Disclaimer:los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza. Aviso/Danger: Abstenerse mentes puras e inocentes, este fic está plagado de Lemons que pueden dañar vuestra sensibilidad.
Música de acompañamiento: He Is We - All About Us ft Owl City (Esta canción es la que inspiró tanto el fic "All About Us" como el Antes)
And, them, I´m alive. Es la primera vez que escribo un Fin es una de mis historias. Sí, así es, Antes de All About Us ha llegado a su fin. No me queda nada más que escribir de esta historia que espero os haya sacado sonrisas, lágrimas, de todo. Ha sido un trabajo duro algunas veces, pero me dije a mi misma que tenía que escribir día sí y día tambien. ¿Por qué? Para conseguir lo que quiero. Y entre ese "quiero" estáis vosotros, queridos lectores. Gracias por haberme seguido en esta locura de historia. Aquí os dejo con el final finalísimo de "Antes de All About Us". Disfrutad.
Décimo capítulo: Nuestro primer beso
Peeta´s POV
Peeta´s POV
- ¿Cómo será tirarse a una de esas tías?
- ¿A qué tías, Finnick?
- Levanta la vista de la pantalla del portátil y me comprenderás.
Hago lo que mi amigo me dice y veo que está viendo una competición de natación sincronizada. Concretamente está viendo a dos nadadoras de la selección española, que van enfundadas en sendos bañadores muy apretados y decorados de lentejuelas. Miro como el dúo se pone bocabajo en el agua y sus piernas salen rectas hacia la superficie, para después empezar a girar sobre sí mismas con igual sincronización, y luego vuelven a su postura natural. Siempre me he preguntado cómo hacen eso de las piernas y cómo pueden aguantar tanto en el agua.
- Seguro que aguantan bien la respiración –comento yo, volviendo la vista al ordenador de nuevo.
- Eso es un punto a su favor. Además tienen que tener una flexibilidad brutal –dice Finnick, mirando a la televisión con una sonrisa de satisfacción- No pienso dejar este mundo sin haberme tirado a una nadadora de la sincronizada.
- Creía que te habías tirado ya a una de esas, Finnick.
- Esa no cuenta, hacía solo natación, no sincronizada –me contesta mi mejor amigo, apagando la tele y viniendo a mi lado en la mesa- aunque podría contar como de las locas. ¿Te crees que me dijo que la azotara entre las piernas? Obviamente no lo hice, la azoté en el culo. Menos mal que su culo se abría perfectamente mientras yo la metía toda la…
- ¡Finnick! –le corto, mirándolo enfadado- Teníamos un trato: nada de contarme tus sesiones de sadomasoquismo.
- No es sadomasoquismo. Se llama… "Acariciarse fuerte". ¿Y qué estás haciendo con mi portátil por cierto?
El cobrizo termina de sentarse a mi lado en la mesa mientras raudo y veloz yo consigo cerrar la página que tenía abierta.
- Nada.
Finnick nota mi nerviosismo y levanta un poco la pantalla para ver el fondo de pantalla de un ángel de Victoria´s Secret que tiene. He sido rápido, pero estoy al cien por ciento seguro que Finnick ya sabe lo que estaba haciendo.
- ¿Otra vez investigando sobre Brutus, Peeta…?
- ¡No! –contesto mientras empiezo a notar mis mejillas calentarse-. Estaba…Viendo guitarras.
- Y una almeja en mal estado. ¿Es qué acaso quieres que vuelva a pasarte lo de hace una semana y volver a tener un moratón durante ese mismo tiempo?
Hace una semana.
Una horda de risas inunda mis oídos mientras veo como Katniss y Brutus separan sus bocas para mirarme donde estoy yo limpiándome los restos de bilis tras haber vomitado y sonríen. Tras tomar aire algo de aire y asegurarse de que yo estoy recuperado vuelven a retomar el beso, propinándose caricias tan intensas que parece que van a desnudarse en mitad de la fiesta de disfraces. Una mano tira de mí para bajar del improvisado tablado y todo comienza a darme vueltas y a ir como a cámara lenta. Tengo demasiado alcohol en el cuerpo.
- ¡Qué grande eres Mellark! –me dice una voz que reconozco como la de Tresh-. ¿Cómo has improvisado eso de "I´m Peeta and I know it"? ¡Ha sido brutal!
- Tómate todo el alcohol de una fiesta de disfraces y podrás versionar todos los discos de Pimpinela –digo yo de carrerilla y con la vista fija en Katniss y Brutus.
En realidad no entiendo por qué me tomo así que Kat haya conocido a alguien en esta fiesta, ese era el objetivo. Pero que hiciera amigos, no que se liara con el primer tío que conoce. Encima Brutus, jugador de rugby, no me fio ni un pelo de él. Aunque también tengo una parte de mi cerebro diciendo que lo que realmente tengo son celos de él. ¿Qué, celos? Los borrachos siempre decimos la verdad, así que igual si son celos… No lo sé, todo es demasiado confuso ahora mismo.
