Gente querida! No puedo con mi impaciencia y acá estoy de nuevo actualizando…
Este cap me gusta mucho, lo tengo listo hace muy poco y no quería dejar de compartirlo con uds, sobre todo porque por unos días no tendré inet y no podré conectarme pronto. Pero tendré tiempo de seguir avanzando en la escritura.
Así que lxs invito a leer el CUATRO. Espero que les guste! :)
Una vez más agradezco infinitamente a quienes me siguen y me comentan, en verdad aprecio sus cumplidos y opiniones. Lo que más deseo es poder compartir con todos uds lo que surge de mi y que uds también me cuenten cómo se sienten.
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Saluditos! Y buen finde para todxs!
Bell.-
:: Capítulo Cuatro ::
Al día siguiente,
Darien estaba recostado en el sofá con su notebook encima y despertó sobresaltado por el sonido de su teléfono. Buscó el celular en el bolsillo de su pantalón y atendió la llamada.
Era su jefe, que por el tono de su voz parecía encontrarse bastante molesto. —¡Chiba! ¿Dónde demonios te has metido? —gritaba el hombre—. ¡Es martes, son las 4 de la tarde y todavía no has aparecido por la oficina! ¡¿Quién rayos te crees que eres?! ¡¿Acaso se te subieron los humos a la cabeza después de tu ascenso?! ¡Por lo menos tómate la molestia de ser responsable la primera semana de trabajo en tu nuevo puesto! ¡¿Quién crees que se hará cargo de…
—Profesor —lo interrumpió Darien—, escúcheme, profesor, lo siento mucho. Siento haberme ausentado sin avisarle. Es que después de lo del ascenso me sentí muy motivado y he estado trabajando duro en mi tesis. Lamento no haberle dicho nada, no volverá a ocurrir.
Darien era ingeniero en sistemas. Antes de graduarse de la preparatoria, Tomoe, el profesor de matemáticas de su instituto, descubrió sus brillantes habilidades en computación y le consiguió una importante beca para que pudiera estudiar en la universidad.
Con el tiempo lo adoptó como uno de sus discípulos en su equipo de investigación y le consiguió un buen puesto de trabajo en una de las más importantes empresas de telecomunicaciones de Tokio, en el departamento de programación del cual Tomoe se hacía cargo.
Darien se graduó antes del tiempo estimado, realmente no tenía ninguna dificultad para estudiar ya que tenía un gran talento que bordeaba la genialidad y a sus jóvenes 25 años ya estaba cercano a terminar una maestría de postgrado, cuya tesis era dirigida por el profesor.
El hombre del otro lado de la línea se calmó al escuchar la explicación de Darien. —Ah, ¿en tu tesis?
—Sí, señor.
—¿Y cómo vas con eso? —preguntó el hombre más tranquilo.
—Muy bien, señor, estoy avanzando mucho —respondió Darien.
—Bueno, me parece bien que te dediques a trabajar en esto, creo que vas a lograr algo muy grande —continuó el profesor más calmado—. Me gustaría que me enseñes tus avances, sabes que como tu director debo hacerte un seguimiento exhaustivo.
—Sí, señor, mañana estaré allí a primera hora y le llevaré todo.
—Está bien —Tomoe hizo una pausa—. Darien, sabes cuánto valoro tu capacidad y quizás a veces estoy demasiado pendiente de ti, pero es que me preocupa mucho que no desperdicies tu brillante talento. Por favor, la próxima vez avísame así me quedo tranquilo.
—No se preocupe, señor, no volverá a pasar. Le avisaré la próxima vez.
—Bien —suspiró el profesor—, confiaré en ti. Adiós, Darien. Hasta mañana.
—Hasta mañana, Señor.
Darien permaneció un rato pensando en la conversación que acababa de tener. Si bien sabía que su profesor era muy amable y considerado con él, a veces le molestaba tanto que se comportara como un padre. Y sobre todo que estuviera tan pendiente de su trabajo y sus estudios, como si fuera una extensión de sí mismo y él tuviera que cargar con sus frustraciones académicas y profesionales.
Darien no necesitaba esforzarse para cumplir con sus obligaciones, realmente tenía un gran talento, pero a veces se sentía muy exigido por Tomoe. Y sólo para que lo dejara en paz se dedicaba a la tesis. Durante el fin de semana anterior había logrado avanzar mucho en la escritura, pero le resultaba tan aburrido y tedioso que sólo cuando bebía podía ponerse a trabajar.
