Hoy volví a ver a Vash, no sé ni como me encontró, pero vino a echarme en cara haberle dejado a medias en la discusión de ayer. Venía hecho todo una furia a pesar de ser muy pronto en la mañana, así que se me ocurrió bromear con él, preguntándole si había guardado la histeria del día anterior en una cajita y, como era de esperar, sí, se enfadó aún más. Y como cuando se dice "histeria" algo que se piensa enseguida es "Freud", le seguí picando con que era malo dormir tan enfadado, que ese psicólogo lo decía. Creo que no debería bromear sobre psicología con él, pues Piagget es suizo...
El pobre ya echaba humo cuando le dije que era muy descortés por su parte responder así a alguien que se preocupaba por él... Bueno, cierto que me preocupaba, cuando uno se va a dormir con ese humor no descansa... Pero tan a chanzas se lo dije que continuó su enfado, por ello, en lugar de decirle que por supuesto que me preocupaba por él, le dije que era cosa de ser un caballero y aceptar mis responsabilidades: si fue a dormir enfadado, en parte, era mi culpa.
Entonces fue cuando dijo que estaba ocupado, que tenía trabajo. Eso perdía bastante su lógica, si tan ocupado estaba, ¿a qué me había venido a gritar lo que ayer no pudo? Así que se lo dije e inició el mutis, sin mediar palabra, como si hubiese dado en el blanco. Eso me quemó mucho...
Me quemó tanto que le grité, siempre discutimos, pero... Creo que en ese momento todo lo histérico que estaba él antes pasó a mí... Y es que había tocado el tema de si no tenía nada mejor que hacer con otras personas, hablando como si estuviesen a mi merced. Le grité, le dije que reconocía perfectamente su orgullo herido y dije alguna que otra cosa más que se me ocurrió.
Una de esas cosas fue señalar su casa, pues estaba yendo en dirección contraria, pues en ese momento obvié que se iría a trabajar a su casa. Entonces me recordó que de pequeños, el que se perdía siempre era yo y él tenía que llevarme a casa... Me acuerdo perfectamente de esa parte, de lo que dije, en especial porque fui tan listo que golpeé una pared con la mano y me hice daño: "¡Claro que lo recuerdo, entre otras cosas porque, a veces, aún me pierdo!" Ahí, de pura rabia que sentía, empecé a llorar y, también de rabia, fue cuando me di el golpe. "¡Y bien que recuerdo cuando éramos niños, cada vez que recuerdo a los que se fueron de mi lado te recuerdo a tí! ¡A tí el primero porque te diste cuenta a tiempo de mi estupidez...! ¡Ojalá hubiese comprendido porqué te fuiste, me hubiese ahorrado mucho dolor...!"
Y eché a correr, ni tan siquiera sabía a donde. Así acabé en un callejón sin salida, en medio de un ataque de nervios, más perdido que nunca (y eso que me pierdo mucho) y llorando mientras farfullaba cosas. Me senté en el suelo, en ese momento no dejaba de decir "Estúpido", sigo sin estar seguro de para quien iba esa palabra realmente.
Entonces pasó lo inesperado, la voz de Vash llegó a mis oídos, diciendo que sabía que me perdería. Nunca, juro que nunca hubiese imaginado, ni por lo más remoto, que me seguiría. En ese momento empecé a sentir un remanso de felicidad en mi interior. Tras acercarme a él dijo que no habíamos acabado de hablar... Ahora que estoy escribiendo, pienso que a este pobre chico siempre lo dejo a medias.
Él quería saber si de verdad me había hecho daño que se fuera de mi lado y yo le dije la verdad. Fue una de las cosas que más me dolió en toda mi vida, era mi mejor amigo y sin él no hubiese prosperado como país. Y, lo he repetido un millón de veces, fue el primero que se fue de mi lado por lo que se fueron todos: la única forma que tuve de demostrarles lo que les quería fue atándolos a mí, prácticamente dejándolos sin libertad.
Hablamos durante un tiempo, fue como si nos disculpáramos por todo lo pasado, si de aquella hubiese estado tan de moda el "hablando se entiende la gente", nada hubiese sido igual. Pero éramos pequeños e inmaduros... Y a cada palabra que decíamos, algo en mí se removía. Cuando se fue de nuevo con la disculpa del trabajo no me sentí mal, como solía pasarme, estaba, en parte, aliviado y feliz. Me apoyé en la pared, con una mano al pecho, mi corazón estaba acelerado, y recuerdo haber dicho: "Ah, ¿conque otra vez...?", meditar un poco y añadir: "Quizás nunca dejó de ser la misma vez..."
Tras volver a casa, no pasó nada notable, sin contar, por supuesto, que estuve recordando esto una y otra vez... Creo que no dejaré de pensar en ello en mucho tiempo por mucho que lo escriba.
