Muchas gracias nuevamente por los comentarios y a todos los que están siguiendo este fic. Me ha costado un poco escribir este capitulo y se que a algunos les costará leerlo, pero les prometo que de ahora en adelante John estará mucho mejor. O quizás no, quién puede estar seguro, después de todo es Sherlock de quien estamos hablando.

Nuevamente gracias infinitas a Ingrid cuyos aportes son invaluables, como siempre.

Sin más preámbulos, los dejo con el nuevo capítulo.

La Tercera Ley

Capítulo Cinco

Eran las siete y John aún no regresaba a casa.

Mary estaba sentada en la sala de estar con el computador encendido a su lado. Había llegado de la consulta inmediatamente a ver qué era lo que John había mantenido en secreto todo ese tiempo, pero en el último minuto, cuando estaba terminando de insertar la dirección, recordó el consejo de Ella. "¿de que servía acudir a una terapeuta si no ibas a seguir sus instrucciones?" Pensó.

Así que cerró el laptop, se preparó una taza de té y se sentó a esperar.

Estaba nerviosa, su cerebro le decía que John jamás le ocultaría algo importante y, que antes de ser esposa era su amiga, una amiga comprensiva como lo había sido antes de casarse. Pero en su estómago tenía un vacío que le decía claramente que algo malo estaba pasando.

La frustración de no poder hacer nada por ayudar a John se transformó en cólera. Al principio había tratado de entender por qué John guardaba secretos, inventando todo tipo de excusas para calmarse a sí misma, pero cada vez que lo miraba, su rostro demacrado era un llamado de auxilio por más que él lo negara.

Miró hacia el computador pero no se movió.


John despertó únicamente para cubrirse con una frazada y seguir durmiendo, había algo en esa habitación que lo hacía sentirse bien y por un momento fue de nuevo el inquilino de 221B que guardaba tomates junto a dedos pulgares en el refrigerador y para quien era algo normal el que las cucharas estuvieran etiquetadas como "Té" "Sopa" y "Humor Acuoso".

Tomó la almohada y hundió la cabeza donde años atrás reposaba la de Sherlock.

Le pareció que aún tenía el aroma de su shampoo, aunque nunca le había puesto mucha atención a ese detalle.

Se quedó dormido de nuevo recordando su cabello negro y rizado ¿en realidad había sido tan negro como lo recordaba? La imagen de Sherlock se hacía cada vez más difusa con el tiempo.

Tuvo un sueño, el cual se desarrollaba en esa misma habitación, donde Sherlock iba de arriba hacia abajo, buscando algo que no podía encontrar, John trató de preguntarle qué era lo que necesitaba pero no podía emitir palabra alguna, así que decidió averiguarlo cuando despertara. Cuando despertó no se acordaba de nada de lo que había soñado.

Durmió plácidamente hasta pasadas las 18:00 horas y, para su sorpresa, mejor de lo que lo hacía en su propia cama.

Despertó desorientado. Miró a su alrededor, el escritorio estaba cubierto por una fina capa de polvo, también los vidrios de la ventana y la silla. Todo tenía un aspecto muy lúgubre, pero se sentía tibio, como si alguien siguiera viviendo ahí todavía. La calavera lo miraba desde la parte de arriba del closet.

Se puso de espaldas para mirar el techo, necesitaba una mano de pintura, pero probablemente ya estaba así cuando ellos vivían ahí, llena de rayones y pintura descascarada. Esos asuntos domésticos siempre le preocupaban a él, no a Sherlock.

Por un momento recordó todas las veces que había estado cerca de Baker Street y no había entrado por temor, tristeza o miedo a encontrar algo que lo dejara tan mal que se tomaría todas las píldoras de la gaveta que tenían en urgencias.

Ahora lo que en verdad tenía ganas de hacer era de quedarse ahí: pintar, cambiar el papel tapiz, limpiar los muebles, ordenarlo todo y quedarse. Convertir 221B en su refugio del mundo.

