Hola! Cómo va? Yo muriendo de calor! :( Que semana cruel por dios!

Bueno, aquí les traigo la segunda parte del cap NUEVE. Por lo que leí en algunos comentarios noté que no les gustó mucho la interrupción del tan ansiado beso entre nuestros adorados protagonistas… perdón! Pero bue, me salió así…

En fin, esta ocasión me puse un poco más seria, de como venía hasta ahora… Quizás las cosas se empiecen a encaminar de otra manera a partir de acá porque tocaré temas profundos, que en realidad tienen que ver con cuestiones y experiencias personales mías, como todo lo que escribo… Espero sepan comprenderlo…

Les hago una sugerencia: que busquen y escuchen el tema "Between the bars" de Elliott Smith, una canción que encaja a la perfección con lo que le pasa a Darien en este cap. No transcribí la letra, pero si quieren leerla traducida pueden pedírmela y se las paso.

Lxs invito entonces a leer y les pido por favor que no dejen de compartir conmigo sus inquietudes e impresiones sobre lo que vienen leyendo, me importa mucho saber lo que piensan y sienten, y agradezco de corazón que me lo digan!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Saluditos! Y hasta la próxima!

Bell.-


:: Capítulo Nueve : Segunda parte ::

Serena y Darien quedaron inmóviles por unos segundos, como deseando no haber escuchado nada. Pero volvieron a tocar más fuerte a la puerta y se separaron de inmediato. —¿Esperas a alguien? —preguntó él.

—No —respondió ella segura—. Quizás sea el sátiro de la camioneta que está buscándote —y ambos rieron.

Serena se puso de pie para ir a atender sin dejar de reír, más por lo nerviosa que se sentía con lo que casi acababa de pasar que por el tonto chiste que había hecho. Y cuando abrió la puerta toda su alegría desapareció al ver a Seiya del otro lado. —¿Qué haces aquí? —preguntó con sorpresa.

—Hola, bombón —dijo él y la abrazó con fuerza—. Al fin te puedo ver. ¡Por dios, te extrañé tanto!

Darien al darse cuenta de que acababa de llegar el novio de Serena deseó que lo tragara la tierra y se levantó de un salto del sofá.

Cuando Seiya lo vio soltó a Serena y la miró confundido. —¿Qué estás haciendo, Serena? ¿Quién es él?

Ella se dio cuenta de que no se sentía para nada incómoda con la situación. Por un lado porque no estaba haciendo algo malo y por otro porque sentía que ya no tenía nada con Seiya, que no le debía ningún tipo de explicación. —Él es Darien.

Seiya no sabía cómo reaccionar ante la actitud tan relajada de Serena. —¿Y qué hace usando mi ropa? —comenzaba a molestarse.

—Salimos de compras y nos mojamos con la lluvia. Así que le tuve que prestar ropa seca y no iba a darle un vestido mío —respondió ella con firmeza.

—Lo siento —dijo Darien al fin, estaba realmente incómodo y sólo quería huir de ahí—, hola —se acercó a Seiya extendiéndole una mano para saludarlo.

—Hola —Seiya le respondió el saludo, estaba realmente confundido con lo que pasaba, no sabía si enojarse, si mantenerse tranquilo, sólo los miraba a los dos alternadamente intentando entender lo que sucedía—. Bueno —se dirigió a Serena—, vine para que hablemos —dijo sin rodeos, evidentemente las cosas ya no estaban para andar con vueltas.

—Bueno, yo… —volvió a decir Darien mientras se calzaba las zapatillas—. Ya me voy, Serena —quería salir corriendo.

—Está bien —dijo ella en el mismo tono calmado—. Espera a que te guarde las cosas en un bolso —fue hasta la mesa, juntó la ropa de Darien de las sillas y guardó todo en una mochila—. Toma —le dijo al entregarle el bolso a Darien con una tranquila sonrisa—, otro día me devuelves la mochila.

—Gracias —dijo él y Serena lo acompañó hasta la puerta. Se despidieron y Darien le murmuró al oído antes de salir—. Llámame, por favor —y la miró con una evidente expresión de preocupación.

Ella lo abrazó para transmitirle su seguridad. —Todo va a estar bien, te llamaré —y finalmente Darien se fue.

.

.

.

Serena cerró la puerta después de que Darien salió y permaneció inmóvil de espaldas a la sala por unos instantes, pensando en lo que casi acababa de pasar con él y en la inesperada aparición de Seiya que los había interrumpido.

Y por su parte Seiya también estaba callado, comenzaba a sentir que una profunda tristeza lo invadía al darse cuenta de repente de que su relación con Serena había terminado. Lo supo al ver a Darien, pero sobre todo al ver a Serena tan tranquila con la situación, sin necesidad de fingir o ponerse nerviosa o darle alguna explicación.

