Chapter 8: No todo lo que reluce es… ¿plata?
Días más tarde el Slytherin caminaba por los pasillos con su acostumbrada confianza, dejando claro a todo el mundo que él era superior.
Y aunque a simple vista parecía que nada había cambiado, sí que algunas cosas reusaban ser como solían. Draco se sentía algo más relajado, menos furioso, pero no por ello dejaba de estar en guardia.
El incidente con Krum lo había dejado receloso y sobretodo con un sentimiento vengativo creciendo en su interior. Había conseguido lo que quería desde un principio, aunque su plan le hubiese acarreado algún que otro rasguño: Granger se mantenía bien alejada del profesor.
Ahora sólo le faltaba comprender por qué demonios deseaba eso.
Estaba claro que no era como si se sintiese atraído por la castaña, y mucho menos envidiaba al búlgaro. Era… algo extraño a lo que aún no se atrevía a poner nombre. El caso era que la Gryffindor estaba cumpliendo con sus expectativas y en cierta forma las superaba, apañándoselas para sorprenderle con algunos gestos del todo insólitos.
¿Quién iba a imaginar que iría noche tras noche a visitarlo y a llevarle sus postres favoritos? ¿Y quién habría sido tan iluso como para pensar que ellos podrían llevarse bien e incluso, en algunos instantes, disfrutar de la compañía del otro? Él desde luego no, y pondría una mano en el juego asegurando que ella tampoco.
Ah, lo que daría por ver la expresión de cara-rajada y pobretón al verla reírse con alguna de sus ocurrencias. Pero sabía que eso no sucedería, pues ambos habían convenido que después de su recuperación aquellas charlas debían cesar.
"Maldita sea la hora en que lo propuse" dijo una voz en su interior. Se aburría como una ostra intentando que Crabble y Goyle lograsen decir más de dos palabras seguidas con algo de coherencia, y Theo llevaba días demasiado ocupado con los asuntos de premio anual como para entablar conversación.
Arg, echaba de menos la astucia de Granger, y más aún sus réplicas ingeniosas y mordaces frente a su ácido sentido del humor.
-¡Draco!-gritaron desde atrás.
Nott corría tras él con un libro de Runas en las manos.
-Llevo llamándote desde hace un rato y no me esperas. Escucha, tengo prisa, llego tarde a clase, pero Hermione me ha dicho que te recuerde que hoy tenéis reunión y que te espera en el aula de encantamientos. No llegues tarde, últimamente está de un humor un tanto especial-le avisó Theo.
Malfoy no sabía exactamente a qué tendría que enfrentarse, pero Nott lo había sufrido en varias clases y quería a su mandona amiga de vuelta.
Hermione caminaba ensimismada y sin concentrarse realmente en nada, tomaba apuntes por inercia y no se relacionaba con nadie. Harry y Ron seguían sin hablarle, Theo había estado muy estresado por algún tema sobre la biblioteca y los alumnos de primero, Krum no se le acercaba y la miraba con pesar desde la lejanía (cosa que la ponía de los nervios), y Luna se pasaba el día en busca de Nargles. La única persona con al que se había estado relacionando le había pedido que dejasen de verse y eso, tanto pasa su orgullo como para su humor, eran un gran problema.
Se mostraba irascible cuando debía hablar más de lo que deseaba, lo cual era poco, y el resto del tiempo se mantenía abstraída. Como en una burbuja de extraños y sombríos sentimientos.
Ella no esperaba sentirse tan sola después de dejar de encontrarse con el Slytherin, pero realmente era un hecho que, por más que le pesara, debía admitir.
Él había provocado diversas dudas en la mente de la castaña. ¿Y si todos no eran unos necios indeseables? La imagen de Parkinson, meneando tontamente su cabello a la vez que reía por un comentario hiriente hacia una pequeña de segundo curso, le pasó por la mente.
-Tonterías-se dijo a sí misma.
Un par de horas más tarde, cuando las clases de la mañana hubieron acabado se dirigió hacia el Gran Comedor. Se sentó aparte como últimamente acostumbraba a hacer, sólo acompañada por un buen libro.
-Hermione-susurró una voz que conocía de sobras cuando ya estaba comiendo el postre.
-Hola Ginny-saludó ella.
-Esto no debería seguir así-comentó mientras se sentaba frente a ella- Os estáis haciendo daño los unos a los otros.
-Ginny, eso no es algo que yo pueda decidir.
-No es cierto. Sabes que mi hermano es muy orgulloso, y no reconocerá nunca que ha cometido un error, y Harry está tan ocupado con los entrenamientos que es incapaz de ver que el mal humor de Ron no está únicamente relacionado con que esté suspendiendo en Transformaciones.
-¡¿Qué está suspendiendo Transformaciones?!- espetó horrorizada.
-Ni se te ocurra decirle que lo sabes y menos que te lo he dicho- le advirtió la pelirroja con cara de culpabilidad- Pero ese no es el punto. Herms, sé que te sientes sola, y que tenías tus motivos para enfadarte, pero no me gusta veros sufrir.
