Yo te cuidaré
Capitulo 3
Freddie movía su pierna de arriba abajo. También mordía su labio con fuerza expresando el nerviosismo que sentía. No sabe cuantas veces observó el reloj colgado en la pared frontal del local y cuantas veces ignoró las órdenes de su jefe, T-Bo. En un par de horas se encontraría con su padre y era difícil para él mantenerse tranquilo cuando no sabía de él desde hace muchos años.
-¡Chico! Relájate, asustas a la clientela –Freddie se giró y esbozó una sonrisa de disculpa. –Todo irá de maravilla, aun pienso que hay otros métodos, pero a falta de una solución inmediata está bien…
El castaño sonrió ante la ironía, su jefe y gran amigo era el sabio ahora. Sin embargo, no se podía permitir ser sabio en esos momentos porque veintinueve horas atrás su madre lo había amenazado; sus amenazas eran muy sutiles, pero no le quitaba significado. Por eso decidió proponerle matrimonio a su amiga y a pesar de estar consciente de que ese bebé no era suyo ya estaba metido hasta el fondo. No se arrepentía, no malinterpreten sus pensamientos, pero era un verdadero problema.
¿Casado? ¿Pueden imaginarse a Fredward Benson casado? Él no se ha hecho la idea aun, era una locura total. Distraídamente, tocó el bolsillo de su pantalón donde descansaba el anillo de compromiso; solo costaba setecientos dólares, era sencillo y nada lujoso. Definitivamente no era lo que ella merecía.
-Freddie, amigo –la voz de T-Bo lo trajo a la realidad. –Es hora… suerte hermano.
Él sintió como sus labios y toda su boca se secaba más de lo normal. Podía estar equivocado, pero le temía mucho a lo que él pensara, a pesar de errores y malos entendidos, aun lo necesitaba. Freddie se quitó el delantal estúpido que estaba obligado a utilizar y dejó la gorra en la cocina, en un pequeño casillero que asignaban para cada trabajador. Luego se despidió de todos y salió a la calle.
Mientras caminaba hacia la cafetería de la esquina, no pudo evitar temblar. Estaba aterrado. Se detuvo a pocos centímetros de la entrada y su respiración comenzó a acelerarse.
-No puedo… no puedo –murmuró antes de girarse e intentar escapar.
-¿A dónde crees que vas? –Le sorprendió ver a la rubia, no se lo esperaba.
Ella estaba vestida con su típico vestido de mesera de batidos locos, por suerte T-Bo había logrado conseguirles trabajo a los dos.
-Sam, te van a regañar…
-Y una mierda con los regaños de T-Bo –dijo con exasperación. –Me necesitas y no te dejaré solo, niño bonito…
Él frunció los labios al escuchar su sobrenombre, ni siquiera podían imaginar cuanto odiaba ser llamado de esa forma y si se tratara de alguno de sus amigos hombres ya lo hubiese golpeado, pero solo se trataba de Sam. El castaño sintió como era arrastrado hacia el interior del local, estaba molesto con ella por obligarle, pero todo quedó en el olvido. Sam, que no había reparado en su reacción, se frenó al ver a un hombre levantarse feliz y mirando hacia donde ellos se encontraban.
Sam se atrevió a mirar de reojo a su amigo, podía sentir sus manos temblar. "Entonces… él es su padre" pensó mientras fijaba su mirada de nuevo en aquel hombre. Él era mucho más joven que la madre de Freddie, le calculaba al menos unos cuarenta años de edad. Su parentesco con el castaño era esplendido, simplemente único. La única diferencia posible sería su cabello rizado y ojos color miel.
-Hijo… -Freddie dio un paso hacia atrás, pero la rubia lo detuvo.
-Tienes que hacer esto –murmuró mirándolo a los ojos. –No te dejaré… estaré aquí –susurró sin miedos y Freddie solo pudo asentir antes de acercarse a la mesa donde estaba su padre.
*Sam*
No soy muy dada a las demostraciones de afecto, en realidad las odio, pero con Benson todo era fácil. Con él puedo ser una niña sin sentirme estúpida, puedo dejar fluir todas mis emociones y también dejarme reconfortar. En general soy una persona muy difícil, desde que era solo una niñita y ahora que tengo casi diecisiete años soy igual.