Serena inspiró profundo para reunir valor y volteó a ver a Seiya con su mejor cara. —¿Quieres tomar algo? Tengo café recién hecho —Seiya no respondió, sólo la miraba con pena. Y ella igualmente decidió ir a servir un par de tazas. Cuando regresó a la sala Seiya estaba en el sofá y se sentó junto a él.

—Serena… —dijo él tras una larga pausa—. Lo siento tanto, Serena.

—¿Qué es lo que sientes, Seiya?

—Siento… —su voz comenzaba a quebrarse—. Siento haberte descuidado, haberte dejado de lado, haber priorizado otras cosas antes que a ti —no podía mirarla, sólo hablaba afligido dejando escapar las lágrimas de sus ojos.

—Yo también lo siento, Seiya —se hizo otra larga y tensa pausa—. Pero tarde o temprano esto iba a pasar, nuestra relación se iba a terminar algún día. Porque no somos compatibles en nada, lo único que tenemos en común es nuestra carrera, y ni siquiera eso, porque hasta en nuestra profesión seguimos caminos totalmente opuestos. Yo pensaba que…

—Pero yo te amo, Serena —la interrumpió Seiya mirándola a los ojos al fin y ella no supo cómo reaccionar.

.

.

.

Darien caminó hasta su departamento lo más rápido que pudo. La lluvia se había intensificado de nuevo y había dejado olvidado su paraguas en lo de Serena. Se sentía muy nervioso, muy confundido. No podía dejar de pensar en qué hubiera sucedido si Seiya no llegaba, si la hubiera besado. Se daba cuenta de cuánto la deseaba, de cuánto la necesitaba, de que la amaba. Y en sus ojos pudo ver que a ella le pasaba exactamente lo mismo, lo miraba con tanto amor, lo acariciaba de una forma tan afectuosa, tan dulce, jamás se había sentido de esa forma. Y con la interrupción de Seiya se sintió tan impotente, tan frustrado. Deseaba que nada de eso hubiera pasado, que él no se interpusiera entre ellos, que pudieran estar juntos.

Cuando entró en su casa se desvistió apurado como queriendo quitarse de encima las molestas sensaciones que tenía, la incomodidad que le había provocado la inesperada situación. Fue hasta el baño para darse una larga ducha e intentar calmarse, pero no le sirvió de nada. Se sentía muy ansioso, otra vez una punzante angustia comenzaba a hacerle doler el pecho e inexplicablemente comenzó a llorar con desconsuelo por largo rato bajo el agua. Se sentía devastado, sin fuerzas, con un inmenso dolor que lo invadía entero. No podía entender qué lo motivaba a sentirse así tan de repente si estaba haciendo todo bien, si había logrado ordenar su vida, reencontrarse con quien creía lo ayudaría a sanar sus heridas. Pero no podía evitarlo, la sensación de impotencia y miedo era tan intensa que le dolía hasta en el cuerpo.

Poco a poco pudo calmarse y dejar de llorar, sentía que había logrado desahogarse lo suficiente. Cerró el agua, se cubrió con las toallas y fue hasta el espejo. Miró con detenimiento el reflejo de su rostro por unos segundos, reconocía una expresión tan dura en sus ojos que sintió lástima de sí mismo. —Lunático —se dijo con desprecio y se fue a la habitación para vestirse.

Se sentó en su cama y permaneció con la mirada clavada en el suelo pensando en todo lo que había pasado ese día y otra vez tratando de comprender por qué se sentía tan mal cuando en realidad nada terrible había sucedido. Las cosas con Serena marchaban como él quería, aunque Seiya los hubiera interrumpido era más que evidente que ella ya no lo elegía, sino que le había demostrado que quería estar con él. Pero la angustia y el miedo volvían a imponerse sin entender lógicamente por qué. Y eso lo desesperaba cada vez más.

No iba a tolerar sentirse así por más tiempo, tenía que hacer algo para apaciguar las molestas emociones de alguna forma y sólo había una manera para tapar sus sentimientos, al menos la única a la que él siempre recurría.

Se levantó de la cama y fue hasta la cocina a revisar las alacenas. Tenía que encontrar algo para beber, no aguantaba más la presión que sentía en su pecho. Revisaba nervioso los estantes, convencido de que en algún lugar tendría escondida alguna botella, pero no encontró nada y se sintió peor.

