Pues aquí el otro capitulo... espero les guste :)

Besos

Yo te cuidaré

Aprendiendo a vivir contigo

*Sam*

¿Tengo que decirlo? ¡Sí! Freddie es una locura, no soporto que cuide tanto de mí. He llegado a gritarle hasta el cansancio que me deje en paz, que no era su deber cuidarme. De eso ya ha pasado una semana, hasta le lancé el anillo a la cara y tiré toda su ropa al pasillo; y cuando por fin logro que me deje tranquila, no me siento bien, me siento igual que una perra. Creo que lo más difícil fue ver su rostro lleno de dolor, otra vez de la forma más cruel.

Suspiré abatida, estaba acostada en mi cama, completamente sola. Quisiera abrir la puerta de mi cuarto y correr hacia sus brazos, para decirle que me perdone. La verdad es que no es mi intención ser así, ni siquiera sé por qué me estresa su actitud, solo puedo achacarle mis males y cambios a las estúpidas hormonas. Un día de estos me volverán loca y terminaré comiendo gente o algo parecido. A mis seis meses, siento que cualquier cosa me molesta.

Cambié de posición para poder jugar con mi PeraPhone o eso intentaba, porque lo único que podía hacer era pensar en la noche que lo boté y le dije todo eso. Pero para que alguien me entienda debo comenzar desde el principio y creo que llegaran a la misma conclusión que acabo de llegar, fui una completa estúpida.

"Freddie preparaba el almuerzo como de costumbre y yo ayudaba a cortar algunas verduras. Estaba tan distraída que no calculé bien la distancia del cuchillo y corté parte de mi dedo. Como era de esperarse grité y él vino al rescate. No puedo decir que eso me agrade, la verdad es que me estaba comenzando a fastidiar. Yo nunca fui una chica que recibía atención a cada segundo, ni siquiera de mi madre y ahora venía Freddie a hacerlo, simplemente lo odio, necesito que me deje en paz.

-Para… déjame que estoy bien –le grité haciendo más énfasis en la palabra "bien".

-Solo quiero ayudarte –gritó de vuelta. –Sam, eres muy importante para mí…

-Solo lo dices porque tu madre paso a ser alguien que te hizo daño… solo quieres descargar todo eso sobreprotegiéndome –fui cruel, lo sé.

-¿Cómo puedes decir eso? –Preguntó por medio de un susurro. –Tu y ese bebé son lo más impor…

-Ya basta con eso… -grité. –Te diré solo una cosa, Benson –espeté con ira-, me arrepiento mucho de esto… no te preocupes más por mi hijo. ¿Entendiste? Mi hijo, no tuyo… ahora lárgate –mi garganta dolió como nunca, pero no me detuve.

Tomé toda su ropa del closet y la tiré en el pasillo.

-A partir de ahora dormirás donde te plazca, pero conmigo no… -cerré la puerta en el exacto momento que sus ojos dejaron escapar lágrimas.

Fui cruel, pero no me detendré a disculparme."

Bueno, eso fue lo que paso. Ahora yo estaba lista para ir a mi cita con el doctor, pero está vez él no me acompañaría. Salí del cuarto y lo vi revisando algo en su celular, ni siquiera alzó la mirada para verme. Me encogí de hombros antes de agarrar mis llaves y salir, la clínica no quedaba tan lejos y podía llegar allí caminando. Mientras caminaba por la calle, podía sentir las miradas de todos en mí, no era normal que una chica de dieciséis años esté embarazada y más yo, que aparento como catorce por mi estatura.

Cuando llegué a la clínica me tocó esperar mi turno de píe, no habían asientos disponibles. Dos horas después me llamaron, Samantha Benson; no se explicar lo que sentí, pero no se comparaba con nada de lo que he sentido antes.

-Señora Benson, vino sola hoy –notó amablemente el doctor, yo solo pude tratar de sonreír. –Estamos en tu semana veinte, culminándola.

