Hola de nuevo.
Esta vez ni si quiera voy a pedir perdón por el atraso porque se que es imperdonable haber desaparecido tanto tiempo y no haber dado ninguna señal de vida.
Me gustaría agradecer desde lo más profundo de mis dos corazones a todas y todos los que continúan leyendo mi fic, sus comentarios y el solo hecho de que lean significa mucho para mí.
Capitulo 14
A pesar de estar con Sherlock, John se sentía solo.
Habían regresado caminando a Baker Street y John le había contado palabra por palabra lo que Mary le había dicho. Había algo que Sherlock siempre admiraría en John y eso era el valor y el coraje que tenía para decir las cosas honestamente. La sinceridad no siempre era la mejor política, pero John aún así esperaba que las personas comprendieran el valor de la verdad.
Lamentablemente en este caso no se podía esperar que Mary admirara también ese rasgo particular en el carácter de John.
Sherlock lo había escuchado sin decir una palabra. En momentos como ese, en los que no podía ofrecer más consuelo que su presencia, sabía que lo más sabio de su parte era no decir nada.
John sentía su cabeza a punto de explotar, así que en cuanto llegaron a Baker Street se tomó una aspirina, se recostó en su cama y trató de dormir.
Al cabo de unas horas despertó y se estiró en la cama como en los viejos tiempos, pero le extrañó no encontrar a Sherlock a su lado. De hecho, llevaba tanto tiempo despertando en compañía que se sintió un poco abandonado.
Sherlock y él solían tener muchos momentos así en su vida previa, y normalmente a John le daba lo mismo. Si Sherlock lo ignoraba, él tenía más tiempo para otras cosas como leer, relajarse, olvidarse de los crímenes por un momento y ver televisión, actualizar su blog o en este caso, mirar al vacío y sentirse miserable.
Miró el reloj, eran las once de la noche.
Se sintió decepcionado por no encontrar a Sherlock a su lado, después de todo lo que habían pasado esperaba que quisiera dormir con él, que irse a la cama juntos a la misma hora y despertar con la compañía de aquel por quien tanto había anhelado se convirtiera en una costumbre, pero Sherlock no estaba ahí.
John bajó las escaleras somnoliento, si Sherlock estaba en su habitación sería un golpe bastante duro.
Pero Sherlock no estaba en su habitación, estaba en el mismo lugar en el que se había quedado cuando John subió a su habitación y en el mismo, en el que había estado durante horas: Recostado exánime sobre el sofá, envuelto en su delgada bata de color escarlata con los dedos entrelazados en el estomago y los ojos entrecerrados pegados al techo.
¿Sherlock?
Huele esto. -Dijo Sherlock extendiendo su largo y delgado brazo para darle un trozo de papel azul que John no reconoció.
John se lo llevó a la nariz y obedeció.
¿Qué tiene?
Huele a medicamentos, a especias… pero hay algo más.
Sherlock se levantó y fue hacia él, poniéndole una mano en el hombro.
John aguantó la respiración, hacía mucho tiempo se había dado cuenta que Sherlock provocaba curiosos efectos en su cuerpo que antes no sucedían. Poco a poco había generado respuestas a la presencia del detective: ansiedad, deseo e incluso ternura.
John repasó ese último punto en silencio, la expresión "Sherlock me causa ternura" se formó en su mente con un gran signo de interrogación. Rápidamente llegó a la conclusión de que sí y no había nada que hacer al respecto, las costumbres más desagradables de Sherlock como hablar por horas y obsesionarse con los detalles más mínimos ahora le causaban ternura.
Aunque más probablemente esa no era la palabra que buscaba para definirlo. John se encontraba a si mismo muy a menudo hurgando en su diccionario personal, tratando de encontrar un adjetivo que abarcara todo lo sentía cuando miraba a esos ojos verde azules y se le olvidaba desde su nombre hasta donde había obtenido su grado médico.
Eso, entre otras cosas. Por ejemplo, John siempre esperaba y esperaba… pero ¿qué esperaba? ¿Un beso? ¿Un "todo va a estar bien"? Sherlock no hacía ese tipo de cosas. Por eso se sorprendió cuando Sherlock se inclinó un poco torpemente y le dio un pequeño beso en la frente. No, más que un beso, presionó sus labios contra la frente de John dejándolos ahí por un momento. A John le pareció que más que una caricia le estaba tomando la temperatura.
