Hola gente bella! Cómo están?
Aquí estoy de vuelta con nuevo cap! Otro que me gusta mucho mucho… ¿Ustedes querían miel? Pues acá tienen más miel! Nuestros queridos tortolitos están cada vez más enamorados y melosos… Definitivamente estos dos me inspiran y mucho :)
En esta ocasión les hago dos sugerencias: 1. Busquen y escuchen la canción que elegí para la primera parte del cap, es "Rocío" de Lisandro Aristimuño. Y 2. Les sugiero que busquen el disco que escuchan nuestros protagonistas un poco más adelante, "I put a spell on you" de Nina Simone, se los recomiendo cien por ciento. Además ella también tiene una versión de "Lilac wine" que si les da curiosidad también les sugiero que la escuchen. Ah, y la canción que Darien selecciona es "July tree".
Bueno, quiero agradecer una vez más a quienes me siguen y comentan día a día, y a lxs nuevxs lectorxs que se han sumado en estos días. Aprecio de corazón sus palabras y su interés en leerme, y les pido que no dejen de contarme todo lo que piensan y sienten con mis historias. Su opinión es muy valiosa para mi!
Sin más para decir, lxs invito a leer y disfrutar del CATORCE. No se olviden de comentarme qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Saluditos y buen finde!
Bell.-
:: Capítulo Catorce ::
Esa noche durmieron juntos por primera vez. Habían compartido una experiencia tan íntima y romántica que prácticamente permanecieron abrazados hasta el amanecer. Se amaban tanto y ahora que al fin estaban juntos como querían no deseaban separarse jamás.
Cuando llegó la mañana Darien despertó algo desorientado. Había podido descansar y dormir tan profundo como hacía años no lo hacía, y al despertarse le costó ubicarse dónde se encontraba. Bostezó, se desperezó largamente y volteó a ver a Serena que dormía plácidamente a su lado. Se acomodó para poder verla mejor y permaneció varios minutos contemplándola. La recorría entera con los ojos y la encontraba más hermosa que nunca, desnuda, apenas cubierta con las sábanas y durmiendo tranquila.
Al estar con ella al fin, al tenerla a su lado, se sentía tan feliz, en paz y renovado, con unas ganas y un entusiasmo por vivir tan fuertes que nunca antes había sentido. La amaba profundamente, cada día un poco más, y la necesitaba con él. Se acercó lentamente para darle un suave beso en los labios, ella suspiró pero no despertó. Él sonrió enternecido y prefirió dejarla descansar.
.
"De tu cuerpo cae agua que moja el día…
y no dejaré que nuestros días sequen…
.
Se levantó, se vistió y antes de salir de la habitación vio que sobre la cómoda estaba el conejo de peluche que él le había regalado. Lo tomó y lo acomodó sobre la cama junto a ella. Le dio otro beso en la frente a Serena, volvió a sonreír contento y se fue.
.
De tus ojos caen gotas de agua tibia…
y no dejaré que mi canción se enfríe…
.
Momentos después Serena comenzó a despertarse. También había conseguido descansar plácidamente después de la ajetreada semana que había tenido. Luego de desperezarse y bostezar varias veces se dio cuenta de que Darien no estaba a su lado y que en su lugar estaba su conejito. Se sentó para buscarlo con la mirada en la habitación y tampoco lo encontró. Se levantó, envolvió su cuerpo con la sábana y fue hasta la sala para ver si estaba ahí.
Al llegar encontró el diario abierto sobre la mesa y se acercó para leer. Darien había escrito algunas líneas, no pudo aguantar la curiosidad y leyó impaciente: "Acabo de pasar la mejor noche de mi vida: Hice el amor con la mujer más hermosa de la tierra y dormí abrazado a ella hasta el amanecer. Al despertarme y encontrarla a mi lado pude darme cuenta de que al fin tengo la vida que quiero y que creo que me merezco. Soy tan feliz con ella y deseo tanto poder hacerla feliz que no necesito más motivos que estos para seguir adelante. Ella es mi hogar, mi familia, mi ángel… y la amo con toda mi alma".
Serena estaba tan conmovida con lo que leía que reía y lloraba al mismo tiempo: "Y sé que la conozco lo suficiente como para adivinar que ahora mismo está leyendo esto que escribo. ¡Eres muy curiosa, Serena!" Ella volvió a reír: "Salí un momento a comprar algo para desayunar, regresaré enseguida. Te dejo en compañía del conejo para que no me extrañes. Te amo… Darien".
.
Se quedará en tu danzar todo el amor de mis mañanas…"
.
