Capítulo 19

Jim tenía razón, Decius detuvo el ataque y se fue como un tornado al encuentro de McCoy, de tal forma que, toda la tripulación del puente de la nave romulana quedó estupefacta e inmovilizada. Asimismo, quienes se cruzaban en el camino de Decius, le abrían paso como si fuera una bola de fuego a punto de quemarlos.

-¡Leonard!- gritó cuando llegó a sus aposentos- ¡Leonard!

El doctor McCoy apareció ante él calmado, pero muy molesto.

-No cumpliste- lo acusó.

Decius avanzó hacia él con grandes trancos sin que el otro se moviera hasta que ya estuvo muy cerca, McCoy retrocedió un paso y fue agarrado del antebrazo para ser atraído con brusquedad.

-Tuviste algo con ese Kirk- le lanzó a la cara.

-Eso no te importa- respondió con odio- ¡suéltame ahora mismo!- tironeó de su brazo sin éxito.

-Y yo el idiota creyendo que tu preocupación era por amistad.

-¡Sí, son mis amigos!, ¡Tú qué sabes de mí!, ¡nada!, ¡No tienes ni la menor idea de lo que siento y tampoco te interesa, así que déjame en paz!- volvió a tironear, ahora empujando con su otra mano para soltar el agarre.

-No te dejaré, porque eres mío, MÍO- lo tomó con fuerza con ambos brazos mientras el otro se resistía y lo besó.

Lo abrazó con fuerza para inmovilizarlo. McCoy lo pateó y lo golpeó con sus manos lo mejor que pudo, pero este era muy fuerte y le metió la lengua en su boca, entonces, el doctor la mordió. Decius soltó el beso se llevó una mano a la boca sorprendido por el hecho. La mirada de odio de McCoy se lo dijo todo. Decius lo tomó en brazos, pese a las protestas y golpes del otro y lo llevó hacia la cama donde lo tiró encima, luego lo aprisionó contra su cuerpo.

-EREEES… MÍO- volvió a repetir, arrastrando la voz ronca con efecto atemorizante.

Le dio un beso rudo en el cuello, con una mordida igual de agresiva.

-¡No te atrevas maldito, suéltame!- el doctor lo golpeó cerca de las ojeras puntiagudas.

Decius sujetó su brazo con fuerza y con una mano, atrapó las dos muñecas del doctor por encima de la cabeza. Se incorporó un poco sobre ese cuerpo, inmovilizando con sus piernas, las piernas de él, y con su mano libre, le arrancó la ropa de un solo tirón, dejándole el pecho desnudo. Decius atacó los pezones, mordiéndolos con insistencia.

-¡NOOOOOO!- gritó su víctima.

Ahora sí, McCoy sintió terror. El tipo lo iba a violar y esta vez no sería tan rico, porque no quería nada con ese egoísta. Ni sus besos, ni su toque lo atraían. Tembló y cerró los ojos.

Seguramente, así terminaría todo. Él se convertiría en una sumisa mascota y la Enterprise sería destruida. Todo por creerle, si desde un principio se hubiera negado y convertido en mascota, por lo menos los hubieran mandado a todos a las Minas de Remo y estarían vivos, pero ahora... ¿Y si la nave estaba destruida y todos estuvieran ya muertos?- se estremeció.

Aún en estos instantes, el doctor McCoy estaba preocupado más por los demás que por él mismo.

Vio como lo desnudaban por completo sin dejar ninguna prenda. Todas eran arrancadas de cuajo, hasta las sandalias. Supo que se lo meterían de una sola vez y no lo soltarían hasta desmayarse de dolor y de lágrimas. No, decidió que se aguantaría el dolor y se tragaría las lágrimas. No le daría ningún placer a ese desgraciado, ni siquiera se merecía su miedo.

Dejó de luchar, porque no pudo evitar que su mente se fuera hacia la Enterprise donde tenía su casa, su trabajo y su familia. Si había algo que compartía con Jim era su amor a la nave, pero más que al pedazo de metal, era al lugar. Se había acostumbrado a las aventuras y había sacado su lado más temerario. Sencillamente, Jim volvía a tener razón, él pertenecía a la Enterprise.

Súbitamente, el dolor dejó de atacarlo, quizás se había adormecido. La presión ya no era tan fuerte y extrañado abrió los ojos.

Decius lo miraba fijo con aflicción, luego cerró los ojos, suspiró y se apartó de encima de él. Se sentó al borde de la cama y se agarró la cara con ambas manos.

-Esto es demasiado, lo sabía, no debí enamorarme, es demasiado terrible ¡No quiero esto...!- balbuceaba desesperado el romulano.

McCoy lo miró extrañado, pero supo a qué se refería.

-El amor es así, es como una montaña rusa que te tortura, te hace feliz, te asusta e incluso te hace vomitar- le respondió McCoy con seriedad.

-¿Una montaña rusa?- ladeó la cabeza hacia él para mirarlo extrañado, con las manos en el aire a la altura de su pecho, como si hubiera olvidado que hace un momento se cubría la cara con ellas.

