Capítulo 2
Lo que quisiera hacerle su Spock que lo hiciera, es más, lo deseaba. Si quería matarlo que lo matara, si quería removerle la mente que la removiera, si quería torturarlo que lo torturara, si quería amarlo que lo amara, porque él también lo quería, lo quería tanto que le dolía. Dolía ser como era: un ser sin merecimiento de él. Un hombre que había cometido todo acto de horror no tenía derecho a amar, menos a él, quien era todo lo contrario. Cómo iba a dejar, que ese hombre navegara por su mente de cloaca y lo infectara con lo que era, pero ya no tenía fuerzas para resistirse. Unas lágrimas se deslizaron por su rostro, cuando en un suspiro, sus labios fueron atrapados en un beso dulce, muy dulce, tan dulce que lo arrebató de la oscuridad donde se encontraba. Era como una aspiradora que lo dejaba sin aliento.
Marlena miraba atónita a los dos oficiales. Primero Spock aprisionó al capitán en la pared y luego puso su mano en la cara del otro. Vio como los dos con los ojos cerrados alzaban sus cabezas al techo suspirando como si estuvieran en trance. Luego Kirk lloró y Spock balanceó su cabeza hacia los labios del otro. Se estaban besando, apasionadamente, como nunca había visto antes. Quedó petrificada con la boca abierta y su corazón comenzó a palpitar. Los colores se fueron al rostro y desvió la mirada. No podía ser, no podían hacer eso enfrente suyo. Ella era la mujer del capitán, si Kirk ya no sería el capitán, sería la mujer del próximo, y el próximo era Spock. Lo había seguido y le mostró la máquina, porque sería el capitán. La máquina evaporizadora todavía estaba encendida, solo tendría que fijarlos y oprimir el botón. Bien, si Spock no sería el próximo capitán, sería la mujer del otro, pero quién, ¿Sulu?, ¿Chekov?, estos intentaron matar al otro Kirk para tomar su puesto: esa era la forma de ascender, matando al superior, y si ella los mataba podría ser la capitana, pero ella no quería ser capitana, sino la mujer del capitán. Los fijó en el aparato y en la pantalla se veía como el beso se prolongaba.
Kirk subió sus brazos y abrazó a Spock, rodeando su cuello. Spock le atrajo a su cuerpo rodeando su cintura con sus dos manos. Se estaban abrazando mientras se besaban.
El dedo de Marlena tembló ante el botón. Desvió su vista de la pantalla hacia ellos dentro del cuarto. La atmósfera había cambiado, era diferente y muy hermosa. Estaba presenciando algo especial, su piel lo intuía. Había lago especial en esos dos y su mente no procesaba qué era. En la distracción escuchó al primer oficial.
-Hazlo si quieres- Spock la veía fijamente. Tenía a Kirk casi desfallecido entre sus brazos con el rostro oculto en su pecho y respirando de forma acelerada- hazlo, yo no puedo matarlo, sonrió tristemente.
Una sonrisa en ese rostro…
-¡No!, ¡no Marlena, por favor!- gritó el capitán, recuperándose de improviso, pero no saliendo del abrazo, ya que Spock lo atrapó con firmeza- ¡Spock, suéltame, aléjate de mí! - forcejeo sin éxito- Marlena, por favor te lo suplico, no lo mates… mátame a mí, yo soy el capitán todavía, pero lo será él si me matas… puedes, puedes, quedarte con él si me matas- suplicó Kirk con un gemido lastimero.
Un sacrificio…
-¡Capitán!, ¡no!- dijo con decisión Spock.
Kirk lo miraba desesperado y desviaba la vista hacia Marlena suplicante. Trató otra vez de zafarse de esos brazos amados que lo aprisionaban, pero era tan difícil que le apuñalaban el alma, porque entre más quería salir de ellos, más y más quería quedarse en ellos.
