Chapter 4: Favor por obligación

Hermione se levantó a la mañana siguiente soñolienta, todos los principios de curso ocurría lo mismo, iba como un zombie, hasta que se regañaba a si misma y se decía que debía trabajar duro si quería mantener sus notas.

Se duchó con la rapidez que sus torpes movimientos le dejaron en aquel estado y se vistió ya más espabilada, para así coger sus libros, pergaminos y tinta nuevos y guardarse aquella preciada varita que llevaba 6 años acompañándola.

Al bajar a la sala común Harry y Ron no estaban, pero aquello no le sorprendía, siempre llegaban tarde al desayuno, y con las ansias de comida del pelirrojo aquello le parecía extraño pero después de todo el tiempo compartido, era ya irremediable el no sorprenderse en lo más mínimo.

Se sentó en la mesa de Gryffindor en cuanto llegó al Gran Comedor, charló animadamente con Neville hasta que este se echó su zumo de calabaza encima y tuvo que ir a cambiarse corriendo.

En el instante en que Hermione se quedó sola, una voz que la hizo estremecerse le susurró al oído:

-Estás en mis manos, Granger.

Sin tan siquiera volverse supo que se trataba del rubio oxigenado, mal teñido y… "serénate Hermione" se dijo a si mismo cuando todos esos adjetivos cruzaron su mente. Seguramente si su vida fuese una tira de cómic aquello se habría representado con cómicos simbolitos de enfado, pero en la vida real cada uno de ellos era un puñalada en el ego de aquel ser que creía tener una superioridad absoluta frente a ella.

-Malfoy, mi pie acabará en otra parte de tu anatomía si no te alejas de mi y vas a tu nido de víboras a tomarte un zumo de calabaza que espero y deseo esté envenenado.

-¡Oh, cuánto amor me tiene la pequeña ratita de biblioteca! Escucha, lo creas o no, voy a amargarte el último año hasta que me supliques, y cuando eso suceda, entonces continuaré más arduamente.

-¿Y cómo se supone que vas ha hacer eso, hurón botador?-el rostro del muchacho se desfiguró en una mueca de rabia contenida. Odiaba con todas sus fuerzas ese estúpido mote, y mientras maldecía mil veces a Alastor Moody, Krum hizo su aparición en el Salón.

Los ojos de profesor y alumna conectaron en centésimas de segundo, cosa que no pasó por alto el rubio.

-Empezaré por algo suave Granger, vete.

-¿Cómo dices? ¡Esta es mi mesa! Y te agradecería que te marcharas, todo el colegio nos está mirando por tu culpa, no debes estar en la mesa de los leones.

-Digo que debes irte, porque sino, en este mismo instante todos sabrán que Krum y tú tenéis una relación más allá de lo estipulado; además, con tu huida la gente dejará de mirarnos.

-Y así tú quedarás como el héroe de las serpientes que ha ofendido a la pobre sabelotodo ¿no?

-Ay, Hermione, ahora comprendo el por qué de tu apodo.

-No me llames Hermione, Malfoy. Por esta vez has ganado, pero esto no quedará así-ella se levantó lentamente- A veces pienso que solo te falta tener una lengua viperina.

-No sabes si la tengo Granger, y jamás lo descubrirás porque no pasará a estar más cerca de lo que está ahora. Siento decirte, que jamás la saborearás.

-Vale, ya no me tengo que vacunar contra ti.

-Fuera-dijo él enfurecido. No soportaba que aquella mocosa le dejase en mala posición, le retaba continuamente y se atrevía a mirarle a la misma altura.

Mientras ella se iba sin dedicarle más que una mirada triste al húngaro, Draco pensó "Oh, Hermione, lo que te queda por ver…"

Las clases pasaron terriblemente lentas para el chico de ojos grises, aquel día había tenido Herbología con Ravenclaw, Aritmética con Hufflepuff y Cuidado de Criaturas Mágicas con Gryffindor (tiempo que explotó al máximo para reírse de Granger). Hagrid había traído un Occamy*, una criatura extraña de dos patas, alas y cuerpo sinuoso y cubierto de plumas, por el cual tenían que hacer la clase en un recinto cerrado y adaptado, ya que "la maldita bestia", como decía él, era originaria del Extremo Oriente y de la India [N.A : Menos mal que está eldiccionario, si no muero para explicar qué es un Occamy xd]

-Bien chicos, el Occamy es un animal bastante agresivo, de modo que respetaremos las distancias, aunque no debería haber ningún problema, pues se alimenta de pájaros, ratas y monos. Antes de entrar debéis saber una cosa, jamás os acerquéis a los huevos de un Occamy. Suele ser muy tentador, ya que la cáscara está recubierta de la más pura plata, pero si éste animal ya se enfurece con facilidad, ver a cualquiera cerca de sus crías le ciega de una forma incontrolable.-explicó el semi-gigante.

