¡Segundo! Este ha sido el último que he escrito (ahora mismito, de hecho), y creo que empieza a dejarse ver mi obsesión con Fairy Tail (con el Gremio en sí). Porque son maravillosos y los amaré hasta el día en que me muera (L) Me parece que son una familia preciosa y que entre ellos se ha forjado un vínculo jodidamente especial y único. En fin. Os dejo con el siete de julio ewé. No os repito los datos, que los tenéis todos en el primer capi. ¡Un besazo!
7 de julio
Los gritos de Lucy Heartfilia retumbaban por todo el hospital de Magnolia, haciendo temblar a todos sus compañeros de Gremio. Un escalofrío recorrió la espalda de Gray.
—Recordadme que nunca tenga hijos…
La mirada asesina de Juvia lo taladró y él asumió que su súplica jamás sería atendida. Erza le palmeó la espalda con excesiva fuerza, haciéndolo trastabillar.
—Al menos no eres tú el que está ahí dentro.
Todos los hombres presentes sintieron cómo se les escapaba la hombría por los cuatro costados. El Maestro estaba cruzado de brazos, preocupado, pero a la vez no podía dejar de recordar el día que nació su único hijo. Qué mal lo había pasado, y cuántos insultos había recibido… Algo que, desde luego, debían hacer todas las mujeres el día de su parto.
Un sonoro golpe se escuchó por todo el pasillo, seguido de un alarido de dolor, esta vez no de la madre, sino del Dragon Slayer que intentaba no morir mientras sujetaba su mano.
—Creo que es la primera vez que compadezco a Natsu -declaró su eterno rival, temblando de nuevo.
Elfman estaba punto de replicar que aquello no era propio de hombres -aunque tenía que reconocer que en su imaginación la maga de Espíritus Estelares cada vez se parecía más a Satanás- cuando un aullido agudo se extendió entre ellos, para desaparecer al instante y transformarse en silencio. Las chicas se pusieron en pie, expectantes, y, de pronto, un llanto inundó el ambiente. Un llanto infantil.
La alegría estalló entre los presentes y se extendió hasta sus rostros, poblándolos se sonrisas e incluso lágrimas de pura felicidad. Levy se abrazó a Erza, y Mirajane trataba de consolar a su hermana, que lloraba a la vez que reía de emoción. La mayor de las peliblancas alzó la vista y sonrió a su marido, que reía mientras acunaba a su pequeña, dormida en medio de todo aquel jaleo. Makarov se acercó al bebé, como orgulloso bisabuelo que era, y habló a la niña, aunque sabía que no podía escucharlo.
—Ahora tienes un amigo, Alexia.
—En realidad, ha sido niña.
Happy salió de la sala del parto vestido con una bata y una máscara verdes. Se la quitó de la boca y su amplia sonrisa, junto con su mirada vidriosa, indicaron a los magos que todo había salido bien. El exceed azul se acercó volando hasta el grupo y se dejó caer, agotado, entre los brazos de Lissana, que se secaba las lágrimas.
—He pasado muuucho miedo… Lucy acojona…
Riendo, los miembros del Gremio más ruidoso sobre la faz de Earthland se dirigieron por el pasillo hasta la puerta, donde esperaron impacientes unos minutos. Gazille estornudó, inhalando el polen de las flores que Levy le había obligado a comprar para adornar la habitación de la reciente mamá y el bebé. Aquel lugar le producía urticaria, con todas las paredes de la planta de maternidad cubiertas por dibujos infantiles y alegres trenes sonrientes que decían chu chu. Sin embargo, entre todos los magos agolpados en el pasillo, se parecía más a una taberna, algo que le hacía soportable la estancia allí. Todos llevaban en las manos los regalos que habían preparado para la nueva familia: flores, ropa para el bebé, comida, juguetes… Y Levy, cómo no, llevaba un libro, "Cómo ser padres y sobrevivir".