Entonces veo con claridad como Brutus le dice algo al oído a Kat mientras juega a enredar un mechón de pelo en su dedo, y luego ese mismo dedo baja hasta dibujar círculos sobre el pecho izquierdo de Katniss. No puede estar pasando, Brutus quiere follarse a Kat y esta encima se está dejando engatusar.
- Peeta, deja de mirar a Eveerden –me dice a mi espalda la voz de Finnick- Déjala que haga lo que más le gusta.
Ese "Que más le gusta" que dice mi amigo hace que gire la cara de golpe y mi furia se encienda cada vez más, lanzo tal mirada de odio a Finnick por lo que creo que acaba de decir que ojalá lo hubiera matado ahí mismo.
- ¿Qué has dicho?
- Sí, Peeta –secunda Tresh, dando un codazo a Finnick y riendo- Todos sabemos que a Katniss le gusta las pollas cómo a un tonto un caramelo. Brutus sólo está aprovechando para…
- ¡Katniss no es una puta! –estallo, intercalando la mirada entre Finnick, Tresh, y Katniss y Brutus que se están morreando de nuevo, es tan exagerado que hasta resulta repulsivo.- Es un bulo, una mentira. Se lo inventó una persona para hacerla quedar mal y que sufriera.
- Pues creo que ese "bulo" no es tan bulo, panecito.
Finnick levanta las cejas varias veces y me guía con la cabeza hacia Katniss y Brutus. No puede ser. Mi amiga se quita la peluca pelirroja y le tiende la mano al otro mientras sonríe coqueta y se disponen a abandonar la estancia. No puede estar pasando, Katniss se va a follar Brutus.
Cierro las manos hasta formar dos tensos puños y noto como mis piernas comienzan a moverse con fuerza. Puedo notar mis pupilas dilatarse y mi respiración acelerarse. Antes de que Finnick o Tresh puedan echarme la mano encima para pararme, yo estoy a escasos pasos de mi objetivo. Algunas personas se apartan al verme marchar hacia Brutus y Kat, mientras Finnick me grita a lo lejos que qué narices estoy haciendo. Yo sólo tengo ojos para Katniss, no hago caso al resto.
- ¡Eh! –grito cuando llego a la puerta por donde iban a marchar la pareja. Brutus se gira el primero y me lanza una mirada de asco y me escruta entero- ¿Se puede saber que estás haciendo?
- ¿Y tú eres…?
Aprovecho la pregunta de Brutus para también escrutarle con rapidez. Visto de frente es cinco y veces más alto que yo, más fuerte, y con aspecto más feroz. Pero esto no me detiene.
- Soy Peeta, y no venía precisamente a hablar contigo –escupo, copiando la cara de asco de Brutus y volviendo la vista a Katniss que tiene agachada- Katniss, ¿qué se supone que haces con él?
- Peeta… -susurra Katniss.
- Escucha, Peter, Pedro, Puerto, lo que sea –la calla Brutus, hinchando su pecho de jugador de rugby- Lo que quiera hacer esta señorita es asunto de ella. Un rubio tapón como tú no tiene que decirla que hacer o no. Ambos somos mayorcitos ¿Me has entendido?
- Es Peeta –respondo casi gruñendo a mi contrincante.
- Peeta, tranquilo –dice Katniss entonces, intentando calmar el ambiente- Sólo estábamos…
- Te lo vas a follar, ¿real o no? –suelto a mi amiga con todo el odio plasmado en mi voz- ¿Eso es lo que quieres? Ya veo que "nuestra promesa" te la pasas por el arco del triunfo. Vas a follarte a un tío que conoces de… ¿hoy? ¿Y luego quieres demostrar que lo que Helena dice de ti sea mentira? Pues déjame decirte que con lo que estás haciendo ahora mismo pareces totalmente lo que dice ella que eres.
Los ojos de Katniss se abren de par en par y su piel aceitunada se vuelve casi transparente mientras yo me muerdo las mejillas por dentro y mis aletas de la nariz se mueven al respirar con fuerza. Katniss toma aire y una lágrima salta por su ojo izquierdo, después me susurra:
- ¿Qué crees que soy?
Casi no soy consciente del tono de asco y odio absoluto que siento en el momento cuando de mis labios sale algo que nunca creí que diría:
- Eres una guarra, Katniss.
Después, todo se vuelve oscuro.
Fin del flashback.
Suspiro y me llevo la mano hacia donde Brutus me golpeó hasta dejarme KO. Parece ser que me dio tal puñetazo en la cara que caí como una estaca al suelo y me quedé totalmente inconsciente, también sé que llamaron a la ambulancia para mí y a Brutus se lo llevó la policía. Desde aquella noche no vuelto a saber de Katniss, he estado viviendo en casa de Finnick para curarme el ojo. Según los médicos casi lo pierdo. El intentar recordar aquella noche me da una jaqueca impresionante. Decido cerrar el portátil y me paso los dedos por el pelo.
- ¿Sabes algo de Katniss?
- Poca cosa. Me la he encontrado por los pasillos pero siempre evita mirarme. Aunque… -duda Finnick.- No debería decirte esto colega.