-Suena muy Hagrid-rió el ojiverde, haciendo que Hermione riera.

-Perdona Hagrid pero… ¿alguien ha muerto alguna vez a causa de un Occamy?-preguntó la chica, curiosa por apuntar cualquier dato que le ayudase a sacar matrícula en esa asignatura, pues siendo la premio anual, debía mantener unos niveles.

-Emm… buena pregunta Hermione, veinticinco puntos para Gryffindor. Pues bien, sí, hace unos trescientos años algunos magos ambiciosos intentaron conseguir los huevos de Occamy para lucrarse…- mientras el guardabosque hacía una pausa, algunas chicas de Slytherin murmuraban cosas tales como "muy listos", completados por "serían un buen partido"- Y estos bellos animales se revolucionaron en contra de ellos y exterminaron a gran parte de la comunidad mágica del desierto.

-Ilusos…

-¿Cómo dices Malfoy?-preguntó el profesor

-Digo, que eran unos ilusos. Ellos conocían el riesgo de enfrentarse a los Occamy, y aún así lo intentaron, por avaricia perdieron la vida en una causa que estaba predestinada a fracasar antes de comenzar. Dejarse devorar o exterminar por una bestia, dejar que tus huesos se pudran en la caverna de semejante ser y ver cómo tus miembros te son arrebatados justificadamente por una riqueza que no duraría eternamente… Sólo un loco o un tonto haría algo tan temerario.

Tras aquel comentario Hermione creía ver a un Malfoy completamente diferente. ¡¿Estaba de acuerdo con él en algo? ¿Había sido una muestra de sentimientos aquello, una defensa de principios? No… era el hurón botador, él no tenía de eso…

-¿Draco, dices que todo eso es justificadamente? ¡Son bestias, no siente!-alzó la voz Zabinni, dejando claramente entrever el segundo sentido de la frase.

-Es justificado, Blaise, ellos iban a robarles no tan sólo algo de valor material, sino de valor sentimental, iban a arrebatarles a sus hijos… ¿Cómo te sentirías tú si te robaran lo más preciado que tienes en la vida?-agregó. Una mirada de soslayo por parte del aludido rodó hasta Parkinson, cosa que tan solo Draco y el trío dorado fueron capaces de interpretar- Sienten Zabinni, tanto como tú o yo, sólo que no tienen el don y la suerte de poder expresarlo.

Toda la clase quedó sumida en un silencio perturbador tras la perorata del príncipe de las serpientes, algo a lo que nadie estaba acostumbrado, y para retomar la clase Hagrid tuvo que intervenir:

-Emm… cincuenta puntos para Slytherin, muy bien Malfoy, has captado el fin de la actividad de hoy, acercarnos al pensamiento de un animal en aspecto temible y fiero y descubrir sentimientos y pensamientos. Si no tenéis más preguntas o… ganas de expresaros, daremos comienzo a la parte práctica de la clase: entraremos en el recinto, nos pondremos en la parte más alejada del Occamy y sus huevos, y de uno en uno y lentamente nos acercaremos a no más de 5 metros para ver cómo reacciona.

-¿Por qué haremos eso, no habías dicho que era un animal agresivo?- preguntó Dean Thomas.

-Es por el alma Dean-informó Hermione- Los Occamy tienen la capacidad de ver el alma de las personas, y tan solo permiten más cercanía a dos tipos de almas… las puras, y las atormentadas.

-Así es, veinticinco puntos más para Gryffindor. Como decía vuestra compañera, estos animales plumosos tienen esa capacidad, y sólo dejan acercarse a esos dos tipos de alma puesto que: un alma pura no hace mal, y un alma atormentada no desea causar más daño, ya que quiere enmendar el pasado. Aquellos que se acerquen y vean al Occamy batir las alas, deberán echarse rápidamente hacia atrás, ¿está claro? Chicos, no jugar, es algo serio…

-Esto suena peligroso-palideció Ron.

