Chapter 6: Planes en el Lago
Clink, clink, clink…
-Mmm…
Un bulto que ocupaba toda la cama se removió entre las sabanas de seda negra, y aunque trataba de ignorarlo el maldito ruidito proveniente de cualquier lugar de la desordenada habitación le impedía seguir durmiendo.
Quería dormir, necesitaba dormir. Había estado revisando los últimos retoques de la primera parte del plan y al acabar se había sentido tan hastiado que necesitó de la ayuda del cuerpo de Pansy. Aquella chica sabía como moverse, y realmente conocía lo que le gustaba, pero jamás dejaría de ser otra de sus múltiples compañeras de sexo, sin amor, sin pasión, tan solo lujuria. Quizás aprecio por ser ella y por aguantar su maltrato constante, aunque él era torturado con su agudo timbre de voz y sus lloriqueos insulsos. Pero aun con el llanto, el cuerpo de la Slytherin, era el cuerpo de la Slytherin.
Aquel año al menos no tenía que compartir habitación con Crabble, Goyle y Zabinni. Y Theo siempre entraba cuando le daba la real gana. Siempre temía que el moreno entrara cuando estaba en plena acción con alguna conquista, pues aunque fuesen amigos, esas cosas no se comparten. Pero una de las cualidades que más apreciaba era el sentido de la oportunidad del muchacho, jamás intervenía en un momento violento; aparecía justo en el momento para salvarle. Si no fuese porque Nott era de Slytherin y era su mejor amigo, el símil entre este y Potty no sería algo tan descabellado.
Clink, clink, clink…
"¡ARG!" masculló justo antes de levantar la vista i viendo, antes de dejar algunos segundos para acomodarse a la claridad de ventana, una lechuza marrón, completamente corriente.
- Malditos pajarracos, maldita naturaleza.-abrió la ventana dejando que el viento de el cercano invierno le revolviera sus cabellos rubios hasta helarle la cara.
- ¿Acaso no sois aves nocturnas?-le espetó con desagrado a la pobre mensajera, que lo miró indignada por su comportamiento.
La lechuza extendió la pequeña patita en la que tenía anudado un pergamino enrollado y dándole un mordisco, se fue sin más.
-Asquerosas lechuzas…
Desenrolló la carta, sabiendo que podían ser noticias sin importancia, malas o peores.
"Malfoy,
Diría que lamento despertarte un sábado por la mañana y tan temprano, pero sería mentir.
McGonagall me ha comunicado que hoy los premios anuales deben dar clases a los alumnos de primero, y como Nott ha salido este fin de semana, tú deberás reemplazarle. Tienes unos diez minutos para llegar a la biblioteca, y descontando los instantes para maldecir y tu lectura de troglodita ya llegas tarde.
Atentamente,
Hermione Jane Granger
P.D: Trae los libros de Encantamientos y Transformaciones, con suerte tú también aprenderás algo hoy."
- Granger de los…-comenzó.
Instantes después calló. El destino le estaba dando no sólo la oportunidad de fastidiar a la castaña durante un rato más, sino para acabar de urdir su astuto plan. "Granger acabará implorándole a Krum que se aleje" pensó con una sonrisa.
Aquello era extraño, empezó por fastidiar a la Gryffindor, lo cual siempre era un pasatiempo con predilección absoluta y diversión garantizada, pero ahora la ira le hacia sucumbir tan solo con ver a Krum caminar por los pasillos. Deseaba que se fuese, que no volviese jamás y que Granger supiese lo que era estar completamente sola. Debía contenerse para no causarle mal al profesor, pero desacreditarlo en la última clase había sido tan divertido, que no creía poder aguantar sus ansias. "La cara de Granger fue todo un mapa" pensaba mientras se deshacía de la parte inferior de su pijama, y única prenda, para meterse en la ducha, pues, si ya llegaba tarde, ¿por qué no hacer desesperar un poco más a Hermione?
