Hola! Cómo les va?
Nuevo día, nuevo cap!
Hoy les traigo uno que me gusta mucho mucho… Espero que a uds tambien! De a poco nos vamos acercando a la definición de nuestra adorada pareja, o al menos eso parece… Y que el amor los esta desbordando cada vez más… Son tan adorables… :)
Quiero volver a agradecer, como en cada ocasión, a todxs y cada unx de quienes me siguen y comentan día a día, cap a cap, con comentarios realmente amables y sobre todo respetuosos, aprecio mucho su sinceridad y cordialidad al escribirme. De verdad me motivan para seguir escribiendo, les pido que no dejen de hacerlo! Y quienes aún no lo hayan hecho, no duden en compartir lo que sea que piensen o sienten al leerme, todo es sumamente bienvenido!
Bueno, espero que disfruten del OCHO tanto como yo… No dejen de contarme qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Saluditos!
Bell.-
:: Capítulo Ocho ::
El siguiente domingo al atardecer, Serena se encontraba sola en el parque, estaba sentada en el césped cerca del lago con su bici a un lado e intentando leer un libro. Había quedado en reunirse con Seiya esa tarde, no se habían visto ni comunicado durante varios días y quería aprovechar la oportunidad para ver si podía terminar de decidir si viajaba con él o no.
Le costaba concentrarse en la lectura. Después de la charla con sus amigas y particularmente la que tuvo con Lita, estuvo muy pensativa durante todo el fin de semana.
Por un lado le preocupaba su relación con Seiya. Si bien tenía bien en claro, o eso creía, que hacía tiempo que las cosas entre ellos no funcionaban de la mejor manera, le costaba tomar una decisión definitiva con respecto a si continuar o no junto a él. Pero la verdad era que la mayoría del tiempo deseaba no hacerlo, sobre todo cada vez que él no se mostraba interesado en ella o en sus cosas y priorizaba más sus asuntos que su 'noviazgo'.
Pero también pensaba que quizás con la propuesta del viaje a París le estaba intentando demostrar que todavía existía una remota posibilidad de arreglar las cosas entre ellos, o al menos deseaba que así fuera, como para creer que aún no estaba todo perdido. Pero como en todo lo que emprendía en su vida, ella siempre se sentía conflictuada y dividida entre lo que debía hacer y lo que quería, y en este caso eran dos cosas totalmente opuestas. Su cabeza le decía que lo correcto era continuar con la relación, pero en su corazón sentía que no era lo que ella realmente deseaba.
Y por otro lado pensaba en Darien. Tampoco había vuelto a verlo después de la agradable salida de compras, pero con él sí se mantuvo en contacto durante esos días, siempre a través de mensajes de texto. Era muy divertido comunicarse con él de esa forma, además siempre le enviaba frases tan dulces que la enternecían tanto que leía y releía cada mensaje infinidad de veces.
Le costaba creer lo que Lita le había contado, pero después de enterarse de su situación, aunque a veces dudaba de que fuera algo tan terrible como dijo Lita, supo que al recordar la noche de su primer encuentro, el momento que lo volvió a ver en lo de Andrew y la tarde que tomaron el primer café juntos, en todas esas ocasiones notó una expresión tan triste en su rostro que no podía evitar sentirse conmovida por él y con fuertes deseos de protegerlo.
Suspiró afligida para tratar de soltar todas las ideas y miró la hora. Seiya ya llevaba retrasado más de 20 minutos y se dio cuenta de que no tenía ganas de verlo. Una vez más le demostraba su desinterés dejándola plantada sin avisarle. Así que decidió no aceptar viajar con él, las chicas tenían razón, sólo iba a ser un estorbo para él y se la iba a pasar la mayoría del tiempo sola.
Mientras pensaba en todo esto sonó su celular, era su novio al fin dándole señales de vida. Volvió a suspirar y atendió. —Hola —dijo de mala gana.
