Hola de nuevo!

Al fin un capitulo más. Veamos si les gusta leerlo tanto como a mi me gustó escribirlo.

Liz

Capitulo Ocho

Mike compró dos cafés y se sentó en la banca junto a John.

Ya era de mañana y la gente comenzaba a salir hacia sus trabajos.

John se había pasado lo que quedaba de noche y parte de la madrugada, deambulando por las calles de la ciudad, sin saber que hacer. Lo único que sabía era que no quería estar solo porque su cerebro repasaba todas las horribles cosas que había estado a punto de hacer y todas las veces que estuvo a punto de rendirse en esos tres años.

Sherlock lo exasperaba, siempre había sido así. No recordaba la cantidad de veces en las que había perdido la cabeza estando con él, pero ¿con Molly? ¿Qué demonios le había pasado?

Se detuvo un momento ¿Por qué se sentía tan culpable? Ella le había mentido, ella…

John alejó ese pensamiento de su cabeza, no valía la pena repasar una y otra vez las mismas cosas, no iba a llegar a ninguna parte y no se iba a sentir mejor.

Además, tenía derecho a sentirse enojado, no se sentía así de decepcionado y frustrado desde que había regresado de la guerra. La horrible sensación de haber sido usado y después desechado por que ya no servía.

Pensó en ir con Mary, ella siempre había estado ahí para él, Molly lo había engañado, lo vio sufrir y aun así había decidido ignorarlo, pero su esposa había estado ahí. Había abierto un sobre misterioso después de que él la ignorara durante días y había estado en todo su derecho, ahora John lo entendía. ¿qué más se puede hacer con alguien que no te habla y no te dice la verdad?

Deseó que Sherlock tuviera algún sobre para abrir, alguna caja que romper, algún lugar donde guardara sus secretos y que el pudiera invadir con su curiosidad, pero cuando se trataba de Sherlock las cosas jamás eran fáciles.

Aunque necesitaba alguien en que apoyarse más que nunca en su vida, su ánimo no estaba lo suficientemente estable como para disculparse con Mary, así que decidió esperar. Además, Mary tenía las mismas dudas que él.

John miró su lista de contactos.

¿A donde podía ir ahora que 221B era la madriguera del lobo?

Entre todas las personas que conocía, llegó a la conclusión que podía confiar en una sola.

Llamó a Mike tratando de no sonar desesperado, pero no podía hacer mucho por disimular en una llamada a las cinco de la mañana, pidiéndole que se reuniera con él en una plaza como si fuera algo clandestino.

Al menos Sherlock y él no eran muy cercanos, seguramente ni si quiera habían hablado durante el último año que el detective pasó en Baker Street. Mike se enteraba de las cosas más que nada por el blog de John y no se podía decir que fueran muy amigos él y Sherlock.

El buen Mike se tardó solo 20 minutos en llegar.

- Así que está vivo.- Dijo sin saber que más decir, después de escuchar una versión bastante resumida de lo que había pasado esa noche.

John fue muy cuidadoso en ser neutral, no quería que nadie supiera lo estúpido que se sentía y lo enojado que estaba. Pensó en las cosas horribles que le había dicho a Molly y, aunque el estimaba que se merecía cada una de ellas, no le enorgullecía haber perdido el control de esa manera.

Normalmente llevaba sus sentimientos ocultos dentro de sí, buenos o malos. Deprimido o alegre, John Watson era siempre el mismo y era más que un experto en sepultar sentimientos incómodos. John había sido siempre bastante predecible, hasta esa noche.

Aunque eran sus horas de sueño las que después sufrían las consecuencias de reprimir sus emociones. Despertando a las tres de la mañana por una pesadilla en la que todavía se veía en Afganistán, en donde aún estaba de aquel lado de la acera viendo a Sherlock caer.

- Si, está vivo.- Dijo John, asintiendo. Era agradable ser quien daba la noticia y no el idiota a quien estaban sorprendiendo a cada momento.

Mike comenzó a reírse con esa risa ahogada y medio asmática que tenía. John lo miró con los ojos muy abiertos.

- Lo siento, pero es que… Sherlock siempre hace esas cosas.

John medio giró hacia él, sin creérselo, ¿lo estaba justificando?. Su ánimo se estaba agriando aún más si eso era posible.

