Capítulo 14
Realmente, nadie entendía lo que estaba pasando ahí o lo que tramaba ese romulano con aires de divinidad demoníaca, salvo, claro está, McCoy. El infeliz doctor ya se estaba imaginando en la cama imperial, rodeado de aparatos sexuales, que serían usados en su cuerpo para satisfacer los bajos instintos de ese sujeto. Era para no creerlo, de hecho, no lo creía del todo, es decir, no creía ser deseable de esa forma y estaba muy viejo para esos trotes, pero el romulano no estaba bromeando. Algo quería, pero qué cosa en realidad.
-¿Podría expli...?- Jim fue silenciado por la mano en stop del anunciante.
El anunciante miró a Su Excelencia, inclinó su cabeza y recibió en respuesta otra inclinación por parte de Decius. Entonces, el anunciante comenzó a hacer gestos con las manos a todos los presentes para que se retiraran del salón, siendo él, quien salió último con una reverencia hacia su amo, dejándolos solos a los cuatro.
-Pueden levantarse- les dijo Decius con voy profunda y alzando la mano como si con ese acto los ayudara a pararse- lamento el protocolo, pero no puedo hacer nada al respecto.
Se levantaron con sospecha y Jim ayudó a Huesos a ponerse en pie.
-No hay problema, comprendemos el asunto del protocolo. Lo que no comprendemos es el asunto de la prueba, ¿podría...?- Jim recibió un codazo, entones calló y quedó mirando a su amigo.
McCoy estaba decidido, y miraba con firmeza a Decius sin quitarle la vista de encima. Jim se preguntó dónde quedó el miedo del doctor hacia ese hombre, porque ahora estaba muy completo de sí mismo. Para mayor sorpresa, fue el médico quien empezó a hablar.
-Díganos de una buena vez, qué es lo que trama y déjese de rodeos. Explique bien eso de la prueba, y no nos deje intrigados como lo hizo en la enfermería- exigió impaciente.
Decius comenzó a reír de buena gana y de forma tan elegante como su risa, se levantó de su trono, dejando en evidencia el porte del que era bendecido.
-Mi querido doctor McCoy, Leonard, ¿Le puedo decir Leonard?- preguntó mientras se acercaba con la misma elegancia hacia sus cautivos.
-No, no puede- respondió agresivo.
-Está siendo grosero, doctor- dijo Spock.
-¡Grosero!, ¡un rábano!- le alzó la voz al primer oficial.
-Ya, ya, ya...- dice Jim, tratando de calmar los ánimos con sus manos- tranquilos- los mira a los dos, quiénes también se miran en ambos extremos.
-No me quedaré tranquilo, Jim- dijo Huesos.
-Sí, ya sé, ya sé- le respondió.
Volvieron a escuchar la risa melodiosa, pero cuando voltearon, se dieron cuenta que Decius estaba muy cerca de ellos, tanto así, que retrocedieron un paso casi al mismo tiempo.
-Creo que el doctor tiene razón, lamento ser tan poco directo, me he convertido en un político, siendo un guerrero- dijo con tranquilidad- trataré de explicarme lo mejor que pueda, aunque será un poco difícil, quizás el señor Spock logre entender.
-No somos tan tontos- dijo el médico ya enojado.
-No, perdón, no me refería a eso señor McCoy- hizo tan énfasis en su nombre y lo miró tan fijo, que este enrojeció- lo digo por las diferencias culturales, me refiero al contexto- ¿logra usted comprenderme?- lo miró con afabilidad.
-¡Oh!, ¡claro! si de eso se trata- se tranquilizó de improviso el aludido.
Jim estaba sorprendido de ver a su amigo cómo reaccionaba ante ese sujeto.
-¿Usted también me comprende capitán Kirk?- lo miró fijo, tan cerca y tan rápido que lo desconcertó.
-Sí, claro, claro, lo comprendo- fue lo primero que se le ocurrió decir a Jim.