- Finnick. Dilo. No puede pasarme nada peor que… ya sabes.
Claro que lo sabe. He llamado guarra a mi mejor amiga y… a la persona que me gusta. Hasta hace poco no sabía exactamente por qué sentía algo extraño cada vez que estaba con Katniss. Desde el primer día ya noté algo, y aunque he intentado negar mis sentimientos no puedo evitarlo. Katniss me gusta. Y el haberla visto con Brutus significa que estoy celoso. Celoso y pillado por Katniss Everdeen.
Finnick me pone una mano en el cogote y se encoje de hombros antes de soltarme:
- Katniss y Brutus están saliendo.
- ¿Qué? –salto yo al instante.
- No oficialmente. Ni siquiera han follado ni mierdas de esas. Según tengo oído no se han visto desde la fiesta de disfraces… Brutus fue enviado a casa de sus padres en Ohio tras el incidente contigo.
- No puedo creerlo...
- Nadie se lo cree.
Noto como si cogieran mis intestinos y los usaran para atracar un barco a modo de cabo. Katniss tiene novio, no soy yo, me odia, yo también me odio...
Con el paso de los días mi cara y mi ojo mejoran así que retomo las clases. Nada más entrar por la puerta del instituto noto cada uno de los ojos de la gente clavándose en mi persona.
- ¡Eh, tú! –grita a mi lado Finnick a un chico que pasa por mi izquierda y me hace un escáner con la mirada- ¡Si quieres le sacamos una foto y te la regalamos por Navidad!
- Finnick –digo yo, mirando a mi amigo y luego agachando la cabeza para esconder mi mirada entre el pelo-. Ya vale. Solo quiero ir a clase, sentarme, y que la mañana pase lo más rápido posible.
- Y no encontrarte con Katniss que viene de frente…
- Y no encon¿Qué?
Levanto la vista de entre el pelo y veo a Kat justo de frente a nosotros con la misma cara que debo de tener yo en estos instantes. Nuestras miradas entran en batalla y Katniss parece no pestañear. Al final es ella la que se mira los zapatos y se gira sobre ellos para cambiar totalmente de dirección. Mierda, la he perdido. Finnick bufa exasperado y me revuelve el pelo.
- Déjala Peeta, se le pasará.
- No… -digo yo, notando como se me rompe la voz- No se le pasará. Me odia…
- ¿Cómo va a odiarte? Es Katnuss.
- La llamé guarra en su cara –digo en un tono un poco alto y mirando a mi amigo mientras noto las lágrimas que pretendía guardar salir despedidas- He perdido a mi mejor amiga y a… -me tapo la cara con las manos, reprimiendo la palabra "amor".
Mi mejor amigo me pone la mano en el hombro y me masajea para que me relaje. Entonces decide que nos saltemos la primera clase y nos vayamos en su coche hasta un pequeño descampado cerca del instituto y desde el cual se ve todo Londres. Es el sitio favorito de ambos, siempre que nos pasaba algo veníamos aquí, desde bien pequeños. Por el camino ninguno decimos nada, tampoco hace falta, sabemos lo que pasa. Cuando llegamos a la cima paramos el coche, nos sentamos sobre el capó delantero del coche y nos ponemos mirando al cielo, Finnick pone toda la discografía de Green Day, el único grupo en el que coincidimos.
- Nos faltaría un peta –suelta mi amigo pasado un tiempo- ¿Lo pillas? Un peta, Peeta.
- Esa broma dejó de tener gracia hace años Finnick.
Y no sé por qué, pero ambos rompemos a reír como si no hubiera un mañana. Olvidando todos nuestros problemas y disfrutando el ahora. Pasado un tiempo, y cuando la cinta con toda la discografía de Green Day ya ha dado la vuelta, Finnick decide ponerse serio.
- ¿Qué piensas hacer con Katniss?
- ¿Hacer de qué? –pregunto, dejando de mirar al cielo y estirando la espalda.
- Ya sabes… Para recuperarla.
- Nada. Está perdido. Nunca conseguiré que me vuelva a dirigir ni la mirada. Y mucho menos decirla que sea mi novia… ¿sabes lo que jode cuando te das cuenta que has utilizado a una persona que siempre ha estado para ayudarte y vas tú y la tiras a la basura como si de papel se tratara?
- Peeta –me contesta Finnick, también sentándose en el borde del capó y sonriendo de lado- ¿Te has oído lo que dices?
- ¿El qué?
- Has dicho que sea tu novia –insta mi amigo, elevando ambas cejas y sonriendo pícaro.
- ¿Eso es lo que has sacado en conclusión?
Niego con la cabeza mientras Finnick ríe con perrería y se baja del coche de un salto para ponerse frente a mí.
- Vamos a ver. Peeta Mellark. Llevas colado de Katniss desde que… descubriste que tenías pene.
- ¡Finnick!
- Déjame seguir –me dice serio mi amigo- Ella te gusta, y tú a ella también. Créeme, me lo dijo estando borracha. ¡Y los borrachos siempre decimos la verdad!
- Entonces tú no mientes nunca.