Ese papel. - Dijo poniendo las manos en los hombros del doctor y la barbilla sobre su cabeza.- su aroma me recuerda a algo, pero no estoy seguro a qué. He pasado toda la noche pensando en eso y no logro dar con la respuesta.
¿Estuviste toda la noche meditando sobre un trozo de papel? - Dijo John que había agachado un poco la cabeza y miraba directamente al cuello de Sherlock como si estuviera hipnotizado.
Sobre TÚ trozo de papel.
¿Qué?
Entonces John observó con más cuidado lo que tenía en la mano, era el sobre de la carta que le habían enviado a Mary. Retrocedió un poco para mirar a Sherlock.
¿De dónde sacaste esto?
De tu bolsillo.
¿Estuviste hurgando en mis bolsillos?
Sí.- Dijo Sherlock caminando hacia la cocina. Con un par de movimientos cortos puso la tetera a calentar por cuarta vez. Había esperado que John se despertara desde hacía horas.
¿Por qué?
Porque quería saber qué había dentro. -Sherlock le quitó el papel de las manos y lo olió de nuevo, agitándolo como un abanico cerca de su nariz.- Supongo que encontraste esto cuando regresaste a tu casa ayer por la mañana.
Sí.
Y que, dadas las circunstancias, Mary no lo vio.
Correcto…. -John frunció el ceño.- Sherlock, no. - Dijo con fuerza.
¿No?
No, Sherlock. -John le arrebató el papel de las manos.- No vas a deducir nada de este trozo de papel.
Demasiado tarde.
Sherlock…
Sherlock sacó la carta del bolsillo de su bata, sonriendo como si acabara de ganar un punto, lo cual era verdad, también lo olió.
El sobre en si no es interesante, es un ordinario sobre comprado en una papelería en el centro, su aroma es singular, no huele a papel a pesar de estar nuevo… pero excepto por la letra y el aroma no hay nada que llame la atención, pero esto. -Dijo agitando la carta frente a la nariz de John.- Es un papel que ha estado mucho tiempo guardado dentro de un compartimento de madera, diría un cajón de escritorio, pero huele a humedad, entonces debe ser un baúl, de esos grandes que se usan para los viajes, el papel en si es muy antiguo y escaso …
John se cruzó de brazos sin saber si detenerlo o no.
Mira aquí y aquí. -Dijo Sherlock indicando dos lugares en la escritura.- Se equivocó dos veces, pero no lo corrigió, eso quiere decir que no debe contar con muchos pliegos de este mismo papel y el hecho de que haya decidido enviar una carta en vez de llamarla por teléfono o escribir un e-mail es muy revelador… además mira los bordes, están disparejos, como alguien que ha cortado esta carta de un trozo mucho más grande, pero los bordes están amarillos, eso quiere decir que lo cortaron hace mucho tiempo, además el tamaño no coincide con ningún tamaño estándar de papel para cartas, ni oficio, ni carta, ni postal…
El rostro de Sherlock se iluminó mientras recitaba los diferentes tamaños de papel, pero aún parecía muy pensativo, casi enojado.
Alguien estaba empeñado en usar exactamente este papel, pero ¿Por qué razón? Quizás es un detalle que Mary reconocería de inmediato… debe tener algo que ver con su vida en india… obviamente alguien esperaba que el detalle del papel le recordara algo, pero qué…
¿Qué? - John se había dejado llevar por las deducciones de Sherlock, en parte porque no se le ocurría qué decir, en parte porque había extrañado tanto todo eso que se sentía fascinado y sólo quería disfrutar de ese momento en el que su boca se movía sin parar y su voz era un hilo continuo de maravillosos pensamientos. John dio un salto y lo miró asombrado.- ¿Cómo sabes que vivió en india?
O quizás, y más probablemente, tenga que ver con la muerte de su padre…
John le arrebató el papel.
Sherlock, ¿cómo sabes esas cosas?
El detective lo miró sonriendo como si estuviera muy satisfecho de sí mismo.
Por favor, John.
