Hola otra vez! Cómo están? Espero que muy bien!
Volví pronto de nuevo! Estoy escribiendo con mucho entusiasmo! Y logrando avanzar mucho más rápido de lo que creía…
Hoy les traigo un nuevo cap, otro que también me gusta mucho. En esta ocasión veremos cómo el acercamiento entre nuestros queridos protagonistas empieza a tener lugar… Espero que le guste!
Hago una aclaración: la frase que dice Darien al comienzo del cap es de una canción de Bob Dylan, "Winterlude".
Y también quiero hacerles una recomendación: Que busquen y escuchen un lindo tema para complementar a la lectura, que si bien no agregué ninguna parte de la letra, me parece que es muy bonita y que encaja bien con distintos momentos del cap. Se trata de "Se fue", una canción de un músico español, Carlos Sadness, y les regalo un pedacito de la letra para que se hagan a la idea de por qué la elegí:
"El día que tú y yo nos miremos, seguramente ya no nos iremos, seremos el punto de encuentro de aquellas miradas que no tienen miedo. Aquellos ojos que un día se perdieron, buscando respuesta en los tuyos, tan negros… Por fin se encendieron y ya no tengo nada de miedo…"
Bueno gente, lxs invito a leer el SEIS y espero que me cuenten qué les pareció. Gracias de nuevo a quienes siguen y comentan día a día mi historia, e insisto a quienes todavía no lo han hecho que se animen a escribirme, todo es bienvenido!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besos y abrazos per tutti! Hasta prontito!
Bell.-
:: Capítulo Seis ::
Pasaron algunos días desde el reencuentro de Serena y Darien. Ambos estuvieron bastante ocupados con sus respectivas obligaciones, pero igualmente se habían mantenido en contacto la mayor parte del tiempo. Se enviaban muchos mensajes, se trataban con mucha soltura y naturalidad y sentían como si se conocieran de siempre.
Quedaron en encontrarse el siguiente viernes por la tarde en el café de un centro comercial. Darien llegó un poco después de lo acordado. Al entrar al lugar pudo reconocer a Serena sentada en una de las mesitas del bar con un libro en las manos y se prometió a sí mismo que a partir de la próxima vez que quedara con ella intentaría incorporar la puntualidad como un nuevo hábito en su vida.
Se sintió plenamente feliz al verla de nuevo y se convenció una vez más de que haría todo lo que estuviera a su alcance para acercarse a ella y demostrarle cuánto le importaba.
Caminó lentamente hacia la mesa sin que ella lo notara y cuando estuvo cerca se aproximó a su oído y le susurró. —"Puedo ver por el ángel que está a mi lado que el amor tiene una razón para brillar".
Serena sintió cómo unas inesperadas e inquietantes cosquillas le recorrieron el cuerpo entero al escucharlo, y que se intensificaron cuando él la besó suavemente en la mejilla. Quedó cautivada por sus palabras y por el contacto de sus labios sobre su piel. Y no pudo reaccionar de forma alguna.
Darien se sentó a su lado. —Hola, Serena —dijo con una alegre y relajada sonrisa—. Perdón por mi retraso.
Ella permaneció atónita por unos segundos sin dejar de mirarlo y él agrandaba su sonrisa al verla sonrojada. —Hola, Darien —pudo al fin soltar palabra después de una pausa—. Descuida, llegué hace un momento —y sonrió con timidez.
—Es que salí más tarde del trabajo y tuve que pasar por mi departamento a dejar unas cosas —se disculpó él—. ¿Cómo estás?
—Bien —respondió ella más tranquila—. Yo en realidad me desocupé temprano y vine antes para leer un rato, aquí es bastante tranquilo a esta hora.
—¿Me invitas un café?
—Claro.
Después de tomar el café y conversar y reír por largo rato, permanecieron un momento en silencio. —Darien —dijo ella con la mirada baja—, hay algo que necesito decirte que me parece importante que sepas —él esperó sin interrumpirla, se imaginaba qué querría decirle—. Y me parece que es lo más correcto si te lo digo personalmente. Mira, yo… Yo en verdad me siento muy bien contigo, encontrarte de nuevo fue algo muy bueno para mí también, pero… —pudo mirarlo a los ojos, pero con una clara expresión de preocupación—. Darien, quiero que sepas que nosotros sólo podemos ser amigos. Porque yo…
—¿Tienes novio? —él se adelantó a lo que diría, Serena lo miró con sorpresa—. Ya lo sabía —dijo con tranquilidad—. No te preocupes, yo también quiero que seamos amigos —y le sonrió con dulzura.
