Buenas! Cómo les va? Espero que muy bien! Yo feliz porque es viernes… :)

Aquí estoy una vez más actualizando con este nuevo cap recién salidito del horno.

Si bien reconozco que hasta ahora las cosas vienen un poco 'mala onda' para nuestro querido Darien, lo cual sospecho que a varias les puede llegar a molestar, quiero pedirles que no se impacienten! Ya que esto recién empieza y todavía hay muchas cosas que tienen que salir a la luz… Y sí, en esta ocasión hay drama y mucho dolor lamentablemente… Pero todo puede sanar al fin… :)

Lxs invito entonces a leer el TRES, que es algo breve pero tiene avances importantes, y les pido que me cuenten abiertamente qué les pareció!

Gracias miles a quienes se sumaron para seguirme y comentar! Y a quienes todavía no lo hicieron, sepan que son totalmente bienvenidxs!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Hasta prontoo!

Bell.-


:: Capítulo Tres ::

Después de que Serena se fue del negocio, los chicos permanecieron un rato en silencio. Andrew seguía ocupado en sus cosas y Darien se quedó con la mirada perdida hacia la calle pensando en lo que acababa de pasar. Y dándose cuenta de que al verla todos sus recuerdos se esclarecieron repentinamente, como si de golpe despertara de un profundo letargo.

Entonces también recordó su sueño, el que momentos antes lo había despertado angustiado, donde veía a Serena con claridad y sentía que la necesitaba terriblemente. ¿Quién era esa chica? ¿Qué de ella lo hacía sentir de esa forma, como si le hiciera falta para vivir? ¿Acaso el reciente encuentro había sido algo real o seguía soñando? Estaba tan conmocionado que temía que su mente lo estuviera traicionando.

—Amigo —lo llamó Andrew—. Amigo —él no reaccionaba—. ¡Oye, Darien! —al fin lo miró—. Voy a cerrar para ir a almorzar, ¿vienes conmigo?

—Andrew —Darien aún seguía absorto en sus pensamientos, no escuchó ni una sola palabra de lo que Andrew le dijo—, ¿quién era esa chica? —preguntó confundido. Temía haber tenido una alucinación o algo por el estilo y necesitaba confirmar que no se estaba volviendo loco.

—¿Serena? —preguntó Andrew y Darien asintió un poco más tranquilo—. Es amiga de Lita —siguió ordenando las últimas cosas y alistándose para salir.

—¡Dime más! —exclamó Darien impaciente.

Andrew se sorprendió por su reacción. —Hey, tranquilo. ¿Tanto te impresionó? Creí que tenías otros gustos —bromeó.

—No seas idiota, no entiendes nada. Dime más, Andrew, ¿quién es? ¿Qué sabes de ella? —insistió.

—Bueno, en realidad no la conozco mucho —explicó Andrew—. Hace muy poco que Lita me presentó a sus amigas. Y ella empezó a venir desde que supo que tenía el video. Viene bastante seguido, vive cerca de aquí y me pide películas realmente desconocidas. Las usa para estudiar y ahora está organizando un ciclo de cine con unos compañeros —comenzó a caminar hacia la puerta.

—Espera, ¿qué películas acaba de devolverte? —preguntó Darien.

—¿Por qué?

—Quiero llevármelas. Y dime también cuáles son las dos que no te devolvió.

—Bueno, cuando regresemos te las doy —y de nuevo Andrew se encaminaba hacia la salida.

—¡No! ¡Ahora! —insistió Darien nervioso.

—Hey, ¿qué te pasa? —preguntó su amigo extrañado.

—Es muy complicado de explicar. Por favor, dame las películas ahora —respondió impaciente.

—Está bien, está bien —Andrew regresó al mostrador y buscó los estuches.

—¿A qué hora abrirás mañana por la tarde? —preguntó Darien mientras recibía las películas.

—Más o menos a las cinco.

—Bueno, hasta mañana —y salió apurado dejando a su amigo más confundido.

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Darien regresó rápidamente a su departamento.

Estaba muy ansioso, necesitaba saber más de ella. Quería ver las películas para conocerla más y tener algo de qué hablar por si volvía a verla. Al haberla recordado al fin se le hizo más vívida la necesidad de acercarse a ella a como diera lugar.

Cuando llegó a su puerta y estaba a punto de entrar, notó que una chica se acercaba a él desde el otro lado del pasillo. —Hola, vecino —le dijo en tono seductor.

—Hola, Melissa —la saludó cortante sin mirarla mientras abría la puerta.

—¿Cómo estás? Hace varios días que no te veo, ¿me invitas un café? —ella se acercaba cada vez más a él y lo miraba insinuante.