-Por favor, Marlena- Kirk jamás había pedido por favor, jamás se había disculpado y jamás había suplicado- te lo suplico por lo que más quieras, haré lo que me pidas, cualquier cosa, cualquier cosa… no lo mates- y empezó a llorar de impotencia.
Una súplica…
Spock se abrazó más a él, viendo su estado.
-Tranquilo, no dolerá- lo consoló Spock, bebiendo sus lágrimas en tiernos besos.
Kirk correspondió el abrazo de forma desesperada, mientras ahogaba su llanto.
Aceptación…
Marlena cerró los ojos, suspiró y junto con ello, recogió su dedo en un puño apretado y tembloroso.
Eran demasiado para ella. Se compuso. Habló fuerte y claro.
-No quiero matarlos, pero no quiero que me maten si los dejo vivos ¿Me garantizan que no habrá represalias después, si yo los dejo libres? ¿Tengo su palabra señor Spock?
Los dos la miraron como si vieran un espectro. Marlena sonrió y trató de explicarse.
-No sé por qué, pero me gustan ambos así como están. Son bellos- dijo con simpleza. Se encogió de hombros- aunque, hay una cosa más- se volvió seria- quiero que las cosas cambien, usted le dijo que lo consideraría, ¿recuerda señor Spock?
Spock, por supuesto que se acordaba lo que le había dicho el otro capitán Kirk, de crear un cambio en su mundo torcido y ser ese hombre visionario que creara ese cambio. Lo consideraría, lo haría si pudiera.
-Afirmativo, lo recuerdo, lo haré. Tiene mi palabra de vulcano que no habrá represalias hacia su persona de ningún tipo- Spock habló con seriedad solemne al más puro estilo vulcano.
Marlena asintió con la cabeza en modo de acuerdo. Cerró la máquina evaporizada y se dignó a dejar las habitaciones del capitán, esta vez para siempre.
-Marlena…- Kirk la detuvo antes de que la puerta se abriera para ella- ¿por qué?, digo… ¿no querías ser la mujer del capitán?- dijo confundido.
Spock pensó lo mismo, ya que era ilógico, pero no quiso hacer esa pregunta que podría tentar a la muerte. No era lógico exaltar a una mujer con el dedo en el evaporizador.
-No, ya no… - Marlena pensó en Sulu y en Chekov, pero por alguna razón misteriosa no se vio como mujer de alguno de esos dos, en cambio, otra imagen se le vino a la cabeza con esos dos de protagonistas- creo…- dijo con una sonrisa maliciosa- creo que me dedicaré a algo más entretenido de ahora en adelante.
La imagen de esos dos, viéndola como si le hubiera brotado una cabeza nueva y ahora tuviera dos, era divertidísima, toda una escena.
-Caballeros, por si las dudas, es de seguro que encontrarán en mí, una muy buena cómplice- y con una sonrisa afectuosa, salió de la habitación, dejando al capitán y a su comandante más confundidos que nunca.
El todavía capitán, se pasó la mano por la cara en un gesto atónito. De verdad no sabía qué estaba pasando. Se dio vuelta para pedirle explicaciones a su comandante.
-¡Qué significa todo esto!, ¡exijo una explicación!, ¿qué es eso que harás?, ¿a quién le dijiste que lo considerarías?- volvió a su modo despótico de siempre, pero ahora los celos comenzaban aflorar- ¿a él no es cierto?, ¿a mi otro yo?
Spock alzó una ceja. No sería fácil domar a este potro y cumplir su palabra.
-¡Te gustó!- acusó ciego de celos Kirk, apuntándole con el dedo cual dictador- ¡eres un…!
Spock atrapó ese dedo de Kirk con su mano derecha.
-A usted también le gustó más el otro Spock. Lo leí en su mente- le dijo con sus ojos empequeñecidos.
Quedó de piedra y descolocado el pobre capitán, pues era la pura y santa verdad. El otro Spock era muy atrayente.
