Chapter 7: Un par de consejos
"¿Y ahora qué demonios hago?" se preguntaba el rubio una y otra vez. Podía respirar tranquilo al saber que la castaña seguía con vida y aquello sólo había sido un susto. Cierto era que se veían en aquella situación por su falta de control y su ira desmesurada, pero ella le había provocado. Jamás debería haberle comparado con Lucius. Aquel ser desalmado y cruel no se parecía en absoluto a él.
De pronto notó un ligero temblor, y vio los estragos del frío en la Gryffindor. Sólo entonces se dio cuenta de que él también se contorsionaba por el aire helado que les azotaba a ambos. Debía llevar a la muchacha a algún lugar seco y caliente antes de que enfermara, pero… ¿cómo llevarla allí sin ser visto? No podía aparecer en público con Granger, y menos aún llevarla a la enfermería, pues su mal nombre haría que todo aquello se interpretara de forma que él hubiese intentado atentar contra la vida de la chica. ¿Pero no era eso lo que había ocurrido? Quizás no intencionadamente pero Granger estaba así por su culpa… "¡Basta de lamentos, Draco, y actúa!"
Cargó a la muchacha en brazos y comenzó a caminar intentado buscar un plan sobre la marcha. Justo entonces una idea surgió de entre el abotargamiento que le producía el frío y el cansancio: la cabaña del guardabosques.
La estancia permanecía quieta, oscura y sin rastro de humo en la chimenea, lo cual sólo podía indicar que el semi-gigante no se encontraba allí. "Merlín que esté abierta" rogó mientras barajaba las múltiples acusaciones que recibiría si le viesen introducir a una alumna inconsciente en la pequeña choza.
La travesía hasta los aposentos de Hagrid le pareció eterna, pues el aire helado, la nieve hundiéndose bajo sus pies y, aunque fuese poco, el peso extra de la castaña, complicaban bastante el caminar.
Tras un breve forcejeo para poder abrir la puerta y sujetar a la chica, aún sin sentido, consiguió hacerse paso. En el mismo instante en que el portón se abrió, el rubio casi fue derrumbado por el enorme perro color marrón.
-Aparta- le espetó haciéndose paso.
Increíblemente, el can obedeció yendo a sentarse a una esquina junta a la lumbre apagada.
El chico dejó a la castaña sobre la enorme cama colocada frente a la gigantesca mesa con tazas de té que simulaban ser de miniatura.
Vale, ahora ¿cómo demonios encendía la chimenea? Tuvo que buscar por la pequeña cabaña sin descanso hasta que finalmente el dogo se acercó a él con algo en la boca.
-¿Qué quieres?- le preguntó molesto.
El animal dejó caer al suelo una caja de cerillas y la empujó con el hocico hasta el muchacho.
-Vaya, gracias.
Si Hermione hubiese despertado se habría encontrado con una escena más que singular: el rubio agachado junto al hogar, intentado averiguar qué hacer con esos palitos muggles tan extraños, mientras el perro lo escoltaba, sentado a su lado.
Finalmente y dándose por vencido decidió tirar el fósforo, hastiado; mas justo cuando la punta roja de la madera tocó el extraño lateral de la caja, saltó una chispa.
-¡Muggles chiflados!-exclamó asombrado.
Realizó de nuevo la acción y la cerilla prendió del todo. Se acercó a la leña y tras un buen rato, el fuego prendió.
Al girarse vio a la muchacha encogida sobre sí misma y temblando. "¿Y ahora?" pensó mesándose el cabello empapado, percatándose así de que él también estaba mojado y frío.
Maldijo un par de veces, se aproximó hacia el armario del gigante y sacó una gran camisa (de hecho la única). Buscó en el resto de cajones y sólo encontró una vieja toalla tamaño Hagrid.
Se desvistió rápidamente dejando solamente la ropa interior y puso alrededor de sus caderas la roída toalla.
Tragando espeso, puso rumbo hacia la muchacha dormida. Extrajo cuidadosamente los zapatos, así como los calcetines altos, percatándose sin quererlo de las largas piernas de la joven. A continuación, y mirando de no despertarla, sacó la túnica y la camisa que la cubrían, dejando ver un sujetador de algodón blanco y sin mucho detalle. "Típico en la santa Granger" se rió.
Continuó con su tarea, ahora avergonzado por tener que desabrocharle la falda. "Cómo si no lo hubieses hecho nunca…" se reprendió a sí mismo, mas una voz lejana en su cabeza observó que a ella no se lo había quitado nunca.
Se sentía tan violento que decidió ponerle la gran camisa, para ella vestido, antes de sacarle la prenda empapada. Una vez lo hizo colocó la ropa de ambos frente al fuego y se colocó a sí mismo cerca también, perdiendo su mirada entre las llamas.
