La Tercera Ley

Capitulo Seis

John tenía buenos reflejos y unos instintos forjados en medio de las batallas de Afganistán.

También tenía nervios firmes y eran muy pocas las cosas a las que temía.

Era un hombre que sabía que, en la vida, hay que hacerle frente a las cosas que tememos, porque nada desaparece solo por que tengamos miedo o no queramos aceptar que existen.

También era un hombre herido por mil sueños. Y había tenido aquel sueño muchas veces.

Sabía exactamente lo que iba a pasar a continuación: Voz, esperanza, giro, decepción. Estaba acostumbrado a la decepción de obtener el mismo resultado siempre y la firme creencia de estar perdiendo la razón poco a poco.

Pero esta vez era diferente. Esa voz, aquella voz en nunca era tan nítida, ni sonaba tan suave. La voz que oía en sueños nunca había pronunciado su nombre con tanta preocupación.

- John - repitió la voz.

A través del vidrio vio que una figura se acercaba a él.

Entonces se giró, tenía que hacerlo. Esa vez la esperanza fue mayor que el miedo a estar solo o a la decepción de no encontrar nada al voltear.

Y ahí estaba.

Reconoció los ojos verde-azulados de inmediato, pero el resto de su cuerpo era el del mayordomo que lo había guiado escaleras arriba.

Sherlock se quitó su disfraz hasta que no fue más que un montón de ropa en el suelo. Su austera vestimenta de camisa blanca y pantalones negros lo hacía verse aún más delgado de lo que recordaba. En realidad se veía miserable, pero John no lo notó. Lo miraba directamente a los ojos.

¿Siempre habían sido tan brillantes? ¿Siempre había sido tan pálido? ¿Tan alto? ¿Siempre había ansiado tanto tocarlo?

John avanzó hacia él, pero su pierna derecha se dobló y todo su cuerpo pareció desvanecerse al dar un paso hacia adelante. El mundo se volvió borroso y todo lo demás fue tragado por la oscuridad de la casa vacía.

Sherlock lo tomó firmemente por los hombros antes que cayera.

- Está bien, soy yo.- Dijo.

John no dijo nada, ni si quiera respiraba.

Obligó a su garganta a emitir algún sonido, el que fuera.

-¿Eres tú?

La pregunta era estúpida y la respuesta obvia, del tipo de preguntas que Sherlock odiaba desde el fondo de su alma. Sin embargo el detective sonrió ligeramente.

- Claro que soy yo, ¿Quién más podría ser?

Recuperó el equilibrio y fue parcialmente consciente de las manos de Sherlock en sus brazos. Entonces se alejó.

En aquel momento supo que no podía ser cierto. Toda la lógica que era capaz de albergar en su cerebro le estaba gritando que no era cierto, que él lo había visto destrozado contra el pavimento, rodeado de un charco de sangre, con los ojos abiertos, tristes. Y había oído su despedida, la nota, su suicidio, Sherlock se había suicidado frente a él, tan claramente y sin lugar a dudas como si hubiese puesto un arma en su boca y presionado del gatillo.

Pero al mismo tiempo sabía que si alguien podía fingir su muerte de esa manera tan espectacular, si alguien podía arrojarse de un edificio de cuatro pisos y sobrevivir, si alguien podía engañar a todo el mundo, sobre todo a él, ese alguien era Sherlock, Aun así…

- No… no, yo te vi, te vi… te vi chocar contra el pavimento… tomé tu pulso - John se acercó un poco y volvió a retroceder sin quitarle los ojos de encima - ¡yo te enterré!

- Enterraste un cuerpo.

- ¡No! ¡Te enterré a ti!

- John…

- Sher… - su nombre se desvaneció antes de ser completamente pronunciado y John pareció volverse un hombre mudo en su confusión. Negaba con la cabeza y respiraba con dificultad.

- Supuse que sería un poco traumante el volver a verme…

- ¿Lo supus…? ¿Un poco traum…? ¿Estás loco? Desapareciste por tres años, Sherlock, tres… ¡tres malditos años!