- ¿Qué? ¿Engañar a sus amigos? Mike, sé que Sherlock es espec…

- No, no me refiero a eso. El hace cosas que nadie más haría.- Mike suspiró -Supongo que lo hace porque a él le pasan cosas que a nadie más le pasan. Pero por supuesto tú sabes eso.

- A mí me pasaron esas cosas también, cosas horribles, yo estuve con él durante todo ese tiempo, yo estaba ahí ese día y habría subido a ese techo con él si me lo hubieshe dicho… él… podría haberme pedido ayuda.

Mike sorbió su café en silencio por un momento.

- ¿y dices que en vez de acudir a ti, fue con Molly?

- Si.

- Hmm Hopper-. Dijo Mike como si lo entendiera todo. – Ella haría lo que fuera por Sherlock, siempre ha sido así-. Mike frunció el ceño. - Cuando se conocieron ella era una practicante pero se quedó trabajando en la morgue, hace un par de años estuvieron a punto de despedirla porque un cuerpo apareció sin cabeza, todos supimos que había tenido que ver con Sherlock… ¿en qué crees que lo ayudó?

John suspiró y se dio cuenta que no sabía que era exactamente lo que ella había hecho y se sorprendió por lo poco que le importaba.

- No lo sé.

- ¿Cómo crees que lo hizo? Tú lo viste caer… viste su cuerpo cuando lo pusieron en el ataúd ¿Cómo sobrevivió? ¿Te lo dijo?

John se hundía cada vez más en la banca.

- No.

Mike asintió en silencio.

- Pues no estás haciendo un buen trabajo de investigación.

- Mike…

La voz de John sonó como una advertencia. No quería saber cómo lo había hecho, le daba lo mismo si Molly le había conseguido un cadáver y lo había hecho volar con magia hasta la calle o lo que fuera, no le importaba el "cómo", solo le importaba el "por qué".

- y… ¿está bien? Quiero decir no bien… bien para ser Sherlock ¿es el mismo de siempre?

- Supongo, no he hablado mucho con él.

- ¿No has hablado con él? pero John…-. Mike sonaba asombrado e incrédulo, cuando habló fue casi un reproche. -John, él es tu amigo-. Dijo como si estuviera hablando con su clase de Barts. –Sabes, Sherlock tiene varios amigos, y me gusta pensar que yo soy uno de ellos, aunque sea porque me pide algo prestado de vez en cuando, pero ¿tú sabes a cuantas personas él considera "amigos"?

John no contestó.

- Hay una diferencia, verás: si Sherlock necesita "algo" se gira hacia gente como Molly o como yo. Pero si necesita a "alguien"… siempre acude a ti, tú eres el único en el que él se ha apoyado realmente.

John siguió sin decir nada.

- Deberías hablar con él, para aclarar las cosas, aunque sea solo por curiosidad.

- Si lo veo de nuevo lo voy a golpear-. John cerró los ojos.- no creo poder controlarme.

- Entonces hazlo. Dios sabe que no eres el primero en querer golpear a Sherlock Holmes y ciertamente no serás el primero en hacerlo.

Mike se levantó, solo llevaba una chaqueta sobre su pijama.

- Tengo que irme, ve y habla con él… y me cuentas después.

John asintió, pero tenía miedo de golpearlo tan fuerte antes de dejar que se explicara, que todo entre ellos se arruinaría definitivamente. Tenía miedo de lo que Sherlock podía decirle. No podía arriesgarse a perder lo único por lo que había rogado durante tres años. Pero aún así le hizo caso a Mike.


Durante esos tres años, John se había formado una idea bastante idealizada de Sherlock. En su mente seguía siendo el compañero de piso taimado y peligroso, mimado y malhumorado que hacia berrinches y le disparaba a las paredes y que traspasaba su correspondencia no contestada con una navaja. El mismo que a veces dejaba la calavera en el baño por que le apetecía tener una conversación mientras tomaba una ducha ya que John se había negado rotundamente a acompañarlo.

Pero todas esas cosas que en la vida real lo hacían rasguñar las paredes de irritación, en su mente eran los recuerdos más preciados que tenía. Incluso el violín a las 4 de la mañana o la habitación llena de papeles. Incluso cuando le gritaba que necesitaba un caso.