Fue hasta la sala y revisó los demás muebles, sabía que tampoco iba a encontrar nada ahí pero necesitaba buscar en cada rincón para estar seguro. Cuando ya no había más lugares para revisar comenzó a sentirse cada vez más ansioso y angustiado. Caminaba nervioso de un lado a otro agarrándose la cabeza con las manos. —No, Darien, no lo hagas de nuevo —se decía a sí mismo con pesar, pero estaba desesperado y no quería volver a llorar—. No seas débil, tienes que superar esto de una buena vez —intentaba razonar.

Cuando se tranquilizó un poco se sentó en el sofá y suspiró largamente. Volvió a recordar todo lo que había pasado, intentando encontrar algún motivo para calmarse y recuperar la seguridad que había tenido durante las últimas semanas. Pensaba en Serena, en lo bien que se sentía con ella, en cómo lo trataba, lo miraba, lo apreciaba. Recordaba cómo lo hacía reír, cómo lograba hacerlo sentir tranquilo y seguro a su lado, cómo lo reconfortaba con su forma de ser tan tierna y cálida. Y recordaba los momentos en que estuvo a punto de besarla, perdiéndose en sus ojos, sintiendo que la necesitaba y que la amaba profundamente. Y la angustia y el miedo volvieron a invadirlo. —¿Por qué? ¡¿Por qué?! —otra vez se agarraba la cabeza nervioso y sentía deseos de llorar.

No pudo soportar más el estado en que se encontraba y decidió que tenía que hacer algo para intentar aliviarse. Así que miró la hora, se levantó, buscó algo de dinero y salió apurado.

.

.

.

En lo de Serena,

Ella y Seiya seguían en silencio sentados en el sofá. Ella terminó su café y dejó la taza en la mesita para luego hablar con calma. —Mira, Seiya, lamento mucho tener que decirte esto, pero ya no podemos estar más juntos.

—¿Es por ese sujeto? —preguntó él, Serena no respondió—. ¿Es por Darien? ¿Acaso dejaste de quererme y te enamoraste de él?

Serena soltó un pesado suspiro. —No seas inmaduro, Seiya, no intentes meter a terceros en esto, no busques excusas donde no corresponde. Lo que hay entre Darien y yo es un asunto aparte, no voy a darte ningún tipo de explicación al respecto.

—Entonces es cierto, sientes algo por él, ¿es eso? —ella no respondía—. Vamos, Serena, dime la verdad.

—Te dije que no voy a hablarte de él —lo miró con una dura expresión—. Entiéndelo, Seiya, lo nuestro se terminó, hace tiempo que se acabó y en estas semanas se hizo más que evidente que tú y yo ya no estamos más juntos —él bajó la mirada—. Cuando me propusiste lo del viaje en un principio pensé que había algo para salvar. Pero estuviste tan ausente, ni siquiera nos vimos para hablar cuando te dije que no quería ir contigo y te lo pedí incontables veces. Pero tú nunca tenías tiempo, claramente no te importó y yo supe que ya no había nada que hacer.

—Yo también me di cuenta de todo, Serena —la interrumpió Seiya—, no soy tonto. Pero no quería admitirlo, me duele mucho que esto esté sucediendo, por eso evité verte para que hablemos —volvió a mirarla—. ¿Qué nos pasó, Serena? ¿Por qué no pudimos… —empezó a llorar de nuevo al ver la tranquila expresión de Serena, evidentemente ella estaba segura de la decisión que había tomado—. Yo te amo… te amo tanto… —y quiso acercarse para besarla.

Ella lo esquivó y se alejó un poco. —Eso no alcanza —él la miró confundido—. Con el amor solo no es suficiente, al menos no para mí. Yo necesito sentirme acompañada, valorada por lo que soy, por todo lo que tengo, lo bueno y lo malo, sentirme a gusto compartiendo mis cosas, mi vida, mis cualidades, mis limitaciones. Y contigo eso no lo tengo, jamás lo tuve. Y no es justo para ninguno de los dos seguir sosteniendo una relación que no funciona, que nunca funcionó. No hay nada que nos una, Seiya, no tiene sentido seguir así.

—¿No hay nada? ¿Ni siquiera amor? Porque yo sí te amo, aunque no sea capaz de ser y comportarme como tú esperas. ¿Pero tú me amas, Serena?

—No, Seiya. No te amo —dijo ella con pena—. Y no quiero esperar más a que cambies, a que seas como yo necesito que seas. No es justo para ti, no te lo mereces. Tú eres como eres y yo debo aceptarlo. Pero ya no podemos seguir juntos, sólo lograremos hacernos más daño. Lo siento, Seiya, en verdad lo lamento mucho.

—Esto es… —él suspiró afligido—. Esto es muy triste, pero tienes razón, no tiene sentido seguir así —volvieron a quedar en silencio por unos instantes—. Bueno, creo que ya no hay más nada de qué hablar —se levantó—. Tengo que irme, todavía estoy retrasado preparando todo para el viaje. Me voy el miércoles.

