Hola nuevamente y perdón por la espera.

Cada vez que me tardo más de una semana en actualizar me siento como una mini Moffat y el sentimiento es horrible, yo aspiro a ser más como Gatiss: mucho horror y slash! pero a veces el tiempo no alcanza.

Este capítulo está dedicado a mi buena amiga Zelda Satine en agradecimiento por sus descabelladas ideas y múltiples devaríos con los que hace de mi vida algo entretenido y a veces hasta peligroso.

Por fin les presento el capítulo 13.

Capítulo Trece

Molly abrió la puerta y ni siquiera tuvo tiempo de hablar cuando John la abrazó.

- Perdóname. - Dijo John separándose de ella y mirándola a los ojos. Molly dejó caer la pelota de juguete que tenía en la mano y lo miró sin decir nada. Toby apareció, mirando a John como si fuera transparente y dio un maullido a su dueña antes de regresar al interior del departamento. John sonrió. - Perdóname, Molly. - Repitió.

- John…

- En verdad lo siento, tú… salvaste mi vida, Molly Hooper.

John declinó la invitación para quedarse a tomar un café, había dejado a Sherlock en el taxi y estaban rumbo a Baker Street. Bueno, Sherlock estaba rumbo a Baker Street, él tenía que ir a su casa y hablar con Mary y….

- ¿Cómo te fue? Espero que no esté enojada, fue una reacción muy estúpida de tu parte. - Dijo Sherlock mirando su celular, pero sin ponerle atención en realidad.

- Ya dije que lo sentía y sí, me perdonó.

- Siempre te he dicho que no saques conclusiones apresuradas… esto es lo que pasa cuando te dejas llevar por la primera reacción visceral que…

John levantó una ceja, hizo una mueca y le puso la mano en la rodilla. Tal y como lo esperaba el efecto fue inmediato, la voz de Sherlock se cortó y sus ojos se quedaron quietos sobre la pantalla, ni siquiera pestañeó.

Las repentinas muestras de cariño aún tomaban a Sherlock por sorpresa y John estaba más que consiente de eso. Era la manera perfecta para sacarlo de su centro y hacerlo pensar en otra cosa, para molestarlo, por si alguna vez quería callarlo, de hecho, era la táctica perfecta para hacer que el detective guardara silencio y se desconcentrara, aunque John no estaba seguro de por cuánto tiempo funcionaría, sabía que Sherlock tarde o temprano daría con la manera de anular aquellas sensaciones. Solo quería disfrutar de la sensación de control por un momento.

- No hagas eso. - Dijo Sherlock en voz baja.

- Tú comenzaste.

- ¿Ahora a dónde? - Preguntó el taxista. John le dio la dirección de su casa.

- ¿Seguro que quieres ir solo? - Preguntó Sherlock. El detective puso su mano sobre la de John y este pensó que poco a poco iba perdiendo ventaja.

- Sí. No quiero que Mary te vea, no es una buena idea… no sé cómo va a reaccionar.

- ¿Crees que reaccionará de manera violenta? ¿Histérica?

- No… no. - John lo miró extrañado. - Mary es una mujer muy pacifica, ¿Por qué siempre piensas que las mujeres reaccionan de esa manera?

- Los celos transforman el carácter, John. - Lo cortó Sherlock. - Lo sé, lo he visto.

- Quizás, pero ella no es así. De todas maneras esto es algo que debo hacer solo. Nos sentaremos y lo hablaremos como dos persona civilizadas. Después de todo, la gente se separa todos los días.

Sherlock suspiró. No había manera de hacer cambiar de opinión a John si quería hacer las cosas a su manera y él estaba dispuesto a dejarlo. Su matrimonio era lo único que los mantenía separados, al menos en el ámbito personal, sabía que John no iba a regresar a su lado si no se aseguraba de que Mary estuviera bien, quizás no en buenos términos con él, pero bien… Quizás no feliz, pero bien.

John era un hombre demasiado honesto para su propio bien y para el de ambos. En ese caso, Sherlock había tratado de evitarlo, pero ahora no le quedaba más que ser testigo de la tragedia que se le venía. Sherlock estaba seguro que John no amaba a Mary, pero tenía sentimientos muy fuertes por ella y el dolor de la separación haría estragos en él aunque no lo quisiera.

El taxi se detuvo y John abrió la puerta.