-Esta vez no seré yo la que disculpe sus errores, Ginny. Lo siento y gracias por preocuparte por mí. Algún día podría ayudarte con Historia, sé que te da dolores de cabeza.
-Claro, nos vemos-le sonrió con tristeza la menor de los Weasley mientras se levantaba.
La tarde continuó tranquila y cuando quiso darse cuenta, ya era hora de encontrarse con el rubio en el aula de Encantamientos. Se sintió ansiosa hasta el punto de regañarse mentalmente.
"Es sólo una reunión rutinaria, olvida lo demás" se exigió.
Al llegar a la puerta la vio semiabierta, y decidió que no era necesario llamar. Así pues, tomó aire y entró sin más. Pudo apreciar a simple vista la túnica del chico, dejada a su suerte en la pequeña mesa del profesor Flitwick y en el final de la clase, un rubio sentado en el alfeizar de la ventana, con la corbata descolocada y la camisa a medio abotonar.
El cabello casi plateado le caía sobre la frente despreocupadamente, y él observaba los pájaros que sobrevolaban en aquel día tan raramente soleado para una tarde de invierno.
-Llegas tarde Granger-le indicó mientras se levantaba, tomándola desprevenida, pues él ni siquiera la había mirado, y podía jurar que no había hecho ruido.
-Bien, lo lamento. Ahora, pongámonos de acuerdo rápido. Así podremos salir de aquí lo antes posible.
-¿Ahora rehúsas mi compañía?- preguntó él de forma sarcástica, pero interiormente preocupado por la respuesta que iba a obtener.
-Sí así fuera no estaríamos aquí-dijo ella con voz queda- Empecemos. Los alumnos de primero han pedido poder egresar en los equipos de quidditch, o al menos participar activamente en los entrenamientos.
-No es posible. Para jugar a quidditch se debe tener un amplio manejo de la escoba, y ellos acaban de comenzar sus clases de vuelo.
-Te recuerdo que tú entraste antes de tiempo, Malfoy. Y de haber podido lo hubieses hecho antes- apuntó Hermione.
-Sí, y por propia experiencia digo que no estaba preparado. Las bluggers no les golpearan más suavemente por ser unos niños, no hacen distinciones.
-Pero los golpeadores podrían…
-Granger, es un no- concluyó el Slytherin.
Ella bufó, en desacuerdo con el muchacho.
-Escucha, no lo hago por fastidiar, sólo no quiero ver a pequeños de mi casa con cabestrillos ni cabezas vendadas ¿entiendes? Además, Madame Pomfrey nos mataría si lo permitiésemos.
-De acuerdo, pero creo que sólo quieren un poco de atención por parte de los mayores. Siempre están relegados al último puesto porque son "pequeños". Nosotros también lo fuimos, aunque todos parecen haberlo olvidado- agregó ella.
Draco hizo un movimiento de cabeza, instándola a continuar:
-Sólo digo que quizás una vez al mes el capitán de cada casa podría hacer una especie de entrenamiento para que se sientan implicados.
-Mmm… no me parece del todo absurdo. Lo hablaré con la directora McGonagall.- concedió el rubio, y de pronto sonrió- Y dime Granger, tú les tienes en cuenta porque nunca has dejado de ser pequeña ¿verdad?
Hermione rió ante la ocurrencia del chico, quien la miraba divertido, y era cierto que él la hacía sentir algo diminuta, pues le llevaba unas buenas seis pulgadas.
Realmente había echado de menos discutir con alguien que le rebatiera argumentos y la hiciese pensar respuestas mordaces.
Continuaron hablando sobre las órdenes del día hasta casi media tarde. Hermione había acabado por recogerse el pelo y quitarse al túnica, y ambos se sentaban en un pupitre compartido.
-Granger, ¿queda mucho? Porque tengo entreno en veinte minutos-dijo el rubio.
-Sólo una cosa más. Hay que cambiar las parejas de prefectos.
-Nunca he entendido eso. Si ya funcionan bien no hay necesidad de cambiarlas- bufó Draco.
-Es otro método para la unión entre las casas, Malfoy. Aunque no creo que lo entiendas nunca- dijo ella con sorna.
El comentario no fue muy bien recibido por el Slytherin, quien se levantó y sacó la varita.
-Acabemos con esta tontería-murmuró enojado.
En un pedazo pergamino aparecieron los nombres de todos los prefectos ordenados por parejas, y con un movimiento de varita todos comenzaron a moverse hasta recolocarse de nuevo con diferentes compañeros.
Al ver el resultado la muchacha puso cara de asombro y hasta Draco tuvo que rodar los ojos.
-¿Seguro que lo has hecho aleatoriamente?-preguntó ella.
-Créeme, si no fuese así no habría salido eso. No soy tan imbécil como para colocar a Pansy y al pobretón juntos adrede.
-Ron-le corrigió ella.- No sólo eso, nos has puesto juntos.
-Bueno, otras dos horas contigo no me matarán. Espero-comentó ácidamente él.
