Chapter 5: Destino y suerte… ¿Confabulación?
Hermione caminó por los desérticos pasillos de Hogwarts, ocupado ahora con las clases de la mañana, que en aquel momento ella dejaba pasar. Ya tendría tiempo de recuperarlas luego, y seguro que Harry cogía algún mínimo apunte. Necesitaba un descanso, la noche anterior, después de su pelea con Malfoy había sido agotadora, pues no había dormido en absoluto.
Se sentó en una sala vacía, en una esquina oscura, recogiendo las piernas entorno a sus frágiles brazos. Todo había cambiada tanto… antes jamás estaría ahí, dejando que las horas corrieran raudas y esperando ese final que tanto tardaba.
Se refugió en la soledad, tranquila por no tener que dar explicaciones, ni hacer como que nada sucedía delante de nadie; pero no lloró. Estaba harta de derramar lágrimas inútiles que no le devolverían la vida que tanto le gustaba llevar, así que se regodeó durante un tiempo en su dolor, mas sin nunca arribar a la autocompasión:
"Es lo que ha tocado" se decía "Muchos desearían ahora poder estar en mi lugar. No puedo quejarme tanto."
El único problema era la herida, el escozor intenso que creaba la separación y la lejanía de aquello a los que amaba… los echaba tanto de menos.
De pronto la puerta se abrió violentamente, ella se estrujó contra la pared y se tapó la boca para acallar el sonido que amenazaba con escaparse de su boca, provocado por la sorpresa, intentando parecer invisible. Con la misma rapidez con la que se abrió, la entrada al aula se volvió a cerrar y un mago rubio y alto pronunció un hechizo silenciador, con una voz áspera y ruda, como si tuviese un nudo en la garganta que le impidiese hablar.
Después de aquello deseó de veras no haber estado allí, pues vislumbró que el muchacho era Malfoy y que estaba rojo de ira. Él comenzó a golpear mesas, sillas paredes… todo cuanto estuvo a su alcance y de pronto: maldijo con fuerza mientras se deslizaba por la pared, completamente abatido.
Aquello provocó una reacción extraña en la castaña, entre sorpresa y compasión, haciéndola sentirse violenta.
Draco miraba al techo en busca de fuerzas y seguía golpeando la pared de ver en cuando, en los momentos en los que no tiraba de su platinado cabello con desesperación, haciéndolo caer sobre sus ojos.
Hermione intentó ponerse en pie, pero la pierna se le había dormido, así es que, inintencionadamente, hizo ruido, haciendo que él mirara hacia su posición.
- Granger- dijo con una voz poco propia de un Malfoy, sin maldad alguna, sólo asombro- ¿Qué cojones haces aquí?
La Gryffindor estaba tan impactada por la situación, completamente anómala, que fue incapaz de reaccionar.
- ¿Qué pasa? ¿Además de sangre sucia ahora eres sorda?- se mofó, al la par que se ponía en pie.
- ¿Te… te encuentras bien?- preguntó la chica, incrédula ante esas palabras saliendo de su boca.
Malfoy la miró impresionado, y de pronto se echó a reír:
- Esto es irónico, yo, Draco Malfoy, vulnerable a tus ojos, los de una impura, Granger. Creo que deberías inmortalizar el momento, para la posteridad.- tanto su voz como su risa estaban teñidas del más doloroso de los sarcasmos y aunque lo intentaba ocultar, se veía débil y cansado ante una situación que le rebosaba por completo.
- Mira Malfoy, me importa bien poco lo que hagas o dejes de hacer, pero quiero llegar a un acuerdo contigo.
- Te escucho, quiero reírme un poco-sonrió Draco.
- Yo no te humillaré en público, y tú pondrás de tu parte en el castigo, además de dejarnos a mí y a Viktor en paz.
- Y ¿dónde decías que era la parte en la que yo gano?-cuestionó con saña.
- ¿Acaso te agrada la humillación pública?
- Me desagrada cuando el que me amenaza con ella puede llevarla a cabo.
- Presuntuoso…-susurró ella.
- Sabelotodo.
- Ególatra.
- Mandona
Cada palabra que se proferían contenía más veneno que la anterior.
