Chapter 2: Hogwarts

10h y 50 minutos. Andén nueve y tres cuartos. Estación de King's Cross, Londres.

-Ronald, ¿has cogido tu escoba?-preguntó la señora Weasley, respirando con cierta dificultad tras la carrera al andén.

-Sí, mamá, lleva en baúl todo el verano desde que nos prohibiste jugar.-se quejó el muchacho.

-Si tus hermanos no hubiesen roto una de las ventanas con la quaffle, no os habría prohibido nada.

-Sí, bueno, sigue sin ser justo-volvió a quejarse Ron, pero su sarta de lamentos fue ahogada por el pito del expreso con destino a Hogwarts.

-Ya es la hora chicos. Ron, lávate bien detrás de las orejas.-dijo mientras besaba a su hijo.

-¡Mamá!-rezongó.

-Ginny, cariño, pórtate bien y pégale a tu hermano una colleja si no se comporta.

-Descuida, lo haré más a menudo incluso de lo que te gustaría-rió mientras comenzaba a subir al tren.

-Ginevra…-suspiró Molly- Hermione, haz que se apliquen ¿de acuerdo?

-Tranquila señora Weasley, lo haré.

-Y tu Harry, cuida de mi pequeña quieres.

-Se lo prometo.

Ambos se encaminaron hacia la gran locomotora escarlata, cuando los gemelos llamaron a Hermione:

-¿Si?-contestó ella con una sonrisa.

-Queríamos darte algo…-comenzó George algo ruborizado.

-…Para que nos recuerdes este año-finalizó Fred, igual de rojo que su hermano mientras depositaba algo en la palma de Hermione.

Era extraño ver a los gemelos Weasley ruborizarse, pues entre su aire informal y divertido no había cabida para la vergüenza.

La muchacha miró su mano y se emocionó al ver en ella un precioso anillo con lo que parecía ser una imitación a un pequeño rubí.

-Sabemos que no es un rubí auténtico…-dijo uno de los gemelos.

-…Pero es una promesa de lo que será en otros tiempos- sentenció el otro.

-Oh chicos, no me importaría que fuese una piedra deforme, al ser vuestra ya me vale. Lo llevaré conmigo siempre. Muchas gracias. Nos vemos en navidad-dijo mientras le daba un beso a cada uno apresuradamente y subía al vagón con sus amigos.

-¿Qué querían esos dos?-preguntó molesto Ronald.

-Nada, tener un detalle bonito antes de que me marchara-sonrió melancólica la chica antes de sentarse y coger a Crookshanks en su regazo para rascarle tras las orejas.

El viaje fue bastante ameno, sólo tuvieron que separarse unos segundos cuando Ron y Hermione tuvieron que ir al vagón de prefectos, momento que éste aprovechó sin durar:

-Herms, yo… quería, bueno…disculparme por decir esas cosas de ti el otro día…

-Tranquilo Ron, yo tampoco me porté muy bien. ¿Amigos?

El pelirrojo asintió enérgicamente con la cabeza y abrazo a la chica, sólo alguien que fuese experto en sus expresiones podría notar como el muchacho fruncía el ceño y aspiraba ligeramente el olor que emanaba el pelo de ella; y ese alguien estaba observando, del mismo modo que había hecho los últimos seis años, intentando descubrir los más oscuros secretos y los más horribles temores para acabar con ellos…

Y si ese alguien pudiese existir, no podría ser otro, salvando al mismísimo Voldemort; que Draco Malfoy, quien iba acompañado por Crabbe y Goyle, más conocidos como sus matones inseparables.

-Vaya, vaya, vaya… que enternecedor, la comadreja y la sangre sucia se unen de nuevo. Empiezo a comprender con demasiada claridad aquello de que las ratas siempre van a la mugre.

-Malfoy, ¿Por qué no vas a pasear un poco a tus gorilas?-dijo mordazmente la chica soltando a Ronald como si tuviese un resorte.

