Hola a todxs! Volví antes de lo prometido… soy tan buena :) En realidad mi desconexión de inet se resolvió antes de lo esperado y pude volver a conectarme a tiempo.

Aquí les traigo un nuevo cap que espero les guste. Y apreciaría que me sigan comentando cómo les va resultando esta nueva historia hasta acá. Si bien recién empieza y falta que muchas cosas pasen, me importa mucho que me tengan al tanto de sus impresiones y sus sentimientos sobre lo que leen.

Bueno, sin más lxs invito a que lean el CINCO en paz! Y por favor no dejen de contarme qué les pareció! Gracias a todxs por seguirme y comentarme! Sigan haciéndolo, todo lo que piensan y comparten conmigo es más que bienvenido!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abracitos! Hasta pronto!

Bell.-


:: Capítulo Cinco ::

Serena caminó hasta su departamento sintiéndose profundamente movilizada por el encuentro que acababa de tener. No podía creer que después de tantos años se hubiera topado de nuevo con Darien, quien hasta entonces no había sido más que un extraño y solitario chico que había conocido accidentalmente en una situación bastante insólita, pero que no había podido dejar de recordarlo.

Llegó al edificio donde vivía y entró. Una vez en su departamento fue a la cocina y revisó la nevera y las alacenas para ver qué podría cocinar, ya que esperaba visitas para cenar. No tenía muchas opciones, y optó por arreglárselas con lo que había. No tenía ganas de volver a salir a comprar algo más, y decidió que spaghetti para dos era más que suficiente.

Fue hasta el baño, se lavó la cara y permaneció largo rato mirando el reflejo de su rostro en el espejo. No pudo evitar soltar un melancólico suspiro al volver a recordar a Darien. —¿Qué me está pasando? —se preguntaba a sí misma.

Podía reconocer que la inquietante sensación que tuvo al verlo la primera vez ahora se le había impuesto con mucha más intensidad al volver a encontrarlo. Al abrazarlo, al perderse en sus ojos, su sonrisa, su triste expresión, sus palabras. Pero se sentía muy confundida.

No quiso pensar más, por lo menos por lo que quedaba del día. Debía disponerse a preparar la comida y esperar a su visita con el mejor semblante posible. Ensayó una exagerada sonrisa en el espejo y luego se rió de sí misma.

Regresó a la cocina y empezó a preparar la cena.

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Por su parte Darien también se sentía muy movilizado. Se quedó un rato más en el café después de que Serena se fue y con la mirada perdida hacia la calle, su cabeza le andaba a mil revoluciones por segundo. Sus recuerdos y su reciente reencuentro con ella lo hacían sentir una emoción tan cálida y fuerte que le colmaba todo su ser, jamás en su vida le había pasado algo parecido. No era consciente de que una enorme sonrisa no se le borraba del rostro y que suspiraba emocionado a cada instante. Como se lo había dicho momentos antes, definitivamente encontrarla había sido algo bueno.

Miró el papel donde Serena anotó su número y leyó: "No vuelvas a olvidar a tu ángel de la guarda… :)". Rió contento y volvió a suspirar. Se juró a sí mismo que a partir de ese día iba a hacer hasta lo imposible por recomponer su vida y acercarse a Serena para compartir con ella lo mejor de sí.

Pagó los cafés y se dispuso a regresar al video de Andrew.

Cuando entró al negocio su amigo ya había terminado de ver la película y estaba atendiendo a una clienta. Darien se sentó junto al mostrador para esperar a que se desocupara y cuando la mujer se fue Andrew lo miró con una clara expresión de curiosidad. —¿Dónde estabas? ¿Por qué saliste corriendo de esa forma? —Darien no dejaba de sonreír—. ¿Acaso fuiste a buscar a Serena?

—Sí —respondió Darien—, y la encontré.