El único lugar del mundo en el que podía y debía estar en ese momento era con Sherlock. Tenía tantas cosas que preguntarle, y el tenía tantas cosas que aclarar. Iba a pedirle, en nombre de su amistad, si es que quedaba algo de eso después de tres años de ausencia, que le contara la verdad, toda la verdad y entonces el juzgaría, por primera vez y según sus propios estándares, si era o no posible que algún lazo entre ellos pudiera ser reanudado.

Porque en ese mismo momento, John sentía que cada una de las cosas que alguna vez los habían atado: su tiempo juntos, sus risas, los casos, el peligro de muerte, la necesidad del uno por el otro, la confianza, cada uno de esos gruesos hilos se habían cortado y las tijeras estaban en manos de Sherlock.

Así que fue a hablar con Sherlock, pero sin ver a Sherlock en realidad.

John fue al cementerio. Un plan perfecto, podría hablar hasta aclarar todo de su lado, liberar un poco la frustración que sentía.

Mientras miraba la lápida oscura y brillante, comenzó a pensar que todo era más fácil cuando Sherlock estaba muerto.

Podía pensar en él sintiéndose miserable, no usado. Podía tratar de suicidarse porque lo extrañaba, no porque lo había engañado. Podía aceptar que Sherlock había sido la persona más especial en su vida y fantasear con la idea de que él mismo había sido especial para Sherlock, aceptando que jamás iba a saber la verdad. Todo había sido más fácil, porque podía acabar en cualquier momento.

John se sentó frente a la lápida. Tenía tantas cosas que decir, tantas cosas guardadas dentro del pecho y que no podía encontrar palabras para expresar.

cuando al fin pudo ordenar un poco sus pensamientos, lo único que salió de entre sus labios fue:

- Yo creía que era especial.

No se dio cuenta de cuando empezó a llorar, solo sabía que le dolía la garganta y que estaba diciéndole a la lápida todo lo que quería decirle a Sherlock si no tuviera tanto miedo de la respuesta.

- ¡Mierda, Sherlock!, de todas las personas en el mundo, de todos los que te conocen y a quienes conoces y a quienes podrías haber usado y destruido y guiado a su propia muerte… ¿Por qué yo? ¿Por qué tuviste que destruir mi vida? Tu sabes que… sabias de mis pesadillas, de las veces que me atormentaban los recuerdos de la guerra, ¿porque darme una razón más para despertar llorando por las noches? No sólo me quitaste lo más especial… lo más extraño y maravilloso que me ha pasado en la vida, no solamente me negaste tu presencia durante tres años, yo casi... tú me…- John bajo la cabeza, llorando como solo lo había hecho un par de veces en su vida. - Es como si algo se hubiese roto dentro de mí y no sé si podrás arreglarlo, aunque estés aquí de nuevo… no sé si tu podrás arreglarlo y tengo miedo de que nada vuelva a ser como antes. ¡Y todo es tu culpa!- Exclamó John con un grito que resonó en el cementerio. John se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta y se puso de pie.

- ¡Todo esto es tu culpa! Ahora, seguramente estas en Baker Street tocando el violín, hablando con tu puta calavera, fumando o ¡metiéndote quizás que porquería en las venas! ¡No puedo creer que haya decidido confiar en ti!, de todas las personas que conozco, ¡Eres el que menos se merece, aunque sea un poco, mi confianza, no te mereces ni una lagrima más, ni una maldita razón me va a convencer de que lo que hiciste era lo correcto o que tenías que hacerlo! ¡No me importa si querías limpiar tu imagen o si estabas salvando al mundo! No me importa si el desgraciado de Moriarty sale de la tumba y te amarra a miles de bombas! ¡No me importa nada! ¡Jamás volveré a confiar en ti y esto se acabó!

John tomó una pala que había a un costado y la levantó sobre su cabeza.

- ¡A la mierda contigo Sherlock Holmes!

Descargó la pala sobre la lápida con estruendo, el daño no fue mucho así que repitió hasta que el mármol negro se partió y comenzó a caerse a pedazos.

- ¿¡Por qué me mentiste! ¿¡Por qué me pagaste de esa forma cuando yo fui el único que seguía creyendo en ti! ¿¡Dime que hice mal!-. Gritaba John como si la lápida le fuera a responder mientras los trozos negros seguían cayendo.- ¿¡debería haberte apuntado con el dedo como lo hizo todo el mundo! ¡Quizás así me habrías tomado enserio!