-¿Insinúas que mis amigos son unos perros?

-Muy bien Malfoy, por una vez has captado la gracia del asunto. Y sí, lo son, falderos para ser más concretos.

-Escucha Granger, si no quieres ver lo capaces que son de morder, mantén la boca cerrada en todo momento, y si apreciaras un ápice tu vida, desaparecerías de mi presencia.

-¿Quieres recibir lo que no te di aquel día en el callejón Diagon?-espetó Ron furioso.

Ciertamente el muchacho se había puesto muy musculoso, las duras sesiones de entreno con Harry le habían hecho desarrollarse, y Hermione a duras penas conseguía mantenerlo en el sitio, aunque estaba invirtiendo toda su fuerza y empeño en ello.

-Olvídales Ron, vayamos a hacer la ronda y volvamos con Harry y Ginny.-suspiró ella, exasperada y a decir verdad cansada.

Él la miró y asintió a la vez que dejaba de oponerse a la fuerza de la castaña.

-Si comadreja, hazle caso a mami y sal huyendo como de costumbre.

Ron se giró enfurecido, y Hermione temió lo peor viniendo de él, como esperó que Malfoy de escondiera tras sus secuaces, quienes daban un paso al frente, pero muy a su pesar éste los hizo retroceder y encaró al pelirrojo:

- ¡Malfoy eres…!-empezó él último.

-Lo peor, me lo dices mucho Weasley. Pero sabes algo, no soy mucho peor que tú, no cuando la abrazas a ella intentando demostrarle lo mucho que te importa mientras te revuelcas con Brown.-concluyó con mordacidad el rubio.

Ron ladeó la cabeza ligeramente para ver la expresión de Hermione, quien dolida miraba al suelo… "Ha vuelto con ella de nuevo" pensó ella. Unas odiosas lágrimas amenazaban con emanar de sus ojos, pero la Gryffindor las detuvo.

-Me alegro por ti Ronald. Ahora, sigamos con la ronda.-dijo, y comenzó a caminar sin tan siquiera esperar al chico.

-Algún día pagarás por todo lo que nos estás haciendo Malfoy.

-Hasta que llegue ese día, me quedaré por aquí viendo como cada paso que das te aleja tres de ella.-sonrió el rubio.

Ron comprendió que nada podía hacer en ese momento, pero que le haría tragar sus palabras con acciones.

Tras media hora de ronda de prefectos, Hermione y él volvieron al vagón en el cual se encontraban Harry y Ginny.

-Hola chicos. ¿Habéis requisado muchas cosas?-preguntó Ginny.

-Tres filtros amorosos, cinco cajas de caramelos longuilinguos y un tirachinas.-dijo la castaña hastiada.

-Tira ¿qué?-preguntó la chica, poniendo la misma cara que su hermano mayor.

-Tirachinas, sirve para tirar bolas de papel o piedras a otros…

-Estos muggles cada día inventan algo más ingenioso, he de hacerme con uno.

-¡Ginny!-gritó Hermione.

-¡¿Qué? ¿Sabes lo que es vivir con todos esos hombres?-preguntó la otra, dando por concluido el tema, pues si en algo tenía razón la muchacha, era que vivir con esa manada de hombres/bestias era simplemente un deporte de riesgo.

-Sigo preguntándome por qué demonios no confiscamos ninguna rana de chocolate-intervino Ron.

-Porque eso se llama abuso de la autoridad. ¿Te suena de algo?-empezó Hermione, pero antes de poder empezar otra de sus múltiples peleas el chico le dio un codazo y la instó a mirar a Harry, quien estaba absorto mirando el exterior.