Cuando Hermione despertó lo primero que pudo sentir fue la calidez de algo irradiándole la cara e intentó acomodarse sin perderlo, pero de pronto recordó el lago y a Malfoy sobre ella diciéndole que despertase, completamente empapado.
Abrió los ojos y vio la cabaña de Hagrid iluminada por la luz de los leños que crepitaban frente a ella, y al Slytherin contemplándolas con simplemente una desgastada toalla sobre los hombros y otra enganchada en la pelvis. A su vez se observó a sí misma, completamente seca gracias a la camisa a cuadros rojos y negros del guardabosques.
La sangre se agolpó en sus mejillas rápidamente. ¿Aquello quería decir que Malfoy le había quitado las ropas mojadas? Se incorporó enfadada y lo miró captando la atención del rubio, que aun así continuó absorto en las llamas.
-Tú… Mírame, Malfoy. ¿Con qué derecho me traes aquí y me desnudas mientras estaba sumergida en la inconsciencia?-preguntó mientras se levantaba, visiblemente tensa y enojada.
-No deseo discutir, Granger. Así es que siéntate, cállate y espera a que la ropa esté seca para así poder marcharnos.-le dijo, ofreciéndole tan solo un instante de su atención.
-No, no, ésta vez no. No creas que de ésta te vas a librar. No tenías ningún derecho a hacerlo y quiero una explicación.
-En ese caso espera sentada.-le aconsejó.
-¡Maldita sea Malfoy, te la exijo!-por primera vez las palabras de la castaña lograron captar la atención de aludido, quien se puso en pie y se aproximó a ella, irradiando hostilidad.
Los ojos del Slytherin se tornaron turbios como en el lago, consiguiendo asustar de nuevo a la castaña, mas no amedrentarla.
-No me das miedo si eso es lo que intentas…
-Granger-dijo sonriendo de forma burlona-¿tú me exiges?
De pronto el rubio prorrumpió en una carcajada amarga, y rápidamente tornó a su semblante serio y con ese aire de peligro infundado por el oscurecimiento de sus orbes metálicas.
-Creía que eras más inteligente ratón de biblioteca.
-Y tú más decente. ¡Me has desnudado mientras estaba inconsciente!
-No creas que es el sueño de mi vida, eres completamente plana…-dijo con voz desinteresada.
-¡Cerdo arrogante!- y seguidamente y sin medir sus actos, impactó la palma de su mano contra la mejilla del Slytherin.
La castaña pronto reaccionó, apartándose unos metros del rubio, que permanecía en shock, con la cabeza girada y algunos mechones rubios le cubrían el rosto, ahora rojo por el golpe.
Ella lo miró asustada, siendo por fin consciente de la reacción que podría haber provocado en el rubio.
-Malfoy, yo… de verdad que no era mi intención, pero me has sacado de mis casillas y…
De pronto el rubio cortó toda la distancia que había entre ellos y la agarró fuertemente de los hombros, haciéndole estremecerse de dolor.
-Retráctate sangre sucia-le ordenó completamente iracundo.
Todo el miedo y el arrepentimiento que Hermione había albergado se disipó instantáneamente al escuchar el apelativo utilizado por el chico.
-¡Retráctate!-le gritó, y ella en un susurró convencido y mostrando todo el asco que provocaba en su ser, contestó:
-Jamás.
Toda reacción por parte del rubio habría sido entendible a excepción de la que éste llevó a cabo. Encolerizado, la asió fuertemente y la atrajo hacia sí mismo. Hermione quería preguntarle qué demonios pretendía, mas no le dio tiempo, pues el rubio tomó sus labios con fiereza, castigándola por su desfachatez.
Draco la besaba con odio, ira, impotencia y todos aquellos sentimientos enfrentados que ahora comprendía en cierto modo pero de los cuales desconocía la procedencia. Cada beso era una nueva herida, otro grito y una venganza realizada; y la castaña aún paralizada por la sorpresa, sentía como él se apoderaba de su boca sin tan siquiera preguntar si era bienvenido. Le dolía, casi tanto como el orgullo, cada contacto era más rudo y agresivo que el anterior, y sentía que pronto comenzaría a sangrar.
Él la mantenía sujeta clavando sus largos y habidos dedos en los hombros, sin intentar propasar los límites que hacía segundos se habían extendido.
En el instante en que ella comenzó a sentir un ligero hormigueo en los labios y los entreabrió mínimamente para colaborar, se escuchó un pequeño ruido fuera que los alarmó a ambos. Por la puerta principal apareció Luna Lovegood, con su peculiar cara de ensoñación.