—Vaya, amigo —agregó Andrew—. Me sorprende verte así por una chica, jamás había visto esa expresión antes —Darien agrandaba su sonrisa—. Pero lamentablemente tendré que decirte algo que no te va a gustar mucho —el rostro de Darien se endureció de repente—. Serena tiene novio —y Darien sintió de nuevo la angustia punzante en su pecho, la misma que tuvo cuando Serena recibió esa llamada en el café—. Lo siento, amigo, no tendrás suerte esta vez —y Andrew se sentó frente a la computadora para revisar unos datos.

—No me importa —dijo Darien levantándose de su asiento, Andrew lo observaba con sorpresa—. Me acercaré a ella de cualquier manera, porque debo estar con ella, porque la necesito conmigo, no me cabe la menor duda —dijo con determinación y volvió a irse dejando otra vez a su amigo confundido.

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Serena estaba concentrada en los preparativos de la cena y tarareaba una canción que sonaba en la radio que momentos antes había encendido. Y cuando escuchó que tocaban a la puerta, fue a atender.

Al abrir se encontró con una bonita flor y rió enternecida. —Hola, bombón —dijo Seiya sonriente al entregarle el regalo a su novia y se acercó para darle un dulce beso en los labios.

—Gracias —dijo ella—, está muy linda —y lo dejó pasar.

Serena y Seiya se habían conocido en la universidad y estaban juntos hacía dos años. Llevaban una relación bastante informal, él era un chico muy liberal y descontracturado, y si bien la amaba profundamente no era muy amigo de los compromisos serios. Pero igualmente siempre se mostraba muy respetuoso y atento con ella. —Qué bien huele —dijo entusiasmado y fue hasta la cocina para curiosear.

Serena lo siguió y acomodó la flor en un vaso con agua. —¡No! —exclamó enojada al ver que Seiya metía una cuchara en la salsa que estaba preparando—. No toques nada, aún no he terminado.

Él no le hizo el menor caso y probó la salsa. —Mmm, esto está muy bueno, bombón —Serena le quitó la cuchara y lo empujó para volver a ocuparse de la comida, Seiya rió—. Eres demasiado metódica, Serena —dijo mientras sacaba una botella de vino de su mochila—. Mira lo que traje —agregó con una pícara sonrisa—. Esta noche tenemos que celebrar.

Ella lo miró confundida. —¿Por qué? ¿Qué pasó? —preguntó curiosa.

—Hoy me dieron una excelente noticia —respondió él.

—¿Cuál? —Serena comenzaba a impacientarse.

—¿Quieres saber? —Seiya sonreía con picardía para generar suspenso.

—¡Ay, Seiya, no te hagas el misterioso y dime de una vez! —exclamó ella más impaciente.

—¡Aprobaron la beca! —soltó él al fin.

—¿La del equipo de investigación?

—¡Sí! Y la usaremos para viajar a París y presentar nuestro proyecto en un congreso. ¿No es genial?

—¡Es muy bueno, Seiya! —Serena lo abrazó efusiva—. ¡Te felicito!

—Gracias, bombón. Pero eso no es todo —agregó.

—¿Ah, no? ¿Hay más? —preguntó mirándolo de frente sin soltar el abrazo.

—Sí —respondió él mientras le daba cortos besos en los labios—. Quiero que vengas conmigo —dijo con una gran sonrisa.

—¿Yo? —preguntó Serena sorprendida.

—Sí —decía él entre beso y beso—, tú.

—Pero a mí no me interesa la investigación, además no tengo dinero suficiente y tengo que terminar mi práctica y…

—Tendrás tiempo para organizarte con todo —la interrumpió Seiya—. No te preocupes, el viaje será recién dentro de un mes. Y quiero que vengas conmigo, que aprovechemos la ocasión para hacer algo lindo juntos. Pasearemos por las calles de París tomados de las manos, como en una película francesa y será algo muy romántico, ¿no crees? A ti te gusta el romance.

—Sí, pero tengo el novio más anti-romance que existe en el mundo —bromeó ella.

