Capítulo 9

Al despertar, estaba atado de pies y manos en un lugar frío e incómodo. Trató de incorporarse con cuidado, puesto que le dolía el cuerpo y sus sentidos no estaban bien puestos todavía. Sus manos amarradas en su espalda tampoco le permitían el equilibrio necesario para levantarse, pero igual hizo el esfuerzo. Escuchaba voces a lo lejos, y sus ojos trataban de enfocar hacia abajo, cuando percibió algo. Se sentó en ese mismo lugar, en el suelo. Agitó la cabeza en dos movimientos para el despeje y enfocó su vista.

Mejor no despertar.

Las imágenes pasaron por su lógica cabeza a la velocidad de una computadora. No había error, no estaban muertos, pero eran prisioneros. Los motores del caza se detuvieron en el último instante, y aprovechado ese momento por los enemigos, fueron transportados a la nave imperial donde los recibieron con fásers en modo aturdir. Ahora, atado en el suelo y desnudo, trataba de buscar una solución lógica, pero no podía, ya que la imagen al frente era demasiado perturbadora.

Su Jim, su T'hy'la, atado con sus extremidades abiertas en un círculo, en una especie de rueda de torturas, en posición de equis, desnudo y vulnerable; pese a verse de pie ante él, no era consciente del peligro presentado por oficiales corruptos que los rodeaban. Yacía con su cabeza caída e inconsciente.

-El vulcano despertó- dijo uno de los 5 oficiales del Imperio.

-¡Ah, que esperamos, que comience el show!- respondió otro.

-La estrella principal no despierta todavía. Es una bella durmiente- comentó su compañero.

Las risas de los oficiales inundaron el lugar y sus sentidos. Era un cuarto frío con poca ventilación. Muy cerrado con solo la puerta como medio de escape. Las paredes viejas y gastadas. La habitación no era tan chica, pues tenía el espacio suficiente como para tener ese aparataje y a los oficiales ocupándolo sin problemas. Evidentemente, se trataba de la Estación Espacial K-7 y no en la nave donde fueron transportados. No alcanzó a preguntarse el motivo de esto, porque una figura se dejó ver.

-Caballeros- apareció el líder del grupo, nada más ni nada menos, que el comandante que llamó "capitana" a Jim: el comodoro Matt Decker- denle una pequeña azotaina con el látigo a ver si despierta pronto.

Azotarían a Jim.

Spock interrumpió, porque debía ganar tiempo:

-¿Y los klingons? ¿Dónde están?- preguntó con naturalidad vulcana.

-¿Cuáles klingons?- respondió el comodoro con otra pregunta al igual que un político.

-Los de la nave klingon cómplice de ustedes- explica Spock.

-¿Nave cómplice? ¿Klingons? yo no veo ninguno ¿Ustedes caballeros han visto klingons por aquí?- pregunta a sus oficiales.

-No, ninguno.

-No, para nada- responde un segundo.

-Se equivocan señores. Esta es la Estación Espacial K-7, es completamente lógico que haya klingons.

-AAAAAAAh, de esos klingons hablas. Lo hubieras dicho desde un principio.

-Típico vulcano, lógico, pero no muy avispado- comentó un oficial.

-Esos están en otra sección disfrutando de las bondades de la neutralidad- dijo Decker.

-No son tan neutrales como para atacar una nave del Imperio. Han roto un tratado de 52 años- acusó Spock.

-Un momento, ustedes no son del Imperio, son unos renegados y sus cabezas tienen precio. Los de la nave klingons digamos que solo colaboraron en la captura de los rebeldes espaciales- explicó Decker.

-Afirman ser cómplices- dijo Spock.

-No, colaboradores, ¿cómo crees que no se ha roto el tratado durante 52 años?, ¿magia?

-Diplomacia.

-Eso no existe en el Imperio.

-Me queda claro. Entiendo que nos atacaran y que nos encontraran tan rápido. Lo que no comprendo, es el porqué dispararon sobre los transbordadores a ciudadanos leales al Imperio. Al hacer esto, violaron el tratado de armisticio. No es lógico.

-Sepan que en el USS Enterprise, no existen ciudadanos leales al Imperio. Todos fueron catalogados como rebeldes- sonrió con maldad Decker.

