Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza.Aviso/Danger:Abstenerse mentes puras e inocentes, algunas frases o situaciones pueden dañar vuestra sensibilidad. Nos leemos abajo :D

Música de acompañamiento:The Lumineers - Flowers in your hair


Sexto capítulo:Levántate y anda(segunda parte)

Katniss´s POV

Bajo corriendo las gradas llamando a Peeta con la poca voz que me queda, llego hasta las verjas metálicas y juro por dios que la arranco ahora mismo como no me dejen pasar. Clavo las uñas en la reja y la muevo para que haga ruido, espero que así me vean, el resto de las gradas se va yendo poco a poco entre susurros de que es lo que ocurre.

Al poco veo que el círculo se dispersa. Finnick tiene a Peeta subido a sus hombros, este intenta caminar cojeando de la pierna izquierda. Veo que ambos sonríen y suspiro relajada.

- Gloss –grito a este que se acerca a mí- ¿Qué ocurre, que le pasa a Peeta?

- Kat, hey, hemos ganado –me contesta al llegar medio corriendo a la verja.

- No me jodas –contesto irónica- ¿Qué le ha ocurrido?

- Joder ni que fueras su novia –si él supiera- Al parecer cree que ha pisado mal al derrapar y se le ha torcido la rodilla, o un ligamento ¡No sé! Algo ha dicho Finn pero no le he entendido una mierda

- ¿Pero se va a poner bien? –pregunto, empiezo a hartarme de este tío.

- Que sí Katniss, hija, que es un puto golpe de nada… ¿Me puedo ir a duchar ya? –asiento intentando parecer simpática y le felicito por la victoria. Suspiro aliviada mientras el resto del equipo entra gritando y vitoreando la victoria, se lo merecían.

Vuelvo a sentarme en mi sitio, en el cual ya no hay gente alrededor, y saco mi teléfono.

"Te estoy esperando afuera en las gradas, mi ganador. Te quiero. Katniss"

Enviar. Espero que esté bien, mierda, se me ha olvidado ponerlo, vuelvo a sacar el móvil.

"Espero que lo de la pierna no sea nada… Te quiero. Katniss"

Podría pasarme todo el día mandándole mensajes sólo para ponerle que le quiero… Suspiro y saco mi libro de "Criadas y señoras" y me sumerjo en él. Cuando he terminado un capítulo de "Miss Skeeter" no queda nadie en el campo ni en las gradas, excepto un par de personas que estarán esperando a sus hijos para recogerles e ir a celebrar la victoria. Miro y veo que Plutarch no está, menos mal.

Poco a poco el equipo va saliendo, unos ya duchados y otros todavía sudados por el partido, pero todos con una amplia sonrisa. Por lo que van diciendo al salir deben de haber montado una fiesta increíble en el vestuario, hasta uno de ellos sale con un trozo de empanada en la boca. Cierro mi libro y me quedo embobada mirando a la puerta de vestuarios, esperando a que Peeta salga y así poder abrazarlo y felicitarlo. Entonces Finnick aparece por la puerta, con su bolsa de jugar y la de Peeta a los hombros, tiene el pelo todavía mojado. He de decir que, aunque tenga novio, Finnick se ve realmente sexy tras un partido (y más, una victoria).

Bajo corriendo los peldaños sin intentar caerme, justo en el último pego un brinco y salto a los brazos de mi amigo, que me intercepta y abraza con fuerza, sonriendo como nunca.

- Enhorabuena –digo, separándome un poco y dándole dos sonoros besos en las mejillas

Finnick me baja de sus brazos y posa las bolsas en el suelo, nunca le había visto tan sonriente, y mira que él SIEMPRE está sonriendo.

- Gracias Kat –me contesta, colocándose la chaqueta sobre los hombros- ni te imaginas la fiesta que hay montada allí dentro, Peeta va a tardar bastante –Finnick saca su teléfono y me enseña una foto de mi novio- Le hemos metido en las duchas estando vestido y luego han intentado llenarle los calzoncillos con jabón, aunque eso ha sido más difícil

- Pobre…–contesto, aguantándome la risa, al instante me pongo seria- Peeta ¿Y Peeta, que ha pasado, está bien?

- Ahora lo que estará será lleno de champán –me contesta, riendo aún más alto- Tranquila, le hemos puesto una férula y le hemos dado unas muletas, supongo que ahora alguien le lleve a urgencias para ver si no es nada grave

- Disculpe… -dice una voz ronca a nuestro lado- ¿Ha salido ya el patán de mi hijo?

Sólo una persona podría decir aquella frase, bingo. Plutarch está a escasos centímetros de mí, mirando a Finnick con un gesto que no logro adivinar, me fijo que chasquea la lengua cada pocos segundos, ¿será un tic por las drogas?

- ¿Disculpe? –contesta Finnick, cambiando su expresión de felicidad por una cara de asco indescriptible, yo arrugo la nariz por el mal olor que llega de Plutarch.

- Que sí ha salido Mellark, el número cinco, el que casi la caga al final del…

- Pues sí, se ha ido ya –miente Finnick, cortando la frase del padre de mi novio, casi no se nota cuando miente por la cara de seriedad que tiene.

Plutarch ahoga un tosido y fija su vista en mí, me escruta entera, y se relame los labios. Joder que asco, se me erizan los pelos del brazo y todo. Aprieto los puños y fijo mis ojos en Finnick, que parece que le lanza cuchillos con la mirada.

- ¿Asique tú eres Katniss? –me pregunta Plutarch, asiento tímida sin mirarle a los ojos- Así que la foto que tiene en su mesita es cierta, mi hijo tiene novia

- Sí, tengo novia –oigo a lo lejos

Giro la cara y los ojos a Peeta, que sale de los vestuarios. Parece ser que se ha cambiado, porque trae puesto una chaqueta de cuero marrón oscura que tanto me gusta, bajo esta lleva puesto una camisa de cuadros de distintos tonos de azul, por encima del vaquero oscuros asoma una férula azul brillante con tiras de velcro blancas y que sube hasta por encima de su rodilla izquierda. Además, viene andando con muletas. Tendría cara de felicidad si no fuera por el otro hombre que tengo a mi derecha. Peeta parece echar fuego por los ojos mientras avanza firme con las muletas hasta ponerse a mi lado y frente a su padre. Finnick también se gira a mirarle y su cara se deforma, ninguno de los dos habíamos visto nunca así a Peeta.