- Narcisista.
- Insoportable.
- ¿Yo soy la insoportable? Disculpa, pero a mí de momento mis padres me quieren. Aunque no todos pueden decir lo mismo de los suyos.- Draco se contorsionó en una mueca de dolor ante la mención de su madre y la asociación de ésta con Lucius Malfoy, de modo que, como buen heredero, contraatacó donde más duele.
-Sí, eso será cuando recuerden que tiene una hija- el aire salió silbante de la boca de la casta-a, como si de una patada hubiesen vaciado sus pulmones- ¿Pensabas que no me enteraría? Já, pobre ilusa.
En un instante, Hermione se encogió sobre si misma, bajo la cabeza y hundió los hombros mientras los sollozos inundaban el aula.
Es Slytherin la observó un segundo, percatándose de la consecuencia de sus palabras, dichas sin pensar, con toda la maldad (y la peor intención) con la que sonaron.
"¡Agh!" No había cosa que él más odiara que ver llorar a una mujer, y contemplar a la castaña así empezaba a convertirse en una rutina que le desagradaba infinitamente, le hacía sentir la copia que su padre esperaba que fuera, algo que él mismo repudiaba.
- Granger, no llores, te ves aún más penosa…-su voz intentó sonar condescendiente, pero la acidez que impregnaba cada palabra dirigida a ella desde hacía seis años se negaba a desaparecer.
"Mierda" pensó cuando se dio cuenta de que la única disculpa en la que no sería necesaria pedir perdón, por aquello de que un Malfoy tiene su orgullo; sería acercándose.
Lo que el menos sospechaba es que las lágrimas de la castaña no eran de tristeza, sino de impotencia y rabia contenida, pues el hurón votador le había dado justo donde más le dolía, y sabía que ni una maldición podría quitarle la verdad a esas palabras.
Así pues, el muchacho, desconocedor de los sentimientos de ella, recorrió unos metros hasta estar frente a ella:
- Ya deja de llorar ¿quieres? Es algo que me irrita más que escuchar tu voz incluso.
De pronto Hermione reaccionó de manera agresiva, acercándose hacia él, con los ojos rojos por las lágrimas, que corrían raudas por su cara, haciendo que Draco se sorprendiera aún más, si cabía, por las acciones de la castaña.
- ¿Es qué sólo piensas en ti? ¡¿No te importa nada más que tú y tu estúpido culo egocéntrico? ¡Pobre niño rico! ¿Qué no puede conseguir esta vez? ¿Joyas, mujeres, vanidad…? ¡Oh, pero si de eso tienes más que de sobras! ¡Ya sé! – fingió una sonrisa que habría hecho a muchos considerarla una loca, pero el Slytherin reconocía esa mueca perfectamente, era el disimulo del dolor personificado- ¿Por qué no me hago un Avada a mí misma? ¿O mejor un cruziatus? Sí, así sufriré más… ¿Eso te hará feliz, Malfoy?
- Basta- ordenó él.
- ¿Por qué? ¿Acaso lo deseas tanto que lo quieres hacer tú? Bien, hazlo- le retó mientras extendía los brazos- Mátame como a todos esos sangres sucias asquerosos. ¡Acaba ya!
- Basta- reiteró, esta vez con un tono menos imperativo, casi como una petición.
- ¡No! ¡Ven aquí, se el orgullo de tu padre y mátame!
- ¡Basta!- gruñó enfurecido, mientras se acercaba a ella y la agarraba por los brazos, posesionándolos a su espalda, inmovilizándola y quedando tras ella, para así propiciar el que ella se tranquilizara y por qué negarlo, para darse cierto margen a si mismo.
- ¡Hazlo Malfoy, vamos! Se un buen mortífago- la resistencia que hasta entonces Hermione oponía se detuvo, en el instante en que ella dejaba la cabeza caer suspendida en el aire, hacia delante, dejando por fin correr las lágrimas sin intención de detenerlas- Por favor, mátame para que así no vea como mis padres mueren.
