Hola nuevamente a un nuevo capitulo de mi fanfic, esta semana es ligeramente más corto pero bastante intenso. Espero que les guste y, como siempre, soy toda oídos (bueno, en verdad ojos) para comentarios, quejas, ruegos o preguntas.

Nuevamente gracias a Ingrid por su ayuda y sin nada más que decir lean y disfruten.

La Tercera Ley

Capitulo Siete

Sherlock tenía tiempo solo para una cosa: ayudar a John o detener a Moran.

Su cerebro repasaba la información a una velocidad de vértigo:

"Sebastián Moran era el mejor tirador de Gran Bretaña, entrenado en el batallón de la India, donde se adjudicó el título del mejor Shikari, experto en tigres, ostenta un record que no ha sido vencido de 52 tigres muertos. Jamás ha fallado un tiro. Si quería a John muerto probablemente..."

Levantó el arma y se giró hacia Moran. El hombre estaba de espaldas, tratando de escalar una pared baja que lo separaba de su libertad. El ruido del disparo resonó a su alrededor. Moran cayó al suelo y Sherlock se le acercó, apuntándole a la cabeza.

"Sebastian Moran, el único hombre que sabía todo acerca de los planes de Moriarty, su mano derecha, su testigo estrella, su boleto a la rectificación de su imagen y a la vida que tenía antes, su única oportunidad de recuperar todo lo que había perdido"

- Ya no importa-. Susurró. No dijo nada más, apretó los dientes y apuntó a la nuca de Moran.

- ¡Sherlock!

El grito de John rasgó sus oídos.

- ¡NO! ¡Sherlock!

John se levantó y Sherlock corrió hacia él. El arma cayó al suelo pero no le importó.

Entonces, John vio algo que lo hizo perder el equilibro de nuevo. Sherlock lo tomó por los hombros.

- John, ¿estás bien? ¡Dime que estas bien!

- Si…

John lo observó con la boca ligeramente abierta pero sin decir nada, el cerebro nublado por la sorpresa que le produjo la expresión en el rostro de Sherlock. Las palabras eran innecesarias.

Sherlock sacó una navaja de su bolsillo y rasgó con ella la manga de la camisa. Había poca sangre y John sabia que era solo algo superficial, pero no dijo nada, seguía mirando a Sherlock como si fuese algo de otro mundo.

Entonces, John supo que habría valido la pena recibir ese disparo. Habría valido la pena recibir muchos más, para conocer la profundidad de los sentimientos de Sherlock.

Bajo de todas las palabras hirientes, de las frías opiniones acerca de su blog, de las veces en las que Sherlock había parecido más una máquina que un humano, de los tres años que estuvo escondido sin decirle nada. Después de todo eso había algo más, algo que ese disparo había dejado al descubierto.

Los ojos de Sherlock se habían oscurecido y su labio inferior temblaba. John no podía dejar de mirarlo.

Él era tan importante para Sherlock como él lo era para John. Habían lágrimas en sus ojos y su rostro estaba desfigurado en una horrible mueca de angustia.

John sintió como Sherlock tocaba su herida, un rasguño en el hombro.

- Es solo un rasguño-. Dijo Sherlock con voz aliviada pero sin convencerse. - Es solo un rasguño-. Repitió. De pronto John se vio envuelto en un abrazo tan fuerte que al principio no pudo moverse. Pero luego su cuerpo reaccionó. Sus brazos también se cerraron alrededor de su amigo.

- Estoy bien, Sherlock-. Susurró John.

- Lo sé -. Dijo Sherlock, pero no lo soltó

Entonces John estuvo seguro que Sherlock le estaba mintiendo al darle esa explicación del por qué había simulado su muerte y había desaparecido por tres años y el solo pensar en eso lo llenó de rabia de nuevo.

Parecía estar constantemente dividido entre dos estados de animo: completamente confundido y completamente enojado. Y Sherlock era el origen de ambos.

Primero la depresión y ahora esto, parecía que Sherlock gobernaba su vida y lo hacía sentir cosas que John había sentido antes: confusión, tristeza, engaño, amor, pero de una manera que jamás había experimentado.


John se quedó mientras la ambulancia atendía a Moran.

Observó a Lestrade tratar de entender la explicación de Sherlock del porqué del disparo. Escuchó a Sherlock decirles desde incompetentes hasta estúpidos en una amplia gama de palabras. Vio a Lestrade asegurarle que Moran estaría bajo constante supervisión y que, después de todo, no podría escapar aunque quisiera con una bala en el pecho gracias a él.

También estaba ahí cuando Sherlock lo buscó con la mirada, pero no le dijo nada, ni le hizo ninguna señal.

Al cabo de unos minutos, Sherlock se acercó.

- Lo llevarán al hospital, la bala… creen que puede estar en un pulmón.

