Post-apocalipsis.
Alice abrió los ojos con pesadez en el momento en que los rayos de sol se colaron por la ventana de su habitación y dieron en su rostro. ¿Quién era el imbécil que había dejado abiertas las persianas? Frunció el ceño y se llevó una mano a la frente, no lo sabía, pero la cabeza le daba vueltas. ¿Qué había ocurrido ayer? Se apoyó sobre la cabecera de la cama para incorporarse.
Entonces, una recopilación de imágenes llegó a ella y, en menos de un segundo, tomó consciencia de dónde se encontraba. Y con quién se encontraba. Volteó en dirección a Jasper, y se sorprendió al notar que estaba despierto y le observaba con curiosidad.
―Hum… entonces, no hemos muerto aplastados por un meteorito. ―comentó colocándose a su lado. Alice sintió como se ruborizaba al recordar todas las vergonzosas confesiones que le había hecho; hubiese sido mejor que eso no pasase.
―Estamos vivos. ―confirmó suspirando y tapándose la cara con las manos―. Vaya lío.
―Vaya lío. ―repitió Jasper dibujando una sonrisa en su rostro―. Tu hermano va a querer descuartizarme
― No tiene por qué enterarse. ― farfulló Alice fijando su mirada en él. Había fantaseado mucho con sus grandes ojos azules, pero nunca habría pensado que la pudiesen ver de esa forma, haciéndola sentir tan especial.
―Eres linda. ―dijo alargando una mano para tocar su mejilla―. No sé cómo podré mirarte el lunes a la cara sin pensar en lo de ayer…
―Ni siquiera me habías mirado antes de ello. ―replicó haciendo un mohín. Y seguro no lo volvería a hacer, pensó algo desalentada. No importaba, ya tendría una historia que contar a sus nietos; se había acostado con el chico más popular del instituto y lo hubiese repetido, presentada la ocasión.
―Somos más de mil personas estudiando en ese lugar ―se excusó―. Lamento no haberme fijado en ti, pero ahora lo hago. Y creo que me gustas.
―¿Uh? ―no le salió ninguna frase coherente. ¿Jasper Hale le estaba diciendo que gustaba de ella? En ese momento comenzó a dudar si estaba despierta.
―Sí, sí me gustas. ―afirmó él soltando una risita mientras su mano bajaba del rostro de Alice y delineaba su cuello hasta llegar a sus hombros. Ella sintió como la piel se le erizaba ante ese contacto―. Tal vez podríamos salir, si quieres.
―¿Yo? ―parecía una estúpida haciendo esas preguntas; pero su concentración en ese momento no estaba en la conversación. Carraspeó, tratando de fijar sus ideas y contestó con la voz más firme que pudo―. Sí, no estaría mal que saliéramos. ―oh por Dios, no sabía por dónde empezaría a contárselo a Bella, no le iba a creer.
―Aunque no se haya acabado el mundo, ¿te puedo volver a besar? ―preguntó. Sus dedos, que acariciaban el brazo de Alice, subieron de nuevo a su rostro y rozaron sus labios―. Quiero hacerlo otra vez.
―Hum… ―de nuevo ese cosquilleo volvía a invadirle el cuerpo. Ella no entendió en qué sentido iban sus palabras y se limitó a asentir―. Hazlo.
Jasper soltó una carcajada, le agradaba ver como se ponía nerviosa cuando la tocaba. Tomó su cara entre sus manos y la atrajo hacia sí para depositar un casto beso sobre sus labios. Cuando se separó un poco, pudo ver sus ojos verdes abiertos con sorpresa, Alice le gruñó y se le acercó para alargar el beso. Le rodeó el cuello con los brazos y se colocó a horcajadas sobre él, de manera posesiva.
Cuando oyeron que se cerraba una puerta, ambos se detuvieron por un segundo.
―¡Enana! ―exclamó una voz algo ronca muy conocida―. Ayer te has desaparecido de la fiesta; pero no creas que me dejarás la limpieza sólo a….
Lo siguiente que pudieron ver, fue a un grandulón sin camisa frente a ellos, con expresión de no haber dormido demasiado desde la noche anterior. Tardaron un instante en entender que la posición en la que se encontraban no los favorecía para nada y se separaron. Alice sostuvo la mirada horrorizada de su hermano mayor mientras se aferraba a las sábanas como si de ellas dependiera su vida.
―Emm, te puedo explicar. ―comenzó con voz asustada.
―Mierda. ―exclamó Emmett golpeándose la frente con la mano, después de un incómodo silencio―. Has violado a Jasper.
―¿Qué? ―el aludido intercambió una mirada con su compañera, que abrió los ojos con aprehensión.
―No, yo no…
―Te dije que drogarlo con cloroformo no era legal. ―la reprendió―. Ahora el pobre tendrá una experiencia que lo marcará de por vida…
―¡Pero si no lo he obligado! ―negó algo escandalizada―. Yo y él… bueno, creo que ambos estuvimos de acuerdo. ―su acompañante asintió, aún algo confundido.
―¿Eso es verdad? ―el grandulón entrecerró los ojos y los miró a ambos. Jasper tragó saliva, incómodo, y se encogió de hombros―. ¡Cómo has podido, Hale!
―Es que tu hermana está bue…―el rubio se retractó de lo que iba a decir y en último momento cambió la oración fingiendo un acceso de tos―. Me cae muy bien.
―¿Te agrada su personalidad, cierto? ―alzó una ceja Emmett negando con la cabeza―. Y yo que me detuve ayer con Rose porque sabía que era tu querida melliza.
―¿En serio? ―ahora se sintió un poco culpable por todo lo que había pasado.
―No, estaba mintiendo. ―se carcajeó el aludido, luego carraspeó y añadió―. Eso me recuerda a que a sexy Emmett lo están esperando en su habitación para una celebración privada. Quizá deba dejarlos solos un rato, traten de extrañarme.
―Gracias a Dios. ―murmuró Alice enfurruñada.
―Luego conversaré contigo, jovencita. ―el dedo acusador de su hermano solo logró que ella rodase los ojos en respuesta. Él sonrió y salió de la habitación a paso rápido cerrando la puerta detrás de sí.
―Entonces estamos solos. ―Jasper la observó un una sonrisa apenada.
―Sí, eso. ―asintió la chica con una risita nerviosa.
―¡Rose, gatita, voy a buscar la crema batida! ―ambos oyeron el grito desde donde estaban.
―Tratemos de olvidar eso. ―un estremecimiento recorrió el cuerpo de Jasper, prefería no entrar en detalles para no cabrearse… demasiado. Eso de haberse tirado a la hermana de Emmett no era correcto y aun peor si por cambio, éste se había tirado a la suya.
―Creo que voy a tomar una ducha. ―de agua helada, añadió Alice en su cabeza, aún con el corazón latiéndole demasiado rápido mientras se incorporaba. Ya el momento se había arruinado por la interrupción de su hermano, lo cual, más que seguro, se iba a desquitar.
―Vamos a tomar una ducha. ―corrigió él alzándola en brazos sin darle tiempo para replicar. Ella solo pudo reír estúpidamente y aferrarse a su cuerpo mientras la conducía a la habitación contigua.
No se había acabado el mundo; pero le agradeció igualmente a esa tonta película que había visto por haberle dado el valor para declararse. Quizá luego del baño le diría a Jasper que la viesen para que se burlaran un rato.