Ella simplemente se levantó, recogió sus cosas y se marchó mientras decía:
-Nos vemos esta noche, Malfoy.
La cena transcurrió sin incidentes, y Draco comentó con Nott el cambio de parejas.
-Vaya, Pansy pondrá el grito en el cielo-terció el moreno.
-Lo sé, por eso aún no le he dicho nada. Va a matarme.
-¿Y tú con Hermione? ¿Cómo es que no estás despotricando de la mala suerte que tienes?
-Theo, aunque te parezca mentira, algunos maduramos. Y además, me da más lástima Pansy.-le contestó mientras se levantaba.
Tenía unos diez minutos para relajarse antes de ir a las rondas nocturnas con Granger, y de verdad que los agradecía. El entrenamiento de ese día había sido horrible. No se había podido concentrar en nada. La snitch pasó rozando su cara más de tres veces y ni se percató. Para rematar, una blugger le dio en un brazo, y aunque no había sido golpeada con fuerza, el arañazo y el futuro moretón ardían como auténticas brasas.
Alrededor de veinte minutos más tarde, Hermione esperaba al Slytherin en la vestíbulo, y no parecía demasiado contenta. Habían sido unos cinco minutos muy complicados. Todos los prefectos habían protestado por los cambios, y cómo no, a nadie se le ocurrió pensar que quizás no fuese culpa suya.
Parkinson había jurado venganza, y Ron, al estar enfadado con ella, tan solo se había mantenido en una esquina con los brazos cruzados y los labios apretados fuertemente. Sólo ella, a excepción de Harry y los Weasley, habría podido apreciar el enfado en sus coloradas orejas y su ceño levemente fruncido.
Así pues habían sido instantes difíciles en los que Malfoy no había hecho acto de presencia. ¡Qué estúpida había sido al pensar que él la apoyaría frente a aquella turba furiosa de "representantes del orden"!
Hastiada, dejó de esperarle y comenzó su ronda por el quinto piso. Todo estaba en completa calma pues aquel era un lugar poco concurrido por los estudiantes noctámbulos.
Se oía el rumor del aire contra las ventanas, y los copos de nieve se iban amontonando en el alfeizar.
Odiaba tener tanto tiempo libre, porque ello sólo le confería más espacio a sus pensamientos para explayarse: sus padres, Harry, Ron, Viktor, todo era un pequeño cúmulo de cosas que acabarían por volverla loca.
Sorprendida, se dio cuenta de que en aquellos temas que la perturbaban se encontraba ya el rubio.
-Maldito hurón-se dijo a sí misma mientras caminaba un poco más deprisa.
Quizás el ejercicio la despejara un poco… Pero no fue así, continuó pensando en todo un poco hasta que un rumor de agua la distrajo. No estaba lloviendo ahí fuera, y no había agua en el suelo por alguna tubería rota.
Observó el lugar en el que se encontraba, la estatua de Boris el Desconcertado la escoltaba. ¿Quizás el baño de prefectos?
Al entrar en éste, aspirando encantada el olor fresco y el calorcillo que emanaba la gran piscina de grifos de oro. Uno de ellos estaba abierto, pero los hechizos para que no se desbordase el agua evitaban que el pasillo estuviese encharcado.
Con un rápido movimiento de varita cerró el grifo y cuando el agua cesó, el vaho que emanaba se desdibujó ligeramente, dejando ver al muchacho que despreocupado dormitaba apoyado en el borde de la majestuosa tina.
Acercándose con cautela, pudo apreciar la cabellera rubia que caía empapada en la frente del joven. "Es Malfoy" pensó a la vez que algo en ella se alteraba. "¡Está desnudo!" le indicó una voz de su inconsciente. "Muy atenta genio, está tomando un baño" apuntó su lado más racional.
Con cuidado, acercó una toalla a donde el chico dormía y girándose le llamó:
-Malfoy, despierta-dijo al principio con voz suave, mas aquello le pareció demasiado íntimo y optó por utilizar su acostumbrado tono monocorde.
Desde otra perspectiva, Draco escuchó un murmullo de voz aterciopelada, como una delicada caricia por el pecho, pero rápidamente cambió hacia un tono mucho menos cariñoso, que le evocaba la imagen de una repelente castaña contestando a alguna pregunta que le daría más puntos de ventaja a su casa.
-Malfoy-reiteró aquella voz.
Con el ceño fruncido abrió los ojos lentamente. Se había quedado dormido.
-¡Mierda, la ronda!-espetó levantándose, más en el mismo instante un pequeño grito provino de su espalda.
-Espera Malfoy, tápate, estoy aquí.
-¿Granger? ¿Qué mierda…?-empezó él mientras se tapaba las caderas con la blanca toalla.
-Estaba haciendo la ronda sola cuando oí el agua, pensé que alguien podría haberse dejado un grifo abierto. Entré y te vi ahí, así que te desperté.
Todavía de espaldas a ella se colocó los pantalones del uniforme y le avisó de que ya podía girarse.
Hermione no esperaba el pecho desnudo del Slytherin, y sin poder evitarlo pasó la vista por los músculos esculpidos del chico. "Bendito sea el quidditch" dijo una voz en su cabeza.
