densidad de misiones de este año me ha impedido posponer el encuentro un año más.
–Entonces sabes por qué he venido.
McCoy no lo había preguntado sino que lo afirmó.
–Vas a preguntarme por que en dos días no he comido fuera de mis habitaciones y por que mi replicador sólo saca fruta. Manzanas.
–Si sabías lo que iba a pasar, ¿por qué…?
–Hay cosas que no puedo evitar Bones– aunque seguía sonriendo, la voz de Jim estaba cargada de cansancio–. Al convertirte en el oficial médico de la nave muchos archivos clasificados cayeron en tus manos, entre ellos el mío. Siempre tuviste curiosidad por saber por que dos años de mi historial médico aparecen sellados, decías que seguramente en ellos estaba la explicación de por que mi sistema inmune es una mierda: Y tenías razón. Sé que los has leído y ya comprendes por que no puedo recordar a que horas he de comer: simplemente no soy capaz de sentir la sensación del hambre. Esa es mi secuela de Tarso IV.
–Lo vi, sí, al leer tu informe– admitió McCoy animado por el tono tranquilo de Jim–. No quise presionarte con ello.
–Te lo agradezco– le dijo sinceramente Jim dando vueltas a la manzana entre sus manos–. Tú, cómo médico, sabes mejor que nadie cómo se recupera un cuerpo de la desnutrición.
–Sí, y no es agradable.
–No, no lo es, y menos cuando lo único que queda de ti es piel y huesos. Tardé una semana entera en poder recuperar la consciencia, dos en lograr sentarme en la cama. Y casi un mes en poder ingerir algo sólido– giró la manzana entre sus manos–. Esto fue lo primero que pude comer sin vomitar. Aquel día, al poder notar el peso de la manzana en mi estómago, me sentí un poco más fuerte, más cerca de vencer a la muerte. Por eso, cada vez que consigo una victoria, me permito una manzana roja.
Terminó la fruta y dejó su corazón junto a media docena más, cuidadosamente colocados sobre un plato.
–Cuando se acerca la fecha del aniversario de la liberación de Tarso IV esto es lo único que puedo comer sin vomitar o sentir naúseas.
La mirada de Jim permanecía en el frutero que descansaba sobre su regazo. McCoy se puso en pie y se dejó caer a su lado.
–Maldita sea– musitó el médico tomando una de las manzanas y dándole un mordisco–. No me gustan las manzanas– antes de que Jim pudiera replicar McCoy pasó un brazo sobre los hombros de Jim y lo acercó hacia él–. Pero no tienes por que hacer esto solo.
Tuvieron que pasar varios minutos para que el cuerpo de Jim se aflojase bajo el agarre de Bones, pero finalmente la resistencia del rubio se vino abajo, cerró los ojos y suspiró dejando su cabeza descansando contra el hombro del mayor.
–Gracias Bones.
–No me las des, Jim. Yo sólo cuido de lo que es mío y tú eres mi mejor amigo, parte de mi propia familia– escuchó cómo Jim tomaba aire de forma entrecortada, tratando de contener el llanto. De pronto él mismo se encontró luchando contra sus propias lágrimas–. Si quieres comer manzanas hoy: comeremos manzanas hasta agotar todas las que queden en la nave. Pero mañana desayunaremos un poco de avena, y comeremos un poco más de arroz, y puede que tal vez cenemos un filete. Y así seguiremos día tras día hasta que puedas comer las manzanas sólo cuando tú quieras.
Jim asintió y Bones apretó su abrazo.
Cómo a algunos no puedo responder vuestros mensajes directamente, os agradezco por aquí vuestros comentarios: Maga oscura y wyranah-ST2009; además de agradeceros a todos los que seguís este fic y "el inicio" vuestro seguimiento una vez más! :)
