Capítulo 13
Spock escuchó atentamente el relato del doctor McCoy, mientras terminaban de vestirse, y le pareció "fascinante". No había ningún klingon como sospecharon al principio, solo la nave que los atacó era klingon, pero usada por los romulanos. Al parecer, klingons y romulanos tenían una alianza, quizás un intercambio de tecnología y armamento, por esta razón, usaban sus naves.
La trampa romulana en la captura del Enterprise, consistían en dos naves ocultas con camuflajes que los siguieron o calcularon su trayectoria, y los capturaron a la salida de warp. Dañados como estaban, tuvieron que rendirse y seguirlos hasta la Estación Espacial K-7 donde aguardaban en el muelle N° 5.
Llegado al punto de la desaparición de los escuadrones de asalto romulanos, miró a su capitán y solo un nombre apareció en sus cabezas:
"Marlena"
Ella estaba usando el Campo Tantalus y protegiendo a la nave.
Los romulanos los habían salvado de las manos de Decker, quien traicionó a los romulanos- o estos se sentían traicionados- al darlos por muertos a ambos en la batalla, cuando en realidad los tenían vivos en sus manos. Prefirieron no contar esa terrible experiencia e interrumpir al doctor, así que callaron sospechando que, de todas formas, McCoy lo sabía. También el doctor contó; sobre el daño de la nave y la decisión de bajar de ella cuando les dijeron que estaban vivos; el sentir de la tripulación creyéndolos muertos; las averías de la Constelación hecha por el Dante, la cual fue tomada por los romulanos, y el destino de aquella tripulación; Informó, además, sobre el estado de la Enterprise y otros reportes menores.
Sin embargo, lo más perturbador e incoherente del relato del doctor vino después, cuando habló del romulano Decius. McCoy estaba nervioso al extremo hasta le pareció asustado a Spock. El asunto de la "mentira" y de las "mascotas" no estaba muy claro. Sabiendo que él no mentía, lo único que quedaba era que Jim era el mentiroso, pero en qué cosa mintió.
Adivinando esto el doctor se le adelantó en las conjeturas.
-Y bien Jim, ¿cuál es la mentira ahora?- McCoy lo miró con ojos amenazadores.
-¿Pero cuál mentira, no entiendo?- dijo con inocencia Jim.
-No te hagas el inocente conmigo, pues no te creo, ¡dijiste una mentira, estoy segurísimo!- lo señaló con el dedo.
-Sí, ¡pero cuándo!- Jim encogió los hombros con las palmas de las manos hacia arriba.
-¡Ves, ves, la dijiste, la dijiste!- lo acusó el doctor al punto del histerismo.
Spock veía como Jim, en la misma posición de antes, movía la cabeza en forma negativa y las manos de arriba hacia abajo en señal de no saber qué pasaba.
-Caballeros- decidió intervenir- creo que la cuestión al respecto se centra en el mensaje enviado al Cuadrante Alfa. Por el relato del doctor, es de suponer que el romulano Decius está al tanto de ese mensaje y debe ser en ese mensaje donde el romulano piensa hay una mentira.
La cara de Jim lo dijo todo y McCoy volvió a la carga.
-¡Maldito mocoso del demonio!- le gritoneó.
-Pero Huesos, no fue una mentira- se defendió Jim.
-¿Y qué fue entonces?- preguntó con rabia.
-Fue, pues, digamos… una exageración.
-¡Eso es igual a mentir!- le gritó en la cara y Jim cerró los ojos.
-Técnicamente, no lo es doctor. Una mentira es una expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa, en cambio, una exageración, es encarecer, dar proporciones excesivas- salió en su defensa.
-¿Ves? Exactamente, es como Spock lo dice- sonrió Jim.
-¡Si traspasa los límites de la verdad es mentira!, ¡mentira!, ¡mentira!, ¡mentiraaaa!- se agarró la cabeza con ambas manos y se sentó en un cómodo sillón con cansancio- no quiero saber cuál es la mentira, no quiero ser una mascota, prefiero las Minas de Remo… no debí… - suspiró deprimido.
-Huesos…- dijo acercándose.
-No te me acerques Jim, ¿oíste?, no quiero saber de nada, ¡nada!- lo detuvo con su mano.