- Peet –susurra Finnick cuando mi novio llega a nuestro lado

- ¿Qué te ha pasado? –pregunta Plutarch, señalando la pierna de Peeta con la cabeza y con cara de asco

- Nada que le importe –contesta entonces Finnick, volviendo a su mosqueo de antes

No sé qué decir, ¿qué hago, digo algo, me muevo, pregunto a Peeta? Tengo ganas de soltarle una hostia a este señor, pero ni siquiera creo que mi cuerpo pueda moverse. Es triste, todo esto, que Peeta y su padre tengan esta relación y no se pueda hacer nada… Muchas veces hemos intentado denunciarlo a la policía pero ese hijo de puta siempre consigue hacerse con la suya. Él sigue haciendo sus mierdas mientras Peeta es el que sufre y encima este se tiene que tragarse toda la mierda. No es justo, simplemente, no lo es.

- ¡Peeta! –me despierta de mis pensamientos la voz de Finn, que mira a su mejor amigo con los ojos como platos- ¿Qué te ha pasado en el ojo?

Mierda… Finnick no sabe que el padre de Peeta le…

- No me ha pasado nada –contesta Peeta, todavía serio y con la mirada clavada en su padre- Papá, por favor, vete….

Alterno las miradas entre Peeta, Finnick, y Plutarch. Casi se puede cortar el aire del mal rollo y la tensión que hay en el lugar. Agacho la cabeza mientras los otros tres también luchan a aguantarse la mirada, miro la pierna vendada de Peeta que tiembla. "Le está doliendo, puedo notarlo", pienso para mí.

- ¡Mellark! –el entrenador le llama desde la entrada de los vestuarios, tanto Peeta como los demás nos giramos- Que te lleve Odair a mirarte esa pierna, ya que nadie ha venido a recogerte, ¡y no la muevas mucho!

- De acuerdo, entrenador –contestan Finnick y Peeta al unísono.

- ¿Al hospital? –salto yo, al fin- ¿Qué te ocurre?

- Creemos que se ha roto un ligamento cruzado anterior , pero este no se queja- me responde Finn, sonriendo de lado y mirando a su amigo.

- Claro que no –le espeta Peeta, mirándole y sonriendo un poco- Hemos ganado, ¿qué importa mi pierna ahora?

A pesar de que sé que miente y sé que la pierna le está doliendo a horrores, nos reímos los tres, por el hecho de haber ganado un partido tan tan importante, eso es un motivo para sonreír. Mientras me seco una lágrima de emoción y felicidad de la cara miro a Plutarch. No se ríe, tiene la cara girada al campo y los ojos como idos, como si no estuviera ahora mismo en este mundo. Da algo de miedo, nunca le había tenido tan cerca. Entonces, en un pestañeo rápido por mi parte, veo el brazo de Plutarch volar hasta la cara de Peeta, pasando por delante de mis ojos como un rayo, da directamente en la mejilla derecha de su hijo, el cual cae al suelo como una estaca. Me quedo algo en shock pero cuando, por fin consigo reaccionar, grito el nombre de Peeta y me tiro al suelo a ayudarle.

- ¿¡Se puede saber que hace!? –reacciona Finnick, también tarde, y agarrando a Plutarch de su desaliñada camiseta estampa su espalda contra las verjas.

- ¡Peeta! –toco la mejilla de mi novio mientras le ayudo a incorporarse, él no dice nada, sólo mira al suelo, ni siquiera se queja.

A los pocos segundos llega el entrenador de Peeta y Finnick, creo que se llama Ronald y que es como veinte veces Finnick de alto y cincuenta veces más de ancho. Este toma a Finnick por los hombros y lo separa de Plutarch.

- ¡ODAIR, basta! –consigue al fin separar a Finn y Plutarch, dejando que mi amigo deje de tirar de la camisa de su adversario y deje de gritarle como si estuviera loco, nunca había visto a Finnick enfurecido, es realmente terrorífico.

Claro que yo también tengo ganas de gritar y pegar a este señor. ¿A qué narices ha venido ese golpe? Pero decido controlarme y terminar de ayudar a Peeta a levantarse, tiene la mejilla izquierda enrojecida, incluso escupe algo de sangre. Mientras Finnick se calma, Ronald le agarra de los brazos e intenta separarle de Plutarch.

- Finnick –dice Peeta entonces, cogiendo a su amigo del brazo e instándole a que le mire- Basta –dice muy serio.

- ¡No, Peeta, suéltame! –protesta este- ¡No pienso dejar que ESTE se salga con la suya! –agarro entonces yo a Finnick del otro brazo mientras Ronald coge a Plutarch por los hombros y se le lleva lejos, hasta el parking, donde desaparecen por completo- ¿¡Me oyes, cabrón de mierda!? ESTO NO TERMINA AQUÍ –le grita con fuerza.

Nos quedamos un tiempo así, entre Peeta y yo aguantando a Finnick, que se revuelve y chilla a la nada. Al rato parece calmarse un poco, se suelta de nuestro agarre y mira a Peeta con decepción, le señala con el dedo y amenaza a Peeta con darle de hostias como no informe de todo esto a la policía. Finnick…

- Finnick, ya lo hemos intentado, ¿verdad? –dice Peeta, mirándome a mí con los ojos llorosos, yo asiento- No sabemos qué narices hace que siempre acaba ganando los juicios… Y yo tampoco es que me haga mucha gracia ir a un centro de menores o un orfanato.

- ¿Pero tú eres tonto o qué? –protesta Finnick, levantando las manos en el aire.

- ¡FINNICK, BASTA YA! -salto yo, al fin, harta de su actitud- ¿No ves que lo acaban de ostiar? Y encima tiene la pierna mal, ¿qué cojones importa ahora Plutarch?

Tanto Finnick como Peeta me miran un segundo y luego agachan la cabeza. Uno por vergüenza, por enfadarse como un tonto y no preocuparse por la salud de su mejor amigo, y otro por el dolor y la incontinencia que siente hacia su padre. Respiro profundo y me relajo un poco.

- Venga, vamos al hospital –habla entonces Finnick, levantando la vista- Kat, han venido mis padres asique no creo que…

- Tranquilo –contesto rápida- No pasa nada, pero cuando sepáis lo que tiene, avisadme, por favor.

Entre Finnick y yo llevamos a Peeta hasta el coche de los padres de Finn, los tres callados. Veo como se alejan hasta el hospital y decido volverme a casa andando, despejándome la cabeza un poco, todo esto ha sido de locos. Llego a casa y me tiro a la cama en plancha, sin hablar con mis padres siquiera. Al poco rato me quedo dormida entre sollozos de rabia.

Despierto al día siguiente gracias a la música de mi móvil que indica que tengo un mensaje de texto, menos mal que es sábado porque creo haber dormido como tres años.