"Se fuerte" se decía Draco. Pero era imposible, la Gryffindor le recordaba tanto a ella…
| Flash Back |
Malfoy miraba tras la puerta como su adorada madre rogaba a su padrino que la llevara consigo para así huir de su padre, quien en la última noche de juego en la casa de quiensabequémortífago había bebido demasiado, hasta el punto de llegar a casa y maldecir a Narcisa hasta hacerla sangrar.
- Por favor Severus, no me dejes aquí.
- Lo lamento pero sabes cómo es Lucius cegado por la furia, además, debes cuidar de Draco.
- No puedo, él lo maneja como a una marioneta. Estoy perdiendo a mi hijo en medio de esa escoria de marcas tenebrosas… Por favor- Sulpicio de nuevo, mientras lloraba.
- Narcisa, sabes que deseo hacerlo, pero es imposible.
- ¡Me matará!
- No lo hará, necesita al chico bajo su poder, y si lo hace le perderá. Igualmente, y por tu seguridad, hablaré con Dumbledore, tú sólo consígueme pruebas de que es motífago.
- ¿Más?- el profesor de pociones asintió, solemne- Todo está en su despacho, y yo no sé si podré lograrlo.
- Inténtalo, y envíame la información con Draco el primer día de su séptimo curso. Hasta entonces, él te protegerá de tu marido.
- Severus, si algo me sucediese, cuida de mi hijo, no lo dejes a merced de su padre. Merece vivir y ser feliz.
- Descuida, nada te ocurrirá.- afirmó Snape, muy seguro de sus palabras.
- Júramelo.
- Lo hago Narcisa, no necesitas que pronuncia el hechizo- su padrino se encaminó a la puerta tras la cual él se escondía.
Se apartó ligeramente para ocultarse en la penumbra y no ser visto, pero los pasos pararon antes de que alguien traspasara el umbral
- Es un buen chico, y tiene mucho talento. Estoy seguro de que alguien le sabrá sacar esa cara oculta que tu marido lleva mucho tiempo encargándose de que siga a la sombra. Ah y… Draco, cuida de tu madre.
Tras pronunciar esas palabras, Severus Snape desapareció, dejando su escondite derruido.
- Madre – pronunció mientras salía a su encuentro.
- Hijo mío-sollozó mientras le abrazaba y besaba su cara como solía hacer siempre, en secreto- Sé siempre quien quieras ser, y no temas a los sentimientos, es lo que te mantendrán vivo en los tiempos que nos van a tocar vivir.
| Fin Flash Back |
Draco no supo más de ese tema hasta el uno de septiembre, cuando su madre le indicó que toda la información estaba en un sobre muggle de color marrón; ubicado en el fondo de su baúl. Lo que él jamás sabría era que Narcisa tuvo que aguantar las toscas caricias de alguien que le provocaba arcadas para conseguirlo, y que el "amor" que su marido le profesó no hizo más que lastimarla tanto física como psicológicamente.
- Basta- susurró, cuando los recuerdos dejaron de nublar su mente. El Slytherin la soltó de pronto, como si quemara- Lárgate de aquí.
Hermione le miró con odio impregnado en los ojos, y salió de la sala lo antes posible, para que no viese lo descolocada que la habían dejado las acciones de éste.
Mientras, el muchacho de ojos mercurio rompía el hecho que les había asegurado no ser descubiertos, maldiciendo una y otra vez su suerte al haberse topado con la castaña.
"De acuerdo" pensó Hermione, serenándose. Se había perdido Historia de la Magia y Herbología, pero aún llegaba a Transformaciones (clase que por su bien no debía perderse) y más tarde, tras una hora libre y la comida, podría relajarse en la clase de vuelo. "Espera…"
Sacó el horario tan rápido como pudo. "¡Por los bombachos de Merlín!" Maldijo al ver junto a Gryffindor el nombre de la casa de las serpientes. Además, Viktor impartía esa clase. Decidido, por segunda vez en el día deseaba que la tierra se la tragase.
Tras la clase de la profesora McGonagall, la cual transcurrió sin pena ni gloria para ella, cosa extraña; tocaba la que seguramente sería la más anhelada de las horas libres de su existencia, y que empleó para acabar de traducir un texto de Runas Antiguas, fechado en dos semanas.
