Capítulo 15

Tal como le dijeron estaría, así estaba: desnudo en la cama con las piernas abiertas. Lo tenían amarrado de cada una de sus cuatros extremidades con unas raras correas negras flexibles y retráctiles, las cuales le daban cierta movilidad, incluso acomodarse a dormir; sin embargo, no hizo más que levantarse de la cama y las correas lo empujaron con fuerza a la vergonzosa posición. Al menos, no lo tomaban de improviso, sino con suavidad y firmeza lo obligaban a ello. Después, no tenía movilidad, hasta que se quedaba quieto y pasaban unos cuantos minutos, más parecidas a horas, para volver a moverse. Así estaba, quieto, boca arriba, desnudo con las piernas abiertas y los brazos atados sobre su cabeza, ya era la tercera vez que las correas lo devolvían a la misma posición.

Sin poder moverse, el doctor todavía no creía su realidad. Era tan extraño todo y tan fantástico. Si le hubieran dicho que un tipo poderoso le tendría ganas y lo convertiría en su mascota, él se hubiera muerto de la risa, en verdad, sería el mejor chiste jamás escuchado por él ¡Ridículo! No obstante, escuchándolo del mismo tipo poderoso, ese tipo que le ponía la carne de gallina, lo creyó al instante. No es que se creyera mucha cosa. Sí, tuvo su pequeña popularidad cuando era joven y no estuvo mal, aunque no tanto como Jim, quien era un rompecorazones... ¡pero eso fue cuando joven! Ahora, si le hubieran dicho lo mismo en aquella época, él no se hubiera muerto de la risa, sino que le habría dolido el estómago de tanto reírse.

Conducido a "los aposentos imperiales", bañado, limpiado y, ¡depilado, por Dios!, ¡si el maldito se quería coger a un lampiño, debería preferir a las mujeres, el muy idiota!, y aunque por lo menos tuvieron la decencia de cubrirlo con una sábana, igual se quejaba. El proceso no fue tan vergonzoso como creyó sería. Solo un sirviente romulano, al parecer, el encargado de las mascotas, lo condujo al baño, le pidió con cortesía que se bañara y que después pasara por una especie de portal tecnológico para secarse, sino quería hacerlo, con mucho gusto lo ayudaría. El doctor McCoy, refunfuñando de lo lindo, prefirió hacer solo sus cosas. Trató de hacer tiempo en el exquisito baño de tina preparado, mientras pensaba en Jim y Spock, pero no le dejaron que se le arrugaran los dedos y le pidieron salir de las burbujas, o de lo contrario, lo sacaban… obvio salió. Después de pasar por el portal, supo que no se trataba solo de un secador, sino también, de un depilador gigantesco y minucioso, el cual atacó ciertas partes sin piedad, dejándolo sin ninguno y otras solo las recortó. El proceso fue indoloro, pero se sentía tan humillado por el depilador, que le pegó una patada y lo tiró lejos. El ruido llamó la atención del sirviente, quien llegó rápido a ver lo que sucedía. McCoy le gritó de todo y no le importó mostrar su desnudez ante el hombre, el cual recibió toda la frustración sin ningún problema, salvo cuando el doctor, ya fuera de sí, trató de golpearlo. Aquí solo le tomaron la muñeca y con un rápido movimiento, se vio con el brazo doblado en su espalda.

-El amo le dijo que no intentara nada- el sirviente habló con sosiego.

-Tu amo es un pervertido- respondió más tranquilizado.

-También es su amo.

-¡No lo es!, ¡quítate!- exigió molesto por la proximidad del criado en su espalda.

El sirviente lo soltó con suavidad y sin discutirle nada, le pasó unos brazaletes negros para que se los pusiera en las muñecas. Él los miró con desconfianza, parecían de cuero, pero eran de un material más sofisticado. Se los puso de todas formas, fastidiado de tener que aguantar todo esto desnudo, ya que el otro no le pasó ninguna prenda para cubrirse. Luego, lo condujeron a la cama y aquí de solo verla, el corazón le dio un vuelco.

-No me acostaré ahí- dio un paso atrás, pero se topó con el sirviente, así que volteó con rapidez en dirección a él.

-Debe hacerlo, el amo dejó expresas órdenes para usted- le dijo mientras avanzaba, incomodando al doctor.

