Hola! Cómo están? Espero que muy bien!

Bueno, les traigo un nuevo cap. En esta ocasión veremos cómo poco a poco la relación entre nuestros adorados tortolitos va formalizándose cada vez más. Pensaba que este episodio iba a quedar mucho más corto y podría avanzar un poco más en el desarrollo de la historia, pero igualmente me gustó cómo quedó. Y quizás para el próximo sí pasen más cosas.

Como siempre les agradezco de corazón por leerme y comentarme día a día sobre lo que piensan y sienten con mis creaciones, y les pido una vez más que nunca dejen de hacerlo! Todo lo que comparten conmigo es sumamente valioso para mi, y me estimula a seguir produciendo…

Lean el QUINCE en paz, disfrútenlo mucho y después me cuentan qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Besotes y abrazotes per tutti!

Bell.-


:: Capítulo Quince ::

Pasaron varias semanas. La relación entre Serena y Darien marchaba a la perfección y cada día se afianzaba aún más. Hacían muchas cosas juntos, se veían a diario, dormían juntos casi todas las noches. Todo era romance puro, se amaban profundamente y no dejaban de demostrárselo.

Ya se acercaba el final del año y Serena había estado a las corridas con los últimos detalles de su trabajo final. Estaba preocupada por no llegar a tiempo a la fecha de la entrega, su supervisora cada vez le exigía más cosas y ella se desesperaba por cumplir con lo que le pedía.

Cuando al fin pudo tener todo listo fue a su facultad para hacer la entrega definitiva, rogando estar a tiempo de poder graduarse antes de fin de año. Esa mañana Darien pidió permiso en el trabajo y la acompañó para brindarle su apoyo. La había notado tan nerviosa esas últimas semanas que hacía todo lo que podía para intentar tranquilizarla, aunque no siempre lo conseguía.

Serena estaba dentro de la oficina de trabajos finales y Darien la esperaba impaciente en el pasillo caminando de un lado a otro. No pudo evitar contagiarse de la ansiedad de su novia. Le preocupaba que no la dejaran rendir hasta el próximo año, ya que había llegado con lo justo a las últimas fechas de entrega. Y lo que más le afligía era la reacción de Serena si le decían que debía esperar unos meses más, eso lo aterraba, porque la había visto tan nerviosa y alterada estos últimos días que temía que reaccionara peor y estuviera con esos ánimos durante todo el tiempo de espera.

Transcurrieron algunos minutos más que parecieron eternos,y finalmente Serena salió de la oficina. Darien se quedó inmóvil en el medio del pasillo al verla y esperó con toda la calma posible a que ella le dijera qué había sucedido. Serena caminó hacia él con la mirada baja y eso lo preocupó aún más. —¿Y, Serena? ¿Qué pasó? ¿Cómo te fue? —le preguntó cuando la tuvo cerca y la tomó del rostro con suavidad para poder mirarla.

Serena tenía los ojos llenos de lágrimas y una expresión de desilusión que no podía disimular, y Darien sintió que se le rompía el corazón al verla así. —No… —gimoteaba—. No llegué a tiempo… —dijo sollozando y lo abrazó con fuerza para llorar refugiada en su pecho.

—Lo siento… —dijo él con pesar mientras la mecía entre sus brazos y la acariciaba para intentar contenerla—. Lo siento, princesa —y la dejó llorar todo lo que necesitara para que pudiera desahogarse.

—Y encima por un día —exclamó ella enojada—. Si venía ayer podría haber rendido dentro de dos semanas —no dejaba de llorar—. Por un día, Darien, ¿puedes creerlo?

—Serena, tranquila —Darien profundizó el abrazo—. No te pongas así, por favor. Me destrozas el corazón —ella intentó calmarse y se separó de él sin soltarlo—. Tranquila —le dijo de nuevo con una sonrisa mientras acariciaba su rostro para limpiar las lágrimas—. Salgamos de aquí, vamos afuera a tomar un poco de aire fresco, ¿si? —ella asintió haciendo pucheros y él agrandó su sonrisa al ver su expresión.