Mientras contemplaba el hecho de que esa horita solo le había hecho bien, sucedió algo inesperado:
- Granger-dijo una voz que no estaba acostumbrada a escuchar.
- Nott. ¿Querías algo?-preguntó.
Hermione solía ver al muchacho entre las estanterías, cargado de cuantiosas cantidades de libros. Habían hablado en un par de ocasiones, coincidiendo en alguna sección o saludándose al pasar cerca, pero jamás se habían sentado juntos, más por la naturaleza extraña de la escena y por no sentirse violentos que por vergüenza.
- Sí, verás-él hizo una pausa, respirando algo azorado y sonriendo de forma tímida para disimular- McGonagall quiere que mañana haya una reunión de prefectos pero, para ello debes reunirte una hora antes con Draco.
La cara de la castaña se transformó en un instante, y la derrota tomó un primer un primer plano en sus ojos color caramelo mientras la rabia teñía sus delicadas mejillas de un rojo escarlata.
- Ella me odia- afirmó Hermione- Debe ser eso, sino nos habría encargado ese trabajo a ti y a mí. Pero no, me ha puesto con ese troglodita con ínfulas de dios.
Theo estalló en una carcajada que pronto tuvo que reprimir al verla poner la cabeza contra el libro abierto por la mitad, posado sobre la mesa.
- En realidad, Malfoy es mi amigo-soltó como quien no quiere la cosa, mientras se sentaba.
Poco a poco la Gryffindor levantó la cabeza del lugar donde reposaba, mostrando su boca, entreabierta y unos ojos que contemplaban la risa del moreno con un tamaño desorbitado.
- Dí que es mentira, por Morgana, dí que lo es.- rogó- Eres el Slytherin en quien más confianza deposito, del que más expectativas poseo y al que tengo en más estima, por no decir que eres el único… Así es que, miénteme.
Riendo ante la ocurrencia de la chica, él dijo, con sus ojos azules relucientes por la risa:
- Vamos Granger, no es tan malo.
-No claro, y ahora me dirás que Parkinson es superdotada y que Crabble y Goyle en realidad son modelos ¿no?
- Já, esa a sido bueno-sonrió- No, realmente Draco no es como todos creen, sólo es… especial.
- Sí, especialmente tarado. Le llegó mucho oxígeno al cerebro de pequeño o algo por el estilo ¿verdad?
- Ciertamente, él me dio clases de pociones durante bastante tiempo…
- Si esa información viniese de otro no la creería-rió- Pero dime, ¿cómo alguien como tú acaba con un hurón votador como él?
- Verás, Draco siempre ha estado rodeado de gente que le valora más por ser un Malfoy que por ser simplemente él, así que en las navidades del primer año, durante una fiesta, se acercó a mí mientras yo leía y se presentó de nuevo como si yo jamás hubiese oído hablar de él.
- ¿Y por qué hizo tal cosa?-cuestionó intrigada.
- La verdad es que nunca supe el móvil de su acción, sólo sé que me trató diferente a los demás y que yo, le dejé muy clara mi forma de ser-ella le miró esperando más, pero aquello tan ansiado no llegó. Maldita sea, estaba interesando por la historia de Malfoy. "No, no es por ese rubio oxigenado, sino por Nott" se dijo a si misma.
- La curiosidad mató al gato ¿lo sabías?- se carcajeó el Slytherin.
- Sí, pero murió siendo conocedor de lo que deseaba descubrir.
-Está bien-rezongó divertido- Yo le dije claramente que no conformaría su séquito de descerebradoslamebotas y que no necesitaba ni su estatus, ni su protección, pues le aseguré que yo sabía cuidarme solo. Le aclaré que no reía que compartiéramos ideales o gustos y que desde luego, su forma de ser sería un pequeño inconveniente que no pensaba pasar por alto, y que por tanto, estaba perdiendo su tiempo allí y haciéndomelo perder a mí.
- ¿Y él que contestó?- inquirió, provocando nueva risa en su… ¿amigo? Debía preguntarselo mentalmente a sí misma más tarde.
- Argumentó que ya sabía todo eso, y que justamente era aquello lo que le había hecho ir hasta mí. Con el tiempo me confesó que sabía que yo jamás le fallaría y que apreciaría a Draco y no al apellido que portaba.
