Capítulo 5

La mente de Spock volaba sobre la mente de Jim y este último corriendo como iba, casi se cae por los pasillos de la nave.

-Ya Spock, veremos... "no me gusta esa idea"- pensó esto último y continuó corriendo.

"¿Por qué no?"- fue la respuesta pensante.

Volteó de nuevo a quien lo seguía, pero llegando al ascensor se tropezó sin remedio. Cayó de culo al suelo.

-¡AAAAAYYYYYYYY!- saltaron unas lagrimitas traicioneras- ¡SPOOOOOCK!

El elevador subía.

-Mis disculpas, capitán.- lo tomó, suavemente de la mano, y lo ayudó a levantarse.

-Sí, bueno, ya me acostumbraré- le sonrió el afectado, quien llegó cojeando al puente.

Todos voltearon a mirarlos cuando hicieron acto de presencia.

-¡QUÉ!- gritó, sobándose el culo y apartando la guardia armada- todavía soy el capitán de esta nave… - disminuyó la voz hasta hacerse un murmullo- …por lo menos en 5 segundos más- luego, la alzó con voz de mando- teniente Palmer, póngame con el almirante Komack de la comandancia de la flota. Canal abierto a toda la nave y al cuadrante para el registro- caminó hacia la pantalla con toda la dignidad que le quedaba mientras la oficial rubia cumplía la orden.

La pantalla gigante de la nave se iluminó y apareció un duro, canoso almirante, quien se sorprendió al verle:

-Kirk, ¡qué haces vivo todavía!, ¡Spock lamenta...!

-Tranquilícese Almirante- lo cortó de plano- tanto Spock como yo, no tenemos por qué seguir sus órdenes, ya que no pertenecemos más a la Flota Estelar.

"Capitán qué hace"- esta vez no volteó a verlo, en vez de eso, Jim le envió una sensación tranquilizadora que supo aceptar.

El almirante sonrió malvadamente.

-¿Ah, sí? pues eso no te salvará y a Spock le...

Kirk volvió a interrumpir con aires de suficiencia.

-Solo estoy comunicando un hecho. El señor Spock y yo estamos casados según las leyes vulcanas, pero como el Imperio repudia la homosexualidad, nos vemos en la obligación de mandarlos al diablo a todos ustedes...

Spock abrió la boca de la impresión no podía creer lo que estaba escuchando y no era el único con la boca abierta.

-... y por lo tanto,- continuó el impredecible capitán- dejar nuestras funciones como oficiales de la Flota. Sin embargo, tomaremos esta nave para evitar posibles represalias, pero a todos aquellos que desean seguir bajo las órdenes de tan tirano imperio, los dejaremos en la estación más cercana donde podrán presentar sus credenciales.- tomó aire, rápidamente, y el tono cambió a uno verdadero- Si alguien quiere quedarse en la Enterprise, sepa que estoy muy enamorado del señor Spock y el de mí, soy su T'hy'la y me ha cambiado desde lo más profundo. No volveré a ser como antes, prometo ser justo y no dañar a nadie más, los agonizadores, así como cualquier otro instrumento de tortura, desaparecerán de la nave. No habrá más política del terror, ni escoltas armadas, y todos podrán vivir en libertad sin discriminaciones de ningún tipo. La lamentable reputación que he sembrado, me conoce como un dictador arrogante, altivo y canalla con aires de divinidad comparable con el diablo denebiano- se acordó lo que dijeron los klingons una vez- pero nunca he roto una promesa y eso medio cuadrante lo sabe. Los oficiales encarcelados injustamente, serán liberados y aquellos que se arrepientan se les dará otra oportunidad, porque así como yo la tuve, no puedo negársela a nadie.

Todos en la nave lo escucharon en especial sus oficiales Uhura, McCoy, Scotty, Sulu y Chekov, encarcelados por orden de Spock. Los tres primeros, al regresar del mundo paralelo y los últimos dos, por sus andanzas traicioneras para convertirse en el próximo capitán de la nave, las cuales resultaron infructuosas.