—Ahora no puedo, tengo cosas que hacer —respondió Darien entrando al departamento.

—Pero será sólo un momento, yo también tengo cosas que hacer, me iré enseguida —continuó provocándolo mientras lo acariciaba por los hombros.

—Te dije que no puedo, Melissa. Adiós —cerró la puerta de un golpe. La chica permaneció inmóvil frente al departamento por unos instantes y, tal cual ella esperaba, Darien volvió a abrir—. Pasa, pero en 15 minutos te vas —ella sonrió satisfecha y entró.

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Serena caminó hasta su departamento sin dejar de pensar en aquel chico que vio en el video de Andrew. La inquietante sensación que tuvo al ver su desaliñado aspecto no la dejaba tranquila, era como si se hubiera encontrado con un pobre niño desahuciado y deseara rescatarlo. No podía evitar sentirse así y no dejaba de pensar en él con cierta tristeza.

Al entrar a su casa, se tumbó en el sofá dejando sus cosas a un lado y permaneció perdida en sus pensamientos por largo rato. Después de unos minutos soltó un largo suspiro, buscó su celular y llamó a su amiga.

—Hola, Serena —dijo Ami al atender.

—Hola, Ami. ¿Cómo estás?

—Bien, todavía en el hospital, pero ya casi terminando. ¿Tú estás bien? Te noto preocupada.

—Más o menos —Serena volvió a suspirar—. ¿Tienes tiempo libre? ¿Quieres que almorcemos juntas? Quisiera contarte algo.

—Sí, Serena, tengo tiempo. ¿Te parece bien que nos reunamos en el café de siempre?

—Está bien. Te veré ahí en media hora.

—Bueno, nos vemos entonces. Adiós.

—Adiós —Serena cortó la llamada, se recostó en el sofá y volvió a pensar en él.

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Después del rápido y candente encuentro con su vecina, Darien terminó de vestirse y se fue hasta la cocina a beber agua fría.

Si bien estas 'reuniones' ocasionales no significaban nada para él, no podía evitar caer en la tentación cuando ella se le insinuaba. Sin embargo se sentía más vacío y miserable de lo habitual cada vez que lo hacían. Y por más que se jurara a sí mismo en cada ocasión que sería la última, siempre volvía a ceder. Era el mismo comportamiento compulsivo que tenía con la bebida. Se sentía realmente una basura.

Melissa llegó hasta la cocina e intentó acercarse a él para abrazarlo. —Hola, guapo.

—Ni te me acerques —le dijo él cortante—. Ya tuviste lo que querías, ahora vete —y siguió bebiendo de la botella.

—Mientras más me rechazas más me gustas —dijo ella en tono seductor—. Además siempre terminas dándome lo que te pido —y comenzó a caminar hasta la puerta para irse.

Darien la alcanzó. —Ésta fue la última vez, Melissa —dijo con determinación—. A partir de hoy todo va a cambiar, ya no voy a ser más el mismo debilucho de siempre —sentenció con firmeza.

—¿Y eso por qué? —preguntó ella incrédula.

—Porque hoy encontré lo que necesito para salir adelante con mi vida —respondió él seguro.

—¿Una nueva marca de licor? —dijo ella con sarcasmo.

—Eres tan tonta, Melissa, no entiendes nada. Ya sabrás de lo que hablo cuando vuelvas a buscarme y te rechace de verdad.

—Lo dudo mucho —dijo Melissa riendo y salió del departamento.

Darien suspiró furioso. Si bien Melissa no significaba nada para él, se sentía tan molesto con su desaprobación. Nadie creía en él, nadie lo veía como una persona con sentimientos, con historia, con heridas en su corazón. Sólo lo consideraban un objeto, Melissa para satisfacer sus bajos instintos y los de la empresa donde trabajaba para hacerles ganar dinero con su brillante capacidad. Si veían su lado humano, sólo reconocían en él debilidad y aislamiento. Y sí, era un chico solitario e introvertido, pero no estaba vacío por dentro. Aunque la mayoría del tiempo se sintiera así.

Decidió dejar de pensar en todo eso y buscó las películas que le había dado Andrew. Mientras encendía la televisión y el reproductor para empezar a ver la primera, recordó a Serena. Supo que debía hacer algo con esta oportunidad que se le presentaba para dejar de lado la vida mediocre que llevaba e intentar acercarse a ella, para conocerla, para comprender qué era lo que lo hacía sentir que la necesitaba tanto sin siquiera saber quién era.

En verdad sentía que desde ese día todo iba a cambiar, recordarla y encontrarla después de tanto tiempo lo ayudaba a creer que no todo estaba perdido, que podía encontrar un motivo para rehacer su vida y dejar a un lado el desgano y la apatía que siempre lo habían acompañado.