- He dicho "decimos", tapón, a ver si entendemos mi prosa. Pero ese no es el caso. Estáis hechos el uno para el otro. Todo el mundo lo sabe. Hasta en el instituto tenéis ya un nombre de pareja.
- ¿Qué?
- Sí, sois "Peeniss" –dice mi mejor amigo, poniendo voz de chica adolescente.
- Suena a pene…
- Lo sé. Pero deja de interrumpirme jolines… Lo que quiero decir es que estáis hechos el uno para el otro. Y tenéis que daros cuenta ambos. Habéis tenido cientos, ¡miles!, de oportunidades para estar juntos.
- Excepto cuando te pusiste a vomitar en mi cumpleaños.
- Excepto cuando me puse a potar en tú cumpleaños… ¡Deja de interrumpirme! –no puedo reprimir una sonrisa de satisfacción al sacar de sus casillas a Finnick- La cosa es muy simple: a Peeta le gusta Kat, y a Kat le gusta Peet. ¿Qué problema hay? Que la has llamado guarra, bueno, estabas borracho y sólo intentabas que no se tirara al primero que tenía delante la chavala. Desde que os conocisteis teníais una promesa, protegeros el uno al otro. Y eso lo estáis haciendo. Lo seguís haciendo ahora mismo. Con esto quiero decir que, pase lo que pase, Katniss te acabará perdonando. ¡Y entonces es cuando la pedirás salir!
- Eso es como si a los humanos nos salieran alas… ¿real o no?
- No real. Pero los humanos no necesitamos alas para sobrevivir.
Decidimos bajar de la montaña y volver al instituto. Esta vez Finnick no calla en todo el viaje, diciéndome maneras románticas y pastelosas de pedirle a Katniss que sea mi novia. La verdad es que el discurso de mi amigo me ha calado hondo. Pediré perdón a Katniss, haré lo que sea porque sea mía.
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En el siguiente cambio de clase decido ir con Gloss a la fotocopiadora y así de mientras él se dedica a hacerme su test para enterarse de toda mi movida. Casi tengo que agarrarle los pies cuando le explico el puñetazo de Brutus, a veces es un poco duro de pelar este tío. Cuando entramos en la estrecha sala que sólo tiene dos míseras fotocopiadoras me parece ver la cabeza de Katniss a lo lejos, lo cual hace que se me acelere el corazón un poco. Gloss parece no fijarse y sigue preguntando.
- ¿Y él ahora está en Ohio?
- Sí –contesto, metiendo su tanda de apuntes en la máquina- por ahora puedo respirar tranquilo.
- Y… esa chica ¿cómo se llamaba, Katniss?
Me llevo los dedos a los labios para decirle que no hable TAN alto porque ella puede estar oyéndole, pero sigue sin hacerme caso.
- ¿Qué pasa? –casi grita el rubio-. Llevas dándome la brasa desde que la conociste. "No, no me gusta esa tía" no parabas de decir. Y ahora no paras de decir que te gusta y que estás colado por ella. ¡Pero si hasta parecía que la acosabas!
Decido taparme la cara con ambas manos para esconderme del espectáculo que está montando Gloss y rezo por lo bajo que no sea verdad lo que está diciendo. Parece ser que Dios no está de mi lado, porque entre el gentío que se ha ido yendo por el timbre para ir a clases aparece Katniss, con dirección a nosotros.
- Me voy a mates tío. Espero que le digas a esa tía que te gusta –oigo que dice Gloss a mi lado, luego me da una palmada en el hombro-. Te veo luego liliputiense.
- Hasta…
Levanto la cabeza de entre mis manos para decir adiós a mi amigo cuando veo que estoy a escasos centímetros de Katniss. Tiene una sonrisa de oreja a oreja y las mejillas enrojecidas. Ha escuchado toda la conversación. Y ahora estamos solos ella y yo en la fotocopiadora. Definitivamente Dios hoy debe de odiarme.
Katniss tose levemente mientras espero a que se termine de fotocopiar mis apuntes, yo juego con mis dedos golpeándolos sobre la máquina. En un momento sin darme cuenta Katniss y yo nos miramos de reojo, justo a la par, haciendo coincidir nuestras miradas.
- Ho…Hola –me dice ella, intercalando la mirada entre la fotocopiadora y mi persona. Su voz suena dulce y tímida. Perfecta.
- Hola –contesto yo, sonriendo también algo nervioso.
El aire parece volverse tenso. No sé si debería decirle algo a Katniss, tirar todos los papeles y besarla como he visto en algunas películas, o pasar de ella. Pero parece que ella ha terminado de fotocopiar lo que quería y pasa a mi lado para salir. Pensando que se va a ir sin decirme nada más que un "Hola", Katniss se para justo delante de mi cara, lanzándome una mirada pícara.
- Así que… ¿te gusto?
Estoy tan eternamente nervioso que lo único que me sale decirle es:
- Sí… Bueno, cómo amiga. Ya sabes. Me gustas… Como amiga.
- ¿Cómo amiga?
- Sí, como amiga –contesto de nuevo, embobado mirando a Katniss a los ojos y notando las mejillas enrojecer.