Miró su reloj, dejó a un lado su computadora y se sentó. Había pasado muchas horas mirando las películas que le rentó a Andrew e investigando en internet sobre lo que había visto. Aunque siempre se había mantenido escéptico ante el tipo de temas que trataban, ahora le resultaban realmente interesantes. Quizás porque sentía que así conseguiría conocer más a Serena.
Al haber logrado recordarla pudo darse cuenta de que desde el primer instante que la vio se sintió profundamente atraído por ella, por saber quién era, por querer entender cómo sin conocerlo lo había tratado de esa forma, con tanta ternura, con tanta delicadeza.
Jamás en su vida se había sentido así con nadie, nunca antes había podido sentir que estaba siendo cuidado, valorado y comprendido por alguien. Con ella había sido tan diferente, hasta en su mirada podía encontrar esa calidez tan particular que lo envolvía de tal forma que se podía sentir tranquilo. La percibió aquella noche y también cuando la encontró en el video. La vio en sus ojos, esos ojos tan hermosos, se sintió perdido en sus ojos. Y necesitaba recuperar esas sensaciones, esa seguridad y esa paz que en la mirada de Serena había podido encontrar.
Suspiró contento. Por primera vez en mucho tiempo se despertaba de tan buen humor. Pensar en ella lo reconfortaba.
Fue hasta el baño, quitándose y arrojando su ropa en el suelo mientras caminaba y se dio una larga ducha. Se afeitó, eligió con qué vestirse y fue a la cocina a preparar algo para comer.
Después de 'almorzar' miró otra vez la hora. No se había percatado de cuánto tiempo había pasado, ya eran pasadas las 6, y temió que fuera demasiado tarde para ir al video y encontrar allí a Serena.
Se levantó casi pegando un salto de la silla, buscó su mochila y salió apurado.
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Llegó lo más rápido que pudo a lo de Andrew. Él estaba detrás del mostrador concentrado mirando una película. Cuando lo vio entrar se sorprendió por su aspecto, era como si de un día para el otro se encontrara con una persona totalmente diferente. —Vaya, amigo, sí que eres ciclotímico —le dijo mientras lo observaba detenidamente de arriba abajo—. Ayer parecías un indigente y mírate ahora —bromeó.
Darien no estaba arreglado, vestía sencillo como siempre, jeans, zapatillas y una camiseta de algodón, pero en verdad su semblante era el opuesto al del día anterior. —Es que 'hoy es el primer día del resto de mi vida' —dijo con tono irónico refiriéndose a la película que Andrew miraba y ambos rieron—. Amigo —le dijo mientras le devolvía los estuches del día anterior—, ¿ya pasó Serena por aquí?
—Sí, acaba de irse —respondió Andrew ligeramente.
Sin decir más nada Darien salió casi volando del lugar y se fue en la misma dirección que la vio irse el día anterior.
Comenzó a correr desesperado, temía no llegar a hallarla. Casi no se fijaba por donde pasaba, sólo corría apurado mirando entre la gente intentando ubicarla. Necesitaba encontrarla, sentía que estando con ella podría llegar a ponerle fin al vacío emocional que sufría o por lo menos atenuarlo. Necesitaba su auxilio, su protección, para terminar con el permanente sentimiento de soledad e insatisfacción con el que vivía. No podía comprender lógicamente por qué se sentía tan seguro de todo esto, pero al menos estaba convencido de que intentaría comprobarlo.
Cuando recorrió varias calles pudo al fin reconocerla a lo lejos y comenzó a desacelerar sus pasos para recuperar el aliento. La observaba detenidamente, caminaba tranquila y la suave brisa le desordenaba el cabello sin que a ella le molestara. Él se sentía aliviado por haber podido alcanzarla al fin pero al mismo tiempo con mucho miedo de enfrentarla, no sabía qué podría llegar a decirle, cómo acercarse, si ella también lo recordaría.
No quiso titubear más y decidió intentarlo. Inspiró profundo para reunir valor y la llamó cuando ya estaba cerca. —Serena… —ella se detuvo de inmediato al escucharlo, volteó lentamente para saber quién la llamaba y cuando lo vio en su rostro comenzó a dibujarse una enorme sonrisa—. Hola —dijo él también sonriendo.