Serena sintió que su corazón estallaría por el inmenso amor que la invadía. Poder reconocer y demostrarse mutuamente el amor tan sincero y puro que sentían el uno por el otro como lo habían hecho esa noche, era como un hermoso sueño hecho realidad. Se daba cuenta de que lo amaba tanto y él también a ella, que la felicidad no le cabía en el cuerpo. Suspiró emocionada, dejó el diario sobre la mesa y regresó a la habitación.
.
.
.
Darien demoró en volver al departamento de Serena porque además de hacer las compras también había decidido pasar por su casa a buscar su computadora y algunos apuntes. Quería pasar el resto del día con ella aunque los dos tuvieran que estudiar.
Cuando regresó dejó su mochila en el sofá y fue directo hasta la habitación para buscarla. No la encontró y escuchó que lo llamaba desde el baño. —¡Darien, aquí estoy! ¡Termino de ducharme y voy!
—¡Está bien, pero date prisa! —le respondió él.
Regresó a la cocina y comenzó a preparar el desayuno. Estaba realmente entusiasmado con la tarea y quería dejar todo listo antes de que ella llegara. Iba y venía de la cocina a la mesa llevando las tazas, tostadas, pancitos dulces, algunas frutas. No era nada extraordinario lo que hacía, pero sabía que lograría sorprenderla.
Cuando estuvo todo listo Serena finalmente apareció en la sala. Al verla, una enorme sonrisa iluminó el rostro de Darien, ella llevaba puesto un colorido vestido y mientras caminaba hacia él no dejaba de cepillar su largo cabello, la encontraba sencillamente preciosa. —Buenos días, mi bonito novio —le dijo ella al llegar a su lado y le dio un tierno beso en los labios.
—Buenos días, mi dulce ángel —Darien le devolvió el beso—. Te traje un regalo —le acercó la mano que tenía escondida detrás de su espalda—. Para ti, mi linda princesita —y le entregó una hermosa rosa roja.
Serena sonrió de oreja a oreja al recibir la flor y saltó sobre él para abrazarlo. —¡Es hermosa! —exclamó entusiasmada, él reía por su reacción y ella comenzó a besarlo efusiva—. Te amo… te amo… te amo… —le decía entre beso y beso.
—Yo también te amo, Serena… —Darien le respondía cada beso.
—Gracias, es tan bonita —dijo Serena ya más tranquila mientras observaba la rosa.
—No tanto como tú —susurró él y la besó apasionadamente en los labios sin dejar de abrazarla.
—Darien —susurró ella entre besos—, quiero decirte que… También fue la mejor noche de mi vida.
Él sonrió enternecido. —Sabía que leerías —ambos rieron—. Te amo… —y volvieron a besarse.
Después de dedicarse muuuchos arrumacos y palabras de amor, se sentaron a desayunar.
Conversaban y reían con soltura, a veces se daban de comer en la boca un trozo de pan o de fruta e intercambiaban besos a cada segundo. Disfrutaban de su compañía con la misma naturalidad de siempre y se sentían muy cómodos al compartir juntos un momento tan cotidiano por primera vez.
Una vez que terminaron de desayunar y ordenar todo, Serena se sentó con su computadora y un montón de libros y apuntes en la mesa para ponerse a estudiar. Y Darien hizo lo mismo en la mesita de la sala y se sentó con su notebook en el sofá.
Navegó un rato en internet, leyó algunos mails y cuando se dispuso a estudiar soltó un pesado suspiro, no se sentía ni un poco entusiasmado con lo que tenía que hacer. Miró a Serena que estaba concentradísima en la pantalla y se dio cuenta de que le iba a costar mucho enfocarse en sus estudios con ella cerca.
La observaba cautivado, ella leía con el ceño fruncido y un bolígrafo en la boca, y sonrió deleitado por la imagen que tenía enfrente. —Serena —la llamó—, ¿puedes venir un momento? Quiero mostrarte algo.
Ella dejó lo que estaba haciendo, se acercó al sofá y se sentó a su lado. —Dime —le dijo al mirar la pantalla de la computadora.
—Mira —decía él al acercarse cada vez más a ella y dijo lo primero que se le ocurrió inventar—, me enviaron un artículo muy interesante sobre… —y sin darle tiempo a que reaccionara tomó su rostro con las dos manos y la besó.
Ella echó a reír devolviéndole los impacientes besos. —¡Eres un mentiroso! —y abrazaba su cuello para profundizar los besos.
—Es que… —murmuró él entre besos—. Es que me aburro mucho si me quedo aquí solo —y comenzó a besar su cuello.
—Pero Darien —dijo ella con un cortado suspiro, los besos y las caricias de Darien empezaban a vencerla—, tengo… tengo que estudiar —murmuró mientras acariciaba su cabello.
