Capítulo 18

Nunca había dormido tan bien, tan suavemente, tan cálidamente y con tanto descanso. Sonrió antes de abrir los ojos y se acomodó más en esa exquisita suavidad. Pestañó un par de veces adormilado, respirando el olor embriagante que lo acariciaba: olor a miel. Abrió grande los ojos e hizo un gesto de "¡Dios mío que he hecho!". Estaba abrazado al cuerpo desnudo de Decius, con su cabeza apoyada en su pecho. Cerró los ojos con fuerzas, porque no se atrevía a mirar esa piel.

-¿Has despertado ya? ¿Quieres algo para beber o comer?- le preguntó Decius.

-No… no gracias- dijo abriendo los ojos con miedo, pero sin atreverse a mover.

Decius le hizo cariño en la cabeza y el corazón de McCoy se estaba acelerando más por miedo que por otra cosa. Este último tenía una necesidad un tanto urgente, así que decidió incorporarse. McCoy vio que las correas ya no estaban y los brazaletes tampoco. Al momento de sentarse, le dio una puntada en su parte baja que le hizo hacer una mueca de dolor.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado Decius.

-Sí, sí, solo voy al baño.

-Te ayudo.

-No, gracias, yo puedo solo.

Trató de caminar, pero el dolor era fuerte, y al dar un paso sintió un pinchazo que reconoció en sus entrañas. Decius debía tenerla bastante grande como para provocar tanto daño. Lo raro es que no se sintió tan mal cuando estaba… entretenido… Decidió no hacerle caso al dolor, porque debía tener un poco de dignidad, así que se enderezó y decidió dar el paso firme, aunque muriera de dolor en el intento. Sin embargo, no alcanzó a darlo, porque fue alzado en el aire y se vio en los anchos brazos del romulano.

-¡Te dije que podía solo!- gruñó, todo rojo por la posición, pegada a ese pecho.

-Yo también voy al baño es mejor ir juntos- dijo con simpleza y se lo llevó con paso firme.

Decius no solo lo ayudó en el baño, sino que también, lo llevó a la tina para un baño de espumas y flores.

-¿Cuándo preparaste esto?- preguntó Leonard.

-Cuando dormías. También hay frutas, jugos, pasteles y lo que desees comer o beber.

-¡Ah!- exclamó con sorpresa.

McCoy comprobó la grandeza entre las piernas de Decius y se sorprendió que entrara todo dentro de su cuerpo. Por tanto, no quería meterse en la tina con él, porque se imaginaba que el otro no se quedaría quieto mientras se bañaban. De seguro tendrían otra ronda de sexo en la tina-jacuzzi y de solo imaginarlo, los colores le volvieron al rostro. Afortunadamente, (según él) solo se limitaron a bañarse, aunque Decius lo mantuvo encima suyo mientras pasaba una exquisita esponja por su cuerpo. Luego, lo ayudó a secarse con una simple toalla (ni quiso preguntar por la famosa máquina secadora) y le puso una bata de baño. El dolor había pasado bastante, quizás el agua tenía alguna medicina al respecto, eso llamó su atención, tanto que no se dio cuenta cuando Decius lo tomó de la mano; estaba ya seco con una bata blanca puesta al igual que él.

-Ven, vamos a tomar algo. Estoy muerto de sed- fue la propuesta.

McCoy se limitó a seguirlo sin retirar la mano. Se recostaron en unos divanes muy confortables donde había una mesa en su costado lleno de manjares.

-Estos pastelillos son exquisitos- dijo su anfitrión echándose uno a la boca- cuando era niño era lo único que comía. Mi aya siempre me retaba y me los escondía, porque decía que me picarían los dientes- dijo riendo.

-Las altas concentraciones de azúcar provocan caries y también otras enfermedades. Debería moderarse con los dulces- hizo su juicio médico.

-Jajajaja, ahora hablas como mi aya, jajaja.

McCoy hizo una mueca de disgusto.

-No, mejor dicho, como mi médico particular- Decius lo miró con sonrisa insinuante.

El doctor se puso nervioso. Suspiró cansado.

-¿Qué hará conmigo?- preguntó al vilo.

Decius dejó de sonreír y lo miró fijo.

-Estoy enamorado de usted es imperativo que permanezca a mi lado- fue la sentencia.

McCoy se puso serio y decidió hablar con sinceridad. La sinceridad es siempre aconsejable según su directriz de vida.

-No estás enamorado de mí, solo te calentaste al verlos a ellos dos en la cámara, lo cual es bueno porque te has curado. No te culpo de nada, pues yo también me calenté, pero eso fue todo. Lo pasamos muy bien. Tú te mejoraste y será un buen recuerdo para mí, pero ahora calabaza- dijo con convencimiento pegajoso.

-¿Calabaza?- el romulano lo miró extrañado.

-Sí- asintió con la cabeza el doctor- calabaza, calabaza, cada uno para su casa- abrió las manos como diciendo "así es".