Ante la ávida mirada de la castaña, Draco formó aquella sonrisa burlona que empezaba a ser normal entre ellos.
-¿Te gusta lo que ves, Granger? Aunque seguro que te gustó más lo que viste ahí dentro-dijo él apuntando hacia la tina que comenzaba a vaciarse.
-¡Yo no he mirado nada!- le espetó ella, completamente indignada.
-Claro. Sabes, otro se creería tu cara de niña buena e inocente y esa falsa indignación; pero yo te conozco Granger. Y tú de inocente no tienes ni un pelo.
Ella, ante tal acusación, comenzó a perder la calma, y sus manos empezaron a temblar, entorno a su varita desenfundada.
-No me obligues a mandarte un petrificus, Malfoy. Yo no estaría aquí si hubieses aparecido a tiempo.
Entonces se percató de que en su momento de descontrol el Slytherin había aprovechado para acercarse a ella. Bastante… mucho, le intimidaba su cercanía, pero no se dejaría amedrentar.
-Apártate, hurón-le espetó.
-¿Te pongo nerviosa, sabelotodo? Comprensible ahora que sabes a conciencia lo que se acerca-la molestó el chico.
-¡Yo no he visto nada, Malfoy! ¡Quítate ya!
-¿Y si no lo hago? ¿Atacarías a alguien desarmado? Eso es muy poco Gryffindor.
El rubio continuaba acorralándola, su mente empezaba a buscar salidas y formas de escapar, pero una voz en su mente le indicaba que él no estaba realmente amenazándola. "¿Cómo qué no? ¡¿Qué pretende?!" pensó ella.
Por otra parte la mente de Malfoy le gritaba que parara mientras su impulsividad tomaba el mando. "No seas irracional, aléjate idiota" clamaba esa voz de la censura en él.
Pero nada cambió, ella continuó pegada a la pared, y él acercándose, acorralándola, dejándola a su merced y sin escapatoria. Sólo pararon sus pies cuando pudo notar la trabajosa respiración de la muchacha en el rostro.
¿De verdad quería aquello? No hubo respuesta a esa pregunta, y su mentalidad le hacía creer que, si no estaba seguro de algo, solamente comprobarlo le aclararía las ideas.
Su brazo, moviéndose de manera independiente se apuntaló en la pared, junto al rostro de la chica; y el otro, aún más traidor que el anterior, se posó delicadamente en la cintura de la castaña, asiéndola contra sí. ¿Desde cuándo era él delicado? Pero un escalofrío de parte de ella lo atrajo de nuevo a la realidad.
-Suelta la varita, Granger-le susurró, arrastrando las palabras casi en un ronroneo.
"¡No lo hagas, apártale!" vociferaba la parte más racional de Hermione, mientras sus malditos ojos se centraban en la boca del rubio. No comprendió bien qué sucedía hasta que oyó el repiqueteo de su arma contra el suelo de mármol. "Estúpida" acusó su cerebro a la mano que se había abierto sin su permiso.
-Bien hecho-volvió a murmurar él en su oído, aspirando el aroma de su cabello. "Oh mierda Draco, ¿qué pretendes?" se dijo a sí mismo mientras su mente se abotargaba en aquel exquisito perfume floral.
Despacio, una mano completamente ajena a él se colocó en la mejilla de la chica, retirando con suavidad los rebeldes mechones de la castaña. Bajó sus labios hacia los de la chica y comenzó a besarla lentamente, comprobando hasta dónde pensaba cederle el control.
En un principio Hermione no era consciente de nada a su alrededor, y si alguien le hubiese preguntado no habría sabido responder ni con su nombre. Notaba una cálida presión sobre sus labios, incitándola a abrirlos, a comenzar una batalla de la que sabía no saldría victoriosa. Y de entre aquella espesa nube de vaho fresco y relajante que abotargaba su cerebro, sus más primitivos instintos llegaron a la superficie, controlando su cuerpo y a la vez encarcelando esa voz de la conciencia que le advertía de que aquello era un completo error.
Fue sólo un ligero movimiento el que alertó a Draco de que las defensas de la castaña estaban cediendo, y en lugar de alegar a su sentido de la caballerosidad aprovechó el instante para profundizar el beso, para demostrarle que cualquier cosa que ella creía haber experimentado antes con Krum o con quien fuera, era tan solo un burdo sucedáneo de aquello que él podía proporcionarle.
Por primera vez en su vida Hermione Granger supo lo que era ser besada con intensidad. El Slytherin asaltaba su boca cual conquistador, haciéndose dueño y señor de todo lo que su exigente lengua encontraba a su paso, con labios demandantes e irrefrenables. Y ella, despojando la poca cordura que le quedaba, correspondió con el mismo ímpetu, provocando un masculino sonido de aprobación seguido de un pequeño mordisco en su labio inferior.