Sherlock le dio unas palmaditas al lugar en el sofá junto a él, John se sentó aún con cara de pocos amigos y de inmediato Sherlock enrolló su brazo con el suyo.
Ahora, veamos el contenido de la carta…
¿No la has leído?
No, mi atención estaba completamente puesta en el papel… oh, las seis perlas fueron enviadas por este extraño y… una cita "acuda la noche del domingo a las siete a la puerta del teatro Lyceum, tercera columna de la izquierda. Ha sido usted perjudicada y se le hará justicia. No avise a la policía, si lo hace, todo será en vano. Su amigo desconocido."
Ambos hombres guardaron silencio.
Asumo que Mary no es del tipo de mujeres que tiene amigos secretos a escondidas de su esposo.
Conozco a todas sus amistades… Sherlock, basta. - Dijo John poniéndose de pie.- No sigas deduciendo cosas, este no es un caso para ti.
Sherlock desvió su mirada y John se dio cuenta que ese era un gesto completamente nuevo en él. No había nada que lo hiciera rehuir sus ojos, excepto cuando estaba a punto de decir algo que tenía más que ver con sus sentimientos que con su inteligencia.
No lo hago por mí, lo creas o no lo hago por Mary.
¿Qué?
Estoy feliz de que estés nuevamente conmigo y sé que estás pagando un precio muy grande. Me amas, pero también amas a Mary lo suficiente como para sentirte mal por haberla engañado. Le he causado un gran daño al apartarte de su lado.
Sherlock fue hacia la cocina, apagó la tetera y llenó las dos tazas que tenía preparadas sobre la mesa.
Esperaba no tener que explicar mis acciones, pero ayudarla en este pequeño problema podría ser la manera de expiar mis culpas.
John guardo silencio. Sherlock era capaz de asombrarlo de muchas maneras, pero nunca John se había sentido tan orgulloso. Fue hacia él y le quitó la tetera de las manos lentamente, la dejó sobre la cocina de nuevo.
¿En verdad pensaste en todo eso tú solo? -Estaba realmente asombrado por la actitud de Sherlock. El Sherlock que conocía no era (ni jamás sería) romántico, no le ofrecería calmar sus penas con un abrazo y no le pediría besos, no tomaría su mano en la calle, ni le hablaría suave como Mary ni como ninguna de sus novias anteriores y estaba bien. El Sherlock que conocía y amaba arreglaba las cosas por medio de acciones, esa era su manera de demostrar amor.
Pero John era exactamente lo que Sherlock no era. Cuando el detective asintió, John se le acercó y lo besó. Parecía que habían pasado siglos desde la última vez.
John abrió un poco los ojos y se encontró con la mirada de Sherlock, sabía exactamente lo que estaba haciendo porque ya lo había hecho antes durante su estadía en el hotel de Cardiff.
Estas contando en tu cabeza, ¿verdad?
36 segundos y tu pulso está más elevado de lo normal.
John lo tomó de la mano, tirándolo a través de la cocina.
No.
John no preguntó por qué, simplemente se limitó a mirarlo con expresión interrogante. Habían muchas costumbres de Sherlock que habían cambiado y él sólo estaba comenzando a ver la punta del iceberg.
Este cuarto tiene ventanas, mejor tu habitación. Dijo Sherlock manteniéndose firme en medio de la cocina.
También la mía tiene ventanas.
Pero están más arriba.
Por un momento John vio a Sherlock como un niño al que intentas convencer que no hay monstruos bajo su cama, pero entonces se dio cuenta que en ese caso los monstruos probablemente eran reales.
¿Hay alguien buscándote aún? ¿Alguien de la red de Moriarty?
Podría ser. -La voz de Sherlock sonaba ambigua.
Sherlock, necesitas decirme si hay aunque sea la más mínima posibilidad de que estés en peligro.
Sherlock lo miró directo a los ojos, había algo en su rostro que John no había visto nunca, o quizás sí, ¿Por qué le parecía que siempre había algo nuevo en Sherlock, algo que se revelaba sólo cuando él lo miraba? Algo que nadie más era capaz de ver.
No era miedo, Sherlock estaba inseguro.
No. -Dijo honestamente el detective manteniendo la mirada fija en los ojos de John.