-Me siento utilizado- dijo Decius con teatralidad pensativa.

-No te hagas la víctima conmigo, pues no te queda. Si hay alguna víctima aquí, soy yo- apuntó hacia sí mismo con el dedo.

-El que sea fuerte y poderoso no quiere decir, que no me duela el ser rechazado o, que no sangre si me rompen el corazón- lo miró con seriedad melancólica.

-No quise decir eso- dice ya más dulce el doctor- me refiero a que no estás enamorado de mí, no nos conocemos el uno al otro.

-¿Y no está en la naturaleza de los hombres, que el verdadero placer está en conocerse el uno al otro?- dijo el romulano con aires filosóficos.

McCoy lo quedó mirando y luego sonrió.

-Sí…, pero no puedes obligarme a quedarme aquí.

-Sí, puedo, te quiero y te quedarás- exigió el terco.

-¿Qué, acaso eres un niño?

-No, soy un príncipe heredero.

McCoy abrió los ojos al recordar que estaba tratando con un príncipe imperial, cosa que había olvidado por completo. Suspiró.

-Entonces, es seguro que no me amas- fue su triste conclusión.

-Sí, te amo, y pronto me amarás tú también. Siempre obtengo lo que quiero- se enderezó en su asiento como un depredador.

-No lo dudo- respondió con simpleza- pero no puedes forzar los sentimientos de una persona.

Decius se acercó a él y lo tomó de la mano.

-No quiero forzarte. Te necesito… no sé…- se levantó de improviso, soltó su mano y dio un par de pasos, luego volteó hacia él.

El Decius vulnerable desapareció y volvió ese dueño-señor de todo alrededor.

-Dejaré ir a tus amigos, y también al Enterprise con toda la tripulación. A cambio, te quedarás conmigo como mi compañero. Si no, mandaré a todos a las Minas de Remo y tú te convertirás en mi mascota. Sea como sea, te tendré. Tú decides el destino de los demás.

-Eres cruel- dijo McCoy bajando la vista con tristeza y no vio cuando Decius apretaba sus manos en puños tiritones.

Decius soltó los nudillos.

-Decide- dijo con voz de mando.

McCoy lo vio con convicción:

-Seré tu compañero.

Decius ordenó soltar a unos confundidos Jim y Spock. Por más que preguntaron de McCoy a los soldados romulanos, nada supieron, y fueron obligados a subir a la nave, aunque Jim se negaba con energía. Finalmente, Spock lo tranquilizó diciéndole que lo mejor por el momento, era volver a la nave lo más pronto posible, así que volvieron a la nave entre felicitaciones alegres de la tripulación, en especial en el puente donde Sulu, Chekov y Uhura.

-Te dije que volverían- le dijo un Chekov orgulloso a Sulu.

Afortunadamente, todo estaba bien en la nave. Scotty hizo un excelente trabajo como siempre, las reparaciones estaban listas y tenían todo para partir. Recibieron un ultimátum de las naves romulanas y debían partir en 5 minutos, sino estaban autorizadas para abrir fuego y destruirlos.

-Teniente Uhura, contacto directo.

-Las frecuencias están abiertas, señor.

-Aquí el capitán de la Enterprise al habla. No partiremos hasta hablar con Su Excelencia Decius sobre el doctor McCoy.

Spock lo miró y asintió con la cabeza.

-Señor, no responden- informa Uhura.

-Contacto directo otra vez- volvió a dirigirse a las naves, en especial a la nave insignia donde estaba el doctor- Aquí Kirk, debo decirle a Su Excelencia algo muy importante del doctor McCoy. Es necesario que él lo sepa antes de irnos- insistió con determinación.

Uhura movió la cabeza en forma negativa.

-Armas enemigas en línea, señor- informó Spock desde los sensores.

La tripulación del puente volteó a verlo, pero él se mantuvo firme en su puesto, esperando pacientemente.

-Teniente Uhura, repita el mensaje una y otra vez, no se dé por vencida.

-Entendido, señor.

-No nos iremos sin el doctor McCoy. Él es nuestro médico y nuestro amigo- le dijo a los oficiales del puente.

Todos quedaron en silencio, luego asintieron con la cabeza.

-Alerta roja. Preparen las armas- ordenó Kirk.

-Capitán, nos saludan- informa Uhura.

-En pantalla- se levanta de su asiento y se acerca.

Aparece Decius sentado en la silla del capitán con McCoy de pie a su lado. Este último, estaba vestido con una túnica blanca corta hasta un poco más arriba de las rodillas y ceñido a la cintura con un lazo dorado. Tenía puestas, en sus pies, unas sandalias doradas con amarras cruzadas hasta las pantorrillas.

-Huesos...- murmuró, pero todos lo escucharon.

-¿Tiene algo que decirme, capitán Kirk?- dice con su natural porte elegante sin emociones aparentes.

-Su Excelencia, le damos las gracias por dejarnos ir en paz. Sin embargo, no podemos partir sin nuestro médico y amigo, el doctor McCoy. Es necesario que él regrese donde pertenece. Se lo pedimos encarecidamente- solicitó con su tono diplomático.

