Hola a todos una vez más.
Por razones desconocidas esto se ha alargado más de lo que había pensado, pero nos acercamos indudablemente al final y me parece que justo a tiempo, porque en Septiembre comienza la nueva temporada de Doctor Who y si no termino pronto, este fic terminará siendo un cross over entre Sherlock y El Doctor.
Sin más preámbulos les dejo con el capitulo 16.
Capítulo 16
El hombre sentado en la oscuridad del pasillo era Sherlock Holmes, Detective Consultor, el único en el mundo. El había inventado el trabajo.
Normalmente había orgullo donde fuera que pronunciaba esas palabras, algunos lo llamaban genio, otros psicópata.
Los hospitales le recordaban que en algún punto de su extraña adolescencia populada por tubos de ensayo y soledad, él mismo intentó con bastante éxito encontrar un término que se adecuara a su realidad. Así fue como había dado con la palabra "sociópata". No era como si Sherlock un día hubiese acudido a un psicoanalista o algún tipo de profesional en los problemas de la mente para ser estudiado y catalogado. Por su propia cuenta había hecho una exhaustiva investigación con respecto al tema, sin jamás decir que en realidad estaba hablando de su persona y el resultado había sido erigido como un estandarte que llevaría durante el resto de su vida.
"Soy un sociópata, no un psicópata" muchas veces había dicho esa frase con otros diferentes términos al final: "soy un sociópata… no un criminal, ni un loco, ni un mentiroso, ni un presumido" Y era muy probable que la verdad absoluta se encontrara en algún punto medio. No podía evitarlo, Sherlock Holmes era demasiado inteligente para su propio bien y el de los que lo rodeaban.
Pero en realidad ¿Qué merito tenía? El solo se dedicaba a interpretar pistas, deducir, descubrir, a perseguir misterios que jamás lo dejaban satisfecho a pesar de estar resueltos del todo. No. Nunca estaban resueltos del todo. Por más que Sherlock descubriera al culpable siempre se le escapaba el por qué.
¿Por qué la gente se mata entre sí? ¿Por qué los celos enfurecen? ¿Por la traición? ¿Por qué el amor generaba tantas muertes? ¿Por qué muchas veces, personas completamente normales, perdían la cabeza y mataban, mutilaban, escondían cadáveres, defraudaban y mentían? A Sherlock siempre se le escapaba el "factor humano" y creyó que jamás lo entendería.
Hasta que llegó John.
Sherlock seguía sentado en el pasillo. Había una persona a su lado, pero su cerebro ni siquiera había reparado en ella y lo único que lo mantenía despierto y cuerdo era un intenso monólogo interior que buscaba consolarlo, buscando las raíces de su propia existencia.
El era Sherlock Holmes: detective, violinista, hermano menor, compañero de piso, bebedor de café, ex adicto y experto en judo. Sabía mucho a cerca de muchas cosas, como si su cerebro fuera un gran almacén, hasta le había dado un nombre "Palacio Mental" ¿de qué servía eso ahora? Incluso le parecía ridículo. Ahora, el horrible presente, cuando el curso de los acontecimientos había sido tan rápido que él mismo se había convertido en el dato más olvidado de la ecuación.
Las luces del pasillo se apagaron y la espera se hizo aun más insoportable.
Toda esa pesadilla había comenzado con las iniciales C.M.
En el momento en el que John salió del departamento y fue con Mary, Sherlock, cuyo cuerpo aún estaba agitado después de experimentar una exhaustiva sesión de ejercicios junto al de John, hizo una recapitulación de eventos mientras tomaba una ducha y se vestía lo más rápido que la ansiedad le permitía.
Porque no había duda de que estaba ansioso. Las iniciales C.M. al fin cobraban sentido y cuando Lestrade le llamó para decirle que tenía razón, que el hospital para emigrados había sido construido por Sholto padre como un regalo para sus compañeros inmigrantes y el precario sistema de salud de ese entonces, para los ingleses con otras nacionalidades, una luz roja se encendió en su cerebro.
Sherlock terminó de atarse los cordones de los zapatos. Reloj, bufanda, guantes, abrigo. Se pasó descuidadamente las manos por entre sus rizos flojos que habían adquirido un poco más de volumen debido a la humedad en el ambiente y corrió escaleras abajo.