—Bombón, lo siento, déjame explicarte antes de que me empieces a sermonear —dijo Seiya apurado.
—Dime.
—Me llamó mi director cuando estaba saliendo para el parque y tengo que ir urgente a la oficina. Sucede que nos adelantaron el viaje, será en 10 días, así que debemos apresurarnos para terminar con todo. ¡Esto es un desastre! —explicaba nervioso.
—¿Entonces no vas a venir? Te estoy esperando hace media hora.
—No, bombón, lo siento, tengo que ocuparme de esto ahora. Si quieres pasaré a la noche por tu casa.
—Como quieras, aunque… —Serena volvió a suspirar desganada—. Escucha, Seiya, ya que no sé cuándo te voy a ver de nuevo y encima de todo me dices que el viaje se adelantó, voy a decirte ahora lo que decidí al respecto.
—Sí, te escucho —dijo él con impaciencia.
—No iré contigo —dijo ella sin rodeos y no recibió respuesta alguna—. Seiya, ¿estás ahí?
—Sí, sí, bombón, aquí estoy.
—¿No me vas a decir nada?
—Bueno, es que… La verdad es que no me lo esperaba, creí que era tu sueño conocer París —sonaba triste.
—Sí, lo es, ¿pero cómo voy a organizar un viaje tan importante en tan poco tiempo y sin siquiera verte? Si tu intención era hacerlo juntos, la verdad que ni me enteré, no te volví a ver desde que me lo propusiste. Parece que no te entusiasmara mucho que te acompañe.
—Serena, por favor, no discutamos por teléfono —comenzó a molestarse.
—¿Y cómo quieres que hablemos de esto si no te veo nunca? ¿Quieres que te mande un e-mail? ¿O una carta membretada a tu oficina? —preguntó enojada.
—Está bien, no me grites. Tienes razón, hablaremos esta noche, ¿sí? Pasaré por tu departamento y conversaremos con tranquilidad.
—No sé si voy a estar en casa. Adiós.
—Serena, espera… —y ella le cortó.
Serena no pudo evitar empezar a llorar. Se sentía tan enojada, desilusionada, frustrada. Seiya sólo le confirmaba lo que sus amigas y ella misma pensaba, que ya no estaba interesado en ella. Y como la buena cabeza dura que era insistía en querer arreglar lo irreparable, cuando ni siquiera estaba enamorada de él. Hasta tenía la tonta esperanza de que él volviera a llamarla apenas cortó y varios minutos pasaron sin recibir ni siquiera un mensaje. —Esto ya no da para más Serena, acéptalo de una buena vez —se dijo a sí misma mientras se limpiaba las lágrimas y trataba de calmarse. Ya no sabía con seguridad cuándo volvería a verlo, pero ahora estaba segura de que al hacerlo le diría que ya no quería estar más con él.
El sonido de su celular volvió a interrumpir sus pensamientos. Esta vez era un mensaje de Darien. Todo su malestar desapareció como por arte de magia y leyó entusiasmada: "No vas a poder creer lo que me pasó. ¡Acabo de tener una visión!"
Serena sonrió confundida y enseguida entró otro mensaje: "Salí a caminar por el parque para tomar un poco de aire y despejar mi mente y encontré cerca del lago a una chica tan hermosa que cualquiera la confundiría con un ángel. ¿Será real o es que acaso estoy alucinando?".
Ella echó a reír y comenzó a buscar con la mirada hacia todas las direcciones intentando ubicarlo sin conseguirlo. Otro mensaje entró: "Ahora está mirando para todos lados como buscando a alguien. ¡Por dios, es perfecta! Ese rostro es celestial, tiene que ser un ángel, estoy seguro"
Serena volvió a reír y se puso de pie para seguir buscando. Hasta que lo reconoció a lo lejos caminando hacia ella con una enorme sonrisa y su teléfono en la mano. Al verlo se sintió tan feliz… Una cálida e inmensa emoción le recorrió el cuerpo entero y agrandaba su sonrisa mientras veía que él se acercaba a ella.