¿Estaba logrando la ansiada "aceptación"? después de toda esa locura, después de toda la rabia, la pena, la idea de la muerte rondando siempre en su cabeza. ¿estaba sanando de alguna manera? ¿había aceptación para todo lo que había pasado? se preguntó.

Se levantó a duras penas y fue al salón. Sobre la mesa habían un grupo de libros que había pasado por alto, los tomó y los dejó en la habitación de Sherlock, tomó la chaqueta que había dejado colgada la noche anterior en la silla, salió, cerró la puerta y bajó a despedirse de la señora Hudson.


Mary dio un brinco cuando alguien golpeó la puerta. No era John, obviamente, él no golpearía la puerta de su propia casa, pero de todas maneras esperaba que fuera el, miró el reloj, eran casi las 19:00 hrs.

No había regresado en toda el día y estaba comenzando a preocuparse. abrió la puerta.

- Busco al doctor Watson.- Dijo un hombre de edad avanzada apoyado en un bastón. Sonreía.

- Mi esposo no se encuentra en estos momentos, pero si gusta puede esperarlo.- Dijo Mary pensando que otra persona en casa la distraería de pensar cosas horribles. -¿es usted un paciente?

- Lo fui, durante algún tiempo, hace años.- El viejito la miró de pies a cabeza. - No tengo tiempo para esperarlo ahora, pero si pudiera entregarle este sobre por mí, me haría un gran favor.

El anciano le entregó un sobre grueso que parecía contener varias hojas de papel.

- Bueno, será mejor que me retire.- Dijo el hombre sacándose el sombrero, Mary pudo ver que su cabello era muy negro. -Es muy importante que el Doctor Watson reciba este sobre en cuanto regrese.- Dijo el hombre con seriedad, entonces volvió a sonreír. -Muchas gracias señora Watson, adiós.

Mary cerró la puerta y se sentó en el sofá. Por primera vez estaba pensando en John no solamente como un hombre complicado, tal y como lo había dicho Ella, sino que también, como en una persona con un pasado. ¿Por qué cuando lo conoció le dio la impresión que John no había tenido una vida antes ella llegara a su vida? Mary lo sabía, el amor la había cegado y a él también aunque ya no estaba tan segura.

John nunca le preguntó nada sobre su pasado: ¿Por qué había vivido en la India todos esos años?, ¿de qué murió su padre? o ¿por qué, a pesar de ser una profesora de clase media (más bien baja), tenía en su poder una colección de perlas de la mejor calidad?

Mary puso el sobre en la mesita de centro y se quedó pensando en todas las cosas que quería decirle a John sólo para que él confiara en ella. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa.

Pero como si su cuerpo actuara por sí mismo para hacer todo lo contrario a lo que acababa de pensar, Mary tomó el sobre y desgarró la parte de arriba, sacó las hojas y las miró con rapidez.

Las miró de nuevo.

Eran al menos 20 folios de un papel áspero y amarillo, parecía antiguo pero no lo era y estaban completamente en blanco.

Mary pasó las hojas una a una, ¿qué significaba eso? Estaba comenzando a preocuparse cuando vio que la última hoja tenía unas palabras garabateadas en una letra casi incomprensible. Era una dirección.

"427, Candem House"

Esa dirección le sonaba muy familiar, pensó durante unos momentos, esforzándose al máximo.

Las teorías acerca de que era lo que estaba pasando volaban por su cabeza a kilómetros por hora. ¿Había alguien que quería reunirse con su esposo y le estaba mandando mensajes a través de un pobre anciano? ¿Estaba John en alguna clase de peligro? ¿Era John alguien peligroso en sí mismo? ¿Tenía que ver con la guerra como él había dicho o había algo más como sospechaba y temía? ¿Y qué demonios tenía que ver Sherlock Holmes en todo eso?

Desechó las ideas. John era un buen hombre y no le había dado jamás motivos de preocupación, celos o desconfianza.

Entonces ¿Por qué había abierto ese sobre? ¿Por qué, al tocar ese papel, había sentido que si se lo entregaba a John, algo horrible iba a pasar entre ellos?