-Imposible. El Imperio no cometería tal equivocación. El Cuadrante Alfa recibió la comunicación del capitán y todos saben que existían ciudadanos leales. Si esto se llegara a saber, no podrían justificar la matanza. Al no ser que...- quedó pensando Spock.

-Al no ser que- repitió burlón el comodoro- no fuera una orden oficial.

-En ese caso, ustedes tomarían la responsabilidad del hecho- concluyó el vulcano.

-No, diremos que nos atacaron: por su culpa mi nave está anclada en reparaciones, sino ya estaríamos lejos- dijo con rabia y amargura- a mi parecer, no había más remedio, salvo disparar y en el cruce de fuego, destruimos los transbordadores y a todos, simple. Si no queda nadie para comprobarlo, ¿cómo lo sabrán?- dijo con mucha seguridad Decker.

-Hay testigos de sobra. Los cargueros y naves en la estación espacial, y todos aquellos que están aquí. Son muchos, ¿cómo piensan silenciarlos?

-No hay que hacerlo, en la Estación Espacial K-7 hacemos de la vista gorda.

-Demasiado arriesgado. No hay nadie que pueda garantizar lo que haga otro. Defini...

-Basta de chácharas- interrumpió Decker- La princesa está despertando- da una señal al del látigo.

-¡Capitán cuidado!- gritó Spock.

El aviso llegó a tiempo, pero los sentidos de Jim estaban entumecidos. El golpe certero en su espalda lo tomó desprevenido. Pegó un grito doloroso, que lo hizo estremecer hasta los cimientos y junto con ello, el grito se extendió también a Spock a través de su vínculo. No pudieron evitarlo, los dos gritaron al mismo tiempo. Spock sorprendido con el hecho trató de calmarse y tomar dominio de sí, mientras Jim salía de su confusión.

-Esperen un momento, ¿qué está pasando aquí?- miró con sospecha al vulcano- a ver, golpéalo una vez más- ordenó Matt Decker.

-¡No, esperen, ya desperté!- se apresuró Jim- Decker- comenzó a decir, pese a lo agitado que estaba- ¡Vaya!, no sabía que me odiabas tanto, pensé que eras mi amigo.

-¿Yo?, ¿amigo tuyo?, deliras- da otra señal- ¡azótalo!

-No es necesario, te daré lo que quieres- Jim alcanzó a decir rápido y titubeó el golpe del látigo.

-¡Te digo que lo azotes o tengo que hacerlo yo mismo!- amenazó el comandante a su crispado subalterno, dando un paso al frente.

-No te...- Jim comenzó a hablar, pero el golpe lo acalló.

Esta vez estaba preparado y contrajo todo su cuerpo para no mostrar daño, solo un cierre de los ojos y sobresalto, puesto que el dolor era fuerte.

-¡Con más fuerza idiota!- amenazó el comandante a su oficial.

El capitán Kirk no gritó tampoco, pero se vio como contenía el dolor en sus ligeras muecas faciales, las mismas que hacía Spock.

-Suficiente- Decker detuvo el cuarto azote- es un tipo duro de roer. De esta forma, jamás conseguiremos que grite.

-¿Golpeo al otro, señor?- dijo su oficial del látigo, acercándose a Spock.

-No, de ese menos. Las torturas no sirven contra los vulcanos y no sacamos nada. Escuché que son capaces de detener su corazón con su poder mental, ¿no es eso cierto señor Spock?

-Es correcto, pero usted ya lo sabía, para qué me lo pregunta- dijo con completo dominio de sí el vulcano.

-Solo quería corroborarlo, la cuestión entonces es más interesante- le respondió con aires misteriosos.

El vulcano miró a los ojos al comodoro y luego bajó la vista al comprender lo que vio en esa mirada.

-Oye- interrumpió Kirk- te dije que te daría lo que quieres.

-Y lo harás- dijo con una seguridad, que descolocó al capitán.

Se acercó peligrosamente, a su indefensa víctima y continuó hablando:

-Mira Spock, ¿no es lindo el muchacho?- le levantó la barbilla con su mano- comprendo que lo hicieras marica.

Risas del grupo de oficiales.

-Él no me hizo gay- defendió Jim.

-¿Ya lo eras?- preguntó el comodoro con curiosidad contenida.

-No, era bi- respondió con sencillez el capitán, tratando de parecer casual.