John se alejó hasta la ventana pensando en los tres últimos años de su vida. Los espantosos tres últimos años de su vida. Muerte, depresión, terapia, felicidad pasajera, confusión, aceptación, angustia. Todo había terminado.

Entonces ¿Por qué aún tenía la sensación de vacío dentro de él? Esa sensación que le decía que algo estaba mal y que jamás iba a estar bien del todo.

- Lo sé, John- Dijo Sherlock -También fueron tres años para mí.

Si John no hubiese estado tan enfadado, se habría dado cuenta de lo eufórico que se sentía en verdad.

Sherlock estaba vivo, pero no había tiempo para sentirse feliz. John no le dio permiso a su cerebro para la felicidad por que en aquel pequeño lugar en su cerebro donde nacían las pocas deducciones que a veces hacía, se estaban comenzando a juntar todas las cosas que habían pasado desde la muerte de Sherlock hasta esa noche.

Sherlock había saltado, estaba vivo, había fingido su muerte, todo era mentira.

Sherlock le había mentido.

John avanzó nuevamente hacia a él. Era como si no se decidiera a qué hacer.

- Tú… tú me enga…

En ese momento Sherlock despegó sus ojos de él y miró hacia la ventana. John se dio cuenta que sus sentidos entrenados habían captado algo que él no podía. Un pequeño ruido había capturado toda su atención.

Susurró algo y tomó a John por los hombros de nuevo, sin darle tiempo a reaccionar.

- John, estamos en el medio del último movimiento del juego que Moriarty comenzó hace tres años. El resto era muy peligroso pero esta es la última jugada, la más importante. La pregunta es ¿me ayudarás?

Sherlock se inclinó hacia el, casi amenazadoramente, mirándolo a los ojos como un animal que tiene la luz de la caza ardiendo dentro de sus pupilas.

La emoción en su voz y la sonrisa en sus labios eran iguales a como John las recordaba y al darse cuenta que jamás, ni en un millón de años olvidaría aquella voz, John sintió un cosquilleo en la parte posterior de su nuca.

- claro que si.

En un rápido movimiento Sherlock apagó la vela, lo tomó firmemente de la muñeca y lo arrastró hasta detrás de la puerta, en un oscuro trozo en la esquina de la habitación.

- Sherlock…

- Shhh- Sherlock le puso una mano sobre la boca -¿Trajiste tu revolver?- John negó con la cabeza, Sherlock lo miró confundido -¿Qué ha pasado contigo?

Sherlock lo presionó más contra la esquina cuando John sintió unos pasos en la escalera. La persona que subía casi no hacia ruido.

John miró a Sherlock. Sólo su perfil se distinguía un poco por la luz que entraba por la ventana, pero podía ver los uno de sus ojos, abiertos, esperando, con la pupila tan dilatada como la de un gato al acecho, sintió la presión de su mano sobre su boca, Sherlock tenía su muñeca tomada tan fuerte que le hacía daño.

John movió su mano y también lo tomó de la muñeca, pero no era para mantenerlo oculto, era para asegurarse que no se desvanecería de repente.

Sus dedos se cerraron alrededor de la pálida y delgada muñeca. John cerró los ojos. Era real.

Abrió los ojos al sentir que alguien había entrado a habitación. Un hombre alto y delgado. Con movimientos precisos acercó la mesa a la ventana y dejó un paquete largo sobre ella, lo abrió y John puso ver la silueta de un rifle.

El corazón se le aceleró cuando vio armarlo con experticia y ponérselo al hombro. Estaba apuntando directamente hacia la ventana de Baker Street.

El disparo fue casi inaudible, pero el vidrio de su antiguo departamento sonó como si hubiese recibido una pedrada, se oyó un grito.

En ese momento Sherlock soltó su muñeca y se abalanzó sobre el hombre de la ventana a una velocidad que John jamás le habría creído capaz.

Se oyeron un par de gritos y John estuvo seguro que los gruñidos pertenecían a su amigo.

El detective parecía una fiera, un tigre saltando sobre su presa. En un segundo lo había derribado y John a duras penas lo había visto moverse de su lado. En la oscuridad, una sola figura se mantuvo erguida.