Aunque el momento terrible era inminente. Pensó ¿Cómo le iba a explicar el sobre abierto? ¿Cómo había llegado a convertirse en el tipo de esposa que no confía en el hombre con el que ha jurado estar el resto de su vida?

Dejó el sobre en la mesa y se fue hacia el escritorio, abrió el laptop. La pantalla brilló y la página que había abierto con la dirección del blog de John, ya escrita estaba aún ahí, esperando que la tecla "Enter" hiciera su trabajo y develara lo que su pasado escondía.

Estaba ahí, a pasos de saber la verdad, pero no quería enterarse de ese modo, quería que John se la contara aunque sabía, muy en el fondo, que no lo haría.

La puerta de entrada se abrió y John entró, con el cabello revuelto y la expresión de quien está feliz de regresar a casa.

Por un momento todo pareció como antes, incluso Mary fue a saludarlo y le dio un beso suave en los labios.

- ¿Dónde estabas?- preguntó Mary eligiendo cuidadosamente las palabras.

- Paseando.

- ¿Durante tantas horas?

- Me perdí.

- Pero tú conoces Londres mejor que nadie.- John la miró y medio sonrió, pero Mary se dio cuenta de inmediato que la sonrisa no era para ella, era como si estuviera recordando algo.

-¿Qué tal si comemos afuera? Conozco un restaurante italiano en Northumberland Street- Dijo John cambiando rápidamente de tema. Tenía el tono de alguien que no quiere discutir, de quien en realidad quiere hacer las paces.

- Claro, deja que busque mi abrigo.

Mary desapareció en la habitación, había abierto la puerta del closet cuando recordó que había dejado el sobre abierto (casi destrozado) con todas las hojas desordenadas sobre la mesa.

No tomó el abrigo, supo de inmediato que esa noche no irían a ningún lugar.

Se asomó por la puerta.

John tenía el sobre en una mano y los papeles en la otra.

- ¿Qué es esto?- Preguntó John

- Un hombre lo dejó para ti, dijo que era un paciente antiguo y que era… importante, por eso… lo abrí.

John la ignoró.

- ¿Por qué lo abriste?

- Te lo dije, porque dijo que era importante.

- La gente usa el teléfono para cosas importantes, Mary, una carta es algo privado.

- Pensé que no había secretos entre nosotros.

- Obviamente no puede haber secretos entre nosotros si vas a invadir así mi privacidad…

- Si me contaras lo que pasa, no necesitaría abrir sobres ni visitar a Ella o…-

John la miró con los ojos muy abiertos.

- Tu… ¿Qué?

- John…

- ¿fuiste a ver a Ella?

- Pero no me dijo nada- dijo Mary adelantándose a la pregunta de John.

- No puedo creerlo, Mary eso es… ¡desquiciado!

- ¿Qué querías que hiciera? No comes, no hablas, vas por la vida como si fueras un fantasma, estas cojeando, hay algo de tu pasado que no me estas contando y cuando te pregunto que es, no me dices nada. Necesito saber qué es para poder ayudarte, John, ¡dímelo!...

- No- John la miró con una expresión que la hizo retroceder. Mary no había visto nunca a John de esa manera. Era la mirada de alguien que está protegiendo algo a toda costa, alguien que guarda un secreto tan importante que lo está destruyendo por dentro.

Entonces lo supo, supo exactamente quien tenía la culpa.

- John, dime, ¿Quién es Sherlock Holmes?. John miró hacia la mesa.

- Sé que él tiene que ver con esto, John dime, ¡Dímelo!... ¿!Quién es Sherlock Holmes!

John estaba paralizado. Sus ojos llenos de lagrimas, de furia, pero no podia reaccionar. Su cerebro revivió la imagen de Sherlock corriendo delante de él por las calles de Londres. Cayendo de Barts. Muerto en el suelo.

- ¿Cómo sabes a cerca de él?. Preguntó con furia contenida en la voz.