Se lavó cuidadosamente, sin desatender ningún recodo de su bella anatomía, prestando especial atención a la melena color platino, que caía sobre su rostro por efecto del agua. La prisa tampoco vino a él a la hora de vestirse, y obviamente salió de su sala común a un paso enérgico y elegante, pues correr no era el estilo de un Slytherin. Olvidó sus libros a propósito, y esperó cinco minutos apoyado en la puerta de la biblioteca antes de entrar en ella.
Caminó por los intrincados pasillos con olor a moho, polvo y libro antiguo, hasta que dio con un grupo reducido de personas al final de al estancia. Había cuatro alumnos de primero, entre ellos una chica, que miraba a la castaña ensimismada, tal vez preguntándose si algún día llegaría a ser como ella.
- Bien chicos, ahora, moved la mano así. Bien Mathew, ya lo vas cogiendo.-alcanzó a escuchar, mientras observaba la sonrisa condescendiente de la muchacha al percibir la falta de maña de su alumno.
"No está mal" Su propia observación dejó a Draco más que patidifuso, estaba confundido y furioso consigo mismo, era GRANGER. ¡Por amor a Morgana, el ratón de biblioteca sin chiste! "Sí, pero ambos sabemos lo bien que estaba con ese vestido en cuarto curso..." le dijo una voz instalada en su mente. Realmente, estaba por enloquecer. Sería la falta de sueño.
Decidido a acabar con aquella pequeña gran confusión interna caminó hacia la Gryffindor. Escucharla recriminarle incluso por el más efímero suspiro le recordaría lo mucho que la detestaba y le haría olvidar la curva que formaba su espalda al agacharse a explicar la lección a los pequeños... "¡Basta Draco, eres un Malfoy!"
A sólo unos pasos de la mesa, Hermione volvió la cabeza, dejando así caer la cascada de rizos que campaban por su espalda.
- Un segundo chicos, seguid practicando.
Se acercó al rubio y sólo con una mirada, le indicó que retrocediera unos pasos:
- ¡¿Dónde demonios te habías metido, Malfoy?
- Me has extrañado, Granger-sonrió, autosuficiente.
- Ni en tus mejores sueños. Te envié una lechuza para que llegaras a tiempo. Ya he dado media clase de encantamientos sola, ¿crees que podrás continuar sin escaquearte?
- ¿Tan ansiosa estás por mi compañía? -la provocó con malicia.
- Oh, claro Malfoy, espero que esto se alargue todo el día sólo para tenerte cerca. Deja de decir tonterías y pontea trabajar...
- Deja de darme órdenes, Granger. No soy Potter y mucho menos la rata de alcantarilla Weasley; así que ahórrate tu maldito carácter de mandona para ellos.
Hermione comenzó a tomar un color rojizo, producto de la ira, pero decidió que comenzar una discusión era tan solo lo que el Slytherin deseaba, y que debería tragar para así poder acabar las clases de aquel día e ir a ver a Viktor. Mas en ese instante, una maléfica idea cruzó por su mente.
-¿Sabes qué? Haremos una cosa: la clase con los de primero esta apunto de terminar, pero falta la de Transformaciones con los de tercero, de modo que yo acabaré esta, y tú instruirás al otro grupo.
- Y eso exactamente, ¿Por qué?-preguntó con desdén.
- Por tu falta de compromiso ante el trabajo y obviamente por el odio que te tengo. Ah, y ya puedes conjurar tu libro, sé que lo has olvidado a propósito.
Dicho esto, la castaña se giró y sonriendo a sus alumnos continuó con su explicación.
Un cuarto de hora más tarde, y con un hastío capaz de haber dejado absolutamente plano el encefalograma de cualquiera; la castaña dio por finalizada la clase. Los dos chicos y la niña con aspiraciones a Granger le agradecieron su ayuda y le aseguraron que volverían siempre que ella diese clase, pero el niño que había tenido más dificultades no se movió de su silla, desde la cual apenas rozaba el suelo.