El aire parece volverse denso de nuevo. Katniss se tapa los labios con el brazo izquierdo y me sonríe de lado. Como parece aceptar nuestra amistad y noto que no va a darme de golpes, decido volver a hablar.
- Y, esto… ¿Querrías ir a cenar hoy conmigo? Como amigos, claro…
- Oh, eso suena genial. Quiero decir… También me gustas, como amigo. Me parece interesante que seamos amigos. Y me parece bien que vayamos hoy a cenar.
Y con esa frase Katniss me da un tímido beso en la mejilla y antes de salir por la puerta me mira de lado y me suelta:
- Te veo luego. Estoy acosada. Digo, hambrienta.
Con su risa malvada de fondo veo como Katniss se marcha a su clase.
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- ¿Qué quiere decir que "también me gustas como amigo"?
- No lo sé Finnick, y déjame comer tranquilo.
Apuro el tupper con macarrones que nos ha preparado la madre de Finnick para comer y salgo disparado para los vestuarios masculinos. Tengo unas ganas de entrenar que no veas. Parece que todo el mundo se ha olvidado de mi altercado con Brutus pues ya me saludan como siempre. Justo cuando abro la puerta para entrar a los vestuarios una chica más alta que yo me para y me hace darme la vuelta.
- Disculpa –me pregunta la chica en un acento que no parece inglés- ¿Eres…conoces? Esto, cómo se dice… ¿Tú saber quién…?
- ¿Sí conozco a alguien?
- ¡Eso! –la mujer chasquea los dedos y entonces reconozco su acento como el americano- ¿Tú conoces a chico, alto, calvo? Él estudia aquí me dijo…
- ¿Calvo? Sólo conozco a uno –bufo yo, mirando a otro lado- Y no nos llevamos muy bien.
- ¿Quién?
- ¿Quién qué?... ¿Te refieres que a quién es?
- Sí, por favor.
- Pues es Brutus… No me sé su apellido.
La chica dice algo en inglés americano que no reconozco pero parece ser algo alegre porque da saltitos en su sitio y me coge las dos manos con ahínco.
- Busco a Brutus, ese. ¿Sabes dónde…?
- Está en Ohio con sus padres, creo –contesto, soltándome del agarre de ella.
- Oh, mierda –bufa, dando una patada al suelo- Yo que había venido para darle una sorpresa…
Sé que debería decirla que lo siento y que vuelva por donde ha venido, pero el modo de actuar de esta tía y la forma en la que se toma que Brutus no esté me hace investigar.
- Puedo dejarle un mensaje si quieres.
- ¡Fantástico! Dile que Britney ha estado aquí buscándolo.
- Hay muchas Britneys en este instituto, podía confundirse con otras que no seas tú.
- Oh, él sabrá cuando le digas que soy yo. Brutus sabe reconocer el nombre de su novia desde hace cuatro años.
La nombrada Britney se da la vuelta sobre sus talones y se marcha por el pasillo mientras yo tengo que agarrarme el corazón con la mano izquierda para controlar mi tensión. Brutus tiene novia, otra novia.
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Con todavía algo de miedo, me presento al día siguiente justo delante de la clase de Brutus para decirle un par de cosas. ¿Cómo se atreve a tener una novia en otro continente y salir con Katniss? No, no puedo permitirlo. Todo el mundo sale con el sonido del timbre y entro en busca de él. Al verme entrar esboza una sonrisa de lado, yo noto las piernas temblar.
- ¿Qué quieres, Mellark?
- No vengo a que me des de nuevo, puedes estar seguro –replico yo, posando ambas manos en su escritorio con fuerza-. ¿Te suena una tal Britney?
Al principio Brutus parece pasar de mí pero después su cara se vuelve furiosa, levanta una ceja y me mira totalmente enfurecido, yo sigo en mis treces y le miro con la misma cara. Entonces Brutus salta el escritorio y me agarra por la camiseta, me estampa contra la pared, dándome en la cabeza, y juntando nuestras miradas.
- Escúchame Mellark, si no quieres acabar otra vez sin ojo, más te vale estar callado.
- ¿Y qué vas a hacerme? –intento soltarme de su agarre y que no se me note el dolor por el golpe-. Katniss se va a acabar enterando de que estás con otra.
Brutus me deja en el suelo y yo me sacudo la camiseta, sigue mirándome enfadado, noto como sus músculos se tensa mientras se controla para no darme.
- Katniss no se enterará nunca. Es lo suficientemente gilipollas y chupa pollas que la dará igual. Además, te equivocas, Katniss no va a enterarse.
- ¿Estás seguro?
- Sí, más que nada porque esta noche yo me voy a Ohio otra vez. ¿Adivinas a qué melenas? Y tú no vas a hacer nada, o te mandaré de vuelta al hospital.
El grandullón me asesta entonces un puñetazo en medio del estómago, haciéndome un ocho me tiro al suelo y veo como sale de la clase. Menos mal que esta noche tengo la cena con Katniss, espero poder contarle todo a tiempo.