¿Entonces?
Aún tengo la sensación que alguien puede llegar en cualquier momento, pasé mucho tiempo así, John, literalmente durmiendo con un arma bajo la almohada. Es un miedo irracional que se irá con el tiempo, lo sé, pero por ahora me gustaría dormir en tu habitación, si no te molesta.
La voz de Sherlock se había ido desvaneciendo a medida que hablaba hasta que la última frase fue solo un susurro.
John sonrió y Sherlock sintió que nuevamente todo cambiaba a su alrededor. Ahí estaba de nuevo él, tratando de adaptarse a las nuevas necesidades que parecía tener su mente y su cuerpo, había pasado demasiado tiempo solo e incluso había comenzado a creer que lo estaría para siempre, pero de pronto John estaba ahí de nuevo y su departamento y cada una de las cosas que había dado por perdidas. Había sido un milagro, un milagro que había tardado tres años y mucha sangre en producirse, pero un milagro al fin y al cabo y aunque en la mente de Sherlock no existía tal cosa como los milagros, no se le ocurría otra palabra para definir lo que pasaba entre ellos. El haberse encontrado cuando ni siquiera se habían estado buscando y el estar juntos después de todo lo que había pasado.
¿Sabes? -Dijo John.- Si querías dormir conmigo simplemente podrías haberte metido a mi cama, no te voy a decir que no.
Era extraño decirle esas cosas a Sherlock y observar la piel de sus mejillas cambiar en diferentes tonos de rosa. Pero mucho más extraño era que ahora John lo disfrutaba.
Sherlock lo miró con un brillo extraño en los ojos, una mezcla de "no me tomes el pelo" y un titubeo nervioso. Tomó su mano y lo llevó escaleras arriba.
Mientras se metía a la minúscula cama del doctor, Sherlock recordaba una vez más por qué había dejado que John acaparara todo su tiempo. Estaba curando heridas que se habían mantenido abiertas durante tres años, necesitaba un poco de tiempo y tranquilidad, se merecía un poco de tiempo y tranquilidad.
A Sherlock le gustaba hablar cuando estaba en la cama con John, era como si dentro de ese refugio que era Baker Street, hubiese uno más pequeño, un santuario.
Durante esos tres años, cada vez que necesitaba relajarse se imaginaba su pequeño departamento tal y como había sido durante su vida con John: él sentado en su lugar y John en frente, como correspondía. Siempre podía contar con ese lugar dentro de su mente, pero ahora era real.
Una vez más se enfrascaron en una de sus conversaciones que duraban horas.
Aún no me preguntas cómo lo hice. -Dijo Sherlock, John observó sus rizos esparcidos sobre la almohada y en su frente, cayendo sobre sus ojos. Con un movimiento suave le quitó el flequillo de la vista.- Cómo fingí mi muerte
No me interesa. -Dijo John y era cierto.
¿De verdad?
Sherlock parecía un poco decepcionado con la respuesta, John se encogió de hombros.
Quizás algún día quiera saberlo, pero ahora me basta con saber que estás aquí.
Pero…
No quiero pensar más en eso, Sherlock si me vuelves a hablar del tema te vas a dormir a tu habitación.
Sherlock soltó una risa molesta y se quedó mirando al techo. John también. No esperaba que Sherlock se diera cuenta de lo molesto que aún estaba por todo ese tiempo perdido, por todo lo que había pasado a causa de eso, lo había perdonado y ya no lo culpaba ¿Cómo podía culparlo después de saber todo lo que había pasado? Pero la rabia no es algo que desaparezca fácilmente, no sólo tienes que entender las razones, toma tiempo regresar a la normalidad.
¿Todavía estas molesto? -Sherlock le preguntó aún mirando al techo.
¿Recuerdas la primera vez que te vi, cuando regresaste? ¿El golpe de bienvenida? Bueno, si no quieres otro, entonces deja de hablarme de eso.
Sherlock volvió sonreír.
En realidad esa no fue la primera vez que nos vimos.
John lo miró.
¿Qué?
¿Recuerdas cuando estuviste en París?
¿Estabas en el hotel?