-Oh, vaya, perdonadme, pero mi Narggle se había perdido.-comentó la muchacha.
Hermione, de forma muy poco propia en ella, recogió su ropa y salió corriendo de la estancia, completamente ruborizada y sin saludar a la joven.
-Joder Lovegood… -comentó Malfoy mientras también abandonaba la cabaña a la vez que se enfundaba los pantalones, bastante molesto y dejando a la pobre chica un tanto extrañada.
En su carrera al castillo el rubio se debatía entre los instintos y la razón, quedándose hecho un lío al no encontrar respuesta. En ese momento sólo tenía claro algo, y es que la próxima hora el agua fría de la ducha sería su mejor aliada.
Horas más tarde Hermione recorría el castillo como muerta en vida. ¿Realmente se había besado con Malfoy? ¿En verdad le iba a corresponder? "No" se dijo a sí misma; él la había besado a ella, y lo suyo tan solo había sido un reflejo propio de la sorpresa.
Tan concentraba iba en su conflicto interno que hasta que no impactó contra el pecho de alguien, no se dio cuenta que de que transitaba por mitad del pasillo.
-Viktor-dijo sorprendida la castaña.
Sí, Krum se había pasado todo el día intentando evitarla, mas parecía haber sido inútil, ella siempre lograba encontrarle.
-Señorita Granger, no tengo tiempo para hablar con usted. He de preparar una clase.
-¿Señorita Granger? Vamos Viktor, llevas comportándote muy extraño desde ayer. ¿Ocurre algo?
-No Hermione, no ocurre absolutamente nada-le espetó irónicamente.
-Oye, se supone que la enfadada debería ser yo. Ni siquiera te presentaste a la cita-dijo intentando defenderse.
- ¿Tú la enfadada? Vamos, ni siquiera te importó que no apareciese.
- ¿Por qué dices eso?-preguntó ahora extrañada.
-¡Porque te vi! ¡Te vi desde mi despacho! Me quedé atrapado y sin varita y sólo podía pensar en que tú estarías preocupada esperándome. ¡PERO CUAN GRANDE FUE MI SORPRESA AL VERTE DESDE LA VENTANA BESÁNDOTE CON MALFOY!-le gritó
-¿Cómo dices?
- No intentes esconderlo más Hermione.-respiró hondo y dijo lo que jamás pensó que diría- Ya basta de este juego. De ahora en adelante tan solo seré tu profesor de vuelo, y no habrá privilegios.
-Pero...
-Como le decía señorita Granger, tengo que preparar una clase.
Y dicho esto el búlgaro reanudó la marcha hacia su estudio. Al llega allí encontró a Dobby acabando de arreglar su escritorio.
-Oh, señor, lo lamento mucho. Dobby acabará en un segundo, señor.-dijo el pequeño elfo con su voz cantarina.
-Tranquilo Dobby, no hay prisa.-contestó el profesor.
Dos minutos más tarde el ex criado de los Malfoy hizo desaparecer todos los artilugios que había necesitado para la reparación.
-Todo suyo, señor. Para Dobby ha sido un placer ayudarle.
-Muchas gracias, ten, esto es por tu ayuda.-dijo tendiéndole un pequeño paquete, el cual contenía un calcetín a rallas coloreadas.
-Oh, señor, no era necesario. Pero Dobby lo guardará entre sus más preciadas pertenencias. Gracias señor.-dijo mientras chasqueaba los dedos y desaparecía.
Con un suspiro Viktor se dejó caer tras el escritorio. Había tenido que destrozar el cajón a base de golpes para poder sacar su varita de ahí. Llegar a la conclusión de que su billete de salida estaba en aquel compartimento le había costado el desordenar toda la sala y tras abrirlo tuvo que ir a la enfermería pues sabía que aquel "crac" de su mano que había sonado minutos antes no era normal.
Madame Pomfrey le había regañado a base de bien y le había hecho degustar un horripilante jugo para así sanar su mano afectada.
Una vez de vuelta a la normalidad, Krum había decidido hacer como si nada hubiese ocurrido y actuar con Hermione como desde un principio se debería tratar a una alumna. Le costaba más que dejar de respirar pero debía sobrellevarlo de la mejor forma posible y hacer que la Gryffindor comprendiera aunque fuese de malas formas.
Chocar con ella había sido tan solo el principio de una horrible temporada esperando por irritar su delicado humor. Había intentado retrasar el momento lo máximo posible, evitándola o haciéndose el sordo, pero finalmente se habían encontrada, y él, sin poder remediarlo, había explotado de rabia e ira como el hombre celoso en que ella le había convertido.