"Peeta está bien, una ligera esguince, no le han enseyado la pierna pero tiene una rodillera especial asique tendrá que ir con cuidado a partir de ahora para no romperse el músculo de la rodilla. Se queda en mi casa hasta nuevas noticias. Finarrio"

Suspiro aliviada, no ha sido nada graves menos mal, esperemos que esté bien. Contesto a Finnick diciendo que si puedo ir a verlos pero no parece contestarme, ¿qué narices, estarán igual en casa de Peeta cogiendo cosas y mudándose a casa de su amigo? Sería lo mejor, mis padres ya le dijeron a Peeta de quedarse en mi casa a vivir si hacía falta, pero este siempre se niega. "Bueno, estará bien, tiene a Finnick", pienso entonces y me dedico toda la mañana a hacer algo productivo.

Cuando por fin termino un resumen de uno de los capítulos de El Quijote (en español antiguo, muerte asegurada) que nos mandaron para Lengua Castellana ya es sábado por la tarde y no he recibido noticias de Peeta o de Finnick, pero sí de Magde, que decide pasarse a pasar la noche conmigo en casa. "Noche de chicas", me dijo Madge cuando me llamó para quedar, lo bueno de ella es que no me preguntó nada de nada sobre Peeta, nunca es tan cotilla. Tiene suerte de que el lunes no tengamos clase, porque obviamente los estudios son lo primero, y pasar la noche con Madge, solas, comiendo, viendo pelis románticas, y cotilleando (más bien, sólo ella), no es mi plan de sábado favorito.

A las nueve en punto oigo a mi madre hablando con alguien en la puerta, reconozco la voz de Magde, pero no está sola. Salgo de mi cuarto y las veo entonces en el hall.

- ¿Annie?

- Oh, Katniss, hija –contesta mi madre- Por fin sales de tu cuarto, han venido estas dos chiquitinas a verte

- Más bien a sacarla, Effie –ríe Madge, y al poco se une mi madre, Annie agacha la cabeza- Verás Kat, ayer cuando te fuiste estuve hablando con Annie y… Bueno, me pidió que si podía venir a nuestra noche de chicas

- Yo no te dije si podía –espeta entonces Annie, levantando la cabeza- Me obligaste a venir

- En la versión de Madge, tú se lo pediste –digo yo entonces, dándome cuenta de cómo Madge ha liado a la pobre Annie- Encantada de que vengas a pasar la noche con nosotras.

Annie sonríen ampliamente, se ve que es de las primeras noches que pasa con otras personas, no debe tener muchos amigos. Me alegro de que haya venido, Annie parece una persona muy fantástica y me encantaría conocerla más a fondo, ambas estamos echas de la misma pasta: libros, pocos amigos, vida social cero…

- Venga, os he dejado la sala libre –dice mi madre, señalando el salón mientras coge su bolso y se acerca a la puerta- Voy a buscar a tu padre al trabajo y nos vamos a cenar por ahí –nos guiña un ojo- ¡No hagáis cosas malas, cielitos!

- Hasta luego señora Everdeen –contesta Annie- Gracias por dejarnos quedarnos en su casa

- Tranquila Effie, nos desvestiremos ahora y andaremos en bragas mientras imitamos a Madonna

- ¡MAGDE! –la grito, dándola un codazo fuerte, mi madre se ríe alto- Hasta luego mama

- Pasadlo chachiii –dice mi madre, con ese tono estridente tan característico, cerrando la puerta.

Madge corre como loca a la nevera a sacar comida y Annie y yo la seguimos mientras suspiramos. Al menos hoy no estaré sola con Madge para la "noche de chicas".

Para la una de la mañana terminamos por fin de ver "Love Actually", tanto Annie como yo lloramos cuando Andrew Lincoln saca los carteles y se declara, poco a poco la morena se abre más a nosotras, hasta incluso bromea, se la ve realmente a gusto en este ambiente y eso me hace sentir muy bien tanto por ella como por mí, por tener a otra amiga de verdad. Acaba la película y subimos a mi cuarto donde coloco un colchón en el suelo, Madge entra perfectamente en mi cama, aunque dudo que hoy durmamos mucho. Terminamos charlando hasta las tres de asuntos banales, Annie nos cuenta que es medio francesa y que nunca ha besado siquiera a un hombre, cuando la preguntamos sobre Finnick se sonroja como nunca y nos acaba confesando que le gusta.

- La mirada que te echó el cobrizo el otro día no era normal –digo yo, cogiendo un ganchito con kétchup- Nunca le había visto mirar a sí a nadie, pero ya le he dicho que no eres uno de sus "chochetes", que ya te puede tratar bien

- ¿Chochetes? –pregunta Annie, aguantándose la risa

Madge insiste y re-insiste en juntar a Finnick y Annie, hasta incluso coge sus nombres y los junta para designarlos como pareja. "Finnie" les llama, de sólo oírlo me entra la risa. Ojalá no hagan eso con Peeta y conmigo.

- ¿Entonces…? ¿Solucionasteis el asunto? –me pregunta Magde mientras le hace una trenza a Annie, creo que ya son las cuatro de la mañana, adiós dormir- ¿Y te dijo "te quiero"?

- Sí, me lo dijo –contesto, haciendo que Annie y Madge griten por lo bajito, emocionadas- Y lo del asunto, no lo sé, tengo dudas…

- ¿Qué dudas? –pregunta Annie mientras la rubia le aprieta el nudo- ¿No quieres hacerlo…? El amor, digo.

Tanto Annie como yo nos sonrojamos, a Madge le entra la risa tonta, ella ya no es virgen, o eso me dijo hace poco. Arrugo los labios hacia un lado y me paso los dedos por la trenza en espiga que también me ha hecho Madge.

- No lo sé…

- A ver, Kat –sermón de la rubia, allá vamos- Os queréis, y estáis en una edad perfecta para ello, ¿qué hay de malo?

- ¿Y si me duele? ¿Y si no noto nada? ¿Y sí Peeta no le gusto?

- Oh, vamos –Madge suspira fuerte y se tumba a mi lado, ya ha terminado la trenza de Annie- Peeta está como loco por ti, de todas las formas posibles, ¿has visto como te mira? Fijo que se toca imaginándote desnuda

- ¡Madge! –saltamos Annie y yo al unísono.