- Solo dime quien es - Dijo Mary, ignorando la pregunta. ¿Qué significa Sherlock Holmes para ti?

John sintió como su corazón se detenía, todo el mundo se detuvo en ese momento, y luego comenzaron a martillear en su pecho los frenéticos latidos de un alma destrozada tres años atrás. ¿Cómo podía esperar que resumiera todo lo que Sherlock significaba para el? Sherlock había sido… Sherlock era todo.

John se esforzó por hablar y cuando lo hizo su voz no pareció suya en realidad.

- No - Dijo John -No, no… Sherlock es mi…- se detuvo un momento, el peso de algo que no sabia o que había ignorado hasta ahora comenzó a aparecer en la parte de atrás de su cerebro como una idea lejana.

Sherlock era su amigo, era su secreto. Sherlock era suyo.

- No - Dijo finalmente, tomó el sobre con las hojas, se las metió al bolsillo y se encerró en el baño.

Se afirmó en el lavamanos y se mojó la cara. Lo cierto es que en parte entendía la preocupación de su esposa, se veía tan mal como se sentía, y no mejoraba. Nada estaba mejorando.

John comenzó a llorar nuevamente, como tantas otras veces, pero ahora no podía dejar de pensar .

"Es mío, todo esto que siento es solo mío y no va a terminar jamás"

Lo único que quería era superar todo de alguna manera, como fuera. Seguir con la vida que había tratado de formar en esos últimos tres años.

Se sentó en el suelo, con el agua escurriendo por su cara y sacó los papeles del bolsillo, varias cosas cayeron, sus llaves, un paquete de Mentos, una pequeña lupa y varios papeles pequeños.

Tomó las hojas amarillas y gruesas y las revisó, estaban en blanco.

Había tenido una pelea con su esposa iniciada por un par de hojas en blanco dejadas por algún paciente desquiciado, y rematada por aquella pregunta: "¿Quién es Sherlock Holmes?"

- ¿Quién es Sherlock Holmes? -. susurró John.- en verdad, ¿Quién es Sherlock Holmes?

Echó la cabeza hacia atrás y lanzo una risa triste. Estaba preguntándose cuál de las dos situaciones era peor y cual debería solucionar primero. Si debía preocuparse por que alguien le dejara ese tipo de mensajes y que supiera su dirección o si había llegado la hora de develar su pasado a su esposa con todo y lo que ello significaba.

Sus pensamientos se detuvieron cuando vio la hoja que estaba escrita.

"427, Candem House"

Conocía la dirección porque hacia algunos años un desgraciado psicópata había hecho volar esa y tres casas más para llamar la atención de Sherlock, pero no fue eso lo que le llamó la atención, fue la letra, conocía esa letra, o al menos creía conocerla.

Leyó la línea dos, tres, siete veces y cada vez le parecía más y más familiar.

Era suya, era su letra…pero no, no podía ser. Si, si era… pero ¿Cómo?

El sobre no tenía fecha ni ninguna otra marca.

Se levantó dejando todo lo demás en el piso del baño, fue hacia Mary que lloraba sentada en el sofá y la tomo por los hombros.

- Mary, ¿quién dejo esto?

- ¡No me hables, no me toques!- exclamaba entre lágrimas y cólera.

- Te prometo que si me lo dices te contaré todo lo que sucede, pero es muy importante que me digas ahora ¿Cómo era la persona que dejó este sobre?

- Era un anciano- contesto molesta

- ¿Un anciano? … pero… no puede ser ¿Qué dijo exactamente?.

- Preguntó por ti, le dije que no estabas y le pregunté si era un paciente, me dijo que si, que lo había sido hace años y luego me dio el sobre. John, no me arrepiento de haberlo abie…

- ¿Cómo era?- preguntó John casi desesperado, ignorando las palabras anexas de su esposa.

- Anciano, ojos verdes, se sacó el sombrero cuando se despidió. Tenía el cabello muy negro para ser un…

John se levantó dejándola con las palabras en la boca y salió por la puerta lo más rápido que su pierna se lo permitía.