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Dejo que el camarero de la entrada del bar guarde mi chaqueta de cuero marrón de la suerte en el guardarropa y me dirijo hacia la mesa del restaurante en el que he quedado con Katniss. Es un bar irlandés, con algunos posters de beisbol y camisetas colgadas, las lámparas verdes hacen que el local sea un poco oscuro, sumado a las mesas y la barra de madera de nogal. Al fondo del bar veo a Katniss leyendo un libro que creo que ya se había leído, quién sabe.
- Hola –digo al llegar donde ella-. Perdón el retraso, estaba mi padre en casa y…
- Tranquilo –me contesta ella, guardando su libro y sonriéndome de lado-. Recibí tu mensaje, imaginaba que tenías ese problema. ¿Qué tal todo?
Katniss trae puesto una camiseta del Hard Rock de Roma, por el logotipo parece antigua, creo que se la ha robado a su padre. A juego con unos jeans que la marcan su estupenda figura, y sus muy míticas converses rojas. Creo que nunca la he visto sin ellas. Me tengo que controlar durante toda la cena para no tirarme sobre Katniss y decirla lo de Brutus, aparte de que tengo unas incontrolables ganas de besar sus labios rosados. La cena transcurre tranquila, bromeamos, nos reímos, y hasta hablamos de la fiesta de disfraces sin tocar el tema de Brutus. Justo cuando estoy pagando la cuenta (un hombre siempre tiene que invitar a una dama) decido mojarme.
- Katniss, tengo que decirte algo. No te va a gustar nada, pero cómo tú mejor amigo, yo…
- Peeta –me dice Katniss, cogiendo mi mano y apretándola en ademán tranquilizador-. Dilo.
Miro a mi amiga a los ojos y antes de que ponga a pensar ñoñerías sobre lo bonitos que son, la suelto:
- Brutus tiene otra novia. En Ohio. Se llama Britney. De hecho se ha ido esta noche allí para… bueno, verla.
La cara de Katniss es todo un poema, no quiero imaginar lo que está pensando ahora. La dejo que se lo piense mientras el camarero me trae la vuelta. Cuando justo estoy guardando el dinero de la cartera, Katniss se levanta de golpe y me suelta una bofetada.
- ¿Pero qué?
- ¿¡Eres gilipollas!? –estalla Katniss, provocando que todo el bar nos mire-. Creí que éramos amigos. ¿Y me vienes con esas mentiras?
- ¡No son mentiras! Yo nunca te mentiría Katniss.
- Primero me llamas guarra a la cara, luego te perdono, ¿¡y ahora otra vez lo mismo!? ¡VETE A LA MIERDA PEETA MELLARK!
Katniss me tira su vaso de agua a la cara, coge su sudadera gris de la Universidad de Roma, y sale por la puerta dando un sonoro portazo. Definitivamente, hoy no ha sido mi día.
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- Finnick no entiendo la cafetera nueva. ¿Tú sabes cómo hacerme un café?
- Claro, mira.
Mientras Finnick me explica y me hace una enorme taza de café solo intento no pensar en lo ocurrido ayer. Más que nada porque, después de discutir con Katniss en el bar, Finnick vino a mi búsqueda y acabamos metidos en una fiesta universitaria. Casi no me ha dado tiempo a pensar en que mi relación con la persona que más quiero ha sido reducida del todo a pedazos. Finnick me prepara el café y me pasa la taza mientras nos sentamos en la mesa a desayunar. Echo un vistazo a mi mejor amigo, que tiene peor cara que yo.
- ¿Finnick?
- Peeta, tengo que pedirte un favor –me dice mi mejor amigo-. ¿Me haces un café? No entiendo cómo funciona esa condenada máquina que ha comprado mi madre.
- Finnick… -respondo, abriendo los ojos como platos-. Acabas de explicarme y hacerme un café con esa misma máquina.
- ¡Mentira!
Vale, Finnick sigue borracho. Siempre le pasa igual. Mientras dejo que el café caiga sobre otra taza para el cobrizo le pongo al día de todo lo ocurrido.
- ¡Espera! Café, estate quieto –empieza a gritar Finnick a la cafetera mientras sale la bebida-. No quería uno solo. Para, bonita, para.
- ¡Finnick!
Tres tazas industriales de café después a Finnick se le pasa el pedo y le resumo todo lo ocurrido con Brutus y Katniss.
- Claro, por eso tenías esa cara antes de ir a la fiesta…
- Bravo, Einstein.
- ¿Y qué vas a hacer? –me pregunta Finnick, frotándose los ojos-. La cosa está bastante turbia.
- No lo sé… La verdad.
Justo cuando poso la taza sobre el fregadero oigo mi teléfono sonar. Voy tranquilamente a por él, seguro que es mi padre. Nada más leer "Katniss llamando" en la pantalla mi tranquilidad desaparece y tiemblo como un flan.
- ¿Kat… Katniss?
- Escúchame –me corta, seria-. Voy a ser directa. No me gustó tu comportamiento de anoche ni el de estos días. Pero soy tú amiga y te perdono.