John llegó al hospital, la cita era en el mismo piso que el servicio de imagenología que estaba en frente de una escalera. Hacia su izquierda y derecha se extendían los pabellones de cuidados intensivos y hospitalizados graves, pero la puerta de la derecha tenía un gran candado que decía a viva voz "no me han abierto en mucho tiempo" John fue hacia su izquierda y a medida que se internaba más y más en las entrañas del hospital, le parecía que era el lugar perfecto para una reunión clandestina.
Pasó a través de los pasillos como un fantasma.
Llegó frente a una puerta doble que decía "mantención", las abrió y llegó al extremo del hospital, un trozo de pasillo con una sola ventana grande, donde el equipo de aseo guardaba las máquinas enceradoras y las escobas. Se acercó a la ventana, la vista daba hacia la entrada del teatro donde había sido citada Mary por primera vez. Sostenida contra la pared derecha, había una escalera larga que daba a una puerta trampa en el techo.
John estaba consciente de los riesgos de ir solo, también era consciente de que, siempre que estaba solo le pasaba algo malo. ¿Nunca se lo había contado a Sherlock? No, quizás ni siquiera a Mary y únicamente lo había mencionado en un informe militar hacía muchos años, pero en el momento en el que le dispararon en Afganistán había estado solo.
En su opinión, siempre era mejor rescatar al herido que lamentar al muerto, así que había regresado por un compañero para arrastrarlo hacia un lugar seguro. Lo demás era historia. Algunos le dijeron que estaba loco, otros le dijeron que había sido heroico, por un tiempo John pensó que ambos, ahora solo se encogía de hombros.
Por otra parte, no podía involucrar a Sherlock en todo esto, Mary no se lo perdonaría jamás y lo que menos necesitaba era darle otra razón para odiarlo. En su mente John había ordenado el mundo en torno a su ex esposa y a su amante con una gruesa línea divisoria que jamás (jamás) debía anularse o ignorarse. Esa era la frontera para ambos y la respetaría tan celosamente como si Sherlock y Mary no se conocieran, no por cobardía, sino por respeto y porque así, sus vidas serían mejores.
John sintió un chirrido y la puerta del techo se abrió. Por la escalera descendió un hombre con la piel oscura, como si hubiese estado mucho tiempo al sol y un traje nuevo que pretendía ser elegante, pero que denotaba un horrible gusto.
El hombre se tomó todo el tiempo del mundo en bajar sin siquiera mirar a John. Cuando estuvo en el suelo su mirada se deslizó arriba y abajo en el cuerpo del doctor y preguntó con un tono de voz áspero, como si no hubiese sido usado en mucho tiempo.
- ¿Dónde está Mary?
A John le desagradó inmediatamente el tono familiar en el que había pronunciado el nombre de su ex esposa.
- ¿Mary? -Repitió John de mal humor.
- Sí, Mary. -Dijo nuevamente el hombre como si pensara que John era retrasado.- Necesito hablar con ella, ¿dónde está? ¿Por qué no ha venido?
John se tomó un tiempo para observarlo. Era un hombre mayor, pero a juzgar por el poco esfuerzo que le tomó bajar por la empinada escalera, estaba en bastantes buenas condiciones, su tono de voz era demandante y sus ojos le recordaban a alguien aunque no podía definir a quién. Lo primero que pasó por su mente, fue Sherlock con el disfraz de viejito con el que se lo había topado en París. El viejo ante él presentaba muchas de sus características, en algunos sentidos John tuvo la impresión de que lo que estaba viendo era un disfraz.
Su cabello cano parecía recién cortado y estaba peinado hacia atrás dejando despejada la frente amplia y el rostro maduro y enfurecido. En algún momento de su vida había sido bien parecido, aunque ahora solo se percibiera en el detalle de su piel, sus ojos violeta y unos labios con un marcado arco de Cupido.
- Mary no vendrá, no tiene razón para hacerlo. -Declaró John.- No es el tipo de mujer que responde con obediencia a las invitaciones de desconocidos.