- Tampoco es eso –dice Annie, sentándose a mi otro lado y sonriendo- Además, no me imagino a Peeta tocándose

- Quien sabe –digo yo, negando con la cabeza- Finnick es muy persuasivo, puede haberle dicho de hacerlo

- Pero sabemos que lo hace pensando en ti, asique nada de decir que no le vas a gustar si follaís –suelta Madge, tan fina como siempre- Y en cuanto al dolor, ese depende de cada una, a mí por ejemplo no sangré casi… Es todo suerte

Dejo de jugar con mi pelo y miro a Annie, que sonríe segura de lo que acaba de oír, y luego a Madge, que me mira de la misma forma que la morena. ¿Tienen razón? Sí, la tienen, nos queremos y…

- La verdad es que tengo ciertas ganas –contesto yo, encogiéndome de hombros- Quiero saber que se siente

- La verdad es que la primera vez no se nota mucho, pero con Peeta como profesor, los siguientes polvos que echéis van a ser los mejores de tu vida

- Madge, ¿en serio? Eres una bestia –dice Annie, mirando a la otra y negando con la cabeza- A ver Kat, Peeta y tú os queréis, eso es lo que importa, si quieres dar el paso con él hazlo, porque estoy segura de que será super especial

- Tienes razón Annie –miro a la pequeña de ojos verdes y la abrazo fuerte, sus palabras me han calado hondo- Gracias –alargo el otro brazo y sumo a Madge al abrazo- Sois las mejores amigas del mundo

Nos quedamos un rato abrazadas, luego Madge suelta una burrada sobre el pene de Peeta y se rompe la emoción del momento. Para las cinco de la mañana ya estamos metidas en la cama, al final Madge se ha quedado frita sobre el colchón, nos aprovechamos que duerme para pintarle cosas por la cara con rotulador. Annie se mete a la cama mientras yo me levanto a apagar la luz, justo cuando la apago oigo mi teléfono sonar.

- ¿Sí? ¿Diga? –digo, después de recorrer toda la habitación corriendo como puedo entre la oscuridad, casi me mato.

- ¿Katniss?... ¿Estás bien?

- ¡Peeta! –no puedo evitar gritar al oír su voz al otro lado del teléfono, oigo a Madge gruñir dormida- Oh, Peeta, estoy bien, estoy con Annie y Madge de noche de chicas. ¿Y tú…?

- ¿Estás con Annie, Annie Cresta? –me corta Peeta, creo imaginarle subiendo la ceja.

- Sí, esa, ¿ocurre algo?

- No, resulta curioso que esté en tu casa, el pescadero no ha parado de hablar de ella desde el viernes

Oigo a Finnick gritar un "Peeta" y un golpe en el teléfono, tras unos minutos de gritos de que mi novio se callase por decir eso vuelvo a oírle de nuevo.

- Ya has visto como está

- Sí, hay que juntar a esos dos sí o sí –contesto, mirando a Annie y aguantando la risa- ¿Qué ocurre Peeta, para qué me llamabas?

Sé que Peeta no me va a decir por qué no me ha estado llamando en todo el día, o cómo está su pierna, o si sabe algo de su padre. Esas cosas me las dice a la cara.

- Bueno… Esto…yo… -puedo oír a lo lejos a Finnick gritando que lo suelte ya, Peeta está raro- Quería saber si…

Pi, pi, pi. Se corta la llamada.

- Peeta, ¿hola?

La señal se corta y se descuelga la llamada, mierda. Pego golpes a mi maldito móvil e intento volver a llamar, pero no da señal. Mierda. Con el teléfono en la mano me meto en la cama con Annie, que está hecha ya una bola y debe estar en el tercer sueño, Madge ni hablemos. Espero unos minutos por si mi novio vuelve a llamar, por dios que lo haga. Justo cuando decido cerrar los ojos para dormirme oigo un mensaje de texto, lo abro y puedo ver que es de Peeta.

"Mañana vamos a ver el amanecer juntos, si quieres. Te quiero, Peeta"

.

Para eso de las cinco de la tarde del domingo estoy en la puerta de mi casa esperando a Peeta. Por culpa de Madge y Annie estoy esperando vestida con un vestido de color crema con dibujos de pájaros en negro, unos botines llenos de cordones marrones con un poco de tacón, y mi bolso marrón, helada de frío. ¿Por qué me dejaría arreglar por esas dos víboras de la moda? Aunque, según me vi en el espejo, estaba realmente mona, la elección del vestido por parte de Annie fue un acierto total, Madge se encargó de ponerme el pelo en un recogido de lado con flequillo. Y ahora diréis, ¿y para qué me he emperifollado así? Pues yo tampoco lo sé, el mensaje de Peeta de anoche no tenía que decir que posiblemente hoy durmiéramos juntos, no significaba eso, ¿o sí? Agh, demonios, ya empiezo...

- ¡Katniss! –oigo entonces a lo lejos mientras un claxon de moto suena.

Levanto la cara del teléfono donde no paraba de ver la hora y veo a Peeta, viene en su Vespa roja, y viene…

- ¿Y esa pinta? –me dice Peeta, acercándose a mí y evaluando mi conjunto con la mirada mientras se quita el casco- Estás… Guao…

Noto mis mejillas sonrojarse y agacho la mirada, oteando también el modelito de mi novio. Peeta trae una camiseta blanca de cuello triángulo, una chaqueta marrón clara y bolsillos negros, y pantalones crema, a conjunto con zapatos marrones oscuros. No lleva la férula, es un alivio. Me muerdo el labio superior, quien pudiera quitarle esos pantalones, espera, tal vez hoy lo haga.

- Katniss –me dice Peeta, mirando socarrón- Que se te van los ojos

- ¿Qué? –levanto la vista, parpadeo, y entonces reacciono- ¿No será al revés, Peeta Mellark?

Le saco la lengua a mi novio y él aprovecha para tomarme de la cara y besarme profundamente, me pilla desprevenida pero al segundo bajo las manos a sus cintura y nos estamos besando largo rato. Noto algo, distinto, en este beso, ¿demasiada pasión? Mi corazón late deprisa y un cosquilleo sube por mi espalda. Cuando nos separamos para tomar aire, Peeta se pone rojo de repente y se pasa la mano por el pelo que yo previamente he despeinado.

- Esto, Kat… Tengo planeado, dormir juntos, hoy –me suelta, mirándome tímido, yo abro los ojos como platos- No, no, no es lo que piensas. Es sólo que… Tras lo del otro día, tras la discusión, lo de mi padre, yo… esto…

- Peeta –digo yo, agarrándole la cara con las manos y obligándole a mirarme- Estaré encantada de dormir contigo hoy

Su cara se ilumina como nunca, y eso hace que su sonrojo se aumente, pero mejor un Peeta feliz que una vergonzoso. Peeta suspira aliviado y sonríe de nuevo, me toma de la mano y me lleva hasta su moto.