- Lestrade dijo que él podía comprobar tu inocencia. ¿Es cierto?

- Si

- Eso quiere decir que, si muere, no hay nadie más quien pueda ayudarte-. Sherlock negó con la cabeza.

- Tengo completamente documentados los crímenes de James, pero no…

- ¿James?

- Si, James. James Moriarty. Pero no hay nada mejor que un testigo vivo-. John respiró profundamente.

- ¿Me vas a contar porque es él y no Moriarty el que quiere matarte ahora?

Sherlock lo miró por un segundo y luego giró la cabeza.

- Moriarty está muerto, John, murió hace tres años, el mismo día que yo. Ese…- Dijo indicando la ambulancia. -Era su mano derecha.

John apretó los dientes. -¿Algo más que tengas que decirme?

- No por ahora. ¿Vienes al hospital conmigo? Lestrade va a arreglar el interrogatorio ahí y de paso le pueden dar un vistazo a tu brazo-. Sherlock sonaba como si estuviera ofreciendo un plan excelente para esa noche, estaba completamente seguro que John aceptaría su propuesta y hasta sonrió un poco.

- No ahora-. Sherlock pestañeó rápidamente, no esperaba una negativa.

- Deberías dejar que te revisaran el brazo, John, te acaban de disparar.

- No, no quiero.

- Pero John…

- Sherlock, no -. No fue fuerte como un grito ni suave como una petición, fue una orden.

-Claro. Has pasado por muchas cosas, deberías regresar a tu casa y descansar un poco.

- No quiero descansar, quiero que me digas la verdad.

- No hay más verdad que la que ya te conté. No sé qué más quieres que te diga.

John recordó aquel fatídico día como tantas veces, pero ahora era diferente, al fin podía exigir respuestas aunque Sherlock no quisiera dárselas.

La llamada, las ganas que tenía de llegar a él y la impotencia al ver el abismo que los separaba. Se recordó extendiendo su mano, tratando de alcanzarlo. La confusión de no saber qué estaba pasando, confusión que aun sentía. Y la caída.

Cerró los ojos para alejar ese recuerdo. Sherlock estaba ahí, frente a el, pero aun dolía. Si estiraba su brazo podía alcanzarlo, pero no se movió.

- ¿Por qué me dijiste que eras un fraude? Aquel día en Barts. ¿Por qué me dijiste todo eso? ¿Por qué me hiciste… esto?

Sherlock tenía la respuesta para todo, una respuesta honesta, una razón que el mismo consideraba fuera de su propia naturaleza, pero que era perfecta. Sherlock tenía la respuesta que John quería. Pero cuando habló, dijo algo muy diferente a lo que tenía en mente.

- Era parte de mi plan para limpi…

- ¡No!… ¡no me digas eso de nuevo!, porque tú sabes que no es verdad, acabas de estar a punto de matar a un hombre porque pensaste que me había herido así que no me digas que lo hiciste para limpiar tu nombre, por favor, Sherlock... ¡No soy tan estúpido!

John comenzó a caminar.

- ¡John!

- ¡No puedo hablar contigo ahora, Sherlock!-. John apuró el paso, la pierna le dolía y quería salir de ahí, pero el detective lo siguió, John se giró para enfrentarlo.

- John…

- ¡Hiciste que creyera que estabas muerto durante tres años! jamás… jamás te ha interesado lo que las personas piensan, no te importa lo que digan de ti ¿y ahora me quieres convencer de que convertiste mi vida en un infierno porque de pronto querías que todos volvieran a pensar que eres el infalible y magnifico Sherlock Holmes?-.John lanzó una risa triste. -Si es así, Sherlock, si eso es verdad… entonces esto es todo-. John comenzó a caminar de nuevo y esta vez el detective no lo siguió.


John no sabía a donde ir. La pelea con Mary por el sobre parecía tan lejana y sin importancia ahora, pero tampoco estaba de ánimos para dar ningún tipo de explicación, menos para fingir frente a ella que no le había pasado el hecho más increíble del mundo y que, aunque debería estar feliz por que Sherlock estaba vivo, se sentía usado, despreciado, engañado y estúpido.

Otras veces se había sentido así, muchas veces antes la gente lo había engañado y lo había hecho sentirse estúpido, pero ahora no se trataba de cualquier persona, se trataba de Sherlock. él siempre fue especial, no tenía precedentes para ninguna de las cosas que habían hecho, era su amigo y el solo pensar en sus tres años de silencio, le hacía querer esconderse del mundo, porque eso significaba que todo su sufrimiento había sido en vano y que Sherlock había destruido lo único que los unía: la confianza en el otro.

De todas las personas que conocía solo podía pensar en Molly. Normalmente se habría escondido en Baker Street pero ahora ese rincón del mundo volvía a ser propiedad de Sherlock y el solo pensar en verlo lo llenaba de rabia.