Ella se sintió aliviada por su reacción pero al mismo tiempo un tanto confundida. —Me alegra que lo entiendas —y también sonrió.
Un nuevo y tenso silencio se generó entre ellos, no dejaban de mirarse a los ojos y sonreírse con calma. Aunque acababan de dejar bien en claro que su relación sólo sería en términos de buenos amigos, en el fondo sabían que entre ellos había algo más que una simple amistad. Algo que nació la primera vez que se vieron y que se intensificó al haber logrado reencontrarse después de tanto tiempo.
Darien se animó a romper el silencio. —Serena, ¿querrías hacerme un favor? —ella asintió—. Resulta ser que hace muy poco me ascendieron en mi trabajo, ésta ha sido la primera semana en mi nuevo puesto. Y el pesado de mi jefe me dijo esta mañana que desde el lunes debo ir vestido 'como corresponde' —comentó un tanto molesto—. Es decir, a la altura que el cargo exige, ¿puedes creerlo? —reía—. Me cambian de oficina y me ponen en frente de una computadora, y sólo por eso debo vestir más "elegante".
Ella también reía, por la forma graciosa y burlona en que Darien le describía la situación. —¿Y qué quieres que haga? —preguntó curiosa.
—Quiero que me ayudes a elegir ropa nueva, yo no tengo idea de qué comprar —volvió a reír—. Y creo que la opinión de una mujer sería de gran ayuda, ¿qué dices?
Serena reflexionó un momento. —Está bien —respondió alegre—. Creo que será divertido.
—Definitivamente eres mi salvación, Serena —se pusieron de pie—. Otra vez me rescatas —y los dos volvieron a reír.
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Entraron en la primera tienda de las varias que recorrerían y Serena fue directo a los percheros de las camisas para revisar qué opciones había. Estaba realmente entusiasmada con la tarea que Darien le había asignado. —Veamos, ¿qué tenemos aquí? —él permanecía a su lado esperando que ella eligiera y sonreía contento al verla tan dispuesta a ayudarlo.
—Déjame ver cómo te va este color —dijo Serena al acercarle una camisa celeste—. O quizás ésta —y la cambiaba por una azul marino. Él la observaba fascinado por la minuciosidad y concentración en que comparaba las prendas—. Me gustan las dos —concluyó—. Pero creo que la celeste resalta mejor tus ojos —y lo miró con una sonrisa coqueta.
Él le devolvió la sonrisa cautivado por la forma en que lo miraba. —Pruébate las dos —dijo Serena y volvió al perchero para buscar otras camisas que había elegido—. Y también éstas —le entregó la ropa a Darien y luego se acercó a unos estantes con suéteres y cárdigans. Eligió varios, también se los dio y fue al perchero de los pantalones, donde seleccionó algunos pares.
—¿Todo esto tengo que probarme? —preguntó Darien riendo al ver la cantidad de cosas que Serena le había elegido.
—Sí, jovencito, todo eso —respondió ella con firmeza.
Él suspiró resignado y fue hasta el cambiador para comenzar a probarse la ropa. Y Serena se sentó en un pequeño sillón para esperarlo.
Hasta que Darien apareció con el primer conjunto. —Esto es muy gracioso —dijo riendo—. Me siento como un niño pequeño que salió de compras con su mamá.
Ella lo observaba impresionada por lo guapo que lucía así vestido y se acercó a él para acomodarle el cuello de la camisa- —Te ves… —él se puso serio y le clavó la mirada—. Te ves bien… —y esbozó una tímida sonrisa.
Darien también sonrió al notar cómo otra vez Serena se sonrojaba cuando él la veía de esa forma. —¿Sólo 'bien'? —preguntó seductor.
Serena se puso nerviosa al saberse descubierta, era evidente que había quedado fascinada con lo atractivo que lo encontraba a Darien. Y se ruborizó aún más. —Bueno —se alejó un poco—, déjame verte mejor —y fue peor, al observarlo de arriba abajo con mayor detenimiento confirmó todavía más lo que pensaba—. Te ves… —esta vez no titubeó y también lo miró fijamente a los ojos—. Encantador… —y sonrió.
—Ahora sí me convenciste —dijo él satisfecho y regresó al cambiador.
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Después de recorrer varios negocios y de comprar la ropa y algunos pares de zapatos en otras tiendas, se dispusieron a partir. Mientras caminaban no paraban de platicar y bromear divertidos, pasar tanto tiempo juntos por primera vez les resultaba una experiencia sumamente cómoda y relajada. Disfrutaban tanto de su compañía y se sentían tan a gusto que era como si siempre lo hubieran hecho.