El brazo que antes la acorralaba ahora cernía su cuello así como parte de la rebelde melena que lo tapaba parcialmente, y la mano en la cintura de la joven intensificaba su presión en dicha zona. En su arrebato, la castaña aprisionaba con una mano el final del suave cabello de Malfoy y con la otra rozaba aquel pecho desnudo que tanta impresión le había causado.
Con un rápido movimiento Malfoy la levantó, haciendo que ella le rodeara la cadera con las piernas para no caerse y la volvió a apoyar contra la pared con poca delicadeza, mientras ella en retribución aspiraba su labio sin demasiados miramientos.
-Joder Granger…-gruñó justo antes de volver a arremeter contra sus labios.
Pero aquellas palabras estranguladas por la lujuria del momento fueron las causantes de que la Gryffindor se tensara al completo y dejara de corresponder los besos de la serpiente.
-Bájame Malfoy-le pidió ella con voz completamente impersonal aún sin poder procesar lo que acababa de hacer.
Al muchacho le costó reaccionar, pero enseguida comprendió la ansiedad velada tras aquel tono monocorde. La miró a los ojos, sorprendido de dónde habían llegado las cosas, de su falta total de autocontrol, y más de encontrar los ojos de la leona como dos lagunas inexpresivas.
La dejó con cuidado en el suelo y ella enseguida recolocó sus ropas, más que dispuesta a irse y tan solo frenada porque el rubio aún no había reculado.
-Granger…-comenzó él sin saber a ciencia cierta que decir, pues no iba a disculparse, primero porque era un Malfoy y segundo porque, por mucho que le pesara, no se arrepentía en absoluto.
-No quiero escucharlo.-contestó para sorpresa del rubio, mirándolo sin verlo, con la vista perdida en quien sabía Morgana dónde- Sea lo que sea que vayas a decir, ahórratelo. Y mantén las distancias de ahora en adelante. Buenas noches Malfoy.
Y dicho esto la chica desapareció, dejándolo solo y en una situación que últimamente parecía bastante común tras los encuentros con Granger. Y en ese momento, lo único que llenaba su mente era que cada vez estaba más convencido de que no entendía ni remotamente a las mujeres.
Mientras, Hermione vagaba por los pasillos camino a la sala común de Gryffindor, intentando comprender cómo demonios había dejado que Malfoy sobrepasara todas las medidas de seguridad. Por Merlín, casi había perdido la cabeza por un simple beso. "De simple nada" clamaba su memoria.
Antes de darse cuenta susurraba la contraseña a una soñolienta Señora Gorda y traspasaba el umbral de la sala común, encaminándose hacia la habitación sin tan siquiera observar al compungido pelirrojo sentado frente al fuego que intentaba romper el hechizo mandado por su nueva compañera de rondas y que le mantenía insensible de cadera para abajo. "La muy serpiente" murmuraba una y otra vez entre dientes a la vez que, cansado de fracasar mediante magia, aporreaba sus piernas con fiereza.
Y una vez la castaña se recostó entre las suaves sábanas blancas y corrió el dosel de la cama, pudo permitirse pensar detenidamente sobre lo ocurrido: Malfoy la había besado y ella no sólo le había correspondido sino que además, ¡le había gustado! Que Merlín se apiadara del rubio, porque haría cualquier cosa para que aquello no volviera a repetirse.
Y así pues los siguientes días fueron bastante tensos, cuando McGonagall insinuaba la necesidad de alguna reunión entre ella y el Slytherin la joven de pronto tenía una enorme y urgentísima lista de quehaceres que obligaban al chico a cumplir con el trabajo de ambos completamente solo. Granger dejó de asistir a las rondas del quinto piso, y comenzó a pulular por el séptimo, pasando a menudo frente al tapiz de Barnabás el Chiflado, quien dormitaba tranquilamente murmurando de vez en cuando alguna insensatez sobre trols con tutú.
Estaba bastante harta de tener que buscar escusas para todo, y más aún de sentirse incómoda simplemente porque el rubio la mirara, aunque nada pudo equipararse al estremecimiento que la recorrió cuando, tres días después del incidente Draco la buscó, exigiéndole que cumpliera con sus obligaciones y tachándola de inmadura.
Por su parte él estaba más que agotado: clases, redacciones kilométricas a entregar, la presión que comenzaba a aflorar por los venideros EXTASIS, entrenamientos de quidditch, actividades con los niños (lo que ellos habían denominado "quidditch junior"), refuerzo a los mocosos de primero, y encima las obligaciones de Granger. Dormía lo justo y comía aún menos, e incluso su vida social había descendido a los infiernos. "Como que me queda energía para algo más que respirar" se decía cansinamente mientras tirado en la cama caía a un breve y esperado sueño reparador, solo por primera vez desde hacía años.
Pero lo que más le molestaba no era eso, sino que ella le rehuía. Por Salazar bendito, sólo la había besado. "Porque ella se detuvo, estúpido" le acusaba su conciencia, cosa que sólo le enfurecía más, impulsándolo a su límite constantemente.
-¿Inmadura yo?-espetó la chica incrédula ante la acusación de él.- ¡¿Pero quién demonios te has creído?! Tú me besaste a mí por si no lo recuerdas, como si no pudieras estarte quietecito, derrochando madurez.