No… nos topamos en la calle. Estabas cojeando y Mary había ido a una tienda. Yo… no estaba seguro de cómo actuar, así que me disfracé, necesitaba verte porque en ese momento no sabía cómo iban a resultar las cosas, podría haber muerto esa misma tarde, así que verte no me pareció una mala idea.
Tú…
Me alegró saber que aún me recordabas, aunque fuera por un dicho en francés… dijiste que eras un tonto. Tú no eres tonto John, nunca lo has sido y…
Sherlock despegó los ojos del techo y miró a John. El doctor lo estaba mirando con la boca ligeramente abierta y los ojos verdes abiertos ampliamente y llenos de lágrimas.
El viejo de los libros… -dijo sin levantar mucho la voz.
Fue un buen disfraz, ¿verdad?
John se sentó en la cama.
¿Me llevaste ahí para verme?
No. -Dijo sin convicción.
Sherlock, hiciste que Mycroft me llevara a París en una luna de miel ficticia para espiarme, ¿verdad?
Quería saber si estabas bien.
¿Y a qué conclusión llegaste?
Jamás me hubiese presentado ante ti si todo hubiese estado bien, créeme. Cuando supe que te habías casado pensé que era la lógica conclusión de una búsqueda que había durando años y que databa desde mucho antes que nos conociéramos. Siempre supe que en tu proyecto de vida debía haber una mujer y una familia. Cuando te vi con Mary casi hecho hacia atrás todos mis planes, te veías feliz, pero fue necesario poner sólo un poco más de atención para darme cuenta que no era así. No estabas ni comiendo ni durmiendo bien y noté tu cojera a pesar de que Mary no se dio por enterada...
John suspiró y se recostó de nuevo, Sherlock susurró.
Sé que no estuvo bien lo que hice…
Lo sabes ¿o crees que lo sabes?
Silencio.
¿Hay algo más que tengas que decirme? ¿Alguna otra confesión?
No, creo que eso es todo.
John sonrió y se giró, enterrando su rostro en el cuello de Sherlock, deslizando su brazo alrededor de su cintura y atrayéndolo más hacia él.
Sé que te sientes mal por Mary, pero no hay nada que puedas hacer, John.
Mmm…
El detective titubeó un momento antes de pasar sus dedos por el cabello corto y rubio.
Hay cosas que se pueden y cosas que no se pueden solucionar y las personas a menudo sufren exactamente por aquello por lo que no pueden hacer nada en vez de dedicarse a cambiar lo que sí pueden.
Lo sé. -Dijo John moviendo sus labios sobre la piel de Sherlock.- Yo pasé tres años pensando de qué manera podría haber evitado tu muerte.
Sherlock lo abrazó sin querer pensar en eso de nuevo. Cuando habló su voz sonaba apremiante.
Piensa John, usa tu cerebro. No puedes hacer nada para ayudar a Mary excepto averiguar quién es la persona que le escribió la carta. Para serte sincero no me gusta esta situación y creo que podría estar en peligro.
¿Por qué?
Porque estoy seguro que tiene que ver con su vida en la india. Dime, tú viste esas perlas ¿verdad?
John se separó de él lo suficiente para mirarlo.
Sí.
¿Parecían parte de un tesoro?
¿Un tesoro? -A John la idea le sonó completamente extravagante, pero de alguna manera al mirar a Sherlock y ver su expresión seria se dio cuenta que era una posibilidad real para él.- Pues no lo sé, pero supongo que por sí mismas deben costar una fortuna.
Sin embargo ella, una maestra de clase media, que no tuvo dinero para pagar una buena luna de miel y que siempre vivió al justo con el dinero, jamás se deshizo de ellas, piensa John, ¿Por qué?
Porque pensó que podría estar enviándolas… su… ¿padre? -Preguntó John.
Exacto. -Dijo Sherlock más emocionado de lo recomendable.
¿Qué vamos a hacer?
Tenemos que ir a la cita el domingo.
Si se entera me matará…
Entonces será mejor que no se entere… ¡John, esto es brillante! ¡Gracias!
Sin previo aviso Sherlock lo besó, estaba sintiendo nuevamente la emoción de tener entre manos un caso, un misterio. Se movió hasta quedar sobre John sonriendo como el maniático que era.