Cuando pasaron cerca de una pequeña juguetería, Darien tomó la mano de Serena y entraron juntos al negocio. —¿Qué haces? —preguntó ella riendo.
Se dirigieron hasta el mostrador. —Sorpresa… —murmuró él con picardía—. Buenas tardes, señorita —le habló a la vendedora—. Quisiera comprar algo que vi en la vidriera.
—Está bien —dijo la mujer—, lo acompañaré así me enseña lo que vio —fueron juntos hasta la vidriera y Serena los seguía con la mirada muerta de curiosidad.
Cuando regresaron Darien traía en las manos un conejito de peluche. —Es un pequeño detalle —le dijo al entregarle el regalo con una dulce sonrisa—, para agradecerte tu asesoramiento de indumentaria —ella también sonreía y lo miraba sorprendida mientras recibía el peluche—. Lo que en cuestión de un par de horas pude resolver con tu ayuda, me hubiera llevado una eternidad si lo hacía solo —dijo riendo.
—¡Gracias! —exclamó ella contenta y lo abrazó efusiva. Él echó a reír de nuevo por su reacción y también la abrazó.
Al separarse Darien se puso serio, pero la miraba con ternura. —Gracias a ti, Serena —volvieron a perderse en sus ojos y otra vez sintieron que todo a su alrededor dejaba de existir. De nuevo descubrían la fuerte conexión que se había generado entre ellos y cada uno podía encontrar en la mirada del otro una calidez y una paz que con nadie más habían sentido.
—Joven… —lo llamaba la vendedora—. Joven —y Darien reaccionó como si acabara de despertar.
—Disculpe —dijo apenado y le pagó. Ambos recogieron las bolsas y los paquetes que habían dejado en el suelo y salieron del negocio.
Volvieron a encaminarse hacia la salida del centro comercial y una vez afuera notaron que comenzaba a anochecer. —Bueno —habló Serena—, ya se está haciendo tarde, debo volver a mi casa —dijo con pena. Lo estaba pasando tan bien que le costaba tener que separarse de él—. En un rato voy a reunirme con mis amigas y tengo que ir a arreglarme.
—Ya está oscureciendo, ¿quieres que te acompañe? —dijo cordialmente Darien.
—No es necesario, estoy a muy pocas calles de aquí —respondió ella—. Además tengo mi bicicleta, con ella llego rápido a todas partes —dijo riendo.
—Insisto, déjame acompañarte. Es lo menos que puedo hacer por ti después de todo lo que me ayudaste hoy.
—Está bien —ella aceptó contenta—. Vamos, mi noble caballero.
—Vamos, mi linda princesa —dijo él y ambos sonrieron.
Serena buscó su bicicleta que estaba aparcada en una columna de luz, acomodó su bolso y su conejo en el canasto y comenzaron a caminar juntos.
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Mientras se dirigían a lo de Serena, los dos siguieron conversando. —Cuéntame más de ti. ¿Dónde trabajas? —le preguntó ella.
—En una empresa de telecomunicaciones, soy ingeniero en sistemas —respondió él.
—Qué interesante.
—En realidad es un poco aburrido, pero es un trabajo que no me cuesta mucho y además pagan bien —dijo riendo—. Y también trabajo con mi jefe en la universidad, aunque ahora me está presionando para que termine mi tesis de postgrado, así que trato de dedicarme más a eso.
—Vaya, ¿y así y todo tienes tiempo libre? —preguntó ella también riendo.
—Sí, lo intento —siguió él—. Tampoco hago muchas cosas en mi tiempo libre, debo confesar. Me reúno a menudo con Andrew, vemos muchas películas, a veces salimos a tomar algo a algún bar. Pero últimamente no nos vemos muy seguido porque está muy enamorado, ya sabes.
—Es cierto, yo tampoco veo mucho a Lita. Esos dos son unos verdaderos tortolitos.
—¿Y tú a qué te dedicas? —preguntó él—. Me dijiste que también estás estudiando.
—Sí, estudio trabajo social. Estoy terminando mi práctica final y si todo sale bien me graduaré a fin de año —relató contenta.
—Claro, ahora comprendo por qué ves ese tipo de películas.
—¿Cómo sabes qué películas veo?
—El otro día, cuando te fuiste del video, le pedí a Andrew que me rentara las que le devolviste y las vi todas.
—¿Ah, sí? ¿Y qué te parecieron? —preguntó ella con sorpresa.