-Granger, supéralo y haz lo que debes, demuestra por una vez en tu vida que no sólo eres un ratón de biblioteca sabelotodo.
Y dicho esto se marchó dejándola echa un basilisco.
Esa misma noche, Pansy Parkinson observaba el negruzco cielo desde la torre de Astronomía. Había abandonado las rondas desde la primera discusión con el estúpido pobretón y tras un par de días matando el tiempo, decidió sentarse allí a meditar, cosa que había tomado por costumbre, pues así lo hacía después de cada cena desde entonces.
Pequeños sollozos inundaban la estancia, perdiéndose en la fría noche de Noviembre plagada de estrellas que despuntaban entre las nubes, mientras una tenue y gélida brisa acariciaba, hacia bailar algunos mechones de su negro cabello y coloreaba su rostro.
Aquella guerra acabaría matándolos a todos, Draco había perdido a su padre, quien ahora sólo era un mortífago capaz de asesinar incluso a su propio hijo, y la señora Malfoy cada vez se encontraba más débil; Nott no tenía una madre que le librara del tormento que suponía soportar a su agresivo padre, el cual después de una buena reprimenda del Lord Tenebroso era aún más violento; y ella sabía que podría continuar así con la mayoría de los alumnos de Slytherin si no fuera porque ya estaba sumergida en su propia tragedia: estaban a punto de perderlo todo. Su casa, sus bienes, su buen nombre e incluso su libertad pendían del hilo que aquel maldito desequilibrado tejía con una sonrisa de superioridad mientras prácticamente firmaba la entrada de su padre en Azkaban, lo que sólo empeoraría la situación, pues su enferma madre no sería capaz de soportar algo así.
¿Y ella? ¿Se suponía que ella debía aceptar el mismo destino con una sonrisa? Ella no era Bellatrix Lestrange, y por supuesto no estaba tan desquiciada como para venerar a ese engendro que un día se hizo llamar Tom Riddle; pero también era cierto que si bien las esperanzas de vida no eran altas, con aquella falsa fidelidad quizás consiguiera rascar unos instantes más de existencia para ella y los suyos.
Oscuro y amargo destino el suyo, casi tanto como las lágrimas que rodaban incontrolablemente por sus mejillas, impulsadas por el extenuante llanto, el cual cesó rápidamente ante la inesperada escucha de un ligero carraspeo.
-¿Qué mierda haces tú aquí?-espetó ella, iracunda al sentirse descubierta en tal debilidad.
-Yo… sólo pasaba por aquí. Esto… Parkinson, ¿te encuentras bien?
-No necesito tu estúpida pena, así que lárgate.-dijo ella mientras giraba el rostro y continuaba mirando al horizonte, ahora un poco menos nublado.
-Sabes, esto solamente demuestra que no eres tan frívola e insensible como te empeñas en hacerle creer a todo el mundo.-apuntó aquella voz masculina que cada vez perdía más fuerza.
-Ah, Parkinson, volveré aquí mañana a la misma hora. Si te molesta busca otro lugar para compadecerte de ti misma, la torre de Astronomía es pública.
Y sin más desapareció, dejándola completamente patidifusa y desconcertada, nunca nadie le había hablado así y menos él.
Al día siguiente todos se llevaron una sorpresa nada agradable, el profesor Snape comenzó a repartir nuevas:
-Por decreto de la directora, el partido de quidditch Slhytherin vs. Gryffindor de este sábado queda aplazado y el horario de enfrentamientos se mantendrá en el orden estipulado, por tanto este será el último encuentro de la temporada…
Un aluvión de quejas y gruñidos de desaprobación se elevó, cortando el discurso aburrido del hastiado jefe de las serpientes.
-¡No es justo Harry! Seguro que Snape se ha puesto de su parte para que se preparen. ¡Malditos tramposos! -escupía Ron con desprecio supremo, mirando hacia la mesa de los otros afectados con odio.
-Harry, tendremos que prepararnos a conciencia para esto, el último partido decidirá quién ganará la copa de las casas, y contra Slytherin nunca se sabe.-Ginny hablaba con voz preocupada a su lado, mientras él ceñía su espalda con un brazo, no sólo molesto por los cambios que tendría que realizar en el rumbo de sus entrenamientos y que le robarían tiempo con la pelirroja, sino que había pensado celebrar especialmente la posible victoria contra la casa verde aquel sábado.
-Esto lo complica todo-dijo pensando en todo aquello- Pero podemos conseguirlo, somos leones, ninguna serpiente nos asustará por mucho tiempo que tengan para prepararse.
-¡Pero me hierve la sangra Harry! Esas asquerosas sanguijuelas rastreras de lengua viperina siempre consiguen algún favor de Snape, el muy…
-¡SILENCIO!-bramó el experto en pociones, bastante cansado de aquella tontería-El partido queda aplazado y sin posibilidad de invalidar la nueva fecha ya que se avecinan vientos fuertes y posibles tormentas de nieve. La directora McGonagall ha creído conveniente aplazarlo por la salud de los jugadores de ambas casas-dijo ceñudo mirando con desdén a la casa roja.-Así pues y para no negar el divertimento a los estudiantes ha adelantado una de las excursiones a Hogsmeade antes de las grandes nevadas.