- y ahora regresas... ¿¡No era mi vida lo suficiente miserable contigo muerto! ¿¡Por qué volviste! ¿¡Qué quieres de mí ahora! ¿¡Por qué aún me sigues mintiendo!

Entonces John se detuvo. ¿Y si estaba equivocado? ¿Y si Sherlock le estaba diciendo la verdad? ¿Y si lo había usado y él solo actuaba bajo el delirio de que había otra razón? ¿Por qué esperaba que hubiese otra razón? ¿Qué razón podría ser esa? ¿Qué esperaba, una confesión de parte de Sherlock? ¿Qué clase de confesión estaba buscando?

Bajó la pala sin fuerza y la arrojó al suelo. Cayó de rodillas, con el rostro enterrado en las manos, no sabía qué hacer, necesitaba que alguien le dijera que hacer, cómo sobrellevar toda la angustia que sentía.

Se acercó a la lápida y se inclinó, poniendo la frente sobre lo que quedaba de ella. Cerró los ojos.

Perdió la noción del tiempo, dormitando sobre los restos de mármol cuando una voz a su lado lo hizo reaccionar.


Mary se paseó por la casa entrando y saliendo de las habitaciones, doblando ropa, cambiando las cosas de lugar. Tomó un libro y trató de leerlo pero lo dejó sobre la mesa a los pocos minutos. Tomó su celular con la intención de llamar a John pero lo dejó también sobre la mesa.

Como no sabía qué hacer ni donde poder encontrarlo se fue a la cama. No durmió mucho y en cuanto amaneció tomó su abrigo y salió. Tenía una vaga idea de donde John podría estar. Él siempre se apoyaba en sus amigos, descartó a Sarah, a Mike y a Molly porque ellos trabajaban durante la mañana, la única que estaba todo el día disponible (y que otras veces había estado ahí para ellos) era la señora Hudson.

Mary tomó un taxi.

- Al 221 de Baker Street, por favor.

Mary no dejó de repasar los nombres de las personas que conocían durante todo el viaje. Cuando el taxi se detuvo prácticamente le arrojó el dinero al conductor y saltó del vehiculo.

Corrió hacia la puerta y golpeo una y otra vez, pero nadie aparecía.

- ¡Señora Hudson! ¡Soy yo, Mary!

Comenzó a golpear más fuerte, estaba segura que John estaba ahí dentro y estaba dispuesta a echarla abajo a gritos, cuando la puerta se abrió intempestivamente y un hombre apareció.

Su primera impresión fue la de estar viendo un fantasma y claro que lo era.

El cabello oscuro, la mirada de desprecio, el abrigo largo, la bufanda, la piel pálida, era mucho más alto de lo que había imaginado.

- Sherlock…

Iba vestido de negro y sus ojos verdeazulados relampaguearon con algo que Mary estuvo segura era furia cuando se encontraron con los suyos. Se hizo a un lado mirándolo con los ojos muy abiertos.

Sherlock no se detuvo y si escuchó que decía su nombre ni si quiera se inmutó, pasó por su lado, hizo parar un taxi, se subió rápidamente y desapareció de su vista.

En cuanto Mary se recuperó de la impresión entro en la casa corriendo.

- ¡Señora Hudson!

- ¡Mary querida!

La anciana bajó las escaleras, con claros signos de haber estado llorando, la abrazó muy fuerte.

- ¡Señora Hudson! ¿Qué pasó?

- ¡Sherlock, Mary!, ¡Sherlock está vivo!, ese muchacho… siempre supe que algún día haría algo así. Casi me mata del susto, apareció en mi departamento pidiéndome prestado el teléfono igual que antes, como si no hubiese pasado nada.

- Señora Hudson…. ¡Martha!-. Mary levantó la voz por que la mujer estaba tan emocionada que no dejaba de hablar y reir -. ¿John está aquí?

- ¿John?-. La señora Hudson la miró como si hubiese recordado algo muy importante. - ¡Oh, por Dios!, ¡John tiene que saberlo!, pobre John…

- ¿Entonces no está aquí? ¿No ha venido?

- No, no lo he visto desde ayer.