Una vez afuera se sentaron en una banca en la entrada de la facultad. Serena ya no lloraba, pero se notaba que se esforzaba por contener sus lágrimas. —Bueno —habló él—, ¿quieres contarme qué sucedió? ¿Qué te dijeron?

—Llegué tarde a entregar el trabajo —explicó Serena—. Tengo que esperar recién hasta febrero o marzo para poder rendir —empezó a llorar otra vez—. Estoy tan enojada, podría haberme graduado este año. Todo por culpa de esa profesora que se la pasó haciéndome correcciones hasta último momento y yo soy tan tonta que me vivía equivocando —Darien la escuchaba en silencio—. Ahora todos mis planes se vienen abajo, ¿entiendes? Yo quería rendir para entrar a la residencia en el hospital, pero si no estoy graduada no puedo hacerlo. O sea que voy a tener que esperar un año más y todo por haberme retrasado un día. ¡Un solo día, Darien! Es injusto —y su llanto se intensificaba de nuevo.

Él la abrazó con fuerza. —Tranquila, no llores así, por favor —sentía su sufrimiento como propio, le dolía tanto verla así.

Ella se separó de él para seguir hablando. —Estoy furiosa, Darien. Hice todo mal, tanto esfuerzo, tantos nervios, tantas corridas, ¿y todo para qué? ¿Para llegar tarde porque los de la imprenta se demoraron un día? No es justo, febí haberme esforzado más, no fue suficiente, nunca es suficiente —y volvía a sollozar afligida.

—Serena, por favor —Darien no sabía cómo calmarla—, estás exagerando…—tomó su rostro para que lo mire—. Escúchame, Serena, no seas tan dramática —sonreía para intentar transmitirle tranquilidad—. Hiciste lo que pudiste, te esforzaste demasiado, yo soy testigo de eso. Pero a veces hay cosas que no se pueden controlar, te tocó una profesora muy exigente, los de la imprenta fueron unos lentos —ella sonreía—. Y bueno, llegaste tarde. Pero no es tan terrible, lo que sea que quieras hacer tendrá que ser más adelante, pero podrás hacerlo lo mismo.

—Lo sé —Serena bajó la mirada—, pero yo tenía todo planeado. Vengo estudiando para el examen de la residencia hace meses y ahora se me complicó todo y…

—Serena —la interrumpió él volviendo a tomar su rostro—, eres demasiado exigente contigo. Has hecho todo más que bien, has tenido un año excelente, has concretado muchas cosas, hiciste todo tú sola, eso es muy meritorio. Y apenas tienes 22 años, todavía puedes hacer muchísimas cosas más. Relájate un poco, aprovecha que las cosas se dieron así para llevar una vida más tranquila. No sé, planea un viaje, busca un nuevo trabajo, organiza el ciclo de cine que tanto querías. Y durante el año prepararás tranquila el examen y lo intentarás más adelante.

—Puede ser —Serena parecía ya más tranquila—, he estado volviéndome loca estos últimos meses y la verdad es que estoy tan exhausta —apoyó su rostro en el hombro de Darien y él rodeó sus hombros con su brazo—. Necesito descansar.

—Claro —siguió él—, tómalo como una oportunidad para acomodarte mejor con tus cosas y llevar una vida más tranquila —ella lo miró con una leve sonrisa, sus palabras le transmitían tanta calma—. Yo sé de lo que te hablo. Este último tiempo pude aprender que aferrarse a ser y comportarse de una única y rígida manera te limita, te cierra. Y si te empeñas en sostener una forma tan definida y perfecta, corres el riesgo de convertirte en una máscara, en alguien en quien realmente no eres —ella volvía a llorar al escuchar sus palabras—. En cambio si eres capaz de ser un poco más flexible podrás ser más creativa, sorprendente y adaptarte a lo que cada momento requiera. Y yo creo que tú eres así, eres tan libre, tan ocurrente y fresca, no opaques esas hermosas virtudes que tienes —y le dio un tierno beso en los labios.

—Amor —dijo ella mientras le devolvía el beso—, son las palabras más hermosas que me podrías haber dicho —él sonreía y la besaba más—. ¿En verdad piensas eso de mí?