McCoy se sentó en la cama.

-Sí, una montaña rusa... de esas que hacen "suiiiisuiiii"- hace los movimientos con la mano derecha, igualando el paso de las montañas.

Decius lo miró como si estuviera hablando en un idioma ininteligible sin traductor universal. McCoy quedó con la mano en el aire.

-Naaaa, ¡olvídalo!- azotó su mano en el aire como si estuviera espantando una mosca.

-Quizás tengas razón- dijo Decius con aire pensativo- ¿Sabes?, nosotros no tenemos de esas montañas rusas, pero cuando piloteaba mi nave de combate, sentía algo parecido a lo que describes.

-¡Sí, sí, exacto!- dijo chasqueando los dedos muy entusiasmado- a eso me refiero.

Decius le sonrió con tristeza, luego se levantó y caminó unos pasos alejándose de la cama.

-Así que no te quieres quedar conmigo- dijo con profundo pesar como si las palabras costaran salir de su interior.

A McCoy se le hizo un nudo en la garganta.

-Pertenezco al Enterprise- le respondió sin mirarlo.

-Comprendo- dijo Decius de espaldas hacia él y con la cabeza baja- Es posible que no nos veamos nunca más.

McCoy lo sintió. Estaba llorando, pero a nivel interno. Sin embargo, no podía hacer nada al respecto, solo una cosa.

-¿Quién sabe? "Nunca" es mucho tiempo- le respondió con picardía el doctor.

Decius volteó y lo miró con seriedad.

-Es cierto. Nunca... es mucho tiempo- repitió para sí el romulano, en un murmullo pensativo y claro.

Decius llamó al sirviente y le ordenó traer ropas para McCoy. Luego, fue a un lugar en la pared donde pasó su mano y un cuadrado de como 30 cm se abrió: era una especie de caja fuerte, de donde sacó un pequeño cofre. Lo que tomó de ahí, no pudo verlo el doctor. Volvió el cofre a la caja fuerte y la cerró, dejando la pared sin rastro alguno de tener una abertura.

Cuando volvió hacia él, supo de qué se trataba.

-Este es un obsequio para ti- le tomó la mano y le puso un hermoso colgante en su palma.

Era un relicario dorado en forma de moneda; por un lado, estaba un ser alado con orejas puntiagudas, caminando hacia la izquierda, sosteniendo una corona de flores con la mano derecha; y al otro lado, tenía el perfil de un romulano, muy bello, con una corona de laurel en la cabeza y una coraza en el busto, mirando hacia la derecha. Ambos lados tenían escrituras inteligibles para él, rodeando las figuras.

-Será la moneda de mi gobierno- le dijo Decius con simplicidad- No es una moneda cualquiera, puede abrirse.

Al abrirla, vio un retrato de Decius, mirándolo fijamente, el corazón le dio un salto. Sus orejas puntiagudas y corte de cabello a lo vulcano resaltaban y sus ojos negros proyectaban todo lo que era. Entonces se dio cuenta de algo.

Volvió a cerrar el relicario.

-Sí, ese del laurel también soy yo- le sonrió- es para que no me olvides.

-No podría hacerlo aunque quisiera- habló sin pensar McCoy.

Decius sonrió al comprender la implicancia de las palabras del doctor, las cuales no se dio cuenta que dijo, porque estaba muy entretenido viendo el relicario. Decius tomó la cadena dorada y ante el seguimiento de la mirada atenta de McCoy, rodeó su cuello y lo abrochó en la nuca del doctor.

-Se te ve muy bien- le sonrió.

El relicario llegaba a la altura de su corazón. McCoy lo tomó con sus manos y lo abrió para observarlo. Fue el momento perfecto para robarle un exquisito beso, y así lo hizo Decius.

-Quisiera hacerte el amor, pero entonces no te dejaré ir- le explicó con melancolía- vamos, ahora debes vestirte que así estás muy tentador.

McCoy se sonrojó pues todo el rato estuvo desnudo ante él.

Lo acompañó al trasportador. No iba vestido con su uniforme característico, sino con otro vestido igual al anterior roto por Decius. No quiso preguntar por qué no le daba su uniforme, pero supuso que siendo como era el romulano, quizás se lo dejó de recuerdo.

-Adiós, mi amor, no te metas en tantos problemas por culpa de esos dos- dijo Decius con suavidad mientras miraba su rostro tratando de memorizar cada una de sus facciones.

-Lo haré, pero no te hubiera conocido sino fuera por eso- sonrió Leonard.

-Es cierto- le respondió, riendo con la mirada.

Se dieron un último beso profundo frente a los guardias, los cuales ahora estaban más tranquilos de ver a su señor como de costumbre. Decius se retiró del transportador, y sin quitarle la vista de encima, hizo un movimiento con su mano a quienes comandaban atrás los controles. McCoy se iluminó y desapareció ante su vista, dejándole una hermosa sonrisa que él atesoraría por siempre.