-Vamos zanahorio, puedes protegerte tras San Potter y Granger, nada te pasará, tus padres tendrán que seguir alimentando otra boca para su desgracia.-aquella frase hizo que Hermione pensase que aquel bonito discurso era sólo algo preparado y falso que había elaborado con mucho tiempo, y que realmente no era así, sino como acababa de demostrar en ese instante: frío, arrogante, narcisista e insensible.

-Serás hijo de…-el pelirrojo se abalanzó contra Draco, quien estaba apoyado a la sombra de un árbol del lindazo del bosque prohibido.

Ambos cayeron rodando, levantando un rastro de polvo y tierra, y haciendo que algunas chicas gritaran y los chicos comenzaran con las apuestas, especulando a cerca del ganador. La anarquía reinó en la clase hasta que Hagrid se impuso con su voz grave y fuerte:

-¡Basta! Veinticinco puntos menos para cada casa. En mis clases debéis aprender algo llamado Autocontrol, si no lo tenéis en cuenta no podéis seguir aquí, ni hoy ni nunca más, ¡y va por todos! Las criaturas mágicas son excepcionales, y perciben y reaccionan según nuestra forma de actuar frente a ellas, y la ira les hará sentir miedo y por tanto serán agresivos para defenderse. Emplear toda esa energía en ellos y seréis recompensados, tanto con una paz interior como con el animal y su respeto y devoción hacia vosotros. ¿Os creéis capaces de seguir en mis clases?

-Sí, señor-dijo Draco mientras se sacudía la túnica. Se vio obligado, sorpresivamente incluso para él mismo, a sentir respeto ante el semi-gigante por su magistral muestra de conocimientos.

-Sí-coincidió Ron aún con restos de la pelea, y claramente enfurecido.

-En ese caso entremos, vamos con retraso.

Al entrar en el recinto adaptado, una luz les cegó a todos, pues debía tener condiciones desérticas para la supervivencia y el desarrollo correcto de las crías.

-Empecemos, Ron, tú serás el primero.-no pudo avanzar más de tres metros, pues el animal batió las alas enfurecido.

-Atrás muchacho… el Occamy no es un animal para ti. Harry, ahora tú.-dijo Hagrid

El moreno se acercó los cinco metros estipulados y el animal clavó su vista en él durante unos segundos, y tras el interrogatorio visual, el animal siguió deambulando por la sala.

-Muy bien Harry, eres una de las dos almas, de modo que el Occamy te ha permitido acercarte sin problema alguno, diez puntos para Gryffindor.

Fue nombrando poco a poco a gente al azar:

-Hermione, ve con cuidado.-aconsejó el profesor. Ella se acercó el perímetro ordenado, pero el animal caminó hacia ella y la rodeó poco a poco, observándola, y mientras la castaña alargaba una mano y escuchaba a su profesor alzar la voz diciendo "No la toques", la criatura desplegó un ala y la posó en la mano de la joven, dejando a todo el mundo impactado, contemplando la escena de aquella joven rascando el ala de uno de los animales mas peligrosos del mundo mágico, amansando a la fiera.

Con una sonrisa volvió a su posición inicial, despidiéndose con un pequeño toque del animal y ganando cincuenta puntos para su casa.

Poco a poco fueron pasando, pocos fueron los que se acercaron al animal más de cinco metros, y algunos Slytherin no pudieron dar ni un solo paso, ni siquiera a los más afortunados se les permitió tocarlo.

-Malfoy, es tu turno, eres el último. Tras él podréis iros a tomar el suculento almuerzo que mis tripas llevan reclamando toda la mañana.

EL joven rubio se acercó hasta donde le habían ordenado, y el animal se precipitó rápidamente hacia él.

-¡Chico, corre!-gritó Hagrid, dando unos pasos para intentar llegar a él, pero antes de que pudiese hacer nada, el animal había puesto su cara rozando la del joven, y cerraba los ojos, compungido.

Si la reacción de la clase ante Hermione fue exagerada, aquella no cabía en un cuerpo humano. Todos estaban estupefactos, incluyendo a aquella joven castaña y desgarbada. Draco le susurraba elogios al oído mientras acariciada el rostro del animal, escondiendo el suyo propio ahí para que nadie viese aquella lágrima traidora que asomaba por sus témpanos de hielo.