- Si me necesitas, sólo llámame ¿está bien? - Dijo John y Sherlock tuvo la impresión de que él debería haber dicho eso. Asintió levemente mientras John ponía la mano sobre la suya.

Por un segundo John se inclinó hacia adelante, Sherlock esperaba sentir los labios ásperos sobre los suyos, pero el doctor sólo juntó sus frentes y suspiró, como si aquello le estuviera dando las fuerzas que necesitaba.

John se bajó y el taxi partió de nuevo. Sherlock seguía con el teléfono en la mano, pero ya no le prestaba atención y la pantalla se había apagado hacia mucho.

- ¿A dónde ahora?

- 221 Baker Street. - Dijo Sherlock hundiéndose más en el asiento.


John abrió la puerta y se sorprendió por la oscuridad. Todas las ventanas tenían las cortinas corridas y las puertas estaban cerradas.

- ¿Mary?

Fue a la cocina, al patio, revisó en cada habitación, pero ni señas de su esposa.

En la mesa, había unas cuentas y varios sobres, uno de ellos era de color azul.

John lo tomó.

Quizás lo estaba haciendo como una revancha, aunque nunca lo aceptaría si se lo preguntaban, John se creía más allá de cualquier deseo de igualar el marcador de irrupciones a la propiedad privada, pero aún así, abrió el sobre sabiendo que a Mary le molestaría.

Sus ojos se deslizaron sobre la superficie escrita.

- ¿Qué demonios?

John fue hacia la habitación y abrió el joyero de Mary. Sabía que su esposa tenía una colección de perlas, aunque no sabía de dónde las había sacado. Ella había dado a entender en varias ocasiones que eran una herencia de su padre. Mentira. Las perlas se las había estado enviando un extraño personaje anónimo que ahora pedía verla, a solas, en una parte casi desconocida de Londres bajo el pretexto de que él podía restituir lo que le pertenecía. Lo que fuera que eso significaba a John no le sonaba muy bien.

Sacó la pequeña caja negra que contenía las joyas. Eran seis bellas perlas, grandes, blancas, brillantes y redondas, perfectas, que Mary había estado recibiendo desde hacía seis años.

John tomó la carta y la guardó, sacó su celular y marcó un número.

- Contesta, vamos, contesta.


Sherlock abrió la puerta y de inmediato sintió un perfume diferente.

Alguien estaba en la casa, una mujer joven, con un particular gusto por los perfumes dulces. Sherlock se imaginó niños y una casa con cortinas color damasco. Supo de inmediato quién era. Cerró la puerta aún esperando que fuera alguna visita en el departamento de la señora Hudson, pero sabiendo que no era así.

Cuando levantó la vista la vio, al final de la escalera. La silueta de Mary se recortaba contra el fondo.

La mujer entró al departamento y Sherlock sintió que estaba en ventaja porque estaban en su terreno, sin embargo, ella había estado en su departamento por quizás cuánto tiempo. Su departamento, su refugio. Había tenido tiempo de observarlo todo y de sacar conclusiones a cerca de su personalidad. Sherlock se sintió aliviado de que las cosas más reveladoras aún estuvieran en cajas cerradas en el fondo de su habitación, mucho se podía deducir a cerca de él sólo al observar los títulos que normalmente decoraban su librero.

Mary se había sentado en el sofá de Sherlock y no le había quedado más remedio al detective que sentarse en el de John. Una vez más tenía al enemigo en su propia casa, aunque en su mente Mary no representaba una amenaza ¿Qué era ella en realidad? La esposa de John, un título por el cual debía darle algo de crédito, no cualquier mujer es capaz de llevar a John Watson al altar, pero esa había sido una competencia sin contrincante, algo terriblemente injusto.

El orgullo de Sherlock comenzó a bullir nuevamente en su interior desde el momento exacto en el que John le había dicho que lo amaba y desde entonces no había parado de crecer.

Estaba recuperando poco a poco todas las cosas que había perdido, su reputación, su casa, su mejor amigo y esperaba ahora un buen caso para comenzar a recuperarse y poner en práctica sus nuevas habilidades.

