Este segundo Capítulo también está dedicado a Ingrid, se que fué dificil leerlo, pero te compensaré con grandes dosis de John/Sherlock en un futuro muy cercano.

Y muchas gracias a tods los que siguen este fic.

Capitulo dos

A veces había demasiado ruido a su alrededor y John ni si quiera podía pensar. Por eso le gustaba la sala del hospital donde trabajaba, ahuyentaba sus pensamientos y le daba largos momentos de inconsciencia en los cuales solo se preocupaba de existir y tomar su café.

Había conseguido ese trabajo gracias a Molly, la única de las antiguas amistades con quien seguía en contacto, aunque fuera sólo porque ella lo llamaba cada semana.

Gracias a su trabajo había conocido a Mary, una mujer joven, menuda, de ojos verdes y pelo rubio que representaba todo lo que a John jamás le había atraído en una mujer, pero que ahora, por alguna razón le resultaba tranquilizador.

Era profesora en un jardín infantil cerca del hospital y se conocieron mientras John ponía algunos puntos en la frente a uno de sus niños.

Era inteligente y buena persona, amable y buena con los niños pero John había pasado semanas tratando de acertar que era exactamente lo que le gustaba de ella sin llegar a ninguna conclusión.

¿Era su risa? ¿Su piel? ¿El hecho de que era la primera mujer que parecía interesarse en él después de tanto tiempo y que en verdad tenía la oportunidad de conocerlo? - No, ninguna de las anteriores.

Pero gracias a Mary, había pasado el primer día sin pensar en Sherlock. Cuando se dio cuenta de eso, lloró durante tres horas y luego se quedó dormido.

John dejó el vaso de cartón sobre la banca, a su lado y se dedicó a mirar a las personas que entraban y salían.

Eran las 7:20 de la mañana, su turno había terminado veinte minutos atrás, pero él seguía ahí. El no elaborar pensamiento alguno, se había convertido casi en una bendición.

Entonces Mary apareció por la puerta, vestida de azul y con el cabello trenzado.

John no se levantó, ni si quiera le hizo una seña, disfrutó por unos momentos la vista de la mujer tratando de encontrarlo sin éxito en ese mar de gente, pero los ojos de Mary eventualmente encontraron los suyos y cuando lo hizo sonrió.

Y en ese momento, en la sala llena de niños que lloraban, jugaban y gritaban mientras su madres hablaban, John se dio cuenta que le gustaba Mary porque no había nada en ella que le recordara a Sherlock e hizo lo que todas las personas hacen cuando terminan una relación y comienzan otra: comparar.

Pero en vez de comparar a Mary con sus antiguas novias la comparó con Sherlock.

Mary era inteligente pero no era Sherlock y su gran intelecto.

Mary sonreía cada vez que lo veía, pero no era Sherlock y su mueca de satisfacción y orgullo cuando John hacía algo bien.

Mary era una buena persona, pero no era Sherlock y su necesidad crónica de poner en ridículo al mundo.

Hablaban por horas de diferentes cosas y siempre había algo nuevo en cada conversación. Pero no era Sherlock y sus silencios que decían más que sus palabras.

Eran conversaciones vacías, normales, charlas que cualquiera podría tener acerca de niños, trabajo, temas triviales desde el lugar de nacimiento hasta preferencias como el color favorito, música, etc. Estos temas no involucraban cadáveres ni misteriosos asesinatos ni mentes criminales amenazándolos ni complejas deducciones hechas a partir de los lazos en un zapato y la manera en la que alguien se limpia la boca con la servilleta.

Mary podía acelerar su corazón cuando estaba cerca, pero Sherlock se lo había detenido diciéndole adiós.

John trató de no pensar en eso, las comparaciones siempre son odiosas y en el fondo sabía que nada de lo que le deparara el destino podía igualarse a lo que había vivido con Sherlock, pero tenía que aceptarlo, la decisión estaba tomada y ya había pasado lo peor.

Los primeros horrorosos meses después de la muerte de Sherlock habían sido superados con relativo éxito y el regreso a la rutina había añadido una carga de preocupaciones que lo mantenían la mayor parte del tiempo pensando en otra cosa y no en su amigo muerto.

La culpa y la rabia que habían dominado su vida a partes iguales habían remitido y ahora se sentía vació.

John se levantó y fue hacia Mary.

-¿estás listo? ¿Seguro que no estás cansado?

-Para nada.