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Serena se dirigió hacia el café donde había quedado en encontrarse con Ami.

Ambas eran muy buenas amigas desde la secundaria y si bien no estudiaban las mismas carreras en la universidad, las dos habían coincidido realizando sus prácticas finales en el mismo hospital general. Y juntas se estaban preparando para rendir el ingreso a una residencia interdisciplinaria una vez egresadas. Ami estudiaba psicología y Serena trabajo social.

Al acercarse al lugar reconoció a su amiga sentada en una de las mesitas de la acera. —Hola—la saludó y se sentó a su lado.

—Hola, Serena, llegaste temprano —bromeó Ami.

Serena no le prestó atención al comentario. —Ami, tengo algo importante que contarte —dijo un tanto afligida.

—¿Qué sucede?

—Lo encontré, Ami.

—¿A quién encontraste, Serena? —Ami comenzaba a preocuparse.

—A Darien… encontré a Darien —la voz de Serena denotaba una mezcla de angustia y alegría.

Ami quedó perpleja con lo que le decía su amiga. —¿Cómo que lo encontraste? ¿Dónde?

Serena suspiró con pesar. —Todavía no puedo creerlo —y le relató sobre el encuentro en el video—. Hace un rato fui a lo de Andrew a llevar unas películas y estaba ahí, de pie junto al mostrador. Y cuando me di cuenta de que era él no supe qué hacer. Lo encontré tan… —no hallaba las palabras para describirlo—. Se veía fatal, Ami, y lo reconocí enseguida. Vi sus ojos tan tristes, tan apagados, pero al mismo tiempo mirándome con tanta ternura, como aquella vez.

Ami sabía muy bien lo que había sucedido, ellas ya eran amigas en aquel entonces y Serena le había contado todo. Que casi lo atropella, que lloró en sus brazos, que lo llevó a su casa. Y que se había conmovido tanto con él y su estado que jamás pudo olvidarse de ese extraño y accidentado encuentro.

Ami había sido testigo de cómo Serena se ocupó en buscarlo sin conseguir encontrarlo de nuevo al poco tiempo de conocerlo y durante muchos meses después. —Es increíble, Serena, después de tantos años.

—Cinco años, Ami. Cinco. Y jamás pude olvidarme de él —Serena hizo una pausa—. Pero me comporté como una tonta, me quedé helada al verlo, no pude decirle nada.

—¿Y él te reconoció? —preguntó Ami impaciente.

—No lo sé, estuvo callado todo el tiempo, pero no dejaba de mirarme. No sé, Ami, fue muy extraño, jamás me imaginé que lo vería de nuevo, que me lo encontraría en un lugar así. Y no sé por qué me siento tan angustiada. Es que tenía una expresión tan triste, como aquella vez. Me dio mucha lástima, no supe qué hacer —Serena realmente estaba preocupada, su voz y su expresión denotaban mucho pesar.

—Bueno, Serena, tranquilízate e intenta pensar fríamente —Ami hizo una pausa para ordenar las ideas—. Doy fe de que desde que lo conociste sentiste compasión por él, que te conmovió su vulnerabilidad y su soledad y que quisiste encontrarlo durante mucho tiempo sin conseguirlo.

—Sí, es cierto. Y ahora que al fin lo encontré no pude hacer nada, me fui sin decirle palabra alguna. ¿Y si no lo vuelvo a ver más? ¿Si sólo estaba ahí de casualidad y le pierdo el rastro de nuevo? ¿Qué hago, Ami? ¿Qué hago? —preguntaba desesperada.

—Cálmate, Serena, analicemos la situación —dijo Ami y volvió a reflexionar por un instante, Serena la miraba impaciente—. Si estaba ahí es porque es cliente del video o quizás es amigo de Andrew. ¿No te fijaste si se trataban como si se conocieran? ¿Si hablaban entre ellos?

—No, Andrew sólo conversó conmigo y él permaneció en silencio todo el tiempo.

—¿No viste si tenía alguna película en la mano? Quizás fue a rentar algo.

—No sé, no me fijé.

—Bueno. A ver, pensemos. Lo que puedes hacer es ir de nuevo a lo de Andrew y preguntarle directamente a él si lo conoce, quizás pueda darte alguna información.

—Tienes razón. Eso haré, mañana tengo que ir de nuevo a devolverle unas películas —Serena hizo una pausa, pensaba que quizás era posible volver a verlo y comenzó a tranquilizarse—. Sí, haré eso, le preguntaré a Andrew, él debe saber algo —suspiró de nuevo más aliviada—. No puedo creerlo, Ami, lo encontré —y sonrió emocionada—. Al fin lo encontré…