El capitán viendo que le daban tanto quórum decidió seguir hablando:

- En cuanto a los halkans, se declaran neutrales, sus cristales de dilithium son muy inestables tanto como ellos y pueden autodestruirse, destruyendo también la mitad de su sistema solar. Rehusé a cumplir las órdenes para salir del paso y convencerlos de que no se suicidaran junto con nosotros, prometí que no los molestarían bajo ningún tipo y que los protegería del Imperio. Pues bien, si no hubiera hecho esa promesa hubieran destruido la Enterprise, así que les recomiendo que no se acerquen a ellos, sino les aseguro, usaré todo mi poder en contra de quienes se atrevan.

-¿Está loco?, no habla en serio- dijo el almirante con cara de estar pensando a 1000 por segundo.

-Pues usted sabe muy bien la amplitud de mi poder. No pienso usarlo contra ustedes sin razón, pero sí, lo haré para cumplir mis promesas y en esto soy inflexible. Por favor, comuníquele mis palabras al emperador Marcus. Eso es todo, Kirk fuera.

Spock se acercó con las manos en la espalda y se puso a su lado en actitud de conferencia:

-Acaba de declarar la guerra al Imperio, capitán.

-Pues si no soy yo, no será nadie, además, hasta Cleopatra declaró la guerra a un Imperio por amor a su Marco Antonio.

-No creo que deba recordarle cómo terminaron esos dos, pero podríamos suponer que las serpientes no son de mi agrado.

Jim le sonrió.

-Tranquilo Spock, no pasará nada- le dio un golpe cariñoso en el brazo- hay cosas qué hacer- y le hizo un guiño pícaro.

Spock alzó una ceja.

-Señor, antes debemos ocuparnos de algo que requiere de nuestra mayor preocupación- le hizo un gesto de lado, señalando con su rostro a los atónitos oficiales que estaban tras ellos.

Jim abrió los ojos:

- ¡Oh… es cierto!- se dio vuelta al mismo tiempo que su primer oficial, y enfrentaron a su asombrada tripulación.

Mientras el capitán, con sus aires sinceros y confiados, hablaba con la tripulación explicando los hechos, Spock emitía ondas de dudas, que no pasaron desapercibidas por su pareja. Este último, lejos de afectarse, pensó en la maravillosa complementación que eran.

Dejó orden de guiar la nave hacia la base estelar neutral más cercana para que desembarcaran los fieles al Imperio.

-Vamos, liberemos a nuestros oficiales- y se dirigieron hacia las cabinas de confinamiento.

Rechazaron las escoltas acostumbradas a seguirlos a todos lados para su protección. Tenían que dar el ejemplo, aunque eso resultase peligroso, pero ya no había vuelta atrás. Inmediatamente, abordaron el ascensor los dos solos.

Un silencio delicioso inundó el lugar en movimiento. Kirk estiró su mano y tomó la del vulcano entre la suya. La enlazó en ese toque mágico, deslizando sus dedos por la longitud de los dedos sensibles. Cosquilleo y un sentimiento increíble, el cual parecía estático en el tiempo imperecedero.

Se sentía el dueño del mundo, todopoderoso, feliz, pero solo estaba enamorado de su primer oficial. Lo abrazó de improviso, reteniéndolo contra las paredes para besarlo. Era delicioso.

Se dejó llevar por las sensaciones en su carne, en su sangre, en su mente, en su aura. Quiso detener el ascensor para proseguir, no lo dejaron, en vez de eso, lo apartaron. La puerta se abrió de improviso. Habían llegado a la planta baja.

Sintió cuando él se pegó a su lado, como imán atraído al metal. Lado a lado, topando sus brazos, el sentimiento lo inundó, y lo hizo sonreír en vez de enojarse por un rechazo aparente. La sonrisa dibujada en su rostro demostraba que el toque seguía, pero a un nivel de difícil comprensión.