Él no cortaba los besos y repasaba delicadamente cada centímetro de su cuell.o —Yo también, pero no puedo concentrarme contigo cerca —volvió a su boca y la besó con más intensidad.
—Espera… —Serena intentaba controlarse—. Espera, Darien —y suavizaron los besos. Él respiraba agitado y ella acariciaba su rostro sin dejar de sonreír—. Eres insaciable.
—Por favor —le suplicaba él dándole cortos besos en los labios—, quédate un ratito aquí conmigo.
—Ahora no, jovencito —él suspiró resignado—. No voy a tardar mucho, sólo déjame revisar unas cosas y después vengo a hacerte compañía, ¿si?
—Eres tan mala —se quejó Darien simulando estar molesto, pero no podía dejar de sonreír.
Serena se puso de pie y fue a encender el equipo de música. —Vamos a escuchar algo de música así no te aburres tanto —dijo riendo y puso a andar un disco.
Él dejó la computadora sobre la mesita y se acercó a ella. —¿Es Nina Simone? —preguntó entusiasmado.
—Sí, ¿te gusta?
—Me fascina —respondió y ella volvió a reír por la expresión de felicidad de Darien—. No puedo creer que tengas este disco, es mi favorito —subió el volumen, seleccionó una canción y le tendió una mano—. ¿Me concede esta pieza, mi linda princesa?
Ella suspiró resignada sin dejar de sonreír, evidentemente su insistente novio no la dejaría tranquila ese día. —Por supuesto, mi noble caballero —tomó su mano, Darien la abrazó por la cintura y la acercó a su cuerpo lo más que pudo. Ella reposó su rostro en el hombro de Darien y comenzaron a bailar lentamente, siguiendo el ritmo de la delicada música que los envolvía.
—Adoro esta canción —dijo él con un suspiro—. Es increíble que siga descubriendo que tengamos más cosas en común.
Serena lo miró. —Es que somos almas gemelas —le dio un suave beso en los labios—. Somos dos almas gemelas que por siglos se han buscado y finalmente se han reencontrado.
Darien sonrió. —Tiene que ser eso —Serena acomodó su rostro en su cuello y él comenzó a acariciar su cabello—, porque desde que te encontré me siento completo —ella suspiró conmovida por sus palabras—. Te amo, Serena… —y también suspiró.
Permanecieron callados y siguieron bailando lentamente sin dejar de abrazarse. Darien acariciaba con mucha delicadeza la espalda de Serena con las yemas de los dedos y refugió su rostro en su cuello para poder sentirla más cerca. Respiraba el fresco perfume de su cabello y disfrutaba con los ojos cerrados de las sensaciones que lo inundaban al tenerla entre sus brazos.
Serena sentía que unas suaves cosquillas comenzaban a recorrerla entera al sentir la tibieza de su aliento tan cerca. También respiraba el aroma de su piel, intenso y sensual, y casi imperceptiblemente rozaba su cuello con los labios.
Se acariciaban suavemente con sus rostros, ella rozaba la mejilla de Darien con la punta de su nariz y muy despacio se fue acercando a sus labios. Al quedar enfrentados notaron que su respiración se profundizaba y que el deseo comenzaba a invadirlos.
Él abrió los ojos y tomó el rostro de Serena que también lo miró. —Eres lo más hermoso que me pasó en la vida, Serena. Tú me complementas —susurró emocionado y muy despacio se fue acercando más a su rostro para acariciar sus labios con un dulce beso.
Comenzaron a besarse con tanta delicadeza, con tanta ternura, que se sentían flotar. Ella acariciaba el rostro de Darien con las manos y a medida que los besos pasaban a ser más húmedos rodeó su cuello con los brazos y enredó los dedos en su cabello. Él la tomó del cuello con una mano y de la cintura con la otra para acercarla aún más a su cuerpo. Y profundizaba poco a poco los besos alternando caricias con sus labios y su lengua. Ella le respondía los besos de igual forma y cada vez sentía que lo deseaba más.
Se besaron largamente, acariciándose y suspirando sin parar. Se amaban, se deseaban y no podían dejar de demostrárselo. Estar juntos de esta forma era lo que más querían, y con cada beso, cada caricia, se transmitían lo seguros y felices que se sentían.
Una vez que se dio cuenta que ya no podían sostener más la calma con la que se trataban, Darien se separó un poco de Serena y se atrevió a empezar a desprender los botones del vestido mientras ella comenzaba a acariciarlo bajo la ropa, todo sin dejar de besarse apasionadamente.