-¿Ocurre algo, Mathew?-le interrogó la Gryffindor.
- Es que… me da vergüenza-murmuró el muchacho más para su hombro que para cualquier humano del planeta, algo que no incluía a Draco, quien escuchó desde su distancia tan bien como lo hizo Hermione.
- Disculpa, no lo comprendo. ¿Qué te da vergüenza?
-Preguntar. Me es difícil concentrarme cuando estudio, y me cuesta enterarme de la lección, pero tú pones tanto empeño en enseñarme a hacerlo bien que temo preguntar cosas lógicas o fallar y decepcionarte…-explicó el muchacho, realmente compungido.
"Bah, lloricas" pensó Draco, mas cuando vio la reacción de la castaña le costó seguir el hilo de sus pensamiento.
-Escucha, amiguito, estoy aquí para ayudarte a aprobar y a reforzar lo que ya sabes. No pienses que necesitas esto porque no llegas al nivel, sino que te esfuerzas en reforzar tus conocimientos. Tú mismo admites tus fallos y los intentas corregir. Créeme, no debes tener vergüenza. Alguien me dijo un día que el éxito es un 10% inteligencia y un 90% actitud; los constantes triunfan y no sólo los lumbreras. Tú no eres tonto, y tú trabajo se verá recompensado y entonces yo no necesitaré decirte que revises los movimientos de la mano y concentres tu fuerza en las palabras.-le sonrió.- Y ahora, ve con tus amigos y diles lo bien que lo has hecho hoy. Nos vemos el miércoles, Mathew.
Apoyando su mano en la mejilla del muchacho le instó a levantarse y a seguir con su día.
-Gracias Hermione, eres genial.-dijo el niño mientras salía corriendo y provocando el atroz "NO SE CORRE EN LA BIBLIOTECA" de la señora Prince.
- ¡Qué enternecedor!-apuntó el Slytherin con veneno en las palabras- No conocía tu faceta maternal, Granger.
- Prepara tu clase Malfoy, porque ahora seré yo quien ría.
- ¿De qué hablas?- e instantes después de pronunciar dichas palabras, cinco colegialas de tercero hicieron su aparición en la aquel sector de la biblioteca.
"¡Es Draco Malfoy!", "¿Qué hará aquí?", "¿Creéis qué nos dará clase?", "¡Ojalá!" y "¡Está buenísimo!" fueron los cuchicheos que hicieron al rubio palidecer y a la castaña comenzar a desternillarse de risa
-No me hagas esto. Tienes que dar la clase tú-le ordenó el muchacho.
-Tranquilo, hurón, no dejaré que tu rubio oxigenado se pierda ante la calvicie por estrés; estaré aquí para apoyarte.
-Dirás para reírte-la corrigió- Rata de biblioteca, me las pagarás.
-Bueno días-sonrió una de las chicas- Uy, Malfoy, ¿qué haces aquí?
-Yo…-observó a la ojimiel esperando algún cambio de opinión que le ayudara y que jamás llegó- seré vuestro profesor de repaso.
-¡Vaya, qué sorpresa! No sabíamos que eras voluntario.-se interesó otra.
-Y no lo soy. Simplemente ayudo a un amigo.-sentenció, cansado ya del tema.
-¡Qué amable y considerado por tu parte!-puntualizó una rubita que le miraba de forma obscena, secundada por el resto del grupo.
- Será mejor que comencemos la lección…
Draco jamás pensó que enseñar fuese una tarea tan ardua y compleja, pues viendo a la Gryffindor, parecía un juego de niños, pero todo se complicaba más cuando los alumnos eran unas niñas que ni rozaban los quince y que le observaban atendiendo más a la raíz de su cabello para corroborar si era natural que a la explicación del tema en sí.