Caminaron juntos como siempre, complemento normal y así Spock continuó la conversación como si nada pasase:

-Capitán, solo debía hablarles de los cristales de dilithium. No de nuestra vida privada- le recriminó.

Él sintió el impulso normal y le respondió:

- Ah, bueno, eso no pude evitarlo- vio su cara y no necesitó sentir el vínculo para saber que estaba pensando- verás, cuando ese sujeto, sí, me refiero al almirante- dijo adelantándose a la pregunta- te iba a amenazar, yo simplemente no pude controlarme. No me gusta que se metan contigo.

-Ya veo, así que reaccionó movido por la pasión.

-Este….sí…- se ruborizó y se rascó la nariz con su dedo índice- pero no fue solo por eso, verá. Los halkans son una raza demasiado pacífica y morales. Son capaces del suicidio en masa, pero no de destruir su sistema solar, donde existen varios planetas con seres inocentes.

-Por eso no le gustaba mi idea, porque no sería creíble.

-Sí, pero ellos también son honorables. Si yo les prometía protegerlos con mi poder misterioso, quizás comprenderían mis intenciones de salvarlos y cooperarían con el engaño.

Su primer oficial asintió, luego ladeó la cabeza.

-Hay algo que no alcanzo a comprender- le miró confuso- si quería que los halkans escucharan las comunicaciones, no hacía falta que las ampliara a ¼ de la galaxia.

Jim se ruborizó hasta las orejas.

-Bueno, yo solo quería asegurarme- desvió la vista y siguió caminando.

Spock absorbió el aura de su capitán.

-Naturalmente- concluyó con una imperceptible sonrisa en sus ojos.

Llegaron en breve a las detenciones de sus oficiales y ordenó que los liberaran. Ellos se acercaron en silencio hasta su capitán. Este los miró y se detuvo frente a McCoy. El doctor no dijo nada, pero si las miradas mataran, él estaría a 3 metros bajo tierra klingon.

-Doctor McCoy- suspiró- me gustaba más cuando me decía que no me funcionaba el cerebro- sonrió tristón- no sabe cuánto lo extraño. Supongo que me lo merezco y le debo una disculpa- vio la cara de asombro y deslizó la vista hacia los demás- y a todos ustedes, también les doy mis sinceras disculpas por haber sido un pésimo capitán para todos.

Los oficiales se quedaron mirando unos a otros.

-¿Es cierto todo lo que dijo capitán?- preguntó un tímido Chekov- ¿no nos está engañando?- lo miró con una esperanza en sus ojos.

Recorrió con la vista. Chekov era el único con aires positivo. Uhura lo miraba, extrañada Scott y Sulu, con desconfianza. Ni hablar de McCoy.

Tomo aire. Trató de sonar lo más sincero que podía.

-Todo es cierto, caballeros, he dado mi promesa y ustedes saben que yo cumplo mis promesas.

Chekov sonrió ampliamente.

-¡Eso es verdad! ¡Cuente conmigo capitán!- dio un saltito.

-Gracias Chekov- dijo con sinceridad.

-¡Impostores!- gritó McCoy con furia- ¡Ustedes no son ni el capitán ni Spock!

Todos se pusieron en alertas y Chekov dejó de sonreír.

A Kirk los nervios lo traicionaron. No había tomado en cuenta el hecho de que el doctor no los reconociera y era una posibilidad muy válida.

-¡Dónde dejaron a nuestro capitán y a Spock!- siguió con sus acusaciones el doctor- volvieron a cambiarse, ¿no es cierto? ¡El hecho que no tenga barba…- señala al vulcano- lo confirma!- gritó furioso.

Spock se llevó la mano a su cara y tomó en cuenta el peligro. Si el doctor McCoy no los apoyaba al 100%, el fracaso era un hecho y, por ende, también la muerte.

Fin capítulo 5