-¿Eras bi?... ¿bisexual?- abrió los ojos sorprendido- vaya, vaya, una verdadera sorpresa, ¿entonces ya no lo eres?- pregunto con malicia Decker.

El silencio le dio la respuesta.

-Viste, eres un marica. Al no ser que confieses aquí, delante de tu príncipe, que todavía te gustan las mujeres- concluyó el comodoro.

Más risas de sus enemigos, los cuales vieron como el capitán del Enterprise bajaba la vista al suelo.

-A los maricas le gustan que los hombres los toquen- deslizó su mano por el cuello y con su dedo índice comenzó a bajar por todo el cuerpo desnudo de Jim.

El comandante enemigo llegó a la entrepierna del joven capitán y agarró con rapidez ese miembro para apretarlo con fuerza. Sintió como su víctima dio un respingo y una sensación de satisfacción le cruzó por el rostro. Vio con deleite al desnudo primer oficial en el piso como se retorcía incómodo en el suelo.

-Esto será más genial de lo que me imaginaba- dijo con mirada perfecta y respirando la sensación de pavor del cuerpo vulnerable.

Decker estiró la mano y le pasaron un objeto con forma de pene.

-Te gusta esto, ¿no?- le dijo a Jim muy insinuante, deslizándolo por el cuerpo del inmovilizado.

Acarició el pecho con la punta fría del objeto y la pasó por los pezones mientras el suave respirar del capitán se hacía más irregular. Podía aspirar el miedo de su presa y eso lo excitó de sobremanera.

Iba a rodear la rueda por dentro, pasando por las axilas del brazo derecho atado a la parte superior, pero su víctima quiso interrumpir su juego hablando otra vez. Eso lo molestó y le introdujo de golpe el objeto en la boca para que se callara.

-Así está mejor- se puso atrás de ese cuerpo deseable y depositó su barbilla en el hombro del inmovilizado. Se pegó en un movimiento a él, cosa que hizo lanzar un gemido lastimero negativo- mira desde aquí ambos podemos ver la reacción de Spock, ¿no es fascinante?

Obtuvo la reacción que quería. El cuerpo se tensó increíblemente y pudo ver una mueca exquisita de pesar en el rostro del vulcano. No sabía cuál de los dos le encantaba más, si el cuerpo de Jim o las reacciones del vulcano; reacciones que nunca había visto en alguien de su especie, y dudaba si alguien las vio alguna vez.

Se aventuró con su mano más abajo. Tocar en su esplendor esos firmes glúteos. Tocar ese agujerito entre las piernas abiertas. El cuerpo tembló, le gritaba "No" con todas sus células, eso lo puso duro. Metió su dedo adentro y Jim emitió un grito gutural exquisito. Quiso escucharlo en todo su esplendor, así que le sacó el objeto de la boca al mismo tiempo que retiró su dedo del interior.

-Por favor, por favor, no hagas eso, no es necesario- temblaba Jim.

-Mejor te relajas- eso hizo el efecto opuesto deseado- tomó el juguete y lo deslizó por las nalgas temblorosas, ¿qué tal si te la metemos por aquí?

-¡NO! ¡NO, POR FAVOR! ¡POR FAVOR!- imploró Kirk desesperado.

-¡JIM!- gritó Spock.

Empujó el juguete, lo suficiente como para escuchar ese ansiado grito doble. Ambos gritos llenaron sus sádicos sentidos.

-¡SÁCALO!, ¡SÁCALO, MALDITO!, ¡TE MATARÉ!, ¡JURO QUE TE...!- Jim calló de improviso.

Eso le resultó increíble.

-¿Sabes qué?, si gritas así con un juguete a medio poner, ¿cómo gritaras con uno de verdad?

-¡NO TE ATREVAS!- empezó a forcejear las ataduras y moverse como loco, tratando de salir de su posición en equis tan vulnerable- ¡MALDITO DESGRACIADO HIJO DE...!

Recibió improperios deliciosos de su desesperada víctima que lo subía y bajaba a garabato limpio. Luego notó como el desnudo Spock miraba concentradísimo a Jim y este milagrosamente, se calmó.

-Así que es verdad. Están conectados. Lo que te pase a ti, le pasará a él- concluyó Decker gracias a sus observaciones.

Ahora sí, sintió el horror de ambos, y una oleada de placer lo embargó por completo en su retorcido interior.

Fin capítulo 9