Sherlock…
John frunció el ceño, pero también estaba sonriendo, iba a recriminarlo por estar tan feliz a cerca de una situación tan delicada, pero Sherlock se le adelantó.
¿Mary te dijo si su padre murió o desapareció?
John sonrió a pesar de lo molesto de la situación, no quería hablar de Mary con Sherlock, mucho menos cuando sólo podía pensar en lo mucho que quería besarlo y tocarlo hasta borrar de su cerebro el famoso sobre azul y la carta-pergamino.
Murió.
¿Estás seguro?
Ella me lo dijo.
John lo tomó del cuello y lo acercó a él.
Podría ser una mentira. -Dijo Sherlock antes de que John comenzara a devorar su boca.- Después de todo nunca te dijo quién le enviaba las perlas…
Supongo que no me quiso preocupar… quizás ni siquiera ella lo sabía.
John le quitó la bata en un rápido movimiento y luchó un poco para sacarle la parte de arriba del pijama.
Siempre supones lo mejor. -Sherlock levantó los brazos, las manos de John estaban tibias y se estremeció un poco cuando hicieron contacto con su piel desnuda.- Las personas no siempre hacen las cosas por buenas razones.
No era importante, para ser honesto jamás se lo pregunté directamente.
John deslizó su lengua a lo largo del cuello de Sherlock y éste tomó su chaleco y tiró hacia arriba, cuando John levantó los brazos Sherlock lo dejó así, atrapado en su propia ropa.
Te mintió.
Dijo mientras pasaba sus manos por el torso de John, acariciándolo delicadamente con las puntas de sus dedos.
John, que al principio había forcejeado para quitarse el chaleco de la cabeza, ahora estaba quieto. Sherlock sonrió al sentir como su respiración se agitaba, su pecho subía y bajaba con dificultad.
No. No me mintió.
Te ocultó información, que es lo mismo… no estoy diciendo que Mary sea una mala persona, John. Todos tenemos secretos.
John finalmente juntó la fuerza suficiente como para sentarse y terminar de quitarse el chaleco. Lo arrojó al otro lado de la habitación.
Cierto. -Dijo mirando a Sherlock a los ojos.
Sherlock se inclinó y lo besó de nuevo, la excitación de un nuevo caso le había hecho olvidar lo personal que era eso para John y lo rápido que habían llegado a quitarse la ropa, de pronto se encontró con John observando nuevamente sus cicatrices.
¿iremos? -Preguntó tímidamente, John sólo asintió, sus manos se deslizaron por los hombros de Sherlock, bajando por sus antebrazos.
Sólo si me prometes comportarte, Mary no debe saber nada acerca de esto…
Sherlock besó su cuello y deslizó sus labios hasta su clavícula y hasta su oído. Sus manos estaban puestas en las caderas del doctor y se deslizaban suavemente hacia arriba, acariciando su espalda.
No diré una palabra.
John rió fuertemente por las cosquillas de los labios de Sherlock sobre su oído y porque, bueno, porque la idea de Sherlock en silencio era muy graciosa.
Sabes que eso es mentira.
John rió y enredó sus dedos en los rizos de Sherlock, tirando de ellos suavemente. Estaban tan juntos que sus pechos subían y bajaban al compás de la misma respiración. Sherlock murmuró.
Sé que no lo digo muy a menudo, pero yo…
Las palabras de Sherlock se quedaron a medio camino, un celular estaba vibrando sobre la mesa de noche.
Sherlock…
El detective se estiró para tomarlo sin si quiera mirar a John.
¿Si? ¿Cuántos? -Miró a John y le puso la mano en la boca por si se le ocurría hablar.- ¿Dónde? No te escucho bien, envía la información a mi teléfono.
Se levantó.
Doble asesinato en un hospital ¿Vienes?
John lo miró como si lo hubiese empujado. No podía creer en un momento Sherlock hubiese estado a punto de decirle que lo amaba y al siguiente lo dejara abandonado por una llamada. Estaba sintiendo algo nuevo: frustración y tuvo el amargo presentimiento de que no sería la última vez que lo sentiría en esa relación.
Sherlock, estamos en medio de "algo".
Oh, lo siento.