Así de nuevo se encontraba a sí mismo, sentado tras el escritorio, con la cabeza entre las manos, desvariando por una cría que ni siquiera había acabado el colegio, dejando correr una fabulosa oportunidad en la liga mundial para dar clases en un colegio envuelto en la vorágine de escabrosos sucesos producidos por los tiempos de guerra, y encima a niñatos repelentes como Malfoy y Weasley.
Iban a ser unos meses muy, pero que muy largos.
Hermione vagabundeaba por el castillo pensando en el encontronazo con Viktor. ¿Besarse con Malfoy? Ella no había hecho tal cosa, pero el profesor no le había dejado ni un instante para explicarse. Jamás lo había visto así de enfadado y realmente era una faceta de él que preferiría seguir sin conocer.
Finalmente dio con sus huesos en uno de los patios internos, cerca de la sala común de Ravenclaw. Aquel era el lugar por el que se decía que transitaba el fantasma de la casa de la sabiduría, Helena Ravenclaw. Después de meses yendo a aquel rincón secreto aún no se había encontrado a nadie, ni siquiera a la hija de la fundadora.
Sabía que Helena era hija de Rowena Ravenclaw, y que había huido en su juventud para correr largas aventuras, mas en su regreso ella era un fantasma y nunca había dejado que nadie más volviese a verla. Algunos decían que era porque sentía añoranza por las tierras que debió dejar para volver a Hogwarts; en cambio otros dicen que es porque era tan sumamente altanera que no creía que nadie fuese merecedor de su presencia.
Personalmente la castaña no creía ninguna de las dos historias, intuía que había una parte de la historia que jamás se contó o que escapaba a su conocimiento, pero no creía que la joven fuese como se la pintaba.
Con un suspiro alzo la cara al frío viento que se colaba por las pequeñas ventanas, contemplando el cielo gris que se dejaba ver bajo el techo encantado como el del Gran Salón.
-¿Qué demonios voy a hacer ahora?-pensó en voz alta la castaña, cerrando los ojos e intentado disminuir la presión interna que hacía que sus lágrimas llevasen un buen rato batallando por salir al exterior.
-Si quieres puedes explicármelo a mí-la sorprendió una vocecilla cantarina.
Luna Lovegood se encontraba en el arco de entrada al patio. Llevaba su ya acostumbrado collar de corchos, el cabello suelto y algo enredado, y aquellos ojos azules siempre bien abiertos, como si pudiese contemplar cosas que al resto de humanos pasaran inadvertidas.
-Luna… no te he oído llegar. Ya me iba, yo…-balbuceó la chica.
-Oh, no te preocupes Hermione, ya estoy acostumbrada a que la gente se vaya cuando llego yo, es normal. Sólo espero que lo que sea que te atormenta te deje respirar pronto, o acabas siendo una triste Dama Gris. En fin, búscame si me necesitas-dijo mientras daba la vuelta, dispuesta a irse.
-No, Luna, espera.-dijo la Gryffindor, casi sin creerse que estuviese llamando de vuelta a la estrambótica muchacha.
-¿Si?
-La verdad es que necesito a alguien con quien hablar, y Ron y Harry no están muy dispuestos a escucharme ahora mismo.-la rubia hizo un gesto en señal de comprensión y la instó a continuar- He… he hecho cosas de las que no estoy segura de sentirme orgullosa últimamente.
El silencio que siguió la incomodó ligeramente, pero la mirada que la Ravenclaw le profería le hizo entender que ella simplemente la estaba dejando hablar a su ritmo, sin presiones ni preguntas, tan solo escuchándola como la mejor de las oyentes.
-Yo he…mantenido una relación con alguien que no debería. Y ahora ese alguien piensa que le he engañado con…otro alguien al cual odio pero que me ayudó en cierto momento.
- Y esos alguien son Krum y Malfoy, ¿cierto?-dijo más como afirmación que como pregunta.
-¿Cómo lo has sabido?-cuestionó la castaña, estupefacta.
-Vamos Hermione, sólo porque parezco un poco atolondrada no quiere decir que esté ciega y sea tonta. De hecho veo mucho más allá de lo que gente que se considera inteligente puede ver, porque miro sin complejos ni prejuicios. Y ahora, continua, por favor-dijo ella con una sonrisa soñadora, completamente contagiosa, que la hizo parecer mucho más dulce.
-Pues, Viktor no quiere ni verme y cree que me he besado con Malfoy, y…
-¿Y no es eso lo que has hecho?-la interrumpió Luna- En la cabaña, yo os interrumpí.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos. ¡Merlín, era cierto! No había sido en momento en que Viktor creía, pero sí se había besado con el Slytherin.