—Sí, lo sé —Serena también se puso de pie—. Ojalá salga todo bien.

—Eso espero —caminaron hasta la puerta—. Adiós, Serena.

—Adiós, Seiya —se abrazaron por última vez—. Buen viaje —él asintió con una forzada sonrisa y se fue.

Apenas cerró la puerta, Serena no pudo evitar comenzar a llorar angustiada. Se había esforzado mucho para mantenerse firme y entera mientras hablaba con Seiya, pero por dentro se sentía muy movilizada con lo que estaba haciendo. Estaba totalmente segura de todo lo que le dijo, pero no podía negar que también era doloroso para ella. Porque aunque era la mejor decisión que podía haber tomado con respecto a él, en el fondo lo quería mucho y le dolía saber que lo había lastimado. Pero definitivamente lo mejor para los dos era separarse.

Se fue hasta su habitación para acostarse un momento y tratar de calmarse. Abrazó con fuerza el conejito que le regaló Darien y poco a poco consiguió sentirse más aliviada.

.

.

.

Por su parte, Darien había decidido ir a algún lugar en busca de lo único a lo que era capaz de recurrir cuando se sentía tan desesperado como ahora.

Caminó algunas calles y encontró un pequeño bar abierto. Se detuvo en la puerta, inspiró hondo para juntar fuerzas y entró.

Se sentó junto a la barra y pidió un whisky doble. Estaba tan ansioso que respiraba agitado. Cuando el cantinero le trajo el pedido, permaneció con la mirada fija en el vaso durante mucho tiempo. De a poco su respiración se normalizaba y podía sentirse menos nervioso. Pero no se animaba a probar la bebida. Tenía mucho miedo de perder el control otra vez, sabía que un solo vaso nunca le sería suficiente y que no podía detenerse hasta perder la consciencia. Pero estaba tan desesperado, tan angustiado y ansioso que no encontraba otra salida.

Tomó el vaso con las dos manos y lo acercó a su rostro. Cerró los ojos para sentir el aroma del whisky y volvió a suspirar. No quería beber, sabía que se hacía daño si tomaba de la forma que estaba acostumbrado, pero no podía resistirse, era un impulso más fuerte que él. No soportaba más la angustia que sentía, volvía a tener ganas de llorar y no lo toleraba.

Pero cuando estuvo a punto de dar el primer sorbo, su teléfono comenzó a sonar y enseguida dejó el vaso sobre la barra. Su corazón empezó a latir con fuerza y recapacitó de golpe. —¿Qué estaba por hacer? Casi echo todo a perder. ¡Por dios! ¿Qué estaba por hacer? —se preguntaba en voz alta.

Cuando pudo comenzar a calmarse, atendió la llamada. —¿Hola?

—Hola, Darien

—Serena —suspiró aliviado al escuchar su voz—, gracias.

—¿Por qué?

—Porque me llamaste,

—Te dije que lo haría.

Darien sonrió ya más tranquilo. —¿Cómo estás?

—Bien —respondió ella también suspirando—, mucho más aliviada.

—¿Qué sucedió? ¿Pudiste hablar con él?

—Sí, creo que le dije todo lo que tenía para decir. Y parece que él lo entendió.

—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó impaciente.

—Terminamos.

Darien sintió que todo su malestar desaparecía al escuchar esa respuesta. —¿Cómo te sientes?

—Bien, era lo mejor.

—Lo lamento.

—Descuida, estoy bien, en serio —se quedaron en silencio por un momento—. Darien…

—Dime.

—Creo que nosotros…

—¿Nosotros? —la interrumpió.

—Bueno, yo… Yo me siento muy bien contigo pero… —volvía a suspirar—. Pero necesito tiempo.

—Claro, estoy dispuesto a esperarte todo lo que haga falta.

—Gracias por entenderme.

—Claro que te entiendo. Eres muy especial para mí, Serena, no quiero perderte ahora que al fin te he encontrado. Te esperaré.

—Gracias, Darien

—Gracias a ti.

—Adiós —se despidió Serena.

—Adiós —dijo él.

Después de cortar la llamada, Darien recuperó la seguridad y la paz que creía haber perdido minutos antes y sonrió complacido pensando en la conversación que acababa de tener con Serena. Definitivamente sentía que ella lo salvaba del dolor que por tantos años lo había atormentado, le daba ánimos y fuerzas para salir adelante con su vida y estaba seguro de que era junto a ella que lograría hacerlo.

Dejó dinero junto al vaso de whisky que no probó y salió del lugar sin mirar atrás.