—Eras tú, Serena —dijo Darien cuando llegó a su lado—, mi dulce ángel…
Ella no pudo contener la alegría que sintió al verlo y saltó sobre él para abrazarlo con fuerza. —¡Darien! —y sin poder evitarlo comenzó a llorar de nuevo.
—Hola —Darien la mecía entre sus brazos con los ojos cerrados, se sentía tan tranquilo y a salvo a su lado como cada vez que la veía. Suspiró emocionado e intentó separarse para poder mirarla a los ojos, pero ella no lo dejó y profundizó el abrazo. Y él se dio cuenta de que estaba llorando. —¿Qué sucede, Serena? —comenzó a preocuparse, pero ella no dijo nada. Prefirió no insistir y dejarla llorar refugiada en su pecho todo lo que necesitara—. Tranquila… —le dijo con dulzura al oído mientras acariciaba su cabello—. Tranquila, Serena —y ella poco a poco empezó a calmarse.
Permanecieron abrazados por largo rato, Darien no dejaba de acariciarla y Serena lentamente dejaba de llorar. Él intentó de nuevo separarse de ella sin soltar el abrazo para mirarla de frente. —¿Qué te pasa, Serena? —le preguntó con una dulce sonrisa y acariciaba su rostro para limpiarle las lágrimas—. ¿Qué tienes?
Ella se perdió en sus ojos, pudiendo sentirse más tranquila por la forma en que él la miraba y la acariciaba. Tomó la mano de Darien que tenía sobre su mejilla y sonrió, sus rostros estaban tan cerca que sintió unas intensas ganas de besarlo, pero no se animó a hacerlo. Sólo permaneció mirándolo fijamente a los ojos, encontrándose otra vez perdida en su mirada.
Él también sonrió y contuvo el fuerte deseo de besarla que sintió, no quería dar un paso en falso y arruinar todo con un impulso. Volvió a acariciar su rostro tomándola con las dos manos. —¿Qué sucede? ¿Por qué estás triste? —volvió a preguntar, también se sentía perdido en sus ojos.
Serena se separó de él y bajó la mirada. —Perdóname, no quiero que me veas así.
—Serena, no te disculpes. Puedes confiar en mí, ¿qué te sucede? —y volvió a tomar su rostro con delicadeza.
Ella volvió a esquivar su mirada. —No es nada, sólo tonterías mías.
—Puedes contarme, confía en mí —insistió él.
Serena suspiró afligida. —No sé si es correcto hablar de esto contigo —hizo una pausa—. Lo que ocurre es que no estoy pasando por un buen momento sentimental —Darien comprendió enseguida a qué se refería—. Estoy… molesta con mi novio —y se sorprendió de sí misma por atreverse a mencionar lo que le pasaba.
Él tomó su mano y los dos se sentaron en el suelo. —Cuéntame, ¿qué sucedió?
Serena percibió que a él en verdad le importaba lo que le pasaba, pero le costaba contarle lo que realmente sentía. —Lo siento, Darien, prefiero no hablar de esto ahora.
—Está bien. No voy a presionarte a que me cuentes si no quieres hacerlo —permanecieron callados por un instante. El silencio que se instaló entre ellos comenzó a hacerse cada vez más tenso.
Serena se daba cuenta de que lo que no se atrevía a decirle tenía que ver con él, con cómo se sentía desde que se habían reencontrado, con lo confundida que estaba respecto a los sentimientos que había comenzado a reconocer desde que volvieron a verse.
Y por su parte Darien tampoco se atrevía a decirle y demostrarle como hubiera querido todo lo que estaba descubriendo que sentía desde que la recordó y comenzó a acercarse a ella. No podía soltar su mano y examinaba su rostro con la mirada. Nunca antes la había visto triste y sentía que era capaz de hacer lo que fuera para no verla sufrir, para hacerla feliz. La habría abrazado de nuevo para no dejarla ir jamás. La necesitaba tanto…
Al verla, al tenerla tan cerca sentía que los latidos de su corazón se aceleraban tanto por la inmensa emoción que lo invadía. Apretó su mano para intentar transmitirle lo que sentía y ella volvió a mirarlo a los ojos. La profunda emoción se intensificó aún más y colmó su cuerpo entero cuando ella le sonrió. —Gracias —le dijo Serena.