- Cuanto me alegra oír…
- Por eso me voy a Ohio a ver a Brutus –me vuelve a cortar Katniss. Noto que se me seca la garganta y me vuelvo de hielo.
- ¿Qué? –consigo articular.
- Estoy de camino al aeropuerto. Iré y veré si es verdad lo que me dices. Hasta entonces no me llames ni intentes contactar conmigo.
- Pero Katniss
Antes de que pueda seguir Katniss ya ha colgado la llamada. No puede ser, ¡se va a Ohio! Voy corriendo a la cocina para contarle a Finnick lo que acaba de pasar.
- Esa tía tiene los ovarios bien puestos –es todo lo que me dice Finnick.
- ¡Finnick! Katniss se va a Estados Unidos, y se va a encontrar a Brutus tirándose a otra. ¡Tenemos que hacer algo!
- No no no, Peeta –discute mi mejor amigo, poniéndose en pie frente a mí-. TIENES que hacer algo.
- ¿Qué?
- Toma –Finnick se va a su cuarto y cuando vuelve me tira las llaves de su coche-. Ve al aeropuerto.
- Pero Finnick…
- Esta va a ser la única oportunidad que tengas de que Katniss te crea y vea que la quieres. Así que coge mi coche y ve al aeropuerto. Tienes que conseguir que no coja ese avión, a cualquier precio.
Me quedo sin palabras. Finnick tiene razón, tengo que parar a Katniss, es ahora o nunca. Doy un enorme abrazo a mi mejor amigo y salgo pitando en pijama (unos pantalones cortos azules y una camiseta de Cerveza Judas). Entro al coche de Finnick como una bala y salgo como una bala hacia el aeropuerto. Si calculo bien puedo pararla en las puertas para entrar al avión. Pero… ¿Qué voy a decir, qué voy a hacer cuando la tenga delante tras la carrera? Da igual, diré lo que tenga que decir y pasará lo que tenga que pasar.
En unos veinte minutos ya estoy corriendo por la terminal del aeropuerto de Londres como un cosaco. Paso corriendo entre la gente y me salto los controles de seguridad dando un salto que de haber ido tranquilo jamás habría conseguido saltar. Oigo a los de seguridad por detrás de mí, pero el ruido enseguida es taponado por una multitud de gente que me deja paso y me aplaude. Parece sacado de una película. En la entrada 17 veo a lo lejos una trenza morena, tiene que ser Katniss.
- ¡Katniss!
La morena se da la vuelta antes de entregar los papeles para entrar al avión y me mira como si fuera la primera vez que me viera. Yo llego a su lado de un frenazo y recupero el aliento como puedo.
- Peeta, ¿qué estás haciendo aquí? Te dije que no...
- Ahora vas a escucharme tú a mi Katniss –la corto, poniéndome recto y notando el corazón a mil-. No puedes irte a Ohio.
- ¿Por qué? Peeta, te dije que iría a compro…
- Porque te quiero.
Por un momento creí que Katniss me daría una sonora bofetada, pero abre los ojos de par en par y se la caen las cosas de las manos. No puedo creer que la haya dicho que la quiero, pero no acabo ahí.
- Llevo colado por ti desde que te encontré en los vestuarios. Te dije que el destino nos había unido por alguna casualidad, y ahora sé que es para estar a tu lado para siempre. Hasta ahora he intentado apartar mis sentimientos por ti, pero ha llegado a un nivel tan alto que no puedo controlarlo. Y no quiero dejar de pensar en ti como en algo más que mi mejor amiga.
- Peeta yo…
- Sé que he sido un cabrón, pero todo lo hice por protegerte. Y por eso he venido hasta aquí –prosigo, las pisadas de los de seguridad se hacen más claras-. Porque odio verte con otros. Y porque prometimos protegernos el uno al otro el primer día que nos conocimos. Tienes que quedarte aquí, créeme en que estoy protegiéndote todavía.
Una lágrima rebelde asoma por el ojo derecho de Katniss que parece haberse quedado sin habla. Uno de los de seguridad ha llegado a dónde estamos y me pone la mano sobre el hombro para que me marche. Lanzo una última mirada de súplica a Katniss, que se agacha para recoger sus cosas.
- Lo siento Peeta –me susura-. Tengo que hacerlo.
Antes de que pueda decir algo más, los de seguridad me llevan fuera mientras Katniss coge el avión hacia Ohio.
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Me siento como una mierda, y estar en mi casa con mi padre me hace sentir todavía peor. Hace dos días que Katniss se fue a Ohio tras confesarle mis sentimientos por ella. No he sabido nada, ni llamadas, ni mensajes. Nada. Seguramente Brutus se las habrá arreglado para engañarla y ahora mismo estarán follando en algún… Lo que sea que haya en Ohio. Suspiro por septuagésima vez y cambio de canción que tengo puesta con los cascos. Pero a pesar de tener la música al máximo de volumen, la voz de mi padre llega a mi habitación.
- ¡Peeta, ven aquí!