-Está bien pequeña, vuelve con tus crías-le dijo en el último momento.

-Malfoy, has ganado cien puntos para tu casa. Es la actuación más soberbia que he visto a un alumno emplear con un animal, y ninguno lo ha culminado como tú ni con uno mucho menos peligroso. Tienes un don, chico.

Así la clase finalizó, y el rubio salió corriendo del recinto para llegar a algún lavabo desierto para deshacer aquel nudo que se había formado en su garganta, y en el acto empujó a la castaña, sin querer pero sin disculparse, mas que se podía esperar, era Draco Lucius Malfoy, él jamás se disculpaba, jamás imploraba, jamás se rebajaba.

La comida fue deliciosa, Hermione comió unos muslos de pollo con salsa de finas hierbas, un poco de puré y lo acompañó con una ligera ensalada, para rematarlo con un pedazo de tarta de vainilla y chocolate, con su ya acostumbrado jugo de calabaza. Harry dejó la ensalada de lado y se decantó por sumarle a todo lo anterior unos huevos y un pudding con apariencia extraña pero de sabor exquisito, mientras que Ron… bueno, de él ya se sabe, no se comió la mesa porque pesaba demasiado para llevársela a la boca.

Mientras, en la otra punta del Gran Comedor, Draco removía su puré hasta dejarlo con la consistencia del hormigón, sin tan siquiera probarlo.

-¿Qué ocurre, Draco?-preguntó Theodore Nott.

Aquel chico inteligente y reservado llevaba siendo su mejor amigo desde que tenía uso de razón y más allá de donde la memoria le alcanzaba. Nadie diría que eran como hermanos, pues eran completamente distintos, Draco era la pretensión personificada, y Theo tan solo deseaba el anonimato y la vida pacífica. Su amigo rubio muchas veces le decía que había ido a parar en Slytherin para no crear conflicto con él y seguir con su vida apacible…

Y por todas esas cosas, Nott, ese chico de aspecto frío, reservado, enclenque, de tez y cabello moreno y ojos azules; era la persona que mejor le conocía después de Narcissa Malfoy, y un simple vistazo a su rostro bastaba para hacerle ver su estado de ánimo.

-Está rondando Hogsmeade, Theo… no me gusta para nada.

-¿Lucius?-preguntó horrorizado.

-Sí, debo informar a McGonagall, esto no está bien…

-¿Crees que tu madre está bien?

-No lo sé, y eso es lo que más me preocupa, ella ahora está sola, y no permitiré que él vuelva a su vida. No le permitiré una sola humillación más para con mi madre-sentenció el rubio mientras se levantaba para irse.

-Jóvenes-resonó de pronto la voz de la directora- Desearía que se quedaran para informaros de varias cosas…- el chico se vio obligado a quedarse en contra de su voluntad- primer punto, recordar a los estudiantes de primer año que los dulces no se pueden comer por los pasillos, y mucho menos tirar papeles, pues el pobre señor Filch no es un barrendero; segundo punto: anunciar oficialmente que este año los premios anuales son la señorita Hermione Granger, de Gryffindor y el señor Theodore Nott, de Slytherin-los aludidos se miraron con una sonrisa avergonzada y comenzaron a tomar color mientras sus casas vitoreaban y aplaudían- y tercero, pero no menos importante, felicitar al señor Malfoy por su fantástica actuación de hoy en la clase de nuestro guardián de terrenos; quizás estemos en presencia del próximo ministro de Regulación y Control de Criaturas Mágicas…-dijo con una sonrisa poco habitual en el rostro de la profesora de sombrero puntiagudo.

El murmullo fue acrecentando, pero antes de los estruendos ya de por si normales en el Salón, McGonagall agregó:

-Por cierto, Señor Malfoy y señorita Granger, deseo verles en mi despacho al acabar el almuerzo. Que lo disfruten.

Ambos se miraron con incredulidad al principio, y después con asco para terminar desviando las miradas, haciendo que el Slytherin se indignara a sobremanera por la reacción de la leona.

Al llegar al despacho, donde la imponente gárgola con forma de águila se erguía, los chicos se miraron, sopesando la situación:

-Vamos, Granger, es tu momento para descifrar la contraseña, eres tu la sabelotodo.

-No la sé Malfoy, y podrías poner algo de tu parte, a mí tampoco me agradas…

-¿Y por qué? ¿Por qué sabes que jamás serás como yo, o tal vez por qué desearías que Krum se pareciera ligeramente más a mí?-cuestionó con sorna.