John se había comprometido a ayudarla a encontrar departamento ya que Mary había tenido problemas con su casera y, como él conocía algunas propiedades sin ocupantes dadas sus antiguas andanzas buscando un lugar desde donde arrojarse al vacío, se ofreció para ayudarla.

Con suerte no regresaría a su departamento hasta la noche.

A Mary le encantaban todos los departamentos y todas las casas. Era de esas personas que veían el vaso medio lleno y que van por la vida pensando lo mejor de la gente, pero entonces John se fijaba en algo en lo que nadie más había reparado y se la llevaba con su felicidad a otra parte.

-¿Qué te parece este? Es pequeño y está cerca del centro.

-Mira el techo ¿ves el trozo que se ve más claro? Solo un poco, alguien lo cubrió de yeso recientemente y lo revistieron de un color parecido a la pintura antigua para que pareciera igual que el resto del techo, pero te aseguro que ahí tendrás una mancha de humedad que te hará la vida imposible.

Siguiente departamento:

- ¿qué tal este? Tiene mucha luz...

- El vecino de arriba practica cello, vas a estar sin poder dormir hasta las 4 de la mañana.

-¿Cómo lo sabes?

- Por sus dedos.

Siguiente departamento:

-¿y este?

-Los niños de los vecinos te van a volver loca. Dijo John mirando las marcas de dedos aceitosos en las paredes a la altura de su cintura.

-Me gustan los niños.

-Niños obesos y malcriados. Dijo John ignorando ese comentario y negando con la cabeza.

Siguiente departamento:

-la última dirección, 221 de Baker Street.

John no hizo ningún comentario. Juntó sus manos, nervioso mientras el taxi los llevaba directamente a esa calle en la cual tuvo tantos pensamientos suicidas la última vez que estuvo ahí.

La señora Hudson le había prometido que no rentaría el departamento a nadie al menos durante un tiempo, obviamente era mucho pedir, pero guardaba la esperanza de que ella también quisiera que todo siguiera como antes para siempre.

Pero no era 221B el que se rentaba, si no el C, con la misma humedad de siempre.

Cuando la señora Hudson lo vio le saltaron las lágrimas y corrió a abrazarlo. No se habían visto en casi un año.

-¿la conoces?- Preguntó Mary

-viví aquí por un tiempo.

-Entonces ¿podrías pedirle que no me pidiera tanto por el departamento?- Dijo Mary a modo de broma, pero John se lo tomó en serio, no podía pedirle una rebaja por ese lugar de segunda mano a la persona que estaba manteniendo vivo el recuerdo de su amigo en un departamento al que le podía sacar el doble.

-No podría hacerlo, es un departamento en el centro- Dijo haciendo una mueca extraña.

Mary recorrió el pequeño departamento, la señora Hudson se acercó a John y lo tomó del brazo.

-¿Cuándo vas a venir a tomar el té conmigo?

-He estado muy ocupado, trabajando, lo siento, vendré en cuanto pueda.

-¿Todo está bien?

-Si.- Mintió John.

-Ella es linda y le gustas, se nota.

-¿Ha venido alguien? Obviamente John no se refería a personas interesadas por 221C.

- Mycroft, hace un par de semanas, pero ni si quiera paso a saludar, se llevó un par de cosas.

-¿Cómo se ve?

-Mucho más delgado, perder a un hermano no es fácil.

-¿Podría pedirle un favor?

-Claro

- ¿puede agregarle un par de números a lo que va a pedir por este departamento? De verdad no quiero venir aquí cada vez que quiera visitar a Mary.

Por supuesto que era una petición injusta y John lo sabía, La pobre señora Hudson necesitaba el dinero.

-Está bien, después de todo Mycroft sigue pagándome por su departamento.

-Me imaginaba algo así.

La adorable anciana se puso un dedo en los labios y sonrió, después fue a hablar con Mary.

-¡está loca!, nadie va a pagarle eso por un departamento en esas condiciones.- Dijo Mary una vez fuera.

-Sí, creo que la edad ya la está afectando.

-Creo que tendré que seguir rentando con alguna de mis compañeras.

-Creo que eso será lo mejor por ahora ¿quieres un café?

Después del incidente de los departamentos, John decidió que estar con Mary le hacía bien, lo distraía y le entregaba la oportunidad perfecta de regresar de a poco al mundo de verdad. Al mundo de las personas que respiran y trabajan bajo el sol y que dejan atrás las cosas malas, los recuerdos dolorosos.