—Bueno, no te voy a negar que no acostumbro mucho a sentirme atraído por esos temas, mucho menos por los documentales. En realidad soy más aficionado a otro tipo de géneros, pero la verdad es que me resultaron muy interesantes. Me dio mucha curiosidad y estuve leyendo bastante al respecto —ella permaneció en silencio, pero no dejaba de sonreír—. ¿Qué sucede? —preguntó él creyendo que había dicho algo fuera de lugar.
—Nada, es sólo que me parece lindo que te intereses en mis cosas.
Darien también sonrió. —Claro que me importa, en realidad tú me interesas mucho y quiero conocerte —ella se sonrojó—. Me dijo Andrew que estás organizando un ciclo de cine.
—Estaba —explicó Serena con frustración—. En realidad era un tonto proyecto que se me ocurrió intentar llevar a cabo con unos amigos pero al final nadie se sumó y era demasiado pretencioso hacerlo sola.
—Comprendo —dijo él—. Es una lástima, no creo que sea una idea tonta. En verdad me parecieron muy buenas las películas que elegiste, creo que hubiera sido fácil que mucha gente se interesara en eso. Gente común, público en general, ya que no son temas ni estilos narrativos complicados de entender.
—¿En serio piensas eso?
—Sí, totalmente, te lo digo yo que soy un estructurado ingeniero que no puede ver más allá de los aspectos formales y los efectos especiales —ambos rieron.
—Gracias, en verdad aprecio mucho tu opinión. Me das ánimos para no abandonar mi iniciativa.
—Claro que no debes abandonarla. Quizás ahora no se haya dado, pero seguro más adelante conseguirás concretarlo. Me parece una muy buena propuesta.
Serena volvió a sonreír encantada con las palabras de Darien. Era el primero que se atrevía a apoyarla y reconocer sus ideas, y apreciaba su sinceridad y su interés.
Caminaron el resto del trayecto hablando de todo un poco y riendo, descubriendo que tenían mucho más cosas en común de lo que creían y sintiéndose cada vez más gusto con su compañía.
Cuando llegaron al edificio de Serena se detuvieron en la entrada para despedirse. —Aquí es donde vivo —dijo ella.
—Es muy cerca de mi casa —agregó Darien—. Quizás venga a visitarte un día de estos.
—Claro, me encantaría. Y podría cocinarte algo especial, soy una excelente chef —bromeó—. Lita es mi maestra y después de mucho esfuerzo logró que mis habilidades culinarias no sean tan desastrosas como antes.
—Entonces será un verdadero placer para mí degustar algo hecho por ti —dijo él y también rió.
—Bueno —dijo Serena después de una pausa—, adiós, Darien —y se puso seria, le costaba tener que despedirlo después de haber pasado tan linda tarde junto a él.
Darien también estaba serio y no podía sacarle los ojos de encima. Al haber podido conocerla mejor se sentía mucho más atraído por ella y hubiera deseado no tener que separarse de ella nunca más. —Adiós, Serena, gracias de nuevo por tu ayuda —esbozó una cálida sonrisa—. Me gustó mucho poder compartir este rato contigo —y se acercó a ella para estrecharla en un cariñoso y largo abrazo.
Serena soltó un melancólico suspiro y él supo al tenerla entre sus brazos que no iba a renunciar a ella por nada en el mundo, que la necesitaba a su lado para darle sentido a su vida, y que estaba dispuesto a hacer lo que sea por ella y por demostrarle lo que sentía.
Cuando se separaron Darien le dio un tierno beso en la frente. —Adiós, mi dulce ángel —dijo acariciando su rostro con delicadeza. Ambos sonrieron y ella entró.
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Momentos después, Darien regresó a su departamento. No podía dejar de pensar en Serena y reía solo al recordar todos los agradables momentos que acababa de pasar junto a ella.
Había sido un día sencillamente perfecto, no podía sentirse más feliz. Recordaba su risa, sus comentarios, su interés por él. Se daba cuenta de que todo de ella le fascinaba y se convencía cada vez más de que estar a su lado era lo mejor que le había ocurrido en toda su vida. Y lo único que quería a partir de ahora era poder compartir más cosas con ella y demostrarle cuánto le importaba.
Mientras atravesaba el pasillo, se topó con su vecina que salía de su departamento. —Hola, Darien —le dijo con una alegre sonrisa.
—Hola, Melissa —la saludó amablemente y siguió caminando hasta la puerta de su casa.
—Hoy estuve en el centro comercial y te vi —comentó ella.
—Ah, sí, fui a hacer algunas compras.