La noticia del embarazo de Lucy había pillado por sorpresa a todo el Gremio. La gran mayoría sabía -y los que no lo sabían lo sospechaban- que entre los dos compañeros de equipo hacía tiempo que había surgido algo más, una relación más estrecha que la que podría forjarse trabajando juntos. Vivían juntos desde hacía años, aunque no oficialmente, claro, y la presencia de Happy siempre hacía que la imagen que proyectaban al resto del mundo fuera la de tres amigos, nada más que amigos. Natsu y Lucy nunca se habían declarado su amor, ni se besaban en público, ni se comportaban de forma distinta a cuando se conocieron. No se habían casado, no le habían dicho a nadie que pretendieran formar una familia, nunca se habían referido a sí mismo como "novios".
Porque, al fin y al cabo, probablemente fueran más que eso.
Su relación era especial, diferente, más profunda que cualquier otra que pudiera forjarse entre dos personas. Eran amigos por encima de todo, compañeros, y, si les había resultado tan fácil amarse, había sido en gran parte porque se complementaban el uno al otro, incluso cuando se gritaban o se enfadaban. Eran lo que se suele llamar almas gemelas. Eran inseparables, invencibles, tan eternos como el vínculo que los unía. Desde el día que se conocieron eran, sencillamente, la razón de vivir el uno del otro, y todo el mundo podría verlo en sus miradas, en las sonrisas que se dirigían, en la complicidad de sus palabras. Y ahora, en el pequeño bebé que su amor había traído al mundo.
Una enfermera abrió la puerta de la sala y se sorprendió al ver la gran multitud de personas que esperaban fuera. Trató de sonreír, aunque la mayoría la ignoraban, tratando de ver algo del interior.
—Pueden entrar a verlos, pero sólo un minuto. -Los magos se precipitaron al interior de la sala, prácticamente arrollando a la mujer.- ¡Todos a la vez no!
Nadie le hizo caso. Se agolparon alrededor de la cama, en la que Lucy descansaba, aún sudorosa y con el rostro pálido. Sus mejillas sonrosadas destacaban en su piel, y el brillo de sus ojos delataba que había cedido a la emoción. Natsu sonreía, orgulloso, y se rascó la nariz mientras la rubia dejaba a la vista el rostro envuelto en mantas que sostenía entre los brazos.
La pequeña tenía los puños fruncidos, aferrando el aire, y los ojos cerrados con fuerza, como si la luz de la sala le hiriera los ojos tras los párpados. Estaba recién bañada y olía a colonia. en su frente, un fino mechón de pelo rosado se enroscaba en un gracioso rizo. Sus mejillas, grandes como las de cualquier bebé, estaban rojas y su piel, radiante. se removió e hizo un mohín, haciendo que todos los presentes se derritieran como mantequilla. Lucy sonrió y la acomodó entre sus brazos. Natsu la miraba, preguntándose por primera vez cómo algo tan pequeño podía emanar tanta felicidad.
—Es preciosa -declaró Erza, secándose una lágrima traicionera.
—Parece que tendrá tu pelo, Natsu. Pues espero que eso sea todo lo que se parezca a ti -bromeó Gray, que tampoco le quitaba la vista de encima a la pequeña.
—¿Habéis pensado ya un nombre? -interrogó Romeo a los padres.
Ambos se miraron y sonrieron.
—Nashi -dijo Lucy-. Nashi Dragneel.
Todos asintieron, conformes con el nombre de la niña. Entonces, Makarov se subió a la cama y se acercó al bebé. Tendió su mano hacia ella, extendiendo el índice con la intención de rozarle la mejilla, pero la niña pareció notar el movimiento y atrapó el dedo del Maestro con una de sus manitas. Pese a su tacto áspero, rudo y arrugado, la niña no lo soltó. Los ojos de Makarov se llenaron de lágrimas, y el más anciano de los miembros de Fairy Tail se sintió en armonía con el más pequeño de la familia.
—Bienvenida a Fairy Tail, Nashi.
Lo he corregido sólo por encima, porque me tengo que ir a la obligada cena familiar de Nochebuena, así que espero que no tenga muchas faltas. ¡Un besazo! ¿Review? (Insertar carita de corderito degollado aquí)