-Así es… -murmuré sin saber que decir.

-Ve a cambiarte, hoy veremos cuanto a crecido tu bebé y sabremos su sexo, si lo permite –sonreí, mi bebé no mostraba su sexo, era testarudo como yo.

Mientras me quitaba la ropa dejé escapar algunas lágrimas. Primero fue ira, luego indiferencia y por último depresión. Borré mis lágrimas para luego colocarme la bata. Caminé hasta la camilla y esperé sentada a que mi doctor volviera.

-¿Estamos listos? –Asentí arrecostándome a la fría camilla.

Me estremecí cuando el gel tocó mi piel, creo que nadie con cinco dedos de frente estará tranquilo con eso. Comenzó a deslizar el aparato sobre mi piel con suavidad.

-Perfecto… -murmuró con una sonrisa y yo solo miraba la pantalla con lágrimas en los ojos. –Y aquí tenemos el sexo…

-¿Qué es? –Lo interrumpí con emoción contenida.

-Será varón, un bebé muy tranquilo debo admitir –dijo limpiando todo el desastre. -¿Patea?

-Aun no, solo siento movimientos –susurré con voz entrecortada. –Bien, te cambiaremos las vitaminas…

Lo dejé de escuchar, mi mente viajaba a las posibles reacciones de Freddie al escuchar el sexo del bebé. De seguro estaría feliz y… haciendo nada porque yo le dije que no se preocupara más por nosotros.

-¿Sucede algo? –La voz de mi doctor me trajo a la realidad.

-¿Es normal que esté tan irritable? –Murmuré con la cabeza gacha.

-Lo es, no se preocupe –comenzó acercándose a mí. –Generalmente todo acaba en el mes seis, como hay mujeres que en todo su embarazo no quieren nada con nadie.

Gemí sin poderlo evitar, yo no quería estar tres meses sin Freddie. Era estresante mi situación. Después de sus indicaciones y despedirme de él, regresé al apartamento de la misma forma que había ido a la clínica, caminando. Subí por el elevador esta vez, ya sentía que mis pies dolían y que no podía estar un minuto más de pie. Cuando abrí la puerta del apartamento, todas las luces estaban apagadas, él no estaba allí.

Sé que no debe importarme, pero lo hago. Tomé asiento en el mueble y me puse a pensar en las mil y un soluciones para arreglar las cosas, no la encontré. Todas y cada una terminarían mal porque soy mala pidiendo perdón. Cerré los ojos, estaba cansada mental y físicamente.

Mis sueños se vieron invadidos por pesadillas donde Joshua me quitaba a mi bebé, otras donde me quedaba completamente sola y la peor era donde perdía a mi bebé. No sé en que momento dejé de soñar para pasar a un sueño tranquilo, solo que cuando desperté el olor a comida golpeaba fuerte mis sentidos. El apartamento seguía vacío, pero en la mesa había un plato con una nota.

"Esperó te guste, solo te traje algo de comer. Trabajaré hasta tarde"

Suspiré y me dejé caer en la silla, este tipo de comida me encantaba. Sin embargo, el comerlo sola me deprimía más de lo que ya estaba. Terminé todo mi plato y lo lavé antes de irme a mi cuarto. Tengo que hablar con alguien y ya sé a quien. Marqué su número, me lo sabía de memoria, y esperé que contestara.

-¿Sam? ¿Cómo estás amiga? –La voz alegre de Carly me hizo sonreír.

-¿Estás ocupada? –murmuré con la vista fija en el techo.

-No. ¿Qué sucede? ¿Quieres que vaya al apartamento? –Preguntó de pronto alarmada.

-No pasa nada, pero si quiero que vengas –ella dijo algo rápidamente y que solo tardaría diez minutos antes de colgar.

Cerré los ojos y me volví a quedar dormida, últimamente estaba muy cansada. Sentí las manos de alguien acariciando mi cabeza, por el olor de su perfume era Carly así que no hice tanto teatro.