Otro torrente de comentarios rozó el encantado techo del Gran Salón, algunos extasiados de poder visitar Honeydukes y conseguir sus maravillosos dulces antes de navidad y otros rezongando quejicosos, recordándose a sí mismos su poca edad para visitar el pueblo mágico.
Severus, cansado ya de tener que alargar el tedioso discurso se sentó mientras decía:
-Y ahora todo el mundo a clase.
Esa mañana Hermione tenía Transformaciones a primera hora, y por primera vez le pareció algo insufrible. Sólo deseaba dejar de escuchar la voz de McGonagall, repitiéndole a Ron una y otra vez que su zapato no debería tener pelo. Así que cuando la pequeña campana anunció el fin de la clase, la chica recogió con rapidez y se precipitó a la salida.
-Señorita Granger, espere un momento.-nunca en su vida había querido convertir a la transformista en algo que no pudiese pronunciarse.
-Directora-sonrió ella, girando sobre sí misma y acercándose hacia la mesa de la profesora.
-Debo confesarle que su actitud de los últimos días me deja completamente sorprendida. El profesor Krum mantiene que falta a cada una de sus clases, los proyectos con el señor Malfoy están estancados y cada vez que el señor Nott me ve pregunta si podría informarla de que su reunión de Premios Anuales no puede retrasarse más. Por no comentar que hoy su hechizo ha surtido efecto a la tercera, y ambas sabemos que es algo que usted podría hacer con las manos a la espalda.-cada palabra era como una bofetada en su orgullo, pero se mantenía estoica ante la penetrante mirada de la anciana- Señorita Granger, ¿puedo hacer algo por usted?
Aquellas palabras sí que fueron como un jarro de agua fría. ¿La sermoneaba y después pensaba que quizás necesitaba ayuda?
-Muchas gracias directora, pero creo que es sólo un bache, volveré a retomar mis obligaciones enseguida.
-Bien, pues que así sea. O me veré obligada a hacer constar en su expediente su indisciplina en vuelo. Ahora, vaya a ver al señor Nott, creo que está en la biblioteca, repasando las solicitudes para Hogsmeade.
Dicho esto se despidió con un asentimiento y marchó hacia la bendita biblioteca. En ese momento maldecía su puesto de prefecta, su título de Premio Anual e incluso a Viktor.
Y hablando del rey de Roma, con Krum se encontró mientras avanzaba por un pasillo cercano al aula de Transformaciones:
-Hermione…-comenzó él.
-Profesor Krum. La directora McGonagall debe encontrarse ya en su despacho y ya me ha informado de su reporte sobre mis faltas. No se preocupe, recuperaré el tiempo perdido en su materia. Ahora si me disculpa.
Pero no tenía intención alguna de dejarla ir, y mientras los segundos pasaban, más nerviosa se ponía la Gryffindor.
-Hermione, déjate de formalidades. Lo siento ¿vale? Me equivoqué, la ira y los celos me pudieron, no debí decir todo aquello. Perdóname, pero no podemos seguir así. Estoy aquí por ti, y esto me tiene en vilo. No soporto verte en los pasillos sola como un alma en pena. Dame otra oportunidad, por favor.
-Viktor, no creo que…
-Te demostraré que puedo ser lo que necesitas.-aseveró el joven, mientras se acercaba a ella.
-Yo… déjame pensarlo.- y aunque ella intentaba mantener las distancias, nada hacia el búlgaro dejase de avanzar.
-No hay nada que pensar Hermione, llevamos alargando esto tres años, sé que tú…
-Krum-dijo una voz detrás del profesor de vuelo.
¿Era Malfoy? Genial, no sabía quién de los dos la ponía más nerviosa.
-Creí que habíamos aclarado las cosas en nuestra anterior charla, pero veo que debo volver a remarcar los puntos sobre las íes.
Cuando el moreno se giró, la serpiente apuntaba a su pecho con la varita y tenía una actitud bastante hostil.
-Malfoy, déjalo. No está haciendo nada y además él ya se iba.-murmuró la castaña, poniendo todo su empeño porque la voz no le temblase.
Krum la miró y ella supo lo que quería decir: esto no ha terminado aquí.
-Nos vemos, Hermione.
-Más vale que sea con gente de por medio Krum. Ya sabes a lo que me refiero-le avisó Draco.
La muchacha no daba crédito a sus oídos, primero Viktor se disculpaba no porque supiera que estaba errado, sino porque la quería a su lado, como si él fuera un estantería y ella el trofeo que lo corona. Y después Malfoy jugaba al salvador galante que se equivoca de malo y queda como un tarado posesivo.
-¿Qué haces, Malfoy?-espetó ella.