Es difícil darse cuenta que en menos de cuarenta y ocho horas todo cambio, mi madre me dio la espalda y la desquiciada de Marissa, no solo le dio la espalda a su hijo, lo amenazó. Creo que todos sabemos lo que es capaz esa mujer, está obsesionada con él, es enfermizo. No negaré las veces que le suplique a Freddie retractarse, pero ese chico nunca entiende por cabeza dura. Sin embargo, estoy muy agradecida con él.
Ayer en la mañana, Marissa apareció en el apartamento de Carly. Tuve mucho miedo con solo verla, no dejé de pensar en el bienestar de mi hijo y, muy en el fondo, en el bienestar de Freddie. Me ofreció setecientos mil dólares y todos los gastos para el aborto; no puedo creer tanto cinismo. Le puso un precio a su hijo.
Luego de dejarla en su lugar, nos amenazó… en realidad amenazó a Freddie y en ese momento comenzaron mis temores. Él intentó abrazarme, pero no estaba de ánimos. ¿Qué diablos ocurría con esa vieja? ¿Acaso estaba mal de la cabeza? Yo siempre supe que sobreprotegía mucho a Freddie, hasta ahora es un misterio como le permitió juntarse con nosotras, al menos para mí. Después de unos momentos me rendí, no es que Freddie Benson se conformaría con mi rechazo. Compartimos unas cuantas palabras y luego dijo la más importante de todas las frases… ¿Te casarías conmigo?
Yo no supe como reaccionar. Carly gritó sorprendida y emocionada a la vez, eso logró traerme a la realidad. Me giré lentamente con el rostro contorsionado de horror y sorpresa para encontrarme con varios sentimientos. Expectación, ansiedad, miedo y más, todas y cada una dibujadas en el los rostros de Spencer y mi mejor amiga. "¿Estás seguro?" recuerdo haber murmurado esa pregunta sin mucho tono de voz, pero él me escuchó ya que asintió con una sonrisa. "Cuanto antes mejor" sentenció sin apartar su mirada de la mía.
Y allí estaba yo, futura señora Benson. Aun no recuerdo con claridad como acepté casarme con mi mejor amigo, pero si sé que puede ser un error.
-Hey, niña… -el chasquido de los dedos de T-Bo me trajo a la realidad. –Freddie acaba de salir, así que te doy permiso. Solo por esta vez, acompáñalo –arqueé una ceja y esbocé una sonrisa, este tipo era extraño y buen amigo.
Abandoné batidos locos para luego cruzar la calle. Lo vi parado y me di cuenta de su indecisión. Él ni siquiera lo vio venir, lo regañé por pensar en escapar, él tiene que superar esta traba con su padre a como de lugar; desde ahora Edward Benson es el único en quien podemos confiar.
Después de un rato, estaba sentada en medio de una guerra silenciosa y, a juzgar por sus miradas, no tenían intenciones de hablar.
-Entonces… ¿Usted es el papá de Freddie? –Pregunta idiota, pero no dejé que mi pena influyera en mi decisión de romper este maldito silencio.
-Así es y tu debes ser su amiga Sam –eso no es una pregunta, lo está afirmando.
-Así es… -respondí de la misma forma.
-Pa… Edward –miré a Freddie con atención, estuvo a punto de llamarlo papá y se retractó. –Mamá ha falsificado todo… absolutamente todo lo que debe llevar tu firma para controlarme –eso ultimo lo soltó tan rápido, no me sorprende que el rostro de su padre se llenara de confusión. –Lo que quiero decir… es que todos los permisos de viajes fuera del país, las supuestas cartas que me enviaste y todo, lo hizo ella.
-No me sorprende, tu madre fue manipuladora desde que la conocí –susurró su padre abatido, en realidad, a mi tampoco me sorprende. –Tenía solo veinte años cuando la conocí. Tu madre era una hermosa mujer de treintas que acababa de divorciarse. Era la más hermosa de ese lugar, estaba llena de vida y con ganas de experimentar… creo que fui su experimento –dijo entre risas de dolor.
Por lo visto aun tenía sentimientos hacia ella.
-No entiendo… -murmuró Freddie con el ceño fruncido. -¿Experimento?
-Cuando me case con tu madre, solo tenía dos meses de haberla conocido… -su mirada se centró en su taza de café, aparentemente avergonzado. –A los pocos meses de nuestra boda te concebimos, yo no tenía forma de ver lo malo en la velocidad de lo que ocurría porque amaba a tu madre con locura… como nunca podré amar a otra mujer.