-No me interesa las órdenes de ese tipo. Ya dije que no me acostaré en esa cama- trataba de alejarse del criado.

-¿Quiere que lo obligue?

-Óigame usted muy bien- dijo apuntándole con el dedo, pero sin tocarlo- yo no nací en su mundo. Soy una persona, perfectamente libre de hacer lo que quiera y nadie, escuche, nadie tiene el derecho de obligarme a nada, ¿escuchó bien?

-Eso no importa.

-¡Cómo que no importa!- dijo exasperado- Le digo...

McCoy sintió unos toques en sus muñecas y cuando se volteó, se dio cuenta que estaba muy cerca de la cama y que unas correas lo sujetaban de sus brazaletes. Al parecer, las cuatro correas, que más parecían tentáculos negros, se pegaron; dos a los brazaletes; y luego las otras dos, siguieron el contorno de su cuerpo- mientras él les hacía el quite sin éxito- hasta llegar a sus extremidades inferiores, donde se enrollaron a cada uno de sus tobillos. Siguió el origen de esas correas y vio que venían de los extremos de la cama. Hizo el movimiento de tironear para zafarlas, pero el tironeado fue él. Parecían unos tentáculos planos que lo agarraban para depositarlo con suavidad, mientras él luchaba con todas sus fuerzas. Con horror vio que la posición deseada por el romulano era la que tenía.

-No luche, ese sistema es amigable sino encuentra resistencia. Lo cubriré con esta sábana mientras espera la llegada del amo. Si necesita alguna cosa solo llámeme. No intente bajar de la cama, porque será devuelto a ella. Puede dormir si gusta.

-¡CÓMO CREE QUE VOY A DORMIR!- gritó histérico McCoy.

El sirviente no le dio la hora, es decir, lo ignoró por completo, y salió de la habitación dejándolo solo, peleando con su espantosa posición.

La cama al final era bastante grande y cómoda, perfecta para dormir si tuviera sueño. Olía a miel, reconoció el aroma del tipo en ella. Las almohadas eran blandas y esponjosas, así que la posición no provocaba dolores o incomodidad. Pese a todo, decidió suicidarse al estilo princesa china, o sea, cortándose la lengua, pero pensó en sus amigos y sopesó el asunto. Después pensó que no eran tan amigos como para soportar una violación, así que la idea del suicidio iba y volvía, mientras la idea de la amistad cobraba más valor a medida que la cuestionaba.

En verdad no eran tan amigos, se habían distanciado hace mucho y prácticamente no se hablaban, salvo en las misiones científicas donde debía reconocer lo pasaba muy bien al lado de ellos. Después del cambio de Jim, todo volvió a la normalidad y se sentía como antes de que la ambición afectara las neuronas del capitán, pero la alegría duró poco y debió sospecharlo: ya decía él que los aplastarían como cucarachas. Nunca imaginó algo peor que la muerte; ser violado definitivamente era lo peor. Luego vio la ridiculez de suicidarse en ese estilo, ya que no era princesa, ni tampoco china, y buscó otros medios, después de todo, era médico y podría encontrar más de una forma de morir:

"Si intenta hacer algo, los mataré"- recordó las palabras de manera tan nítida, que creyó escucharlas en voz alta.

Volvió a pensar en Jim y en Spock. En qué estarían haciendo. Cuál era la supuesta prueba. Debía confesar que estaba muy preocupado por ellos. El asunto del "Tila" o algo así; la primera vez que escuchó esa palabra, pensó que era de esos apodos ridículos que se colocaban los enamorados como "Chanchis", "Pupurusito", "Gordis", "Cucurruchin", "Pichón", o tantos otros, cuál de todos más estúpido. Al parecer a las personas enamoradas se les secaba el cerebro y por eso inventaban tonteras, pero no a Spock. Al final esa palabra significaba algo (y no era sobre las flores medicinales de tilo). Debió sospecharlo desde un principio, Spock nunca diría cosas tan ridículas y sin sentido, aunque estuviera enamorado hasta la punta de las orejas, lo cual parecía ser el caso.

También estaba el asunto de los tripulantes del Enterprise, siendo doctor no podía dejarlos a la suerte, si estaba en su poder ayudarlos.