-Me quedé dormida –susurré abriendo los ojos.

-Lo sé, ¿Cómo te sientes?

-Bien… supongo –me senté y estiré mis piernas, cada vez era peor el dolor.

-¿Aun mal con Freddie? –La miré a los ojos y suspiré. Seguramente él le conto todo.

-Debe odiarme… fui una perra –murmuré abrazando la que solía ser su almohada. Aun conserva su olor.

-Cuéntame… -fue su respuesta.

Por más de una hora le conté todo con lujos y detalles. Ella solo se limitó a asentir y de vez en cuando fruncir el ceño cuando algo no le parecía.

-Ahora no sé… ni siquiera puedo actuar bien cuando él está allí por temor a que me rechace –murmuré dejando escapar algunas lágrimas. –La verdad es que no siento nada de lo que le dije… porque me encanta que cuide de mí y de mi hijo, pero yo soy una estúpida y terminé arruinándolo todo.

-Habla con él y dile todo lo que me dijiste a mí –negué con la cabeza.

-Él no quiere hablarme –aseguré mientras mi amiga gruñía molesta.

-No seas tonta Sam –chilló con molestia. –Freddie jamás te odiaría y menos te dejaría de hablar. Estoy segura que está respetando tu espacio.

Mordí mis labios y asentí, lo esperaré esta noche para hablar con él. Después de una larga charla, Carly se despidió no sin antes desearme buena suerte. Otra vez me quedé sola, algo que definitivamente no me gustaba.

Abracé la almohada de Freddie mientras observaba la oscuridad de mi habitación. De vez en cuando acariciaba mi barriga, entonces se me ocurrió hablarle por primera vez.

-Hola mi niño… -comencé a reír. –Ahora sé que eres un niño, eres un travieso por no querer mostrarte, pero aun así te amo y eres perfecto.

Sentí un movimiento brusco dentro de mí que me hizo sonreír.

-Perdóname por no hablarte tanto, creo que solo necesitaba un empujoncito y creo que hoy lo conseguí –susurré sonriente. -¿Sabes? Aun no te tengo y te amo con locura… eres mi pedacito de cielo y eso no se completará si él no está aquí…

Otro movimiento que me causo cosquillas.

-Aunque no sea tu papá biológico, él es mil veces merecedor de eso –susurré dejando escapar un par de lágrimas. –Pero mamá lo echó todo a perder… y juro que lograré arreglarlo mi vida.

De pronto mi corazón de se detuvo, él había llegado y yo no podía moverme. Dejé escapar un gemido por lo cobarde que era. Escuché como se acercaba al cuarto y comencé a fingir que estaba dormida. La puerta se abrió e imaginé que me estaba observando. Tomó mucho de mí no tensarme cuando su mano acarició mi cabello y luego fue a parar a mi vientre.

-Hola bebé… -su voz cálida y llena de emoción hizo que mi corazón saltara. -¿Cuidaste bien de mamá hoy? Yo sé que sí –susurró, a este punto fue imposible seguir fingiendo. Abrí los ojos para ver lo que hacia. –Aunque tu mamá está molesta conmigo… no importa, no estoy aquí para sumar más problemas. Te quiero… -mis ojos se abrieron más por la sorpresa-, y a tu mamá también. Cuídala por favor.

Lo vi besar mi vientre antes de levantarse, estuve a punto de detenerlo cuando él pateó con fuerza. Mi reacción inmediata fue tomar el brazo de Freddie con fuerza, él se giró asustado, pero no me importó. Lo atraje hacia mí y coloqué su mano con fuerza en mi estomago. De nuevo volvió a patear, fue inevitable no reír y llorar al mismo tiempo. No puedo decir que él no estaba igual, creo que estaba más emocionado que yo.

-Perdóname –dije de pronto y él solo me miró. Solo espero que no sea demasiado tarde.