- Pero… tú nunca vas con Parkinson, Zabinni y los demás ¿no?-puntualizó.
- Muy observadora. No voy con ellos por algo muy sencillo: me dan igual. Yo de ese grupo sólo he entablado amistad con Draco, así que hablo con él a solas, además no le gusta que vaya con ellos…
- ¿Cómo? ¿Te prohíbe ir con otros amigos?
- ¡No!-negó el chico con rotundidad- Tan solo con ellos, dice que no quiere que me contaminen la mente con absurdas patrañas que él debe soportar por obligación. Es protector con los suyos, simplemente eso.
- Vaya, así que tiene profundidades esa serpiente. ¿Quién lo diría? Oye Nott…
- Theo, por favor- la cortó.
- Vale, Theo, pero sólo si tu me llamas Hermione- él asintió con una sonrisa correspondida- Bien, en ese caso, ¿por qué hablas conmigo?
- ¿Disculpa? No te comprendo.
La reacción del muchacho de ojos azules como el zafiro fue enternecedora para Granger, pues se veía completamente desconcertado y no hallaba el propósito de su pregunta.
- Quiero decir, soy una sangre sucia, no deberías hablar conmigo.
- Oh vamos, yo no creo en todas esas tonterías. Es cierto quehacer tiempo, bueno… mi padre formó parte de las líneas de Voldemort, y ya fue sancionado por ello, pero tiene su explicación. Y supondo bien cuando pienso que desearás conocerla.
- Empiezo a comprender por qué eres Premio Anual-le halagó.
-Gracias-se sonrojó, y la castaña le instó a continuar- Verás, mi madre era una bruja de sangre pura, al igual que mi padre. Ella era hermosa y brillante, pero también una traidora a la sangre según algunos. Su mejor amiga era una hija de muggles, y eran como hermanas, incluso físicamente eran parecidas. Un día, mi madre y su amiga hicieron un viaje a una isla exótica y paradisíaca de la polinesia y allí contrajo una extraña enfermedad muggle que acabó con su vida. Por aquel entonces yo tenía cuatro años, de modo que mi padre tuvo que achacarle a alguien su pérdida y la responsabilidad que ésta acarreaba y escogió el camino erróneo.
- Se convirtió en mortífago-finalizó ella en su lugar.
- Así es, pero jamás ha cometido atrocidades como las de Lestrange o… Lucius Malfoy. Sólo quería apoyo y protección para nosotros. Y lo consiguió.
- ¿De los mortios?- cuestionó incrédula.
- Claro, y el Barón Sanguinario en realidad es pacífico -se burló- Encontró lo que necesitaba para criarme en Narcisa Malfoy.
- ¿Cómo? ¿Qué me he perdido?
- Cissy era amiga de mi madre, y al morir ella y mi padre escoger, Narcisa se ocupó de mí algún tiempo.
- Entonces, coincidías con Malfoy –supuso Hermione.
- No, Lucius lo mantenía alejado de mí, pues era conocedor de mis ideales firmes, como los de mi madre, aunque fuese un niño pequeño. No quería esa clase de estímulos para su hijo, podría haberse rebelado. Tan solo lo vi en una ocasión, y su mirada suplicante hacia su madre y el amor que le profesaba me bastó para saber que sólo era otro esclavo a manos de su padre.
- ¿Por qué?
- Draco se interpuso entre su padre y Narcisa cuando éste la intentó maldecir con un crucio- le dijo como si estuviesen hablando de cómo les gustaba tomar el zumo de calabaza.
- Pero… ¿por qué haría Lucius Malfoy algo así a su mujer?
- Simple. Ella creía en mí y en mi razonamiento y deseaba el mismo para su hijo.
El silencio se instauró entre ambos, Theo esperando una reacción, y ella procesando todo lo dicho, pero nada cuadraba en su cabeza… "¿Cómo?" se preguntaba.
- Todo lo que dices es difícil de creer. No digo que no te crea, lo hago, pero no concuerda en absoluto con la personalidad del Malfoy que yo conozco desde hace seis años…
- El Malfoy que tú conoces, es el que él quiere que veas.-le susurró él.