- ¿Ayer estuvo aquí?

- Si, durmió un par de horas en la habitación de Sherlock y después se fue, eso claro fue antes que Sherlock regresara… ¡oh, esto es como un milagro!

Mary suspiró, decepcionada.

- ¿Por qué nunca lo nombró, Cuando hablábamos?

La señora Hudson puso una mano en el hombro de la joven mujer.

- Querida, hay cosas que de las que no se hablan, por mucho que queramos hacerlo. El dolor de John por la pérdida de Sherlock… digamos que yo también lo sentía y nos evitaba a ambos el dolor de recordarlo, es todo.

- John jamás me dijo nada de él, nunca, ni una sola palabra.

- No tiene que ver contigo, Mary. Ve y pregúntale, ahora que Sherlock regresó no hay razones para que oculte las cosas.

- Pero no sé dónde está.

Mary estaba comenzando a aburrirse de ese constante juego del gato y el ratón que llevaba con su esposo, pero cuando tomó el taxi supo inmediatamente donde podría estar John.


Tal y como esperaba, John estaba en el cementerio, el darse cuenta que aún lo conocía le llenó el pecho de alegría y al verlo, de rodillas frente a la lápida destruida de Sherlock un sentimiento de protección nació en ella.

Olvidó los secretos, las cartas, las mentiras, lo único que quedaba era la figura de John con a frente sobre la sepultura destruida y las ganas de abrazarlo y protegerlo.

Se acercó y le puso una mano en el hombro.

- ¿John?

John levantó la vista, llevaba agachado y con los ojos cerrados tanto tiempo que a penas la reconoció.

- ¿Mary?…

La mujer se arrodilló a su lado y lo abrazó. John la rodeo con sus brazos, llorando, tratando de que el nombre que tenía entre los labios no se escapara. "No vale la pena seguir llorando por él" repetía en su mente una y otra vez, tratando de convencerse.

- Ya no tienes que contarme nada, leí tu blog-. Dijo Mary y a John no le importó. -Ya lo sé todo, no tienes que decírmelo, sé que Sherlock te mintió.

Mary se refería al fraude, había caído en la misma trampa que el resto del mundo, pero John solo podía pensar en la mentira de su muerte y ¿Qué más daba? Ambos eran engaños al fin y al cabo. Uno hacia el mundo, el otro hacia a él, y tenía muy claro cual era el peor de los dos.

Mary le pasó una mano por la cabeza, como lo hacía cuando alguno de sus alumnos estaba triste y buscaba consuelo en ella.

- Estarás bien, saldremos juntos de esto, ya no tienes que llorar solo, John, ahora estoy contigo.

John siguió llorando abrazado a Mary, pensando que quizás había llegado el final de ese horrible capitulo en su vida.

Sherlock estaba vivo ¿Qué importaba el cómo o el por qué? Él estaba casado, tenía una vida que continuar, las cosas entre los dos jamás iban a volver a ser iguales pero podían llevar una cordial amistad, y ahí estaba Mary, abrazándolo, acompañándolo, preocupada por él, como siempre. Jamás lo había dañado y si alguna vez había actuado de manera inesperada o equivocada había sido su culpa y no de ella. No tenía nada que reprocharle.

Sherlock seguiría en Baker Street y el seguiría con Mary, saber que estaba vivo era suficiente. Al menos estaba vivo y ahí terminaba todo.

- Vamos a casa-. Susurró Mary en su oído y John asintió. Estaba tan cansado de escapar de la gente, de sentirse estúpido y humillado, solo quería alguien que lo cuidara un momento, solo un momento y sabía que ese alguien no sería Sherlock.

Al llegar a la puerta del cementerio, el celular de John sonó. Era Mycroft.

Sabía que si no lo contestaba iba a ser peor, lo conocía, pero en ese momento no podía importarle menos lo que alguno de los hermanos Holmes pudiera decir o hacer. Mala idea.

Iban de camino a casa cuando el famoso auto negro obligó al taxi en el que iban a orillarse. Mycroft bajó como si aquello le resultara sumamente desagradable.

John bajó del taxi.

- Espérame aquí-. Le dijo a Mary.

- John, ¿Por qué no contestas mis llamadas?. Mycroft extendió su mano, John no se la dio.

- ¿Qué más da? ¿Qué es lo que quieres?