Cuando terminó de desabrochar el último botón, Darien cortó los besos para observarla mientras lentamente le quitaba el vestido. —Eres… perfecta —susurró con una insinuante sonrisa.
Ella volvió a su boca con impaciencia. —Tú eres perfecto —y lo besó con pasión.
Ahora se besaban con mucha más intensidad, respiraban cada vez más agitados y se acariciaban enteros. Serena le quitó la camiseta a Darien y comenzó a guiarlo para caminar juntos hacia el sofá mientras empezaba a desprenderle los botones de su pantalón. Él reía por su impaciencia y disfrutaba la forma en que lo trataba.
Cuando llegaron Serena terminó de desnudarlo y lo empujó contra el sofá para que se sentara. Él la miraba cautivado al verla, no podía salir de su asombro por la forma de actuar de Serena, estaba siendo tan espontánea y atrevida, jamás la había visto así. Ella estaba de pie frente a él, lo miraba acechante y muy lentamente comenzó a quitarse el resto de la ropa. Él la observaba de arriba abajo mientras se desnudaba y cada vez se sentía más desesperado por poder hacerla suya.
Ella sonrió halagada por la expresión de Darien, se acercó a él y se sentó sobre su regazo con una pierna a cada lado de su cuerpo. —Eres… —Darien estaba tan desbordado de deseo que le costaba hablar—. Eres muy hermosa… —y volvieron a besarse.
Se acariciaban y besaban con desenfreno, respiraban cada vez más agitados y los gemidos eran incontenibles. Serena comenzó a moverse lentamente contra el cuerpo de Darien y él se desesperaba cada vez más. —Serena… —ella intensificaba los movimientos y lo rozaba con su cuerpo, con sus pechos, su sexo y él gemía extasiado por las sensaciones que le provocaba—. Por favor, Serena… —cortó los besos y la tomó de las caderas—. Te necesito ahora…
Ella suavizó los movimientos y Darien la separó un poco para acomodarla mejor sobre él. Comenzó a acercarla de nuevo entrando lentamente en su cuerpo y ambos jadearon de placer tras la unión.
Empezaron a moverse al mismo ritmo, ella se ondulaba subiendo y bajando sin despegarse del cuerpo de Darien y ejerciendo presión desde su interior. Él besaba su cuello, sus senos y acompasaba los movimientos tomándola de las caderas. Ella gemía sin control y tiraba de su cabello.
Cuando estaban acercándose al clímax Darien la abrazó con fuerza y se entregó por completo a las sensaciones. Serena buscó su boca para volver a besarlo. —Te amo, Darien… —profundizó lo más que pudo los movimientos y juntos alcanzaron al fin el orgasmo gimiendo al unísono.
.
.
.
Permanecieron abrazados intentando recuperar el aliento. Ella estaba desplomada encima de Darien y él acariciaba su cabello y su espalda. Después de unos instantes, cuando pudieron comenzar a respirar mejor, Serena giró para verlo y él sonrió. —Serena —dijo aún jadeante—, fue increíble… —ella también sonreía—. Eres increíble… —y la besó.
Serena comenzó a acariciar el cabello de Darien con los dedos para ordenarlo un poco. Él no dejaba de sonreír y entornaba los ojos disfrutando de sus caricias. Ella se mordía el labio inferior al verlo de esa forma. —Mi amor… —susurró en un suspiro y volvió a besarlo en los labios.
—¿Mi amor? —preguntó él curioso sin cortar los besos.
—Eres mi amor, Darien —decía entre beso y beso—. Te amo tanto, soy tan feliz… —y lo abrazó con fuerza.
—Yo también. Me haces muy feliz, Serena, y quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para hacerte feliz.
—Te amo… —ella volvía a besarlo—. Te amo tanto… —decía entre besos sin poder ocultar las lágrimas que brotaban de sus ojos.
Él le devolvía cada beso y también se emocionaba. —Quiero estar a tu lado siempre, amarte y cuidarte todos los días, compartir todo contigo, desde ahora y para siempre. Te amo…
Poco a poco fueron suavizando los besos y se dedicaban tiernas caricias en sus rostros. —Bueno —dijo ella con una pícara sonrisa—, creo que ya se te debe haber pasado un poco el aburrimiento —él rió—. ¿Ahora me vas a dejar estudiar un rato?
—A ver, déjame pensar —ella también reía—. Creo que todavía no —y la tumbó contra el sofá quedando encima de ella—. Aún tengo muchos más besos para darte —y besaba su cuello.
Ella no dejaba de reír. —¡Eres insaciable, amor! Jamás me graduaré con un novio tan mimoso como tú.
—Te amo, Serena… —susurró él.
—Te amo, Darien… —y volvieron a besarse.
