Capítulo 8
¿Acaso era una broma? ¿La Constelación? ¿Matt y los klingons? ¿Justo en este momento? Pensaba que no podía ser una confabulación para matar a los ciudadanos leales al Imperio lanzados en los transbordadores, porque si fuera así, no solo habían roto el tratado de armisticio, sino que también, habían creado una potencial guerra contra las otras razas de habitantes planetarios… quizás, esto podría jugar a su favor, si llegara a los altos mandos de la Flota Estelar... no sería bien mirado el hecho de destruir a tu propia gente solo para atrapar a unos renegados… pero… ¿No podía ser otra nave, con otro comandante quien los atacara en este momento?... Estaba seguro de quién sería el comandante de esa nave y no le gustaba nada. Con ese comandante, estaría muy en desventaja y por primera vez en mucho tiempo, rogó estar equivocado. Ojalá muy equivocado, porque no podría usar el Campo Tantalus con él, ya que sabía de las limitaciones de su poder misterioso. Limitaciones que había ampliado para amenazar a muchos y en especial, hace poco, al almirante Komack, el cual era el comandante de toda la Flota Estelar ¿Y si había hablado? ¿Y si se lo dijo al emperador Marcus? Solo tenía preguntas hacia conjeturas llenas de más interrogaciones.
-¿Y ahora qué?- su mente desdoblada se concentró en el cese de la batalla.
Las naves dejaron de disparar.
-Bajas- retuvo el aliento.
-Ninguna señor, la cubierta 11 estaba vacía cuando el casco cedió. Las mamparas soportan bien. Los escudos resisten y tenemos armas- informa Sulu.
Parado a un lado, toma el brazo de su silla de mando y aprieta el comunicador.
-Chekov, informe.
-Todos los tripulantes a salvo, destruyeron la carga.
Eso lo hizo tomar aire.
-Scotty.
-Daños en las turbinas, capitán, pero lo estamos controlando.
-Scotty, prepara el Dante para el combate. Bajo en un momento- cortó sin esperar respuesta de su oficial.
-Capitán no irá... - trató de decir Spock.
Uhura interrumpe.
-Señor, nos saludan.
-Ignórelos. Finja un desperfecto en las comunicaciones, producto del ataque.
-No estamos tan dañados para eso- intenta decir Sulu.
-No importa, solo es algo de tiempo para Scotty.
-Señor, insisten- vuelve a decir Uhura.
-Ignórelos todo lo que pueda teniente y deje un canal donde pueda responder rápido.
-Armas enemigas en línea, capitán- Spock informa.
-¡Demonios! Uhura, salúdelos.
-Responden, señor- informa Uhura.
-En pantalla- se sienta en la silla de mando en pose tranquila y dominante.
Apareció el comandante humano del Imperio.
-Capitán Kirk, o debo decir, capitana- sonrió- ríndase inmediatamente, sino quiere perder su preciada nave.
-Comodoro Decker- lo reconoció al instante, lamentablemente, no se equivocó- Sabes que todavía no estoy acabado- dijo el capitán con convicción- tengo muchos trucos- sonrió, haciendo uso de toda su artimaña.
Matt Decker era un tipo de 50 años, de hombros rectangulares, cabello trigueño jaspeado por el gris de las canas, ojos de color avellana y de aspecto duro por ser comandante, pero impresionable.
-No sea idiota- le dijo con seriedad- somos dos contra uno y viene una tercera. No podrá escapar de esta. Le doy 5 minutos para que lo piense- la pantalla se oscureció.
Kirk no alcanzó a decir nada, pero su cara lo dijo todo.
-Spock tienes el puente- y salió corriendo.
-Sulu tiene el mando- y salió tras él.
Sulu hizo una mueca.
-Bonito momento para ser capitán- se dijo el japonés.
Spock alcanzó el ascensor justo en el momento de cerrarse.
-¡Qué haces, vuelve al puente!- ordenó el capitán a su primer oficial.
-No lo haré.
-¿Te estás amotinando?
-Afirmativo.
El capitán suspiró.
-Bueno, no sería la primera vez- sonrió con melancolía.
