Disculpen la tardanza, ya se que parezco disco rayado. Primero, pues me enferme; el día de mi cumpleaños, comí mucho pastel y me subió la glucosa hasta el cielo. Ya estoy bien, pero extraño mucho los dulces :'(
Además el capitulo no terminaba de quedarme, y pues cuando lo termine me di cuenta de que era muy M y no T. Y la censura me llevó algún tiempo extra.
Los personajes no son míos, solo lo que esta fuera de carácter. ;)
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¿Caramelo de limón?
Aprovechando la repentina suspensión de clases, que por una vez no le molestaba, cierta castaña decepcionada se retiró a la biblioteca para reflexionar. Se sentó en el rincón mas alejado de la entrada y, molesta por el calor que ahí hacia, se trenzó el cabello.
Hermione Granger siempre era honesta, siempre, incluso consigo misma. Por eso fue que tuvo que reconocer que lo que en realidad buscaba en la enfermería, no era cantarle sus cuatro verdades al hurón, si no darle su merecido. Un muy largo y merecido momento en la alta torre de Astronomía.
Si, era cierto, el año anterior se portó como todo un héroe, un oscuro y misterioso héroe, pero eso no le había quitado el mal humor; si no hubiera sido por el, no hubieran podido atraer a Voldemort a la trampa final y la mayoría de los mortífagos habrían escapado indemnes de la justicia, pero había sido como tener dos Snape en el cuartel; Siempre se pudo confiar en el, sobre todo el la pelea final, pero convivir con el fue una pelea constante, y al menos el murciélago de las mazmorras se iba al finalizar las reuniones.
Aunque el hecho de vivir en la misma casa que Malfoy le permitió verlo desde otro ángulo; si otro ángulo, por ejemplo: mostrando sus geniales ideas, igualmente que su aristocrático perfil durante las reuniones; revelando sus habilidades y su buen trabajo de equipo durante las luchas, además de sus movimientos elegantes; enseñando su lado tranquilo y sereno mientras miraba al fuego en chimenea de la cocina, a la vez que se retraía en si mismo; o siendo totalmente irresistible cuando salía del baño, con el pelo mojado y escurriendo agua por su pálida pero ancha espalda. Ese ángulo en particular era muy favorecedor.
Por eso fue que Hermione se sintió muy defraudada del sistema judicial cuando le asignaron un castigo a pesar de toda la ayuda que prestó a la causa.
Claro, se recriminó a si misma mientras hacia acrobacias con sus alborotados mechones, ¿Cómo pudo imaginar, aun por un solo momento, que el rubio tenía una motivación real para besarla? Bueno, una motivación que no fuera demostrar lo fácil que era hacerla caer.
El tenía a cualquier chica que deseara, incluso había escuchado de unas cuantas leonas que conocían sus grandes habilidades, como fue tan ilusa como para pensar que se sentía atraído por ella. Ahora mismo casi desearía no haber experimentado esas habilidades.
Porque solo de recordar la manera en como esos labios delgados se deslizaban sobre los suyos en la completa oscuridad...
O el frío y a la vez ardiente color plata de sus ojos cuando la sujetaba contra la dura pared del pasillo…
O ese tono seductor que adquiría su voz cuando murmuraba en su oído…
Con la boca repentinamente seca, la castaña levantó la vista de la mesa, y lo que vio, la dejó paralizada con las manos aun trenzándose el cabello.
Maldición.
Maldición.
Re contra maldición.
El hurón se encontraba en la puerta de la biblioteca y la miraba a los ojos con intensidad.
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Severus Snape esquivo a la atractiva y encantadora Sinistra, que caminaba hacia el contoneando las caderas, y se dirigió a la torre de los prefectos a toda prisa. Su larga túnica negra ondeaba tras el con mas ímpetu que de costumbre.