- Sherlock ¿estás bien?

- Enciende la luz-. Dijo Sherlock con una voz que le envió escalofríos a lo largo de la columna. Era una voz ronca, casi divertida, peligrosa.

- Creí que estaba…

- Enciende la luz, John.

John buscó el interruptor y lo presionó, entonces lo vio con toda nitidez. Sherlock estaba de pie junto al hombre semi inconciente.

Sherlock parecía un fantasma, su cabello estaba un poco más corto y se veía terriblemente cansado. Tenía unas pequeñas bolsas bajo los ojos y una mueca de dolor en la cara.

- ¿Estás bien?- Repitió John.

- Sí. Me lo merezco. No pensé que iba a venir a esta misma habitación, me estoy volviendo torpe.

- Déjame ver.

John se le acercó y revisó la herida a pesar de que Sherlock trató de detenerlo.

- Nada que yo no haya hecho antes.

Sherlock casi sonrió, cuando sintió que el hombre del suelo se movía. Estaba recuperando la conciencia.

- Ayúdame a atarlo.

- ¿quién es?

- Oh, es el Coronel Sebastián Moran, el mejor tirador del Imperio, último de los secuaces de nuestro querido Jim y el único hombre que sabía que yo seguía con vida.

- ¿El ultimo? ¿Cómo sabía que seguías con vida?

Sherlock le pasó la cuerda a John.

- Átale los pies.

- Sherlock…

- ya habrá tiempo para hablar-. Sherlock sacó su móvil y mandó rápidamente un mensaje.

John lo ató firmemente.

- Lestrade estará aquí en veinte minutos. Oh, veo que está recuperando la conciencia-. Sherlock se sentó en el suelo bajo la ventana, mirando a Moran. John se sentó en el pequeño sofá, mirándolo atónito.

Era como si no hubiese pasado un día entre ellos. Cada movimiento que Sherlock hacía, John lo recordaba inmediatamente. Sus gestos, la manera en la que fruncía el ceño, todo su lenguaje corporal era como si fuera un libro favorito que se le era permitido volver a leer después de mucho tiempo. Y cada una de todas esas cosas familiares que John pensó que jamás volvería a ver, lo hacían sentirse en casa por primera vez en mucho tiempo.

Tenía tantas preguntas, obviamente a Sherlock le habían pasado un par de cosas malas en el camino. Se veía completamente agotado, pero seguía siendo el de siempre, aunque había algo inquietante a cerca de la manera en la que actuaba.

Moran despertó y miró a su alrededor, trató de soltarse y, cuando no lo logró, comenzó a gritarle a Sherlock.

- ¡Maldito Demonio!-. Decía, tratando de soltarse de las eficientes amarras de John. -¡Debería haberte matado ese día en el cementerio!

John miró a Sherlock, cuyos ojos estaban fijos en Moran, como si estuviera triste de verlo atado.

- ¿Cementerio?-. Preguntó John, Sherlock no dijo nada, no lo miró, el cerebro de John comenzó a moverse cada vez más rápido.

- John…- susurró Sherlock.

- ¿Que cementerio?

- ¿Cuál crees?-. Dijo Moran. - El mismo cementerio donde le llorabas todos los días.

- ¿Estabas en el cementerio? ¿Me viste?

- Ambos estábamos en el cementerio, a metros de la tumba del buen Sherlock Holmes, casi podía escucharte gemir su nombre.

- ¡Suficiente!-. Sherlock se levantó y le dio tal golpe que Moran quedó sin habla durante varios minutos.

John se quedó con las palabras en la boca, asombrado por la violenta reacción de su amigo.

Pero no podía dejar de preguntar, tenía que saber.

- Sherlock, ¿estabas en el cementerio?

Silencio.

- Sherlock…

- Este no es el momento, John.

- Claro que es el momento, lo vamos a hablar ahora…

Sherlock se acercó tanto a él que John sintió el roce de su respiración en su piel, pudo ver las pequeñas arrugas en su frente. Por un momento sintió miedo de Sherlock, pero cuando habló, su voz sonaba cansada.

