CAPITULO CORTO, LO SÉ. PERO DEBO TRABAJAR FUERTE EN EL SIGUIENTE PORQUE SI CREEN QUE NO HABRÁ UNA PEQUEÑA DOCIS DE DRAMA EN ESTA HISTORIA, ESTÁN EQUIVOCADOS. TENGO EN MENTE EL PROXIMO CAPITULO, PERO COMO HE DICHO ANTES, NO ME QUIERO ESFORZAR MUCHO PORQUE ESO HACE DAÑO.
OH, OTRA COSA, TENGO CASI LISTO EL CAPITULO DE MENTIRAS EN EL VIENTO Y EL FINAL DE "DESDE EL OTRO LADO". SOLO ESPERO TENERLO ANTES DE ACABAR MIS VACACIONES.
¿COMENTARIOS?
BESITOS
ISA
Yo te cuidaré
Capitulo 8
La vida como padres
*Freddie*
"No puedo quejarme, ni siquiera pienso en ello", digo en mi mente para tratar de convencerme que no estoy cansando y desesperado por unas horas de sueño. Hace dos horas que estoy tratando de dormir a David, pero él no quiere cooperar. Sam es un desastre, se ha largado a llorar incontables veces a lo largo del día; yo la comprendo, de los dos ella es la que menos ha dormido y sumado el postparto, es una tortura. Por eso estoy aquí, con este pequeño zángano en mis brazos.
-Debemos hacer algo para regular tus horas de sueño mi niño, esto no puede continuar –murmuré adormilado. –No podemos seguir así. Mamá y papá también necesitan dormir, pero no puedes hacerlo tantas horas en el día –bostecé dejando escapar una lágrima en el proceso, estoy muerto de sueño.
Después de una hora por fin logré dormirlo. Caminé como pude hacia la cama y me dejé caer a un lado de Sam. Ella solo se movió para cubrirme con la manta y rodear uno de sus brazos sobre mí.
-Esto tiene que parar… -murmuró con voz ronca a causa del sueño. –Solo tienes que mirarte al espejo…
Comencé a reír ante su comentario.
-Mírate tú también… somos un completo desastre, pero tu te ves hermosa igual –Sam me dio un pequeño golpe en el pecho mientras reía, me encanta eso.
Escuchar su risa y no su llanto me eleva de mil formas. Aun me parece increíble que ella corresponda mis sentimientos, pero esta pequeña oportunidad que me da la vida no la desaprovecharé.
-Descansa un poco Sam –murmuraba adormilado.
-Tu también… -sentí sus labios sobre los míos antes de caer en la inconsciencia.
A la mañana siguiente, Sam preparaba el desayuno mientras yo le daba el biberón a David. Cuando no lloraba y estaba tranquilo, era el bebé más hermoso del mundo, pero cuando lloraba nos ponía los cabellos de punta. Sus chillidos sin control atormentaban a los vecinos y en lo que llevamos de semana, hemos recibido más quejas que en cualquier situación anormal.
-¿Recuerdas lo que hablamos amigo? No más siestas largas durante el día –murmuré solo para él. –Mamá necesita descanso y, aunque me guste pasar tiempo contigo, yo también… -se me escapaba otro bostezó, estaba tan cansado que Sam podía golpearme y no habría diferencia. –Hoy debo ir a trabajar y mientras no este, tú estarás a cargo.
Observe un atisbo de sonrisa haciéndome sonreír, espero que esto de hablarles sea cierto. Ellos son inteligentes y cuando querían algo lo conseguían a como de lugar. Creo que las últimas noches hemos cedido en muchas cosas, yo por mi parte no quería que Sam dejara de descansar, pero creo que lo mejor a partir de hoy es que no se consienta tanto. Coloqué la botella en la mesita que estaba a mi lado, luego lo colocaba en mi hombro para sacarle los gases; era sumamente importante eso, ya he perdido la cuenta de la cantidad de niños muertos por padres que no supieron llevar la situación.
-¿Desayunaras aquí? –Preguntó Sam desde la cocina.
-No lo creo, he faltado mucho y el día que me reintegro no llegaré tarde –dije entre bostezos, me sentía muy cansado.
Después de un rato coloqué a David en su coche, aun estaba despierto y había que mantenerlo así la mayor parte del tiempo. Me acerqué a Sam lentamente para despedirme uniendo nuestros labios suavemente; nunca me cansaría de esa sensación, todo mi cuerpo parecía estar en éxtasis, mi corazón latía tan fuerte que casi dolía respirar. Aunque ninguno se atrevía a profundizar el beso, puesto que era demasiado pronto, nos conformábamos con lo poco que recibíamos, al menos yo.
-Te veré más tarde Princesa –murmuré con una sonrisa que fue correspondida rápidamente por ella.
-Cuídate… -volvió a unir sus labios con los míos mientras dejaba escapar un suspiro. –En tu mochila está un embacé con tu desayuno… te necesito fuerte tontito –no podré explicar nunca como me sentía ante esas palabras.
-Te amo… -besé su nariz antes de salir por la puerta.