—Hola —lo saludó ella. Y permanecieron en silencio por unos segundos, mirándose fijamente a los ojos y sin dejar de sonreír—. Darien… —dijo emocionada y poco a poco se acercó a él para abrazarlo—. Sabía que eras tú…
Él no podía creer que lo había reconocido, sintió a su corazón acelerarse de tal forma cuando dijo su nombre que temía que se le saliera del cuerpo. Y cuando lo abrazó pudo percibir la misma ternura y calidez que recordaba, que lo envolvía entero. También la abrazó y cerró los ojos para poder sentirla.
—Sabía que volvería a encontrarte —dijo ella sin dejar de abrazarlo con fuerza—. No puedo creerlo —y apretaba los ojos para contener su emoción.
—¿Te acuerdas de mí? —se animó a preguntar él al volver a mirarla a los ojos sin soltarla.
—Jamás te olvidé, Darien —respondió ella y volvió a sonreír.
—Quiero hablar contigo, quiero saber de ti —dijo Darien tras una pausa. Estaba perdido en sus ojos, de la misma manera que la primera vez que la vio, y le costaba pensar y hablar con claridad—. ¿Tienes tiempo? ¿Quieres tomar un café?
—Claro —aceptó ella.
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Entraron en el primer bar que encontraron y se sentaron en una mesita junto a la ventana. Pidieron café y permanecieron en silencio hasta que el mesero volvió con el pedido. Ambos estaban muy nerviosos. Cada uno concentrado en su taza, sin animarse a decir palabra alguna.
Serena suspiró para soltar la tensión que sentía y se atrevió a mirarlo. Recorría cada facción de su rostro con los ojos. Lo encontraba con mucho mejor aspecto que el día anterior, pero igualmente podía percibir la misma expresión triste y melancólica que recordaba. Y volvía a sentirse conmovida por él.
Cuando Darien también se atrevió a verla a la cara y sus ojos se encontraron se observaron fijamente por un instante, como reconociéndose, como recordando aquella noche en que por primera vez se perdieron en sus miradas, como si el tiempo se hubiera detenido.
Después de unos segundos que parecieron eternos, él sonrió tímidamente sin sacarle los ojos de encima y provocó que se encendiera un suave rubor en el rostro de Serena, que también sonrió. —Esto es muy extraño —dijo al fin para romper el silencio—. No sé qué decirte.
Ella rió. —Pues cuéntame de ti, qué haces, a qué te dedicas, quién eres —dijo con soltura.
—Bueno —continuó él—, ¿qué puedo contarte? Me llamo Darien —carraspeó nervioso—. Darien Chiba. Tengo 25 años, soy ingeniero, trabajo y estudio demasiado —no se le ocurría qué más decirle, por un lado por lo ansioso que se sentía y por otro porque no tenía mucho más para contar de su vida actual—. Soy amigo de Andrew.
—Lo imaginaba —agregó ella—. Ayer cuando te vi en el video supuse que serían amigos y hoy quise preguntarle a él pero…
—¿Ayer me reconociste cuando me viste? —preguntó él impaciente interrumpiéndola.
—Sí —Serena volvió a sonreír—, enseguida te reconocí —él también sonrió—. ¿Y tú a mí?
—Sí, también —respondió Darien—. Y recién cuando te vi pude recordar todo lo que había sucedido —ella lo miró sorprendida—. Me había olvidado de todo, al menos conscientemente no lograba acordarme de nada —no se animó a contarle que si bien no la recordaba, igualmente desde aquel día soñaba con ella con frecuencia.
—Estabas muy ebrio, te veías fatal —dijo ella con pena—. ¿Qué te había pasado?
Darien bajó la mirada. —Había sido un mal día, pero prefiero no hablar de eso ahora —ella no insistió—. ¿Y qué me cuentas de ti? —preguntó después de una pausa.
Ella volvió a sonreír. —Me llamo Serena Tsukino, tengo 22, también estudio y trabajo mucho —comentó riendo—. Tengo muchos amigos, me gusta mucho el cine, leer, andar en bicicleta, los dulces —él también reía por la forma graciosa e infantil en la que ella se describía a sí misma, contando con los dedos de las manos cada cosa que mencionaba—. ¿Qué es tan divertido? —preguntó Serena fingiendo estar molesta pero sin dejar de sonreír.
—Nada, lo siento —Darien intentó ponerse serio—. Continúa.
—A ver —pensaba ella en qué otra cosa contarle—, ¿qué más? Soy amiga de Lita, la novia de Andrew.