- El hombre pareció divertido con esa justificación. Divertido y orgulloso.
- Necesito hablar con ella, váyase y tráigala.
- No tengo por qué obedecer ninguna de sus órdenes.
"Ordenes" a ambos les pareció adecuada la palabra y John reconoció en el viejo algo remotamente familiar. Una vida dando y recibiendo órdenes.
- Dígale que le conviene, dígale… dígale que le tengo un regalo. -Dijo el anciano apelando a la curiosidad.- Dígale que…
- No voy a decirle nada hasta que me diga qué asuntos quiere con ella.
- Ese no es su problema.
- Claro que sí l…
Entonces, otra voz se unió al coro.
- Oh, vamos, no puede culpar al esposo de la señora Watson por impedirle que venga a una cita con un hombre anónimo en un hospital casi abandonado.
La voz que había pronunciado esas palabras estaba detrás de John, pero ni el viejo ni él se habían dado cuenta de cuando Sherlock entró en la habitación. Estaba medio oculto por los artículos de limpieza y cuando John se giró a mirarlo, notó que su rostro tenía la expresión que adoptaba cuando toda la madeja de acontecimientos había sido devanada en su cerebro magníficamente.
- ¿Sherlock? -John hizo una mueca sin saber si sentir alivio o pánico.- ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿Sherlock?. -Repitió el hombre.- Así que ese es el hombre por el que Mary perdió a su marido.
John sufrió un pequeño shock al oír esas palabras y se giró nuevamente hacia el hombre.
- ¿Cómo sabe eso? -John demandó la información, con una voz que habría hecho temblar al Quinto Regimiento de Fusileros de Northumberland.
Sherlock se puso a su lado y tiró de su chaqueta para hacerle retroceder.
- Verá. -Dijo dirigiéndose al anciano.- John es un soldado y no suele responder bien a los misteriosos hombres que acosan su vida privada y aunque no creo que usted sea un hombre peligroso, debería ser completamente honesto con nosotros. Por su propio bien, señor Morstan.
- ¿Morstan? -Murmuró John mirando alternativamente a Sherlock y al viejo.- ¿El padre de Mary? Pero… él está muerto.
- Obviamente no. -Dijo Sherlock sonriendo como si fuera lo mejor que le había pasado en días.
El hombre no lo negó, simplemente miró a Sherlock de una manera que indicaba que todas sus defensas habían sido aniquiladas, pero que aún así, no era un hombre sin recursos y que no dejaría que esto lo detuviera.
- ¿Cómo lo supo?
- Bueno, tenía mis sospechas, pero al verlo en persona el parecido con Mary es evidente, debajo de toda esa parafernalia, claro está. Un detective tiene que tener buen ojo para la fisionomía.
- Así que es cierto. Todo eso de que el famoso Sherlock Holmes, caído en desgracia, ha regresado desde las cenizas.
- Exacto, igual que el fénix. -Dijo Sherlock orgullosamente y John hizo una mueca mitad divertida mitad preocupada. Ni en los momentos más tensos Sherlock podía evitar sentirse orgulloso de su talento como podría estarlo una niña a cerca de su bonito cabello. "míralo" se dijo John "solo le falta sonrojarse"
- Sí. -Dijo el hombre.- Regresado de la tumba para acostarse con el marido de mi hija.
- John sintió su rostro arder y se giró indignado hacia el hombre.
- ¿Podría dejar de mencionar eso? Es bastante molesto.
- Oh, claro y no es para nada molesto que mi pobre hija haya tenido que pasar por la humillación de ver a su esposo abandonarla por otro hombre.
- Eso es entre Mary y yo. -Dijo John.
- Yo soy su padre. -Dijo Morstan.
- Yo lo vi primero. -Dijo Sherlock, ambos hombres lo miraron, su voz había sonado como la de un niño que reclama un juguete frente a todos los demás.- Como yo veo las cosas, John me engañó a mí con Mary y no al revés.
- Eso es bastante estúpido. -Gruñó Morstan, enfurecido.
- Dice el asesino de dos hombres.
- Yo no maté a nadie, maldito sodomita.
John se llevó la mano al rostro, avergonzado y sintiendo ganas de desaparecer.