—Por eso mismo —dijo él riendo—, es una excelente oportunidad. Podría llegar a sorprenderte —ella lo miró con incredulidad—. Bueno, no me respondas ahora. Tómate el tiempo que necesites para meditarlo.

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Darien regresó a su departamento lleno de energía. Al contrario de lo que él mismo hubiera esperado, la noticia que le dio Andrew sobre Serena no lo deprimió ni un poco, sino que le sirvió para confirmar que estaba dispuesto a luchar por ella y hacer lo que fuera para demostrarle su interés. Se sentía revitalizado, entusiasmado, con profundos deseos de cambiar y mejorar su vida, y eso haría a partir de ahora.

Cuando entró a su casa y vio el habitual desorden en el que vivía, decidió que sería conveniente como primer paso empezar a ocuparse de eso. Abrió de par en par las ventanas y el balcón para dejar entrar la fresca brisa del anochecer, encendió el equipo de música y se dispuso a ordenar.

Juntó la basura en bolsas, acomodó y limpió la biblioteca, la cocina, su habitación. Guardó ropa y sábanas sucias en una maleta para después llevarlas a la lavandería, y revisó los armarios y las alacenas para hacer una lista de las cosas que necesitaría comprar, ya que estaba bastante desabastecido.

Mientras se ocupaba de eso, encontró escondidas un par de botellas de vodka en el fondo de una alacena y al verlas permaneció estático por unos instantes. No recordaba desde cuándo estarían ahí, pero sabía muy bien que no por nada las habría escondido. Cada vez que intentaba dejar definitivamente de beber hacía lo mismo, compraba algunas botellas y las guardaba para tenerlas a mano cuando tuviera una recaída, sabiendo que no se tenía la suficiente confianza para mantenerse sobrio por mucho tiempo.

Recordaba con pesar sus incontables y compulsivas reincidencias y sintió pena de sí mismo. Suspiró largamente, tomó las botellas y las arrojó en una de las bolsas de basura que tenía cerca. Antes de arrepentirse, bajó apurado a la calle con todas las bolsas y las botó en un contenedor. —Esta vez lo voy a conseguir —dijo con convicción y volvió a entrar sin mirar atrás.

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Serena y Seiya ya habían terminado de cenar y estaban sentados en el sofá bebiendo el vino y conversando distendidamente. En realidad el que hablaba era Seiya, relataba divertido una anécdota de su trabajo y Serena no le prestaba mucha atención.

—Bombón —él la llamó al darse cuenta de que no lo escuchaba—. Bombón, ¿te encuentras bien?

Ella tenía la mirada clavada en su copa y en su rostro era evidente una expresión de preocupación. —¿Qué? —dijo como si acabara de despertar y lo miró esbozando una fingida sonrisa.

—¿Qué te pasa? —preguntó él confundido—. Has tenido esa cara toda la noche, ¿te sientes bien?

—Estoy bien —intentó disimular ella—. Sólo un poco cansada, eso es todo —dejó la copa sobre la mesita—. Además el vino siempre me da un poco de sueño —dijo riendo.

—Vamos, Serena. No me mientas, algo te pasa —insistió Seiya.

Serena soltó un pesado suspiro. —No es nada, no te preocupes.

Él tomó su rostro con dulzura para encontrarse con su mirada. —Dime, bombón, dime lo que te pasa —le dijo con una cálida sonrisa—. ¿Sucedió algo en tu trabajo? ¿En el hospital? Cuéntame, por favor.

Ella esquivó su mirada y decidió no contarle el verdadero motivo de su preocupación. —No, no es eso. Pasa que estoy un poco desilusionada con lo del ciclo de cine —no estaba mintiendo, ese asunto también la tenía molesta. Era un reciente proyecto que le había propuesto a sus compañeros de la universidad para promover contenidos sobre derechos humanos y otros temas en los que consistían sus trabajos finales.