- Ahora no, John, déjame terminar esto… necesito terminar esto… por favor.

La puerta de entrada sonó con un gran estruendo antes de que John pudiera hablar y Sherlock se movió hacia las escaleras.

- ¡Por aquí!-. Gritó. Lestrade subió corriendo, miró a Moran y luego a Sherlock.

- No lo puedo creer… lo hiciste, de verdad lo hiciste … ¿es él?

- Si, está vivo y te lo dirá todo-. Dijo Sherlock como si estuvieran continuando una conversación que habían dejado a medias.- Le disparó a Ronal Adair a través de la ventana de sus habitaciones en Park Lane 427, investiga, haz lo que quieras pero llévatelo y haz que confiese todo.

Lestrade, que solo había tenido ojos para Sherlock, como si fuera algún tipo de dios resucitado (que era probablemente como se sentía) dijo casi sin aliento:

- Si lo que estás diciendo es verdad ¿Quién tiene el resto de los documentos?

- Mycroft se pondrá en contacto con el Primer Ministro ¿de verdad crees que te daré acceso a la información que comprueba mi inocencia? ¿a ti?

Sherlock lo miró con ojos furiosos, Lestrade miró al suelo, avergonzado.

- Si necesitas métodos más eficientes para hacer que confiese, llama a Mycroft, ya sabes el número, estará encantado de ayudar.

- ¿Mycroft también lo sabe?ó John.

Entonces, Lestrade reparó en John por primera vez.

- Ah, John-. Miró a Sherlock. - Vaya sorpresa ¿verdad?

- Vete-. Dijo Sherlock y algo en su voz o quizás su mirada, hizo que Lestrade obedeciera de inmediato.

Dos oficiales arrastraron al inconciente Moran escaleras abajo, entonces John lo tomó por un hombro.

- ¿Que fue todo eso?

- ¿Qué cosa?

- El golpe a ese hombre, la manera en la que le hablaste a Lestrade, Mycroft… aparentemente todos sabían que estabas vivo menos yo.

- Moran trató de matarme más de veinte veces y Lestrade me entregó a la policía pensando que yo era un fraude, me parece que tengo derecho a perder un poco de tacto con ellos-. Dijo Sherlock y John pensó que eran buenas razones, pero no esperaba esa reacción de su parte, en verdad no sabía que esperar de parte de Sherlock ahora.

Sherlock sacó un cigarro y se acercó a la ventana.

- Tan sencillo como poner un corderito bajo un árbol y esperar a que el tigre ataque-. Dijo indicando la ventana del 221B. - La señora Hudson debe estar barriendo los trozos, una lástima, era un buen busto mío.

John se acercó.

- ¿Estás fumando de nuevo?

Sherlock encendió el cigarro y le dio una buena calada.

- Estar muerto es muy estresante.

- Entonces… ¿Quién más sabe que estas vivo?

- ¿Contándote a ti? Todos.

John levantó su mano para tocar su hombro, Sherlock seguía mirando por la ventana, luciendo complacido de estar ahí, o de haber atrapado a ese criminal, John no podía asegurar bien por qué.

Pero sus dedos se detuvieron antes de tocarlo, y el peso de lo que acababa de pasar en la última hora le llegó de repente, como si no se hubiese dado cuenta antes.

Las lagrimas le llenaron los ojos. Había regresado, No estaba muerto. Todo lo que había perdido y que había rogado por recuperar estaba ahí, Sherlock estaba ahí.

- Sherlock -. Susurró, el detective lo miró

- Vamos, pregúntamelo -. Dijo.

- ¿Qué cosa?

- Lo que todos me preguntan, John, sé que quieres saberlo.

Sherlock apagó el cigarro contra el marco de la ventana y se giró para quedar frente a él. John cerró los ojos sin decidirse entre hablar o llorar.

- ¿Por qué?-. Dijo, Sherlock parpadeó rápidamente. -¿Por qué me dejaste pensar que estabas muerto?

Sherlock lo miró, perplejo.