Se quedaron en silencio, escuchando sus pensamientos mezclados y sintiendo cada uno su ser. Kirk sintió el impulso de abrazarlo, antes de hacerlo, su vulcano lo hizo, pegándose el uno al otro su calor, en movimientos pausados, pero firmes. El contacto espiritual los alcanzó, pronto se estaban besando y esa lengua acarició la suya con ternura. Fue atrapado contra la pared, para sentir el roce del bulto en la entrepierna del otro. Entonces, él se abrió, porque quería sentirlo con más fuerza. Sentirlo en todo su esplendor, desde la punta de los pies hasta el último cabello.
El tiempo se detenía, siempre se detenía cuando estaba con él y podía respirar su esencia, como el otro respiraba la suya. Acariciándose juntos, los dedos; en su cabeza, entre sus cabellos y las yemas pasadas por su casco. Él se pegaba más a su cuerpo y entrelazaba las piernas para atraerlo. Abrazó su cintura, metió las manos por el pantalón para alcanzar sus nalgas y estrujarlas con ardor. Con esto, su amor suspiró en el beso y Jim no quiso romper el contacto con él y volvió a reclamar esa boca, porque la necesitaba con urgencia. La misma urgencia que el otro reclamaba con desesperación.
Una ola de placer los embargó con fuerte golpe. Los dejó emitiendo sonidos incomprensibles, confusos, únicos. La ola los volvió a golpear, pero esta vez fue diferente. Una complementación definida en un solo ser. Estaban juntos, pero no juntos, estaban dentro, pero no dentro. Una unión, donde las palabras ya no explicaban razones, solamente hechos.
"Vamos a morir"
"Juntos"
"No es tan malo"
Llegaron corriendo a la nave Dante. Un prototipo secreto de combate que tenían, pero no usaban... hasta ahora. Era una de las tantas tecnologías bélicas robadas por el capitán Kirk, así como el Campo Tantalus más conocido como La Máquina Evaporizadora, la favorita de Jim, la cual esperaba perfeccionar con Spock. Eran todos estos los "trucos" y "poder" con los cuales amenazaba a sus enemigos. Lamentablemente, todos estos eran prototipos en etapa experimental o les faltaba perfeccionamiento, cosa que esperaba arreglar con la ayuda conjunta de Spock y Scotty, ahora que podía confiar en ellos, sin embargo, no hubo tiempo. A Scotty solo le confió el Dante, pero le prohibió hacer modificaciones, por miedo al robo. Dejó el prototipo a su cargo por su amor a las naves, solamente.
El comodoro Matt Decker sabía de la existencia del Campo Tantalus como de las limitaciones de la máquina, razón por la cual se despegó tan rápido de la pantalla en el saludo. Fue un estúpido al contarle esto en una, más estúpida, noche de copas; si ni siquiera el emperador Marcus sabía algo, o si lo sospechaba no hacía nada. Sin embargo, ignoraban sus otros trucos bajo la manga. Era una ventaja y sus cartas.
Matt era un tipo impresionable. Un aspecto que quizás le agradó a Jim en esa noche de copas donde solo conversaron hasta tarde en el bar. Parecía un tipo estable o mejor dicho, normal. Ese quizás era el mejor término para describirlo: un tipo normal de 50 años. Sin embargo, al parecer, no era tan normal como se veía, si era comodoro de la Flota Estelar y comandante de la Constelación, una de las naves principales del Imperio; pero era ambicioso, quizás egoísta también, y había una posibilidad de que no hubiera abierto la boca con nadie para revelar sus secretos, esperando quedarse con ellos. El hecho de juntarse con los klingons, le hacía sospechar esto último.
Tampoco era del tipo para llevarse a la cama. No le atraía y la edad no tenía nada que ver, porque él no hacía distinciones en esas cosas, lo importante es que lo calentara y ese sujeto estuvo lejos de eso. Es más, si un viejo de 100 años llegara a calentarlo, con mucho gusto se lo llevaría a la cama, aunque le gustaban tipos más jóvenes con mirada expresiva, morenos, con ojos caídos y cuerpos… vio la cara seria de Spock ante él, escaneando su mente cochina. Dio un respingo y una sonrisa idiota adornó su rostro.
-Ejem- tosió, disimuladamente con el puño en la boca- Perdón…- murmuró cuando pasó a su lado, pero su mente le jugó una mala pasada al comprender que todos los tipos que se llevó antes a la cama, se parecían a Spock. Sonrió al realizar tal descubrimiento, ignorando que tras él, Spock sumaba puntos a su favor y no en su contra, como creía.