Su cerebro funcionaba mejor que nunca, porque ahora comprendía las cosas que la gente hace cuando es tan estúpida como para entregar su vida a alguien más (como él lo estaba haciendo, Sherlock lo sabía, pero no podía adjudicarse a sí mismo el título de estúpido por más consiente que fuera de que ese era el adjetivo adecuado para él en esa situación) ahora Sherlock podía competir con Mary, porque conocía las reglas de ese juego y en este caso en particular, el mismo había inventado algunas.

Acomodado en el sofá, se dio cuenta de lo que significaba.

Entornó los ojos mirando a Mary, sabiendo que había acudido a medir fuerzas, a recolectar información y el no ver a John con él, quizás le había dado algo de esperanzas.

- ¿Dónde está John?

- Estoy bastante seguro que está en su casa. Dijo Sherlock mirándola directamente a los ojos.

- ¿Dónde ha estado? ¿Dónde han estado?

- Cardiff, resolviendo un caso.

- Cardiff… - repitió Mary y Sherlock casi pudo ver como un mapa aparecía en su cabeza y medía las distancias, pero no dijo nada. - John nunca me hablo de ti.

- ¿De verdad? -Sherlock no sabía si eso lo alegraba o no, pero conocía el sentimiento. El tampoco le hablaba a la gente de John, era un secreto, algo que tenía que proteger.

Dentro de su palacio mental, John no era una persona, era un lugar al cual acudir cuando las cosas estaban demasiado mal y el dolor necesitaba ser mitigado.

- Al principio pensé que te odiaba y que por eso no me había hablado de ti, todas esas mentiras, todo el engaño… todo.

- Todo eso fue un truco. Susurró Sherlock.

- Eso es lo que tú dices.

Sherlock se sentó muy recto en el sofá, pasando sus dedos largos por los brazos. Acariciando el material.

- No tengo por qué probarme frente a ti.

- Ahora sé que él no me habló de ti no porque le duela, si no, porque eres demasiado importante como para compartirte con alguien y no puedo comprender por qué.

Sherlock no confiaba en las mujeres, jamás lo hizo y jamás lo haría, detrás de cada acción habían miles de motivos, o quizás ninguno. Siempre estaban un paso más delante de la mayoría y ciertamente más adelante que sus esposos. Mary era una mujer inteligente, aunque aún no llegaba a dimensionar la verdad detrás de lo que John le había (y no le había) dicho.

Sherlock sintió ganas de decírselo a aquella mujer que ansiaba la verdad y la buscaba, decirle que su esposo era un hombre único y amable y honesto y todo lo que ella amaba, pero que le pertenecía a él.

Pero Sherlock no dijo nada, porque se dio cuenta que en su ausencia muchas cosas habían cambiado y que aquella mujer sentada frente a él en verdad amaba a John.

No quiso entrar en detalles, así que trato de desviar la conversación hasta que John apareciera, cuando llegara a su casa y no la viera sería obvio donde estaba, Sherlock no dudó un momento en que John sabría que Mary estaba en Baker Street.

- Gracias por cuidar de él todos estos años.

- Soy su esposa, Sherlock, la persona con la que él eligió pasar el resto de su vida…

Sherlock levantó una ceja. Ah, claro, el matrimonio, aquel vínculo siempre tan sobreestimado.

- Es mi deber cuidarlo, cuidar que no pase de nuevo por lo mismo…

Sherlock, que había estado divagando desde que Mary había comenzado a hablar de matrimonio, de pronto le prestó atención.

- ¿Pasar? ¿pasar qué cosa?

- Sé quién eres, Sherlock Holmes, engañaste a todos con tus trucos y destruiste la vida de John. Ahora lo entiendo todo: por qué sólo hacía turnos de noche, su terapeuta, las amistades en la policía, en la morgue, las depresiones; todo era culpa tuya, arrastraste a John a esa vida y no voy a dejar que lo hagas de nuevo.

Sherlock no se había dado cuenta en qué momento había comenzado a apretar el brazo del sofá. Lo soltó.

- Aún no entiendo qué pasa con él, por qué reaccionó así. Cuando recibió tu carta salió corriendo de la casa, desapareció todos estos días, no me contó nada, ni una llamada, nada. No es el mismo John que…

- ¿El mismo John que conociste?.- Sherlock respiró hondo, tratando de contenerse y fallando.- ¿El mismo John deprimido que pasó tu luna de miel cojeando por las calles de parís?

Mary aguantó la respiración.

