Gente linda! Como están?

Vuelvo a actualizar con un nuevo cap. En esta ocasión se trata de un episodio que me quedó bastante largo, así que lo dividí en dos partes, que a mi criterio queda mejor así porque son dos momentos muy diferentes pero a la vez relacionados entre sí.

Acá les dejo la primera parte, que quedó un poco corta pero para mi está bien bonita… nuestros dos tortolitos están cada vez más enamorados… tan lindosss! Espero que les guste…! Y mañana si llego a terminar a tiempo la segunda parte también la subo.

Gracias por seguirme y comentarme! Sigan haciéndolo por favor! Y les pido a quienes aún no lo han hecho que también me escriban, sus opiniones son muy importantes para mí, me dan ánimos para seguir produciendo! :)

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Saluditos y buen finde per tutti!

Bell.-


:: Capítulo Nueve : Primera parte ::

Una nueva semana pasó.

Durante esos días Serena intentó reunirse con Seiya para hablar con él y darle una definición a su relación, pero no pudieron coincidir para verse, y casi tampoco se comunicaron. Él estaba muy a las corridas con los preparativos de su viaje y no tenía ni un minuto libre para juntarse con ella, ni siquiera para llamarla. Esta actitud la convencía más a Serena de que las cosas entre ellos ya no funcionaban y que no deseaba estar más con él.

En cambio Darien estuvo pendiente de ella todo el tiempo. La llamaba todos los días, le enviaba cientos de mensajes y a veces la visitaba en su trabajo. Aunque se veían poco, cada vez se sentían mejor estando juntos, compartiendo sus cosas, sus intereses, sus atenciones.

Y él por su parte se sentía de maravilla, cumplía con su trabajo, avanzaba en sus estudios, llevaba una vida tan ordenada como nunca antes lo había hecho, y eso le daba mucha satisfacción. Sentía que esta vez las cosas se encaminaban como realmente quería, y todo gracias a Serena. Ella era la razón por la que estaba cambiando, ella era lo único que le daba seguridad y lo estimulaba para tener una vida mejor. Pero como estaba al tanto de que todavía no había podido resolver sus asuntos sentimentales, no quiso ser invasivo ni demasiado insistente durante esos días, consideraba que sería mejor respetar sus tiempos hasta que ella pudiera definir su situación. Aunque por dentro se moría de ganas por estar con ella, la extrañaba, la necesitaba tanto.

Cuando llegó el fin de semana, Serena estaba en su departamento, recostada en el sofá leyendo y escuchando música. Era un tranquilo sábado, afuera llovía mucho, estaba realmente ideal para descansar y pasar un relajado día. Había decidido no pensar más en su frustrante relación con Seiya, en realidad ya la daba por terminada al no haber podido volver a verlo por tantos días aunque ella le hubiera insistido incontables veces. Sin embargo ya no se sentía molesta al respecto, tampoco desilusionada, sino que en realidad se sentía aliviada porque para ella ya estaba más que claro que no había nada por hacer. Aunque hubiera preferido poder hablar abiertamente con él y no dejar nada pendiente entre ellos.

Estaba tan metida en la lectura que no se dio cuenta de cuánto tiempo pasó. Y al mirar la hora entendió por qué sentía tanta hambre, eran las 3 de la tarde y ni siquiera había desayunado. Se levantó, revisó en la cocina para ver qué podría comer y no encontró casi nada. Suspiró molesta y fue hasta el balcón para ver cómo seguía el clima. La intensidad de la lluvia no disminuía ni un poco, pero eso no la detendría para salir, al contrario, adoraba los días así. Decidió ir a hacer algunas compras, en el centro comercial encontraría algún almacén abierto. Así que se calzó las zapatillas, buscó su impermeable y salió.

.

.

.

Al llegar al lugar comenzó a caminar mirando algunas vidrieras y recordando la vez que estuvo de compras con Darien. Mientras recorría las tiendas por las que habían estado juntos sonreía contenta al pensar en los momentos divertidos que habían compartido. Y cuando pasó por la juguetería donde Darien le había comprado el conejito, permaneció un rato con la mirada fija en los peluches y sonreía emocionada al recordarlo.

Estaba tan perdida en sus pensamientos que cuando empezó a caminar de nuevo no se fijó que alguien se cruzó en su paso y no pudo evitar atropellarlo. —Lo siento —dijo avergonzada sin atreverse a mirarlo y se agachó para levantar su impermeable que había caído al suelo junto con el paraguas de la persona con quien había chocado.