Aquella pulla le había dolido a la castaña, y mucho. Compararse con Viktor era una vejación hacia el nombre del jugador de Quidditch, y no iba a permitir eso; de modo que se acercó a él hasta dejarle con la espalda tocando en un pilar, i su rostro a poco espacio de el suyo.

-¿Qué, Granger, me pegarás como hiciste en tercero?

-No quiero verte llorar como una niña de nuevo Malfoy, además no están tus matones para defenderte. Pero escúchame bien, aléjate de mí, de mis amigos y de Viktor ¿me oyes? Si deseas una mejor apariencia frente a los demás por intimidarme, está bien, haré el papel de mi vida cuando esté frente a ti, pero déjanos en paz. No quiero nada tuyo, ni tu nada mío, así que corta el royo.-le ordenó.

La sangre del rubio empezó a arremolinarse en torno a sus mejillas, la ira y el odio se apoderaron de él de un modo tal que agarró a la chica de las muñecas y la dejó acorralada entre él y la pared, haciéndola gemir por el dolor inflingido, y retener las lágrimas:

-No se te olvide quien manda, sangre sucia. Tú a mí no me ordenas, tendrás suerte si algún día recoges mi porquería…

-No te puedo recoger a ti entero, Malfoy-dijo ella entrecortadamente, provocándole de nuevo, y haciendo que él ejerciera mayor presión en su agarre.

-Me da asco respirar el mismo aire que tú…-rió- Te ves tan patética así, más que sólo con caminar, y mira que ya es complicado. A partir de ahora, dejarás de ser una leona para ser mi mascota, un gatito manso y sumiso que acatará todas mis órdenes, o… ¿no querrás ver a tu amorcito entre dementores?

-¡Suéltame, hurón!-le gritó ella, intentando zafarse de su posición.

-¿Lo has entendido?-vio como Hermione seguía forcejeando sin responderle, exasperándole- ¿Qué si lo has entendido?

Un zarandeo recorrió el cuerpo de la joven, haciéndole perder el equilibrio y obligándola a agarrarse a la camisa de Draco para no caer. Dejó la cabeza suspendida en el aire, hasta que tomó aire y mostró su rostro lleno de lágrimas, a la vez que el corazón del joven se encogía y su rostro se tornaba pálido de nuevo, con algunos mechones tapándole los ojos:

-Sí, lo he entendido. Yo cumpliré mi parte y tú la tuya… pero déjales en paz.

-Esto… yo…-las palabras no salían de la boca del joven, estaba absorto en el rostro de la chica. "NO…" Aquella era la misma expresión que ponía su madre cuando Lucius la maltrataba, y todo aquello que siempre había odiado se estaba apoderando de él para convertirle en una nueva versión de su padre.

-Puedes creer, que tras la clase de hoy pensé que serías diferente… que tenías una caja de hierro donde escondías tus sentimientos, bajo llave, para que nadie te hiciese daño. Sí, lo sé, soy Gryffindor, siempre intento ver lo mejor de las personas… estúpida forma de ver el mundo. Pero hoy me di cuenta que tras de esa máscara tuya, no hay nada…

El muchacho la soltó lentamente, como si quemara, pero incapaz de hacer sus movimientos más ágiles, y ambos recitaron a la vez ante la puerta:

-En memoria.

La gárgola les cedió el paso a aquellas escaleras de caracol, que les llevarían al despacho de Minerva. La contraseña debía haber sido elegida por ella, pues nadie más habría puesto otra que recordase tanto a Albus Dumbledore.

-¿Profesora?-preguntó Hermione al entrar en el despacho, con la voz tomada por el anterior llanto, que ella misma se había encargado de que no dejase evidencias.

-Aquí chicos-respondió. Se encontraba acariciando a Fawkes, mientras el fénix gorjeaba sonidos de forma cariñosa.-Sentaos…

-¿Para qué nos ha hecho llamar directora?-cuestionó el rubio.

-Verá señor Malfoy, hoy no solo he obtenido buena información sobre usted, sino que también me han comentado el incidente con el señor Weasley, y por tanto he decidido tomar medidas.