-De este modo, cuando conjuréis el hechizo debe ser con voz enérgica y con un movimiento seco, así evitareis que vuestro ratón se transforme en un tomo con pelo y patas.-finalizó su perorata, consciente de que ninguna de las chicas había atendido a una sola de sus palabras.- ¿Alguna pregunta?
- ¿Estás libre el viernes que viene?-preguntó la rubia precoz, bajo la mirada recelosa de sus amigas.
- ¿Perdón?-se enfureció Draco. Pase que no escuchasen, pase que le miraran hambrientas, pero pedirle citas en su hora de clase era inmoral y completamente indecente. Su indignación crecía al observar la cara expectante de la que se convertiría en otra Pansy Parkinson.
- Está bien chicas, creo que ha acabado vuestra clase-terció Hermione, interviniendo por primera vez.
- Pero si sólo han pasado un cuarto de hora, y ni tan solo hemos practicado.-se quejaron varias.
-En ese caso, llamaré a la profesora McGonagall y gustosa aclarará vuestras dudas existenciales, aunque en caso de que tengáis un mínimo de decoro, saldréis de aquí e intentaréis venir estudiadas el miércoles que viene a MI clase.-las amenazó ella.
Las cinco niñas se levantaron de inmediato y se esfumaron, mas la obscena rubia se paseo frente a Malfoy antes de decir un "Búscame" con intento de sonar sexy, sensual y deseable.
La serpiente bufó al perder de vista a aquella niñata pretenciosa, y rodó los ojos para después posarlos en Hermione, que recogía el material para irse.
-¿Estarás contenta? Me han acosado durante quince minutos sin descanso y además no he podido enseñarles nada-se quejó el muchacho.
-Olvídalo, Malfoy. Esas no querían aprender nada contigo que saliese de la anatomía práctica en una cama.-suspiró y le miró un instante- Lo has hecho bien.
-¿Cómo dices?-padeciendo una sordera temporal por coincidencia.
- Digo que lo has hecho bien, no es tu culpa que vayan sueltas de cascos-le repitió, consciente de que aumentaba su vanidad.
-¿Es eso un alago? ¿Hermione Granger dedicándome palabras amables? ¡Qué baje Merlín y lo vea!
La castaña no pudo evitar echarse a reír y tras las carcajadas de ambos el ambiente se volvió tenso.
-Debo irme, llego con retraso a la comida…
"Ya claro, a la comida" pensó Draco, sintiendo un nuevo ataque de ira al saber que la sangre sucia no tenía prisa por comer, sino por ver a Krum; y en un momento casi se delata y echa por tierra su pequeña treta, pero consiguió callar su lengua viperina ante un mordisco claramente venenoso.
Hermione abandonó la estancia y Draco no hizo más que contemplar la salida hasta que una sonrisa maligna ilumino su lampiño rostro:
-Callaré, pero no me quedaré quieto…
Y dicho esto hizo que la mesa se recogiera con un golpe de varita y envió todas sus pertenencias a la habitación. Tenía segundos para comer y poner en marcha el plan que había urdido en segundos.
Comió el pudding que se servía sin tan siquiera atender al plato que tenía delante, observando los juegos de miradas que se profesaban alumno y profesor. "Ojalá te metieran la escoba por el…" se dedicó a pensar e imaginar el Slytherin, antes la atenta mirada de su mejor amigo.
De pronto, todo cambió ligeramente: Hermione dejo de mirar a Krum, y se concentró en su amigo pelirrojo, que parecía más rojo que nunca. ¿Qué demonios pasaría en la mesa de los leones?
-Te lo repito Ronald, no es de tu incumbencia-le informó la chica, intentando no ofuscarse ante las barbaries pronunciadas por Weasley.
- Ya te lo hemos dicho, no es trigo limpio Hermione, y además es un profesor. ¿Acaso estás ciega?-le mencionó, como si estuviese cometiendo el más graso error de su vida.