¿Podemos avanzar con el asunto? -Preguntó
- No vamos a avanzar en nada, no hablaré con ustedes. -gritó Morstan.- Que venga Mary y hablaré. -Dijo indicando el suelo con el índice, indicando el lugar donde quería ver a su hija.- Desde el momento en el que la abandonaste, tú ya no tienes nada que ver con ella. -Le dijo a John.
- Sé que no estamos juntos, pero aún me preocupo por su bien estar.
- ¡No les diré nada! ¡Nada!
John buscó ayuda en Sherlock y cuando lo miró, vio que estaba sonriendo ligeramente, como si todo estuviera saliendo como él lo había planeado.
- ¿Sherlock?
Como si todo eso fuera una obra de teatro y ese su pie para comenzar a hablar, Sherlock dio un paso al frente, como un actor comenzando un monólogo.
- En realidad no necesitamos que nos diga nada. Es bastante evidente que está relacionado con el asesinato de los Sholto. ¿Motivo? -Preguntó a la audiencia pero John solo levantó una ceja.- Bueno, dinero, claro está y algún tipo de venganza por el hecho de que usted tuvo que pagar con prisión algunos errores en común con el dueño de este hospital. Todo bien hasta ese punto, el problema es que Scotland Yard está buscando un culpable.
Miro a Morstan, pero no le dio tiempo de hablar.
- Tampoco necesitamos que nos diga nada de su persona. Ha estado escondido tanto tiempo que ya no sabe qué aspectos de su apariencia debe cambiar para pasar desapercibido. La piel en torno a su boca y en sus patillas está un poco mas pálida que el resto, lo que quiere decir que utilizó vello facial durante mucho tiempo para ocultar su identidad, sin embargo a juzgar por la irritación hoy decidió deshacerse de él, quizás en un intento de mostrarle a su hija un rostro más parecido al que dejo de ver cuando era niña. A juzgar por el color de su piel y la manera en la que ató los cordones de sus zapatos, todo indica un hombre de mar…
Los ojos de Sherlock se hicieron más y más estrechos mientras se adentraba en las profundidades de la mente y la figura de Morstan.
- No solo eso, un hombre de alta mar… pero no un pescador. -Dijo mirando las manos de Morstan.- Esas no son las manos de un pescador ni los brazos de un pescador, entonces… Su piel y sus zapatos me dicen "viajes regulares… a alta mar"
Sherlock movió su vista verde y penetrante al rostro del hombre que no decía ni una palabra.
- ¿Trabajo? no. -Dijo moviendo la cabeza para alejar la idea, miró el traje del hombre, era de pésimo gusto, pero le calzaba a la perfección, hecho a la medida, su cerebro voló rápidamente hacia la conclusión más probable.- Regresó de la india con dinero, pero ponerlo en el banco habría sido lo mismo que revelar que estaba vivo y eso era lo último que necesita un hombre que va tras venganza y retribución, así que usa el mar como un enorme banco…
- ¡Basta!
- Está bien, mejor sigamos con la venganza contra Sholto padre…
- Yo no le maté. Dios sabe que me hubiese gustado ponerle las manos encima, pero yo no le maté. -El hombre suspiró mirando a Sherlock con una mezcla de admiración y odio que John había visto demasiadas veces.- Hicimos un negocio en la india que salió mal, él escapó con todo el dinero y yo me quedé atrás, dando las explicaciones y tratando de arreglar las cosas. Él prometió conseguir a través de la embajada que pidieran mi extradición. Me habrían enviado directo a las manos de la Corona Británica y habría usado un poco de mi pequeña fortuna para evitar ir a la cárcel, pero una vez aquí Sholto pensó "¿para qué traerlo si puedo quedarme con todo el oro?" y así lo hizo. El muy maldito me abandono y estuve todo este tiempo en la cárcel en la india. Cuando me vi libre, regresé a Inglaterra y comencé a buscarlo, fui a su casa y me presenté como un viejo amigo que venía a hacerle una visita de cortesía, Me encontré con uno de sus hijos, un desagradable hombre igual que su padre…
- ¿Y el tesoro?. Preguntó Sherlock en un susurro.