Y él besó su mano con ternura. —De nada —respondió y también sonrió.
Se quedaron en silencio por unos instantes más, con sus miradas perdidas en el paisaje y sin soltar sus manos. Se sentían tan tranquilos, podrían haber permanecido así una eternidad, no necesitaban nada más para sentirse mejor, sólo estar juntos.
Darien se atrevió a hablar de nuevo. —¿Qué hacías aquí sola? —preguntó con una sonrisa.
Ella también sonrió. —Vine a tomar un poco de aire, a leer un rato.
—¿Puedo? —dijo él mientras tomaba el libro de Serena, ella asintió. Leyó el título y el nombre autor —qué interesante —dijo con sorpresa.
—¿Lo conoces? —preguntó ella curiosa.
—Es uno de mis autores favoritos, esta novela la debo haber leído por lo menos tres veces —comentó entusiasmado.
—¿En serio? Yo la estoy leyendo por segunda vez, la retomé después de ver la adaptación del cine.
—Excelente adaptación, de un director brasileño, un trabajo impecable.
—Sí —Serena sonreía fascinada al escucharlo, descubrir otro interés en común con él la colmaba de alegría.
—Tengo varios libros de él, si quieres puedo prestártelos.
—Seguro, me encantaría —y volvieron a quedar prendidos de sus miradas sin dejar de sonreír.
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Pasaron el resto de la tarde juntos sentados en el césped, conversando sobre muchísimas cosas, riendo, divirtiéndose, sintiéndose cada vez más a gusto con su compañía.
Cuando el sol comenzaba a ponerse observaron en silencio la hermosa puesta sobre el agua que reflejaba el cielo pintado de naranja, era un momento realmente romántico. Darien rodeó los hombros de Serena con su brazo y ella reposó su rostro en su pecho. Y permanecieron así hasta que el sol terminó de esconderse.
Ambos soltaron un largo suspiro al mismo tiempo y luego rieron por la coincidencia. —¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Darien soltando el abrazo—. ¿Quieres cenar conmigo?
Serena se sonrojó instantáneamente y sonrió con timidez. —¿Me estás invitando a una cita? —preguntó con picardía.
—No sé si a una cita —respondió él riendo—. En realidad había pensado en ordenar algo por teléfono, ¿eso contaría como cita?
Ella también rió. —Una cita bastante informal pero una cita al fin —bromeó.
—Si quieres podemos ir a tu casa, está más cerca de aquí que mi departamento.
Ella se puso seria y recordó que Seiya le había dicho que quizás pasaría a verla. —No, mejor vamos al tuyo. No quiero volver a mi casa todavía.
Él no se atrevió a preguntarle por qué. —Está bien, como tú prefieras —se puso de pie y le tendió una mano—. ¿Vamos, mi linda princesa? —dijo con una alegre sonrisa.
—Vamos, mi noble caballero —respondió ella también sonriente mientras tomaba su mano.
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Caminaron juntos hasta el edificio donde vivía Darien. Serena ató su bicicleta en una columna y entraron.
Cuando estuvieron dentro del departamento ella se puso a observar el lugar con curiosidad, estaba todo muy ordenado, había una biblioteca llena de libros y discos y se acercó para leer algunos títulos.
Darien había ido hasta la cocina para buscar algo y cuando regresó a la sala permaneció un momento en silencio observándola detenidamente. La encontraba más bonita que nunca, vestía una larga falda violeta, una blusa blanca sin mangas y su cabello suelto. Sonrió embelesado por la imagen que tenía enfrente, la chica de sus sueños estaba frente a él, en su casa, interesándose en sus cosas, haciéndolo sentir valorado, apreciado de verdad por quién era. Y cuando ella volteó a verlo no pudo evitar regalarle una tierna sonrisa.