Llegó al departamento de Molly casi en medianoche, se detuvo a pensar en lo mucho que había cambiado su vida en un par de horas, pero no en lo tarde que era para molestar a sus amigos. Tocó el timbre.

La puerta tardó un poco en abrirse.

- ¡John! -. Dijo Molly mirándolo con sorpresa. – ¡Por Dios, estás sangrando!, vamos entra… ¿qué te pasó?

- Sherlock-. Dijo John simplemente, como si ese nombre fuera una completa explicación por si solo. Entró y se sentó en el sofá. -No es nada, sólo un rasguño.

- Oh, así que te lo dijo…

- Si, hace un par de horas.

- ¿y por qué no estas con él? Pensé que estarías feliz que haya regresado.

- También tú.

- Claro, como todos-. Molly examinó la herida y la limpió. -Tenías razón, es solo un rasguño, ¿quieres té?

- Por favor. Dijo, aunque solo podía pensar en un vaso de whisky.

Molly entró en la cocina y John vio que un pequeño gato lo observaba desde la ventana.

- ¿Cómo esta Mary?-. Preguntaba la joven desde la cocina

- En casa, bien-. Dijo John. –Supongo... -Agregó en voz baja yendo hacia la ventana, el gato era blanco y tenía las patas negras, como botas, puso una de sus patitas en el vidrio de la ventana.

- Molly, hay un gato en la ventana-. La muchacha se asomó por la cocina.

- ¡Oh!, si, a veces viene a jugar con Toby

John abrió la ventana para que entrara el gato y este de inmediato corrió hacia la habitación de Molly.

- Solo, no lo dejes entrar, es un caos. Adora a Toby pero mi gato es un poco huraño, es como Sherlock la verdad.

John escuchó sonido de cosas cayéndose y entró en la habitación tras el pequeño gato antes que causara más desastres. Entonces el teléfono del cuarto sonó.

John se puso de rodillas en el suelo y estiró el brazo que no estaba herido para alcanzar al gatito que lo rasguñó y corrió en otra dirección. Mientras el teléfono sonaba y sonaba. La máquina contestadora se activó y John, tratando de ver en la oscuridad, escuchó la voz de Sherlock como si fuera un fantasma que lo perseguía a todas partes.

- Molly-. Dijo la voz y por un momento John pensó que estaba ahí, en el departamento. Su cerebro se tardó un poco en reconocer que la voz venía de la maquina.

- Molly, necesito el expediente secreto de la autopsia que le hiciste a Moriarty y los documentos del caso en el que trabajamos en agosto del año pasado, envíalos con Lestrade.

John se levantó y fue hacia la máquina. Tomó el auricular pero no dijo nada.

- Molly, ¿me escuchaste? Necesito esos informes, tenemos a Moran pero no le queda mucho tiempo. Tienes que enviarlos ahora.

Molly entró en la habitación.

- ¿John?

La voz del otro lado del teléfono susurró.

- John…

John colgó el teléfono mirándola como si la viera por primera vez y fuera la cosa más desagradable del mundo.

- Tu...-. Dijo en voz baja tratando de entender, Molly lo sabía todo, siempre lo había sabido ¿es que acaso todos le habían mentido?

- John, te juro que…

- Tú lo sabias…

- El me hizo prometer que no te lo diría

- No me interesan tus excusas. John respiró con dificultad. tú me viste Molly… tú me viste, viste como estaba, yo… yo casi…

John se congeló un momento al pensar en lo que había estado a punto de hacer llevado por la depresión y sintió ganas de vomitar.

Un escalofrío recorrió su espalda.

- John, porque no te sientas, escúchame…

- ¡No! ¡Me mentiste!, ¡tú también me mentiste! Tú sabes lo que podría haber pasado, lo que yo podría haber hecho… lo que estuve a punto de hacer.

John la miró con los ojos llenos de lágrimas furiosas, había estado a punto de suicidarse, de arrojarse al vacío desde el techo de Barts y Molly había estado ahí, Molly lo habría mirado pasar ventana bajo, por Sherlock, Molly habría guardado silencio y quizás incluso habría hecho su autopsia. Se los imaginó, a Sherlock y a ella al costado de una camilla con su cuerpo hinchado y deshecho por la caída.

- Lo podría haber esperado de Sherlock, ¿pero de ti…?-. Eso fue suficiente para que Molly se pusiera a llorar.

- Lo siento John, pero fue Sherlock, el insistió en que tu no debías saber nada-.

John fue hacia la puerta, los ojos de Molly estaban llenos de lágrimas y murmuraba algo que no se entendía.