- No lo sé, el canalla de su hijo lo ha buscado por todas partes, pero sin éxito, lo sé porque cuando lo fui a ver todo el patio de la casa estaba excavado. Estaba comenzando a pensar que lo había gastado todo o lo había puesto en cuentas de banco secretas cuando me enteré que este hospital lo había mandado a construir él, entonces supe que alguien como Sholto jamás se separaría de su tesoro, preferiría morir a su lado que tenerlo en un banco frío o en un agujero en el patio.
- ¿y ha encontrado el tesoro? -Preguntó John y Morstan le dio una mirada capaz de derribar un elefante.
- ¿Me veo como si hubiese encontrado un tesoro?
- La verdad, se ve como si hubiese perdido el sentido de la vista hace mucho tiempo. -Repuso John de mal humor.
- Con mi ayuda encontrará el tesoro en poco tiempo. -Dijo Sherlock.- pero hacer rico a un criminal no sería una decisión muy sabia de mi parte.
- Le digo que yo no le maté.
- ¿Tiene pruebas de eso? -Preguntó Sherlock.- Me temo que la manera en la que asesinaron a Sholto padre y al menor de sus hijos huele mucho a una muerte importada directamente desde la india. Si asoma la nariz usted será el primer sospechoso, señor Morstan.
- Mi intención jamás fue "asomar la nariz", Holmes. Yo quería ver a Mary y llevarla conmigo, recuperar el tiempo perdido.
Morstan se acercó a la ventana.
- Esperaba verla y pedirle perdón por no estar ahí cuando me necesitaba, por haberse tenido que criar en un orfanato, por no haber estado ahí cuando fue a la escuela, cuando necesitó dinero, por no entregarla en el altar. Esperaba que deseara pasar mis últimos años haciéndome compañía... no me interesa quien mató a Sholto, solo quiero tomar lo que es mío y llevarme a mi hija para darle la vida que siempre se mereció… Mary… mi princesa…
La voz del viejo se quebró un poco y John hizo una mueca de tristeza. A veces Mary hablaba de su padre y parecía recordarlo con mucho cariño. El siempre reconocía en su voz, un poco de orgullo y esperanza, aunque ella le había dicho que su padre estaba muerto.
- Estoy seguro que Mary querrá ir con usted, ella es una mujer maravillosa y nunca ha dejado de amarlo, no importa el dinero.
Sherlock levantó una ceja y tomó aire para lanzar un suspiro fastidiado, pero la expresión en el rostro de John en ese momento lo detuvo. Era una de las cosas que más amaba en él: la esencia de la humanidad, el sentir lo que otro siente, la empatía… el factor humano.
Nadie decía nada y Morstan los miraba con cautela, pero pareció decidir que en esos momentos no podía confiar en nadie más. Sherlock parecía una maquina y el viejo conocía bien su reputación, John se veía mucho más humano y dispuesto a escuchar, así que orientó su discurso a un punto medio entre los dos, pero más inclinado hacia su ex yerno.
- Como les dije, fui a la casa de Sholto y como no lo encontré, vine aquí. Cuando llegué el hospital estaba en completo caos, las enfermeras corrían diciendo algo a cerca de un asesinato, pero aún no habían llamado a la policía, así que me aproveché del pánico y entré en su habitación. Sabía que tenía poco tiempo, así que revisé todo superficialmente. Sobre la mesa estaba su antiguo diario, una reliquia de la que no se separaba jamás, esperaba encontrar algo interesante en él así que me lo llevé, pero resultó ser uno similar y no el que tenía desde hacía años, este estaba en blanco y solo tenia unos dibujos extraños…
Sherlock frunció el ceño, pero no dijo nada a cerca de eso.
- Si usted no mató a los Sholto entonces hay alguien allá afuera que conoce silenciosos métodos de la India para acabar con la vida humana.
- ¿Pero quién?
- Quizás alguno de los embaucados por su negocio, pero de eso ya ha pasado mucho tiempo, mucho más probablemente es el hijo mayor de Sholto. Lestrade dice que lo han estado buscado sin éxito y su casa está desierta. Su padre no quiso decirle dónde estaba el tesoro, así que lo mató… también mató a su hermano porque así, cuando apareciera el tesoro no tendría que dividirlo, el problema es que el tesoro no aparece y eso lo deja con las manos vacías y sin nadie a quién preguntarle dónde puede estar.