"Todos sufrimos por algo" pensaba John "todos han perdido a alguien y siguen adelante, yo lo sé, yo era así". A cuantos de sus amigos vio morir en la guerra y había tenido que continuar porque su propia vida estaba en peligro.

Con Sherlock sucedía lo mismo. Él había sido su guerra y la consecuencia de su partida era la terrible monotonía de la normalidad. Una tragedia que hasta ese punto había tenido que afrontar solo, pero ahora estaba Mary.

No había punto de comparación entre ellos y eso no era algo bueno ni malo.

Con Mary pasó los meses más tranquilos de su vida. Normales, pacíficos y también los más aburridos, pero de una buena manera.

Le recordaba a la vida que tenía en casa de sus padres. Las tranquilas tardes sentados viendo televisión, jugando estúpidos juegos de tablero, había dejado esa vida para entrar al ejército (escapado, en realidad, por que para entonces las peleas con Harry ya se habían hecho incontrolables) y luego había regresado a la normalidad.

Luego Sherlock, Luego Mary.

John casi podía trazar una línea a lo largo de su vida y ponerle etiquetas a cada etapa.

Por esos días fue el segundo aniversario de la muerte de Sherlock y John tenía una cita con Mary.

Se levantó temprano y se fue al cementerio, estuvo ahí un par de horas hablándole y después se fue. Las flores que había comprado para Mary se las dejó a él.

La relación había crecido, más de lo que John en un principio imaginó, así que a los meses de empezar una relación más formal que una simple cita, se fueron a vivir a un departamento bastante más cerca de Baker Street de lo que John se había creído capaz de soportar.

En un par de semanas John comenzó a hacer cosas que no había hecho en mucho tiempo como visitar a la señora Hudson y llamar a Molly (la pobre muchacha se puso a llorar por teléfono cuando escuchó su voz) y comenzó a hacer otras que jamás había hecho, como comprar cortinas, muebles y comenzar a armar un "hogar".

Aunque había algo familiar en todo eso de vivir con alguien, por supuesto no podía decir que era lo mismo. A Sherlock le daba lo mismo el color de las cortinas o que el suelo estuviera tan lleno de papeles que ni si quiera se veía la alfombra.

Todo era diferente, excepto una cosa, un pequeño detalle que era lo único que unía su vida pasada con el presente y solo por eso John sabía que seguía siendo la misma persona a pesar de todos los cambios: Jamás dejó de visitar la tumba de Sherlock.

El primer aniversario de la muerte del detective John lo había pasado en la calle, escondido. Todos sabían que no estaba bien e incluso Lestrade lo había llamado con serias intenciones de encerrarlo en el calabozo para estar seguro que no haría una locura, pero John le demostró que, aunque la tristeza a veces era demasiada, ya no tenía intenciones de dejar este mundo.

El tercer aniversario de la muerte de Sherlock fue un poco más alegre, si se podía usar esa palabra: Molly lo llamó y se reunieron en Barts, ahí también estaba Lestrade.

Lo normal entre amigos habría sido irse a un bar, tomarse algo en honor al compañero que ya no está, pero se quedaron en la morgue. Molly y Lestrade estaban de acuerdo en que era lo que Sherlock habría querido.

Fueron un par de horas hablando, recordando, incluso riéndose, pero pronto John tuvo que irse. Era un hombre comprometido ahora, y aunque le habría encantado ir a Baker Street para seguir recordando, riendo hasta ponerse a llorar y desmayarse detrás del sofá como ya lo había hecho un par de veces, no podía. Ahora tenía otras responsabilidades.

Sus días con Mary pasaban con la naturalidad y la felicidad de una pareja comenzando una vida juntos, con los pequeños detalles que eran grandes momentos de felicidad como cuando les gustaba la misma película, o el mismo libro, o cuando Mary iba a buscar a John al trabajo o cuando los niños de la escuela (que ya lo reconocían) saltaban a su alrededor cuando él la iba a buscar.

El día a día de una pareja feliz, pero nada digno de poner en un blog.

Pasaron dos años y medio. John y Mary se casaron en primavera, todos sus amigos estaban ahí: Molly y Lestrade, la señora Hudson, Sarah, incluso Harriet y su nueva novia.

Hasta que finalmente llegaron los días en los que el único momento en el que John pensaba en Sherlock era de noche, al apagar la luz. Y en sus sueños él siempre regresaba.

Fin del capítulo dos.

Muchas gracias por leer.

La próxima semana publicaré el capitulo tres y como siempre, cualquier comentario es muy bienvenido.