- Necesitamos hablar.

- te espero en mi casa.

Por una vez, sólo por una vez John quería estar en un lugar en el que él tuviera la ventaja, no en el Club Diógenes, no en Baker Street, no en las oficinas de Mycroft, sino que en su propia casa, ahí se sentiría con el derecho necesario de decirle a Mycroft que bien podía ir a molestar a otra persona, que ya no le importaba nada cerca de ellos.

Mycroft miró a Mary, que estaba bajando del taxi y cerrándose el abrigo debido al viento.

- Lo que sea que quieras decirme, lo puedes decir en frente de mi esposa-. Dijo John, desafiante.

Mycroft pasó su mirada de Mary a John.

- ¿De verdad?

- Si

- Necesitamos hablar de Sherlock, John.

Su tono lo dijo todo. Mycroft sabía algo y estaba dispuesto a decírselo.

John se giró a ver a Mary, ella estaba segura que ahora era otra parte de la ecuación, que John no volvería a dejarla fuera de lo que fuera que estaba pasando.

Se le acercó y lo tomó del brazo.

- Vamos a casa, él puede seguirnos en su auto.

- No.

John no la miró, pero le dio un beso en la mejilla y la llevó de regreso al taxi.

- Espérame en casa, regreso pronto.

Mary abrió la boca para reprochar, pero John se fue con Mycroft y para cuando se recuperó de su asombro, el auto negro ya era una mancha que se alejaba cada vez más por la carretera.


La mesa circular estaba servida para el desayuno a pesar de ser más de las 9 de la mañana. Mycroft de un lado, John del otro, nadie más en la enorme sala y el mayor de los Holmes lo miraba sonriendo.

- Por favor, come algo, John. Te ves miserable.

- No necesito que me lo digas.

Lo cierto es que John estaba famélico, se habría comido todo lo de la mesa aunque Mycroft no le hubiese dicho nada. Tomó una tostada y sorbió el café.

- ¿Y tú, no vas a comer?-. Preguntó John

- Oh no, desde que se descubrió el juego de Sherlock he vuelto a seguir mi dieta.

John recordó su pequeña reunión hacia un par de meses en la que Mycroft había tragado pasteles como si fuera el fin del mundo.

Entonces recordó que Mycroft lo sabía, siempre lo supo y tampoco le había dicho nada. Sintió la urgencia de decirle algo, tenía ganas de gritarle igual como lo había hecho con Molly y lo habría hecho, si con eso hubiese conseguido algo. Lo cierto es que sabía que, lo que había hecho llorar a Molly a Mycroft solo le produciría un levantamiento de cejas.

- ¿Te encuentras bien, John?

- Si, solo estaba pensando en el gran hijo de puta que eres-. Mycroft enarcó una ceja. - "tal como lo supuse"-. Pensó John. - ¿Qué quieres, Mycroft?

- Esto no es fácil de aceptar, John-. Dijo Mycroft mirando la taza que tenía en frente como si fuera el objeto más interesante del mundo. -Los fracasos familiares no son algo que me enorgullezcan, sobre todo después del gran esfuerzo que madre y yo pusimos en Sherlock desde que era un pequeño, pero cuando un trabajo está bien hecho, hay que valorarlo.

John mascó lentamente, sin concentrarse en verdad en la comida.

- Lo cierto es que tú lograste en pocos meses lo que ni madre ni yo pudimos lograr en años.

- ¿Qué cosa?

- Que Sherlock se sintiera incomodo consigo mismo.

John lanzó una carcajada que resonó en la habitación. -Sherlock siempre se ha sentido cómodo consigo mismo, es la persona más en paz consigo mismo que jamás he conocido, sin remordimientos ni arrepentimiento.

- No, no es así, para nada-. Lo corrigió Mycroft. -Sherlock tiene una gran personalidad, es diferente. Contigo se siente tan a gusto que ha aceptado que hay cosas que tiene que cambiar. Ahora come, duerme, es más humano y eso, todo eso, es gracias a ti… bueno, al menos el Sherlock anterior.

- ¿Anterior?

Mycroft miró a su alrededor y la expresión de su rostro cambió como si lo que iba a decir le doliera mucho.

- Mi hermano, John, es una criatura herida. En el estricto sentido de la palabra siempre lo fue, pero ahora las cosas resultaron ser mucho más difíciles de lo que él mismo había planeado.