- ¿Por qué no me dijiste nada?

La voz de John era un susurro, sus palabras entrecortadas y cuando abrió los ojos, una lagrima cayó sin que él hiciera nada para detenerla.

Pero Sherlock había notado algo más, algo que para el significaba mucho más que las lágrimas.

La pregunta de todos era: ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo fingiste tu muerte? Los gritos variaban, la señora Hudson había llorado y lo había tratado de golpear, también había recibido insultos, sin embargo John, como siempre, iba más allá, tan dentro de él como nadie había llegado antes.

-¿Por qué me dejaste creer que estabas muerto?

Era tan íntimo que dolía, como si hubiese sido una mentira entre ellos y no una gran conspiración que envolvía casi todo el mundo.

Y de todas las buenas razones que tenia Sherlock para lo que había hecho, la única que no quería decir era también la más importante.

No quería pronunciar las palabras "porque había un francotirador apuntando a tu cabeza" más que nada porque a aquella frase le seguían las palabras "por mi culpa".

No quería que John lo odiara por poner su vida en peligro.

- Lo hice para limpiar mi imagen-. Dijo finalmente. - Sabía que era la única manera que me dejarían en paz. Estaba llamando demasiado la atención.

John gruñó bajo.

- Me estas mintiendo.

- no ¿Por qué te mentiría?

- No lo sé, tu eres el que fingió estar muerto durante tres años.

- John, te estas volviendo demasiado imaginativo y no hay motivos, esa fue la razón.

- Tiene que ver con Moriarty ¿verdad? De alguna manera sé que tuvo que ver con él.

- ¿Por qué crees eso?

- Porque no quiero creer que me dejaste atrás porque te aburriste de mí, porque ya no te era útil. No quiero pensar que me mentiste porque soy demasiado estúpido como para ayudarte, no quiero…

- Tonterías, John, ya te dije que no te llevé conmigo porque el resto del juego era muy peligroso, ahora todo está bien y aquí estoy.

John se acercó aún más a él.

- Sherlock, hemos pasado por cosas horribles juntos, han estado a punto de matarme por tu culpa más veces de las que puedo recordar, soy un soldado, no alguien a quien tienes que proteger.

- Eso solo sirve cuando sabes que estas en peligro.

- ¿Qué?

- Nada-. Sherlock miró por la ventana como se estaban llevando a Moran. Le habían quitado las amarras y ahora llevaba unas simples esposas, bufó ante la incompetencia inherente del departamento de policía, ¿Era necesario tener que decirles que el tipo era un criminal muy peligroso? ¿Es que tenía que estar pendiente de todo, siempre?

- Sherlock…

John. Ese era otro problema, pero uno del que no podía ocuparse en ese momento ¿Qué había pasado con John?

Estaba cambiado y lo que fuera que tenía dentro de ese cerebro maravilloso y casi sin estrenar era culpa suya. Había empujado dentro de él toda esa rabia, angustia y la desconfianza.

- ¿No confías en mí?-. Preguntó Sherlock, mirándolo fijamente.

- Hay algo que no me estás diciendo.

- Esa no fue mi pregunta.

John lo pensó. La respuesta era "no, jamás" pero no podía decirlo, en vez de eso dijo:

- La pregunta es ¿Confías tú en mí?

- Siempre-. Dijo Sherlock sin darle tiempo si quiera a terminar de hablar. John suspiró.

- ¿Estas molesto conmigo?-. Preguntó Sherlock.

-¿Por qué es tan difícil para ti decirme la verdad? ¿Por qué me hiciste creer que estabas muerto? Necesito saberlo, Sherlock, lo necesito. Tú no sabes… no tienes idea de lo terrible que ha sido mi vida estos tres años y necesito saber por qué, si tienes una razón… aunque sea una carente de emociones, fría y calculada… aunque sea una razón extraña y cerebral… necesito saber que todo este sufrimiento no fue en vano.

Sherlock dejó de mirarlo y puso su atención en la ventana rota de Baker Street.

- Por favor-. Dijo John.