Subieron a la nave de combate mientras Scotty explicaba comandos, armas, escudos y todo lo necesario a una velocidad increíble.
-Suerte- dijo Scotty no muy convencido, pero eran dos, y se necesitaban dos para manejar correctamente esa nave.
-Gracias Señor Scott- luego se comunica al puente a través del sistema de la nave- Señor Sulu, cuando de la señal, comience a disparar con todo lo que tenga y luego escape a toda potencia sin mirar hacia atrás.
-¡Capitán!- Sulu quedó en silencio, sintiéndose sumamente conmovido- muy bien capitán- responde a su orden.
Jim toma los controles de la nave. Las puertas se cierran y siente la presencia de su adorado atrás, realizando preparativos que él también hace para el despegue. Ve a su copiloto a su derecha:
-Vamos, ¿no es romántico? La otra solución era huir juntos y eso estamos haciendo.
-Perdone la corrección, señor, pero no veo lo romántico en morir rodeados de enemigos. Las Termópilas es un término más exacto para describir esta situación. Es una lástima que el Campo Tantalus no pueda usarse en el exterior del Enterprise.
-Una gran desventaja no poder evaporizar a mis enemigos de afuera, sino ya sería emperador- respondió Jim con una sonrisa.
La nave salió a toda potencia del interior del hangar, usando su modo invisible. Era más pequeña que el Enterprise, pero más grande que un transbordador. Una nave de caza con la forma de un halcón parecidas a las naves enemigas, pero más pequeña.
-Esta nave no ha sido probada en campo de batalla real- dijo Spock.
-Ahora es su turno.
La nave se acercó a gran velocidad a las naves enemigas sin ser detectada.
-Ataca a los ojos.
Spock apunta hacia el puente de ambas naves.
-¡Fuego!
La señal; impactos directos y potentes, los cuales movieron al Enterprise al ataque. Las naves enemigas se demoraron en reaccionar por la sorpresa, en ese lapsus, la pequeña nave guerrera se materializó y les dejó verse. Los enemigos respondieron el fuego hacia ella, impresionados por su tecnología. Era muy rápida, prefirieron atacar al Enterprise, pero el otro también se defendía y la guerrera atacaba puntos flancos, mientras la más grande atacaba el puente en un intercambio de estrategias.
Una maniobra de las enemigas y la pequeña volvió atacar sus puentes. No le podían dar, parecía una mosca escurridiza, que se veía y luego no, gracias a su camuflaje. Dañaron a la Constelación: un descuido de los enemigos, y la Enterprise se fugó a velocidad warp.
El triunfo duró poco.
-Jim, no podremos mantener la potencia y no tenemos fásers, ni torpedos.
-El camuflaje.
-No funciona, al parecer, esta nave no sirve para combates prolongados. Los sistemas caerán y se destruirá- informa con rapidez Spock.
-Tiempo.
-2 minutos y 5 segundos.
-¡Diablos!
Para empeorar el panorama, apareció la prometida tercera nave enemiga- otra klingon- y junto con las demás, comenzaron a entramparlos como un matamoscas gigantesco. Los dos miraron los bastones de luces que se cruzaban por su camino, en todas direcciones. La belleza de la guerra se les vino con todo su esplendor pirotécnico.
Volaron a gran velocidad por una rendija de rayos luminosos, pero una especie de estrella chocó contra ellos: era un torpedo de fotón.
El impacto voló los escudos de la nave caza y provocó un incendio en los reactores principales. Estaban perdidos, pero no muertos.
-Te amo- sonrió sin verlo con la vista enfrente, ocupado con las pocas maniobras permitidas.
-Yo también te amo- le respondió con su acostumbrada seriedad, acelerando el poco impulso que tenían.
La mano derecha de Jim y la mano izquierda de Spock, juntas, una encima de la otra en la palanca de velocidad. Lo único que les quedaba por hacer, quizás un pequeño daño y darle más chance a la Enterprise y sus tripulantes, pero no pudieron.
La nave se detuvo antes de alcanzar su objetivo kamikaze. Luego, se destruyó completamente.
Fin capítulo 8
