Rumiko Takahashi, la desdichada de romances inacabados, no nos presenta. Y con una fama que desconoce que ostenta. Un escrito que nunca ha sacado de su tenebrosa cabeza. Ya que de otro desdichado es la suerte de componer esta obra, con el deseo de difundir por siempre su dolorosa deshonra.
.
..
.
CUENTOS DE LA LUNA TALLADA
-2013-
.
..
.
.
El Rey Loco la ceja alzó.
Con humildad el autor temblaba.
Arrugó el papel y lo tiró.
Y supo que su suerte se acababa.
.
..
.
.
Pérdida
.
—Doctor Tofú, ¿está en casa?
Akane no pudo disimular su lastimoso semblante, tampoco la ayudó su rostro pálido, ni consiguió calmar el temblor en sus manos. Tofú la percibió apenas entró en la consulta, y cuando la salió a recibir ya traía una taza de té recién preparado para ella. La instó a sentarse mientras que él ocupó un lugar a su lado. Entonces la escuchó con paciencia, sintiendo junto a ella el dolor y también la culpa.
No existían palabras que Tofú pudiera decir que la consolara. Era su culpa, se decía constantemente Akane, de haber tenido los ojos más abiertos, quizás… quizás nada hubiese sucedido.
Ya era demasiado tarde para lamentarse.
Tofú insistió con no perder las esperanzas, todavía no era tiempo de afligirse; tal vez todo se trataba de un malentendido.
Akane rompió a llorar.
—Encontraron… —la voz de Akane se quebró. Tenía que decirlo, por más que le faltara el aire, y el miedo a aceptar la realidad comprimiera su pecho hasta no poder sentir sus propios latidos—, encontraron su ropa…
—¿Su ropa, Akane?
—En el… en el r-río —las lágrimas la superaron una vez más. No comprendía de donde salían cuando ya parecían no quedarle.
—Puede haberlas dejado atrás —Tofú trató de mantener las esperanzas, actuando con la mayor paciencia y ternura que se permitía en esa horrible situación—. Tal vez se cambió y… supongo que no deseaba que ustedes siguieran buscando porque… no… En verdad, no lo entiendo, Akane, parecía tan feliz. No entiendo por qué pudo marcharse, pero debe haber una explicación lógica.
Akane negó con la cabeza muy lentamente.
—La policía dijo que… ¡No, ellos no me permitieron ver! —estalló angustiada, era incapaz ya de guardárselo—. Pero ellos me dijeron que… que las prendas estaban desgarradas y... c-con s-sangre.
Otra vez el llanto, otra vez el tormento. Si ella hubiera estado más atenta, se quejó, agónica, estremeciéndose hasta que su cuerpo se inclinó sobre la silla.
—Ya veo —fue lo único que Tofú pudo responder ante la oscura revelación.
El joven quiropráctico dejó la silla, su mano soltó el hombro de Akane que había aferrado en un acto de consuelo. Dándole la espalda a Akane se acercó a su viejo esqueleto. Lo acarició, como a una querida amiga, la única con la que podía compartir sus auténticos dolores en secreto, cuando se impedía hacerlo delante de esa chica—. ¿Y Ranma?
Akane por un momento dejó de gemir. Ese nombre pareció hacerle recobrar un poco la dignidad que ya no le quedaba.
—Él sigue… buscándola. Jamás se ha detenido, no se rinde, porque él… no… si no fuera porque Ranma estaba allí, se hizo cargo de todo y… él reconoció la ropa, y no dejó que yo… no me dejó… verlas.
—Me parece bien, Akane. Siempre puedes confiar en Ranma, ya te lo he dicho.
—Lo… lo sé —se limpió el rostro con las mangas. Y tras un momento de calma volvió a estallar desesperada, otra vez humedeciendo sus manos y la falda de su uniforme de escuela, con la mirada perdida en el suelo. No podía dar crédito a lo que estaba sucediendo—. ¿Por qué? ¡Por qué! ¿Quién podría haberle hecho daño? ¿Quién querría hacerle algo así a Kasumi?
—Yo no…
Y Tofú se desplomó ante ella, revelando el auténtico pesar de su alma. ¿Por qué tenía que estar pasando aquello?, se quejó en su interior la pobre chica, al percibir el terrible dolor que también debía estar arremetiendo el pobre corazón de Tofú Ono. Y aunque lo veía de espaldas, el fuerte estremecimiento de los anchos hombros, la manera en que se encogió el cuerpo víctima de ligeras convulsiones, inclinando un poco la cabeza, apretando los puños con fuerza hasta hacer sonar los nudillos. Todo le indicaba cuánto él también sufría la desaparición de su querida hermana mayor Kasumi Tendo.
—Yo no… no lo comprendo… no lo sé, Akane.
Pero Tofú Ono no lloraba. Escondiendo su rostro de Akane en lugar de gemir, apenas era capaz de contener la risa, apretando y torciendo los labios en un arrebato de demencia. Para así no expresar la emoción que lo embargaba y lo hacía gozar de éxtasis. Cuando los anteojos ahora emblanquecidos por el reflejo de la luz ocultaron la humanidad de su mirada, y con una mano que apenas podía mover racionalmente, acarició el costado de la mandíbula de su nuevo esqueleto humano, recién pulido y lavado, muy pequeño, revelando haber pertenecido en vida a una joven mujer.
.
FIN
.
.
¿Es que nadie malo y cruel de verdad puede ser?
Insípida trama, final obvio, una desfachatez.
¡A la horca con este, que tiempo me hace perder!
¿Es que ni a una simple pareja pueden perder?
.
Ni susto he sentido, ni grito he dado todavía adolorido. ¿Y se hacen llamar escritores, los arrogantes, fanfickers, reviewers y no sé que más, los muy pedantes? ¡Puaj!