-Eso solo porque se parecía a ti… no es que no me guste tu barba…- metió la pata- eso no es nada… si te la afeitas…- la metió hasta el fondo- digo no es necesario… me gustas así tal como eres…- demasiado tarde, tenía a Spock encima de él- de verdad… Spock… Spock… no, no, no… si te da mucho carácter…- dijo asustado.
Sintió como era levantado en el aire, y por un momento pensó que el vulcano lo había lanzado, pero no, solo lo tomaba en brazos como si fuera la cosa más valiosa del mundo. Lo tomó como una novia o una princesa y se quedó aprisionado en su pecho, viendo con la facilidad que lo cargaba. Definitivamente era un vulcano, más fuerte que él, quizás el doble o el triple, o más, no sabía muy bien, pero no quería averiguarlo tampoco.
Su rostro se coloreó en carmesí y fue depositado en la cama.
-Ahora mi capitán….
-Dime Jim.
Spock vaciló por un momento, jamás pensó que algún día le pediría llamarlo así o lo tratara de manera familiar, tutearlo.
-Jim…- le gustó como sonó ese nombre en sus labios.
El mencionado se estremeció, esa pequeña palabra se hacía poderosa cuando era pronunciada por él. Era como si tuviera otro significado: Amor.
-Jim- volvió a pronunciarla y aprovechó de saborearla entre sus labios- serás mío. Tendremos ese vínculo que necesitamos.
Estaba encima de él en la cama y justo cuando lo iba a besar, vio como la sonrisa de Jim se desvaneció.
-Espera- lo detuvo Jim con las manos- el vínculo, no es que no quiera… pero cómo nos afectará- tenía miedo.
Era lógico, debía explicárselo.
-Seremos uno, tú y yo. Mis pensamientos estarán en los tuyos, al igual que en los míos. Nuestros sentimientos y nuestras almas. No habrá nadie más, solo nosotros dos en perfecta unión para siempre- Spock lo miraba con seriedad.
Se estremeció.
-¿Casarse?...- lo miró en pánico.
-Algo así, pero más profundo que eso.
-Pero yo no quiero casar…- no terminó la frase, porque vio la mirada fiera de Spock en sus ojos.
-Pues, mi querido Jim- ahora no sonaba tan bien como antes- le diré que no tiene opción, ni tiempo. Me dieron tres horas para matarlo, ¿recuerda?, sino el Comando de la Flota Estelar tomará represalias sobre mi persona, me matará por traición y otro acabará con usted. Ya me gasté una hora, cuarenta y siete minutos, con 15 segundos, no pienso gastar más. Le guste o no le guste, lo haré mío. Si valora su vida o la mía tendrá que dejarse hacer, ¿entiende?
-¡Pero Spock, yo estoy con usted!- hizo un adorable puchero que no pasó inadvertido- no es necesario llegar a tanto. Si quiere tomar la nave, la tomamos, matamos a todos, ¡y al diablo con el Comando Estelar!
Ahora Spock se cabreó. Quería cambiar las cosas, pero este cabezota no le dejaría cumplir su palabra tan fácilmente.
-¡NO!, si hace eso, nada cambiará, ¿me oye?, ¡nada!- su sangre estaba hirviendo- No le dejaré que mate a nadie más sin razón, ¡nadie más!, ¡NO MÁS!- le gritó de improviso.
Jim cerró los ojos y gimió al recibir el azote del grito en su rostro, fue como si un viento huracanado lo golpeara. No le gustaba ver a Spock enojado, le dolía.
-Spock, no…- gimoteó cuando sintió un beso rudo en su cuello- de esta forma no, por favor…
-Usted violó una mujer- le dijo Spock con suavidad y sintió como el cuerpo bajo suyo se estremecía con horror- es lógico que usted reciba el mismo trato. Creo que a eso ustedes los terrestres le llaman, Karma.
Fin capítulo 2