—Sí, princesa —él acariciaba su rostro sin dejar de sonreír—. Y todo eso lo aprendí a tu lado, lo aprendí de ti. Yo pude cambiar mi perspectiva de las cosas con todo lo que compartí contigo este tiempo. Gracias a ti yo tengo una vida feliz al fin —ahora él se emocionaba—. Tú me haces querer ser un hombre mejor.

Serena, al escucharlo sintió que moriría de amor por él. —Darien —lo abrazó con fuerza—, no tienes idea de cuánto me emociona escucharte decir esto —volvió a mirarlo y acariciaba su rostro con tiernas caricias—. Te amo tanto, Darien, y me siento tan feliz por ti…

—Soy feliz gracias a ti, Serena —dijo él mientras la besaba en los labios—. Contigo mi vida tiene sentido —profundizaba los besos—. Y deseo que tú también puedas ser feliz a mi lado. Te amo…

—Sí, amor. Ya somos felices —ella no dejaba de besarlo—. Y a partir de ahora vamos a hacer muchas más cosas juntos. Voy a aprovechar esta oportunidad para dedicar más tiempo a nuestra relación, para planificar nuevos proyectos juntos, concretar nuestros sueños.

—Tú eres mi mayor prioridad, Serena. Tu bienestar está por encima de cualquier cosa y quiero darte todo lo que tengo para hacerte feliz.

—Te amo… —dijo Serena en un suspiro y volvieron a besarse—. Gracias… gracias por ser parte de mi vida. Encontrarte es lo más hermoso que me pasó.

—Yo también te amo…

Después de besarse incontables veces y demostrarse lo que sentían con tiernas palabras de amor, permanecieron en silencio por unos instantes sin dejar de abrazarse. —Bueno, Serena, ¿qué quieres hacer ahora? ¿Te gustaría ir a caminar? ¿Tomar un helado?

—Tengo una mejor idea —dijo ella en tono coqueto—. ¿Por qué no compramos un pote de helado y vamos a tomarlo a mi departamento?

—Es la mejor idea que podrías haber tenido —respondió él seductor y la besó.

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Si bien durante esas semanas habían estado siempre juntos, hacía algunos días que no podían estar tranquilos y dedicarse las atenciones que querían por el asunto del bendito trabajo final de Serena y los contratiempos de los últimos preparativos. Así que ese día se atrincheraron en el departamento de Serena, hicieron el amor infinidad de veces, se bañaron juntos, cocinaron, vieron alguna película, no querían desperdiciar un solo minuto para demostrarse su amor.

Entrada la tarde, ya casi anocheciendo, Serena estaba en la cocina preparando algo para cenar y Darien estaba recostado en el sofá hojeando un libro y escuchando música. Le costaba concentrarse porque Serena cantaba desde la cocina y él no pudo evitar tentarse a acercarse a curiosear.

Caminó hasta la puerta y la observó desde ahí en silencio. Ella estaba afanada en los preparativos y cantando contenta. Estaba descalza, con la camiseta de Darien y el cabello desordenado sobre los hombros, la encontraba más bonita que nunca.

Cuando ella se dio cuenta de su presencia volteó a verlo y él comenzó a acercarse con una dulce sonrisa. Lo observó de arriba abajo, también estaba descalzo y sólo llevaba puestos sus jeans, era una imagen perfecta ante sus ojos y no pudo evitar morderse el labio inferior al encontrarlo tan irresistiblemente atractivo.

—Hola, mi hermosa novia —susurró él cuando llegó a su lado.

—Hola, mi novio sexy —dijo ella seductora mientras lo abrazaba por el cuello. Se dieron un largo y apasionado beso. Y luego Serena retomó la comida.

Darien la abrazó por la cintura y le daba besitos en el hombro. —Eso se ve delicioso —dijo refiriéndose a la salsa que Serena preparaba. Ella le dio un corto beso en los labios en agradecimiento por el cumplido—. Tú eres deliciosa —susurró seductor y comenzó a besarla con más intensidad.