- Cómo…

- Da lo mismo cómo o por qué, lo importante es quién, de quién estamos hablando. Te refieres a John como si fuera un niño y la verdad es que ambos sabemos que es un hombre adulto y capaz de tomar sus propias decisiones. Si ellas no te gustan te sugiero que regreses a tu casa y hables con él.

El móvil de Sherlock comenzó a sonar. Ambos lo ignoraron por un momento hasta que el detective sintió que la pausa dramática se había alargado demasiado y contestó.

- Sherlock Holmes… Lo sé, está aquí.


John se congeló al otro lado de la línea.

- ¿Qué? - Dijo, aunque no necesitaba que Sherlock lo repitiera, Mary estaba en Baker Street.

- Tu esposa está aquí.

Sherlock se había levantado y le hablaba desde la cocina, la mujer lo fulminaba con los ojos desde el mismo sofá donde James Moriarty le había amenazado y sin embargo no había despertado tanta incomodidad en Sherlock.

Un sicópata asesino criminal consultor, eso era algo que podía manejar, una esposa celosa era otra cosa.

- ¿Qué está haciendo en Baker Street?

- Encararme, supongo que no era su intención, pero ya que nos encontramos creo que no quiso desaprovechar la oportunidad de culparme por cada cosa mala que ha pasado en tu vida desde que nos conocimos.

- Bueno, no está tan equivocada, para mi has sido el equivalente a una catástrofe.

- Dios santo, ¿es así como la gente normal se siente cuando están en medio de un lío amoroso? Es la sensación más asquerosa que he tenido la desgracia de padecer.

John lanzó una sonrisa a pesar de lo preocupado que estaba.

- John, sabes que no tengo tiempo para esto, podía tener un caso en cualquier minuto…

- Sherlock, se un poco consciente de mi situación, por una vez en la vida, ponte en mi lugar.

Sherlock estaba siendo consciente, pero todo tenía un límite.

- Lo siento, la pondré en un taxi y la enviaré a tu casa.

- ¿Crees que te dejará hacerlo? ¿Cómo se ve?

- Bueno, tenías razón, es una mujer bastante encantadora, aunque muy intranquila.

- ¿Intranquila?

- Nerviosa, John, asustada, es una mujer que desconfía de su esposo.

- ¿Te preguntó algo?

- Todo.

John cerró los ojos, si Sherlock había hablado, hasta ahí había llegado su única oportunidad de hacer las cosas bien y terminar con ella de una manera más o menos pacifica. Sólo esperaba que Sherlock obviara el detalle de los dos días encerrados en la habitación del hotel en Cardiff.

- ¿Qué le dijiste? - Preguntó con el corazón en la boca.

- Nada.

- ¿Perdón?

- No supe que decirle, John, así que no le dije nada. - La voz de Sherlock sonaba extraña. - Para serte sincero, preferiría que no me metieras en esto, pero ya que soy la causa directa del fracaso de tu matrimonio, supongo que tengo que verme involucrado, pero no haré comentarios, si alguien me pregunta no diré nada sin que tú lo digas primero.

Esa era la manera que Sherlock tenía para decir: ¿ves? Si estoy siendo consciente, me estoy poniendo en tu lugar.

- Sherlock, eso…. - John titubeó. - Eso es muy considerado de tu parte.

- Es lo más cómodo.

- Bien, eso está bien. - Dijo John un poco más calmado.

- Aunque creo que ha llegado a unas deducciones más o menos acertadas por su cuenta.

Mary observaba a Sherlock desde el sofá, se levantó y salió sin decir palabra. Si en verdad era John el que llamaba, eso quería decir que había llegado a casa y no la había encontrado, tenía que estar ahí todavía.

Sherlock se giró cuando sintió la puerta.

- ¿Dónde estás?- Preguntó el detective. - ¿Sigues en tu casa?

- Sí.

- Sal de ahí

- ¿Qué?

- No quiero que estés ahí, no quiero que hables con ella.

- No sabía que eras celoso.

- No siento celos, John no seas tonto, pero acepto que son un catalizador de grandes cambios de carácter, ella puede...

- Sherlock, no te preocupes. Estaré bien.