- Y yo siempre te digo que Viktor nunca me haría daño y que tan solo es la tirria que le tienes lo que habla por ti. Profesor o no, salir con él es asunto mío. Pero para tranquilizarte te diré que tenemos cuidado.
La imagen de Malfoy pillándoles y haciéndoles chantaje llego a su mente, haciéndola sonrojar de enojo. Mientras, Harry contemplaba silenciosamente la situación, esperando intervenir en la disputa e intentado buscar cualquier argumento válido para después pedirle a Ginny que estudiaran juntos.
-Vamos Hermione, te creía alguien inteligente. Krum sólo quiere información sobre Harry para ayudar al señor oscuro; recuerda dónde estudió.
- ¿Estás insinuando que él no saldría conmigo si no tuviese un objetivo?- pronunció ella, iracunda.
- Está clarísimo para mí-dijo el chico Weasley, pensando haberla convencido de que abandonara al búlgaro.
-Ron…-susurrño Harry, predieciendo el huracán que se avecinaba.
-¡Ronald Weasley!-gritño Hermione, haciendo girar a medio comedor- ¡Eres el ser más odioso del planeta! Por si no lo sabes acabas de decirme que soy indeseable, que ningún hombre estaría conmigo de no ser porque quiere algo de vosotros. ¿Sabes qué?-dijo sin tan siquiera pararse a respirar- Te jactas diciendo lo ruines que son los magos que discriminan por la sangre, pero tú no has hecho algo muy diferente ahora mismo. Además déjame decirte algo: tu gran problema es la inseguridad. Llevas intentado echar por tierra mi relación desde que le conoces, y lo tuyo no son más que meros celos; pero eres tan sumamente cobarde que no te atreves a decir algo.
-Yo…
- Ni te atrevas a cortarme. No quiero más charlas de "amigos". Lo siento Ron, pero aquí termina.
- ¿Qué termina?-preguntó Lavender Brown desde cerca, quien antes había cuchicheado algo parecido a "¿Granger tiene novio?"
El pelirrojo la miró mal por entrometerse, mas realizó segundos después su misma pregunta.
-Nuestra amistad, y mi amor por ti. Siempre pasé por alto a Lavender, pero tu inseguridad nos separó y ahora lo hará para siempre. Harry, seguiré siempre tu amiga, pero no a su lado-señaló ella.
- ¿Me haces escoger?- preguntó el moreno, completamente incrédulo.
- No, o si. Tú verás Harry. Siempre estaré ahí de todas formas.
De pronto Hermione vio a toda esa multitud de gente mirándolos como si fuesen el mismísimo Lord oscuro.
-¿Qué estáis mirando?-espetó ella antes de abandonar la estancia, dirigiéndose a clase de Aritmética.
Caminó por los pasillos serpenteantes, con una lágrima asomando por aquellas algunas marrones, pero orgullosa como era, no la dejaría escapar fácilmente.
-Hermione…-escuchó la voz del profesor de vuelo tras de si.
-Viktor-sonrió- Llego un poco tarde, será mejor que nos veamos directamente en el lago.
- ¿Estás bien?- ella asintió en respuesta ante aquella pregunta- En ese caso te dejo. Nos vemos luego
Y sólo instantes antes de marcharse, besó su mejilla. Para desgracia del jugador, no fue capaz de atisbar al rubio que lo seguía hasta su despacho.
Malfoy esperó paciente hasta que el profesor de vuelo fue a utilizar su lavabo personal sin ser acompañado por su varita. El chico, entro de puntillas en el despacho y cogió el arma del búlgaro para así guardarla en el cajón del escritorio de éste y así pronunciar varios conjuros para evitar que el profesor la pudiese alcanzar. Instantes después insonorizó la habitación e inutilizó las ventanas, de modo que no pudiesen abrirse para enviar lechuzas.
