Bienvenidas al final del fic.
Aclaración: Los personajes no me pertenecen, la trama y las ideas malas son mías. No gano dinero con ellas.
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El mundo está loco
El menor de los pelirrojos esperaba en la sala de los requerimientos a dos serpientes de hábitos interesantes. El chico no se explicaba como es que en algún momento pensó ser tan egoísta como para reservarse exclusivamente para una chica, en especial para una tan desabrida como su mejor amiga.
Menos mal que había recapacitado, de todas formas, y se pensó mejor eso de la enemistad entre las casas. Eso era para los mismos tontos que lo calificaban todo. No todo el mundo tenía porque encajar en un estereotipo, ¿verdad?
Al menos eso era lo que Hermione decía, porque él no sabía el significado de "estereotipo". Pero sabía que la castaña se refería a que no todas las serpientes son malas, no todos los leones son buena compañía, y definitivamente no todos los Ravenclaws son cuadrados, como lo demostraba Luna.
Sonrió mientras se enorgullecía de haber logrado algo tan bueno con la sala de los requerimientos, que ahora lucía como una perfecta mezcla del baño de los perfectos con una de las recamaras de las mazmorras (las mas amplias de todo el colegio). Miró hacia a entrada cuando escucho el tirador girar y su mandíbula cayó al suelo al ver entrar a Tory y Pansy vestidas con una versión muy corta y pervertida de los uniformes de Slyterin.
-No nos esperes más, Ronnie, porque ya llegamos – Dijo Pansy lanzándole un beso de una manera provocativa que no tardó en generar reacciones en el pelirrojo.
En el momento en que Ron abría los brazos para recibir a las chicas, la puerta se abrió de nuevo revelando a los Lupin, quienes mostrando sorpresa, se dirigieron a los jóvenes congelados frente a ellos.
-Eh, muchachos… - El profesor Lupin pareció quedarse sin palabras.
-Chicos, salgan de esta habitación antes de que la cantidad de los puntos que pierdan tenga que ser registrada como un record en La Historia de Hogwarts – La profesora Nymphadora, que se miraba aterradora con los ojos color violeta intenso y el largo pelo negro como el de Bellatrix Lestrange, usó el mismo tono amenazante que salía de Snape en sus días mas oscuros.
Ante aquello, Ron arrastró a las chicas fuera de la habitación, sin detenerse siquiera para tomar la mochila.
-Menos mal, parece que dejaron algunos… – comentó el profesor distraídamente mientras observaba en contenido de la mochila, pero no completó la frase, ya que su esposa se lanzó sobre él.
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Más que un hurón o una serpiente, el rubio parado en la puerta de la biblioteca, aparentaba ser un cánido. Sus ojos emitían un leve resplandor plateado, como los ojos de los lobos en la oscuridad de los bosques. Cuando se acercó a ella y le mostró esa desquiciante media sonrisa, revelando parcialmente sus blancos dientes, Hermione Granger se sintió como una pequeña niña hipnotizada por un feroz lobo.
Su primer impulso fue huir, definitivamente tenía que salir de ese lugar. Pero el lobo bloqueaba la salida, así que retrocedió a la sección prohibida con la excusa de devolver el libro de pociones manipuladoras de la personalidad que estaba consultando. Pero el la siguió, increpándola con el asunto del armario y del pasillo.
Entonces le cayó el veinte de que el no recordaba los acontecimientos del día anterior como ella, o por lo menos, para el significaban otra cosa; eso le lleno de furia, el saber que probablemente buscaba burlarse. Por eso atacó, con unas cuantas y agresivas acusaciones.
El lobo retrocedió casi hasta la puerta de la sección prohibida y la castaña se sintió perdida sin su mirada de plata. Así que le grito de nuevo, para que por lo menos regresara a seguir atacándole.
Inesperadamente, el lobo regresó, y manifestando una furia arrolladora, la acorraló contra una estantería, y siseando con su profunda voz dijo:
- Para tu información sabelotodo, cuando entraste al armario yo salía de los efectos de la poción.
La castaña no entendía porque en lugar del frío miedo ante su reacción, su sangre corrió por sus venas como una enloquecida marcha de hormigas que llegó a su corazón y extremidades antes que el significado de las palabras penetrara a su mente. Rayos, tiene que ser el síndrome de caperucita roja porque no quiero que el lobo se aleje.
Un momento.
¿Malfoy, salía de los efectos de la poción cuando ella entró al armario?
Antes de asimilar esa información del todo, la castaña sintió los labios del rubio sobre los suyos.
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Al llegar al dormitorio revuelto de la prefecta perfecta de la casa de los leones, el nerviosismo del ex espía Severus Snape se encontraba a punto de estallar en una crisis de histeria.
Un sudor helado se deslizaba por su espalda bajo la camisa y tenía miedo de que sus manos empezaran a temblar de forma notoria. Ni en sus peores días como doble agente se enfrentó a tanta tensión; en aquella ocasión, Severus era consiente de que un error en su muro mental significaría una muerte segura bajo la varita del señor oscuro, pero ahora cualquier error cometido, cualquier pista dejada a los inteligentes ojos de la bruja tras el y sería picadillo de mago.