-Luna, no sé qué hacer. Quiero a Viktor demasiado como para perderle, pero estar con él me supone un esfuerzo heroico. Harry y Ron no me hablan y Malfoy me hace la vida imposible porque sabe mi secreto. Debo mentir a todo el mundo y ya no puedo más.-dijo Granger, desesperada.
-Hermione, sinceramente creo que debes aclarar tu mente. Pensar con frialdad. Hay cosas que llevan su tiempo, y precipitarse en los asuntos del corazón puede hacer mucho daño. Reubica tus sentimientos y dales cara, ojos y nombre. Sólo así sabrás si ese es el camino que de verdad quieres emprender.
-Luna, ¿por qué nunca he recurrido a ti antes?-preguntó la Gryffindor, completamente fascinada por la capacidad interpretativa y el gran razonamiento de la pequeña despistada.
-Quizás porque jamás me has preguntado.-le sonrió ella.-Se me hace tarde, pero acude a mí cuando tus pensamientos estén en orden, y volveré a ayudarte en cualquier momento.
-Muchas gracias, Luna. Realmente eres más amiga de lo que pensé.-le respondió con una cálida sonrisa en la cara.
Sólo cuando la rubia estaba a punto de alejarse, Hermione la llamó, haciéndola girar sobre sí misma.
-¿Qué significa lo de la Dama Gris?-preguntó, recordando como Lovegood la había llamado.
-Eso es algo que sólo una persona puede contestarte. Pero te diré algo, estás en el lugar adecuado para descubrir la respuesta.
Y dicho esto, la Ravenclaw abandonó el lugar. No había entendido completamente el significado de sus palabras, pero era Luna, ¿qué más se podía esperar?
Decidió encaminarse a la biblioteca, picada en su curiosidad de estudiosa, para intentar descifrar algo más sobre la Dama Gris.
A dos pasillos de la biblioteca volvió a encontrarse con Viktor, y aunque el consejo de Luna le decía, bueno más bien le gritaba en su cabeza lo contrario, se acercó a él.
-Viktor, me gustaría hablar contigo un momento…
-Lo siento señorita Granger, pero creí dejarle claro que no tengo tiempo para charlas sin sentido. Si tiene algo que preguntarme sobre las clases de vuelo, espere a la clase o concierte una cita con la directora de su casa.
-Pero…
-¡¿Es que no me he explicado suficientemente claro?-le espetó el búlgaro, manteniendo la voz baja pero impregnado de agresividad.
-Viktor, por favor, sólo quiero…
-¡Basta! No quiero saber nada más de ti, ¿es que no lo entiendes?-dijo mientras la zarandeaba.
Hermione no podía más que contener las lágrimas, que rebeldes, luchaban por salir.
-Suéltala-dijo una voz que arrastraba las palabras.
-Señor Malfoy, no se meta.-le escupió prácticamente.
-Está usted agrediendo a una alumna señor Krum. Suéltela ahora mismo o me veré obligado a tomar medidas.
-Bien, y ¿qué medidas son esas? Si se puede saber-dijo el profesor, retándole, y manteniendo a Hermione agarrada, provocando al principio un leve dolor en su brazo derecho, del cual la asía, y agravándolo posteriormente por la presión continuada.
Draco desenfundó su varita, a la vez que el búlgaro.
-Profesor, baje la varita y aléjese de Granger, no quiero pelear con usted.-mintió el rubio, sabiendo que tanto el instructor de vuelo como él llevaban desde un comienzo esperando un momento como aquel.
-Vamos Malfoy, ¿crees que soy idiota?- "No contestes" se obligó a decirse Draco- ¿Crees que no sé que tú fuiste quien me encerró en el despacho? ¿Qué soy tan estúpido como para no darme cuenta de que tú quieres ser yo? Ansías una posición de poder en algo que te llene, una mujer bonita a la cual querer y con la que poder hablar lejos de toda la peste que tu familia emite. ¿Crees que no sé que darías cualquier cosa por poder ser como yo? Alguien que dejó atrás la oscuridad de su alrededor y consiguió a alguien como ella-dijo señalando con la cabeza a Hermione- ¿De verdad piensas que no sé que la quieres para ti?
De pronto se hizo un silencio tenso e incómodo, provocado por las palabras dichas con odio que Krum había dejado caer. Él, con Granger, juntos… "No pienses en ello, concéntrate Draco" pensó el rubio.
-Profesor Krum, no se lo repetiré, tire la barita.-dijo con voz calma.
-Deja que te diga algo Malfoy-prosiguió el búlgaro, desoyendo sus consejos- Nunca lo conseguirás, a nadie parecido, y mucho menos a ella. ¿Y sabes por qué? Porque eres un hijo de mortífago, un sangre limpia definido desde el nacimiento. Apostado en el lado contrario que ella. No podrás ser feliz jamás…
-Cállese-murmuró el rubio.