John colgó y Sherlock se paseó por la habitación como un león enjaulado. Tenía muchas cosas que hacer, cosas que desempacar, equipo científico que comprar, una casera a la cual recriminar por deshacerse de sus cosas, un hermano al que ignorar y un detective inspector al cual hacer sentir culpable, pero no podía dejar de pensar en John y en que si llegaba a haber un caso, estaría perdiendo el tiempo tratando de solucionar su vida amorosa, cuando lo más sensato era decirle a Mary que ya no la amaba y que regresaría a Baker Street.

¿Por qué todos se tomaban tantos rodeos cuando se trataba de relaciones amorosas? Si no se consideraba el factor "corazón partido" (que Sherlock no consideraba) las cosas eran bastante fáciles. Sólo tenía que decir "ya no te amo" ¿no era mejor decirlo de una vez?… ¿No era mejor que te lo dijeran de una vez y ya? En ambos casos era una demostración de honestidad y amor.

John y él podrían haber llevado esa relación en secreto y nadie se habría enterado, claro, a Sherlock no le habría gustado tener que dejarlo ir cada noche para que se fuera con Mary y era bastante poco probable que John aceptara mentirle a su esposa, pero así funcionaban muchas relaciones clandestinas de ese tipo.

Entonces sintió la voz de John tan claramente como si estuviera hablándole ahí mismo, a su oído.

- Ya no te amo.

Sherlock cerró los ojos instintivamente, estaba apretando los puños muy fuerte.

¿Qué demonios estaba pasando con él? Se dijo a si mismo que era sólo su imaginación y trató de concentrarse en otra cosa.

Sacó su violín y afinó las cuerdas, un poco de música le ayudaría a despejarse y de paso practicaría para recuperar la habilidad en sus dedos.

Pero las cuerdas comenzaron a llorar la "Nocturne" de Chopin.

No se detuvo. Sin embargo, pensó que, en algún lugar de Londres, John estaba rompiendo el corazón de la mujer que lo amaba y esa melodía le parecía perfecta.

La única manera que tenía Sherlock para acompañar a John cuando no podía estar con él.


John puso la tetera y preparo dos tazas.

Cuando Mary llegó, la bandeja estaba sobre la mesa y él estaba sentado, se levantó cuando la vio. La mujer corrió hacia él y John dejó que le diera un beso, la tomó por los hombros, la miró a los ojos y le habló pausadamente, como alguien que ha planeado meticulosamente lo que va a decir, aunque en realidad John no tenía idea de cómo hacer eso. ¿Cómo terminar algo que se comenzó de mutuo acuerdo y que (de mutuo acuerdo) iba a ser hasta que la muerte los separara? ¿Cómo decirle a la mujer que lo había salvado de la depresión que ya no la amaba? John se sintió como el más horrible de los hombres, indigno del cariño de Mary, de su preocupación.

Estaba corriendo de regreso a la persona que lo había dañado más que nadie en su vida y escapando de la única mujer que supo comprender sus cambios de humor y sus silencios. Pero ¿Qué más podía hacer? Amaba a Sherlock y tenerlo de regreso era un milagro.

John sabía que si Sherlock no hubiese fingido su muerte, el jamás se habría dado cuenta de cuánto lo extrañaba, de cuánto lo amaba. Todo lo que había pasado había sido necesario. Los años de tristeza, los intentos de suicidio, el cuerpo herido de Sherlock. Por un momento John recordó su espalda, sus manos, su piel marcada por tres años de soledad y experiencias cercanas a la muerte. Ambos se entendían, eran de la misma especie y no había cabida para nadie más. Aunque eso no quitaba que se sintiera miserable.

Lo único que lo ayudaría a sentirse un poco mejor era decirle la verdad a Mary.

- No me importa lo que hayas hecho. - Dijo Mary, sentada frente a él y tomando sus manos, la distancia que John había puesto al arreglar la mesa debería haber sido un claro indicio de su deseo de comenzar a alejarse de ella, sabía que Sherlock lo habría entendido. - No me importa que te hayas ido y no me hayas dicho nada, te perdono John, sólo quiero que confíes en mí, que regreses conmigo, que volvamos a ser una familia.

- Mary, lo siento. - Susurró John, pensando que la mejor manera de comenzar eso era disculpándose, después de todo eso era lo que sentía, en verdad lo sentía.

A medida que iba hablando, el rostro de la mujer se tornaba blanco y más blanco, incluso John comenzó a sentirse preocupado y tomó su mano, estaba fría.

La mujer retiró su mano inmediatamente.