Sherlock volvió a dejar el teléfono sobre la mesa de noche y lo miró expectante. John entornó los ojos y lo miró atentamente. Durante unos segundos Sherlock sostuvo su mirada, pero por un segundo sus ojos se desviaron hacia el reloj que colgaba sobre la cama de John.
¡Ah! Está bien, vamos. -Dijo el doctor empujándolo suavemente y levantándose.
En veinte minutos estaban en un taxi rumbo al hospital, Sherlock miró su teléfono con mucha atención.
Que interesante, el hospital al que vamos está cerca del teatro en el que citaron a Mary… de hecho esta justo al lado.
John miró la pantalla. Conocía el hospital, era antiguo y sólo de dos plantas donde normalmente se hospitalizaban adultos en fases terminales de diferentes enfermedades.
¿Quiénes son las victimas?
Dos extranjeros, un tal Sholto y su hijo. Al parecer el padre estaba hospitalizado y a punto de morir, el hijo lo fue a visitar y encontró a alguien tratando de robarle, hubo una pelea… Sholto hijo murió, pero no tiene ninguna lesión física, el padre murió de un ataque al corazón.
Quizás el hijo también.
Mmm, posiblemente.
Sherlock miró a John.
¿Estás enfadado?
¿Enfadado? No, sólo un poco sorprendido, normalmente no suelo ser abandonado en medio de una situación así por un par de cadáveres.
Sherlock sonrió.
Te lo compensaré, lo prometo. -John miró por la ventana y negó con la cabeza lentamente.
No, porque cuando resuelvas esto querrás ir a ver el teatro aprovechando que estamos cerca, casi puedo leer tus pensamientos Sherlock y después que resuelvas lo de Mary, Lestrade te llamará por otra cosa y luego siempre habrá algo.
No siempre, antes nos pasábamos semanas sin ningún caso.
Lo sé, pero tampoco nos podemos pasar la vida entre la cama y escenas del crimen.
¿Por qué no?
Porque hay más cosas en la vida, Sherlock.
Lo sé, pero todo lo demás es aburrido… ¡oh! hay un concierto de violín el próximo sábado en Covent Garden y Mycroft ya me consiguió entradas.
¿Mycroft?
Bueno, para algunas cosas aún estoy muerto, no podré usar tarjetas de crédito hasta un par de semanas más.
John se rió entre dientes.
Tenemos que trabajar en la rutina, John, pero estaremos bien, yo… sé que a veces puedo dejar pasar muchas cosas por alto si no tienen que ver con el caso en el que estoy trabajando, pero no cometas el error de pensar que no estoy pendiente de ti. Siempre has estado en el primer lugar dentro de mis prioridades.
John lo sabía, no necesitaba que Sherlock se lo dijera, porque también ese era su caso. No recordaba el momento exacto en el que Sherlock se había convertido en su prioridad número uno pero así era. El detective le dio unas palmadas en la rodilla y el resto del viaje lo dedicó a pensar en el caso de los Sholto.
Cuando llegaron al hospital padre e hijo ya estaban en la morgue. Sherlock examinó los cuerpos con atención. Tal y como lo habían dicho, el padre había muerto de un ataque al corazón, pero su rostro estaba deformado por el miedo.
Seguramente el dolor fue demasiado intenso. -Dijo el detective inspector que estaba en la escena, era un hombre alto y rubio que miraba a Sherlock con la atención de un alumno a su maestro.
Se había presentado como Tobías Gregson y por su actitud cerca de Sherlock, John dedujo que ya se conocían, aunque el detective no le prestó mucha atención.
¿Lo movieron?
Desde la habitación hasta acá.
Sherlock levantó el cuello de la víctima, examinó sus manos y sus antebrazos como si buscara algo específico, luego tomó de un cajón la máquina rasuradora y ante la vista atónita de Gregson procedió a quitarle todo el cabello colorín a Sholto junior.
Con tres palabras Gregson envió a todos sus hombres fuera de la morgue mientras Sherlock depilaba cada centímetro de la piel de Sholto.
¡Aha! -Dijo finalmente al revisar el costado de la cabeza de Sholto. Sherlock sacó su móvil y se puso a teclear con fuerza.- Necesito una muestra de la sangre de este hombre en el laboratorio de Barts ahora, Molly Hooper estará esperando por ella, vamos John.