-¡Hermione!- se escuchó la voz del pelirrojo y al ver a Nott sentado con ella empezó a enrojecer de ira, si aquello era posible- Llegamos tarde a la comida.
¿Había sonado la campana? Merlín, había estado tan ensimismada con la historia de la amistad entre las dos serpientes que no se había percatado en absoluto.
- Ya voy Ron. Nos vemos más tarde Theo, encantada de haber charlado contigo-sonrió mientras se levantaba.
- Igualmente, Hermione. Hasta luego.
La castaña invocó un reducio a su pergamino de Runas, junto a su pluma y su tintero, haciéndolos disminuir de tamaño, para así poder llevarlos en el bolsillo y ahorrarse la caminata hasta la sala común, la cual pondría a Ron de los nervios.
Caminaron por dos minutos en silencio, escuchando las conversaciones del resto del castillo, pero sin prestarles atención alguna. La chica preveía otra discusión con el menor de los hermanos Weasley, y poco se equivocaba.
- ¿Qué demonios hacías hablando con Nott?-le preguntó con sequedad.
- Es le otro Premio Anual Ron, además, me cae bien.
- ¿Pero qué estás diciendo? ¡¿Te has vuelto loca? ¡ES UN SLYTHERIN!- gritó el pelirrojo consumido por la rabia.
- ¡Y también una persona humana, con la cual me agrada hablar, y ya que a ti te importa un comino lo que pienso, él me escucha sin juzgarme!
- ¿Estás insinuando que esa serpiente asquerosa es mejor que yo?-cuestionó ofendido.
- No había barajado esa posibilidad, pero ahora que lo pienso: ¡SÍ!-le espetó la chica, harta ya de que la más mínima cosa fuese producto de peleas entre ambos. Lo menos que le apetecía era estar peleando constantemente.
- Espero que sea una broma Hermione, porque no me hace ninguna gracia.
- Ronald, él es un buen chico, y es amable conmigo. Además, sabes que como Premio Anual y prefecta debo fomentar la unión entre las casas y más ahora…
- A la mierda la unión entre las casas. ¡Es de Slytherin! Herms, ¿no entiendes que te pueden hacer daño?
- En ese caso ese será MI problema, no el tuyo. Y ahora Ron, te agradecería que dejases el tema, sólo conseguirás estropearlo más.-dijo más relajada. Necesitaba tranquilizarse, y con Ronald cerca era difícil, así que ello podía conllevar a materializar su frustración con él. Realmente, aquel día estaba rayando lo horrible…
Al llegar al Gran Comedor, Hermione intento disfrutar lo máximo posible de su comida, aunque parecía tener el estómago cerrado y creyó que la decisión de poner a Harry como escudo humano entre el pelirrojo y ella era una de las pocas cosas acertadas que había realizado en todo el día.
Después de comer el trío dorado se encaminó hacia los terrenos, concretamente a unos doscientos metros del estadio de quidditch, donde sabían que se realizaría la primera clase.
- Vaya tontería – puntualizó Ron- Yo ya sé volar perfectamente.
- Bueno, habrá gente a la que le venga bien. ¿No crees, Herms?-dijo Harry para sacar de su ensimismamiento a la castaña- Tu siempre has tenido un poco de miedo volar.
- Sí, la escoba no es lo mío -comentó distraída.
- Sigo pensando que es una pérdida de tiempo para los que ya sabemos volar.
- Bueno, nos servirá para intentar hacernos un hueco entre los equipos profesionales- apuntó elniñoquevivió, dándole un toque positivo a la situación.
- Sí, además, será como una clase de adivinación, coser y cantar.
Poco después el muchacho tuvo que tragarse sus palabras, pues Viktor no era para nada como la profesora Trelawney:
- Veamos, soy Viktor Krum, y como sabéis impartiré este año las clases de vuelo. Sé que en teoría no debíais tener esta asignatura, pero por los motivos que expuso la directora el primer día, debo estar frente vosotros.
El murmullo generalizado de las féminas hizo a Hermione hervir la sangre. ¡¿Es que no podían pensar en otra cosa ni siquiera en clase? ¡Malditas hormonas!