Se detuvo en la esquina ignorando el dolor y repitiéndose a sí mismo una y otra vez que era sólo un dolor mental, ese dolor no era real y probablemente lo que estaba pasando tampoco lo era pero no importaba.

Se llevó las manos a la cabeza y bajo la luz de la farola sacó el papel y lo leyó de nuevo.

¿Cuántas veces había visto esa letra incomprensible? Muchas y aun así no sabía si estaba en lo correcto o no, pero eso no impedía que el corazón le latiera tan fuerte que se le secó la boca y le comenzó un inquietante dolor en el pecho.

Eran las 19:30 hrs. John extendió el brazo y llamó un taxi.


Mary dejó de llorar en cuanto John salió corriendo por la puerta ¿Qué tenía que hacer? ¿Seguirlo? Después de lo que había hecho si lo seguía probablemente John se divorciara de ella al día siguiente, así que pensó en la segunda peor idea de esa noche.

Fue hacia el computador y apretó aquella tecla que esperaba ser presionada.

La primera entrada era el blog de John, una foto de su esposo aparecía con una información que ya sabía: "Ex doctor recientemente regresado de Afganistán" junto a unas fotografías que no había visto nunca.

"Recientemente", entonces ese blog tenía fácilmente cuatro años.

A medida que iba leyendo las entradas Mary se sentía más confundida y más engañada. Molly, Greg, Sarah, Harry, incluso la señora Hudson. Todos conocían al tal Sherlock Holmes y no sólo eso, eran amigos, habían llegado a la vida de John a través de él y ninguno jamás le había dicho nada, nadie nunca lo había mencionado. Era como si hubiese desaparecido de la tierra y se hubiese convertido en un secreto para todos, algo prohibido de mencionar.

Se le vinieron a la cabeza todos los silencios incómodos cuando estaban con sus amigos y ella preguntaba cómo se habían conocido, las miradas de re ojo, las maneras en las que John siempre cambiaba de tema. Pero no lo comprendió realmente hasta que llegó al final del blog.

La noticia de la muerte de Sherlock, el suicidio del famoso detective.

El video estaba deshabilitado hacía mucho tiempo, pero a Mary no le costó encontrar noticias acerca de ese suceso en otras páginas. De pronto, el Internet parecía estar plagado de información a acerca de Sherlock Holmes. No solamente había sido amigo de John, con quien había compartido departamento y una relación que le costó comprender pero que parecía haber dominado toda su vida durante mucho tiempo, sino que también el hombre en cuestión era una celebridad.

Los ojos verdes le devolvieron la mirada desde la infinidad de artículos que encontró. Y ahí estaba John, su John, a su lado en cada una de las fotografías, sonriendo como solo lo había hecho en las fotos de su matrimonio.

Mary sintió que el vacío de su estómago se tragaba su corazón y su pecho al darse cuenta de lo que había pasado entre ellos.

Pero no importaba realmente. Sherlock era un fraude. Los había engañado a todos y se había quitado la vida vencido por la vergüenza de tener que vivir enfrentándose a la gente que había engañado, entre ellos, John.

Entonces Mary lo comprendió (o creyó comprenderlo) John no hablaba de Sherlock porque era alguien en quien había confiado y que lo había engañado y no sólo eso, era alguien por quien John había sentido y aun sentía algo muy fuerte, tan fuerte que aun estando seis metros bajo tierra y tres años muerto, su recuerdo seguía interfiriendo en su vida.

Leyó la ultima entrada en el blog de John: "Era mi mejor amigo y siempre creeré en el".

John podía haberlo negado en el pasado y podía negarlo ahora, pero la evidencia era irrefutable. Sherlock era un fraude y por fin ellasabía toda la verdad.


John llegó a Candem House, se bajó del taxi y casi le arrojó en dinero al taxista.

Pero cuando tuvo que caminar hacia la puerta todo el mundo comenzó a moverse muy lento.