Casi soltó un grito al entrar por la ventana una de las lechuzas oficiales del cuerpo de docentes. El ave se posó sobre la mesa de estudios del cuarto de la prefecta y mostró la pata donde portaba el mensaje en dirección al Profesor.
-Es del director, ordena el cese de la búsqueda, aunque dice que las clases quedaran suspendidas por el día de hoy. -Indicó a la bruja mientras leía el pergamino.
Se giró para encararla y se encontró sus escrutadores ojos fijos en el. Sus mejillas tenían un aspecto rosado y respiraba agitadamente.
¿Acaso subir las escaleras de una torre era demasiado a su edad?
Tonterías, ella es, cuando mucho, algunos años mayor que el.
¿Entonces?
¿Por qué parece apunto de hiperventilar?
Creo que esta es mi oportunidad - pensó malévolamente el profesor Snape y sin detenerse, no fuera a arrepentirse, se acercó a la agitada mujer y la tomó por los hombros.
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Flotaba en una bruma de color rosa, como si hubiera ingerido grandes dosis de esa poción que preparaba Madam Rosmerta en su taberna, si no fuera porque estaba segura, pensaría que estaba en un sueño inducido por sustancias alucinógenas.
Su famosa mente, rápida e inteligente, brillaba por su ausencia. Solo sus sentidos permanecían funcionando, como amplificados, así que podía notar perfectamente las terminaciones nerviosas enloquecidas por el beso en el que se encontraba; en la espalda masculina podían percibir cada ejercitado musculo tenso bajo las palmas de sus manos y el aroma que llegaba a su nariz le recordaba grandes praderas verdes donde descansar bajo el cielo nublado. De haber abierto los ojos, se encontraría atrapada sin remedio en la mirada del otro.
Cómo fue que empezó a fijarse en este maldito bruto, insensible, irónico, insoportable, misterioso, poderoso y atractivo mago. Cuándo fue que tuvo que inventar mil y una excusas para estar convencida de odiarlo irremediablemente. Qué fue lo que la llevó a mentirse para no aceptar la increíble atracción que sentía por el dueño de esos deliciosos labios sobre los suyos.
-Eres mía
Dijo él, con la voz susurrante y arrastrada que era su especialidad.
A ella, la bruja más brillante de su generación le quedó claro.
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Que se vaya al infierno Merlín y todo el p... mundo mágico, que Potter le inyecte a la manera muggle la poción a quien quisiera; en ese momento, hasta aceptaría gustoso un avada. Estrechaba entre sus brazos a la mujer más fiera de todo el colegio. Quien iba a pensar que no fuera necesario usar la poción con ella y que solo fuera necesario besarla, hubiera aprovechado mejor ese mes que le llevó preparar la inútil Afrodisia.
Le quitó ese horrible sombrero puntiagudo con estampado escocés y lo arrojó al suelo antes de tirar de su mano para salir de la torre de los prefectos, con rumbo desconocido.
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-Acéptalo Granger, la bofetada que me diste en tercer año era una muestra de la tensión sexual que ya existía entre nosotros.
-¿Tensión sexual? Eso fue una muestra de lo idiota que puedes llegar a ser.
-Entonces te atrae el sadismo, verdad Leona.
-Cállate Hurón.
La perfecta prefecta y el hurón botador caminaban rumbo a su torre, disfrutando de su reciente inicio de noviazgo-pelea-relación (o lo que fuera) cuando se detuvieron, casi en shock, al ver como Severus Snape besaba a una despeinada Minerva McGonagall en un rincón del pasillo del tercer piso.
Captados in-fraganti, los profesores se separaron rápidamente y viendo con los ojos muy abiertos a los chicos balbucearon excusas incompletas de forma torpe.
-Tengo que ir a la oficin…
-Yo le acompaño Min… Profesora, veré si…
Corriendo, ambos se perdieron en el pasadizo bajo la pintura de Freakberto el rarito.
-Viste Severus, ¡estaban tomados de la mano!
-Siempre he dicho que los alumnos están locos.
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Bueno, ésta es la última entrega, ¿cómo me quedó? Yo sé que me tarde muchiiiiiiiiiiiiiiisimo, pero una desgraciada decepción amorosa me quitó las ganas de escribir. Lo siento.
Muchas gracias por seguir leyendo mis locuras.
A todas las chicas que amablemente me dejan sus reviews, tratare de seguir contestando de manera privada, eso si puedo hacerlo desde el trabajo, je je je.
Gracias a todas, a quienes dejaron reviews, a quien puso la historia en sus favoritos, a quienes la dejaron en sus alertas y a quienes leyeron mis locuras.
Muchas gracias a todas
¿Quieren epilogo? ¿faltó algo por aclarar?
Acuérdense de dejar un review ;)
Saludos
Pandora