- Bien, ahora por favor, avisadme cuando os nombre, y os ruego que tengáis paciencia si me cuesta aprenderme alguno, soy joven, pero no tengo mucha memoria.
- Ni cerebro-comentó en un susurro Ron.
- Weasley, Ronald…
- Presente-se apresuró a decir, azorado.
- De eso me he dado cuenta por el murmullo constante de su voz. Thomas, Dean…
¿Aquello significaba que Krum le había oído? El chico esperaba que no, o esa materia iba a ser más difícil de pasar de lo que consideraba al principio, y por supuesto, no quería otro Snape en su vida.
- Vale, pongámonos en marcha. Quiero que hagan tres grupos: los que sean jugadores de quidditch, los que sepan manejarse sobre la escoba y los… que tengan ligeras dificultades sobre ésta.- dijo tras acabar de pasar lista.
El búlgaro había escogido una forma bastante amable de describir a los que eran nulos. Los alumnos se fueron colocando según sus condiciones y el profesor se dirigió a ellos.
- Aquí observareis tres circuitos, graduados por dificultad, si conseguís o no pasar de un grupo a otro se verá tras afrontar estas pruebas. Aquellos que están en el nivel de dificultad no les exigiré superar los tres, sino tan sólo el primero, así como los que dominan la escoba deberán superar dos. Los jugadores… a vosotros os pido una actuación impoluta.
- ¿Y en caso de no conseguirlo?-preguntó Zabinni.
- En ese caso me replantearé si debéis optar al puesto en los profesionales de manera rotunda. Pero chicos… sin presión. Al final de la clase los mejores podrán jugar un mini-partido de quidditch y por supuesto, ganar 10 puntos por persona para su casa. Empecemos.
Fueron pasando uno a uno, hasta que todos los jugadores presentes sumaron diez puntos por persona sin gran dificultad, animando así a algunos y desalentando a otros.
- Bien, podéis jugar partidos los que queráis, el resto, podéis dar una vuelta por los terrenos o hacer algo productivo durante los próximos quince minutos.
Pronto se decidió hacer un Gryffindor vs. Slytherin de manera "amistosa". Mientras algunos se veían aún demasiado desentrenados para jugar se iban a dar una vuelta y tan solo Hermione y Theo se quedaban en las gradas del estadio, leyendo cada uno un libro.
Sin que la castaña se enterase, pues estaba demasiado concentrada en leer por trigésimo novena vez, como mínimo, Historia de Hogwarts, el profesor de vuelo se acercó a ella, sonriente.
- Hoy no has estado muy acertada, Hermione-comentó poniéndose frente a ella.
- Vamos Viktor, sabes que para mi el vuelo es como para ti las Runas Antiguas, no doy pie con bola.
- En ese caso, señorita Granger, deberé plantearme el hecho de obligarla a hacer horas extra. Un buen castigo la ayudará. No puedo permitir que uno de mis alumnos suspenda.- el tono con el que lo decía indicaba que aquello sería una burda escusa para pasar más tiempo con ella, pues desde que había llegado y Malfoy les había… pillado infraganti, no había podido compartir tiempo alguno.
- Oh, y gustosa aceptaré mi castigo por mi absoluta ineptitud en vuelo.
- ¿Mañana a las cinco en el lago?-preguntó con una sonrisa.
- Contaré las horas.
Mientras la chica devolvía una sonrisa radiante, una quaffle estrellaba en mitad de la morena cabeza de Krum. Hermione, con la mano sobre su boca abierta y los ojos incrédulos ante lo que acababa de ocurrir ante ella. ¿Había sido...? Miró rápidamente hacia Nott quien, atónito, asintió con la cabeza.
Malfoy acababa de interceptarle la pelota a su propio equipo para asestársela en la cocorota a su profesor… inaudito.
- ¿Quién ha sido?-preguntó el agredido con voz trémula por la ira, y apretando los puños en busca de paciencia tras la imposición de un silencio que reinó hasta que él volvió a alzar la voz. Nadie le había dicho que debería aguantar aquello- Lo repetiré una vez más. ¿Quién ha lanzado esa quaffle?