De pronto la actitud en Sherlock cambió, se giró y se irguió en toda su altura. Fue hacia Morstan y lo arrinconó contra la pared solamente avanzando unos pasos hacia él, su mano derecha se deslizó dentro del bolsillo de su abrigo y el hombre pareció infinitamente más pequeño de lo que era.
- ¿Jamás estuvo en casa de Sholto después de su primera visita?
- No…
- ¿y en ningún momento reveló el más leve indicio de su verdadera identidad?
- Ya les dije que conté la historia de un amigo que quería saber cómo estaba.
- Bueno, eso fue suficiente para Sholto junior.
- No entiendo.
John ahogó una exclamación de sorpresa cuando Sherlock sacó de su bolsillo la banda del hospital con las iniciales C.M.
- Esto es suyo, ¿verdad?
- De alguna manera tenía que colarme en el hotel para mantener vigilado a Sholto, por si decía algo del tesoro… pero me la quité luego…
- Luego de que Sholto murió, cuando ya no fue necesario vigilarlo ni estar en el hospital. Esta banda la encontramos en la casa de Sholto padre, su hijo debe haberla encontrado aquí después que usted revisó la habitación y la llevó con él a su casa, donde comenzó a buscar el tesoro desesperadamente. Si el verdadero diario de Sholto está en manos de su hijo, no tuvo que ser un genio para unir estas iniciales con el amigo recientemente llegado del extranjero…
Sherlock miró a John.
- Ellos saben quién es, el menor de sus hijos le enviaba a Mary una perla cada año para compensarla de alguna manera así que es un hecho que Sholto les habló a sus hijos a cerca del Coronel Morstan y sus aventuras en la India, quizás hasta les previno de que algún día usted podría aparecerse reclamando una compensación.
El coronel Morstan maldijo en voz alta como solo lo hace un militar con décadas de servicio en un país extranjero y dijo con voz amarga.
- Todo este problema es por el tesoro, solo quiero tomarlo y largarme de aquí…
- Olvídese del tesoro de Sholto, lo más probable es que su hijo tenga vigilados la casa y el hospital, en cuanto vea a alguien salir con algo más grande que una billetera, lo detendrán.
- Bueno, al menos le queda su parte. -Dijo John
- No es un tesoro, son solo unas pocas barras de oro que escondí antes que me apresaran y que logré recuperar después de que quedé libre, jamás sería suficiente para darle a Mary lo que le debo.
- Incluso eso es mejor que terminar en la cárcel nuevamente por un crimen que no cometió. -Dijo Sherlock.- Debería…
- ¡No! ¡Ese tesoro me pertenece, mi vida entera se arruinó por culpa de ese hombre y lo único que demando es la justa restitución!
- No hay nada que se pueda hacer, el tesoro de Sholto no va a aparecer. La única persona que sabe dónde está se encuentra ahora en la morgue.- La frente pálida y lisa de Sherlock se contrajo en una mueca y sus ojos verdes se movieron por el suelo como si estuviera ordenando ahí las pistas.
- John, tenemos que ir con Mary.
John ni siquiera preguntó por qué, abrió la puerta y comenzó a caminar. El coronel Morstan corrió tras ellos y dijo sin aliento.
- ¿Qué sucede? ¿Qué pasa con Mary?
- ¡Piensen!. Sherlock avanzaba a grandes zancadas por los pasillos.- La parte del tesoro de Sholto está perdido, la del coronel Morstan es inalcanzable y aun así es una miseria. ¿Qué parte del tesoro es la única que sabemos dónde está?
- Las perlas. –John sintió un escalofrío bajando por su pecho.
- Exacto. Dijo Sherlock. - Para no quedarse con las manos vacías, el hijo de Sholto irá tras Mary.
Fin del Capitulo 16
Ahora si que se acerca el final.
Muchas gracias por leer y, como de costumbre, cualquier comentario es bien recibido.