Tenía que llegar a la torre de los prefectos antes que esa inteligente bruja y encontrar la poción. Porque si alguien la tenía, ese alguien debía ser la sangre sucia amiga del jovenzuelo Potter. Y simplemente no podía permitir que McGonagall encontrara la afrodisia primero. Si alguien acusaba a Granger, de seguro esa tonta sabelotodo desembucharía de donde sacó la poción.
Entonces el tendría problemas.
No, tenía que llegar antes.
Mientras avanzaba, lanzó algunos hechizos. Convirtió un pasillo en un bosque y encantó las escaleras que iban al nivel 3 para que bajaran como las escaleras mecánicas de los centros comerciales muggles. Si ella iba tras el, entonces por lo menos tendría que detenerse a quitar los obstáculos.
Casi corriendo lanzaba encantamiento tras encantamiento, sin detenerse a pensar, haciendo gala de su destreza. Subió los escalones de la torre usando un hechizo levitatorio para ahorrar mas tiempo y entro a la habitación de la prefecta perfecta.
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El heredero de la fortuna de los Malfoy, entró a la biblioteca sin perder de vista a su objetivo. Tenia algo de miedo de que ella fuera a desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Y que tuviera que buscarla de nuevo, tal como hizo toda la mañana. Se veía algo agitada y sus mejillas estaban coloreadas de un exquisito tono rojizo que rivalizaría con el pelo de cualquiera de las comadrejas. Tardó un poco en darse cuenta de que no se movía y mantenía sus brazos sobre la cabeza en un intento algo infructuoso de trenzarse el pelo.
-Granger, granger. ¿Qué no te dijo tu mamá muggle que debías respirar? - Sonrió con esa mueca que sabia funcionaba con las chicas, entre despectivo y curioso, mientras elevaba una ceja teñida.
La repentina palidez en el rostro de la chica rivalizaba con el blanco de la camisa de su uniforme escolar. Eso, y el hecho de que no demostraba respirar, demostraban que su técnica parecía no estar funcionando nada. Demonios. Y no se le ocurría como plantear el tema, sobre todo porque su mente estaba centrada en recordar el sabor a fresa de sus labios y el tacto sedoso de su piel.
Malditas hormonas. Dado que ella era sangre sucia, su deterioro mental bien podría tratarse de un tipo de instinto animal que le recordaba a su organismo como ser un hombre de la época de las cavernas. Pero ¿que diablos estaba pensando? Esa tontería ya no se la creía ni el. Pero con algo había que justificar ese efecto ¿no?, además, la costumbre tardaba en quitarse. Aunque se luche contra ella, pensó.
-¿Quieres salir un momento para hablar? –eso funcionó algo, ya que ella incluso se levantó de la mesa, se anudó fuertemente el cabello y sin dejar de mirarlo fijamente contestó:
-Tu y yo no tenemos nada de que hablar Malfoy. – La castaña tomo uno de los libros frente a ella y camino muy decidida a la sección prohibida.
-Claro que tenemos que hablar, sabelotodo, o acaso… -mientras comenzaba a seguirla, llegó de nuevo a la conclusión de que eso tampoco estaba funcionando.
-¿Acaso que hurón? ¿Acaso tomaste más de esa porquería y no tienes a nadie dispuesta a la mano? – Sintiendo casi como un puñetazo en el esternón, el rubio sintió como ahora eran sus mejillas las que se teñían de color.
-Crees que necesito esa poción para…
-Para aprovecharte de alguien, claro que no, eso siempre lo puedes hacer sin ningún estimulo externo. ¿Verdad?
La castaña le dio la espalda para adentrarse en la sección prohibida a devolver el libro que llevaba en los brazos, pero el rubio entró tras ella.
-Entonces es eso, ¿crees que me aproveche de ti ayer? pues yo no te vi mucha resistencia ayer en el armario ni en el pasillo del despacho del director.
-Claro que no idiota, ¡el armario estaba a oscuras! – la castaña contraatacó con los ojos brillantes por la rabia.