Serena siempre se entusiasmaba muchísimo por emprender iniciativas de este tipo, le apasionaba su carrera y le encantaba experimentar distintas formas de difundir lo que le gustaba, pero no siempre conseguía que sus amigos se sumaran como ella esperaba. —He estado viendo cientos de películas —continuó—, recorriendo lugares y hablando con mucha gente para conseguir un espacio. Realmente he estado trabajando duro en este último tiempo, en verdad me interesa mucho poder concretar esto, pero los chicos no me hacen ni el menor caso. Están todos estudiando para los últimos exámenes y casi no tienen tiempo para esto. Me da mucha lástima, hubiera sido lindo formar un buen trabajo en equipo.

—Comprendo —dijo Seiya tras una pausa—, pero no creo que esté todo perdido. Quizás puedas hacerlo más adelante, cuando pasen las fechas de los exámenes —intentó animarla—. Creo que todo lo que vienes haciendo no será en vano, sino que te va a servir lo mismo para cuando los chicos tengan más tiempo.

—Sí, puede ser —siguió Serena—. Aunque también me hubiera gustado que tú me ayudaras —lo miró afligida, no le gustaba tener que reprocharle su desinterés—. Te pedí muchas veces que miraras las películas conmigo, que me dieras alguna opinión o sugerencia y que…

—Serena —la interrumpió molesto—, ya te expliqué un montón de veces que ahora no tengo tiempo para esas cosas. Estoy muy ocupado con mis obligaciones, con la tesis, de eso depende que me gradúe y quiero hacerlo bien. No puedo perder el tiempo con películas y saliditas culturales, sabes muy bien que esas cosas no me interesan.

Serena bajó la mirada con decepción. —Lo sé, no hace falta que seas tan duro para decirme que no te importa —comenzaba a enojarse. Una de las cosas que más valoraba de Seiya era su facilidad para expresar lo que pensaba con franqueza, pero a veces le resultaba bastante irritante y desconsiderado para decirle las cosas.

—Eso no es verdad, no es que no me importe, pero son tus cosas, tus gustos, y yo no tengo el mismo interés que tú en esos asuntos —ella no lo miraba—. Así como a ti tampoco te interesa mi pasión por la investigación, es exactamente lo mismo. Pero a mí no me molesta, no entiendo por qué a ti te enoja tanto.

Serena volvió a suspirar y cuando intentó hablar de nuevo el sonido de su celular que estaba en la mesita la interrumpió. Lo tomó de mala gana y cuando leyó el mensaje su expresión cambió repentinamente, no pudo disimular la sorpresa y la alegría que sintió al leer: "Hola, Serena, soy Darien. Este es mi número". Y enseguida entró otro mensaje: "Quería decirte que hoy fue un día simplemente perfecto para mí. Encontré por fin a mi dulce ángel, no puedo sentirme mejor".

Serena no pudo evitar sonreír ante el inesperado mensaje de Darien. Seiya la miró extrañado. —¿Quién es? —le preguntó curioso. Ella se sintió algo nerviosa y se puso de pie para ir a la mesa y recoger las cosas de la cena—. ¿Quién te escribió, Serena? —insistió Seiya.

—Eh… —ella no sabía qué responder—. Era Mina —dijo lo primero que se le ocurrió inventar—. Contándome un chisme del negocio —Mina era su compañera de trabajo, ambas se encargaban de atender una librería cerca de la universidad—. Comentándome sobre un cliente que le coquetea —rió más nerviosa mientras juntaba los platos—. Tonterías de ella.

Seiya no le dio mucha importancia a lo que le contaba y se acercó a ella para abrazarla por detrás. —¿Y a ti también te coquetean los clientes? —dijo seductor mientras comenzaba a besar su cuello.

Serena se sintió aún más incómoda y se separó de él. —No —respondió cortante y se dirigió a la cocina para llevar las cosas.

Él la siguió y la observaba desde la puerta. —¿Estás enojada?

—No, Seiya, estoy cansada, ya te lo dije —no lo miraba.