Serena echó a reír. —Cierto que tengo el novio más mimoso del mundo —él también reía—. No me deja tranquila ni para cocinar —volteó de nuevo para besarlo y enseguida retomó su tarea.

Él cortó los besos y apoyó su mentón en el hombro de Serena. —Princesa, ¿te falta mucho? Quiero hablar contigo de… de algo importante —dijo un tanto temeroso.

Ella se preocupó. —¿Sucede algo, amor? —le preguntó al voltear de nuevo a mirarlo.

—No, no. No es nada malo, pero necesito que me prestes atención —dijo él con una tierna sonrisa.

Serena puso la salsa al fuego y se apoyó en la mesa frente a él para escucharlo. —Dime —se mostraba impaciente.

—Bueno —Darien estaba muy nervioso, tomó las manos de Serena con fuerza pero esquivaba su mirada—, verás, últimamente estuve pensando mucho en nosotros, en lo bien que nos llevamos, en la hermosa relación que estamos construyendo —pudo verla a los ojos—. Y aunque hace poco tiempo que estamos juntos, yo me siento tan bien contigo, Serena. Pasar a tu lado días enteros como hoy me llena de felicidad, adoro hacer de todo contigo, compartir cosas cotidianas, simples, como en este preciso momento que estás cocinando para mí —acariciaba su rostro—. Y ahora que estamos próximos a empezar un nuevo año y que tú estás por emprender cosas nuevas que no tenías en tus planes, bueno, yo pensé que… Que quizás sería lindo tener algún proyecto en común, algún propósito nuestro para el año que viene y, no sé, a lo mejor si tú estás de acuerdo…

Serena no podía con su impaciencia. —Ay, por dios, Darien —lo interrumpió—. ¡Dime de una vez! —exclamó nerviosa.

Él suspiró, se puso serio y la miró fijamente a los ojos. —Quiero que vivamos juntos —dijo al fin.

El rostro de Serena se iluminó con una enorme sonrisa. —¡No puedo creerlo! —lo abrazó efusiva—. ¡No puedo creerlo, Darien! —pegaba saltitos de la alegría y él no pudo evitar echar a reír por su reacción—. ¡Sí, sí, sí! —gritaba contenta mientras lo besaba en los labios—. Quiero vivir contigo, mi amor —él la abrazaba y le devolvía los besos—. Quiero compartir mi vida contigo, todos los días, todas las noches, ¡todo el tiempo! —él seguía riendo emocionado y Serena soltó algunas lágrimas—. Te amo tanto, Darien… —poco a poco se fue calmando, abrazó su cuello y comenzó a besarlo con más calma—. Te amo… —los besos lentamente pasaban a ser más delicados y húmedos—. Te amo… —susurraba en sus labios sin dejar de besarlo. Y sin poder resistir más lo besó con pasión.

Comenzaron a besarse con más intensidad, con deseo. Serena acariciaba la espalda de Darien con sus dedos y él no pudo evitar tentarse a acariciarla bajo la ropa. La tomó de la cintura y la levantó para hacerla sentar en la mesa y tenerla a su altura. Ella rodeó su cuerpo con las piernas y volvieron a besarse. Cada vez estaban más agitados, se acariciaban enteros y gemían por el deseo y las excitantes sensaciones que ambos se provocaban con sus besos y sus caricias.

Pero el sonido de un celular los interrumpió. —Por favor, no atiendas —suplicó Darien sin dejar de besarla—. Esta vez no atiendas, te lo ruego —y besaba el cuello de Serena con impaciencia.

Ella no le hizo el menor caso al teléfono y comenzó a desabrochar los botones del pantalón de Darien. Él sonrió satisfecho y le quitó la camiseta a Serena que no llevaba más ropa que ésa.

Mientras descendía con húmedos y cálidos besos por su pecho, Darien terminó de desnudarse y sin titubear la tomó de las caderas, se acomodó contra su cuerpo y entró con un rápido movimiento. Ambos gimieron ante el contacto y comenzaron a moverse al mismo ritmo. Se besaban y gemían desesperados, las sensaciones eran tan excitantes y ardientes que se sentían fuera de sí.