Suspiró agotado, al final no podría suicidarse... y tampoco quería pensar en el sujeto del problema. Miró al techo, volvió a suspirar, luego cerró los ojos. Podría intentar una cuarta vez el bajarse de la cama. La tercera vez pudo tomar la sábana a la carrera y taparse como estaba ahora, no como en la primera o la segunda vez donde quedó todo desnudo. Quizás en la cuarta podría…

Sintió el "fhsssss" de la puerta al abrirse y sintió pánico, tanto que no quiso abrir los ojos. Sabía quién era, pues el sirviente no era tan silencioso. Trató de tranquilizarse, no dejaría que lo intimidaran por muy víctima que fuere. Se obligó a abrir los ojos y lo vio parado ahí a un lado de la cama, mirándolo fijamente.

Decius con su mano elegante, tomó la sábana y la arrancó de golpe. McCoy dio un pequeño salto por lo brusco del movimiento. El romulano sostuvo la sábana en su mano derecha mientras pasaba la vista por el cuerpo desnudo de su mascota. El doctor sintió la mirada recorrerle por toda su anatomía y un nudo se le hizo en la garganta. La respiración se le agitó, pese a que trataba de controlarla.

-No está mal. Tiene imperfecciones- fue la evaluación del romulano.

-¿En serio? Perdón por no ser perfecto- dijo McCoy con sarcasmo, tomando dominio de sí mismo.

-Lo perfecto es aburrido, lo imperfecto es fascinante- le respondió sin expresión.

"Fascinante" el recuerdo de Spock no dejó ver el significado profundo de las anteriores palabras.

-¿Qué les hizo a Jim y a Spock? ¿Están bien?

-No estoy muy seguro de eso, pero deberían estarlo- le respondió sin apartar la vista de su cuerpo, pero tenía un aire melancólico.

-¿Qué pasó?- preguntó con curiosidad y preocupación, McCoy.

Decius desvió su vista hacia el rostro del doctor. Lo miró con sorpresa primero y después su rostro se suavizó a una expresión tan afable, que no pudo sostenerle la vista. Cubrió su cuerpo desnudo y se sentó a su lado al borde de la cama. McCoy volvió a mirarlo. Parecía compungido y afligido, cansado. Sobaba suavemente sus manos como si tuviera frío.

La actitud del sujeto, lo impresionó. Si antes lo había intimidado, ahora lo sobrecogía. No había amenazas, al contrario, es como si estuviera llorando en un nivel interior.

-El T'hy'la- comenzó diciendo con voz monótona- es el amante supremo, la persona que te complementa, tu otro yo, en todos los niveles del ser. Supongo que para los humanos es como decir tu alma gemela, pero es algo más que eso. Un ser que se completa con otro al punto de ser uno solo, no existe. La individualidad siempre estará presente, por esta razón, no ha existido nunca en nuestro mundo, pese a los orígenes vulcanianos y se ha convertido en un mito. Los vulcanos tampoco lo tuvieron, según el mito, desde antes de Surak.

Ahora McCoy comenzaba a comprender un poco, pero supo que tendría que escuchar más para entender realmente todo. Entonces, decidió no interrumpirlo por ningún motivo.

-Yo soy descendiente directo de los vulcanos fundadores y mi estirpe ha gobernado por generaciones- siguió con su relato- He visto cosas increíbles e inimaginables, conquistado mundos, me he casado dos veces con hermosas princesas enamoradas de mí. Riquezas, poder y tengo un harem para mi deleite personal. Muevo un dedo y el mundo se arrodilla ante mis pies. Se me considera un dios, ¿sabes? Me llaman "Divi"- dijo riendo con tristeza.

En este punto, McCoy supo que estaba escuchando cosas que no debería escuchar.

-Los llevé a la cámara donde llevo a mis mascotas. Me gusta verlas teniendo sexo entre ellas. Me dan un espectáculo y yo las recompenso con algunos mimos o regalos- miró al doctor, y este le devolvió una mirada estupefacta. Sonrió con humor- no me mire así, es normal en mi mundo. Todos los emperadores o sucesores tenemos nuestro harem particular mientras todos se acuestan con sus mascotas, yo no.

Esa última confesión lo dejo confundido.