-El doctor McCoy ya no estará a sus servicios. Ha renunciado y decidido quedarse a nuestro lado. Vayan en paz- responde con parsimonia al pedido.

-Perdone mi imprudencia señor, pero no debe retener al doctor en contra de su voluntad. Él es un ser libre, si lo retiene no será el mismo. Nosotros, los seres humanos, valoramos la libertad al punto de que somos capaces de morir por ella- dijo Kirk, proyectando preocupación en su voz.

Decius hizo una pausa y luego habló:

-Leonard ha decidido convertirse en mi compañero de vida. No puedo dejarlo ir- dijo con sinceridad y con la misma solemnidad anterior- Que se lo diga él mismo- mira hacia el lado del médico.

El doctor McCoy no miró al romulano y mantuvo su vista al frente, en la comunicación.

-Jim, yo estaré bien, váyanse de una buena vez, ahora que pueden- dijo con seriedad.

-No, no podemos dejarlo atrás. Es usted parte de la tripulación y mi amigo. No puedo dejarlo aquí- respondió, afligido, con sentimiento.

-Jim... – dijo muy conmovido.

-¡Suficiente!- Decius se levantó de su asiento molesto.

Los soldados imperiales a su alrededor se fijaron en él asombrados al extremo. Decius nunca mostraba sus emociones frente a sus subordinados, solo los más cercanos y algunas personas que le interesaban, de ahí que ellos tuvieran el privilegio. Ellos no lo sabían, pero Decius con todos sus títulos, era popularmente conocido como El Vulcano de Rómulo.

-¡Si no se van ahora mismo, abriré fuego sin piedad contra ustedes!- gritó con profundidad imperiosa.

-Decius, dijiste...- el doctor no alcanza a terminar la frase.

-¡LLÉVENSELO!- ordenó con tanta ira que los guardias imperiales saltaron y se apresuraron corriendo a agarrar a McCoy de los brazos.

-¡Jim váyanse ahora!- gritó McCoy mientras forcejeaba con los guardias y era arrastrado por ellos.

-Decius de ese modo jamás logrará que lo quiera- le dijo Kirk desde la nave, proyectando tristeza y sinceridad.

El romulano lo miró con odio.

-¡FUEGO!- gritó Decius, inmediatamente la pantalla se puso en negro y comenzaron los disparos de fásers

Los golpes llegaron certeros, pero tenían los escudos puestos, así que solo zarandearon la nave de un lado al otro.

-Salgan del campo enemigo- ordenó el capitán- a toda potencia, aléjense de la estación espacial.

-Escudos al 70%- informa Chekov.

-Preparen torpedos de fotón- ordena el capitán.

-¿Señor?- preguntó extrañado Spock.

-Torpedos de fotón listos- anunció Sulu.

-Apunten a la nave insignia- le dirigió una mirada de reojo a Spock.

-Apuntado al blanco- repite Sulu.

-¡Fuego!- Fue la orden.

El torpedo salió volando y le dio de lleno a la nave enemiga, pero no le hizo nada, en vez de eso salieron las otras dos naves en defensa con todo su arsenal.

-Capitán no duraremos mucho, son 3 contra 1- Spock lo miró preocupado, al parecer al capitán le fallaban las matemáticas, otra vez.

-Escudos al 20%- informó Chekov.

-Acción evasiva, disparen torpedo 2 a la nave insignia.

-Torpedo listo- respondió Sulu otra vez.

-¡Fuego!

El segundo torpedo volvió a volar y dar justo en el blanco, pero tampoco hizo nada. Mientras tanto el fuego cruzado enemigo no daba tregua.

-Escudos al 10%, perdemos potencia.

-¡Resistan! ¡Fásers!- gritó el capitán- vamos Decius comprende de una buena vez- susurró, solo para sí.

Spock lo escuchó de todas formas y pensó en la razón por la cual su capitán actuaba de esa manera.

De improviso, todo quedó en calma.

-Señor, las naves dejaron de disparar, pero las armas continúan en línea- avisó Sulu.

-Bien, permaneceremos en espera. Redirijan la energía a los escudos y mantengan la alerta roja.

-Señor, ¿cree que Decius lo esté reconsiderando?- le preguntó Spock.

-Más le vale, si es lo que creo que es- dijo con determinación su capitán.

Spock alzó una ceja, por muy vínculo que tuviera con Jim a veces lo desconcertaba al máximo. Ponía en peligro a la nave y a la tripulación a causa de sus instintos, aunque debía confesar que esos instintos eran casi un cálculo matemático perfecto. Su pensamiento se fue donde el doctor. Jim estaba muy preocupado por él y lo manifestaba casi como una oración.

Sin embargo, la realidad era mucho más peligrosa. McCoy estaba a punto de experimentar, en carne propia, la ira de un dios romulano fuera de control.

Fin capítulo 18