Dos semanas después, el incidente "Constelación vs Enterprise" ya era conocido por todo el cuadrante. La Constelación fue capturada por los romulanos y sus tripulantes enviados a las Minas de Remo. Fue el castigo por violar el tratado de armisticio (según versión romulana). Los ciudadanos del Imperio estaban molestos con el hecho de ordenar disparar a los fieles y la semilla de la duda estaba dando sus frutos, ya que de mucho antes estaba sembrada. En cuanto a la Enterprise, no se tenían noticias oficiales de ella, pero fue catalogada como una nave rebelde y perseguida por eso.

El capitán Kirk se convirtió en un pirata. Cambió los uniformes de la nave, ahora parecían más a la contraparte del mundo paralelo. Las variaciones fueron sutiles, ya que lo único que volaron fueron los cinturones. Spock lamentaba el hecho de haber perdido el cinturón del capitán con toda la aventura en la estación, pero con esta regulación, su pérdida no se hizo tan "irresponsable".

Dentro de sus actos de piratería, estaba el asalto a la Colonia Penal Tantalus V. Kirk liberó a los presos políticos y se robó toda la tecnología del doctor Tristán Adams. Además, descubrieron que era un lugar donde experimentaban drogas infrasensoriales y armas para el Imperio, así que desbarataron la red gracias al colega de Adams, el doctor Simón Van Gelder, el cual, desertó y se unió a los piratas espaciales- o sea, a ellos- pues estaba cansado de los abusos del Imperio. El doctor Van Gelder los ayudó a perfeccionar su arsenal, como también, el Campo Tantalus, aunque no se volvió un arma omnipotente como deseaba el capitán, sino que se volvió un arma más eficiente siempre y cuando pudiera visualizar al enemigo. De todas formas, fue una gran victoria y un cuantioso botín resultó de la escaramuza.

No obstante, sus enemigos no se quedarían con los brazos cruzados. El aviso de que la Enterprise andaba pirateando por el Cuadrante Alfa fue dado a toda la flota. Las relaciones con los vulcanos no estaban nada bien y los romulanos tenían una alianza armamentista con los klingons. La cosa no estaba buena para el emperador Marcus, quien veía venir una guerra de grandes proporciones. Marcus decidió atacar lo que podía, viendo un peligro latente en el actuar de la Enterprise. Envió un escuadrón especial de aniquilación para deshacerse del estorbo.

Al escuadrón, le tomó varios días encontrar a la Enterprise y, cuando la encontró, decidió crear un plan para asegurarse la victoria. Consistían en cinco naves de tamaño mediano, fuertemente armadas.

Mientras tanto, en la nave ignoraban el peligro latente en el espacio, aunque Kirk siendo un genio estratega que era, sospechaba de todo. No podía permitirse ningún error, ni tampoco heridos graves, porque el doctor McCoy andaba con un humor de perros, que nadie soportaba, e incluso, un día lo vio suspirando por los rincones con la cabeza en las nubes, tocándose el pecho a cada rato. Kirk, estaba seguro que no sería fácil que su amigo volviera a la normalidad muy pronto, ya que la gravedad de su espíritu solo podría curarla una persona. Sin embargo, aquella persona estaba en otro cuadrante muy lejos, en otro mundo, tan inalcanzable como tocar el Sol o viajar a la próxima galaxia de Andrómeda.

Lo bueno era que la tripulación revertió su fidelidad hacia él, en vez del Imperio, y trabajaban como un equipo en pos de un enemigo en común.

El capitán sabía que los podían atacar en cualquier momento. Solo era una nave contra toda la flota y aunque había cosas más importantes que capturar piratas, no se podía confiar solo en su buena estrella. Nuevamente, estaba en lo correcto, aunque nunca y nadie- ni siquiera Spock- consideró que les darían tanta importancia como para mandar un escuadrón completo de aniquilación. No lo esperaban.

Las naves enemigas atacaron de improviso y Kirk usó toda su estrategia para salir del paso como siempre hacía, pero esta vez era un escuadrón especializado y no daban tregua. Justo cuando todo parecía perdido, apareció una nave de combate muy parecida al destruido Dante y comenzó a disparar contra el escuadrón a una velocidad tan increíble, y con maniobras igual de increíbles, que todos en el puente se quedaron mirando sin poder creerlo.

Con un poco de ayuda de la Enterprise, la pequeña nave derrotó al escuadrón, destruyendo algunas y las otras huyeron heridas. La nave victoriosa se puso a corta distancia de la Enterprise y Uhura recibió un saludo, que el capitán Kirk, inmediatamente, pidió en pantalla. Tenía curiosidad de saber quién era su salvador.

-Saludos capitán Kirk ¿Cómo está mi amor?- dijo el piloto en la pantalla con seriedad contenida.

Jim asustado, creyó ver el fantasma de la navidad pasada y pestañeó un par de veces.

Fin capítulo 19