-Pero debo aparentar. No es bien visto que un heredero no reclame sus privilegios. Tampoco debo dejar que se enteren de mi… problema…- fijó la vista en el doctor- es la otra razón, por la cual, no me acuesto con mis mascotas, ni con nadie, ¿usted se lo imagina, no?, después de todo, es médico.

McCoy quedó con la boca abierta.

-Pe… pe… pero…- comenzó a balbucear el doctor.

-El capitán Kirk no quería- siguió con su relato el romulano sin prestarle atención al confundido- Los encerré en la cámara y luego me dejé ver en el cristal de observación. Solamente yo los vería desde ahí. La cámara consta de dos partes, separadas por el cristal. En un extremo, estarían ellos en una sala preparada con una cama amplia, espejos y todo lo necesario para el espectáculo; en el otro, yo estaría sentado observando donde podría verlos de todos los ángulos. Incluso, apagué la pantalla para que no me vieran, y tuvieran más privacidad. Yo podría verlos de todas formas. Se los expliqué, pero todavía así…

Decius no comprendió en esos momentos pasados, el porqué Kirk no quería tener sexo con Spock en la cámara. Jim echaba chispas de furia por la humillación. También estaba enojado con Spock por no decirle nada sobre el asunto del T'hy'la y se suponía, era su T'hy'la, y debía saberlo T-O-D-O. Más enojado no podía estar, pese a las explicaciones de Spock sobre su lógica de no creencia en el mito, las mismas casi de Decius, todo esto antes, por supuesto, de experimentarlo. Le explicó incluso las razones por las cuales no se lo dijo y eran también muy lógicas, simplemente, no tuvo el tiempo necesario, ya que requerían contextualización. Sin embargo, en vez de bajar la ira de Jim, la había aumentado y aunque comprendía en algo lo dicho por Spock, intuía que seguía sin decirle algo más, por lo tanto, buscaba excusas, a modo de rebeldía, sobre el otro tema en cuestión y más urgente.

-¡No, de ninguna manera!, ¡No voy a coger contigo aquí frente a él!- chilló Jim al punto del histerismo.

-Jim, no estás siendo razonable. Nos perdonará la vida si lo hacemos- le dijo Spock.

-Nunca pensé que te gustaran esas cosas. Eres un degenerado.

En este punto, Spock comprendió que tendrían su primera pelea seria de enamorados.

-Estabas muy dispuesto a sacrificarte con Decker cuando él quería violarnos, pero ahora que nos ofrecen salvar a la nave, los tripulantes y a nosotros mismos, no quieres. Eres un egoísta sin remedio- le dijo Spock mosqueado.

-Esas eran otras circunstancias. No entiendes, lo otro era más razonable, se trata de la privacidad. Aquí nos verán, incluso, pueden grabarnos, ¿te imaginas la vergüenza?, y si esa grabación anda circulando por medio cuadrante, ¡qué horror!

-No creo que nos grabe- dijo con su acostumbrada neutralidad.

-¡Claro que lo hará, si nos tenía vigilado desde un principio!- exclamó Jim con verdadero disgusto.

El capitán recordó cuando quiso ofrecer un trato a Decius y este le salió diciendo; que no le interesaba el Campo Tantalus, con o sin amplitud de alcance, o los otros juguetes que pudieran tener, porque ya tenía todo el poder necesario; que solo se interesó en el asunto del T'hy'la cuando escuchó la comunicación subespacial; y que ahora quería ver la manifestación de ese amor tan mítico. Jim quedó perplejo, pues no le había dicho nada, de nada, todavía y comprendió que la enfermería debía tener sistema de cámara u otro de vigilancia, ¿cómo sabía que mejorarían la amplitud de alcance del Campo Tantalus?

-Viste Spock, este sujeto nos filmará de seguro y si esas imágenes aparecen por ahí, me muero de la vergüenza.

-Pensé que no tenías vergüenza- ya no había neutralidad en la voz del vulcano, sino algo más oscuro.

-Pues sí, tengo, sí, la tengo- recalcó Kirk ofendido- ¡Debo cuidar mi imagen!

-¿Cuál imagen?, ¿esa dónde sigues siendo un puto descarado?- le lanzó Spock con ojos empequeñecidos.

La feroz cachetada hizo voltear el rostro de su primer oficial hacia un lado. Jim se arrepintió en el mismo momento de darla. Apretó su mano ardiente en un puño tembloroso.

Fin capítulo 15