- Tenía muchos motivos -. Dijo Sherlock después de un largo silencio. - Pero básicamente lo hice porque te necesitaba y sabía que, pasara lo que pasara, estarías bien.

- ¿A qué te refieres con eso?

Sherlock lo miró de nuevo, el verdeazul de sus ojos estaba oscuro.

- Te usé, John. Te usé para que el mundo creyera que estaba muerto y así me dejaran en paz.

John se alejó un paso.

- No…

- ¿Querías la verdad? Esa es la verdad. Tu blog tenía un gran impacto mediático y además fuiste testigo directo… era perfecto.

- Si querías testigos…- John comenzó a respirar con dificultad de nuevo.-…¡la calle estaba llena de gente!

- Gente estúpida, te necesitaba a ti, John, sólo a ti.

- Pero yo… tú no sabías que yo regresaría al hospital.

- Siempre supe que volverías. Te saqué de en medio por que necesitaba tiempo…

- No, no… ¿tiempo para qué?

- Para arreglar mi muerte. Yo arreglé la llamada de los paramédicos, John. Yo te saque del hospital con la excusa de que la señora Hudson había sido atacada, yo estaba tras de todo.

- deja de hablar así, estas mintiendo. John se alejó. ¿No pensaste en cómo me iba a sentir?

- Claro que sí, contaba con eso.

- ¿En serio? ¿Contabas con las depresiones? ¿Las terapias? ¿La angustia? ¿Las veces que casi me mato por tu culpa? ¿¡Contabas con el trauma de me produjo el verte caer y destrozarte contra el asfalto. dime, contabas con eso!

Sherlock desvió la mirada.

- Lamento haberte causado tantos problemas. La situación se me escapó de control no pensé…-. Volvió a mirarlo. - Nunca estuviste realmente solo, John. Había gente cuidándote todo el tiempo, al menos los primeros meses, Mycroft…

- ¿Mycroft lo sabía desde un principio?

- claro, el me ayudó con el dinero.

- ¡me miró a los ojos! ¡Me dio sus condolencias!

John se alejó de el y Sherlock se movió hacia la puerta, estaba nervioso, pero no por lo que John acababa de decir.

- Tengo que ir con Lestrade, tengo un mal presentimiento.

- ¡Estamos conversando...!

- Luego John

En ese momento se escuchó un ruido en la calle. Disparos, gritos, gente corriendo. Sherlock se asomó por la ventana.

- ¡Lo sabía!-. Gritó y salió de la habitación corriendo, John bajó tras él.

Tendido en la calle había un oficial herido, alguien estaba sobre él, presionando una herida en el pecho.

- ¿Dónde está Moran?-. Gritó Sherlock.

- Se escapó, alguien llame a la maldita ambulancia-. Dijo Lestrade mientras corría en la dirección hacia donde había escapado Moran.

Sherlock tomó el arma del oficial que estaba en el suelo y corrió tras Lestrade, seguido de John.

Al llegar a la avenida Lestrade giró hacia la derecha y Sherlock hacia la izquierda.

- Vamos John, ¡corre!

John fue consciente de un pequeño dolor agudo en su pierna derecha, pero siguió corriendo. Nada, absolutamente nada en el mundo iba a hacer que le quitara los ojos de encima a Sherlock hasta que le diera una buena explicación. La rabia que sentía hacia el en ese momento lo ayudó seguirlo.

Sherlock dobló en un callejón y John lo perdió de vista.

- ¡Mierda!-. Susurró.

Cuando llegó a la esquina vio que se trataba de un callejón sin salida. Moran estaba al fondo de este, de cara a Sherlock que se encontraba a unos cinco metros de él. Moran levantó su mano, tenía un arma.

- Quizás quiera decir adiós, Señor Holmes

- ¿finalmente vas a dispararme?-. Dijo Sherlock con los brazos abiertos.

- No

Por un momento, Sherlock pensó que le iba a disparar a él, pero cuando la bala pasó a buena distancia suya supo que estaba equivocado.

- ¡John!-. Susurró.

Sherlock se giró justo a tiempo para ver a John caer al suelo.

Fin del Capitulo Seis