Ella también sonrió. —Me gusta tu casa.
Él se acercó a ella. —¿Te gusta? —dijo riendo—. Es bastante básica y sobria.
—Sí, es cierto —agregó ella—. Quizás le falta algo de decoración —y también rió.
—Definitivamente se nota que le falta el toque femenino —bromeó él y ambos rieron—. Bueno, tengo mucha hambre. ¿Qué pedimos? —dijo mientras hojeaba la revista que había buscado en la cocina—. Veamos, ¿qué tenemos aquí? Pizzas, hamburguesas, comida thai…
—¿Comida thai? ¡Eso me gusta! —dijo ella entusiasmada.
—¿Sí? Bueno, thai será entonces. Siempre es bueno probar cosas nuevas —y sacó el teléfono de su bolsillo.
—¿No has probado nunca la comida thai? Por dios, lo que te estás perdiendo —dijo ella mientras tomaba la revista para leer y elegir, y él volvía a reír —A ver, pide dos de estos —señalaba la lista—. Tienen langostinos, vas a chuparte los dedos —y Darien llamó para hacer el pedido.
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Después de comer, Darien preparó té para la sobremesa y siguieron conversando mientras Serena hojeaba la revista. —¿Puedo romperla? —preguntó ella.
—¿Para qué? —preguntó él curioso.
—Sorpresa… —respondió con una pícara sonrisa.
—Adelante —dijo riendo.
Serena comenzó a arrancar las hojas de la revista. —Cuéntame más de ti, Darien. ¿De dónde eres? ¿Siempre viviste en Tokio? —preguntó mientras comenzaba a doblar el papel.
—Sí, nací y viví siempre aquí —respondió él.
—¿Y tu familia?
Darien se puso serio. —También eran de aquí.
—¿Eran?
Si bien Serena estaba siendo demasiado directa para preguntarle, a Darien no le molestó, al contrario, le gustaba que ella se mostrara interesada en él. —Bueno, en realidad no tengo familia —ella lo miró con pena, temió haberse metido sin querer con un tema delicado para él y se arrepintió de haberle preguntado tan a la ligera—. A mi padre jamás lo conocí y mi madre murió cuando yo era muy pequeño.
—Lo siento —dijo ella al notar tristeza en el rostro de Darien—, no quise ser entrometida al preguntarte esto.
—Descuida —la interrumpió él y sonrió con calma—, no me incomoda hablar de esto contigo —y siguió contando—. Viví con una familia adoptiva hasta que cumplí 20 y recuperé mi casa —ella lo escuchaba en silencio—. Aquella vieja casa donde me llevaste la noche que nos conocimos —suspiró un tanto afligido al recordar—. La vendí lo más rápido que pude y me compré este departamento, eso ya te lo había contado —ella asintió—. Y la casa fue demolida, creo que construyeron un edificio de departamentos en su lugar.
—Comprendo —dijo ella y no se atrevió a preguntar más.
Darien volvió a suspirar y ambos se quedaron callados por unos largos segundos. —¿Y tú? ¿También viviste siempre aquí? —preguntó él.
Serena retomó su tarea con los papeles. —No —y comenzó a relatar—. Nací y crecí en un pequeño pueblo no muy lejos de aquí. Mi papá es profesor de historia y mi mamá enfermera, los dos unas hermosas personas, muy comprometidos con sus trabajos, con la gente del lugar. Ellos influyeron mucho en la elección de mi carrera, crecí entre libros de sociología, humanidades, literatura. Y siempre rodeada de mucha gente, la casa estaba llena de niños, tenía muchísimos amigos. Pero como no había escuela secundaria, cuando cumplí 13 nos mudamos a la ciudad y vivo aquí desde entonces.