- ¡Claro que fue Sherlock!. John regresó hacia ella, por un momento algo peligroso brilló en sus ojos. ¿Cómo podías mirarme y seguir actuando como si fueras mi amiga? ¿Cómo puedes mirarme ahora y decir que fue culpa de Sherlock, que él te obligó a guardar silencio? ¿Qué clase de estúpida excusa es esa?. John se detuvo un momento para recuperar el aliento. Podrías habérmelo dicho en cualquier momento, podrías… esa noche en la que me encontraste en el techo de Barts, tu sabías lo que había estado a punto de hacer… podrías haberte apiadado de mí y habérmelo dicho.

- John, por favor, escucha. Yo traté, traté muchas veces de convencerlo de que debías saberlo, pero Sherlock no quería escuchar, hasta que me dijo que si seguía hablándole de ti ya no se pondría en contacto conmigo.

- y como siempre lo preferiste a él. ¡Oh ya lo entiendo!, por fin encontraste una forma de llegar a él, viste en esto una oportunidad de que al fin te pusiera atención ¿verdad? Siempre habías querido llamar su atención, siempre has querido que él te necesite y esta era la oportunidad perfecta… ¿Cómo pudiste, Molly?

Las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de la mujer, su boca abierta no dejaba emitir ningún sonido. Sabía que ese día iba a llegar, pero esperaba que para entonces Sherlock le hubiese explicado todo a John, todo lo que había tenido que hacer. Para ella tampoco había sido fácil.

- Nunca quise fingir ante ti, John.

- Pero lo hiciste. John tragó con dificultad, se sentía mareado. ¿sabes? ya no importa… no importa nada, me alegra que finalmente lo hayas conseguido, ¡felicitaciones!-. Molly lo miró sin entender, John sonaba pacifico en su furia. - Me alegro que al fin lograras lo que siempre quisiste, que Sherlock confiara más en ti que en mí.

John se le acercó y Molly trató de retroceder, pero ya estaba contra la pared.

- ¿Cómo se sintió, Molly? dejar de ser invisible. Bien ¿verdad? ¿y tener un espacio en su vida?. Es increíble, yo lo sé… aunque debe haber sido aun mejor para ti, debió haber sido magnífico confabular con él. Solos los dos, riéndose de los demás… o tan solo estar con él, era eso lo que siempre quisiste ¿verdad? Incluso si jamas te daba as gracias, incluso si a veces ni si quiera se daba cuenta que estabas con el. La voz de John se volvió un susurro y miró hacia un lado.- incluso si continuaba hablando cuando tu te ibas. De pronto John dejó ver toda la tristeza que tenía, lo frágil que se sentía, pero se recuperó casi al instante.- jamás me imaginé que estarías dispuesta a hacerlo a cualquier precio.

- John…

- Incluso si hubieses tenido que verme morir.

- No, John, escucha…

- El acudió a ti por ayuda y Dios sabe que no puedo entender por qué, pero lo conseguiste. Necesitaba a alguien y fue hacia ti, ¡Felicidades Molly!, ya tienes a Sherlock en tu vida, es lo que siempre quisiste ¿o no? ¡Vamos, corre!, deberías estar ahora a su lado, entregándole los papeles que te pidió, se supone que ahora tú eres su brazo derecho ¿o no?

- Deja de decir eso…

- ¿¡O NO!-. Gritó John y Molly se congeló contra la pared. -No hace falta que me respondas.

- No, no es eso…

- ¡Oh no, claro que no! -. Dijo John en voz alta, con una sonrisa cínica en los labios con la sensación de que todo el mundo estaba en su contra y la ira por Sherlock amenazando con estallar ahí mismo, hacia quien, en el fondo John sabía, solo era una simple persona que se había visto atrapada en las manipulaciones del detective.

- ¿En verdad eres tan estúpida, Molly? El no…-. John fue cuidadoso con sus palabras como si fueran las últimas. No estaba acostumbrado a ser hiriente, pero tampoco lo estaba a ser herido de esa manera y descargarse con alguien que no hacía nada por defenderse se sentía muy bien. -¿En verdad crees que él te pidió ayuda porque siente algo por ti?

- Yo sé que no.

- ¡Claro que no, te estaba usando!… ¡y tú te dejaste usar!, ¿crees que te va a retribuir de alguna manera el que le ayudaras a mentirme por tres años? si esperas que Sherlock te de las gracias… Mírame a mi… éramos amigos y mira lo que me hizo: tres años de sufrimiento innecesario… tu sabes que él no es así, él… no es normal. John la miró de arriba abajo.- pero no sé cuál de ustedes dos es peor.

John fue hacia la puerta y la abrió, estaba a punto de salir cuando escuchó a Molly llorar desconsoladamente, entonces, sin girarse le dijo: - Si hubieses tenido que verme morir… por él, lo habrías hecho ¿verdad?

Pero antes que Molly contestara, John ya estaba en la calle de nuevo.

Fin del Capitulo Siete

Espero sus comentarios, gracias por leer y nos vemos la proxima semana.

Liz.