La Verdad:
John miró a Sherlock, no podía creer que no encontrara palabras que decirle, Sherlock Holmes, la persona que tenía respuesta para todo, ahora parecía que no era así.
Sherlock agachó la cabeza y empezó a comer bajo la atenta mirada de su amigo, no sabía que decirle. "Estúpido, estúpido, eres estúpido, ahora haber como lo arreglas" Pensó el menor de los Holmes comiendo para no tener que hablar.
— Sherlock deja de comer – aquella frase le pareció rara, pero en esos momentos era verdad – dime que me ibas a decir, por favor.
— John, yo… - otra vez se le trababan las palabras. Miró a John que le miraba expectante y con ganas de saber que pasaba – gracias por ser mi compañero en los casos de nuevo y por ayudarme tan bien esta mañana.
Sherlock siguió comiendo, le había dicho una verdad, pero no la que la que cambiaría la forma de verle. Por el momento no diría nada, pero debía decirlo pronto porque si Watson se enamoraba de otro podía ser el final para lo que a lo mejor tuvieran o podrían tener, si el médico le correspondía.
John sabía que lo que el menor de los Holmes no era toda la verdad, pero por el momento lo dejó así, no quería enfadarse con él, no quería que se cabreara, no señor. Le gustaba cuando estaba animado y feliz como esta mañana y así le quería siempre. ¿Pero sentiría lo mismo por Sherlock por él? Se preguntaba de vez en cuando John y no encontraba respuesta alguna.
Terminaron de comer en silencio, no sabían que decir, no sabían que hacer. El móvil de Sherlock sonó, era Greg, le contó las pruebas y todo lo que tenían, con los resultados pudo hacer un análisis previo de la situación y dio con el culpable en menos tiempo de lo que esperaba.
John por su parte estaba en la cocina recogiendo la loza, cuando Sherlock terminó de hablar, le dijo que le ayudaba, así terminarían antes. Así que John se encargó de lavar los platos y la demás loza mientras Sherlock la secaba.
— John te has dejado una mancha en el plato – Sherlock le dijo mientras John miraba donde, pero no conseguía verla, así que Sherlock metió sus manos en el agua enjabonada y la limpio llevando las manos de John hacia la mancha – ahora la ves.
— Si, ahora si – Sherlock sonrió, cuando notó que llevaba mucho agarrando las manos del soldado separó las suyas y se sonrojó un poco antes de seguir secando lo que quedaba de loza.
Terminaron pronto de limpiar la loza y de colocarla en los armarios y cajones correspondientes. Antes de que volver a tocar, Sherlock salió un momento, John no sabía que se tramaba, así que mientras esperó a que compañero y amigo regresara se sentó en el sofá y se puso a leer el libro que Sherlock le había regalado. Cuando lo abrió se dio cuenta de que había una carta pequeña.
La cogió, la desdobló y la leyó. Tenía curiosidad de saber que ponía, que le había podido dejar Sherlock.
John:
Escribir cartas es lo mismo para mí que contar mis sentimientos a alguien, vamos, que se me da fatal.
Mientras lees la carta como ves yo no estoy en casa, sé que te preguntarás a donde he ido, pero no te preocupes no me voy a matar ni nada, he ido a por algo para ti. Algo que te gustará, algo que espero que diga de una vez que siento por ti.
Te quiere.
Sherlock Holmes.
P.D.: Deja de llorar y ve a la puerta del piso, te estoy esperando.