-¡Qué bien!- junto las manos de un golpe como si estuviera orando y se deslizó hasta el vulcano- señor Spock usted sabrá nuestros orígenes compartidos.
-Afirmativo, los antepasados vulcanos que rechazaron la filosofía de Surak fundaron Rómulo y Remo.
-¡Exacto!- dijo Decius con alegría y muy entusiasmado- antes del Tiempo del Despertar…, disculpen otra vez, diremos antes y después de Surak para no confundirlos- vio a Kirk y al doctor, quienes lo miraban con mucha atención, tratando de seguir el relato- Antes de Surak, tanto los vulcanos como nosotros los romulanos tenemos las mismas creencias e historia, la misma cultura- miró a los dos humanos, quienes asintieron con la cabeza- eso nos convierten en hermanos lejanos, por lo menos así lo vemos nosotros los romulanos. Nosotros apreciamos a los vulcanos- se acercó a Spock y deslizó su mirada por aquel rostro- tenemos las mismas raíces, de ahí nuestro interés especial en ellos- luego se puso serio, borrando toda muestra de emoción en su rostro- He oído hablar de la integridad vulcana y de su honor personal. Son incapaces de mentir y les creo, pero usted es diferente, porque...- ahora lo miró amenazadoramente-... si todos fueran iguales a usted, los vulcanos no gozarían de esa fama.
-¿Insinúa que Spock es un mentiroso?- preguntó Jim.
Silencio muy incómodo.
-Los vulcanos no mienten y yo soy vulcano- dijo Spock con firmeza.
-¿En serio?- le tomó la barbilla de forma suave al vulcano.
Spock instintivamente alzó el rostro hasta toparse con los hermosos ojos negros del romulano. El aire familiar lo intrigaba, pero pudo comprobar que no lo conocía, quizás era una ilusión dada por la forma de expresarse cuando estaba serio o por el gran parecido en su comportamiento a los vulcanos. Calculó las altas probabilidades de que fuera un descendiente directo, los rasgos lo decían, y con este pensamiento en su cabeza, no pudo apartar su vista de él o alejarse de ese contacto.
El rostro de Jim se desfiguró, porque no podía soportar que tocaran a su vulcano. Estaba a punto de explotar y revelarlo todo:
-¡ÉL...!
-¡Y DE QUÉ DEMONIOS SE SUPONE MINTIÓ, NO HA DICHO NADA TODAVÍA, MALDITO ROMULANO DEL INFIERNO!- gritó furioso Huesos, interrumpiendo a Jim.
Todos miraron asombrados al iracundo y Decius retiró su mano de Spock, casi sin darse cuenta, para mirar a McCoy. El romulano avanzó unos pasos hacia este y el ambiente cambió a uno positivo.
-Vaya, doctor, usted a cada momento me gusta más- le sonrió con sinceridad- si sigue actuando así, pronto se convertirá en mi mascota favorita- vio como el aludido daba un respingo.
Era la oportunidad, Decius estaba en medio de Jim y Spock. Sin previo aviso los dos se abalanzaron sobre el romulano para golpearlo como pudieran y tomarlo de rehén. De esta manera, podrían huir de la nave, pero apenas lo tocaron, un campo de fuerza los repelió, tirándolos lejos de él y empezaron a revolcarse con dolores intensos que no cesaban.
Trataban de controlarse, pero no podían y gritaban. Spock sentía el doble de la intensidad a través del vínculo. Era fácil controlar su propio dolor, pero el de Jim era otra cosa, requería doble esfuerzo y no había entrenado para eso; peor resultaba por su mezcla de sangre, porque ya hacía mucho esfuerzo en sí mismo. Mucho más que cualquier vulcano ordinario requiriera.
-¡Basta, por favor, basta, los está matando!- grita McCoy a Decius. Trata de alzar las manos, pero no puede- ¡Basta, déjelos!
-Si me da un beso, lo haré- le respondió con tono y expresión al más puro estilo vulcaniano, aunque las palabras no concordaban con ese estilo.
