De vuelta a los casos

Después de la feria y de los días de relax que tuvieron, Sherlock llamó a Lestrade y le dijo que quería volver a la rutina. Éste, cuando el detective le dijo que lo haría con John le alucinó tal cosa. Pensó que aún era pronto para que viera cadáveres y demás.

Sherlock despertó a John una mañana por un suculento caso, uno que les devolvería las ganas de todo a John. Cuando este vio a Sherlock animado, se levantó y se arregló.

Salieron de Baker Street camino de donde les esperaba el caso. Watson iba feliz, había renunciado a su trabajo y trabajar con Sherlock por un poco de dinero o mejor dicho, porque le gustaba estar cerca de él casi todo el tiempo.

Llegaron pronto, cuando estuvieron allí, las bromas de Sally y Anderson empezaron, pero Sherlock no les hizo caso, siempre tenían que hacerlas y ya pasaba de ellos.

Watson miraba a Sally y a Anderson como si hubieran pasado años desde que se habían visto por última vez y solo habían pasado meses. Sherlock miró el cadáver y quiso que John le dijera todo lo que se podía deducir, quería que se acercara al muerto y mirara de cerca, sobre todo, lo hacía para que se relajara y que no pensara en Mary y en su muerte.

John hizo lo que Sherlock le pidió, no fue tan exacto y no dijo todo lo que quería escuchar el detective, pero por lo menos lo había intentado y no había echado para atrás en el último momento.

Sherlock cuando miró la escena del crimen y lo hizo con conciencia, supo que no quedaba nada más que hacer allí y se marchó con John. Regresaron de vuelta al piso, no tenían nada que hacer que esperar las pruebas del laboratorio sobre porque había muerto la joven.

Mientras esperaban Sherlock se puso a tocar el violín, Watson se sentó en su sofá y miró a su compañero tocar. Sherlock notó como le miraban mientras tocaba y le gustó. Sentía algo por él, todavía no se lo había dicho, porque esperaba el momento oportuno.

— Watson, me alaga que me mires mientras toco – comentó Sherlock – pero, ¿no sería bueno preparar la comida? Sabes que lo haría yo, pero no comeríamos nada decente.

— Está bien, prepararé la comida – el mayor se levantó sin ganas y fue hacia la cocina.

Allí preparó algo rápido y sencillo, quería comer pronto para poder dedicarse al caso, por primera vez quería dedicarse a un caso, cosa rara en él.

Después de unos cuarenta minutos llamó a Sherlock para comer, éste dejó el violín en su funda y caminó hacía la cocina, donde John le esperaba con un plato de arroz y un par de huevos.

— John, haces mucha comida – dijo Sherlock mirando su plato.

— Mejor, así comes más. No te dejo levantarte hasta que comas todo – Sherlock miró a John, mientras empezaba a comer – así que empieza cuanto antes que si no se enfría – miró a Sherlock que miraba su plato – luego seguiremos con el caso.

— John,… yo,… esto… - Sherlock empezó a decir, pero las palabras no le salían, las palabras se le atascaban y John notó que era la primera vez que Sherlock se trababa al hablar.