- ¿Por qué?

- Porque se ha dado cuenta que no todo gira entorno a él, mientras más gente hay involucrada en su vida, más complicado se vuelve todo y a Sherlock le gustan las complicaciones, pero cuando está seguro de poder manejarlas, esta vez… tener todo bajo control le costó demasiado caro y él no había tomado eso en cuenta.

- Fingió su muerte, Mycroft, salió con vida, se salió con la suya, yo no creo que él crea que el precio fue demasiado alto.

- Pero lo fue. Mycroft fijó sus ojos en los de John con una expresión casi incrédula.- ¿en verdad tu fe en Sherlock es tan grande?

- ¿Perdón?

- En verdad crees que mi hermano subió a esa azotea con todo planeado meticulosamente? Apenas tuvo un par de horas para armar un plan. Sé que a veces puede parecer una máquina, pero no lo es. No sabía si todo iba a salir bien-.

Mycroft se inclinó hacia él, como si quisiera que lo que estaba a punto de decir fuera completamente captado por el cerebro de John. - Sherlock en verdad pudo haber muerto ese día, John y aun así saltó ¿sabes por qué?

- ¿Por qué?

- Porque no habría habido ninguna diferencia.

John lo miró confundido. - ¿Qué demonios quieres decir?

Mycroft frunció el ceño, cuando habló sonó profundamente ofendido. - ¿No has dejado que Sherlock te explique?.

- No lo he visto desde que atrapó a Moran.

Mycroft pareció perder la compostura por un momento, pero respiró profundamente mirándose las uñas y se calmó. - Durante estos tres años he visto a Sherlock pasar por diferentes etapas, claro que solo lo veía cada cierto tiempo y cada vez estaba peor. Me avergüenza decir que solo me necesitaba por el dinero que usaba para pagarle a sus fuentes, no le importaba realmente si yo estaba ahí y la mayoría de las veces ni si quiera se daba cuenta que estaba con él. Podría haber mandado a otra persona, él no habría anotado la diferencia, pero aun así, siempre preferí verlo con mis propios ojos.

Mycroft miró hacia su derecha, recordando algo que, aparentemente, le producía mucho dolor.

- Destruido. Esa es la palabra que usaría para describirlo: completamente destruido.

John levantó una ceja así que Mycroft decidió elaborar en torno a la idea.

Decidió contarle lo justo y necesario a cerca de los asuntos de su hermano en sus tres años desaparecido, después de todo, Sherlock lo había hecho por él y nadie había tenido la delicadeza de decírselo, Dios sabe por qué.

-Muchos de los esbirros de Moriarty fueron aniquilados por… bueno, por otros esbirros de Moriarty, antes de que Sherlock llegara a ellos. A los que quedaron con vida, Sherlock los rastreó hasta darles caza, él sólo, John. Jamás aceptó la ayuda de nadie y exigió que no se supiera nada de su paradero. A algunos los sobornó para que entregaran los documentos que acreditaban las participaciones de Moriarty en toda clase de ilegalidades: testimonios, grabaciones, registros, todo. Pero a otros no les gustó la idea y decidieron ponerle precio a la cabeza de mi hermano.

- Sherlock sigue con vida, John y jamás aceptó ayuda de nadie aun en una situación de vida o muerte como aquella ¿Qué sacas en limpio de esto?

John se estremeció. - ¿Sherlock? ¿Él los…?

- Algunos prefirieron morir a revelar una información que de alguna manera u otra significaría su muerte.

Un largo silencio cayó sobre ellos.

- ¿Él los mató?

- como te dije, era un asunto de vida o muerte y Sherlock ya no tenía nada que perder. Para todos estaba muerto y nadie lo lloraría dos veces.

- ¿Por eso está actuando tan diferente?. John lo sabía, el quitarle la vida a una persona podía cambiar mucho a alguien ¿era eso lo que estaba afectando a Sherlock? ¿Qué otras cosas horribles había hecho? ¿Por qué no buscaba ayuda en él? John jamás había dominado sus sentimientos por si mismo. Para superarlos necesito terapia, necesitó a Ella y necesitó a…

- Le está costando volver a lo que tenía antes, John. A la tranquilidad de dormir en una habitación con ventanas hacia la calle, hasta eso se le hace difícil ahora, mi hermano… Sherlock jamás ha sido un hombre cobarde ni atormentado por los recuerdos de las cosas que ha hecho. Pero jamás había pasado por una cosa así. Hay algo roto en él, algo que tomó tres años en romperse y me temo que no será fácil repararlo, para eso el...

