Humilde granjero de Iowa
–¿En qué estás trabajando?
Esa había sido la primera pregunta que Kirk había hecho a Sulu cuando ambos se encontraron en los laboratorios. Todos en la nave sabían que el piloto acostumbraba a pasar sus ratos libres en el laboratorio de botánica, pero lo que no era de dominio público era que Jim era otro asiduo a la zona. En los últimos tiempos, entre misión y misión, Jim bajaba hasta los laboratorios y conversaba con Sulu acerca de sus experimentos. La mayoría entusiasmaban al joven capitán, especialmente todos aquellos que tenían una relación directa con la bio agricultura.
Al principio Sulu era el que hablaba y Jim el que escuchaba, pero con el tiempo Jim fue cogiendo confianza y comenzó a añadir algún que otro comentario a las explicaciones de Sulu, así cómo a plantear preguntas que dejaban al espadachín inmerso en profundas cavilaciones.
Ese día Sulu le explicó el inicio de un amplio proyecto que el departamento de botánica iba a poner en funcionamiento para tratar de hacer unos cultivos de arroz resistentes a la sequía. Un breve comentario de Jim, sumamente complejo, hizo que Sulu le mirase.
–Capitán, hasta ahora he mantenido al margen mi curiosidad pero me veo obligado a preguntarle, ¿cómo sabe usted tanto acerca de ingeniería agrícola?
–Antes de entrar en la flota tenía que entretenerme en algo– replicó Jim encogiéndose de hombros.
–¿Y fue en esto?
–No en vano soy un humilde granjero de Iowa– rió el rubio–. Y si no pregúntale a Uhura.
Sulu jamás lo hubiera admitido, pero en cuanto terminó su labor en el laboratorio, y tras despedirse de Jim quedando ambos para ir a entrenar al día siguiente, Sulu fue corriendo en busca de Uhura a la que encontró en sus habitaciones.
–¿Qué sabes del pasado académico de Jim?
–¿Qué es un idiota?– replicó Uhura alzando una ceja.
–Deberías dejar de hacer eso, te pareces demasiado a tu novio.
La mujer resopló.
–¿Por qué me preguntas sobre Kirk?
–Hoy le pregunté que a que se dedicaba para tener tantos conocimientos botánicos, y su respuesta fue que él era un humilde granjero de Iowa, que tú podías corroborarlo.
–La verdad es que conocí a Jim en Iowa pero más que humilde parecía un paleto.
El hombre alzó un padd y señaló una parte de un informe.
–He estado mirando sus registros y en su ficha pública de admisión en la academia no figura formación previa.
Uhura tomó el padd.
–No puede ser– intentó un par de nuevas búsquedas antes de bufar–. Sólo conozco a alguien capaz de saber que está pasando aquí.
Un desaliñado Chekov, aún en pijama, les abrió la puerta de su cuarto. Sulu y Uhura habían ido en post del joven prodigio para amablemente, y amenazándole si se negaba, entrar en la base del sistema de la flota y sacar los archivos de la hoja académica de Kirk.
–Hasir isto va in contra di los dirichos dil kepitan Kurk– repitió el ruso sentado en una apartada mesa del comedor en la que Sulu y Uhura le habían obligado a ocupar, padd en mano.
–Nadie lo sabrá nunca– insistió Uhura–. Venga, entra y dinos que está pasando.
Uhura y Sulu miraban con atención los movimientos que Chekov ejecutaba con sus manos sobre el padd. El muchacho frunció el ceño.
–Los archivios previos dil kepitan figurian in blanco.
–¿Eso es que han sido borrados?– preguntó Uhura.
–O tal vez que no los ha querido completar– dijo Sulu–. Pavel, ¿no puedes rastrear sus registros académicos previos? Tal vez tirando de esa pista lleguemos a saber si en verdad nos está tomando el pelo.
–Da– Chekov tecleó con rapidez sobre el padd–. Sigun esto James T. Kurk cursio sus estudios obliguiatorios en Iowa pero isto no puide ser.
–¿El qué?– preguntó Uhura mirando la cara de desconcierto del muchacho.
–Isto dice qui il kepitan se graduó con doce añios.
–¿Qué? Trae aquí– le pidió Sulu–. No puede ser.
Los tres comprobaron la veracidad de la información y continuaron leyendo.
–Sus archivos están en blanco hasta los catorce años– musitó Uhura avanzando en los párrafos–. A esa edad… ¿¡Entró en la universidad de matemáticas!?
–Se licenció a los dieciocho, año y medio después de iniciar también sus estudios en física– continuó Sulu–. A los veinte se licenció en física y se doctoró un año más tarde en astrofísica teórica.
–¡Il kepitan is un ginio!– exclamó Chekov señalándoles un párrafo–. ¡Íl ha disarrollado il priograma di riginiración di cristiales di dilitio! Is uno di los grandes aviances qui si instaliaron in lias naves di la difiración hace dos añios.
–Esos registros están sin actualizar. Hace dos meses terminé mi tesis sobre composición warp.
Los tres se quedaron congelados. Lentamente se voltearon para encontrarse con su capitán. Este permanecía apoyado contra una de las mesas del buffet, bebiendo una humeante taza de café.
–Capitán, nosotros sólo teníamos curiosidad.
–Ya veo.
El siempre risueño Kirk mantenía ahora una regia expresión a través de la cual Uhura no podía leer emoción alguna y mucho menos calibrar el enfado de su capitán.
–Señor, yo… Fui a ver a Uhura para preguntarle por su pasado académico, luego convencimos a Pavel para que se uniese a nuestra búsqueda. Me siento tremendamente avergonzado– dijo Sulu.
–Pues no lo hagas– le dijo Kirk–. Eso sí, la próxima vez pregúntame directamente si mi explicación de granjero de Iowa no te convence.
–Consideraremos justo cualquier castigo– siguió diciendo Uhura–. Pero quiero que conste que Pavel se negó a ayudarnos hasta que le amenazamos.
–¿Cuál fue la amenaza?– quiso saber Jim dando otro sorbo a su café.
–Alisarle el pelo– reconoció Sulu enrojeciendo–. De forma permanente.
Las carcajadas de Jim resonaron por todo el comedor haciendo que los únicos ocupantes, situados en el otro extremo, les mirasen con interés.
–Me hubiera gustado verlo– admitió Jim–. Pero no habrá castigo: yo habría hecho lo mismo que vosotros.
–¿Qué?
–Sí Sulu, si mis informes académicos están visibles es por que no me molesta que sean consultados– pasó a su lado para ir hacia la puerta, pero les miró una última vez y les guiñó un ojo–. Lo que no quiero que se sepa ya no está en la red.
Sin más, Jim prosiguió su camino silbando una alegre canción cuya letra relataba las hazañas de un granjero.