*Freddie*

Limpió las mesas vacías de batidos locos con rapidez, estoy loco por volver a casa, hoy había sido una noche de locura. Todos mis compañeros de la escuela vinieron aquí y me observaban como un bicho raro. Hasta se atrevieron a preguntarme si era verdad que el hijo que esperaba Sam era mío. No les respondí, no tengo porque darle explicaciones a nadie. Luego comenzaron a decir que arruiné mi vida y que ahora será más difícil estudiar. Eso lo sé, pero tampoco les respondí.

Tengo pensado tantas cosas con respecto a mi futuro, puedo terminar mis estudios el año que viene ya que tan solo me queda un trimestre. Puedo aplicar a la universidad local y estudiar lo mismo que en otras universidades; mi futuro pasó a tener otras prioridades.

Me despedí de T-Bo, luego comencé a caminar un par de cuadras hasta mi apartamento. A juzgar por las luces encendidas y la ausencia del plato de comida que traje para Sam, supe que ella estaba aquí. Caminé hasta su habitación, algo que solía ser nuestro y ya no era así. Aun es difícil entender porque me rechaza y se molesta tanto con mi presencia, pero estoy seguro que hay una explicación.

Me acerqué a ella, así como en la tarde cuando llegué del banco y acaricié sus cabellos con dulzura, se ve tan hermosa dormida. Luego deslicé mi mano hasta su vientre abultado, fue inevitable no sonreír.

-Hola bebé… -susurré sin apartar la mirada de mi mano. -¿Cuidaste bien de mamá hoy? Yo sé que sí –sé que era extraño esto que hacia, pero leí en un libro que eso estimulaba al bebé. –Aunque tu mamá está molesta conmigo… no importa, no estoy aquí para sumar más problemas. Te quiero… -eso último salió tan natural que no me dio tiempo de sorprenderme, era cierto-, y a tu mamá también. Cuídala por favor.

Bese su vientre para luego levantarme, comencé a caminar cuando ella tomó mi brazo con fuerza. Mis ojos se abrieron por la sorpresa y mi respiración se agitó. ¿Estaría molesta? ¿Cometí un error? De pronto me atrajo de nuevo a su vientre y allí fue donde lo sentí. Mis ojos se llenaron de lágrimas que no permití salir y mis labios se curvaron en una sonrisa llena de felicidad.

-Perdóname… -dijo de pronto Sam sorprendiéndome.

Ella se muerde el labio temerosa de mi respuesta y yo solo puedo negar con la cabeza, para luego sonreír.

-¿Qué te voy a perdonar? Todo está bien…

-No… -interrumpió de pronto. –No todo está bien. Freddie te hice daño la otras noche, yo no quise decirte todas esas cosas… es que mis hormonas me volverán loca.

Lo sabía, había una explicación.

-Tranquila, yo…

-Entonces pasé toda esta semana tratando de alejarte de mí cuando en realidad te quiero cerca… te queremos cerca –dijo colocando su mano sobre la mía y de nuevo sentir otra patada del bebé.

Sonreí embelesado con ese sentimiento de necesitar algo más, algo para completar esta aura de felicidad.

-¿Sabes? –La miré atento. –Es niño, tendremos un niño…

Mi sonrisa se desvaneció y mis ojos quedaron fijos en su vientre, luego la miré con intensidad.

-¿Tendremos? –Susurré mientras ella se mordía los labios.

-Aunque no eres su padre biológico, te mereces eso y más por todo lo que has hecho… -dijo ella acariciando mi rostro. –Él es hijo tuyo también…

No reaccioné, solo me subí a la cama y me acosté a su lado. Rodeé su cintura y ella entrelazó sus dedos en los míos, era tan surrealista esto que sentía.

-Y yo siento que es mío… sin importar nada de lo que ha pasado o el como paso –murmuré apretando más mi agarré.

-Gracias… -murmuró adormilada. –Solo debemos trabajar juntos Freddie, debo aprender a vivir contigo…

Asentí antes de quedarme completamente dormido con ella entre mis brazos.