John le explicó lo que Sherlock significaba para él, la vida que llevaba antes de conocerlo y lo milagroso de su encuentro, lo que Sherlock le daba nadie más podía dárselo, en eso fue muy claro, lo que vivía con él no se comparaba con nada.

Al principio John fue muy sutil con sus palabras, tanto, que Mary pensó que sólo estaba dándole las justificaciones de por qué mantenía e iba a mantener una amistad con alguien como Sherlock, pero luego se dio cuenta de que había algo más.

- ¿Estás diciéndome que dejarás que ese hombre horrible se meta en tu vida de nuevo? ¿En nuestras vidas?

John frunció el ceño, en cierta manera Sherlock era un hombre horrible así que no dijo nada, pero le molestó que Mary se refiriera a él en esos términos.

- No creo que estés haciendo lo correcto… tengo miedo de que algún día te hiera de nuevo y no puedas recuperarte, pero bueno, si tu quieres seguir con su amistad no tengo nada que decirt-

- No Mary, no entiendes. - John se inclinó hacia ella sólo un poco. - Todo esto que existe entre Sherlock y yo es muy complicado y… y no hay cabida para nadie más.

Pasó un momento antes que Mary se decidiera a interpretar aquella frase de manera correcta, de la manera que temía.

- Tú lo amas. – Dijo.

- Sí. - Respondió John casi de inmediato, no había razón para negarlo.

- Pero… pero eso es…

Mary se levantó y retrocedió hasta el sofá, se sentó en la penumbra del recibidor respirando con dificultad, su pecho subía y bajaba horriblemente rápido y sus manos temblaban. John fue hacia ella.

- No te me acerques. - Dijo con la voz temblorosa y John se detuvo en seco, como si hubiese una barrera entre ambos.

- Mary, por favor… déjame explicarte.

- ¿Explicarme qué? John, me estás dejando por otro hombre… yo… ¿te das cuenta de lo qué estás haciendo? Estas destruyendo nuestra familia.

La mujer no se levantó, pero lo miraba como si fuera la cosa más asquerosa del mundo, gruesas lágrimas comenzaron a caer por su rostro, pero lejos de suavizarlo, endurecieron sus facciones.

- Mary…

- Y no sólo eso, como si no fuera suficientemente grotesco, me estas dejando por el mismo hombre que te engañó y te abandonó y te dejó al borde de la muerte.

- El me salvó…

- No sé qué tipo de insana relación tienen y no puedo creer que no veas lo horrible que es Sherlock Holmes, una persona capaz de mentirle a su mejor amigo… a su amante. - Dijo Mary casi con asco. - Y a todo un país sólo por un poco de fama.

- Mary, estas equivocada…

- No, John, tú estás equivocado y cuando te des cuenta será muy tarde, ahora sal de mi casa, por favor.

John retrocedió un poco, derrotado. No podía esperar a que las cosas hubiesen salido bien, ninguna mujer en su sano juicio habría aceptado esa situación de buena manera.

- Mary, sólo te estoy diciendo la verdad, tampoco es fácil para mí, pero es lo mejor. No puedo estar aquí contigo, no sería honesto de mi parte y no podría hacerte feliz aunque me quedara…

- Vete John, por favor.

John fue hacia la puerta cuando escuchó la voz de Mary de nuevo.

- Va a volver a hacerlo. - Dijo simplemente y John salió a la calle.

Caminó por un par de cuadras sin decidirse a regresar a Baker Street, lo único que quería era ver a Sherlock, pero no sentía que eso lo ayudaría mucho. Lo amaba y sabía que era mutuo, pero habían momentos en los que no podía esperar consuelo de su parte, simplemente habían cosas que Sherlock no podía darle.

Al llegar a la esquina lo vio, grande y oscuro como una sombra. Se le acercó hasta que pudo apoyar la frente en su pecho y ponerse a llorar.

La mano enguantada de Sherlock se posó en su hombro.

- Todo va a estar bien.- Dijo Sherlock. - Todo se arregla con el tiempo.

Y John pensó que Sherlock tenía razón, ellos eran la prueba viviente de que hasta las cosas más terribles se arreglan con el tiempo.

Fin del Capítulo Trece

Como saben, cualquier tipo comentario es bien recibido.

Trataré de actualizar lo más pronto que pueda para no convertirme en una réplica de Moffat.

Gracias por leer.

Liz.