Él volvió a acercarse y tomó su rostro con delicadeza para que lo mire. —No te enojes, bombón —le dijo preocupado—. No me gusta verte así.

Serena suspiró un poco más tranquila. —No estoy molesta. En verdad estoy muy cansada, hoy fue un día muy pesado —esbozó una leve y fingida sonrisa. Él intentó besarla en los labios pero ella no lo dejó—. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Te quedarás? —y siguió ordenando.

—¿Cómo? —Seiya la miró confundido—. ¿Me estás preguntando si me quedaré a dormir contigo?

—Sí, ¿te quedarás o te irás a tu casa?

Seiya comenzó a molestarse de nuevo. —Estás muy rara, Serena, nunca me preguntas eso. ¿Acaso no quieres que me quede?

—Sí —Serena se dio cuenta de que claramente lo estaba evitando sin poder disimularlo—, claro que te puedes quedar pero… bueno… es que… Ya tengo mucho sueño y no quiero acostarme tarde y… Y si no te quedas podemos tomar un té o algo antes de que te vayas, pero no por mucho rato. Mañana tengo que levantarme muy temprano y además… —cada vez se enredaba más con sus explicaciones.

—En verdad estás muy extraña, Serena —dijo Seiya enojado y volvió a la sala para buscar sus cosas—. Si estás molesta conmigo o lo que sea que te pasa, no me lo estás diciendo. Y obviamente quieres que me vaya, así que mejor me marcho —empezó a caminar hacia la puerta.

Serena lo alcanzó. —No, Seiya, espera —se sentía culpable por la forma en que lo estaba tratando—. Lo siento, no te vayas —lo tomó de la mano para detenerlo—. En verdad lo siento —y se acercó a él para abrazarlo—. Lo que me pasa no tiene nada que ver contigo, perdóname.

Él suspiró más tranquilo y se separó un poco para mirarla de frente. —¿Y qué es lo que te pasa entonces?

—No quiero hablar de eso ahora —volvió a abrazarlo—. Por favor, discúlpame, ¿sí?

Seiya suspiró resignado y volvió a tomarla del rostro para mirarla. —Está bien —le regaló una sonrisa—. Vamos a dormir, yo también estoy muerto de sueño —y ella asintió sonriente.

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Por su parte Darien también decidió ir a dormir temprano, al otro día tenía que volver a la oficina como le había prometido a su profesor y retomar sus obligaciones.

Cenó algo ligero, se dio una ducha y se acostó. La limpieza y el orden de su casa le habían llevado mucho tiempo y trabajo, pero el resultado era impecable. Por primera vez en mucho tiempo tenía su departamento en tan buenas condiciones.

Momentos antes de comer, le había enviado el mensaje de texto a Serena. Se sentía tan pleno y feliz que no pudo contenerse las ganas de compartirlo con ella. Pero le afligía que no le respondiera. Temía que le hubiera dado mal su número o que simplemente no estuviera interesada en escribirle. Revisó el teléfono infinidad de veces. Y cuando al fin se hizo a la idea de que no recibiría nada, decidió no preocuparse más y disponerse a descansar.

Cuando ya estaba casi dormido el sonido de su celular, que lo tenía en la mesita de noche, lo despertó de repente. Era Serena respondiendo su mensaje al fin. Sintió que su corazón se le saldría del pecho por la inmensa emoción que lo invadió y leyó con impaciencia: "Hola Darien, ya te agendé. Para mí también fue un bonito día. No sabes cuánto me alegra haberte encontrado de nuevo. Ojalá volvamos a vernos pronto… Besos!".

Se alivió tanto al recibir esa respuesta, que cualquier resto de ansiedad que había sentido durante todo el día desapareció de repente dándole lugar a una placentera paz y tranquilidad. Suspiró otra vez, más convencido que nunca de que ella era quien lo ayudaría a salir adelante con su vida y que estaba decidido a intentarlo.