Sherlock salió de la morgue lentamente mirando al suelo con sus ojos entornados.
¡Todos quietos que nadie se mueva! -Dijo y las pocas personas que estaban ahí se quedaron congeladas mirando alternativamente a Sherlock y a Gregson.
Hagan lo que les dice, no se muevan.
Sherlock se puso de rodillas mirando el suelo del pasillo.
Señor Holmes… Sherlock. -Dijo Gregson aparentando seguridad bastante convincentemente.- ¿qué sucede?
Sholto hijo murió envenenado, descubrí una punzada en su cabeza, pero el dardo que llevaba el veneno no está en su cuerpo, debe haberse caído... -Dijo Sherlock en voz baja como si las ondas de su voz pudieran alejar más el dardo.
¿Dardo? -Susurró Gregson, John negó con la cabeza y le hizo una seña para que guardara silencio, el inspector asintió.
Sí. – repitió Sherlock molesto.- dardo…
Sherlock revisó todo el suelo desde la habitación de Sholto en el segundo piso hasta la morgue en el subterráneo, John registró la ropa de cama del padre de la víctima.
Sherlock. -Lo llamó finalmente, sobre la cama había un delgado trozo de madera, como una aguja finísima.
No lo toques. -Dijo Sherlock tomando una bolsa y unas pinzas. Guardó el dardo y lo miró a través de la bolsa.- Esto cada vez toma más y más aires extranjeros…
¿A qué te refieres?
Tengo que saber qué tipo de veneno es, vamos a Barts.
Gregson puso a disposición de Sherlock una de las patrullas y en menos de diez minutos estaban cruzando la ciudad para llegar a Barts.
¿Crees en las coincidencias, John?
Pregunto Sherlock aún mirando el dardo.
No.
Entonces supongo que ambos debemos buscar una explicación diferente para todo esto, porque creo que este hombre tenía algo que ver con Mary.
¿Qué? -John lo miró asombrado.- ¿Por qué dices eso?
Sherlock abrió la bolsa.
Huele como a incienso.
es el mismo aroma que tenía el sobre…
Sherlock se encogió de hombros.
No sé si es incienso o el veneno, actualmente cualquiera podría comprar un veneno así por internet, pero no cualquiera atacaría a su enemigo con un dardo empapado en él… estoy seguro que este veneno es el de la cobra india, más que nada porque Sholto hijo ni si quiera alcanzó a desplomarse cuando ya estaba muerto.
Pero… ¿estás seguro?
Es lo más probable y ese es el camino que tomaré.
Sólo hizo falta que Sherlock realizara unas pocas pruebas en el laboratorio y que llamara a un amigo de la Sociedad de Herpetología de Londres para que estuviera completamente seguro que el veneno en cuestión era de una serpiente de la India, sin embargo el veneno no tenía aroma, los venenos de las serpientes no tienen un olor que una persona pueda percibir, pero este sí. Sherlock finalmente llegó a la conclusión de que no era el veneno sino el dardo que tenía la curiosa esencia.
Así que aquí tenemos un asesino que se ha dado cita con tu esposa.
Del uno al diez, ¿cuán seguro estás de eso?
Quizás un cinco… por ahora. -Sherlock sacó su teléfono y llamó a Gregson, al parecer estaba encantado de ayudar y le dio enseguida lo que quería: la dirección de Sholto.
Cuando llegaron a la casa encontraron la puerta forzada, alguien había entrado y había revuelto todo seguramente buscando algo que Sholto tenía muy escondido, porque hasta la cama había sido derribada contra la pared.
Sherlock se agachó a recoger un trozo de papel del suelo.
Tenemos que regresar al hospital.
Dijo mostrándole a John una pulsera de papel de color amarillo, la misma que usan los pacientes usan cuando están hospitalizados. En ella se leían las iniciales "C.M."
Fin del Capitulo 14
Nuevamente muchas gracias por leer.
Si todo sale como lo tengo planeado este ha sido el penúltimo capitulo, sólo espero poder resolver las cosas de manera satisfactoria para todos, aunque nunca se sabe, a veces una tiene las mejores intenciones y de todas maneras alguien se muere.
Besos y espero sus comentarios.
Liz.