-Entonces esa es tu excusa, ahora que te arrepientes, quieres hacerme creer que pensaste que era otra persona. – Cansado de esta inútil pelea, nuestro hurón favorito retrocedió a la entrada de la sección prohibida con la firme intención de dejarla gritando sola.
-¿Y la tuya? ¿Tomar una estúpida poción? –grito ella cuando Malfoy giraba hacia la salida.
-Para tu información sabelotodo, cuando entraste al armario yo salía de los efectos de la poción. – le recriminó el rubio con su tono de voz mas frío, caminando de nuevo hacia ella y acorralándola contra una estantería.
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La subdirectora del mejor colegio de magia y hechicería de gran Bretaña entró a la sala común de los prefectos encontrando ahí al profesor Severus Snape.
El profesor parecía algo fuera de lugar, pues aunque vestía su habitual túnica negra, tenía muchos de sus innumerables botones abiertos dejando ver su camisa de un blanco prístino. Y parecía agitado, su cabello se movía al ritmo de su rápida respiración y a la profesora le ardieron las palmas de las manos de ansiedad. El profesor se veía molesto, se dio cuenta con sorpresa la animaga, cuando vio sus ojos negros brillando como la luz oscura de las bibliotecas muggles que guardaban documentos antiguos.
Sintió un estremecimiento en la columna vertebral y espero que la molestia del profesor no fuera dirigida contra ella.
-¿Pasa algo profesor? – dijo haciendo gala de toda su fuerza de voluntad para dar a su voz el tono sereno de siempre.
-Claro que no profesora, acabo de revisar las habitaciones de los prefectos de mi casa y no encontré ninguna irregularidad.
-Entonces no tendrá inconveniente en servir de testigo mientras inspecciono la habitación de la señorita Granger.
-Por supuesto que no, pase usted.
-Después de usted.
El moreno profesor subió las escaleras de caracol justo delante de la profesora, quien se permitió observar su ondeante capa, que al moverse descubría una parte desconocida del jefe de la casa de las serpientes.
La no tan joven profesora sintió su pulso acelerarse y la sangre hervirle en insospechados sitios.
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El niño-que-vivió-dos-veces y Luna estaban hartos, tras abrir el armario de escobas donde se encontraban Filch y Madam Pince haciendo cosas innombrables, fueron a un aula, generalmente vacía, en el segundo piso, donde encontraron algo peor; sobre el escritorio y besándose sin descanso (esperaban que al menos solo eso), se encontraron a la profesora Trelawney con el profesor Raintlock.
-Vaya Harry, creo que eso debimos suponerlo, la profesora Trelawney siempre ha deseado usar las runas del profesor Raintlock.
-Si, pero yo creía que las quería para adivinar.
-Entonces, te parece bien el lago, podemos ir ahí y cerca esta el bosque.
-Vamos, de todas formas ¿que es lo peor que podamos encontrar?
Pero Harry Potter habló demasiado pronto, porque no tardaron en toparse con Madam Pomfrey de la mano de nada menos que Albus Dumbledore. Iban de la mano hacia la enfermería, mirándose a los ojos con demasiada concentración para ser verdad.
-Oye Harry, ¿eso era una túnica de caramelo de limón?
Sin decir una sola palabra más, el-niño-que-vivió-para-ser-afectado-por-un-trauma jaló a su novia de la mano. No pensaba decir una palabra más, o siquiera detenerse hasta salir de este castillo de locos.
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Bueno, ésta es la decima entrega, ¿cómo me quedó?
Muchas gracias por seguir leyendo mis locuras. Les próximo cap es el final, iba a ser este, pero me vi obligada a recortarlo por cuestiones técnicas.
A todas las chicas que amablemente me dejan sus reviews, sigo contestando de manera privada, desde el trabajo, je je je.
Muchisimas gracias por sus reviews o sus visitas, cuando leia un review o una notificación me sentía mejor… de verdad mil gracias.
Acuérdense de dejar un review ;)
Saludos
Pandora