-Serás otra marioneta que acabará muerta en cualquier lugar mientras esta guerra transcurre, mucho antes de que consigas la paz interior…
-Basta…-murmuraron tanto el Slytherin como Granger, que veía los estragos que causaban las palabras del profesor en la cara de Malfoy.
-Eres un Malfoy, un pobre infeliz que ni siquiera está de acuerdo con la causa que le obligan a defender. Morirás sólo, y en caso de que sobrevivas seguirás sólo, porque serás otra alma torturada…
-Basta, por favor…-gimió el rubio, bajito, esperando que no escucharan sus suplicas, dándose por satisfecho al oír las carcajadas del profesor, sabiéndose aún protegido por la inconsciencia de lo que esas palabras producían en lo más hondo de su ser.
-Sí Malfoy, serás una escoria como tu padre, pero a la vez torturado y muerto en vida como la triste imagen viviente que es tu pobre y desgraciada madre.
"Clic" esas palabras, el dolor que provocaban y la evocación de su madre hicieron que aquel pequeño animalito indefenso y sufriente en que se había convertido su alma, reviviera de sus cenizas cual ave fénix, dispuesto a calcinar con sus llamas a Krum y enseñarle que Narcissa Malfoy era alguien al que no podía darse el lujo de nombrar.
-¡Everte Statum!-clamó Draco, con la intención de derribar al profesor.
-¡Protego!-gritó el profesor-¡Egredior cruoris!*
Aquella maldición calló directamente sobre el pecho del rubio, cogido por sorpresa ante el uso de magia negra.
-¡Malfoy!-chilló Hermione, asustada, al ver como el rubio comenzaba a respirar dificultosamente, dejando caer su barita y tambaleándose.
De pronto de los labios del rubio emergió un delgado hilo de sangre, lentamente hasta que él tosió en busca de aire, el líquido escarlata brotó furiosamente y en gran cantidad. El Slytherin miró a la castaña con los ojos muy abiertos, con miedo en la mirada, mientras caía al suelo con una mano en el pecho. Comenzó a hiperventilar, intentando buscar aire con desesperación, como si a su alrededor el oxígeno se hubiese esfumado.
Con un gemido impotente Granger, se desembarazó de Krum, quien contemplaba absorto lo que los celos habían provocado en él. La castaña se arrodilló junto al rubio, levantándole la cabeza e intentado limpiarle la sangre de la boca con su propia camisa, haciéndola girones.
-Respira, vamos, tranquilízate, sino no podré hacer el hechizo necesario…
-No…pue-do…res-ppp…-jareaba Draco continuamente.
-Shh, calla, no te esfuerces, mírame-le decía mientras le cogía la mano- Así, aprieta, inhala, exhala. Escúpelo Malfoy, tranquilo-dijo cuando él intentaba no mancharla con más sangre.
-Hermione…-murmuró de pronto Viktor Krum, absorto en como la castaña intentaba ayudar al Slytherin.
Ella le dedicó por sólo segundo una mirada de decepción.
-Márchese profesor Krum, antes de que alguien adivine lo que ha hecho.
Y dicho eso la Granger se giró hacia el rubio y murmuró junto a su pecho:
-Finio Luctus*
El rubio tomó aire como si hubiese aguantado la respiración bajo el agua por largo tiempo.
-Tranquilo, tranquilo…recupera el aliento. Te llevaré a la enfermería cuando estés mejor-le sonrió ella.
Draco se quedó absorto mirándola y viendo como el profesor se alejaba sin hacer ruido. Minutos más tarde Granger le sostenía poniendo su brazo sobre sus hombros y con un esfuerzo heroico lo llevo hacia la enfermería.
Hermione sabía que a quien portaba con tanto cuidado era su enemigo, pero no podía olvidar tampoco que él se había zambullido en las heladas aguas del lago para rescatarla. "Estúpida, caíste ahí porque él te asustó" dijo una voz en su interior. "Pero también está así por mi culpa, si no hubiese intentado ayudarme con Viktor él no estaría sangrando" habló su siempre razonable conciencia.
Perfecto, era el lugar menos indicado y el momento más inoportuno para tener un debate interno, y ahí estaba, prácticamente arrastrando a Draco Malfoy hacia la enfermería y disputando la razón entre si hacia bien o no.
-Granger…-dijo de pronto Malfoy, con la voz ronca, esforzándose por hablar sin ahogarse, pues aunque había dejado de escupir sangre, aún le costaba mucho respirar.
Las puertas de la enfermería se abrieron frente a ellos y la Madame Pomfrey salió como si la llevase el diablo:
-Sabía que algo ocurría. Puedo intuirlo. ¡Pero muchacho, ¿qué demonios de te ha pasado?