Todos habían notado que el muchacho no era le mismo desde el año anterior, y solo había conseguido ser sincero con Ginny, ante quien había roto en sollozos algo avergonzado, pero cuando ésta le abrazó olvido sus problemas, sus perdidas y sus dolores. Aunque sus dos mejores amigos no necesitaban una confesión para saber que su actitud se debía a las cuatro pérdidas más importantes de su vida: sus padres, Lily y James Potter; Sirius Black, su padrino; y el profesor Albus Dumbledore, quien había sido su modelo y punto de referencia durante los últimos seis años. Y por todo ello, los tres más que nadie sabían que solo necesitaban un tema del que hablar para sacarle de su ensoñación:

-¡Harry, mira, el carrito de los dulces!-chillaron todos a la vez, y como si de un resorte se tratara, el interpelado giró sobre si mismo rápidamente mientras sacaba todo su dinero del bolsillo derecho de sus tejanos, haciendo estallar en risas al resto.

-Muy graciosos, ahora quiero un pedazo de pastel de calabaza y no tengo.-refunfuñó el moreno.

Los chicos llegaron a Hogwarts entre risas y reencontrándose con sus amigos, algunos como Neville seguían buscando a su nueva rana Trevor II aún cuanto el tren había parado.

Hagrid les saludó rápidamente ya que debía llevar a los alumnos de primer año por el lago, y aunque el tiempo acompañaba al paseo, el semi-gigante estaba especialmente nervioso.

El viaje en el carro tirado por caballos invisibles, claro que no para Harry, pues él podía verlos por el hecho de haber presenciado la muerte de algún ser querido, hecho que hizo que el moreno y Luna Lovegood, su excéntrica amiga, hablaran todo el camino de los extraños animales que tiraban del carro y del resto de criaturas apasionantes que según Luna convivían con todos ellos.

Al llegar al castillo el trío dorado fue a sentarse a su mesa, pero ni mucho menos las sorpresas iban a cesar:

-No puedo creerlo-murmuró Harry con el rostro teñido por la ira.

-¿Qué ocurre?-preguntó Hermione al tiempo que se volvía.

En el punto de mira de su amigo estaba su profesor de pociones Severus Snape, con su habitual cara de superioridad y el cabello tan graso que incluso se podría freír un huevo.

Harry les había contado lo ocurrido en al torre de Astronomía a los dos muchachos, haciéndoles saber que Malfoy había sido incapaz de matar al antiguo director y que Snape había realizado el encargo del señor oscuro por él.

-Tranquilo Harry…-empezó Hermione.

-Sí, tarde o temprano le desenmascararemos, y su final será en una celda de Azkaban.

El moreno tomó aire para relajarse y así no despertar sospechas, pues aunque no el profesor no era el más adorado del claustro, en la cara de Harry no se reflejaba desprecio, si no ira y sed de venganza.

La profesora McGonagall comenzó a llamar a los nuevos estudiantes, que habían llegado por el lago guiados por Hagrid; y el sombrero seleccionador fue gritando el destino de cada uno de ellos tras cantar su canción.

Todos comenzaron a comer entusiasmados, salvo Ron, que más que comer engullía los manjares preparados por los elfos. En los postres el pelirrojo agredía continuamente a una tarta de calabaza para comérsela completa dado que según él era pequeña, tan solo de la medida de una de las ruedas de los carruajes… Y de pronto, la directora llamó la atención de todo el comedor con un pequeño y sutil golpecito en su copa de cristal:

-Alumnos, he de presentarles a un nuevo integrante en el claustro…

-Siento el retraso, pero los trasladores han tenido algunos problemas hoy.-dijo una voz demasiado familiar para la castaña.

Lo sé, soy la escritora más irregular del mundo y todas me odiáis sumamente…

En mi defensa ante los crucios que estoy segura me mandareis aunque sea mentalmente, diré que he estado de exámenes y para que negarlo realmente difíciles, y además debéis sumarle que no tenía ni idea de cómo continuar esto, pero que finalmente lo he conseguido.

Intentaré ser más responsable a la hora se subir, pero me debéis RW.

Por cierto… ¿Quién será?

Besitos

Mery J Black