Cuando se incorporó se animó a verlo a la cara para devolverle el paraguas y al reconocerlo en su rostro se dibujó una enorme sonrisa. —¡Darien! —y saltó efusiva sobre él para abrazarlo—. ¡Hola, Darien! —se sintió tan feliz de verlo, lo extrañaba tanto…

Él también reía feliz por el inesperado encuentro. En realidad la había reconocido momentos antes cuando pasaba cerca de ella y se había acercado con la intención de saludarla, pero Serena lo 'atropelló' antes de que pudiera hablarle. —Hola, Serena, qué linda coincidencia —decía contento mientras la abrazaba con fuerza, también la había extrañado mucho. Cuando se separaron un poco para poder mirarse a los ojos él siguió abrazándola y acariciaba su rostro acomodando unos mechones húmedos que caían sobre la frente de Serena—. ¿Qué haces aquí? —le preguntó con una dulce sonrisa—. ¿Acaso volviste a escaparte del cielo para encontrarte conmigo?

Serena sonrió cautivada por sus palabras. —Eres un presumido —murmuró coqueta y le regaló un largo y tierno beso en la mejilla.

Darien cerró los ojos y sintió estremecerse de pies a cabeza con ese beso, hubiera deseado que no terminara nunca. No supo cuánto tiempo permaneció así, la sensación de los labios de Serena acariciando su piel con ese delicado y casto beso no se le pasaba más y cuando volvió a abrir los ojos se encontró con su mirada, con su alegre sonrisa y temió perder el control ante el inmenso deseo que sintió de besarla en los labios. La observaba fijamente, estaba embelesado, fascinado con su mirada, perdido en sus ojos, en su boca, la tenía tan cerca… —Serena… —susurró casi sin voz y ella volvió a abrazarlo.

Permanecieron así por varios minutos, no se habrían separado jamás. Aunque ambos deseaban haberse animado a besarse, todavía ninguno de los dos se sentía listo para dar ese paso.

Soltaron un largo suspiro y lentamente Darien volvió a alejarse un poco. Besó a Serena en la frente. —¿Qué haces aquí? —preguntó otra vez.

—Vine de compras, ¿y tú? —no dejaba de sonreír.

—También, no tengo ni un pedazo de pan en mi casa y muero de hambre —respondió riendo.

—Entonces te propongo algo —agregó ella entusiasmada.

—Dime.

—Vayamos juntos a comprar y luego te invito a comer a mi departamento, ¿qué dices?

—¿Y cocinarás para mí? —Serena asintió contenta—. Está bien, acepto.

.

.

.

Después de comprar todo lo necesario para el retrasado e improvisado almuerzo que compartirían, salieron juntos del centro comercial para dirigirse al departamento de Serena.

Afuera ya casi no llovía, pero había mucha agua acumulada en las calles y caminaban conversando y riendo divertidos como siempre que estaban juntos. Pero cuando ya casi llegaban al edificio de Serena, cerca de ellos pasó una camioneta tan rápido que provocó una ola de agua que los salpicó enteros. Quedaron inmóviles ante lo ocurrido, ella salió casi ilesa porque llevaba puesto su impermeable, pero Darien estaba empapado y Serena no pudo evitar echar a reír con descontrol al verlo. —Rayos… —dijo él sin soltar su paraguas, que no le había servido para nada, y Serena reía cada vez más—. No es nada gracioso —le reprochó molesto, pero no pudo evitar contagiarse de la risa de Serena, aunque con mucho menos entusiasmo que ella.

Cuando logró calmarse un poco, Serena lo tomó de la mano. —Vamos, apresurémonos —dijo aún risueña—. No vaya a ser que el sátiro de la camioneta regrese y quiera revancha —y siguieron caminando.

Al entrar en el departamento de Serena, ella dejó las bolsas de las compras y el impermeable en la cocina y fue hasta el baño para buscar toallas. —Toma —le dijo a Darien al entregárselas—. Sécate un poco, iré a ver si tengo algo de ropa para prestarte —y no pudo evitar volver a reír al verlo tan mojado y recordar el incidente.

Serena fue a su habitación a revisar el armario, creía recordar que quizás tendría algo de ropa de Seiya y efectivamente encontró una camiseta y un pantalón deportivo. Antes de volver a la sala se quitó las zapatillas y las medias que también tenía empapadas.