- ¿Qué vamos a ir ya, ahora? –pregunto mientras me pasa el casco.

- No –Peeta se gira nervioso a mirarme, al cabo de un rato pone cara de chico misterioso y me sonríe- Primero vamos a hacer una cosa… especial –me contesta, guiñándome el ojo.

No sé si es por el hecho de que vaya a dormir con Peeta esta noche o lo que quiera que haya preparado antes, pero noto algo en el estómago y como se deposita sobre mis bragas. ¿Será esto lo que dice Madge que es "ponerse cachonda"? Dios, Kat, ¿Qué hago pensando eso? Mi novio me ayuda a subir a la moto para que no se me vea nada con el vestido. Se quita su chaqueta y me la pone sobre los hombros.

- No sé por qué no has cogido chaqueta, pero bueno, con esto te sirve

Yo sé por qué no he cogido, por qué Madge (o Annie) sabrían que Peeta me dejaría la suya como el caballero que es. Malditas zorras, ahora tendré que contarles todo. Peeta se monta y me abrazo a él, su cuerpo tapa el vestido asique no se me ve nada, menos mal, de todos modos conduce despacio. Es tan genial ir con él en moto, todavía recuerdo cuando subí por primera vez, una se siente tan libre, tan en paz, es como si fueras un pájaro pero por el asfalto en vez de por el cielo. Casi sin darme cuenta llegamos, ya que Peeta apaga la Vespa y me ayuda a bajar tendiéndome la mano. Cuando guarda los cascos dentro del cajetín veo que saca un sombrero negro, y se lo pone en la cabeza.

- ¿Qué haces poniéndote un sombrero, tú? –pregunto, aguantando la risa

- Me apetecía, es… "un sueño que quería cumplir" –me dice, sacándome la lengua y una bolsa gigantesca de la moto- Hoy vas a comprobar que soy una caja de sorpresas, Katniss

- Ajá, sí claro, pero quítate eso -digo, intentando quitárselo, pero mi novio se mueve rápido y me planta un beso en los labios.

- No, por qué se que te encanta como me queda

Ahogo una carcajada y me paso la lengua por los labios. Vale, le queda como un puto guante, pero no voy a decírselo o se pasará poniéndose sombreros o gorras toda la vida. Caminamos de la mano por una callejuela de Londres y al doblarla adivino donde estamos.

- ¿Otra vez aquí? –pregunto, ilusionada.

Peeta me ha vuelto a traer a su sitio secreto de Londres, es un pequeño parque con árboles gigantes que tapan el sol y con unas vistas a los enormes edificios con conforman la ciudad. Sólo he venido aquí dos veces, con esta tres, pero cada vez que vengo me sorprendo por la belleza del lugar. Sólo tiene un banco, pero nunca está ocupado, colocado estratégicamente al principio de la colina en la que se cierne el parque, ahí sentados se ve los edificios de Londres, tan altos y poderosos. Sopla algo de viento asique el sol se cuela entre las ramas que se mecen. Peeta me toma la mano y me lleva al banco, a nuestro banco, donde nos sentamos con las manos unidas. Miro un segundo a Peeta e instantáneamente poso la cabeza en su hombro y él pasa su mano por mis hombros. Nos quedamos un rato en silencio, contemplando las vistas y con el ruido de las hojas como música de fondo.

- Katniss –comienza a decir Peeta mientras me quita un trozo de hoja del pelo- ¿Qué es lo que siempre has querido hacer?

- ¿Qué? –levanto la cabeza y miro a Peeta a los ojos, sonríe sin enseñar los dientes.

- Sí, ¿qué has querido hacer siempre pero nunca has podido? No digo saltar en parapente o ser una actriz famosa que gana un Óscar, hablo de cosas más… sencillas

- ¿Cómo qué? –vuelvo a preguntar, separándome de su hombro y mirándole con la ceja levantada.

- Yo que sé –mi novio ríe y niega con la cabeza- Como… Comer cereales sin leche, o poder comprar todos los globos al señor que los vende… Esa clase de cosas

Ladeo la cabeza desconcertada, ¿qué está tramando Peeta esta vez?

- No te sigo, Peeta

- Estoy diciendo, que hoy –Peeta gira la cara y me mira a los ojos y juega con los dedos de mi mano- Vamos a hacer todo eso realidad, cualquier cosa que siempre hayas querido hacer, hoy la haremos

Abro la boca formando una O pequeña, ¿qué quiere decir, cumplir mis sueños? ¿Y por qué? Sé la respuesta a eso, porque es Peeta, no hace falta por qué cuando se le mete hacer algo en la cabeza.

- Está bien, y… ¿por dónde empezamos? –digo mientras Peeta se levanta y me mira ilusionado, realmente está entusiasmado con la idea- Oh, vale, el sombrero –le señalo la cabeza- "Siempre he querido ponerme sombrero aunque la gente piense que es estúpido o que me quede de culo" –imito su voz y pongo tono sarcástico.

- ¡Exacto! Asique, te toca elegir

¿Yo, elegir, elegir qué, qué se hace en estos casos?

- Esto es estúpido, Peeta

- No lo es- me corta- Di algo, lo que sea, lo haremos

- Esto... No sé… Siempre me ha… Apetecido gritar por la calle sin ningún motivo

- Perfecto

Peeta me levanta del banco y me lleva a la calle peatonal, no pasa mucha gente pero caminamos cuesta abajo, hacia Candem, donde sí hay más gente. Pasamos justo delante de un grupo de señoras mayores, que nos miran con asco.

- ¡BUENAS TARDEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE EEEEEEEEEEEEES! –chilla entonces Peeta, haciendo que se sobresalten, yo incluida.

Las señoras pegan un salto por el grito de mi novio, que sonríe como nunca, como nada hubiera pasado. ¿Está loco? Casi me mata a mí del susto.

- Venga, te toca –me dice a mí mientras volvemos a caminar

Dudo un segundo cuando nos acercamos a otro grupo, esta vez de jóvenes góticos que no han oído a mi novio gritar como si estuviera loco, en cuanto noto la mano de Peeta apretándome la mía, sé que no debo tener miedo. Asique tomo aire y…

- ¡HOLAAAAAAAAAAAAAA! -grito a todo pulmón.

El grupo de jóvenes salta al igual que es de las señoras, lo que provoca que a Peeta y a mí nos de un ataque de risa. No soy realmente consciente de por qué lo he hecho, pero me siento de puta madre. Sí, esta idea de hacer locuras con Peeta es realmente fantástica.