-Pero, en ese caso profesora, ¿qué hago yo aquí? ¿No sería más lógica la presencia de Ron?-apostilló Hermione

-No señorita Granger… he estado charlando con Albus-ambos alumnos miraron el cuadro del antiguo profesor, quien les saludaba benévolamente. En la mirada de los chicos se distinguían varias cosas, el la de ella: añoranza y respeto, mezclado con un cariño inmensurable; en la de él: vergüenza, sumisión y lamento.- Su consejo me ha parecido completamente acertado, de modo que lo llevaré a cabo, y para ello necesito su ayuda.

Los muchachos volvieron a prestar atención nuevamente a la directora, y se pusieron rígidos, pues que les englobaran a los dos no les gustaba ni una pizca.

-Ustedes serán los responsables de la paz entre casas, y para ello deberán pasar más tiempo juntos. Serán los encargados de bailes, salidas, actividades extraescolares y ayuda a los prefectos, ya que ambos lo son.

-Pero profesora, no sería mejor que todo esto lo llevase a cabo Granger con Nott, al fin y al cabo, ellos son los Premios Anuales…-sugirió Draco.

-EN otras circunstancias sería lo apropiado, pero créame señor Malfoy cuando el digo que las circunstancias son desesperadas. Theodore Nott es un muchacho extraordinario, pero carece del temple suficiente para apaciguar a las serpientes, y usted parece ser, desde luego, el príncipe de su casa, de modo que ayudará a le señorita Granger. Se lo pido a ambos como un favor…

-Pero no hay elección ¿verdad?-interrumpió la castaña.

-No, no la hay. Los tiempos que corren no son como antes… y necesito a las casas unidas. Ustedes representan la unión. Si conseguís respetaros y trataros como a iguales, todo Hogwarts podrá hacerlo.

Ambos chicos se levantaron y salieron por la puerta. La directora suspiró resignada y habló al cuadro de su gran amigo:

-¿Albus, crees que esto resultará?

-Eso debemos esperar Minerva, hay que tener fe…

Mientras, bajando las escaleras, Draco se debatía entre dejarlo estar o disculparse con Granger… no deseaba ser como su padre, pero el orgullo pesaba demasiado.

-Granger-se decidió al fin a enmendar sus errores, pero la muchacha no paraba de caminar, ni tampoco volteaba- Granger

La mano de él se posó una décima de segundo en el brazo de Hermione, antes de que ella lo apartara con brusquedad y siguiese caminando sin girarse mientras le advertía:

-No vuelvas a tocarme Malfoy, o te juro que olvidaré nuestro trato, y puede que Viktor vaya a Azkaban, pero yo le seguiré por tu asesinato…

Occamy* : quería decir que lo único sobre este animal que no me he inventado yo misma, es su definición y la de sus huevos. Todo lo referente a la guerra, el batir de alas y el poder de percibir el alma de las personas de mi cabeza loca y extraña (¿se nota no?)

Vale, ahora sí, ¡ya he vuelto!

He estado muchísimo tiempo dejándoos abandonados y eso no puede ser, este curso ya he terminado, de modo que en julio me pondré las pilas a tope e intentaré satisfacer vuestras ansias no saciadas por los anteriores capítulos.

La cosa va tomando forma, y tengo muchas, muchas ideas, ya lo tengo casi todo pensado, pero me falta la inspiración para conectar mis disparatadas ideas…

En el capitulo de hoy hemos visto mucha tensión ¿no? Y también reacciones poco habituales… la verdad que se me ha ido la mano, esto no iba a quedar así en principio, pero mis manos de respondían a la orden de dejar de escribir, así que, ¿para qué resistir la tentación?

Agregar como siempre que estas historias no tienen nada de lucrativo, que la historia original proviene de la grandiosa JK Rowling (qué más quisiera yo que fuesen mías… hahahaha), lo único de mi pertenencia es el destrozo de los libros a los que ella dio vida.

Por cierto, sé que el segundo nombre de Hermione es Jean, y que en un inicio era Jane… de modo que aunque sé que lo correcto es lo anterior, yo escribo siempre Jane, no sé, es manía a será porque es mi nombre favorito.

Alé, disfrutad, y no os quejéis de mi comentario que no es pequeño, aunque seguramente nadie lo leerá.

Dedicado el chapter a Ranya-chan, mi compañera loca de clase, la cual no me deja concentrarme en los trabajos y me trauma cada dos por tres. ¡Por ti, porque somos unas desequilibradas!

Besos a todos desde el pequeño mundo de mi habitación,

Mery J Black