Cuando regresó vio que Darien ya se había quitado su camiseta. —Lo siento —le dijo al verla llegar—, estaba muriendo de frío —se disculpó mientras secaba su cabello con la toalla. Ella no pudo evitar sonrojarse al verlo así y se acercó con timidez para alcanzarle la ropa seca—. Gracias —le dijo él al recibirla y sonrió halagado por el rubor de Serena—. ¿Puedo pasar al baño?

—Claro —respondió ella nerviosa—. La primera puerta a la izquierda —le indicó.

Darien se encaminó por donde ella le señaló y Serena fue a la cocina para ordenar las cosas que habían comprado.

Minutos después Darien regresó ya cambiado y buscó a Serena en la cocina. La observó unos instantes en silencio desde la puerta, la recorrió entera con los ojos. Estaba descalza, con el cabello mojado, afanada en los preparativos de la comida y la encontró sencillamente hermosa… —Serena —la llamó mientras se acercaba a ella—, ¿tienes una bolsa o algo para guardar esto?

Ella volteó al escucharlo y volvió a sonrojarse al verlo. También estaba descalzo y con el cabello mojado y volvía a comprobar que lo encontraba irresistiblemente atractivo, aunque vistiera tan informal. —Eh… —demoró en articular palabra al sentirse tan nerviosa—. Mejor extiende la ropa en las sillas, así se seca un poco —él asintió y fue hasta el comedor—. Por dios, Serena, ¿qué te está pasando? —se preguntó a sí misma en voz baja.

.

.

.

Darien ayudó a Serena a cocinar, fue un momento realmente divertido porque él era muy inexperto en el arte culinario y ella tenía que indicarle infinidad de veces lo que tenía que hacer.

Después de comer se sentaron en el sofá para tomar café y comer unos chocolates mientras veían una película. Lo estaban pasando espléndidamente bien estando juntos, cada vez se sentían más a gusto con su compañía. Disfrutaban de todo lo que hablaban, bromeaban, se divertían, reían, cruzaban miradas coquetas. Todo era simplemente perfecto.

Cuando la película ya estaba terminando, estuvieron en silencio por un momento, cómodamente recostados contra el respaldo del sofá. Serena volteó a verlo y se dio cuenta de que Darien se había quedado dormido. Sonrió enternecida por la imagen que tenía enfrente y se acomodó para poder mirarlo mejor. Observaba con detenimiento cada facción de su rostro, lo encontraba tan tranquilo, respiraba profunda y largamente y por momentos apretaba los ojos, quizás estaría soñando.

Sin darse cuenta muy despacio comenzó a acercarse a él y volvía a recorrer su rostro con los ojos. Observaba detalladamente sus párpados, sus pómulos, su nariz, sus labios. No pudo evitar sentir cómo unas fuertes e inesperadas cosquillas estremecían su cuerpo al verlo de esa forma. Y suspiró suavemente para soltar las inquietantes sensaciones.

Darien también suspiró y se despertó. Cuando se dio cuenta de que ella estaba muy cerca de él, giró un poco para verla y se encontró con sus ojos. —Hola —le dijo con una leve sonrisa y se acomodó para quedar frente a ella—. ¿Ya terminó la película? —ella asintió sin sacarle los ojos de encima—. Era muy aburrida —y ambos rieron.

No supieron cuánto tiempo permanecieron mirándose fijamente, para los dos el mundo se había detenido mientras se perdían en sus ojos. No encontraban palabras para describir cómo se sentían, no las necesitaban. Podían reconocerse genuinamente en sus miradas sin nada que los interrumpiera, sin pretextos, sin estrategias, simplemente observándose profundamente a los ojos, con calma, con confianza, con… amor…

Serena acercó su mano al rostro de Darien y empezó a acariciarlo con delicadeza. Él volvió a cerrar los ojos para poder sentirla y disfrutar de sus caricias. Ella acomodaba su cabello, recorría sus facciones con las yemas de los dedos y él suspiraba deleitado por la forma en que lo trataba.

Darien abrió los ojos de nuevo y tomó su mano. —Serena… —susurró.

Estaban muy cerca, sus alientos se mezclaban, sus narices se rozaban, estaban a punto de besarse, esta vez ya no podrían evitarlo, se necesitaban, se deseaban, ya no podían esconder más lo que sentían.

Serena cerró los ojos para esperarlo, él volvió a sonreír y cuando estuvo a punto de acariciar sus labios con el beso que hacía tanto esperaba poder darle, golpearon a la puerta.