-Já, veremos quien disfruta ahora, Krum…
Dicho eso, salió del despacho y susurró el mismo conjuro que imposibilito la llave del cajón y cerró la estancia con el profesor dentro.
Aquello era la dulce, dulce venganza de una serpiente.
Mientras, Hermione sólo esperaba que la calse acabara para ir a encontrarse con Viktor, y aquello era lo único que la mantenía firme y sin desmoronarse, pues Luna Lovegood la había visto apunto de llorar en un pasillo y tan solo la había abrazado y le había dicho unas simples palabras que la calmaron completamente:
-No llores. Si alguien te hace daño, es que no te estima suficiente, y si no lo hace, no merece tus lágrimas. Además yo seré tu amiga, y evitaré que los Nargles se metan contigo.-y dicho esto, la muchacha se fue pasillo arriba.
Siguió mirando la pizarra sin contemplar realmente, hasta que la voz de su compañero de pupitre la despejó:
-Granger, digo: Hermione. Sé lo que ha pasado en el Gran Comedor.
-No hace falta que digas nada Theo, estoy bien.-le calmó la muchacha.
-Sé que mientes, pero quería que supieses que me tienes aquí si me necesitas.
-Gracias Nott, lo aprecio más de lo que piensas.
Al acabar la clase Hermione recogió rápidamente, y subió a una velocidad inusual en ella las escaleras hasta llegar al retrato de la Señora Gorda:
-Dormiens-recitó.
La mujer rolliza del cuadro dejó que la chica pasara y volvió a subir con prisa las escaleras que daban a las habitaciones femeninas, y tan despistada iba que casi arrolla a la pelirroja en su trayecto.
-¡Hey! Frena un poco-le recomendó.
-Lo siento, Ginny. Tengo prisa.
-Lo sé, cita con Viktor. Oye, quiero que sepas que no estoy de acuerdo con mi hermano, pero te pediré que no me hagas elegir, al fin y al cabo, el es mi familia y tú eres casi una hermana.
-Tranquila, te comprendo. Te prometo que pasaremos un poco más de tiempo juntas este fin de semana. Hasta luego-le dijo mientras salía de la habitación haciéndose una coleta en su terriblemente despeinado cabello e intentado hacerlo parecer más sumiso.
Durante unos minutos, esperó mirando su reflejo en las congeladas aguas del lago, y sintió sus pies hundirse en la fría nieve. "Viktor no tardará mucho" se dijo a si misma.
Ciertamente, instantes después escucho unos pasos acercarse, y una sonrisa se formó en su boca, mas al girar ésta se desvaneció, atormentada por su visitante.
-Vaya Granger, ¿decepcionada?
- ¿Qué haces aquí, Malfoy?-preguntó ella.
-Caminar, ¿te molesta?
-No, mientras lo hagas lejos de mí-le aclaró la castaña, impaciente por la llegada del búlgaro.
- ¿Acaso esperas a alguien?
-Márchate, hurón, sigue tu camino y déjame a mí tranquila…
- ¿Y si no lo hago?
- ¿Qué demonios pasa contigo? ¡Sólo quiero que te largues!-le chilló Hermione, desquiciada por su presencia.
-No me grites sangre sucia.
"Sangre sucia". "Sangre sucia". Las palabras se agolpaban en su mente y su, al parecer, detestable sangre se arremolinó en su rostro contraído por el dolor que le causaban esas dos simples palabras, para nada dañinas por separado, hirientes y humillantes en el mismo contexto y de la mano.
-Muérete, Malfoy. Eres un niño rico impertinente y caprichoso. ¡Lárgate, vuelve a tu castillo de princesa y tus fiestas lujosas y olvídame! ¿No te das cuenta de que me repugnas? Arg, eres sólo la atrofiada caricatura de tu padre…
Esas palabras llegaron a Draco como una daga afilada, y la imagen de su madre le rebotó en el cerebro. Él no era y jamás sería su padre.