Spock no sabía el porqué el doctor, estaba horrorizado con la idea de ser una mascota al punto de preferir las Minas de Remo consideradas un infierno, no era lógico. Según lo entendido por los humanos, una mascota era un animal de compañía, generalmente, un perro o un gato al cual las personas cuidaban, lo sacaban a pasear, le daban techo, comida y de vez en cuando, lo acariciaban en la cabeza. Quizás el hecho de sacarlo a pasear no le gustara al doctor, porque debería usar una correa y eso es bastante vergonzoso. Entonces, lógicamente, debía ser la humillación lo terrible de ser una mascota. Se imaginó a Jim, siendo su mascota, con un collar en el cuello y una correa, sentado, diciendo "guau, guau". La imagen le pareció ridícula, pero muy sugerente y no parecía peor que…
-Spock- la voz lo sacó de sus pensamientos- te equivocas, no es ese tipo de mascotas- le sonrió con diversión y ternura Jim- no solo nos acariciarán la cabeza.
Al escuchar esto, alzó una ceja.
-¿Entonces?, ¿A cuál tipo de mascotas nos referimos?- preguntó con su acostumbrado interés científico.
-¡Si respondes a eso Jim, juro que te golpeo!- lo amenazó McCoy.
-Está bien, está bien Huesos, no te sulfures- dijo con sus manos a la defensiva- Mira, tengo una solución- McCoy lo miró con cansancio- no habrá mentira si ampliamos el rango del Campo Tantalus y hacemos que efectivamente, pueda evaporizar a los enemigos de fuera de la nave.
-¿Campo Tantalus?- preguntó extrañado McCoy.
Vio como Jim le explicaba en pocas palabras sobre la máquina, sus limitaciones y exageraciones al momento de amenazar al almirante Komack. También, como la responsable de cuidar la nave por ahora a manos de Marlena. Alabaron a la chica y el doctor se mostró más relajado con la brillante idea de su capitán.
-No podemos darle el Campo Tantalus a los romulanos- Spock desinfló el ánimo optimista- si se lo damos pueden usarlo contra nosotros mismos y no ganaremos nada con ello.
-¡Claro que sí!, ¡no seremos mascotas!- dijo con angustia el doctor.
-No le entiendo doctor McCoy.
-Arrrrrrggg, bueno ya, explícale rápidamente a este "ET" lo que es una mascota, ¡pero que yo no escuche!- le gritó a Jim, luego se fue al extremo más alejado de la habitación, la cual era bastante grande y ahí se quedó con los oídos tapados con sus manos, tarareando una canción para no escuchar nada.
Jim no alcanzó a decirle al doctor que no era necesario que se cubriera los oídos, porque se lo diría al nivel del pensamiento. Así lo hizo.
-Interesante…- fue la respuesta de Spock, quien tomó su barbilla y comprendió por qué la imagen anterior de Jim con correa era tan sugerente.
También comprendió el punto del doctor y cuando Jim trajo de vuelva al médico a la reunión, Spock decidió dejarlo en claro:
-Según las circunstancias como se han presentado, he de estar de acuerdo con el doctor McCoy y prefiero morir antes de ser la mascota del romulano Decius- dijo con determinación.
McCoy se tapó la boca para que el grito no saliera, cerró los ojos y asintió.
-¡Oigan!, ¡ya basta de tragedias!, ¡sean más optimistas!- retó el capitán- ¡nadie va a morir aquí!, ¡es una orden!- dijo con su voz de mando- vamos a pensar entre los tres una solución a este problema, ¿oyeron?, ya estoy cansado de tener que lidiar con la muerte. Hay que darle una patada a la muerte y pensar en positivo ¡Quiero vivir con Spock, maldición! Además- continuó imperativo- no estamos solos en esto. No podemos condenar a la Enterprise, ni a nuestra tripulación.
-Antes lo hubieras hecho- interrumpió el doctor.
-Sí, pero ahora…
-… No puede…- concluyó la frase Spock.
Jim le dio una radiante sonrisa llena de amor que lo inundó por completo
-En lo que a mí respecta, no hay opción, caballeros- finalizó Jim.
-Afirmativo, no la hay- aceptó Spock.
-¡Voy a llorar!- exclamó McCoy, cubriéndose la cara con ambas manos. Después las retiró enseguida y cambió a una actitud seria- Está bien, apoyo la moción, pero es mejor que tengamos un plan bien elaborado. Ese tal Decius- tembló al decir su nombre- es muy inteligente y perspicaz, nos atrapará en el acto, sino jugamos bien el juego.
-En serio te impresionó ese tal Decius, ¿tan mal está?- dijo Jim.