-Se calló.-dijo Hermione rápidamente-iba… volando con la escoba cuando... uhm, perdió el equilibrio sin razón aparente y calló en picado.
El rubio tuvo que poner los ojos en blanco, realmente, para ser una sabelotodo insoportable, Granger mentía horrorosamente mal.
-Anda, entra, recuéstate en la camilla del fondo. Y quítate la camisa, quiero hacerte una inspección. Señorita Granger, ayúdele mientras preparo el material.-ordenó la enfermera.
La castaña le ayudó a recostarse y, haciendo uso de su buena fe, intentó ayudarle a quitarse la camisa, mas Malfoy la miró con una ceja enarcada.
-Oh vamos Malfoy, eres un pervertido arrogante hasta accidentado-dijo mientras se echaba a reír, casi sin poder controlarse.
¿De dónde venían esas confianzas? Ay Merlín, tendría que hacerle más caso a Luna y poner sus asuntos en orden.
-Bien señor Malfoy, estírese.-dijo Madame Pomfrey con un montón de cosas en una bandeja de metal- Señorita Granger, ¿no le gustaría aprender algo de medimagia? Apuesto a que sería genial en su trabajo.
Ante aquellos halagos no pudo resistirse, y empezó a observar cada movimiento de la enfermera con sumo detalle. Realmente era un campo apasionante, y estaba disfrutando más que en Transformaciones.
Mientras, Draco la observaba atento, comprendiendo que Madame Pomfrey había dado en su punto débil y la había instado a quedarse para así acabar antes. Se veía bastante nerviosa, y miraba hacia la puerta repetidas veces, como si esperase que alguien entrara enseguida. Sin embargo, Granger se veía segura, y tranquila, respondiendo preguntas sobre las diferentes pociones que la medimaga el preguntaba y dándole la razón en algunos veredictos. El cabello rizado recogido en una coleta floja, con algunos mechones enmarcando su bello y níveo rostro, el cual contrastaba con aquellos labios rosáceos que horas antes había besado… "Malfoy frena, aquí no hay duchas frías amigo" se dijo a sí mismo.
De pronto la directora McGonagall irrumpió en la enfermería con más prisa de la acostumbrada.
-Bien señorita Granger, haga que el señor Malfoy se beba esto. Usted, después de tomárselo todo se quedará aquí hasta mañana, cuando le revisaré de nuevo para darle el alta.
Malfoy sólo asintió, mirando a Hermione con malicia mientras Madame Pomfrey corría la cortina que los dejaría a solas y alejados de miradas indiscretas.
-Vale Malfoy, ahora tienes que ser un niño bueno y tomártelo todo-se mofó la Gryffindor mientras preparaba el vaso con un contenido de color púrpura.
-No me hables como si fuese un niño pequeño, Granger. Sólo estoy un poco debilitado pero aún te puedo, recuérdalo…-le amenazó él.
-Ya, ya, no te alteres hurón. ¿Puedes incorporarte?-preguntó ella aún con una sonrisa en la cara.
-Uhm… creo que aún estoy demasiado débil, ¿me ayudarías, ratón de biblioteca?-dijo haciendo una burda imitación de unos ojitos tiernos.
-Oh vamos, sé que puedes hacerlo mucho mejor.-contestó ella tras una honesta carcajada, dejando en el aire si se refería a enderezarse, a insultarla, o a la mirada tierna.
Le hizo un gesto al chico para que se alzara y éste se apoyó con cuidado en sus antebrazos. Hermione pasó su mano izquierda tras la cabeza de él y acercó el vaso con esa cosa burbujeante hasta sus labios.
-Granger, apiádate de mí ¿no?-dijo él frenando su mano.
-Mmm, deja que piense… NO. Tómatelo todo.
E inclinando el vaso le hizo beber hasta la última gota. Cuando retiró el recipiente vacío, Draco tenía la nariz arrugada en un mohín de repulsión y degustando aún aquel horrible sabor en su boca.
-¿Agua?-preguntó la castaña, a lo cual el simplemente asintió.
Se bebió el vaso de golpe y ella rió divertida.
-Realmente eres una enfermera dura. No me volveré a poner en tus manos.-concluyó el rubio.
-Ya veremos, Malfoy.-le contestó con altanería.
De pronto la profesora McGonagall entró en el cubículo, apartando la cortina; y miró a ambos alumnos como si lo que viese fuese tan realista como que un puerco alado sobrevolase su despacho.
-Señorita Granger, creo que el señor Malfoy necesita reposo. Les daré unos instantes para que se despidan.
