Volviendo a amar:
Watson sonrió, Sherlock se preocupaba mucho por él, ahora que le veía, sabía que lo que había sentido por él antes de que se marchara estaba volviendo a la luz y le gustaba.
Watson pidió la baja por asuntos personales y familiares. Mientras se quedaba en el piso mirando cosas en el portátil, Sherlock se pasaba las horas hablando con los de la funeraria para hacer cuanto antes el funeral y poder sacarse este problema de encima y así John podría empezar a ser feliz cuanto antes.
Cierto día, Sherlock llegó al piso todo sucio y poco a poco se fue quitando la ropa, empezó por la camisa, dejándole al desnudo su torso definido, el médico miró a su amigo y se mordió el labio, "Que guapo está" Pensó para sí.
Desde aquel momento supo que lo que sentía por el menor de los Holmes había vuelto de verdad, así que sonrió.
El entierro fue unos días después, Sherlock había hecho un buen trabajo, la ceremonia era algo íntima, ya que Sherlock no quería que todo el mundo se enterara y solo invitó a unos pocos.
Poco a poco Watson empezó a recuperarse y a sentirse mejor y eso para el menor de los Holmes era una buena noticia.
Cuando se encontraba mejor, el médico, le pidió a Sherlock hacer algo que no había hecho en meses, ir a comer fuera, a disfrutar del maravilloso día que hacía. Sherlock no podía negarse a la petición de su mejor amigo, le importaba mucho y quería que fuera feliz. Así que ambos cogieron sus abrigos y salieron a la calle, Watson le pidió no ir a donde siempre, ya que estaba un poco harto de ir siempre a comer pasta.
Así que al final fueron a un chino para variar un poco. Se lo pasaron muy bien, ya Sherlock no conseguía comer bien con los palillos y eso hacía que Watson se riera e intentara enseñarle aunque era inútil.
— John es una tontería comer con palillos – Sherlock se quejó ya que no daba – come tú con ellos y tarda mil años en comer, que yo seguiré comiendo con cuchillo y tenedor.
— Sherlock, ¿Cuándo volverás a los casos? – Sherlock dejó de comer y miró a su amigo, no se le había pasado por la mente.
— Seguro que pronto, cuando tú vuelvas a trabajar – Watson bajó la cabeza, no quería seguir trabajando en la consulta, quería ser más útil y quería hacerlo con Sherlock – veo que no tienes ganas de volver a tu trabajo, está bien, cuando estés con ganas empezaremos con los casos.
Comieron con calma, ya que ninguno tenía nada mejor que hacer después, Sherlock quería alegrar más a Watson y fue a comprarle una rosa, parecería cursi, pero le gustaba ese tipo de detalles. Cuando Watson vio la rosa no sabía que decir, que el menor de los Holmes le regalara eso le asombraba, siguieron caminando hasta llegar a los puestos de la feria, ya que estaban allí se quedaron a mirarlos un rato y así mientras caminaban hacían la digestión de todo lo que habían comido en el chino.
John se fijó en un puesto donde había libros curiosos y Sherlock le sacó uno de la mano, era una edición bonita y bien cuidada, así que antes de que el médico pudiera decir algo la pagó y se la entregó.
— Por estar siempre a mi lado – Watson sonrió y le respondió con un gracias y un beso en la mejilla.
Sherlock se llevó la mano a la mejilla, el beso que le había dado John segundos atrás seguía allí, en su mejilla y le gustaba. Sentía algo por su amigo, pero todavía no era el momento de decirle que sentía ya que apenas dos meses habían pasado desde la muerte de Mary.