Pasamos el resto de la tarde así, haciendo locuras como dos jóvenes alocados, definitivamente ver a Peeta comiendo un plátano mientras andábamos por el barrio gay de Londres, es para llevarle al psiquiátrico. Hacemos de todo: saludar a la gente sin conocerla, decir a los coches que tienen las luces dadas aunque sea de día, hacer el zombi por la calle, "montar en skate", pintar con tizas por el suelo de la calle, caminar como si estuviéramos en un videoclip… Intentamos comprar todos los globos a un tendero, pero sólo nos da uno a cada uno. Yo me lo ato en la muñeca y Peeta en la cabeza, y vamos andando así por la calle, felices. También compramos uno con helio e insuflamos el aire para tener voz de pito, no puedo evitar grabar a Peeta diciendo "tienes un Peetamensaje" y ponerlo de tono de llamada. Me duele el estómago de tanto reír.

Cogemos un montón de comida en McDonalds y nos vamos a cenar sentados frente a una cristalera de un gimnasio, miles de personas en sus cintas de correr nos ven mientras Peeta y yo devoramos unas diez hamburguesas de pollo, algunos nos miran con desprecio, es divertido. Cuando terminamos de comer volvemos andando hasta el parque esta tarde, deben de ser ya como las once de la noche, porque no hay nadie allí y da algo de miedo verlo tan a oscuras. Mi novio se dedica todo el trayecto a frotarme los hombros y quitarme mechones de pelo que tapan mi cara hasta que llegamos a la moto.

- Katniss –me dice Peeta, mirándome a los ojos como con miedo- No hace falta que vayamos si no quieres, no pasa nada, eso no va a cambiar lo que siento por ti, y…

- Peeta –le pongo un dedo entre los labios para que calle en seco- Nunca he estado más segura en mi vida.

Desde ese instante hasta que llegamos al hotel ambos estamos muy callados, se nota la tensión en el ambiente. Es sólo una noche, no va a pasar nada más, ¿no? En cierta manera Peeta y yo sabemos que si surge algo, surgirá, y espero que él tenga las mismas ganas que tengo yo de compartir "eso" con él.

El viaje es tranquilo aunque algo tenso, me agarro con las manos al estómago de Peeta y noto como se encoge. ¿Por qué tendrá tantos nervios si él (según me dijo Finnick) ya lo ha hecho?

- Ya… Ya hemos llegado –me dice mientras se baja de la motocicleta roja y me tiende la mano para que yo baje- ¿Estás bien? Tú piel parece casi transparente

- Tengo un par de dudas –suelto de carrerilla- ¿Cómo explico a mis padres que no duermo en casa? No he traído más ropa que la que tengo puesta, ¿y mi pijama? Y…

- Katniss –me calla mi novio poniendo tres dedos sobre mis rosados labios- No te preocupes, yo me he ocupado de todo –Peeta me saca el casco de la cabeza y me recoge tres mechones de pelo que tenia sobre la cara- Si te preguntan, has dormido en casa de Madge –río un poco por el tono que usa- Vamos

Me toma de la mano y casi sin darme cuenta, noto mis piernas flotar, de que pasamos por recepción, Peeta ya está abriendo la puerta de la habitación. La número 459. Noto que mi novio pasa la llave magnética con las manos temblando y sudadas. La habitación es blanca con algunos detalles en azul marino, las luces anaranjadas del atardecer se filtran por las cortinas que hay situadas sobre una enorme cristalera. A mi derecha hay un pequeño baño que miro por encima, tiene una bañera amplia, de esas que tanto me gustan para darme un baño de casi una hora. Por lo demás en la habitación hay una cama de matrimonio con sábanas azules claras y dos mesitas a juego a los lados, frente a la cama hay un reparador con una tele de plasma apagada. También tiene un armario empotrado en el que Peeta deja su chaqueta y una bolsa de plástico que ha sacado antes de su moto y en la que no veo lo que hay.

Me siento nerviosa sobre la cama y me muerdo el interior de las mejillas. "Sólo vamos a dormir juntos, no vamos a hacerlo" pienso constantemente. ¡Me va a estallar la cabeza! Una parte de mi mente está acojonada, con todas las letras, pero otra tiene unas ganas increíbles de sentir a Peeta de esa manera.

- ¿Sabes lo mejor de que hoy dormiremos juntos? –me despierta de mis pensamientos la voz de Peeta que se sienta a mi lado y juega con las yemas de sus dedos- Que mañana será tu preciosa lo primero que vea al despertar

- ¿En serio? –es todo lo que consigo decir

- ¿Por qué si no iba a organizar esto? –contesta, mirándome incrédulo- Katniss, te quiero y me muero de ganas de… -Peeta se pasa la lengua por el labio inferior, mis piernas sufren un escalofrío- Dormir contigo, porque… quiero dormir y despertar con tu cara, con tu olor, a mi lado

- Peeta…

Esas simples palabras hacen que mis miedos se disipen, Peeta siempre ha tenido el don de consolar o ayudar a la gente con sus palabras. Le beso dulcemente en sus sonrojadas mejillas, lo que hace que se ponga más rojas incluso.

- Pero antes, necesito que te quedes un rato "encerrada" en el baño

- ¿Qué?

- Necesito que vayas al baño, serán sólo unos minutos nada más –me dice mientras me da la mano y me lleva al baño, antes de cerrar la puerta me dice- No tardaré, no me eches demasiado de menos

Me guiña un ojo y cierra la puerta delante de mis narices. ¿Qué, cojones…? Me siento en la taza y jugueteo con mi pelo, al otro lado de la puerta oigo a Peeta que mueve bolsas y a saber qué cosas. A los diez minutos, que a mí se me hacen eternos, Peeta me grita que ya puedo salir.

- No puede ser…

Es todo lo que soy capaz de decir, estoy alucinando. Toda, y cuando digo que es toda es toda, la habitación está iluminada por velas, huelen a canela. A la entrada del baño las velas están colocadas por el suelo haciendo un pasillo hasta la enorme cama, donde también Peeta ha escrito un "Te quiero" con velas de color rojo con olor a frambuesas y una caja de bombones de chocolate. A un lado Peeta está sentado en el borde de la cama con la cara sonrojada y con unos altavoces pequeños blancos donde suena "let it be" de The Beatles, lo que podría decirse que es nuestra canción (una historia muy larga de contar). Me llevo las manos a la boca y reprimo un chillido entre alegría y emoción.

- ¿Te gusta? – dice mi novio mientras se levanta y se pone a mi lado. Me lanzo a sus brazos y le beso con (demasiada) fuerza. Es lo más romántico que han hecho por mí en la vida- Me tomaré eso como un sí –contesta cuando nos separamos para tomar aire.