McCoy lo miró con horror, pero más horror le dio, el ver a sus amigos revolcándose y gritando como si se estuvieran muriendo. Volvió la vista hacia el romulano y cerró fuertemente los ojos.
-¡Haga lo que quiera, pero rápido, rápido!- y se preparó para lo inevitable.
Sin embargo, no sintió ningún contacto, al contrario de esto, escuchó la voz fuerte, profunda y autoritaria de Decius que dijo:
-Señores, dejen de moverse. Entre más se muevan más dolor tendrán.
McCoy abrió los ojos y vio como Decius se dirigía en dirección a ellos, quienes inmediatamente, dejaron de moverse y los dolores se calmaron de improviso.
-Pueden levantarse si quieren. No volverán a sufrir, sino vuelven a atacarme. Es un dispositivo de defensa, no me gusta usarlo, pero no tengo opción- dijo Decius con elegancia alzando la mano de la misma forma como lo hizo cuando estaban arrodillados y se levantaron ante su presencia.
Los dos comenzaron a levantarse con lentitud, dado la agitación por la cual pasaron. Tomaron aire y se restablecieron juntos.
Decius habló de forma tal, que realmente parecía un vulcano de raza pura:
-Dada la forma de gritar del señor Spock y de sus emociones exageradas para los vulcanos, es de suponer el hecho de una conexión mental entre ustedes. Esto, de ninguna manera supone que el capitán James T. Kirk sea su T'hy'la como quisieron hacer creer- puntualizó- El llamado T'hy'la, no existe. Es un ser mitológico de la era antes de Surak. Ni vulcanos, ni romulanos han tenido uno de esos, solo en sueños y fantasías mitológicas. Es como decir que la Piedra de Gol existió o que el Planeta Edén existe.
Spock comprendió por fin, para donde iba el romulano. Jim todavía estaba un poco atontado por lo anterior, pero le sorprendió escuchar la palabra "T'hy'la" en labios que no fueran de su vulcano. En cuanto al doctor McCoy, trataba con desesperación atar cabos sueltos sin lograrlo del todo y comprendió que Decius tenía razón al decir, que no entendería.
-Pero sí existe y Jim es prueba de ello- dijo Spock defendiendo su postura.
-Eso tendrán que probarlo- anunció con un odio exaltado- No permitiré que un mestizo de sangre impura a la raza de los vulcanos y un humano que ni siquiera es de la raza, vengan a ilusionar a mi pueblo con patrañas mal infundadas.
-No, no probaremos nada, es cierto y punto- dijo Jim con aires de ofendido.
-Es imposible- dijo Decius con cara de vulcano- ¿creen que algo que los propios vulcanos no han tenido en siglos, que lo convirtieron en mito, van a creerlo?
-¿En siglos?- repitió Jim sorprendido, mirando a Spock.
Spock bajó la vista y a Jim le saltó el corazón de pánico. Spock cerró los ojos, sintiéndose culpable por no decirle, que él tampoco creía en eso hasta que lo experimentó.
-La actitud del señor Spock lo responde todo- concluyó- ¡Guardias!
Aparecieron los guardias vestidos con sus uniformes dorados con la típica manta roja en sus hombros.
-Cumplan el mandato- dijo con simpleza y postura autoritaria.
Apenas dijo esto, los guardias agarraron a un confundido Jim y a un apenado Spock, y se los llevaron fuera.
-¡Espere!- gritó McCoy.
-En cuanto a usted doctor McCoy- el susodicho lo miró asustado- me esperará desnudo en mi cama con las piernas abiertas- le informó sin emociones aparentes.
-¿Qué hará con ellos?- preguntó el doctor con seriedad, pasando por alto lo dicho por el romulano.
-Eso dependerá de usted, si intenta hacer algo, los mataré- siguió con su actitud seria- Llévenselo- ordenó con neutralidad.
Decius juntó las palmas de sus manos sobre su boca como si estuviera rezando, cerró los ojos, luego los abrió y salió de la sala rumbo a la Cámara Panonia.
Fin capítulo 14