Freddie apretó mi mano con fuerza y lo vi morder su labio. Esa fue la misma reacción de hace dos noches para evitar llorar, cosa que no fue efectiva, pero al parecer le funcionaba bien.
-Dos años después de tu nacimiento, tu madre desapareció contigo… -está vez tuve que cerrar los ojos para no llorar, por desgracia estaba muy susceptible a causa de mi embarazo. –Te juro que pensé lo peor… hasta que la conseguí de nuevo y tratamos de solucionar todo, pero ella no pudo. Solo me obligó a firmar un papel para el divorcio y desde ese día no sé de ustedes –susurró abatido.
-Mi mamá dijo que tú nos abandonaste –dijo Freddie entrecortadamente.
Fue una tarde diferente, algo movida y emocional. Sin embargo, Freddie parece un zombi actualmente. Yo lo observaba desde el mostrador, limpiaba las mesas sin emoción en su rostro. Su padre nos prometió ayuda no solo económica, si no moral y emocional. Observé de reojo el reloj que cuelga en la pared, siente y menos quince, hora de irnos.
-Fredward, suelta tu esponja –lo vi fruncir el ceño confundido. –Mamá tiene hambre y mi bebé también.
Negó con la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. Solo pasaron un par de minutos cuando ya nos encontrábamos en el ascensor, esperando llegar al piso ocho con rapidez. Él no habló durante todo el trayecto, solo movía distraídamente su pie. Cuando las puertas del ascensor se abrieron caminamos lentamente hacia el apartamento de Carly.
-Chicos, ¿Cómo les fue en su primer día de trabajo? –Preguntó Carly animadamente.
-Bien… -me limité a responder subiendo las escaleras.
-Grandioso –lo escuché decir.
Más vale se preparé porque tendré una larga charla con ese idiota.
*Freddie*
Dejé que el agua tibia cayera libremente sobre mi espalda, me siento tan tenso y todo se lo debo a los acontecimientos de esta tarde. Mi padre, su historia y la verdad, son tres cosas para la cuales no estaba preparado. Pero tengo que admitir que fue de mucha ayuda tenerla a mi lado, me dio las fuerzas necesarias para no llorar. Sin embargo, aun en la soledad no había derramado ni una sola lágrima.
Suspiré al salir de la ducha, me sentía cansado física y emocionalmente. Subí las escaleras hasta llegar al estudio que desde la noche anterior lo arreglamos para convertirlo en un cuarto. Me dejé caer en la cama y comencé a recordar todo. Mis manos se cerraron en puños buscando distraerme de ese sentimiento de dolor en mi pecho. No iba a llorar, no lo permitiría. La puerta se abrió de golpe, era Sam con su típica mirada de "vas a hablar quieras o no". Ella traía en sus manos un emparedado de jamón y me lo dio antes de sentarse a mi lado.
-No pretenderás dormir sin comer, ¿no? –Dejé escapar un suspiro.
-No, no lo haré… -accedí dando el primer mordisco.
Ella me observó mientras comía. Su mirada era penetrante, era como si tratara de buscar algo dentro de mí. Terminé de comerlo, pero esta vez no me atreví a mirarla porque explotaría dejando escapar todos mis sentimientos. No puedo darme el lujo de llorar a cada segundo, tengo que ser fuerte.
-No tienes que ser fuerte todo el tiempo, Freddie –su voz me hizo estremecer. –Eres solo un chico… como yo –dijo antes de rodear sus brazos en mi cuello, me estaba abrazando.
Esta vez dejé escapar todo, pero no de forma esperada. Solo me limité a derramar lágrimas y uno que otro suspiro tembloroso. Sam solo me abrazaba y borraba las lágrimas, a veces susurraba palabras de aliento.
-Es irónico, debería ser yo quien te ayude –susurré dibujando una media sonrisa.
-¡Hey! Que no soy una niña indefensa –protestó golpeando mi pecho con suavidad.
-Lo sé… -guardé silencio por un largo tiempo. Me levanté y busqué la cajita negra que estaba en mi pantalón. –Creo que así será oficial. Sam, ¿Te casarías conmigo?
Ella observó el anillo y luego a mí.
-¿Sabes que no te amo, verdad? –Sonreí ante su pregunta.
-Lo sé, Princesa… -dije con una sonrisa. –Ahora, no lo repetiré. ¿Te casarías conmigo?
-Sí… -respondió con una sonrisa mientras deslizaba el anillo.
-Dentro de tres días serás, oficialmente, la Señora Benson –dije entre risas que ella correspondió.