Nos quedamos mirándonos a los ojos mientras nuestras respiraciones se acompasan, podría pasarme así toda la vida. Así, no sólo mirando a sus ojos, sino también con Peeta a mi lado, no quiero que se marche nunca. Todo esto, y no sólo la noche de hotel y el increíble día que ha organizado hoy, demuestran que él es el indicado. Él…

- Peeta…

- Dime

- Quiero… Quiero… -agacho la cabeza a la vez que trago saliva y noto mis mejillas enrojecer- Quiero que seas el primero –suelto de carrerilla

- ¿El primero?

- Ya sabes, el primero, que…nosotros… hagamos

Peeta vuelve a poner un dedoo en mis labios y se acerca para besarme suavemente por mi cuello, noto un escalofrío en las piernas, se acerca a mi oreja y me susurra.

- Yo también quiero que seas la primera

- Espera, ¿qué? –giro la cara de sopetón- ¿Pero tú no lo habías… hecho, ya?

- No –me contesta, también sorprendido por mi pregunta- ¿Pensabas que sí?

- Sí, o sea… Finnick me dijo que

- Finnick –casi escupe el nombre de su mejor amigo- Voy a matar a ese cabrón

- Perdona Peeta, pensé que tú…

- No, no es así… De hecho, siendo sinceros –Peeta gira la cara y niega con la cabeza- Estoy más que acojonado

Las mejillas de Peeta parecen que van a explotar de lo rojas que están, le tomo de las manos y lo insto a sentarnos sobre el borde de la cama. Los dos estamos nerviosos, Peeta también es virgen, yo voy a darle su primera vez y él a mí la suya. Eso despeja mi mente de toda duda posible y beso a Peeta dulcemente en los labios. A partir de esto beso todo parece no existir, no soy consciente en cierta manera de lo que pasa a nuestro alrededor, sólo somos Peeta y yo y nuestras bocas unidas.

Besos el cuello de mi novio mientras deslizo mis manos por su camiseta e introduzco las manos por debajo de esta, la piel de Peeta arde en contacto con mis manos que palpan cada parte de su pecho. Él hace lo mismo por mi espalda y comienza a bajarme los tirantes del vestido. Seguimos besándonos lentamente mientras retiro la camiseta de Peeta y el termina de bajarme el vestido, dejándolo sobre mis caderas. Observo detenidamente el perfecto torso de Peeta mientras él observa el mío, no tan perfecto.

- ¿Qué te pasa? –me pregunta con voz dulce aunque temblorosa

- Nadie me había mirado tanto tiempo, y menos…así

- No eres la única que se siente así ahora mismo

- Es raro. Además, no tengo un cuerpo pa...

- Eres perfecta –dice casi susurrando y recogiendo mechones de mi pelo que me caen sobre la cara detrás de mi oreja- Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para siempre

Contra eso no puedo luchar, creo que me derrito lentamente de amor ante sus palabras. Me vuelvo a lanzar a sus labios y retomamos nuestra lucha de besos y caricias, Peeta termina de quitarme el sujetador. Suelto un gemido cuando su boca pasa de mis labios y baja hasta mí pecho derecho, me recuesta sobre la cama mientras endurece mi pecho, yo me dedico a alborotarle el pelo de la nuca.

"Venga Katniss, ahora los pantalones", me digo a mi misma mentalmente. Bajo las manos por toda su espalda hasta su trasero, meto las manos por dentro y masajeo sus duras nalgas. El cuerpo de Peeta es tan perfecto, ni demasiado fuerte pero tampoco blando, se nota que entrena mucho, y más en sus amplios brazos de bateador. Buf, está demasiado bueno. Ensimismada en el cuerpo de Peeta casi no me he dado cuenta de que mis manos han desabotonado los botones del pantalón de Peeta.

- Katniss, yo… -dice entonces, subiendo otra vez y delineando mi mandíbula con su lengua, jadea bastante mientras bajo sus pantalones- No sé cómo se hace esto

- Yo tampoco –le agarro de la espalda y le giro sobre la cama, quedando encima de él- Supongo que habrá que quitar estos pantalones

Peeta sonríe y se pasa la lengua por los labios, de un tirón consigo sacarle los pantalones y observo un bulto en la entrepierna de mi novio que surge de sus calzoncillos blancos. Sonrío al saber que su erección es por mi causa, por mi cuerpo. De otro tirón saco sus calzoncillos y observo el miembro de Peeta en todo su esplendor, es la primera vez que veo siquiera a un hombre desnudo. Miro un segundo su perfecto y algo tonificado pecho, hoy podré dormir acostada sobre él. Sonrío pícara.

- ¿Tienes… protección? –pregunto mientras me tumbo más sobre él y reparto besos por su perfecto pecho, podría pasarme así todo el día.

- Sí…sí

Me tumbo a un lado de la cama y observo a Peeta levantarse e ir hasta su chaqueta. Su trasero sin ningún tipo de ropa encima es indescriptible. Ahora mismo sí que me estoy poniendo cachonda. Sí me oyera Madge…

Le tiemblan las manos cuando saca su cartera y de ella un preservativo azul. Cuando levanta la vista y la fija en mí le guiño un ojo y me termino de sacar el vestido por las piernas, Peeta sólo me observa con las manos temblando y una sonrisa sin enseñar los dientes. En un segundo veo que se muerde el labio inferior, pero sigue sin venir, como sigamos así nos va a dar el año nuevo.

- ¿Quieres sentarte aquí? –digo intentando sonar sexy.

Definitivamente, Peeta está más nervioso que yo, asique tengo que acercarme a él para darle la mano y que se tumbe junto a mí.

- Katniss –habla al fin- si no estás segura de esto yo

- Peeta –le beso la mejilla mientras él intenta ponerse el condón- Nunca he estado más segura, en mi vida

Observo como Peeta se pone el preservativo por el lado correcto y nos miramos a los ojos, allá vamos, espero que no duela. Retomamos nuestra batalla de besos y me tumbo lentamente sobre la cama mientras él queda encima de mí, nuestros ojos están dilatados por igual y parece que expulsamos fuego por ellos. Ambos estamos en llamas.