—¿Y tienes hermanos?
—Sí, un hermano menor, Sammy, es un niño insoportable —dijo riendo—. Bueno, ya no tan niño, ahora está en la universidad, pero no vive en Tokio.
—¿Y por qué no vives más con tus padres?
—Porque regresaron al pueblo hace poco más de un año y yo me quedé estudiando y trabajando aquí.
—Disculpa, Serena, no pienses que no te estoy prestando atención en lo que me cuentas —la interrumpió y se acercó a ella—. Pero tengo que decirte algo importante —Serena lo miró confundida y Darien comenzó a acariciar su rostro con dulzura—. Eres… muy hermosa… —y sonrió.
Otra vez unas inesperadas y cálidas cosquillas recorrieron el cuerpo de Serena al perderse en los ojos de Darien, en sus palabras, en sus caricias. Y él agrandaba su sonrisa al verla ruborizada y se fue acercando a ella cada vez más. Ahora sentía que no iba a poder contenerse y deseaba besarla inmediatamente.
Pero el teléfono de Serena los interrumpió y ella pegó un salto del susto al escucharlo. Darien se alejó un poco y ella buscó el celular en su bolso. —Ay, no —dijo nerviosa al ver quién la llamaba.
Darien suspiró frustrado. —¿Es tu novio? —adivinó, ella asintió—. ¿No vas a atender? —y ella cortó la llamada. Se hizo una tensa pausa, él no le sacaba los ojos de encima y ella sólo miraba el teléfono entre sus manos. Darien volvió a suspirar—. ¿Qué sucede, Serena? ¿Quieres contarme? —le preguntó con calma.
El celular sonó de nuevo y Serena volvió a cortar. —Sucede que soy una tonta —dijo suspirando con pesar, él la miró confundido—. Una tonta y una cobarde. Ya no quiero estar con él, ya no siento que exista nada que me una a él. Siempre creí, o mejor dicho fantaseé con la ingenua idea que teníamos muchas cosas en común, pero hace tiempo que me estoy dando cuenta de que no es así. Y me cuesta tanto tomar una decisión, temo llegar a lastimarlo si hago algo incorrecto. No sé… No sé qué hacer —y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Serena… —la llamó Darien, ella no reaccionaba—. Serena, mírame —y ella pudo obedecer—. Deja de pensar si lo que te pasa es correcto o incorrecto, no existe ni bien ni mal en los sentimientos. Si estás segura de lo que quieres, o en este caso de lo que no quieres, no debes dudar de ello ni presionarte en sostener algo que no te hace bien —Serena no podía contener sus lágrimas al escucharlo—. Ambos saldrán lastimados si sigues dilatando algo que ya no quieres. Yo no creo que seas una tonta, ni mucho menos una cobarde. Te conozco poco, pero sé que eres muy honesta y transparente —volvía a acariciar su rostro para limpiarle las lágrimas—. Debes hablar con él, debes decirle lo que sientes —y de nuevo se miraron fijamente a los ojos.
—Darien… —él asintió con una sonrisa. Si bien Serena entendía todo lo que le decía y creía que tenía mucha razón sobre lo que era mejor para ella con respecto a Seiya, no pudo evitar relacionar sus palabras con lo que estaba sintiendo por él. Y en su cabeza resonaban todas las cosas que le dijo—. Darien, yo… —Estuvo a punto de confesarle lo que sentía, que desde que lo vio la primera vez nunca pudo dejar de pensar en él, que adoraba pasar tiempo con él, reír con él, que lo extrañaba horrores cuando no lo veía. Pero el teléfono los volvió a interrumpir. Serena suspiró de nuevo y esta vez decidió atender.