Bajé los dos pisos con una gran sonrisa en mis labios, esto se ponía cada vez mejor. Sam me correspondía, yo me enamoraba cada día más de ella y amaba con locura a mi hijo. Sí, él era mi hijo y no me importaba lo que las personas pudieran pensar de mí. ¿Tener dieciséis años y con hijo? Eso era lo mejor que me podía haber sucedido. Lo único que aborrezco de todo esto es la forma en como mi madre había reaccionado, sabía muy bien que él no era mi hijo biológico, pero sentía esa necesidad de cuidar a Sam desde el día que nos confesó la verdad.
¿Qué me llevó a decir que yo era el padre? La verdad es que no lo sabía, solo sentía ese impulso de gritarle a su madre que Sam no estaba sola, que yo la cuidaría. De verdad es que de nada me arrepiento. Crucé en la última esquina para pasar la calle que daba a batidos locos.
-Freddie, mi amigo… ¿todo bien? –Preguntó T-Bo con una gran sonrisa.
-Claro que sí, estoy aquí como lo prometí –dije antes de bostezar, estaba muy cansado.
-Te ves horrible. ¿Estas seguro? –asentí colocándome detrás del mostrador.
-Mala semana con David, eso es todo –admití sin darle mucha importancia.
-¿Necesitas más semanas de descanso? –Lo mirñé sorprendido y estuve tentado a decirle que si, pero debía trabajar.
-No, no puedo dejarte más con esto –comenté limpiando los mesones y saludando a los clientes, ese día me tocaba salir más tarde.
T-Bo no siguió insistiendo, tal vez el insistir lo veía como una perdida de tiempo. Después de terminar de limpiar, comencé a dedicar mi tiempo completo a atender a las personas en la caja registradora. Él solo confiaba en mí para suplantarlo a él, como solía decir: "Nada gano con robar dinero ajeno". Extrañamente el día en batidos locos pasó volando, casi no hubo clientes y él me dejó salir temprano; si temprano significaba las cuatro de la tarde.
Pasé por una panadería para comprarle unos pasteles y algunas donas, era uno de los aperitivos más disfrutados por Sam. Aunque debía admitir que ahora comía más, mi madre solía prohibirme toda clase de cosas comestibles, desde chatarra hasta un simple pastel casero. En realidad no sabía de lo que me estaba perdiendo. La primera vez que probé algo así fue la segunda noche en nuestro apartamento.
Sam había llegado con varias bolsas, ella tenía una gran sonrisa en su rostro y me gritaba para que me acercara. Cuando me mostró lo que había comprado negué con la cabeza y fruncí mis labios. Ella me dijo que me gustaría y yo no le creía, pero al obligarme a probar ese bocado caído del cielo me deje convencer. Dejé escapa una risita mientras subía las escaleras, no es que estuviera apresurado, pero deseaba con todas mis fuerzas verlos a ambos.
-¿Por qué no me permites pasar? Yo no te he hecho nada malo y eso que dices de mí hijo es horrible –esa era mi madre, no tenía la menor duda.
-Yo no he dicho nada, ahora vallase –chilló Sam como si estuviera forcejeando.
-Haré que te separes de mi bebé, ya lo verás pequeña zorra interesada –vi pasar a mi madre a toda velocidad hacia los elevadores.
Yo apoyaba la cabeza en la pared, estaba cansado de esta situación con mi madre. No podía ni siquiera imaginar lo que se traía entre manos, pero no era nada bueno. Con otro suspiro comencé a caminar hacia mi apartamento y cuando la puerta se abrió ella estaba lavando los platos. Podía ver su cuerpo tenso y lo mucho que le costaba fingir normalidad. Ella fijaba sus ojos en los míos regalándome una sonrisa falsa, yo negaba con la cabeza antes de abrazarla.
-Mi mamá no te hará daño… -escuché un jadeó de su parte mientras besaba su frente. –No me separaré de ti al menos que tú quieras Sam –murmuraba en su oído.
-¿Cómo lo sabes? –Su pregunta me traía sin cuidado porque no le iba a responder, lo menos que quería hacer era hablar de mi madre.
-Ven… -le decía atrayéndola hacia el sofá donde nos echamos, literalmente, uno sobre el otro. –No debemos preocuparnos, estamos bien y sus amenazas me tienen sin cuidado.
-Pero… aun tienes tiempo de irte Freddie –su voz dolida me hizo estremecer, ¿qué rayos le pasaba a esta chica?
-Mira Sam, no se cuanto tiempo llevo enamorado de ti. Pueden ser meses o años y yo no me habría dado cuenta si no hubiera aceptado hacerme cargo de David aquella noche –admitía acariciando sus cabellos. –Te juro que no me arrepiento de nada y sé que lo nuestro comenzó extraño. Solo imagínate, nos casamos sin sentir nada y ahora si lo sentimos… ¿quieres saber a lo que le tengo miedo?
Ella comenzó a buscar una posición cómoda para poder mirarme a los ojos. Terminó quedando cara a cara conmigo, demasiado cerca y demasiada tentación.
-Dime…
-Tengo miedo de que un día te des cuenta que no me amas –mi voz era apenas un susurro.
-Eso no va a pasar –una de sus manos acariciaba mi rostro con delicadeza, tanta que me hizo suspirar. –Nunca… -decía mientras acercaba sus labios a mi cuello, regalándome un beso sin muchas intenciones, solo el demostrar cariño.
Le iba a responder, pero David tenía otros planes. Ella besó mis labios rápidamente antes de levantarse y correr hacia la habitación de nuestro hijo. Era difícil ser padre, pero me encantaba esta nueva vida.