Suspiro otra vez y me arrastro como si fuera una sábana hasta el salón, sorteando algunas botellas de diversos licores. Mi padre está tumbado en el sofá con un programa de deportes puesto a todo volumen, con un cigarro en la boca y otro escondido en la oreja, mientras cambia de canal veo que ha terminado la bolsa de cocaína que tenía esta mañana sobre la mesita del salón. Suspiro de nuevo.
- Dime…
- Alcánzame algo de comida, anda –me dice, articulando como puede las palabras.
- Voy.
Voy a la nevera y veo que no haya nada más que un paquete de quesitos, un brick de leche, zanahorias, y miles de botellas de cerveza. Decido cogerle los quesitos y metérselos entre dos rebanadas de pan duro que tenemos desde la semana pasada. Como desearía estar con Finnick, bueno en su casa, porque aguantar a Finnick intentando animarme o sacándome de fiesta para olvidar a Katniss es agotador.
- Toma papá –digo mientras poso el improvisado bocado en la mesa, apartando unos cuantos billetes de libras enrollados.
Mi padre se acomoda en el sofá, se frota su enorme tripa, y me mira como si hubiera hecho algo malo. Viniendo de él, seguro que lo he hecho.
- ¿Qué has dicho?
- Nada, sólo te he…
- Me has dicho papá –me escupe, literalmente, en los pies-. No tienes ni el más mínimo derecho de llamarme así. Tú no eres mi hijo, no tenías ni que haber nacido. Vete antes de que te de dos hostias, que te las mereces.
Trago saliva y me doy la vuelta con la cabeza gacha. Ya estoy acostumbrado a las críticas de mi pa, perdón, de Plutarch, sobre mí. Pero mi padre y lo de Katniss es demasiado. Estoy en un torbellino de putadas y jodiendas.
Me vuelvo a tumbar en mi cama y miro al techo esperando que algo me distraiga. Pero nada. Unas lágrimas salen sin permiso por mis ojos y bajan hasta mis mejillas.
- No llores Peeta, no… -susurro mientras me tapo la cara con el brazo-. Oh, joder…
Ahogo un gemido por el llanto cuando oigo mi teléfono sonar. Sopeso la idea de cogerlo o no, pero supongo que si es Finnick igual me hace parar de llorar.
- No puede ser.
Es un mensaje. Un mensaje que hace que mis ojos se abran de par en par y las lágrimas paren de salir.
- Pollos (14:02)
Me guardo el teléfono en el bolsillo y salgo de un salto por la ventana de mi habitación hacia la calle. Sólo una persona puede haberme mandado ese mensaje. Corro cuanto rápido me dan las piernas por las calles de Londres, sorteando coches que me pitan y personas que se giran al verme correr. Noto el corazón desbocado, lo que hace que siga corriendo y corriendo por todo el laberinto de calles. Ni siquiera la empinada cuesta que suave a mi sitio secreto de Londres es un problema. Freno en seco sobre el banco que se supone que es de donde ha sido enviado el mensaje.
- ¿Katniss?
Y ahí está. Sentada en el borde del banco de mi lugar favorito y secreto de Londres. La única persona a la cual se la he enseñado. La única persona que sabe que poniendo "pollos" en un mensaje significa que iba a estar en ese banco.
- Hola…
Katniss se levanta con la cabeza agachada mientras yo me acerco a ella con la sensación de haber perdido el habla. Cuando Katniss levanta la vista veo que tiene los ojos tan rojos como yo los he tenido. Antes de que pueda decirme algo, la rodeo con ambos brazos. Al principio Katniss se tensa, pero luego clava sus uñas en mi espalda y hunde la cabeza en mi hombro para llorar sin parar. No sé cuánto tiempo está llorando, pero sé que yo también lo hago. Cuando parece haberse relajado está ya atardeciendo en Londres, produciendo un conjunto de colores anaranjados sobre la ciudad que vemos desde lo alto de nuestro banco. Katniss se aparta de mí, aunque yo no la suelto las manos para no dejarla ir, y me mira a los ojos para decirme:
- Tenías razón Peeta… Brutus tenía a otra…
- Katniss, no hace falta que me lo…
- Déjame, quiero hacerlo… –me corta Katniss-. Tenía que haber confiado en ti, sabía que me protegías como prometimos, pero estaba ciega y confusa. Peeta, yo… Tambien te quiero. Llevo enamorada de ti desde que me sacaste de aquel agujero oscuro. Me salvaste, me viste ver que la vida puede ser buena por numerosas que sean las pérdidas. Me ayudaste a recuperar la sonrisa que creía perdida, a divertirme, a vivir… Creí que mis sentimientos por ti serían por como me tratabas, pero cuanto más tiempo pasaba a tú lado…
- Más enamorado de ti me volvía.
Antes de que Katniss pueda asentir a mi última frase, la cojo la cara con las manos que antes sujetaban las suyas y la beso como nunca había besado a nadie. No es un beso corto, ni largo, y puede que no muy intenso. Pero hace que mi estómago parezca que tengo fuegos artificiales. Es el primer beso que me hace desear uno más.
Y así lo hago. Así lo sigo haciendo.
Fin.
Muchísimas gracias y muchos panes quemados.
Peeta Lucy Mellark.
Love always.-