—Estabas bien acompañado…
—Tú lo dijiste, muy bien acompañado —dijo Darien mientras agrandaba su sonrisa, su rostro estaba iluminado.
Melissa rió. —Te ves radiante, Darien, ahora comprendo lo que me quisiste decir el otro día.
—¿Viste? Qué bueno que hayas entendido al fin.
—Me alegra mucho verte así, vecino. Ella parece una buena chica, no lo eches a perder —sus palabras sonaban sinceras.
—¿Hablas en serio? —preguntó él sorprendido—. ¿Me estás hablando como si fueras mi amiga?
—No seas tan duro conmigo, Darien, sabes que te aprecio mucho. En verdad me alegra verte feliz. Además yo también estoy conociendo a alguien. Esta vez quiero hacer las cosas bien y sentar cabeza de una buena vez, sabes a lo que me refiero.
—No lo eches a perder —dijo él guiñándole un ojo—. Adiós, vecina.
Ella volvió a reír. —Adiós, vecino.
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Por su parte, cuando Serena entró en su departamento, dejó sus cosas en una silla y se recostó en el sofá abrazada al peluche que Darien acababa de regalarle. Sonreía emocionada pensando en él mientras apretaba fuertemente el conejito entre sus brazos. Se sentía en las nubes, como una adolescente enamorada, hacía años que no le pasaba algo parecido, ni siquiera con Seiya había conseguido sentirse de esa forma.
Y al recordar repentinamente a su 'novio' su alegría se desvaneció de golpe. Se sentó y observó pensativa el peluche. Soltó un largo y pesado suspiro. —¿Qué te está pasando, Serena? —se dijo a sí misma con aflicción y permaneció perdida en sus pensamientos por largo rato.
El sonido de su celular la hizo reaccionar y pegó un salto del sillón para buscarlo y leer, deseando que fuera un mensaje de Darien: "Confirmado, a las 9 en lo de Lita". Era Rei, una de sus mejores amigas, avisándole que se reunirían todas esa noche para cenar juntas.
Suspiró desilusionada y volvió a echarse en el sofá, abrazando de nuevo a su conejo. Pensaba otra vez en Darien, en lo bien que se había sentido con él esa tarde, en cómo la trataba, cómo la hacía reír, cómo la miraba… con esos ojos tan azules y profundos, tan sinceros y hermosos.
No podía creer haber descubierto que los dos fueran tan compatibles, que tuvieran tantas cosas en común. Le bastó tan sólo compartir un par de horas a su lado para darse cuenta de por qué se sintió tan interesada en él desde el primer momento que lo vio, hacía ya cinco años atrás. Y de nuevo sonreía emocionada al recordarlo.
Su celular volvió a sonar y lo buscó de mala gana, de seguro sería la impaciente de Rei reclamándole una respuesta. Pero para su sorpresa esta vez era Darien quien escribía: "Serena, ¡esta ropa es increíble! ¡Creo que me darán un nuevo ascenso cuando me vean vestido así! ¿Cómo voy a pagarte este favor?"
Ella rió y no dudó en responder: "Descuida, esta vez será gratis. Además no fue una tarea nada difícil, todo luce bien en ti".
Después de mandarle el mensaje y releer lo que acababa de escribir se sintió sorprendida de sí misma. Si bien notó que él le había estado coqueteando en varias ocasiones, ahora era ella la que daba un paso en esos términos, aunque de una manera mucho más sutil que él. Temió haber hecho algo incorrecto y deseó que Darien no optara por seguirle el juego.
Enseguida entró otro mensaje: "No es necesario que seas tan amable conmigo, en verdad me gustaría mucho devolverte el favor de alguna forma. Ya pensaremos en algo".
Ella suspiró aliviada al ver que él no malinterpretó su cumplido y cuando quiso responder Darien volvió a escribir: "Fue muy lindo para mí pasar la tarde contigo, me divertí mucho. Definitivamente eres un hermoso ángel que se escapó del cielo para alegrar mis días. Gracias, Serena".
Una inmensa alegría la invadió entera al leer, eran las palabras más dulces y sinceras que jamás le habían dicho. Se sintió una tonta por haber esperado que él le coqueteara de nuevo y comprendió que en realidad su interés por ella era mucho más comprometido y real. —¿Qué te está pasando, Serena? —volvió a preguntarse en voz alta.
Se dio cuenta de que tenía muchos sentimientos encontrados y prefirió dejar de pensar para no confundirse más. Leyó de nuevo el último mensaje de Darien, sonrió conmovida y respondió: "Yo también lo pasé muy bien hoy. Gracias a ti por confiar en mí :)".