Y seguidamente volvió con Madame Pomfrey, la cual ni siquiera se había calmado con la presencia de la directora.
-Bueno Malfoy, recupérate.-se comenzó a alejar de la camilla, mas la mano del Slytherin la agarró de la muñeca, deteniéndola.
-¿Volverás?-preguntó sin mirarla a los ojos, como rehuyendo la mirada inquisidora de la castaña.
-Lo intentaré.
Nada más traspasar la cortina pudo escuchar a la enfermera, asustada:
-Minerva, ¿tú crees que esto sea cosa de los motífagos o peor, del Señor Oscuro?
-Poppy no seas tan trágica. Voldemort jamás perdería su tiempo con un chiquillo, pero no puedo asegurarte que no sea obra de Lucius Malfoy.
-¿Tú crees que Malfoy arremetería contra su hijo?-preguntó histérica, pensando que si algo así sucediese nadie estaría a salvo del mal.
-No sé Poppy, sólo espero que Dumbledore no se equivocara y así el destino de Malfoy podría tener un mínimo resquicio de luz.
Horas más tarde Hermione aparecía por la enfermería, como entrando a hurtadillas cual ladrón en un banco. Portaba consigo un pequeño muffin con pepitas de chocolate y en letras glaseadas ponía "hurón enfermo". Mas cuando descorrió silenciosamente la cortina del rubio se lo encontró dormido boca arriba, incómodo por la postura forzada.
Dejó el pastel en la mesilla de noche, percatándose de que el Slytherin la había estado esperando, pues la luz de la pequeña lámpara aún estaba encendida. Sonrió inconscientemente ante aquel acto, y observó con detalle el rostro relajado del muchacho. Parecía diferente así, como si fuese un ángel inocente, sin rastro alguno de maldad o frialdad en aquellos ojos color mercurio.
Se apoyó con una mano en la cama y observó como aquel flequillo platino caía rebelde sobre su frente, habitualmente despejada. Algo extraño cruzó su mente por un instante, provocando una instintiva negación ante aquello. "¿En qué demonios piensas, Granger? ¡Maldita sea, este cansancio me hace desvariar!" se dijo a sí misma. Quizás sí debería ir a dormir y consultar con la almohada todo lo que Luna le había dejado caer.
De pronto Malfoy giró sobre sí mismo hacia el lado derecho, donde Hermione se encontraba, y aún dormido cogió su mano.
-Granger…-suspiró inconscientemente.
-Sí Malfoy, estoy aquí. Ahora duerme.
Y como un niño pequeño se dejó acunar en los brazos de Morfeo, con un sueño velado por la sonrisa de la castaña.
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¡Hola a todos! No me asesinéis ¿vale?
A ver, sé que no queréis escuchar escusas pero tengo unas cuantas:
En abril dije que actualizaría, y era cierto, salvo que mi pc no estaba de acuerdo con ello y decidió morir. Perdí TODO, absolutamente todo, entre ellos el chapter 7, un nuevo fic que tenía preparado sobre inuyasha y... un nuevo dramione.
Varios familiares estuvieron bastante enfermos, de modo que era imposible ponerse a trabajar en el fic, sabiendo que si lo hacía sólo podría ofreceros una burda bazofia.
HE ACABADO LA SECUNDARIA. Lo que en su momento significó interminables trabajos, exámenes, pruebas, presentaciones, reuniones, viajes de promoción y mil cosas más. Ahora significa el olvido de mucha gente con menos cerebro que un cacahuete y que confunde el apellido Weasley con lo que llevan los cereales –dígase realmente muesley-.
He estado visitando a mi hermano estás vacaciones, y… bueno vive en China, no tuve mucho tiempo de escribir (PERDÓN!)
Mi vida sentimental y amigos me han estado estrujando todo el tiempo y la inspiración se confabuló con ellos, de modo que cuando no estaba con ellos ésta se iba de vacaciones.
Y ya está, solo hay 5, no os molesto más. Ahora os digo, que este chapter tiene el doble de extensión al que os tengo acostumbrados y que empieza la acción, o eso espero.
Me está costando un poco entrelazar todos los aspectos que quiero mostrar, pero gracias a una amiga (Dubbhe) me será bastante más, o eso espero.
Luego, los conjuros con (*) son inventados. Perdonad por ello pero me he leído al menos 3 manuales de conjuros de Harry Potter, he repasado todos los libros de cabo a rabo y me ha faltado verme las películas para conseguirlo; pero igualmente no he conseguido nada que me acabase de convencer, pues el Sectumsempra me parecía un poco exagerado. Espero que os hayan convencido.
Sed buenos conmigo y dejadme muchos RW/comentarios.
Besos desde mi pequeño mundo, mi habitación
Mery J Black