-Salvarte de lo que tú misma sabes es un completo error. Ese trol no sabría reconocer un error porque no distingue ni su propio reflejo. Pero no hace falta que me des las gracias Granger, soy así de altruista.
-Déjate de tonterías, ¿qué quieres?-le soltó sin rodeos.
-Vaya, cuanto genio y directa al grano…-se burló-Snape me ha dicho que te informe de que en Hogsmeade debemos extremar las medidas de seguridad, por ello los prefectos debemos hacer rondas, nos ha tocado la colina de la casa de los Gritos, bastante tranquilo, así que intenta no darme el día. Mañana en el Hall después de los desayunos, no llegues tarde Granger, o me iré sin ti.
Antes de que ella pudiese decir nada, Draco ya se estaba alejando, dejándola petrificada en el sitio como si aquel rubio fuese un enorme basilisco.
-Ah, y dile a Theo que tiene que comprar un nuevo set de snitchs, los Hufflepuffs han perdido la última.
Minutos después y cuando el silencio reinaba en el pasillo, Hermione retomó su camino a la biblioteca, mas cuando se acercaba a las escaleras que la llevarían al cuarto piso escuchó un revuelo de voces y gritos.
-Basta Ron, déjale.-escuchaba la voz de Harry intentando poner orden.
-Hazle caso a San Potty pobretón, o acabarás soltando babosas de nuevo-se burló alguien.
Al girar la esquina pudo ver en el centro del tumulto al muchacho con cicatriz de rayo sujetando al pelirrojo, que estaba completamente colorado por la rabia acumulada y a un grupo de Slytherins riéndose, y alrededor de ellos a la mayoría de los alumnos de quinto en adelante.
-Tramposos, sois unas alimañas despreciables. ¡Me dais asco!-gritaba Ron descontrolado, y aunque Harry lo mantenía a cierta distancia, no pudo evitar que el chico hiciera algo completamente imprudente: escupió en el zapato de Blaise Zabinni.
"Ya estamos" pensó. Corrió intentando intervenir, pero llegó tarde. Para cuando llegó Weasley ya estaba en el suelo con la nariz rota, Harry intentando levantarle y la serpiente limpiándose los nudillos ensangrentados.
-Ves Weasley, yo también sé hacer cosas sin varita.- ironizó la serpiente.-Vámonos.
Y con esto la gente empezó a esfumarse entre murmullos. "Este Weasley no aprende", "Mira que escupirle a Zabinni…" o "Eso ha tenido que doler" eran algunos de los comentarios más escuchados por la prefecta.
-Ron…-empezó ella.
-La que faltaba-gritó exasperado.
Hermione decidió no ofenderse, y se acercó a él, colocándole la cabeza de manera que pudiese caminar hasta la enfermería, y en ese momento divisó una larga y enmarañada cabellera rubia.
-¡Luna! Por favor, podrías ir a la biblioteca y decirle a Nott que…
Y con una sonrisa la joven fue a realizar su petición mientras daba saltitos y hablaba con sus animalitos invisibles. Mientras ellos se dirigían a los dominios de Madame Pomfrey, quien horrorizada se acercó a Ron murmurando cosas como que estos muchachos de hoy en día eran unos bárbaros.
Así pues el viernes acabó con el revuelo de los rumores sobre la pelea entre Ron y Zabinni y los preparativos para la salida a Hogsmeade del día siguiente.
Lástima que no sólo los alumnos de Hogwarts esperaran con ansias la llegada del nuevo amanecer, sino también un hombre que había perdido todo en la vida y pensaba ascender de nuevo aunque eso le costase la pérdida de la propia sangre.
oOo
Y sí, lo sé, soy una desconsiderada y lo siento muchísimo!
Podría inventarme mil y una excusas, pero sé que no queréis escucharlas en absoluto. Me fui prometiendo que lo bueno llegaría prontito y aparezco un año después como si esperara que todos vosotros estuvieseis esperando por mí. Pues bien, comprendo que parte de la poca popularidad de este fic es debida a mi inestabilidad a la hora de publicar.
No puedo prometeros una publicación semanal, ni siquiera una mensual, porque primero soy estudiante preuniversitaria y en este año me juego la carrera, y segundo porque soy un desastre organizándome y siempre voy corriendo de un lado para otro con mil ideas en la mente y poco tiempo para llevarlas a cabo; pero lo que sí puedo prometeros en cada una de mis actualizaciones es cierta calidad en lo que leáis, os gustará más o menos la trama, pero nadie podrá decirme que no cuido de mis escritos, que no paso horas y horas revisando que todo sea coherente y que no haya fallos ortográficos (y paso largo tiempo porque creo que no merecéis nada inferior a lo que capítulo tras capítulo os muestro); y lo que es más importante, que toda esta historia fluye por mi mente y que todo lo que escriba saldrá tal como lo pienso y lo siento. Por ello esta historia es MÍA, irregular, monótona para algunos y algo lenta quizás, pero es mi creación.
Y sin promesas de entregas inminentes, pero sí con la de un futuro seguro, os digo que espero que hayáis disfrutado leyendo tanto como yo escribiendo.
Mery J Black.