Las luces se veían apagadas y revisó nuevamente el papel para asegurarse que era la dirección adecuada, a pesar de habérsela aprendido de memoria.

Candem House estaba justo frente a Baker Street y era aquel el edificio que Moriarty había volado tiempo atrás en un retorcido intento por llamar la atención de Sherlock.

John miró hacia su antiguo departamento y por un momento quiso entrar y sacar su arma reglamentaria que aún estaba guardada en una caja pequeña, bajo el fondo falso del tercer estante inferior de la cocina, donde la había escondido para que Sherlock no le disparara a las paredes.

Pero no había tiempo.

Estiró el brazo y tocó el timbre. A pesar de que no sonó, casi de inmediato un hombre apareció con una palmatoria y una gran vela blanca encendida.

- Doctor Watson, muchas gracias por venir. Lo estaba esperando, por favor adelante. El señor llegará en cualquier momento- El hombre tenía un leve acento francés, la piel tostada y un bigote espeso de color claro pero indefinido, era más bien robusto y de su misma altura, su cabello era ralo en algunas partes y de un color amarillo paja.

- ¿Señor?- Preguntó John con extrañeza.

- Sí. Por favor, adelante.

John entró en la casa, la cual estaba fría, oscura y vacía.

- Mis disculpas por recibirlo de esta manera, la instalación eléctrica es reciente, pero lo nuevo no es siempre lo mejor.

- Lo sé, esta casa fue completamente destruida hace un par de años- Dijo John encontrándolo todo más y más extraño a cada momento y disfrutándolo a un nivel puramente inconsciente.

- El señor me comentó algo parecido, por favor, sígame.

El mayordomo (porque solo podía tratarse del mayordomo) lo guió escaleras arriba, John hizo una mueca de dolor al llegar al segundo piso y por un segundo sus ojos se encontraron.

- Me pidió que esperara aquí, no tardará en regresar.

La habitación era oscura y solo había un sofá y una mesita cerca de la ventana.

- El señor me dijo que quizás le interesaría la vista- Dijo el mayordomo indicando la ventana.

John se acercó y miró hacia afuera. La calle estaba inusualmente tranquila para ser más de las siete de la tarde, le extrañó que Speedy's estuviera cerrado, había algo que no estaba bien. Todos sus instintos de supervivencia se pusieron alerta, abrió y cerró las manos varias veces, se esforzó por oír cada cosa que pasaba, cada ruido en la calle, pero no había nadie, no pasaba nada y eso era lo más extraño.

Observó a ambos lados de la avenida: ni un alma la cruzaba ¿Cuándo Baker Street había estado así de desolada? Jamás.

De pronto la luz se encendió en el segundo piso del 221B de Baker Street y los ojos de John miraron instintivamente en esa dirección.

Había alguien de pie frente a la ventana y John podía ver su silueta a través de la cortina. Una figura que no había visto en mucho tiempo.

La silueta de Sherlock.

Pasaron muchas cosas por su cabeza, tantas cosas. Por fin se había vuelto loco, pensó- Su mente al fin se había desconectado, ya no distinguía la realidad de sueños ni de sus locas fantasías.

Quizás estaba muerto. Quizás estaba soñando.

Pero supo que no, no era nada de eso. Todo estaba bien y era Sherlock de pie en la ventana de su antiguo departamento.

Sus labios se abrieron pero no salió ningún sonido, usó cada onza de su fuerza de voluntad para obligar a su garganta a decir el nombre que estaba pensando, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

- Sherlock - Susurró hacia la ventana, creando un vaho en el vidrio al hacerlo. Sin despegar los ojos de la figura estática por miedo a que desapareciera.

Y a pesar de no haberlo oído en tres años y de todos sus miedos de ya no ser capaz de recordar su voz, supo exactamente quien estaba tras él cuando lo escuchó decir su nombre.

- John.

Fin del Capítulo Cinco

La próxima semana ¡el reencuentro!

Cualquier comentario es, al igual que siempre, muy bien recibido.

Laterz!