Darien se puso de pie y se fue hasta la cocina con las tazas de té para darle privacidad. Esperó con mucha impaciencia a que ella terminara de hablar. No podía creer lo que acababa de pasar, otra vez había estado a punto de besarla. ¿Qué hubiera sucedido si lo hacía? ¿Y de dónde había sacado todas esas palabras que le dijo? Quizás lo motivó el inmenso deseo que tenía de estar junto a ella sin que nadie se interpusiera en su paso. Quizás se estaba dando cuenta de que se estaba enamorando de verdad. Quizás esas palabras en realidad se las estaba diciendo a él mismo.
Se sentía muy ansioso, una inexplicable angustia comenzaba a presionar su pecho y de repente sintió mucho miedo. Miedo de perderla, de quedarse solo de nuevo, de no ser capaz de ofrecerle lo que ella se merecía, de no ser lo suficientemente bueno para que ella lo eligiera.
Estuvo a punto de perder todo tipo de control y ponerse a llorar, pero cuando Serena apareció en la puerta de la cocina y la vio, todo su malestar se desvaneció de golpe. Ella caminó hacia él con la mirada baja. —¿Qué pasó? —le preguntó impaciente.
—Nada, le dije que quería hablar con él y quedamos en vernos durante la semana —respondió molesta—. No sé cuándo será, porque él siempre tiene su agenda muy ocupada —lo miró y lo notó algo extraño—. ¿Estás bien?
—Sí —respondió Darien con una alegre sonrisa—. ¿Tú estás bien?
Serena asintió. —Ya está lista tu sorpresa —le dijo con una pícara sonrisa, él la miró confundido—. Ven —y le tendió la mano.
Volvieron juntos a la sala tomados de la mano y ella le entregó el regalo que acababa de hacerle con las hojas de la revista. —Toma, para que empieces a decorar tu casa.
—Serena —dijo sorprendido mientras miraba el colgante de grullas de papel que ella le había hecho—, esto es… —no podía emitir palabra que pudiera describir lo emocionado y agradecido que se sentía.
—Origamis —agregó Serena riendo—. Nada del otro mundo, pero creo que va a quedar bonito si lo cuelgas en alguna pared.
Darien sin pensarlo la abrazó efusivo y ella volvió a reír. —Gracias, es hermoso —y ya no sintió más ni la ansiedad ni el miedo ni la angustia de momentos antes.
Cuando se separaron él la miró a los ojos y acomodó delicadamente un mechón de pelo que caía sobre el rostro de Serena. —Gracias, mi dulce ángel —y ambos sonrieron.
—Bueno —dijo ella tras una pausa—, ya me voy, es tarde.
—Te acompaño —dijo él.
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Caminaron juntos hasta lo de Serena, era un trayecto no muy largo, y estuvieron callados la mayor parte del tiempo.
Durante las últimas horas los dos se habían dado cuenta de muchas cosas y habían logrado conocerse más y afianzar su nueva relación. Estaban contentos, tranquilos, pero al mismo tiempo un tanto nerviosos, ya que también habían vuelto a descubrir que se sentían atraídos e interesados el uno por el otro de una forma muy diferente a dos buenos amigos. No lo negaban, pero tampoco se atrevían a hacer algo al respecto, al menos no por ahora.
Al llegar a la entrada del edificio volvieron a quedar en silencio, ninguno quería disponerse a despedir al otro. Hasta que Darien se animó a hablar. —¿Te digo algo? —ella asintió—. Todavía no me separé de ti y ya te estoy extrañando —ambos sonrieron emocionados—. Ven aquí —dijo mientras la tomaba de la mano y la acercaba a él para abrazarla con fuerza—. Serena… —soltó un largo suspiro—. Mi ángel… —y ella también lo abrazaba con fuerza y suspiraba. Lo que no se animaban a decirse con palabras se lo estaban demostrando con ese abrazo. Y permanecieron así por largo rato.
Cuando al fin se separaron Darien le dio un corto beso en la frente y ella tomó su rostro para darle un cálido beso en la mejilla, que él disfrutó con los ojos cerrados. —Adiós —susurró Serena y él no dijo nada, sólo sonrió y la siguió con la mirada hasta que entró.