-¡No me impresionó, me intimidó! No está mal, es más atractivo que ustedes dos, pero tiene un aire brrrrrr- se abrazó- su aura, maldita sea, es como un dios que luego te ataca como un demonio. Ya lo verán ustedes mismos cuando estén cerca de él. Lo que es yo, desearía no verlo nunca más en mi vida.
-¿Un Dios Demonio?- Spock se quedó pensando.
-¿Más atractivo que nosotros dos?- Jim lo miró divertido.
-¡Oigan!, ¡Ya les dije que el tipo es de temer!, ¡Después no me digan que no se los dije!- los apuntó con su dedo.
Efectivamente, cuando los llamaron ante la presencia del "Dios Demonio", quedó claro por lo menos para Spock, que el doctor, fuera de todo cálculo, no estaba exagerando.
Los llevaron esposados con grilletes pesados, que apenas les permitía mover las manos de su posición caída hacia delante. El doctor McCoy parecía a punto de sufrir un ataque cardíaco, puesto que el supuesto plan elaborado, no fue posible a causa del tiempo, porque en el momento de comenzar a elaborarlo, aparecieron los guardias y los arrastraron ante su señor.
Decius sentado en una especie de trono, rodeado de romulanos que alababan y ensalzaban su nombre, al más puro estilo imperial, realmente debió parecer un dios antes los ojos del buen doctor, pero en realidad solo era un tipo importante. La cuestión era saber qué tan importante era como para ser empujados a arrodillarse ante sus pies.
-Disculpe señor- dijo Jim mientras hacía una seña con sus dedos para calmar a McCoy, quien estaba arrodillado tirando de sus pantalones para que hiciera lo mismo- yo no me he arrodillado ante nadie, ni siquiera ante el emperador Marcus, ¿por qué he de arrodillarme ante usted?- preguntó con convicción.
-¡Bastardo insolente, arrodíllate ante Su Excelencia o te despedazaré!- lo golpeó un guardia en las piernas por atrás.
Spock observaba de pie junto a Jim, quien estaba al medio de los dos. Vio como Decius levantaba la palma de la mano y con ese gesto fue suficiente para que el guardia se calmara, hiciera una reverencia, y volviera a su puesto como si nada hubiera pasado. Su capitán había hecho un gesto de dolor ante el golpe, flaqueó, pero no se arrodilló. Recordó cuando Jim estuvo fácilmente arrodillado a sus pies, entonces, tampoco era tan exacto lo que dijo su capitán con anterioridad.
A Spock le parecía muy familiar el Dios Demonio como si lo hubiera visto en otro lado y eso lo intrigaba enormemente. El romulano hizo otra señal hacia la derecha de su trono, donde se encontraba alguien que parecía importante. Este dio un paso al frente, después de una inclinación por supuesto a su amo, y anunció:
-Su Excelencia imperial Caesar Gaius Messius Quintus Traianus Decius, comandante de las legiones imperiales de la zona sur y senador del Divino Filipo I. Cónsul y máximo Pretor del Divino Gordiano I. Héroe supremo de Mesia, reconocido por el senado con el atributo imperial de Traianus. Perteneciente a la casa imperial de los Filipos y heredero del Glorioso Imperio Romulano. Divi...- fue detenido por la mano en alto de Decius.
El anunciante hizo una reverencia y con paso atrás, volvió a su puesto.
-¿Quieres arrodillarte ya Jim?, nos lo hubiéramos ahorrado- recriminó McCoy.
Jim miró a Spock y le hizo un gesto con sus ojos, un tanto cómico, de que no había opción, y se arrodillaron los dos al mismo tiempo.
Luego se adelantó desde el lado izquierdo del trono, otro sujeto, este era canoso y corpulento, con aires de autoridad dijo:
-Capitán James T. Kirk y su primer oficial, el vulcano, Spock, de la nave rebelde interestelar USS Enterprise; serán conducidos, inmediatamente, a la Cámara Panonia donde comenzará la prueba impuesta por Su Excelencia, El Gran Traianus Decius, quien les hará el gran honor de presidirla. En cuanto al doctor Leonard McCoy, esperará en los aposentos imperiales la conclusión y sentencia de los resultados.
Spock alzó una ceja y Jim quedó con cara de "exijo una explicación". Sin embargo, el peor fue McCoy, quien de solo escuchar que debería esperar en los "aposentos imperiales" casi se desmaya el pobre.
Fin Capítulo 13