Silencio de nuevo. No quería ser un mal profesor, ni ser temido u odiado por todos como Severus, pero no le dejaban opción. Debía hacerse respetar.
- Perfecto, hasta que el culpable salga, seréis castigados, todos, sin excepción alguna. El castigo consistirá en ayudar a limpiar la lechucería, eso comenzará hoy, y terminará en el acto si no sale el culpable. En caso contrario puedo ser mucho más imaginativo y contar con la ayuda con otros profesores.
La clase completa empezó a quejarse, al menos los presentes, a los que fue sumándose gente tras ver el alboroto inicial.
- He sido yo.-una voz clara que arrastraba las palabras se alzó entre todo el murmullo de imprecaciones contra Viktor.
- Señor Malfoy. Muy noble por su parte aceptar un castigo personal antes de culpabilizar a todos. Usted limpiará la lechucería, y además…
- Querría hablar contigo antes, Viktor.-le cortó.
-Profesor Krum- corrigió, realmente enojado.
- Como desees.-el rubio se acercó, con pasos elegantes y relajados, sin temer perder puntos o ser castigado, hasta quedar al lado del profesor, donde tan solo Hermione podía escucharles con gran esfuerzo- No me quitarás puntos y el castigo… digamos que se anulará.
- ¿Cómo dices?-cuestionó incrédulo.
- Lo que escuchas. No lo harás por el mero hecho de que, una sola razón y tu carrera será más efímera que la pólvora en combustión, amigo mío. No querrás que nadie tache a la Premio Anual de… mujer fácil y a ti mismo de abusador.
- ¿Me estás amenazando, Malfoy?
- Oh, amenazar es una palabra muy fea, ¿por qué no definirlo como aviso o consejo?- se burló.
- No te saldrás con la tuya.
- Por el momento, los hecho hablan por si solos.-puntualizó mientras se marchaba, dejando al joven búlgaro con un enfado más allá de lo humano.
- La clase a finalizado-rugió éste mientras se iba.
Hermione, más indignada que enfadada, se dirigió directamente al rubio:
- ¿Qué demonios pasa por tu cabeza, estúpido hurón votador?
- Cuida tu lengua, Granger. Y contestando a tu pregunta, nada relacionado contigo, no te des muchos aires.
- ¿Qué ha sido eso?-inquirió.
- Pequeños dulces que le hacen a uno el día ameno. Ahora si me disculpas…
- No permitiré que me arruines esto, Malfoy. Esta vez no.
- Impídemelo.-le retó, alejándose con su escoba en la mano.
Tras la cena, Ginny se acercó a ella en un pasillo, ávida de conocimientos sobre qué había ocurrido en la clase de vuelo.
- Así que Malfoy le dio en toda la coronilla. Vaya puntería…
- ¡Ginny! Esto no es gracioso.- la reprendió- Malfoy está chantajeándonos.
- ¿Cómo dices?
- Nos vio en un pasillo y ahora lo utiliza en nuestra contra.
- ¿Os dejareis pisotear?-preguntó, expectante.
- Jamás. Ese rubio oxigenado lamentará haber estado en ese pasillo.
- Debes tener cuidado, Hermione. Malfoy tiene muchos contactos aquí dentro.
- Nadie nos verá, Ginny. Mañana hemos quedado en el lago a las cinco. Nadie saldrá con las heladas que se avecinan.
- Supongo que tienes razón…
- ¿Y qué tal con Harry?
El rubio que se escondía detrás de una columna dejó de escuchar, sonriente, haciendo relucir sus gélidos ojos color mercurio.
Ya tenía lo que andaba buscando.
C'est fini aujourd'hui.
He tardado, pero he cumplido.
En estos momentos se supone que debería estar saliendo hacia el aeropuerto, pero soy una irresponsable así que aquí estoy.
No tengo demasiado tiempo, así que agradecer a todos los que leen y siguen mi fic y sobretodo a los que comentan siempre. Muchas gracias a todos.
Dejo un msn de contacto para aquellos que deseen hablar conmigo alguna vez, no me conecto mucho así es que… edward_ (es viejo, qué queréis? Fiebre crepúsculo, y mira que me gusta Jacob xD)
En fin, muchos besos.
Mery J Black