Serena acariciaba y arañaba la espalda de Darien con tal desenfreno que lo motivó a acelerar y profundizar de tal forma el ritmo de sus entradas que enseguida estuvieron listos para acabar. —Te amo… —dijo él casi sin aire. Se miraron a los ojos, él disminuyó la velocidad de los movimientos pero haciendo mayor presión contra el cuerpo de Serena—. Te amo… —repitió entre gemidos y juntos alcanzaron el orgasmo.

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Después del ardiente y estrepitoso encuentro, Darien se separó lentamente del cuerpo de Serena pero sin dejar de abrazarla. Estaban muy agitados y les llevó varios minutos recuperar el ritmo normal de su respiración. Todo sucedió tan rápido pero a la vez con tanta intensidad que quedaron sin aliento.

Serena lo miró a los ojos y acarició su rostro. —Por dios, amor —dijo aún jadeante—, ¡cómo estamos hoy! —ambos rieron.

—Lo siento, no pude contenerme —dijo él mientras le daba besitos en la punta de la nariz y acariciaba su cabello con ternura.

Permanecieron abrazados y acariciándose por unos instantes. Y cuando lograron recuperar el aliento y comenzar a respirar con normalidad, el teléfono de Serena volvió a sonar. Darien la vistió de nuevo con su camiseta. —Ahora sí te doy permiso para atender —dijo con una coqueta sonrisa.

—Ay, amor —dijo ella mientras volvía a besarlo—, eres tan hermoso —y rieron de nuevo.

Serena fue hasta la sala a buscar su teléfono y Darien terminó de vestirse. Ordenó un poco las cosas de la mesa que habían quedado desparramadas después del candente encuentro y controló la comida que estaba en el fuego.

Serena no demoró en regresar y cuando la vio llegar Darien le regaló una enorme sonrisa. —¿Quién era? —preguntó curioso—. ¿Quién fue el maleducado que osó interrumpirnos? —bromeó.

—Mi mamá —dijo Serena sin rodeos—. Está en la ciudad con mi papá y vienen para acá.

Darien quedó estupefacto al escucharla. —¡¿Ahora?!

—En cinco minutos máximo, ya están llegando.

—Bueno… eh… yo… —Darien se puso tan nervioso que no sabía cómo reaccionar—. Creo que… mejor yo… —y caminaba nervioso agarrándose la cabeza.

Serena no pudo evitar echar a reír al ver su reacción. —Amor, tranquilo —se acercó a él y tomó su rostro para mirarlo a los ojos—. Son mis padres, no la interpol —bromeó.

—Pero Serena, yo… —Darien no sabía qué pensar, qué decir—. Esto es tan inesperado. ¿Qué van a decir? ¿Que soy un aprovechado? ¿Un abusador? ¿Un…

—Amor, no digas eso —lo interrumpió ella y volvió a reír—. Todo estará bien, ellos ya saben que tengo novio. Además no soy ninguna niña, vivo sola hace más de un año y ellos no tienen ningún tipo de problemas con eso.

—Pero… ¿Siempre vienen así sin avisar?

—Sí, son unos despistados —respondió ella—. A veces vienen a la ciudad para comprar cosas o hacer trámites y antes de regresar al pueblo pasan a visitarme un momento. Hoy excepcionalmente me llamaron antes de aparecerse por aquí, tuvimos suerte —y volvió a reír.

—Bueno, entonces vamos a cambiarnos —dijo él impaciente—, ordenemos un poco, ¡no sé, hagamos algo! —y la tomó de la mano para ir juntos al cuarto de Serena.

Ella no dejaba de reír. —Amor —lo detuvo—, cálmate, todo saldrá bien. Ellos son unas hermosas personas, ya te lo dije, y tú eres un sol, seguro vas a caerles bien —tomó su rostro y le dio un cálido beso.

Él suspiró más tranquilo. —Está bien, me calmo. Pero vamos a vestirnos, por favor —volvió a tomarla de la mano y fueron hasta la habitación.