- me necesita-. No fue una pregunta, John ya no estaba hablando con Mycroft. Era algo que sabía, que siempre había sabido ¿Cómo pudo ser tan estúpido?

- Siempre te ha recordado con el más grande de los cariños, John, aunque te haya mentido y te haya usado porque, seamos honestos, tú y yo sabemos que él te usó, no hay manera de suavizar esa verdad. Pero incluso lejos y atareado como estaba se las arregló para hacerte llegar sus disculpas.

John ladeó la cabeza. - ¿Disculpas? ¿Cuáles disculpas?

Mycroft sonrió ligeramente. - Aunque las haya tenido que dar yo: "Sé que has pasado por muchas cosas y estoy feliz de que hayas logrado rehacer tu vida. Sólo espero que algún día puedas perdonarlo". ¿En realidad creíste que eran mis palabras?

John abrió la boca pero ningún sonido salió de ella. De pronto su mente se sentía ligeramente liberada de un peso enorme, estaba comenzando a entender las cosas que Sherlock le había ocultado. Sherlock tenía un sobre misterioso, era Mycroft y acababa de abrirse.

- ¿Y…y el viaje?

- Fue su idea

- ¿Por qué?

Mycroft dudó un momento. - ¿Eres feliz, John?

- Creí que estábamos hablando de Sherlock

- Oh, estamos hablando de él, por eso la pregunta ¿eres feliz, John?-. Repitió Mycroft.

- ¿Que tiene que ver mi felicidad con Sherlock? Déjame decirte que no son dos términos que se asocien fácilmente-. John sintió su rostro arder, ambos sabían que eso era mentira.

- ¿Que importa eso?-. Preguntó John, ligeramente a la defensiva.

- Porque Sherlock cree que lo eres, genuinamente feliz en tu aburrida vida normal, John.

- Claro que…

- Sé honesto, John. lo cortó Mycroft.

- Disculpa por no confiar en ti, digamos que no eres el "señor discreción".

Mycroft lo miró furioso y golpeó la mesa. - ¿Acaso no he pedido perdón lo suficiente? ¿No he hecho todo lo que tengo en mis manos para arreglarlo?

John se inclinó hacia él. -Sí, pero fue tu hermano el que tuvo que saltar de un edificio.

- No soy responsable de las locuras de Moriarty tampoco de las de Sherlock.

- ¿Cómo puedes ser tan hipócrita?

- ¿Por eso no vas a contestarme? ¿Por mi… indiscreción con Moriarty?

- Linda palabra… pues digamos que el único secreto que si supiste guardar tampoco reafirma mi confianza en ti.

- John, es importante que me lo digas. Es vital que seas absolutamente honesto conmigo.

- ¿Por qué?

- Porque hay algo a cerca de Sherlock que no sabes y cuando lo sepas puede cambiar todo.

- ¿A qué te refieres?

- Contesta primero.

- No.

- John-. Mycroft suspiró. - Sherlock me mataría si sabe que te dije algo sin estar seguro de tu respuesta, pero hay una razón de peso, una razón monumental por la que deberías hablar con él, pero no para darle una oportunidad de que se explique, si no para perdonarlo y quizás, agradecerle lo que hizo.

- ¿De qué…?

Mycroft se levantó. -Si la respuesta a la pregunta que te hice es "Si", regresa a tu casa, ve con Mary y eventualmente llama a Sherlock, el estará encantado de tener tu amistad nuevamente. Si la respuesta es "No" entonces ve con él en este instante y no pierdas ni un minuto más-.

John se levantó.

- Así que, John ¿Qué vas a hacer?

Fin del Capitulo Ocho

Hola de nuevo! espero que este capitulo les haya gustado, aunque creo que fué excesivamente largo.

Ahora, a esperar hasta la próxima semana.

Y recuerden, cada vez que no comentan, Moffat golpea a Gatiss con el script de "The Fall".

Besos y gracias por leer!

Liz