-No me compares con mi padre. ¡No te atrevas a compararme! Crees tener derecho a criticarme y a regodearte en tu posición, ¡más quisieras! Triste rata de biblioteca con vida simple y sin gracia-decía mientras se acercaba a ella y la hacía retroceder- No eres nadie, y nunca lo serás, sólo otra impura que quizás muera en una batalla por la justicia, pero déjame decirte algo, Granger: ni tus amigos te soportan. Yo soy vil, soy cruel, estoy solo. Pero tú ¿Qué te ahce mejor que yo? Ni siquiera puedes aferrarte al imbécil de Krum.
-¿Cómo dices?-le preguntó, asombrada ahora.
-Sí, sangre sucia, él no se presentará, y ¿sabes por qué?
Hermione casi rozaba el hielo del lago y sabía que éste no aguantaría su ligero peso, pero la perspectiva de acercarse al rubio le intimidaba más que las aguas frías.
-Te he hecho una pregunta. ¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
-Porque incluso él siente asco por ti-espetó en un último golpe, que hizo retroceder a la castaña.
Y mientras la primera de sus lágrimas brotaba, el hielo se rompió bajo ello y cayó al lago congelado.
-Mierda-prorrumpió Draco al darse cuenta de hasta donde el odio y la ira habían obnubilado su buen juicio.
Blasfemó en varias ocasiones, y esperó a que la castaña emergiera de las oscuras aguas, pero no sucedió tal cosa.
Asustado, comenzó a llamarla, y al buscar su varita no se encontraba en sus pantalones. Debía haberse caído en su carrera por llegar al lado desde los invernaderos.
-Joder, con la camisa nueva…-y dicho eso, se quitó los zapatos y se zambulló en el la laguna.
Al principio sintió mil cuchillos clavándose bajo su blanca piel, pero no había tiempo de pensar en el dolor o el frío, por mucho que le pesara, la Gryffindor estaba ahí abajo por su culpa.
La vio casi llegando al fondo, estaba inconsciente y enredada en unas algas largas y espesas. Seguramente había intentado resistirse, pero la sorpresa le había impedido recolectar suficiente oxigeno para subsistir allí abajo.
La desenredó y la atrajo hacia si mismo mientras observaba como animales diversos se acercaban a ellos con curiosidad. No quería darles tiempo a enseñar los dientes, así que comenzó a nadar en busca de la superficie.
Cuando creía que no resistiría más, y que sus pulmones explotarían por el ardor provocado por la falta de aire, la luz llegó y pronto el frío del ambiente invernal.
Como pudo, arrastró a la castaña hacia la orilla y comenzó a moverla, intentado devolverla a la consciencia:
-Vamos Granger, despierta-movió frenéticamente el frágil cuerpo de la castaña sin éxito alguno.
-Venga, no me hagas esto, tienes que volver para chillarme-le decía desesperado mientras seguía moviéndola.
-Oh, por Merlín, ahí voy…
Ventana de su despacho, Krum veía el lago. Había intentado salir sin éxito, y sólo le quedaba mirar por la ventana, mas la imagen del exterior no era otra que Malfoy besando a su Hermione. Enfurecido, decidió apartar la vista y seguir pidiendo ayuda en vano.
Lástima que el joven profesor no supiera, que lejos de ser un beso, era la respiración asistida de un rubio desesperado por traer a la vida a su compañera, que después de aquello seguía sin reaccionar. Masaje cardíaco, respiración asistida, masaje, respiración, masaje…
-Hermione, no me hagas esto, si te mueres, yo…
Sólo un leve jadeo y el vomito de agua de la castaña consiguieron tranquilizarlo, mas la muchacha volvió a sumirse en la inconsciencia.
Lo sé, capitulo mega-ansiado, pero no tenía inspiración. No tengo escusa alguna y quiero disculparme.
Capítulo no muy entretenido pero clave. De aquí en adelante será más fácil.
Gracias por leer.
Mery J Black