Entonces noto un pinchazo en la parte baja de mi estómago y un escalofrió por mi espalda que sube hasta mi garganta, y gimo. Aprieto los labios mientras Peeta me penetra despacio. Él también aprieta los labios y cierra los ojos, volvemos a gemir a la vez. Duele un poco, pero no tanto como imaginaba. De hecho, al cabo de unos segundos el dolor desaparece y se convierte en una sensación extraña, algo que sube por mi estómago y lucha por salir pero que todavía no lo hace, placer. Mientras esa sensación me inunda el cuerpo Peeta empieza a moverse hacia adelante y hacia atrás, aumentando el placer. Sus movimientos se aceleran cada vez más, aunque no son demasiado fuertes como para que llegue a doler, una burbuja se forma en mi vientre y amenaza con explotar mientras araño la espalda desnuda de Peeta.

- Katniss… Te quiero –dice mientras me mira a los ojos y sus jadeos aumentan

- Yo también te… Ah, quiero, Peeta…

El miembro de Peeta encaja perfectamente con el mío, al igual que nuestros labios que vuelven a juntarse. Entonces la burbuja que tenia estalla y pego un grito demasiado alto mientras noto mi sexo agarrarse con fuerza al pene de Peeta y desbarrar un líquido que no acabo de saber que es. Me aferro a su espalda y le clavo las uñas con fuerza.

- Peeta… -es lo único que consigo decir mientras llego a, lo que creo que es, mi orgasmo. A mi primer orgasmo.

Joder, esta sensación es mil veces mejor de lo que imaginaba, aunque haya sido la primera, creo que hasta tengo ganas de repetir. Me quedo agarrando la espalda de Peeta mientras muerdo su hombro y él acelera más sus movimientos, como un vaivén. Nos quedamos así, unidos de esa manera, y sólo con los gemidos de Peeta que al poco tiempo se corre dentro de mí y grita mi nombre en mi oreja.

Nos quedamos parados, mirándonos fijamente a los ojos, y sonriendo como idiotas, todavía sigo con esa sensación rara en el estómago, pero por otra parte me siento agotada. Peeta sale con cuidado y se tumba a mi lado mientras toma aire lentamente, duele un poco cuando sale pero no me importa. Estira el brazo y me tumbo sobre su pecho. Recalco, sobre el pecho DESNUDO de MI Peeta. Noto su corazón latir a tres mil por hora, al igual que el mío. Mientras me quedo embobada con sus latidos, Peeta me peina el pelo desde la cabeza hasta las puntas y me mira dulcemente.

- Oh, has sangrado un poco –abro los ojos y miro a mi derecha- ¿Te ha dolido?

- No, no casi –observo la mancha roja que hay sobre las sábanas, no es muy grande- Pensé que dolería más, la verdad

- Me alegro que no te haya dolido –Peeta me aprieta con él y yo dibujo formas irregulares sobre su pecho con un dedo- Ha sido perfecto

- Tú eres perfecto –río nerviosa

- No, tú lo eres

Peeta coge las mantas que hemos casi tirado al suelo y nos tapa a ambos con ellas. Casi sin darnos cuenta nos quedamos dormidos entre suaves caricias y con el latido del corazón de mi novio como fondo.

El despertar es de los mejores que jamás he tenido en mi vida. Peeta tenía razón al decir que despertar con su cara a mi lado sería lo más maravilloso del mundo. Su cara mientras duerme, la sonrisa de niño pequeño al despertar, dejar que me ponga su camiseta de jugar para no quedarme fría, envolvernos juntos con la sábana y ver abrazados un perfecto amanecer desde la terraza. Es como un sueño, un sueño hecho realidad. Peeta ha conseguido darme la mejor noche de mi vida. No sólo por haberle entregado mi virginidad, sino por cómo lo ha hecho. Con la tarde de locuras, las velas en la habitación, y ese sentimiento que no sabría si llamarlo amor. Sí, lo es, amo a Peeta Mellark. Esta noche hemos compartido algo demasiado especial, juntos. Todo lo demás no importa, todo lo malo que hemos pasado para llegar hasta aquí no importa, seguimos juntos. Y quiero que siga siendo, por eso…

- Peeta, ¿te quedarás conmigo? –pregunto mientras el calor del sol de la mañana nos golpea en la cara, Peeta me abraza por la espalda y me acerca a él.

- Siempre

Fin del sexto capítulo.


FELIZ DOS MIL TRECEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE :) Fin del sexto capítulo… SEGUNDA PARTE No, nop hay tercera parte, aquí termina todo ¿Qué tal, os ha gustado, todo bien detallado, demasiada información con el padre de Peeta? Capitulo intenso, me ha sido bastante complicado escribirlo y no me gusta el resultado final, pero siempre me pasa igual asique :)

Gracias a todos los que leéis "All about Us", sois geniales, seguro que os gustará estas historias. Y también gracias a todos los que os pasasteis por los primeros relatos, creo que hasta incluso os gusta más los Antes que la otra en si jajaja MIL GRACIAS

Como siempre, decir, G-R-A-C-I-A-S a mis Mentalmente Desorientadas favoritas de twitter. Tanto a Kari/Glimmer/Rubia (HungerMuser),nuestra Johanna, la más drogada de todas nosotras jarcoirisdecolores (Caobacafé), a mi sol y mis estrellas, aquella luz en la oscuridad, mi esposa, mi Katniss, Carla (CarlaMellark), MI EFFIE GRITONA (que ya no me grita en sus reviews) obsesa de la caoba pupete mofletes de nube (torposoplo12)CHACHO., y nuestro Marvel/Mervel personal, Claudia (munloka) :D ¡Pan quemado ebrigüer!

Y, aprovechando la coyuntura, quiero desearos un Feliz Año 2013. Os deseo que este sea un año lleno de alegrías y de buenos momentos. También que sea un año de buenas y nuevas historias que podamos leer y compartir entre todos. Mis mejores deseos a todos mis pequeños lectores y al resto de escritores de Fanfiction, yo llevo pocos meses en estas tierras pero esto forma parte de mí, no sé qué haría ahora sin la gente que conocido por aquí ni las historias que he podido leer. Gracias.

Tambien quería hablar sobre la "primera vez", que es lo de que trata este shot. A todas esas personas que todavía no lo hayan experimentado quiero decirles que no han de tener ni prisa ni miedo. La cosa está en hacerlo con alguien que creas especial, ¿y qué si no llega? Ya llegará. De mientras lo que no hay que hacer es comerse la cabeza y pensar que os quedareis solos de por vida. NO. POSITIVISMO A TOPE. ¿Y qué si acabamos con cuarenta años, solos, y viviendo con cinco gatos? ¡Pero son tus gatos! (ida de olla). Bueno, no me enrollo más, que seáis felices y punto :)

Nos leemos y un Feliz año grandes tributos :D Contesto reviews por PM, que no se si tengo xD

And may the ods be ever in your favor!

Peeta Mellark