—Es cierto —agregó él—, Andrew me contó. Y también me dijo que vives cerca de aquí.
—Sí, me mudé hace un año más o menos. ¿Y tú no vives más en aquella casa? —preguntó ella.
Darien volvió a bajar la mirada. —No. No vivo más ahí, poco tiempo después de recibirla la vendí y me compré un departamento, también cerca de aquí.
—Ah —Serena no se atrevió a preguntar más, pudo notar que era un tema delicado para él y que quizás podría estar relacionado con el estado en que se encontraba cuando lo conoció.
Volvieron a quedar en silencio por un rato. —Darien —se animó Serena a romper el hielo—, quiero decirte que… —él la miró—. Yo… Después de aquella noche esperé por un tiempo a que me llamaras. Te había dejado mi número en una notita, ¿lo recuerdas?
Él pensó por un momento intentando recordar. —Sí, ahora que lo dices me acuerdo que había un papel sobre la mesa, pero estaba todo mojado y no se podía leer nada.
—Y tiempo después intenté rastrearte —continuó ella—. Quise volver a aquella casa para buscarte pero no la volví a encontrar.
—Es que apenas la vendí fue demolida —explicó él bajando otra vez la mirada—. Yo se lo exigí al comprador.
—Comprendo —Serena volvió a notar tristeza en el rostro de Darien—. Bueno, quizás no debíamos volver a encontrarnos hasta ahora.
—¿Crees que es obra del destino? —preguntó él con sarcasmo.
—¿Por qué no? —respondió ella alegremente—. Sería lindo pensar que sí. Ese día fue la primera y única vez que le pedí prestado el auto a mi papá —comentó riendo—. Y mira lo que pasó. Quizás en aquella ocasión también fue el destino que te puso en esa calle justo en el mismo instante que yo pasaba por ahí.
—Quizás fue dios quien envió un ángel a la tierra para mí —esta vez Darien no sonó sarcástico, genuinamente sentía que Serena era un ser celestial, alguien en quien podría refugiarse y sentirse a salvo. Con sólo tenerla cerca de nuevo se sentía protegido.
Ella sonrió conmovida por sus palabras y se sonrojó por la forma en que Darien la miraba. Él se acercó un poco a ella y tomó su mano con dulzura. —Serena —le dijo mirándola fijamente a los ojos—, creo que ha sido algo muy bueno volver a encontrarte —y le regaló una tierna sonrisa.
Volvieron a perderse en sus miradas, sintiendo esa misma extraña y fuerte conexión que tuvieron aquella noche que se conocieron. Y el tiempo y el mundo volvió a detenerse a su alrededor.
Hasta que el teléfono de Serena los interrumpió haciéndolos volver a la realidad. Ella sacó el celular de su bolso y antes de atender se disculpó con Darien y se alejó para poder hablar con reserva.
Él se sintió un tanto incómodo con la expresión de Serena al fijarse en la llamada, pero no quiso apresurarse en sacar ninguna conclusión precipitada y esperó impaciente a que ella regresara a la mesa.
Serena no demoró mucho. Cuando volvió a sentarse permaneció un rato en silencio sin mirarlo. Terminó su café, vio la hora en su reloj y al fin lo miró de nuevo. —Darien —dijo con una nueva sonrisa, que parecía un tanto forzada—, tengo que irme, lo siento —él sintió una repentina angustia en su pecho—. Pero quiero verte de nuevo —ahora su sonrisa sí se veía sincera y la angustia de Darien comenzó a disminuir. Serena sacó papel y lápiz de su bolso y anotó—. Éste es mi número —le entregó el papel—. Esta vez ten más cuidado y no dejes que se borre —y ambos rieron.
—Yo también quiero verte de nuevo —dijo Darien y volvió a mirarla fijamente. Serena notaba cierta aflicción en su rostro y le costaba tener que dejarlo cuando habían podido hablar tan poco—. Te llamaré —agregó él y le sonrió con dulzura.
Ambos se pusieron de pie y Serena volvió a abrazarlo. Permanecieron así por largo rato, les costaba tener que separarse. Él la apretaba con fuerza contra su cuerpo, sentirla tan cerca lo reconfortaba tanto que no quería soltarla.
Cuando se separaron volvieron a mirarse sonrientes y Serena le regaló un corto pero cálido beso en la mejilla. —Adiós, Darien —y salió del bar.
